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    martes, 25 de abril de 2017

    Byung-Chul Hanla DOSSIER y libros en PDF de este excelente filosofo

    Escena de «Byung-Chul Han en Seúl y Berlín», documental de I. Gresser que se estrena el 9 de febrero en Barcelona- abc

    El surcoreano Byung-Chul Han es la nueva estrella de la filosofía. Sus ensayos son auténticos «best sellers» que llevan meses en nuestra lista de más vendidos. Afirma que ha seguido en su vida, sin saberlo, el significado de su nombre

    ALFONSO ARMADA - @alfarmada
    02/02/2015

    Nacido en Seúl, la capital de Corea del Sur, en 1959, Byung-Chul Han engañó a sus padres: les dijo que iba a proseguir sus estudios de Metalurgia en Alemania, pero en realidad fue persiguiendo una pasión que, reconoce, estaba inscrita en su nombre: «El símbolo chino para ‘Chul’ significa, según el sonido, ‘hierro’ o ‘metal’, pero, según el sentido, también ‘luz’. En coreano filosofía significa ‘Chul-Hak’, es decir, ‘ciencia de luz’. De esta manera seguí en mi vida, sin saberlo, el significado de mi nombre».

    Estudió Filosofía en la Universidad de Friburgo y Literatura alemana y Teología en la de Múnich. Profesor de Filosofía y Estudios Culturales en la Universidad de las Artes de Berlín, lo último que ha publicado en España, y en Herder, la misma editorial que sus anteriores cuatro libros, es Psicopolítica, en el que dirige su mirada crítica «hacia las nuevas técnicas de poder del capitalismo neoliberal, que dan acceso a la esfera de la psique, convirtiéndola en su mayor fuerza de producción».

    Siguiendo la pauta establecida por sus primeros ensayos, como La sociedad del cansancio y La agonía del Eros, Byung-Chul Han hace hincapié en que la psicopolítica recurre a un «sistema de dominación que, en lugar de emplear el poder opresor, utiliza un poder seductor, inteligente (smart), que consigue que los hombres se sometan por sí mismos al entramado de dominación».

    Al cabo de media hora, 
    Byung-Chul Han 
    mirará por primera vez el reloj

    No es nada fácil concertar una entrevista con el filósofo coreano con coleta y cazadora de cuero, que descarta ser fotografiado «porque hay poca luz» y «hay demasiadas fotos [suyas] en la red». Con la ayuda de su editor español, que estudió el terreno como si se tratara de un hipersensible campo de minas, el autor de La sociedad de la transparencia accedió a que nos viéramos en el café de Berlín en el que suele citarse con los plumillas: el Liebling. El café amoroso. Un café de tonos blancos, ruidoso, con música ambiente, poca luz y perfectamente inadecuado para una entrevista, y menos para una entrevista con un filósofo. Llega puntual y enseguida se da cuenta de su error. Le proponemos trasladarnos a la acera de enfrente, donde un desierto restaurante italiano (el D’Angelo), que bien podía haber servido de decorado para un episodio de El Padrino. Él se encarga de explorar el terreno, y da el visto bueno.
    Sentados junto a una ventana que da a la noche, y que le servirá al filósofo para pensar con la mirada perdida durante minutos y minutos, hablamos a tres bandas: las preguntas en español han de ser vertidas al alemán, y viceversa. Tres tés verdes, una mesa cubierta con el ineludible mantel de cuadros rojos y blancos, y una vela temblorosa que acentúa la irrealidad del encuentro. Se nota que no le gustan las entrevistas, y mucho menos los periodistas, aunque indagará sobre el grado de conocimiento de su obra y de su figura en España.

    Aunque dice que dispone de todo el tiempo del mundo, al cabo de media hora mirará por primera vez el reloj. La impaciencia le irá reconcomiendo hasta proponer que le enviemos las preguntas por correo electrónico. En dos horas que pasan con una lentitud exasperante, el momento más extraño es cuando a la pregunta de si la filosofía es un género literario o una disciplina científica responde: «Ninguna de las dos».

    Entonces ¿qué es la filosofía?

    Esa es una pregunta muy difícil.

    Tras cuatro largos minutos de silencio contemplando la noche berlinesa intentará una respuesta. Pero tanto la pregunta como la respuesta desaparecerán de la versión final. Eran más de cuarenta los interrogantes que traía conmigo. Tras la criba a la que sometió el cuestionario el filósofo coreano, y que tuvo que sortear con el mejor tino la traductora e intérprete, Elizabeth Rudolph, esto es lo que quedó de la conversación (y de la correspondencia electrónica) con Byung-Chul Han, que llegó con un libro de tapas duras y negras que ocultó bajo sus manos finas y sin anillos. Hasta que lo abrió para precisar una idea: era una de sus obras.

    «Nos realizamos hasta 
    morir, nos optimizamos
     hasta morir»

    Habla con los brazos cruzados, mira brevemente a los ojos. A veces se tapa el rostro con las manos. Es un manojo de contradicciones: sabe que depende de la prensa para que sus ideas se difundan, porque está claro que quiere influir con lo que dice, con su máquina de pensar. Pero le gustaría no tener que hacerlo. Dice de los periodistas culturales alemanes que han escrito libros que son arrogantes, y pregunta si son también así los españoles. Coge la tarjeta del plumilla venido de lejos, la mete con displicencia entre las páginas de su libro, pero después lo piensa mejor y, mientras contesta con fastidio a la última pregunta que malamente logramos hacerle, la retuerce, para dejarla finalmente abandonada sobre el mantel del restaurante mafioso. Byung-Chul Han. Un pensador de nuestro tiempo. Pero también un hombre misterioso. No será fácil descifrarle, aunque en sus libros se esmera en expresarse con claridad. La cortesía del filósofo. El enigma del hombre.
    ¿El verdadero filósofo es un aguafiestas, el encargado de difundir un mensaje que no se quiere escuchar?

