KURT VONNEGUT
Una herida absurda

La Bestia Equilátera lo hizo de nuevo: acaba de publicar otro libro de Kurt Vonnegut, ya autor emblema de la editorial. Esta vez es Dios lo bendiga, señor Rosewater, de 1965, una novela que sigue la rebelión de un heredero alcohólico y veterano de guerra y reflexiona sobre el daño que hace tener dinero y sobre todo preocuparse por el dinero.


Por Sergio Kiernan
Por estos sures perdidos la historia comenzó hace cuarenta años largos, cuándo no, con Minotauro. De revista de ciencia ficción a una editorial refinada, de las que teníamos en esa época, con excelentes traducciones y con un ojo clínico en la mezcla de Bradbury con Ballard, de Stapledon con Bester. Minotauro se movía, como atendiendo a Marechal, entre lo sublime y lo ridículo y con una riqueza seminal, sembrando descubrimientos. Entre otras gauchadas que nos hizo fue publicar Las sirenas de Titán, el estupendo disparate de un tal Kurt Vonnegut.

Pensar en este alemán de Indiana alto y tímido, formal y algo aristocrático, como un escritor de ciencia ficción es como reducir a Borges al lugar de folklorista de cuchilleros y taitas. Vonnegut, que tenía que ser arquitecto y terminó de gerente de una empresa careta en el desolado norte del Estado de Nueva York, descubrió que meter extraterrestres, naves y distorsiones físico-temporales era divertido y permitía ironías que, más en serio, no le salían tan bien. Lo sabía en carne propia, por sus primeros libros densones como Madre noche o Matadero Cinco, de la época en que quería ser serio y ser tomado en serio. Después se le pasó y nos regaló sus infundíbulos cronosinclásticos, y figuras como el enorme Kilgore Trout, un supuesto escritor de ciencia ficción absurda tan pobre, tan loser, tan desconectado que sólo  publica en revistas porno, entre las fotos que le interesan a alguien. 

Por supuesto, era un truco, lo que explica la devoción de todos y cada uno de los norteamericanos que pasaron por una universidad por las obras de Vonnegut. Además de tomar demasiada cerveza, además de descubrir a Chomsky y Bob Dylan, una manera de hacer contacto y sentirse parte de la tradición del progresismo local es leer y admirar por lo menos Desayuno de Campeones. Así se descubre, a la edad necesaria, la desolación del país propio, el efecto de la desconexión y el silencio entre vecinos, la aridez del dólar y la fealdad de la vida normal.

Vonnegut tuvo una infancia serena en una familia de arquitectos próspera y cultísima en Indianápolis, pero muy chiquito se encontró con que tenía que hacer algo dificilísimo, olvidarse que era de ascendencia alemana. Literalmente, este Kurt tuvo que disimular que hablaba la lengua y tenía alguna idea de quién era Wagner. Su familia, y todas las de ese palo, se tuvieron que aculturar de prepo ante la ola de xenofobia que disparó la primera guerra mundial. 

Con este temprano carnaval del absurdo, el joven Kurt terminó en la infantería para la segunda guerra. Hasta sus instructores se asombraban de que no supiera alemán, además de su falta de vocación militar, pero el soldadito Vonnegut terminó en combate en Europa y prisionero de la Wehrmacht. Los alemanes lo depositaron con varios miles de compatriotas en una ciudad “segura”, Dresde, justo a tiempo para el inmenso bombardeo anglonorteamericano que simplemente desintegró la ciudad. Con todo el horror que es Hiroshima, la bomba atómica no llegó a hacerle a la ciudad japonesa lo que tres días de bombardeo convencional le hicieron a la alemana. Vonnegut se salvó porque estaba encerrado en una amplia y moderna estructura de hormigón armado, el Matadero número cinco de la municipalidad. Los días siguientes los pasó desenterrando de los escombros un número aparentemente infinito de cadáveres.

Con lo que la vuelta a casa y al mandato de sentar cabeza, olvidarse de todo y ganar plata le resultó difícil a Vonnegut. A escondidas de su trabajo gerencial, comenzó a escribir libros extraños y cuestionadores, libros claramente de izquierda y muy adelante de su tiempo. Este Dios lo bendiga, señor Rosewater que ahora publica La Bestia Equilátera –editorial que viene editando a Vonnegut desde hace años a paso seguro– en excelente traducción de Carlos Gardini, es de 1965 pero parece escrito justo ahora, para darle con un buen palo a ese personaje inesperado que se llama Donald Trump.

La novela es una reflexión sobre el daño que te hace tener dinero y sobre todo preocuparte por el dinero. Eliot Rosewater es un veterano de guerra que en 1947 es nombrado presidente de la fundación familiar, una estructura dedicada a evadir impuestos y a donar a buenas causas. Eliot recibe el poder porque la fundación es como una monarquía, con el hijo varón primogénito al frente y todos los demás como empleados. Y a nadie le importa que sea un alcohólico homérico, espectacular, desbordado, porque bebe como un heredero bien educado, sin que se note. 

El alcohol es que el que rompe el equilibrio aburrido de la vida de Eliot, que arranca un peregrinaje después de leer un libro de Kilgore Trout, el ficticio autor de Venus en su concha. En lugar de combatir el cáncer, comprar un Goya para un museo, pagar becas y ayudar a combatir la violencia policial, la fundación comienza de pronto a regalarle cheques a escritores “que escriben como la mona”, a borrachos de pueblo y a putas retiradas pero amables. Eliot está funcionalmente loco y su familia busca cómo curarlo antes de que lo declaren loco legalmente y pierda todo.

Lo que sigue es un carnaval que deja en claro que a Eliot no lo quieren cuerdo sino careta, bien comportadito, como corresponde a su clase. Y también el cinismo bruto de los que buscan, hacen, respiran dinero. Hay más de un personaje que podría ser Trump o un trumpista o un miembro de su gobierno. Y hay más de un cholulo que cree que esa gente tiene algo que decir, que son alguien. Y hay una ácida parábola sobre los que quieren hacer el bien y nada más que el bien, como un Jesús del Medio Oeste: terminan tratados como idiotas.

El efecto final es el de siempre, que Vonnegut no viene a traer recetas ni soluciones, que no sabe cómo se arreglan los problemas sino cómo se señalan. Que un escritor nos haya podido señalar estos absurdos, que nos aleje tanto de lo convencional –al final, hablamos de un autor que pasa un libro entero parando la acción para explicar, como si fuéramos marcianos, qué es un dólar o para qué sirve peinarse– es un verdadero tesoro. Dios lo bendiga, señor Vonnegut.