    Pienso que la gente que lee mis libros se siente muchas veces personalmente atacada. Algunos los leen casi como una biblia, pero otros los rehúyen como el diablo del agua bendita. Mis libros sacuden el sobrentendido en el que muchos se han acomodado. Concentran la atención de la gente en la parte interior fea, la que se oculta tras la bonita fachada. Dejan al descubierto ilusiones fatales. «Aguafiestas» sería un término demasiado suave.

    En «Psicopolítica», su último ensayo, dice que la libertad ha sido un episodio, que vivimos en una luminosa e interconectada ilusión de libertad que en realidad no es más que una voluntaria esclavitud de soledades sin fin, y que, aunque queramos despertar, no podemos. ¿Es tan terrible nuestra realidad?

    Vivimos realmente en una ilusión de libertad. No somos tan libres. Se ve que la comunicación que se considera libertad se transforma en vigilancia. Comunicación y transparencia también provocan una obligación a la conformidad. Hoy tenemos la impresión de que no somos sujetos sometidos, sino un proyecto que siempre se renueva, se reinventa y se mejora sin cesar. El problema es que este proyecto, en el que se convierte el sujeto sometido, se revela como figura forzada. El yo como proyecto revela coerciones del propio yo, que se reflejan, por ejemplo, en el aumento del rendimiento o la optimización. Vivimos en una fase histórica particular, en la que la propia libertad genera coerciones.

    «La técnica de poder del 
    sistema neoliberal es 
    seductora, no prohibitiva»

    Para Karl Marx, el trabajo conduce a la alienación. El sí-mismo se destruye por el trabajo. Se aliena del mundo y de sí mismo a través del trabajo. Por eso dice que el trabajo es una autodesrealización. En nuestra época, el trabajo se presenta en forma de libertad y autorealización. Me (auto)exploto, pero creo que me realizo. En ese momento no aparece la sensación de alienación. De esta manera, el primer estadio del síndrome burnout (agotamiento) es la euforia. Entusiasmado, me vuelco en el trabajo hasta caer rendido. Me realizo hasta morir. Me optimizo hasta morir. Me exploto a mí mismo hasta quebrarme. Esta autoexplotación es más eficaz que la explotación ajena a la que se refería el marxismo, porque va acompañada de un sentimiento de libertad.
    ¿Por qué son tan breves sus libros? ¿Para no contribuir a la sociedad del cansancio?

    Hace poco, en el periódico Die Zeit se publicó una entrevista en la que fui presentado como alguien capaz de derrumbar con pocas palabras construcciones enteras de pensamientos que sostienen nuestra vida cotidiana. Entonces ¿por qué hace falta escribir libros voluminosos? Se escriben libros voluminosos porque al autor no se le ocurren aquellas pocas frases con las que echar por tierra el mundo. Es un progreso que mis libros sean cada vez más breves.

    ¿Sus obras ayudan con su claridad a entender el momento en que vivimos porque la gente está muy perdida y sus libros iluminan esta perdición?

    «Estamos en una guerra 
    sin muro. Hoy la gente 
    está en guerra consigo misma.»

    En mis libros describo de dónde viene esta perdición. Entiendo muy bien a los españoles porque lo mismo que sufre España ahora es lo que ya sufrió Corea del Sur. Después de la crisis financiera asiática vino el Fondo Monetario Internacional como un diablo que nos dio dinero pero nos robó el alma. Ahora los coreanos sufren una enorme presión competitiva y de rendimiento. La solidaridad se desintegra. La gente está afectada por depresiones y el síndrome de burnout. Corea tiene el porcentaje de suicidios más alto del mundo. Obviamente, la gente no puede aguantar ese estrés. Y cuando fracasa no responsabiliza a la sociedad sino a sí misma. Tiene vergüenza y se suicida. La crisis económica causó un choque social y provocó una parálisis en la gente.
    Asegura que el capitalismo huye hacia el futuro, se desmaterializa, se convierte en neoliberalismo y convierte al trabajador en empresario que se explota a sí mismo en su empresa. ¿No hay salida? ¿Es pertinente volver a hacerse la pregunta ‘qué hacer’?

    Resulta que el sistema neoliberal es muy estable e inquebrantable. Nos sentimos libres mientras nos explotamos a nosotros mismos. Esta libertad imaginada impide la resistencia, la revolución. El neoliberalismo aísla a cada uno de nosotros y nos hace empresarios de nosotros mismos.

    El Muro de Berlín era tan real, y letal, como la «guerra fría». ¿Qué le dicen sus escombros?

    Durante la época del Muro existía un enemigo con el que se estaba en guerra. Este enemigo ya no existe. Hoy la gente está en guerra consigo misma. Hoy estamos en una guerra sin muro y sin enemigo.

    En «La agonía del Eros» convoca a Barthes y sus «Fragmentos de un discurso amoroso» para hablar del otro que hace temblar el lenguaje. ¿Ha experimentado ese otro que hace temblar el lenguaje? No lo digo desde una curiosidad impúdica, periodística, sino filosófica: ¿ha de experimentar, sentir, el filósofo lo que dice?

    Yo no tengo smartphone. Sin embargo, escribí mucho sobre ello. Lo importante para la filosofía no es la experiencia personal, sino la capacidad imaginativa. Mediante la imaginación es posible ver las cosas más claras que mediante la experiencia directa.

    ¿Se equivocó Orwell, como tantos otros visionarios? ¿El sistema se ha dado cuenta de que resulta mucho más fácil seducir que obligar, encuentra voluntarios por doquier para convertirse con entusiasmo a la autoexplotación?

    «Ni siquiera la sexualidad 
    puede rehuir el imperativo 
    del rendimiento»

    No diría que Orwell se equivocara. Describe su mundo, que ya no es nuestro mundo. El estado policial de Orwell, con telepantallas y cámaras de tortura, se distingue fundamentalmente del panóptico digital que representa internet, teléfonos inteligentes y Google Glass, que es controlado por la ilusión de la libertad y la comunicación ilimitadas. Aquí no se tortura sino que se postea y se tuitea. El control que coincide con la libertad es considerablemente más eficaz que aquella vigilancia que se dirige contra la libertad. «Neolengua», se llamaba el lenguaje ideal en el estado policial de Orwell. Tiene que sustituir por completo a la «viejalengua». La neolengua tiene una sola meta: limitar el espacio del pensamiento. Los crímenes de pensamiento deben ser impedidos por la extinción de las palabras que serían necesarias para cometerlos. Por eso se elimina también la palabra «libertad». Ya solo por eso el estado policial de Orwell se distingue del panóptico digital de nuestra época en que se aprovecha excesivamente de la libertad.
    La técnica de poder del sistema neoliberal no es ni prohibitiva ni represiva, sino seductora. Se emplea un poder inteligente. Este poder, en vez de prohibir, seduce. No se lleva a cabo a través de la obediencia sino del gusto. Cada uno se somete al sistema de poder mientras se comunique y consuma, o incluso mientras pulse el botón de «me gusta». El poder inteligente le hace carantoñas a la psique, la halaga en vez de reprimirla o disciplinarla. No nos obliga a callarnos. Más bien nos anima a opinar continuamente, a compartir, a participar, a comunicar nuestros deseos, nuestras necesidades, y a contar nuestra vida. Se trata de una técnica de poder que no niega ni reprime nuestra libertad sino que la explota. En esto consiste la actual crisis de libertad.

    Trae a colación una cita de Peter Handke: «La inspiración del cansado dice menos lo que hay que hacer que lo que hay que dejar». ¿Se podría extraer de ahí un proyecto político y filosófico?

    Tal vez. La política de hoy carece de inspiración. Durante el estado de hiperactividad continúa lo que predomina bajo la bonita ilusión de la falta de alternativas.

    Si no he leído mal, dice que cuando la transparencia se convierte en teología acaba sirviendo de justificación ética al neoliberalismo y que, sin limitaciones de índole moral, la transparencia acaba al servicio de una economía insaciable. ¿Es así? ¿Pero no nos sirve también la transparencia como herramienta para limitar la natural tendencia del poder a la mentira y el abuso?

    «Uno siente el infierno 
    de la igualdad y quiere 
    escapar de él»

    El que relaciona la transparencia solamente con corrupción y con libertad de información ignora su alcance. La transparencia es una coerción sistémica que incluye todos los sucesos sociales para someterlos a cambios fundamentales. Hoy, el sistema social expone a todos sus procesos a una transparencia forzada para acelerarlos. La negatividad del secreto, de lo distinto, o de lo ajeno bloquea la comunicación. La presión de acelerar va acompañada de la disminución de la negatividad. La comunicación alcanza su velocidad máxima donde la igualdad responde a la igualdad. La transparencia estabiliza y aumenta la velocidad del sistema eliminando lo otro o lo ajeno. Esta coerción sistémica convierte la sociedad de la transparencia en una sociedad sincronizada. Lleva a la conformidad y a la sincronización.
    A partir de «Melancholia», la película de Lars von Trier, dice que solo un apocalipsis, una catástrofe, podría liberarnos del infierno de lo igual. ¿Qué tipo de catástrofe? ¿Una revolución?

    A partir de la protagonista de la película, Justine, se entiende lo que digo: es depresiva porque está absolutamente agotada, fatigada de sí misma. Toda su libido se dirige contra su propia subjetividad. Por eso no es capaz de amar. Y de repente aparece un planeta, el planeta Melancholia. La llegada de la alteridad puede suponer un apocalipsis en el infierno de la igualdad. El planeta mortífero se muestra a Justine como lo totalmente distinto que la arranca del pantano del narcisismo. Ante el planeta letal casi revive. Descubre también a los otros. De tal manera se entrega amorosamente a Claire y a su hijo. El planeta desata un deseo erótico. Eros, como relación con lo totalmente distinto, elimina la depresión. El desastre implica la salvación. Por cierto, la palabra «desastre» tiene su origen en la palabra latina desastrum, que significa «no estrella». Melancholia es una no estrella.

    «Me marché a otro país cuyo 
    idioma entonces no sabía 
    ni hablar ni leer»

    Vivimos en una sociedad que se concentra por completo en la producción, en la positividad. Se deshace de la negatividad de lo otro o de lo ajeno para aumentar la velocidad de la circulación de la producción y del consumo. Solo las diferencias que se pueden consumir están permitidas. No se puede amar al otro al que le han quitado la alteridad, sino solo consumirlo. Quizá sea por eso por lo que hoy crece el interés por el apocalipsis. Uno siente el infierno de la igualdad y quiere escapar de él.
    ¿En qué medida es «Cincuenta sombras de Grey» uno de los síntomas de nuestro malestar, del amor como rendimiento, como inversión calculada y positiva, de la que ha sido extraído todo riesgo, toda sombra, toda negatividad, todo peligro, todo dolor?

    Hoy todo se convierte en objeto de rendimiento. Ni siquiera el ocio o la sexualidad pueden rehuir el imperativo del rendimiento. Pero el Eros supone una relación con lo otro, más allá del rendimiento y de las habilidades que se tengan. Ser capaz de no ser capaz es el verbo modal del amor. El estar en manos de alguien y la posibilidad de resultar herido forman parte del amor. Hoy se trata de evitar cualquier herida cueste lo que cueste.

    Resultado de imagen para Byung-Chul Han

    ¿Quién es Byung-Chul Han?