Dios lo bendiga, Señor Rosewater Kurt Vonnegut La Bestia Equilátera 200 páginas



https://www.pagina12.com.ar/34767-una-herida-absurda



EL  INFIERNO  DE  TREBLINKA
Vasili Grossman
De la página de la editorial: “En verano de 1944, en su avance hacia Berlín, el Ejército Rojo llegó al lugar que había ocupado el Campo de Exterminio de Treblinka, donde unos 800.000 judíos fueron asesinados. Los responsables nazis del campo lo habían arrasado con el fin de eliminar todo vestigio. Sin embargo, son muchos los testimonios de lo que allí había ocurrido y poco a poco van apareciendo las pruebas que lo confirman. Vasili Grossman, que durante la guerra ha viajado con las tropas soviéticas para describir en sus crónicas lo que ocurre en el frente, será el encargado de reconstruir el relato de lo acontecido en Treblinka. De esta forma, Grossman será con “El infierno de Treblinka” el primer cronista en relatar al mundo entero los horrores del exterminio.”
Treblinka tenía dos campos: el  no. 1 colindaba con la cantera de arena, no lejos del límite del bosque. Era un campo de concentración ordinario, como los que la Gestapo construyó a centenares y miles en las tierras ocupadas por los alemanes. Fue creado en 1941. La gente que estaba aquí ingresaba por un plazo pequeño: 4, 5 o 6 meses. Por él pasaron 50, 000 personas. Solamente estaban en este campo judíos que fueran extremadamente hábiles en un oficio (panaderos, zapateros, ebanistas, albañiles o sastres). Existió desde otoño del ‘41 hasta el 23 de Julio de 1944.
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La vida ahí era una pesadilla: los trabajadores que no cumplían con su cuota eran arrojados a una hondonada, les daban de comer entre 170 gramos y 200 gramos de pan y una “sopa”; los hinchados eran transportados en carretillas fuera de la alambrada y fusilados ahí; había orgías que organizaban los alemanes con muchachas que eran violadas y asesinadas; arrojaban gente desde torretas de 6 metros de altura; borrachos los guardias, sacaban a 10 o 15 presos de las barracas y hacían pruebas de cómo asesinarlos (les disparaban en el corazón, nuca, entre los ojos, bocas, etc).
Al parecer, no había nada más terrible en el mundo que este lugar. Pero quienes vivían ahí sabían que si había algo más espantoso. A 3 km de él, en Mayo de 1942 comenzaron a construir un nuevo campo. La construcción se hizo rápidamente, con más de mil obreros. “Nada ahí estaba dispuesto para la vida, y todo estaba preparado para la muerte” escribe el autor.
La existencia de ese otro campo, según el plan de Himmler, debía permanecer en el más absoluto secreto; ni una sola persona debía salir viva de ahí. Y nadie debía acercarse. A 1 km de distancia se hacía fuego sin previo aviso a quien casualmente pasara por ahí. . A la guardia que acompañaba a los trenes no se le permitía llegar ni a donde estaba la vigilancia exterior del campo.
A la llegada de los trenes, los maquinistas tenían que bajarse de los trenes en el campo 1, y custodios de la SS del campo 2 se encargaban del tren. Cuando llegaban al bosque, se dividían en 3 partes y la locomotora enviaba tandas de 20 vagones hacia el andén del campo. La locomotora empujaba los vagones por detrás y se detenía en las alambradas, de tal manera que ni el maquinista ni el fogonero traspasaban los límites del campo. Cuando los vagones quedaban descargados, se hacía avanzar por la vía al tren que había quedado vacío hasta la cantera, donde eran cargados de arena y se marchaban a las estaciones de Treblinka y Malkinia.
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Los primeros trenes llevaban personas que habían comprado sus boletos para salir de la  Europa en guerra; llegaban al campo 2 a una estación de tren simulada, donde los bajaban diciéndoles que tendrían que sellarles sus papeles. Al bajar, había una orquesta que tocaba música para que estuvieran tranquilos. Desde ahí podían ver un edificio donde ondeaba la bandera de la Cruz Roja y a donde eran llevados aquellos que estaban débiles, agotados o enfermos, pero no para ser atendidos sino eliminados. En esa “estación” tenían taquilla, lockers para equipajes, salas, restaurantes, flechas que anunciaban otros destino. Un portero los recibía y los dejaba pasar hasta una plaza (llegaban de 3 mil a 4 mil personas). De ahí los pasaban a unas barracas, donde los separaban por sexos y trataban de que las familias quedaran separadas lo más pronto posible. Esto lo lograban gritando “atención” les decían a los hombres que se quedaran ahí, y pasaban mujeres y niños a otra parte donde les decían que se desnudaran para bañarse, y a ellas  les cortaban el pelo.   De ahí los empujaban a una ventanilla  donde les decían que, si aún traían algo de valor, lo entregaran. La amabilidad pretendida hasta ese momento, terminaba y a golpes, gritos y maltratos los hacían avanzar por una avenida que los S.S. llamaban “la avenida sin regreso”. Desde la última ventanilla a este lugar hacían 3 minutos. Llegaban a un edificio que estaba construido como un viejo templo. Las puertas se abrían y soltaban perros sobre la multitud para que se arrojaran dentro. Los habitantes de la aldea de Vutka, la más próxima a Treblinka, decían que los gritos de las mujeres era tan espantoso que todo el pueblo huía despavorido a los bosques lejanos para no escucharlas. Y esta rutina tenía lugar de 3 a 4 veces por día.
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Dicen las que las cenizas de los cuerpos, que eran llevadas en carretillas para ser tiradas en el bosque cuando ya no cabían dentro del campo, ennegreció varias millas alrededor de él.
Espantoso lo que se cuenta ahí, simplemente espantoso. Libro muy bien escrito.
https://bibliobulimica.wordpress.com/2017/02/23/libro-el-infierno-de-treblinka/



EL SILENCIO BRINDA VARIOS BENEFICIOS QUE IMPACTAN POSITIVAMENTE TANTO EN NUESTRAS EMOCIONES COMO EN NUESTRA PERCEPCIÓN DEL MUNDO (EXTERNO E INTERNO) Y EN EL CUERPO
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Para la meditación mindfulness, el individuo es un epicentro y el sonido se mueve circularmente alrededor de él. Es como si uno fuera un silencioso centro de todo el universo y cada sonido quisiera inundarlo para cautivar cada fibra del cuerpo corporal, psíquico y espiritual. Por esta razón (y para alcanzar un mayor nivel en la trascendencia psíquica), es importante poner en práctica el silencio. 

Guardar silencio es una práctica muy antigua. Se dice que los alumnos de Pitágoras debían pasar 5 años en silencio como prueba para ser admitidos en su escuela de Crotona. Para el histórico filósofo el silencio era realmente un trabajo moral que se ajustaba a la reencarnación y a la versión griega de la ley del karma. Y es que permanecer en silencio trasciende la acción conductual, se convierte en una experiencia de alquimia en la que se escucha al mundo entero llenando nuestro interior, proveyendo la toma de conciencia en torno al centro de la vida.

En la práctica –y quizá la cotidianidad– el silencio brinda varios beneficios que impactan positivamente tanto en nuestras emociones como en la percepción del mundo (externo e interno) y en el cuerpo. Escuchar el silencio es, en otras palabras, mantener al cuerpo y a la mente en un estado de iluminación. Conoce algunos beneficios físicos y emocionales de permanecer en silencio: 

– El silencio desarrolla la creatividad

El cerebro requiere de un período de tranquilidad y silencio para procesar y asimilar la información que ha adquirido en los últimos momentos del mundo exterior. Una vez integrada, el hipocampo reactiva ideas relacionadas con la fantasía, la imaginación y el desarrollo de habilidades cognitivas. De alguna manera, el silencio facilita una postura más creativa y abierta al mundo, pues promueve un cambio fisiológico compatible al proceso de excitación, explotación y creatividad.

– El silencio reduce los niveles de ansiedad y estrés

Una vez que el silencio activa el hipocampo, las emociones comienzan a normalizarse, los niveles de cortisol disminuyen considerablemente, y tanto la presión arterial como la circulación sanguínea en el cerebro se regulan.

– El silencio ayuda a regenerar las conexiones neuronales

Esta actividad promueve el desarrollo celular del hipocampo, región cerebral relacionada con la memoria y los sentidos. De este modo, la ausencia de estímulos acústicos facilita el desarrollo de procesos congnitivos como el aprendizaje, la memoria y la emoción, la atención y la motivación. 