    Adorno dijo que los nombres son iniciales que no entendemos pero a las que obedecemos como a nuestro destino. El símbolo chino para «Chul» significa, según el sonido, «hierro» o «metal», pero, según el sentido, también «luz». En coreano filosofía significa «Chul-Hak», es decir, «ciencia de luz». De esta manera seguí en mi vida, sin saberlo, el significado de mi nombre. Llegué a Alemania porque fui admitido por la Universidad Técnica de Clausthal-Zellerfeld, cerca de Gotinga, para estudiar Metalurgia. A mis padres les había dicho que iba a continuar mi carrera de Metalurgia en Alemania. Tuve que mentirles porque no me habrían dejado irme. Me marché a otro país cuyo idioma entonces no sabía ni hablar ni leer y me lancé a una carrera completamente diferente: Filosofía. Fue como en un sueño. Entonces tenía veintidós años. Ahora soy profesor de Filosofía en Berlín.

    http://www.abc.es/cultura/cultural/20150202/abci-entrevista-byung-chul-201502021247.html


    PDF 

    PDF]Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder - WordPress.com


    https://airamvl.files.wordpress.com/2015/05/byung-chul-han-psicopolc3adtica.pdf
    Byung-Chul Han. Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Traducción de. Alfredo Bergés. PENSAMIENTO HERDER. Dirigida por Manuel ...

    La Agonia Del Eros - Google Docs



    https://docs.google.com/document/d/.../edit
    La Agonia Del Eros libro .pdf Byung-Chul Han. Descargar La_Agonia_Del_Eros.pdf. 16.05.2014 · La agonía del ErosByungChul Han La filosofía sigue ...




    Podemos decirlo sin temores: Byung-Chul Han es el filósofo de moda. Nacido en 1959 en Corea del Sur, este pensador ha desarrollado toda su carrera académica en Alemania en diálogo permanente con un amplio abanico de intelectuales, desde Heidegger hasta MarxFoucault, Baudrillard y Benjamin. Gracias a un estilo simple -que se expresa en libros más bien breves y de fácil lectura- Byung-Chul Han se ha convertido en un referente para pensar las transformaciones sociales y políticas que atraviesan las sociedades contemporáneas. A continuación algunos apuntes que extraje después de leer sus cinco volúmenes hasta ahora publicados en castellano. Como se podrá ver, hay mucho “food for thought” en sus páginas y unas cuantas polémicas para seguir conversando. Todos los textos de Byung-Chul Han dialogan entre sí. A menudo sus argumentos se repiten, saltan de un volumen a otro y afloran en las páginas a lo largo de toda su obra. Para ordenar mínimamente este post seguiré los títulos de sus libros pero esto no significa que cada volumen esté exclusivamente dedicado a tal o cual argumento.

    LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO (2012 – EDICIÓN ORIGINAL: 2010)


    En este volumen Byung-Chul Han sostiene que el modelo “viral” y la metáfora de la invasión bacterial -que reina en nuestra sociedad desde al menos el siglo XIX- ha ido perdiendo fuelle para ser reemplazada por otras metáforas y enfermedades. Según el filósofo surcoreano enfermedades como la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el transtorno límite de la personalidad (TLP) o el síndrome de desgaste profesional (SDO o “síndrome de burnout”) “definen el panorama patológico de comienzos de este siglo” (p. 11). La era inmunológica ha sido abandonada en favor de otro paradigma donde ha desaparecido “la otredad y la extrañeza” y solo reina la “diferencia” (p- 14). Byung-Chul Han ubica en el fin de la guerra fría el momento inicial de esa transición.
    “La diferencia postinmunológica, es más, postmoderna, ya no genera ninguna enfermedad (…) Lo extraño se sustituye por lo exótico y el turista lo recorre. El turista o el consumidor ya no es más un sujeto inmunológico” (p. 14).
    El viejo paradigma inmunológico -fundado en el concepto de “negatividad” (“lo otro inmunológico es lo negativo que penetra en lo propio y trata de negarlo”, p. 17)- no es compatible con la globalización ni con la disolución de las fronteras. En este volumen Byung-Chul Han también introduce una cuestión que desarrollará en otros libros (como La sociedad de la transparencia): la superación del modelo foucaultiano del panóptico.
    “La sociedad disciplinaria de Foucault, que constaba de hospitales, psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas, ya no se corresponde con la sociedad de hoy en día. En su lugar se ha establecido desde hace tiempo otra completamente diferente, a saber: una sociedad de gimnasios, torres de oficinas, bancos, aviones, grandes centros comerciales y laboratorios genéticos. La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad del rendimiento” (p. 25).
    El sujeto del rendimiento no sufre una explotación externa: es dueño de sí mismo y se auto-explota. Más adelante volveremos sobre este tema, uno de los leitmotivs de Byung-Chul Han. El sujeto auto-explotado hace del multitasking una práctica que “modifica radicalmente la estructura y economía de la atención. Debido a esto la percepción queda fragmentada y dispersa” (p. 34).
    El multitasking y otras prácticas como los videojuegos nos llevan a un estado de atención superficial, lo cual según Byung-Chul Han genera una regresión similar al estado de vigilancia de los animales salvajes: “Los logros culturales de la humanidad, a los que pertenece la filosofía, se deben a una atención profunda y contemplativa” (p 35). Este estado de contemplación es imposible de alcanzar en el mundo del multitasking y la hiperatención.
    LA SOCIEDAD DE LA TRANSPARENCIA (2012 – EDICIÓN ORIGINAL: 2012)