– El silencio reduce la posibilidad de enfermedades

En especial cuando se trata de padecimientos como hipertensión, hipotensión, insuficiencia cardíaca, afecciones cerebrovasculares y enfermedades renales. Esto sucede debido a que el ruido activa la amígdala, la cual, a su vez, provoca segregación de cortisol –hormona relacionada con el estrés. Si el cuerpo segrega este neurotransmisor durante períodos prolongados, su sistema inmunológico empieza a perecer, resultando en varias enfermedades tanto físicas como mentales. 

– El silencio incrementa los niveles de endorfinas

Estos neurotransmisores se relacionan con la sensación de bienestar y felicidad, disminuyendo significativamente el dolor tanto físico como emocional. 

http://pijamasurf.com/2017/04/5_beneficios_neurologicos_de_disfrutar_del_silencio/





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ESTUDIO COMPRUEBA QUE EL ALTRUISMO ES LA CLAVE PARA SER FELIZ

DE ACUERDO CON UN ESTUDIO PUBLICADO EN EL JOURNAL OF POSITIVE PSYCHOLOGY, LA FELICIDAD PROLONGADA, LA MENOS INTENSA PERO CON MAYOR IMPACTO EN LA ESTRUCTURA MENTAL Y CEREBRAL DE UN INDIVIDUO, ES LA CLAVE PARA PREVENIR LA DEPRESIÓN EN ADOLESCENTES

¿Qué se necesita para ser realmente feliz? Hay quienes dicen que la felicidad es el resultado de un condicionamiento pavloviano en el que el esfuerzo alcanza recompensas como dinero, sexo, diversión, amor, comida, placer; otros opinan que la felicidad reside en las dosis adecuadas de serotonina, epinefrina y endorfinas después de la explosión de sensaciones corporales y emociones psíquicas; y unos pocos, diferencian entre el éxtasis de placer, que puede volverse adicción y evasión de la realidad, y la felicidad, que permanece a largo plazo pese a no ser exuberante en su sentir. La realidad es que en cada definición de felicidad existe la solución a numerosos tratamientos enfocados en la salud mental de las personas. 

De acuerdo con un estudio publicado en el Journal of Positive Psychology, la felicidad prolongada, la menos intensa pero con mayor impacto en la estructura mental y cerebral de un individuo, es la clave para prevenir la depresión en adolescentes. En palabras Emily Esfahani Smith, autora de la investigación:

La felicidad sin un significado caracteriza a una vida egoísta, narcisista y relativamente oscura, en la cual las cosas pueden ir bien, las necesidades y el deseo son fáciles de satisfacer, y las dificultades son evadidas. Y mientras que la felicidad sin significado es una emoción que se siente en el aquí y en el ahora, que eventualmente desaparece, como todas las emociones lo hacen, una felicidad con significado es duradera. Se conecta entre el pasado, el presente y el futuro.

Pero, ¿qué es siquiera una felicidad con significado? Aristóteles en su momento separó la felicidad en hedonia –el placer inmediato mediante estímulos corporales– y eudaimonía –el placer con significado de ayudar a otros. Desde entonces, la bibliografía tanto médica como psicológica ha demostrado que la eudaimonía tiene la capacidad de proveer una vida bien vivida dentro de los límites adecuados. Esto sucede debido a que la eudaimonía –también llamada actualmente "altruismo"– activa el estriado central del cerebro, el centro de las recompensas, elevando los niveles de serotonina y a la vez reduciendo el riesgo de recaídas asociadas con depresión, ansiedad y bipolaridad. 

Esto quiere decir que a diferencia del placer hedónico, el placer eudaimónico se ha correlacionado con la disminución significativa de depresión en el corto, mediano y largo plazo, pues no sólo provee una mayor conciencia en la toma de decisiones, sino también una mayor estabilidad psicoemocional en torno al autoconcepto y a los estímulos del exterior. 


De alguna forma, la felicidad eudaimónica que se activa apoyando a la familia o realizando voluntariados con personas o animales necesitados, entre otras actividades, puede convertirse en una herramienta útil para tratamientos de trastornos mentales tanto para adolescentes como para adultos; puede volverse una manera de realizar la conexión adecuada entre cuerpo y mente, elevando al espíritu hacia la trascendencia. 

ALGÚN MÍSTICO HABRÍA DICHO: TODO ES DIOS; HOY DECIMOS: TODO ES INFORMACIÓN
En un principio la ciencia y la religión estaban unidas a través de la filosofía natural. Pero en la actualidad la ciencia considera que todo lo que evoca la religión debe ser rehuido, como si la divinidad se contaminara de los actos de los hombres que supuestamente se hacen en nombre de Dios. Esto a veces hace que el progreso científico llegue a conceptos muy similares a los que el misticismo y la teología enarbolaban en un principio pero siempre, claro está, usando otros nombres, con un discurso cauteloso, cauterizado de dioses.
Un ejemplo de esto es el enormemente cargado término "información", el cual se usa para explicar el fundamento mismo de la realidad, especie de causa primera supraesencial. El modelo que emerge del paradigma actual es que la información es omnipresente y todas las cosas que vemos no son más que las manifestaciones de esta realidad última e indestructible. En los últimos años, quizás por la influencia de la tecnología de la información que domina nuestra era, el paradigma se ha movido de una realidad que puede explicarse solamente a través de materia y energía, para colocar a la información en el centro más profundo de la ecuación. La información es de hecho casi exactamente lo mismo que lo que el pensamiento humano ha llamado por siglos "espíritu". El espíritu, por supuesto, no es más que un aspecto de la unidad divina que se manifiesta en el mundo de la multiplicidad, pero que en ese intervalo mantiene su identidad con lo divino en esencia, si bien en apariencia puede parecer distinto (algún místico habría dicho: todo es espíritu; hoy decimos: todo es información).
Una de las teorías más discutidas en la física moderna es el principio holográfico de Juan Maldacena y otros físicos. Esta teoría a grandes rasgos sostiene que el universo 3D en el que creemos vivir es el desdoblamiento de un universo 2D que contiene codificada la información que se despliega como la realidad que experimentamos, de la misma forma que una película holográfica 2D despliega una imagen 3D. De tal manera que se ha especulado que nuestro universo podría ser una especie de proyección holográfica que se genera en la superficie de un agujero negro. Y de hecho, algunos físicos buscan el límite de nuestro universo en el que la realidad --compuesta de información-- llega a pixelarse. 
Una teoría reciente parece indicar que de hecho el tiempo, que creemos que es un flujo continuo, en realidad es una cristalización de momentos discretos --percibimos la continuidad de la misma manera que cuando vemos una película compuesta de cuadros fijos, los cuales nuestra mente ilusoriamente percibe como imágenes en movimiento. El tiempo, como creía Platón, parece ser una proyección de la eternidad o de un código informático sub specie aeternitatis. De la misma manera, algunos físicos creen que en nuestro universo sólo las matemáticas son reales, lo único que existe verdaderamente es el número (la información original) y sus ecuaciones, de las cuales se despliega todo lo que vemos. Escribe el físico Max Tegmark:
El tiempo-espacio es puramente una estructura matemática en el sentido en el que no tiene propiedades que no sean propiedades matemáticas, por ejemplo el número 4, su número de dimensiones. En mi libro Our Mathematical Universe, argumento que no sólo el tiempo-espacio sino toda nuestra realidad externa física es una estructura matemática, lo que por definición es una entidad abstracta inmutable existiendo fuera del tiempo-espacio.
El doctor Stuart Hammeroff, quien, junto con Roger Penrose, ha desarrollado una teoría de la conciencia como el aspecto fundamental de la naturaleza, considera que el vacío en realidad es una plétora de información: "Si bajamos en la escala del vacío, eventualmente llegamos al "nivel fundamental" de la geometría del tiempo-espacio. Aquí encontramos información --un patrón-- la "escala planck" que ha estado desde el Big Bang".
Aunque para algunos físicos mainstream lo que dice el físico Nassim Haramein no es más que pseudociencia new age, de cualquier forma sus ideas --más allá de que encuentren una comprobación científica o no-- son filosóficamente interesantes (o al menos estimulantes desde una perspectiva de ciencia ficción, bajo el entendido de que lo que hoy imaginamos mañana tal vez será realidad). En su artículo "Quantum Gravity and the Holographic Mass" dice: "Dentro de cada protón, dentro de cada partícula subatómica en el núcleo de los átomos, yace toda la energía y toda la información de todos los otros átomos del universo". En su plataforma Resonance Project, publica: "Todo emerge de y retorna a un campo fundamental de información que nos conecta a todos". La información toma el lugar de lo que en las diversas tradiciones religiosas esotérica era el retorno a la fuente divina ("el vuelo del solo al Solo", según Plotino). Esto aunque esté plagado de misticismo para algunos, no está tan lejos de la realidad que la física describe. Por ejemplo, la noción recientemente mantenida de que la propiedad esencial del universo, incluso más fundamental que el tiempo-espacio, es el entrelazamiento cuántico (no sólo estamos hechos de polvo de estrellas, ese polvo de estrellas está conectado instantáneamente entre sí para siempre, más allá de toda distancia). 
En un tenor similar a Haramein e igualmente siguiendo las ideas de David Bohm y la totalidad implicada, el científico y pianista Ervin László sugiere que el espacio mismo es memoria, una memoria holográfica o akásica: una biblioteca etérea en la cual cada punto en el espacio contiene todo los espacios posibles (todos los volúmenes en una sola página en blanco):

En la última concepción de la física el universo no está constituido de materia y espacio, está constituido de energía e información. La energía existe en forma de patrones de onda y propagaciones de onda en el vacío cuántico que forma el espacio; en sus varias manifestaciones, la energía es el hardware del universo; el software es la información.
Las ondas cuánticas (ondas que se propagan en el dominio de la energía virtual casi infinita que llena el espacio cósmico) se mueven instantáneamente sobre cualquier distancia. Estos tipos de patrones de interferencia constituyen hologramas cuánticos, los cuales están entrelazados –están conectados instantáneamente. Como resultado, la información de un holograma cuántico puede ser transferida a cualquier otro holograma cuántico. De esta forma un sistema que puede leer la información de un holograma tiene acceso a la información que contienen todos los hologramas.

Para contrastar con esta veta de misticismo dentro de la ciencia, el ateo más famoso del mundo, Richard Dawkins:

Lo que yace en el corazón de cada ser vivo no es el fuego, ni el calor del aliento, o la "flama de la vida". Es información, palabras, instrucciones... Si quieres entender la vida, no pienses en vibrantes y pulsantes membranas y gels, piensa en tecnología informática.

Una clara transustanciación del espíritu a la información. Marshall McLuhan, el brillante teórico de la comunicación que era también un hombre sumamente religioso, lo había notado con preocupación. En una carta a Jacques Maritain, McLuhan dice:
Los ambientes de información eléctrica siendo totalmente etéreos fomentan la ilusión del mundo como una sustancia espiritual. Es ya un facsímil del cuerpo místico, una manifestación descollante del Anticristo. Después de todo el Príncipe de este mundo es un gran ingeniero eléctrico.
James Gleick escribe en su libro The Information:
Todo el universo es visto entonces como una computadora --una máquina cósmica procesadora de información... Cuando los fotones y los electrones y otras partículas interactúan, ¿qué es lo que en realidad están haciendo? Intercambiando bits, transmitiendo estados cuánticos, procesando información.
artworks-000116374992-dla5t3-t500x500Y puntualiza: "A la larga, la historia es la narrativa de la información volviéndose consciente de sí misma". Ya no es el universo volviéndose consciente de sí mismo, como decía Carl Sagan y mucho antes los filósofos de la India. Como dijera John Wheeler, "it from bit", el ser nace de la información y despierta en ella. Erik Davis modifica el Evangelio de San Juan, el verbo es código: "In the beginning was the Info, and the Info was with God, and the Info was God" ["En el principio fue la Info, y la Info estaba con Dios, y la Info era Dios"]. El famoso transhumanista Ray Kurzweil había bromado con que Dios era una especie de hacker adolescente de otro universo... y nosotros su proyecto de ciencia. 
Davis, en su genial libro Techgnosis, advierte que la tecnología está sustituyendo a la magia y que nuestra sed espiritual está siendo saciada por y canalizada hacia la tecnología de la información que produce simulacros o sucedáneos de los ambientes inmateriales asociados con los mundos espirituales. Ante nuestra incredulidad de lo espiritual --síntoma del materialismo científico actual-- queda sólo la virtualidad, un dejo de un instinto natural --y la ciencia nos diría primitivo y obsoleto-- en el ser humano. Dudamos de la existencia de Dios, pero creemos que lo podremos simular. Dice el transhumanista David Pearce, autor del Hedonistic Imperative:
Si queremos vivir en el paraíso, debemos ingeniarlo nosotros mismo. Si queremos la vida eterna, debemos reescribir nuestro propio código genético repleto de bugs, y hacernos como dioses. "Que todos los seres sintientes sean liberados del sufrimiento", dijo Gautama Buda. Es un sentimiento maravilloso. Lamentablemente, sólo soluciones de alta tecnología pueden erradicar el sufrimiento del mundo. Solamente la compasión no es suficiente.
Pearce expresa perfectamente el zeitgeist en la vanguardia de nuestra cultura: el poder, la inteligencia y los bienes materiales son más importantes que la bondad, la honestidad y la belleza. No queremos servir a la naturaleza, queremos ser los amos del mundo. Ante una ambición tecnológica mucho más precaria, McLuhan ya había percibido un viso de Lucifer.

Twitter del autor: @alepholo
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José Ignacio Latorre,
FÍSICO EXPLICA CÓMO UNA VISIÓN CIENTÍFICA RIGUROSA INDICA QUE LA REALIDAD OBJETIVA NO EXISTE

En 1952, Niels Bohr escribió: "Aquellos que no han entrado en shock cuando primero supieron de la teoría cuántica no la pudieron haber entendido". Esto es debido a que la física cuántica estremece completamente la realidad convencional de la física clásica, que sigue dominando en la mente colectiva. Mayormente la teoría cuántica destruye la noción fundamental de la ciencia, que existe una realidad objetiva, independiente de la observación subjetiva. Lo explico así Werner Heisenberg: "lo que observamos no es la naturaleza en sí misma, sino la naturaleza expuesta a nuestros métodos de interrogación". 
Seguimos viviendo intelectualmente en un mundo de hace más de 100 años, lo cual no es extraño, ya que lo que postula la física cuántica es realmente radical y va en contra de una noción profundamente arraigada en nuestra percepción: aquella de un mundo sólido separado en un sujeto y un universo de objetos. Pero, como dice José Ignacio Latorre, catedrático de física cuántica en la Universidad de Barcelona: "La ciencia desmonta el prejuicio de una preexistente realidad objetiva y local... La ciencia desmonta esta hipótesis que creíamos sólida. ¡Con prejuicios... no eres científico!". Es un prejuicio que la mayoría de los científicos parecen todavía defender la objetividad de la realidad, algo hasta cierto punto natural pues, por la dureza de la costumbre, es más fácil moverse en un mundo donde se piensa que todas las cosas son sólidas e independientes. Asimismo, abandonar la noción de una realidad objetiva pone en crisis a la ciencia en tanto que coloca en entredicho muchos de sus fundamentos y su aparente poder por sobre las demás formas de conocimiento, esencialmente esa idea de que la ciencia tiene la exclusividad de lo "objetivo", un conocimiento superior que hoy sabemos que es ilusorio. Por otro lado, también es cierto que la física clásica funciona bien en el plano de la realidad ordinaria. Si olvidáramos que las cosas tienen una naturaleza espectral y metiéramos la física cuántica en el clóset, podríamos seguir adelante sin inquietarnos demasiado por la naturaleza fundamental del universo. Latorre explica:

La física clásica es determinista, pero 
todos los experimentos de mecánica 
cuántica demuestran que venimos del 
azar. Y nos enseñan humildad: ¡nos dicen 
que no tenemos derecho a conocer la 
realidad!... Cada experimento a escala
 subatómica, cuántica, nos dice que sólo
 podemos captar alguna información 
(posición, movimiento...) del electrón 
y de otras partículas, ¡pero no conocer 
su esencia! En cuanto las miras, 
inevitablemente las perturbas y
 alteras... La realidad es un concepto
 sutil. Existe en la medida en que la 
miras. Acercarte a conocerla... la condiciona, ¡la crea!