    La utopía de una sociedad o una persona transparente no es más que eso: una utopía. El sujeto necesita espacios para estar consigo mismo, lo cual exige una membrana impermeable que lo aísle del entorno. Según Byung-Chul Han “es imposible establecer una transparencia interpersonal. Y esto tampoco es deseable. Precisamente la falta de transparencia del otro mantiene viva la relación” (p. 15).
    Byung-Chul-Han-foto-ZDF
    La sociedad de la transparencia lleva a la información total, “no permite lagunas de información ni de visión” (p. 17) y se acelera rechazando todo tipo de negatividad. De frente al avance del Big Data y la avalancha de datos empíricos -que amenaza con arrasar con toda teoría- Byung-Chul Han reivindica el pensamiento negativo: “la teoría como negatividad hace que la realidad misma aparezca en cada caso y súbitamente de otra manera, bajo otra luz” (p. 20). La sociedad de la transparencia también amenaza a la política, un tipo de acción estratégica que incluye una dimensión o esfera secreta. Si toda la política se reduce a una escenificación de la transparencia, el “final de los secretos sería el final de la política” (p. 21).
    Pero volvamos al repliegue de la negatividad en la sociedad contemporánea: “el veredicto general de la sociedad positiva se llama ‘me gusta’. Es significativo que Facebook se negara consecuentemente a introducir un botón de ‘no me gusta’. La sociedad positiva evita toda modalidad de juego de la negatividad, pues esta detiene la comunicación. Su valor se mide tan solo en la cantidad y la velocidad del intercambio de información. La masa de la comunicación eleva también su valor económico. Veredictos negativos menoscaban la comunicación. Al ‘me gusta’ le sigue con más rapidez la comunicación conectiva que al ‘no me gusta’. Sobre todo, la negatividad del rechazo no puede valorarse económicamente” (p. 23). El “Yes, We Can” de Barack Obama también forma parte de esta hegemonía de lo positivo.
    “El mundo no es hoy ningún teatro en el que se representen y lean acciones y sentimientos, sino un mercado en el que se exponen, venden y consumen intimidades. El teatro es un lugar de representación, mientras que el mercado es un lugar de exposición.” (p. 68)
    La sociedad de la transparencia valora la exposición. Cada sujeto “es su propio objeto de publicidad. Todo se mide en su valor de exposición. La sociedad expuesta es una sociedad pornográfica” (p. 29). Vivimos en un mundo que tiende a la hipervisibilidad, un espacio sin secretos ni misterios ocultos. A la sociedad de la transparencia “toda distancia le parece una negatividad que hay que eliminar: constituye un obstáculo para la aceleración de los ciclos de la comunicación y del capital” (p. 32).
    En sintonía con los argumentos de Eli Pariser (autor de The Filter Bubble) Byung-Chul Han denuncia la construcción de burbujas de información personalizadas por los algoritmos. Estos sistemas -como el PageRank de Google- “presenta(n) al participante tan solo aquellas secciones del mundo que le gustan. Así, desintegra la esfera pública, la conciencia pública, crítica, y privatiza al mundo” (p. 69). Para terminar este volumen Byung-Chul Han se interna en territorios foucaultianos y nos habla del nuevo panóptico digital, un dispositivo que “carece de perspectiva en el sentido de que no es vigilado desde el único centro por la omnipotencia de la mirada despótica. Desaparece por completo la distinción entre centro y periferia, que era constitutiva para el panóptico de Bentham (…) los que habitan el panóptico digital se creen que están en libertad” (p. 88).
    LA AGONÍA DEL EROS (2014 – EDICIÓN ORIGINAL: 2012)