Lo anterior hace referencia al problema de la observación en la mecánica cuántica, algo que llevó a John Wheeler a formular su teoría de un universo participativo, en el cual el cosmos entero existe de manera dependiente de un observador y la información juega un papel primordial. Andréi Linde, uno de los físicos más reconocidos del mundo, nos recuerda esto mismo:

Debemos recordar que nuestro conocimiento del 
mundo empieza con la percepción, no con la 
materia. Estoy seguro de que mi dolor existe,
 porque mi "verde" existe, y mi "dulce" 
existe. No necesito prueba de su existencia,
 porque estos eventos son parte de mí; todo 
lo demás es una teoría.

¿Acaso no es la más grande alucinación, defendida por tantos científicos materialistas, considerar que el mundo está lleno de objetos materiales independientes, de alguna manera autoexistentes, más reales que nuestra propia percepción? Esta noción es paradójicamente metafísica, ya que no podemos comprobar de ninguna manera que existan realmente estos objetos (de los cuales se deriva la objetividad) porque dependemos de nuestra percepción para conocerlos, les proyectamos una realidad metafísicamente.

http://pijamasurf.com/2017/04/la_ciencia_misma_demuestra_que_la_realidad_objetiva_no_existe/

Mundo, Sociedad 22 Abril, 2017 

Crisis de civilización. El mundo moderno es un invento social de hace apenas unos 300 años. Un origen difícil de precisar, pero que se ubica en algún punto donde confluyen industrialismo, pensamiento científico, mercado dominado por el capital y uso predominante de petróleo. El inicio de la ciencia puede fecharse de manera oficial en 1662 y 1666, años en que se fundaron las primeras sociedades científicas en Inglaterra y Francia. El estreno de un pozo petrolero regurgitando oro negro tuvo lugar el 17 de agosto de 1859 en el sureste estadunidense. La industrialización y el capitalismo son procesos difíciles de datar, pero ambos no van más allá de los tres siglos.

En la perspectiva de la historia de la especie, de unos 200 mil años, la aparición de la era moderna ocurrió en apenas un abrir y cerrar de ojos. En unas cuantas décadas se pasó de un metabolismo orgánico a un metabolismo industrial. La crispación que hoy se vive se debe, fundamentalmente, a lo ocurrido en los recientes 100 años, lapso que equivale solamente a 0.05 por ciento de la historia de la especie humana. En el parpadeo del último siglo, todos los procesos ligados al fenómeno humano se aceleraron, incrementando sus ritmos a niveles nunca vistos y generando fenómenos de tal complejidad que la propia capacidad del conocimiento humano ha quedado desbordada. El siglo XX ha sido entonces la era del vértigo, la época de la consolidación del mundo moderno, industrial, capitalista, racional, tecnocrático y de su expansión por todo el planeta.

Vivimos una crisis de la civilización industrial cuyo rasgo primordial es ser multidimensional, pues reúne en una sola trinidad la crisis ecológica, la crisis social y la crisis individual, y dentro de cada una de éstas a toda una gama de (sub) dimensiones. Esto obliga a orquestar diferentes conocimientos y criterios dentro de un solo análisis, y a considerar sus ámbitos visibles e invisibles. Se equivocan quienes piensan que la crisis es solamente económica o tecnológica o ecológica. La crisis de civilización requiere de nuevos paradigmas civilizatorios y no solamente de soluciones parciales o sectoriales. Buena parte de los marcos teóricos y de los modelos existentes en las ciencias sociales y políticas están hoy rebasados, incluidos los más críticos. Además, no hay solución moderna a la crisis de la modernidad. Todo debe re-inventarse.

Estamos entonces en un fin de época, en la fase terminal de la civilización industrial, en la que las contradicciones individuales, sociales y ecológicas se agudizan y en la que la norma son cada vez más los escenarios sorpresivos y la ausencia de modelos alternativos. Vista así, la crisis requiere de un esfuerzo especial, pues se trata de remontar una época que ha afectado severamente un proceso histórico iniciado hace miles de años, de relaciones visibles e invisibles: el metabolismo entre la especie humana y el universo natural.

2. La mirada histórica. Resulta imposible una visión acertada de la crisis actual si se carece de perspectiva histórica. Pero no solamente de la historia de los historiadores, sino la historia de los arqueólogos, de los paleontólogos, de los biólogos, de los geólogos y de los astrofísicos. El panorama revelado por la investigación científica, es decir, por el pensamiento racional, ofrece datos concretos acerca del devenir humano y social, del mundo vivo, del planeta y del universo. Comprender la vida o el devenir del planeta o la evolución de los homínidos resulta necesario para entender los procesos sociales. Buena parte de la tozudez humana proviene de la estrechísima mirada de los analistas y estudiosos, de su ausencia de memoria, de su visión casi instantánea, rasgo inequívoco de la propia crisis. El mundo moderno es un mundo de amnésicos.

3. El papel crucial de la ciencia y la tecnología. Estos últimos tres siglos han sido una sucesión continua de transformaciones vertiginosas, inusitadas y hasta compulsivas. La ciencia apuntaló a través de la tecnología el desarrollo del capitalismo y éste impulsó a niveles inimaginables el desarrollo de la ciencia. El conocimiento permitió la construcción de máquinas cada vez más sofisticadas, de edificios, puentes, aparatos, carreteras, sustancias artificiales, fuentes de energía, materiales diversos, medicamentos, organismos manipulados, medios de comunicación y de transporte. El poder de la especie humana se multiplicó a niveles sin precedentes, tanto para construir como para destruir. El mundo moderno, profano y pragmático, que fue y sigue siendo un producto del conocimiento racional, modificó radicalmente visiones, instituciones, reglas, costumbres, comportamientos y relaciones sociales. El conocimiento, en íntima relación con la empresa, triunfó sobre todas las cosas y transformó como nunca.

La ciencia (y sus tecnologías) al servicio del capital (las tecnociencias) es por fortuna dominante, pero no hegemónica. Contrariamente a lo que se pregona y sostiene, no hay una sola ciencia (la Ciencia), sino muchas maneras de concebir y de hacer ciencia y de producir tecnologías. Dentro de la gigantesca comunidad científica existen minorías críticas de contracorriente que buscan un cambio radical del quehacer científico y la democratización del conocimiento. Por ello, toda superación de la crisis actual supone un cambio radical en la manera de generar y aplicar ciencia y tecnología. Mientras no existan propuestas alternativas de producir, trasmitir y aplicar conocimiento científico no podrá remontarse la crisis; el conocimiento seguirá encadenado al capital.