    En este volumen Byung-Chul Han retoma la desaparición de la negatividad para decir que “vivimos en una sociedad que se hace cada vez más narcisista. La libido se invierte sobre todo en la propia subjetividad” (p. 11). El sujeto narcisista del rendimiento “está abocado, sobre todo, al éxito” y su enfermedad es la depresión (“una enfermedad narcisista”) (p. 11). El sujeto depresivo del rendimiento “se hunde y ahoga en sí mismo” (p. 12).
    Panóptico
    Más adelante Byung-Chul Han vuelve a la carga con las transformaciones en las formas de dominación: la sociedad del rendimiento “está dominada por el verbo modal poder, que formula prohibiciones y utiliza el verbo deber. A partir de un determinado punto de productividad, la palabra deber se topa pronto con su límite. Para el incremento de la producción es sustituida por el vocablo poderLa llamada a la motivación, a la iniciativa, al proyecto, es más eficaz para la explotación que el látigo y el mandato. El sujeto de rendimiento, como empresario de sí mismo, sin duda es libre en cuanto no está sometido a ningún otro que le mande y lo explote, pero no es realmente libre, pues se explota a sí mismo, por más que lo haga con entera libertad. El explotador es el explotado” (p. 19).
    Este nuevo tipo de explotación es mucho más eficiente que la anterior porque “va unida al sentimiento de libertad. Con ello la explotación es posible sin dominio” (p. 20). El neoliberalismo entiende al sujeto como proyecto y no como explotado. De esta forma el fracaso lo asume el sujeto: “no hay nadie a quien pueda hacer responsable de su fracaso” (p. 21). Esta idea rebate la concepción de Benjamin (“el capitalismo es una religión”): el capitalismo no es ninguna religión porque “toda religión maneja las categorías de deuda (culpa) y desendeudamiento (perdón). El capitalismo es solamente endeudador” (p. 22). El resultado es la depresión y el síndrome del agotamiento.
    En la última parte de La agonía del eros Byung-Chul Han arremete contra el Big Data y la supuesta “muerte de la ciencia” y de la teoría anunciada por la revista Wireden el año 2008. La correlación de datos habría sustituido a la causalidad. Byung-Chul Han sostiene que la teoría es “más que un modelo o una hipótesis que pueda verificarse o declararse falsa en virtud de experimentos (…) No hay un pensamiento llevado por los datos. Sólo el cálculo es llevado por los datos” (p. 74). La teoría, en otras palabras, es una “donación previa”, “trasciende la positividad de lo dado y hace que esto, de pronto, aparezca bajo otra luz” (p. 74). Byung-Chul Han no duda: “la masa de datos e informaciones, que crece sin límites, aleja hoy la ciencia de la teoría, del pensamiento” (p. 75). La ciencia que proponen Google y Wired es aditiva, no narrativa o hermenéutica. Le falta “tensión narrativa” (p. 75).
    wired
    Para terminar, Byung-Chul Han concluye: “la tremenda cantidad de información eleva masivamente la entropía del mundo, y también el nivel de ruido. El pensamiento tiene necesidad de silencio. Es una expedición al silencio” (p. 75). Apuntes alrededor de Byung-Chul Han Si bien este post continuará con una segunda parte dedicada a otros dos libros de Byung-Chul Han (Psicopolítica y En el enjambre) podemos ir adelantando algunos comentarios a su obra. Como suelo decir, en un entorno donde escasea el pensamiento crítico siempre son bienvenidas las miradas que encarnan una filosofía “negativa” y apuntan a los aspectos más cuestionables de la sociedad del siglo XXI.
    En este contexto los libritos de este filósofo son un soplo de aire fresco… aunque algunos de esos aires nos recuerdan a cosas ya escritas a lo largo del siglo veinte respecto a la cultura de masas, desde el apocalipticismo de Adorno y Horkheimer hasta las “transparencias” de Baudrillard. Me resultó interesante la hipótesis según la cual el modelo inmunológico estaría en fase de superación -algo muy posible- pero no la termino de compaginar con el día a día de nuestra sociedad. La reciente crisis del ébola en España nos demuestra que el miedo al Otro (en este caso un virus que, además, viene de… África) sigue vivito y coleando. Sin embargo no creo que sea una pérdida de tiempo seguir con atención la evolución de estos modelos de control en la cultura contemporánea.
    Por otra parte, estoy seguro de que el asalto al panóptico tradicional de Foucault que Byung-Chul Han propone dará lugar a unos cuantos debates.Donde Byung-Chul Han despliega una mirada muy interesante es en la cuestión del avance de la positividad y la instalación de un sistema de auto-explotación en el neoliberalismo. Sus reflexiones sobre el nuevo “sujeto del rendimiento” me parecen más que útiles para comprender los modos de producción simbólica y las nuevas formas de explotación en un capitalismo post-industrial donde reina la exposición y la hipervisibilidad.
    La crítica de Byung-Chul Han -un ataque en toda regla al corazón de esa ideología nacida en un garaje de California y alimentada a golpe de start-ups exitosas en Silicon Valley- sirve para comprender mejor las tensiones entre lo privado y lo público, entre el tiempo del trabajo y el tiempo del ocio, y otras oposiciones que marcaron a la sociedad industrial y hoy están en vías de desaparición. Hay que decirlo claramente: no todos pueden ser emprendedores exitosos. La revolución digital esconde miles de trabajadores hiperexplotados de la manera más tradicional en las líneas de producción (no solo en China) y una buena cantidad de especialistas flexibles que se auto-explotan y viven al borde del síndrome del burnout. Byung-Chul Han se encarga de reflexionar sobre esta segunda figura.
    Tampoco resulta difícil disentir con Byung-Chul Han cuando critica a las burbujas de información personalizada que los algoritmos nos construyen a medida. Es evidente que este entorno informacional construido a nuestra imagen y semejanza introduce una cuña profunda en el concepto de “opinión publica” y las formas de hacer política y construir hegemonía (ver la entrevista “Los partidos políticos, los sindicatos y la escuela son interfaces en crisis. Hay que resideñarlas” que me hizo Diana Fernández Irusta para La Nación).
    La lectura crítica que hace Byung-Chul Han del conocimiento nacido al calor del Big Dataen cambio, me parece superficial y se merecería un análisis más extenso. Si bien nadie puede creerse “el fin de la teoría” augurado por Chris Anderson en Wired, las posibilidades que ofrecen las humanidades digitales no pueden liquidarse en un par de párrafos. Desde mi perspectiva hermenéutica y Big Data pueden entablar un diálogo fecundo. Para terminar, me queda zumbando en el oído el recurrente reclamo de Byung-Chul Han a parar la máquina, hacer silencio y desacelerar el pensamiento. Esta idea tan romántica y decimonónica -que propone volver a un pasado idealizado donde aparentemente reinaba la tranquilidad, el silencio y el slow time, y por lo tanto se podía pensar en paz– me recuerda demasiado a las críticas de Theodor Adorno a las “síncopas perturbadoras” y a los “monótonos estímulos” del jazz… En breve: creo que necesitamos intelectuales que sean capaces de pensar no sólo sobre sino también desde las condiciones culturales de la sociedad contemporánea. O sea, necesitamos intelectuales -como Alessandro Baricco, Agustín Fernández Mallo, Eloy Fernández Porta, Vicente Luis Mora, Jorge Carrión Alejandro Piscitelli- que piensen desde el multitasking, la hiperatención y la fragmentación entrópica.
    Comenzamos a despedir este 2014 con la segunda y última parte de la reseña dedicada a la obra de Byung-Chul Ha, el filósofo de moda en España. Si en la primera parte del post presentamos tres de sus libros –La sociedad del cansancio, La sociedad de la transparencia y La agonía del Eros– y avanzamos algunos comentarios críticos, aquí analizaremos otras dos obras –En el enjambre Psicopolítica- y concluiremos con una reflexión general sobre los aportes de este pensador.
    EN EL ENJAMBRE (2014 – EDICIÓN ORIGINAL: 2012)