Civilización moderna

Tradición y modernidad. Una de las claves  para la correcta comprensión de la crisis de la modernidad, y su posible superación, atañe a la significación cultural de los mundos que se ubican antes o por fuera de ese mundo moderno. Las periferias espaciales y temporales que por fortuna aún existen como enclaves premodernos o preindustriales son estratégicas para la remodelación de la sociedad actual. Por lo común lo tradicional se opone (contrasta) a (con) lo moderno.
Durante más de 99 por ciento de su historia el ser humano aprendió a convivir y a dialogar con la naturaleza, al considerarla una entidad sagrada y al concebir a sus principales elementos como deidades. También aprendió a formar colectivos basados en la cooperación y la solidaridad, la sabiduría de los más viejos y el uso de una memoria comunitaria y tribal. Se puede decir que esta fue la fórmula secreta de la evolución humana. La época de oro de la humanidad tuvo lugar hace unos 5 mil años, cuando cerca de 12 mil culturas, distinguidas por la lengua y distribuidas por todos los hábitats del planeta, aprendieron a vivir en comunidades o aldeas soportadas por relaciones armónicas con sus recursos locales. La aparición de sociedades no igualitarias cada vez más complejas permitió el incremento de la población, del comercio y del conocimiento, pero también desencadenó usos imprudentes de los recursos naturales y la dominación de la mayoría por una minoría autoritaria. La historia que siguió a esa época de equilibrio, no ha sido más que la historia de una doble explotación, social y ecológica, un largo proceso de degradación y decadencia que alcanza su cénit con el advenimiento de la modernidad. Hoy como nunca, a pesar de los avances tecnológicos, informáticos y sociales (como la democracia), la especie humana y su entorno planetario sufren los peores procesos de explotación y destrucción.

En lo que queda de tradicional en el planeta, 7 mil pueblos indígenas con una población estimada en 400 a 500 millones, se encuentran las claves para la remodelación de las relaciones sociales y de las relaciones ecológicas, hoy convertidas en meras formas de explotación del trabajo humano y de la naturaleza. Ello no significa una vuelta romántica al pasado (tentadora opción), sino la síntesis entre tradición y modernidad, que es la disolución de su conflicto. Pues así como no se pueden eliminar los preceptos rescatables de lo tradicional, tampoco se pueden desdeñar los de los tiempos modernos.

Civilización moderna

 La crisis del racionalismo y el rencantamiento del mundo. La ciencia dio lugar al nuevo cosmos oficial del mundo moderno. El conocimiento científico ha revelado el macrocosmos y el microcosmos, desconocidos ambos por los seres premodernos. Sobre este cosmos profano se montan, a manera de componentes no deseados, toda una serie de otros cosmos, secundarios, marginales o alternativos, que se empeñan por mantener vigente, de mil maneras, un cosmos sagrado.

Pero el imperio de la razón generó a su vez una nueva contradicción. El racionalismo, que ineludiblemente separa al sujeto del objeto de su observación y análisis, profanó una visión del mundo que había prevalecido y operado exitosamente durante el largo pasado, y quebró la unidad que existía entre individuo, cultura y naturaleza. Esta vez la visión secularizada, objetiva y científica de la realidad prometió mitigar la angustia mediante una oferta tentadora: la construcción de un mundo pleno de satisfactores, cómodo y seguro, donde quedarían satisfechas la mayor parte de las necesidades. Este mundo feliztendría como sus fundamentos el uso creciente y perfeccionado de los conocimientos científicos y tecnológicos, puntualmente orientados por un ente económico superior: el mercado. La fe en el progreso, el desarrollo y un futuro cada vez mejor, compensó la ausencia de creencias divinas en la que devino la nueva concepción moderna y racional de la realidad. Pero esta sustitución que dejó atrás el encantamiento del mundo, condenó al mono racional a vivir frente a una realidad que se analiza y se fracciona por medio de instrumentos, fórmulas, teoremas, ecuaciones, experimentos, pero que de nuevo carece de un significado como totalidad. El ser moderno ha quedado a la deriva desprovisto de brújula; por ello se hace necesario un rencantamiento del mundo, una reconexión del individuo consigo mismo, con los otros y con la naturaleza, que no es más que el concepto del buen vivir de las cosmovisiones indígenas.

El individuo olvidado. En un mundo orientado por una racionalidad instrumental, materialista y tecnocrática, las soluciones a la crisis se buscan por lo común en los procesos de innovación tecnológica, los ajustes al mercado, los productos que se consumen, los sistemas de producción, los instrumentos financieros o políticos, los medios masivos de comunicación, y muy rara vez en el individuo, en el ser y sus expresiones más cercanas, sutiles y profundas: su cultura, su comunicación, sus problemáticas, sus relaciones con él mismo y con los demás, incluidas sus maneras de organizarse y de resistir. No se puede buscar la transformación de las estructuras externas y visibles de los procesos vastos y gigantescos de la sociedad y de la naturaleza, sin explorar el mundo (interno, doméstico y organizacional) del individuo. El ser humano es un ente complejo que busca el equilibrio entre razón y pasión, pensamiento y sentimiento, cuerpo y espíritu. Es un ser cuyas conductas y decisiones se rigen no solamente por el mundo consciente del día, sino por el universo inconsciente de la noche y de los sueños. El ser humano, la cultura a la que pertenece y que recrea, sus vidas cotidianas, y las instituciones y organizaciones que inventa para enfrentar, resistir y remontar la crisis, son las claves ocultas, las dimensiones intangibles que la reflexión crítica debe integrar. Es Occidente por fin mirando a Oriente.

La conciencia de especie.  Hoy, el conocimiento coherente y completo de los procesos históricos y actuales, naturales y sociales, permite al ser humano adquirir una conciencia sin concesiones. Una mirada limpia sobre lo que acontece. La conciencia de especie permite recobrar una percepción original del ser humano, hoy casi olvidada o suprimida en la realidad industrial: la de su pertenencia al mundo de la naturaleza. También lo conduce a restablecer un comportamiento solidario con sus semejantes vivientes (humanos y no humanos) y no vivos y a edificar una ética de la supervivencia basada en la cooperación, la comunicación y la comprensión de una realidad compleja.

Bajo la conciencia de especie ya no sólo se pertenece a una familia, a un linaje, a una comunidad, a una cultura, a una nación, o a una cofradía religiosa o política. Antes que todo, se es parte de una especie biológica, dotada de una historia y necesitada de un futuro, y con una existencia ligada al resto de los seres vivos que integran el hábitat planetario y, por supuesto, en íntima conexión con el planeta mismo. La conciencia de especie otorga una nueva percepción del espacio (topoconciencia) y del tiempo (cronoconciencia).

La era del poder social. Hoy vivimos el pi­náculo de los monopolios, del capitalismo corporativo. Como nunca, las grandes compañías y bancos han tenido ganancias récord, y si no, si han entrado en bancarrota, se han dado el lujo de ser rescatadas por los impuestos ciudadanos. Esto ha sido así porque el poder económico se ha devorado al poder político, a tal punto que en muchos casos es imposible distinguir si se trata de un político que se dedica a los negocios o un empresario que se dedica a la política (G. Bush, V. Fox, S. Berlusconi y S. Piñera). Frente a esta complicidad de intereses, la gran derrotada ha sido la sociedad civil, los ciudadanos que han visto menguado su poder de decisión. Hoy, la devastación del mundo de la naturaleza corre en paralelo a la máxima explotación del esfuerzo de los trabajadores. Por él mismo, el capital destruiría al planeta entero si ello fuera rentable, de la misma manera que exprime ya hasta la última gota del sudor de los empleados y trabajadores del mundo. Vivimos la mayor explotación ecológica y social de la historia, ejecutada por el 1 por ciento de la humanidad.
Civilización moderna

Civilización modernaEl gran desafío es entonces el control ciudadano sobre los procesos económicos y políticos. Ello supone construir o reconstruir el poder social en territorios concretos. En esta perspectiva, la superación de la crisis será la sustitución paulatina y gradual de las actuales instituciones por aquellas creadas por el poder ciudadano. A las gigantescas compañías monopólicas seguirán las cooperativas, microempresas y empresas de escala familiar; a los grandes bancos, cajas de ahorro, bancos populares y cooperativas de crédito; a las cadenas comerciales el comercio justo, orgánico y directo entre productores y consumidores. A la producción estatal o privada de alimentos, energías fósiles y del agua, seguirá la producción doméstica o comunitaria de alimentos sanos, energías renovables y de agua; a los grandes latifundios, base de los agro-negocios, las reformas agrarias de inspiración agro-ecológica; a los espacios naturales, escénicos y de esparcimiento hoy privatizados, su reconversión en espacios públicos y gratuitos administrados por los ciudadanos locales.

¿Revolución o metamorfosis? Aunque muchas cosas han cambiado, un precepto que sigue vivo, no obstante su obsolescencia, es la idea de revolución, de cambio súbito y violento. Imbuido de una fuerza épica descomunal, la idea de revolución encierra dones sagrados como el sacrificio, la entrega, la gloria, el heroísmo, todo lo cual da un sentido a la existencia de quienes se involucran. Hoy, en la era de la comunicación, la información, el conocimiento y la democracia, el cambio social requiere nuevas fórmulas. La sociedad civil organizada, liberada ya del control de los poderes económico y político, debe conformar núcleos, redes, organizaciones basadas en la cooperación, el conocimiento, la comunicación y la toma democrática de decisiones. La construcción del poder social en territorios concretos, debe ser un proceso expansivo, combinado cuando sea posible con la toma del poder político, en este caso con el único fin de consolidar, multiplicar y expandir… el poder social. Ello da lugar a una nueva idea de cambio, como proceso gradual y acumulativo, y por ello recuerda al fenómeno de la metamorfosis. Dejar atrás la idea de revolución para sustituirla por la de metamorfosis, otorga una visión anclada en la vida cotidiana, que se expresa en acciones concretas, y que permite proyectar el cambio a corto, mediano y largo plazos.

¿ Homo sapiens u Homo demens? Quienes hoy alcanzan a vislumbrar limpiamente la situación que se vive, que lo mismo produce angustia que temor, parálisis o desilusión, logran rescatar la dimensión más acabada del pensamiento crítico. Que no es de izquierda ni de derecha, ni conservador ni progresista, pues hoy las geometrías ideológicas (los ismos) han quedado rebasadas. Ellos han adquirido una conciencia de especie, una ética planetaria, una inteligencia global. Esta conciencia es fundamentalmente el reconocimiento de que la nuestra es también una especie mortal, una especie que dependiendo de las acciones actuales presentes y futuras puede llegar a desaparecer, y que por lo mismo se ha vuelto una especie amenazada de extinción. ¿No hay en realidad una brecha tajante y profunda entre el ser humano dotado de esa conciencia de especie y el que carece de ella? ¿No parece que se procrean en realidad dos especies (sociales, culturales, ontológicas) dentro de un mismo gremio biológico? ¿No estamos, por tanto, frente a dos miembros radicalmente distintos de una misma especie biológica? En suma, ¿no estamos ya ante el mono demente ( Homo demens) y el mono pensante ( Homo sapiens), de cuya conflictividad y su resolución dependerá el futuro de la humanidad, del resto de los seres vivos y del planeta entero?

Artículo publicado originalmente en La Jornada

http://www.elviejotopo.com/topoexpress/la-crisis-la-civilizacion-moderna/
Escena de «Byung-Chul Han en Seúl y Berlín», documental de I. Gresser que se estrena el 9 de febrero en Barcelona- abc

El surcoreano Byung-Chul Han es la nueva estrella de la filosofía. Sus ensayos son auténticos «best sellers» que llevan meses en nuestra lista de más vendidos. Afirma que ha seguido en su vida, sin saberlo, el significado de su nombre

ALFONSO ARMADA - @alfarmada
02/02/2015

Nacido en Seúl, la capital de Corea del Sur, en 1959, Byung-Chul Han engañó a sus padres: les dijo que iba a proseguir sus estudios de Metalurgia en Alemania, pero en realidad fue persiguiendo una pasión que, reconoce, estaba inscrita en su nombre: «El símbolo chino para ‘Chul’ significa, según el sonido, ‘hierro’ o ‘metal’, pero, según el sentido, también ‘luz’. En coreano filosofía significa ‘Chul-Hak’, es decir, ‘ciencia de luz’. De esta manera seguí en mi vida, sin saberlo, el significado de mi nombre».

Estudió Filosofía en la Universidad de Friburgo y Literatura alemana y Teología en la de Múnich. Profesor de Filosofía y Estudios Culturales en la Universidad de las Artes de Berlín, lo último que ha publicado en España, y en Herder, la misma editorial que sus anteriores cuatro libros, es Psicopolítica, en el que dirige su mirada crítica «hacia las nuevas técnicas de poder del capitalismo neoliberal, que dan acceso a la esfera de la psique, convirtiéndola en su mayor fuerza de producción».

Siguiendo la pauta establecida por sus primeros ensayos, como La sociedad del cansancio y La agonía del Eros, Byung-Chul Han hace hincapié en que la psicopolítica recurre a un «sistema de dominación que, en lugar de emplear el poder opresor, utiliza un poder seductor, inteligente (smart), que consigue que los hombres se sometan por sí mismos al entramado de dominación».

Al cabo de media hora, 
Byung-Chul Han 
mirará por primera vez el reloj

No es nada fácil concertar una entrevista con el filósofo coreano con coleta y cazadora de cuero, que descarta ser fotografiado «porque hay poca luz» y «hay demasiadas fotos [suyas] en la red». Con la ayuda de su editor español, que estudió el terreno como si se tratara de un hipersensible campo de minas, el autor de La sociedad de la transparencia accedió a que nos viéramos en el café de Berlín en el que suele citarse con los plumillas: el Liebling. El café amoroso. Un café de tonos blancos, ruidoso, con música ambiente, poca luz y perfectamente inadecuado para una entrevista, y menos para una entrevista con un filósofo. Llega puntual y enseguida se da cuenta de su error. Le proponemos trasladarnos a la acera de enfrente, donde un desierto restaurante italiano (el D’Angelo), que bien podía haber servido de decorado para un episodio de El Padrino. Él se encarga de explorar el terreno, y da el visto bueno.
Sentados junto a una ventana que da a la noche, y que le servirá al filósofo para pensar con la mirada perdida durante minutos y minutos, hablamos a tres bandas: las preguntas en español han de ser vertidas al alemán, y viceversa. Tres tés verdes, una mesa cubierta con el ineludible mantel de cuadros rojos y blancos, y una vela temblorosa que acentúa la irrealidad del encuentro. Se nota que no le gustan las entrevistas, y mucho menos los periodistas, aunque indagará sobre el grado de conocimiento de su obra y de su figura en España.

Aunque dice que dispone de todo el tiempo del mundo, al cabo de media hora mirará por primera vez el reloj. La impaciencia le irá reconcomiendo hasta proponer que le enviemos las preguntas por correo electrónico. En dos horas que pasan con una lentitud exasperante, el momento más extraño es cuando a la pregunta de si la filosofía es un género literario o una disciplina científica responde: «Ninguna de las dos».

Entonces ¿qué es la filosofía?

Esa es una pregunta muy difícil.