    Este es el texto donde Byung-Chul Han se ocupa a fondo del mundo digital. Desde ya se los digo: es la obra con la que menos sintonizo. En este volumen la mirada crítica del filósofo surcoreano se convierte en un garrotazo apocalíptico a todo lo que huela a silicio. Según Byung-Chul Han estamos en presencia de un “enjambre digital” formado por individuos que “no desarrollan ningún nosotros”, “no se manifiesta en una voz. Por eso es percibido como un ruido” (p. 27). Los modelos colectivos fundados en las nuevas tecnologías digitales “son muy fugaces e inestables, como en los rebaños constituidos por los animales. Los caracteriza la volatilidad” (p. 29). Byung-Chul Han busca diferenciarse tanto de la visión tradicional de la “masa” como de la “multitud” de Hardt y Negri.
    Para los que estudiamos los procesos de comunicación resulta sorprendente leer a Byung-Chul Han cuando sostiene que en la comunicación digital “las informaciones se producen, envían y reciben sin mediación de los intermediarios. No son dirigidas y filtradas por mediadores. La instancia intermedia es eliminada para siempre (…) Medios como blogs, Twitter o Facebook liquidan la mediación de la comunicación, la desmediatizan” (p. 33-34). No estoy para nada de acuerdo con este análisis. Más que un estado de desintermediación total como sugiere Byung-Chul Han asistimos al desarrollo de nuevas instancias de (ciber)intermediación (ver el post Producción y distribución del conocimiento en la Era de la Ciberintermediación, el cual retoma algunas investigaciones que realizamos con Hugo Pardo Kuklinski y Cristóbal Cobo al respecto). Por otra parte… ¿Cómo se puede sostener que Twitter o Facebook no mediatizan la comunicación? ¿Acaso son interfaces neutras que no afectan las formas que asumen los intercambios entre los usuarios? Las plataformas digitales -desde Facebook hasta Amazon- generan un “efecto de desintermediación”, cuando en realidad son sus algoritmos los que modelan el consumo y las interacciones de los usuarios (ver mi post The filter bubble. Alguien te está mirando sobre los algoritmos de Google).
    Más interesantes son las reflexiones de Byung-Chul Han sobre los movimientos políticos nacidos al calor de los tuits. Lejos de Manuel Castells y otros teóricos de la sociedad-red movilizada Byung-Chul Han no ve con claridad las movidas indignadas de la última década: “La indignación digital no … es capaz de acción ni de narración. Más bien, es un estado afectivo que no desarrolla ninguna fuerza poderosa de acción” (p. 22). La creciente presión de desmediatización “se apodera también de la política. Pone en apuro a la democracia representativa. Los representantes políticos no se muestran como transmisores, sino como barreras. Y así, la presión de desmediatización se presenta como exigencia de más participación y transparencia. Precisamente a esta evolución medial debe su éxito inicial el Partido Pirata” (p. 35). Algo parecido podría decirse de Podemos en España. Ahora bien, que los nuevos movimientos políticos cuestionen a la “casta política” no significa que estemos de frente a un proceso de desmediatización de la política: lo que Podemos y otros movimientos similares proponen son nuevas formas de mediatización.
    Una digresión antes de seguir: como habrán visto, Byung-Chul Han comienza hablando de “mediación” y en un momento determinado pasa a “mediatización”. Ignoro si se trata de un error en la traducción de alemán o de un uso superficial de ambos conceptos. Es obvio que “mediación” no significa lo mismo que “mediatización”. Sobre este tema les recomiendo la lectura de La Semiosis Social IIde Eliseo Verón, un texto donde desgrana y define claramente ambos conceptos. Fin digresión.
    chan
    En esta obra Byung-Chul Han vuelve a los temas tratados en sus otros libros, desde la excesiva velocidad de la vida social hasta la fragmentación y la positividad que definen a la sociedad contemporánea. Estas características se expresan en ciertos objetos. El siguiente párrafo es un buen ejemplo de su visión anti-gadget: “el smartphone es un aparato digital que trabaja con un inputoutput pobre en complejidad. Borra toda forma de negatividad. Con ello se olvida de pensar de una manera compleja. Y deja atrofiar formas de conducta que exigen una amplitud temporal o una amplitud de mirada. Fomenta la visión a corto plazo. Fomenta el corto plazo, y ofusca la larga duración y lo lento. El me gusta sin lagunas engendra un espacio de positividad” (p. 43). Los gadgets de silicio no le caen bien a Byung-Chul Han: “los aparatos digitales traen una nueva coacción, una nueva esclavitud. Nos explotan de manera más eficiente por cuanto, en virtud de su movilidad, transforman todo lugar en un puesto de trabajo y todo tiempo es un tiempo de trabajo. La libertad de la movilidad se trueca en la coacción fatal de tener que trabajar en todas partes” (p. 59). El pensamiento negativo de Byung-Chul Han no perdona: “la comunicación digital hace que se erosione fuertemente la comunidad, el nosotros. Destruye el espacio público y agudiza el aislamiento del hombre” (p. 75). Y culmina: “el exceso de información hace que se atrofie el pensamiento” (p. 88-89). Pasemos a otro libro.
    PSICOPOLÍTICA (2014 – EDICIÓN ORIGINAL: 2014)
    A diferencia del anterior, este es libro de Byung-Chul Han que más me gusta. Si no tienen ganas de leerse todos los volúmenes (cinco hasta ahora) les recomendaría comenzar por este. ¿Por qué? Porque en cierta manera retoma y resume sus principales ideas. Byung-Chul Han comienza hablando de la ilusión de libertad (“el sujeto del rendimiento, que se pretende libre, es en realidad un esclavo”) y la absolutización del trabajo (“el sujeto neoliberal como empresario de sí mismo no es capaz de establecer con los otros relaciones que sean libres de cualquier finalidad” p. 12-13). Después retoma a Marx para darle una vuelta de tuerca al materialismo dialéctico: “el capitalismo industrial muta en neoliberalismoo capitalismo financiero con modos de producción posindustriales, inmateriales, en lugar de trocarse en comunismo” (p. 16). Y remata: “El neoliberalismo, y no la revolución comunista, elimina la clase trabajadora sometida a la explotación ajena. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona. También la lucha de clases se transforma en una lucha interna consigo mismo” (p. 17).
    call center tucumán
    En cierto momento Byung-Chul Han se aleja de Marx para acercarse a Foucault: la libertad y la comunicación ilimitadas “se convierten en control y vigilancias totales” (p. 21). Además, el “neoliberalismo convierte al ciudadano en consumidor … sólo reacciona de forma pasiva a la política, refunfuñando y quejándose, igual que el consumidor antes las mercancías y servicios que le desagradan” (p. 23). Como síntesis de estos cambios “nos dirigimos a la época de la psicopolítica digital. Avanza desde una vigilancia pasiva hacia un control activo” (p 25). La psicopolítica tiene sus instrumentos. El Big Data es uno de ellos, uno muy importante, ya que “permite adquirir un conocimiento integral de la dinámica inherente a la sociedad de la comunicación. Se trata de un conocimiento de dominación que permite intervenir en la psique y condicionarla a un nivel prerreflexivo” (p. 25). Con el Big Data “el futuro se convierte en predecible y controlable” (p. 25).
    Si la dominación tradicional se basaba en la demografía y la estadística, la psicopolítica se funda en el Big Data. Como ya les dije en este contexto algunos gadgets (el smartphone en primer lugar) se convierten en “objetos de devoción”, ocupando el mismo lugar que el rosario en la tradición católica. El “me gusta” es el “amén digital” y Facebook, “la iglesia, la sinagoga global de lo digital” (p. 26) …y “el neoliberalismo es el capitalismo del me gusta” (p. 30). La biopolítica de Foucault -la forma de gobierno de “la sociedad disciplinaria”- es cosa del pasado: es “inadecuada para el régimen neoliberal que explota principalmente la psique” (p. 38). Byung-Chul Han lo dice claro: “Foucault no realizó el giro a la psicopolítica” (p. 40).
    En otros capítulos Byung-Chul Han no ahorra críticas al cuerpo estetizado, los libros de autoayuda, el consumismo, la ludificación y la hegemonía de un pensamiento que pone las emociones por encima de cualquier otro tipo de vivencia, para terminar en un concepto que atraviesa toda su obra: la emergencia del “panóptico digital” (p. 62). De frente a tanto libro e investigación sobre lo emocional Byung-Chul Han no duda y clava el cuchillo en lo más profundo: “las emociones son esencialmente fugaces y más breves que los sentimientos… En el capitalismo del consumo se venden significados y emociones… La emoción se convierte en medio de producción” (p. 70). Para terminar Byung-Chul Han vuelve al Big Data y arremete contra la supuesta “muerte de la ciencia” (y “de la teoría”) anunciada por Chris Anderson en Wired, un tema que el filósofo surcoreano ya había tratado en el volumen La agonía del Eros (ver la primera parte de la reseña).
    APUNTES FINALES
    Como dije al final del primer post, en un entorno donde el pensamiento negativo tiende a ser tapado por millones de “me gusta” y discursos cargados de positividad (“Sonríe, te estamos registrando”), las miradas críticas son más que bienvenidas. También dijimos que los pequeños volúmenes de Byung-Chul Han son un soplo de aire fresco pero cargado de aromas de la crítica del siglo XX a la cultura de masas (desde Adorno y Horkheimer hasta Foucault y Baudrillard). En ese sentido creo que las obras de Byung-Chul Han están escritas más bajo el signo de la continuidad que de la ruptura.
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    Pero Byung-Chul Han está más que atento a los cambios de la sociedad digital post-industrial, desde las nuevas formas que adopta la auto-explotación hasta la emergencia del llamado “panóptico digital”. En este contexto Byung-Chul Han se presenta como una especie de Foucault 2.0 y abre líneas de reflexión muy interesantes y útiles en un entorno donde todavía se consume -a menudo de manera bastante acrítica- la versión original Foucault 1.0 (ver mi post ¿Bibliografía del oprimido?).
    Algunas ideas de Byung-Chul Han me parecen interesantes (por ejemplo su crítica al “panóptico digital”, la “auto-explotación” y la hegemonía del pensamiento positivo y emocional); otras no me terminan de convencer, sobre todo cuando entra en cuestiones digitales, desde el tema del Big Data hasta la vida de los sujetos en las redes sociales. Lo reconozco: cuando Byung-Chul Han se pone a reflexionar sobre lo digital me aburre. Su mirada es unidireccional, sólo ilumina una dimensión de las tecnologías digitales -la negativa- y termina generando una fuerza que se anula con la de los discursos positivos sobre las “nuevas tecnologías” digitales. Si sumamos Negroponte + Byung-Chul Han el resultado siempre será cero (“0”). Estoy convencido de una cosa: necesitamos otro tipo de miradas que escapen a esta “razón dualista” (Jesús Martín Barbero dixit) que bloquea cualquier comprensión profunda del “enjambre digital”.
    Una cosa me llamó poderosamente la atención: si bien Byung-Chul Han critica la configuración que está adoptando la sociedad contemporánea, desplegando una mirada que nos recuerda a la de los pensadores nacidos en el siglo XIX que se confrontaron con la naciente cultura de masas, su producción está más que en sintonía con los ritmos, polifonías y fragmentaciones de ese mundo. Me explico: sus libros son breves y de fácil lectura, hilvanados con frases cortas, casi tuits, que vuelven una y otra vez sobre los nudos conceptuales de su pensamiento: el panóptico digital, la auto-explotación, la fragmentación, la positividad, la falta de silencio… Byung-Chul Han critica el caos y la velocidad acelerada de las sociedades contemporáneas pero compone textos totalmente adaptados a ese ecosistema.Si bien encarna un espíritu adorniano, a la hora de escribir Byung-Chul Han se acerca mucho a McLuhan -el gran creador de aforismos/tuis sobre la cultura de masas- pero aún más a los bárbaros de Baricco. ¿Filosofía para dummies?

    https://hipermediaciones.com/2014/12/21/byung-chul-han-filosofia-para-dummies-ii/

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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