Tras cuatro largos minutos de silencio contemplando la noche berlinesa intentará una respuesta. Pero tanto la pregunta como la respuesta desaparecerán de la versión final. Eran más de cuarenta los interrogantes que traía conmigo. Tras la criba a la que sometió el cuestionario el filósofo coreano, y que tuvo que sortear con el mejor tino la traductora e intérprete, Elizabeth Rudolph, esto es lo que quedó de la conversación (y de la correspondencia electrónica) con Byung-Chul Han, que llegó con un libro de tapas duras y negras que ocultó bajo sus manos finas y sin anillos. Hasta que lo abrió para precisar una idea: era una de sus obras.

«Nos realizamos hasta 
morir, nos optimizamos
 hasta morir»

Habla con los brazos cruzados, mira brevemente a los ojos. A veces se tapa el rostro con las manos. Es un manojo de contradicciones: sabe que depende de la prensa para que sus ideas se difundan, porque está claro que quiere influir con lo que dice, con su máquina de pensar. Pero le gustaría no tener que hacerlo. Dice de los periodistas culturales alemanes que han escrito libros que son arrogantes, y pregunta si son también así los españoles. Coge la tarjeta del plumilla venido de lejos, la mete con displicencia entre las páginas de su libro, pero después lo piensa mejor y, mientras contesta con fastidio a la última pregunta que malamente logramos hacerle, la retuerce, para dejarla finalmente abandonada sobre el mantel del restaurante mafioso. Byung-Chul Han. Un pensador de nuestro tiempo. Pero también un hombre misterioso. No será fácil descifrarle, aunque en sus libros se esmera en expresarse con claridad. La cortesía del filósofo. El enigma del hombre.
¿El verdadero filósofo es un aguafiestas, el encargado de difundir un mensaje que no se quiere escuchar?

Pienso que la gente que lee mis libros se siente muchas veces personalmente atacada. Algunos los leen casi como una biblia, pero otros los rehúyen como el diablo del agua bendita. Mis libros sacuden el sobrentendido en el que muchos se han acomodado. Concentran la atención de la gente en la parte interior fea, la que se oculta tras la bonita fachada. Dejan al descubierto ilusiones fatales. «Aguafiestas» sería un término demasiado suave.

En «Psicopolítica», su último ensayo, dice que la libertad ha sido un episodio, que vivimos en una luminosa e interconectada ilusión de libertad que en realidad no es más que una voluntaria esclavitud de soledades sin fin, y que, aunque queramos despertar, no podemos. ¿Es tan terrible nuestra realidad?

Vivimos realmente en una ilusión de libertad. No somos tan libres. Se ve que la comunicación que se considera libertad se transforma en vigilancia. Comunicación y transparencia también provocan una obligación a la conformidad. Hoy tenemos la impresión de que no somos sujetos sometidos, sino un proyecto que siempre se renueva, se reinventa y se mejora sin cesar. El problema es que este proyecto, en el que se convierte el sujeto sometido, se revela como figura forzada. El yo como proyecto revela coerciones del propio yo, que se reflejan, por ejemplo, en el aumento del rendimiento o la optimización. Vivimos en una fase histórica particular, en la que la propia libertad genera coerciones.

«La técnica de poder del 
sistema neoliberal es 
seductora, no prohibitiva»

Para Karl Marx, el trabajo conduce a la alienación. El sí-mismo se destruye por el trabajo. Se aliena del mundo y de sí mismo a través del trabajo. Por eso dice que el trabajo es una autodesrealización. En nuestra época, el trabajo se presenta en forma de libertad y autorealización. Me (auto)exploto, pero creo que me realizo. En ese momento no aparece la sensación de alienación. De esta manera, el primer estadio del síndrome burnout (agotamiento) es la euforia. Entusiasmado, me vuelco en el trabajo hasta caer rendido. Me realizo hasta morir. Me optimizo hasta morir. Me exploto a mí mismo hasta quebrarme. Esta autoexplotación es más eficaz que la explotación ajena a la que se refería el marxismo, porque va acompañada de un sentimiento de libertad.
¿Por qué son tan breves sus libros? ¿Para no contribuir a la sociedad del cansancio?

Hace poco, en el periódico Die Zeit se publicó una entrevista en la que fui presentado como alguien capaz de derrumbar con pocas palabras construcciones enteras de pensamientos que sostienen nuestra vida cotidiana. Entonces ¿por qué hace falta escribir libros voluminosos? Se escriben libros voluminosos porque al autor no se le ocurren aquellas pocas frases con las que echar por tierra el mundo. Es un progreso que mis libros sean cada vez más breves.

¿Sus obras ayudan con su claridad a entender el momento en que vivimos porque la gente está muy perdida y sus libros iluminan esta perdición?

«Estamos en una guerra 
sin muro. Hoy la gente 
está en guerra consigo misma.»

En mis libros describo de dónde viene esta perdición. Entiendo muy bien a los españoles porque lo mismo que sufre España ahora es lo que ya sufrió Corea del Sur. Después de la crisis financiera asiática vino el Fondo Monetario Internacional como un diablo que nos dio dinero pero nos robó el alma. Ahora los coreanos sufren una enorme presión competitiva y de rendimiento. La solidaridad se desintegra. La gente está afectada por depresiones y el síndrome de burnout. Corea tiene el porcentaje de suicidios más alto del mundo. Obviamente, la gente no puede aguantar ese estrés. Y cuando fracasa no responsabiliza a la sociedad sino a sí misma. Tiene vergüenza y se suicida. La crisis económica causó un choque social y provocó una parálisis en la gente.
Asegura que el capitalismo huye hacia el futuro, se desmaterializa, se convierte en neoliberalismo y convierte al trabajador en empresario que se explota a sí mismo en su empresa. ¿No hay salida? ¿Es pertinente volver a hacerse la pregunta ‘qué hacer’?

Resulta que el sistema neoliberal es muy estable e inquebrantable. Nos sentimos libres mientras nos explotamos a nosotros mismos. Esta libertad imaginada impide la resistencia, la revolución. El neoliberalismo aísla a cada uno de nosotros y nos hace empresarios de nosotros mismos.

El Muro de Berlín era tan real, y letal, como la «guerra fría». ¿Qué le dicen sus escombros?

Durante la época del Muro existía un enemigo con el que se estaba en guerra. Este enemigo ya no existe. Hoy la gente está en guerra consigo misma. Hoy estamos en una guerra sin muro y sin enemigo.

En «La agonía del Eros» convoca a Barthes y sus «Fragmentos de un discurso amoroso» para hablar del otro que hace temblar el lenguaje. ¿Ha experimentado ese otro que hace temblar el lenguaje? No lo digo desde una curiosidad impúdica, periodística, sino filosófica: ¿ha de experimentar, sentir, el filósofo lo que dice?

Yo no tengo smartphone. Sin embargo, escribí mucho sobre ello. Lo importante para la filosofía no es la experiencia personal, sino la capacidad imaginativa. Mediante la imaginación es posible ver las cosas más claras que mediante la experiencia directa.

¿Se equivocó Orwell, como tantos otros visionarios? ¿El sistema se ha dado cuenta de que resulta mucho más fácil seducir que obligar, encuentra voluntarios por doquier para convertirse con entusiasmo a la autoexplotación?

«Ni siquiera la sexualidad 
puede rehuir el imperativo 
del rendimiento»

No diría que Orwell se equivocara. Describe su mundo, que ya no es nuestro mundo. El estado policial de Orwell, con telepantallas y cámaras de tortura, se distingue fundamentalmente del panóptico digital que representa internet, teléfonos inteligentes y Google Glass, que es controlado por la ilusión de la libertad y la comunicación ilimitadas. Aquí no se tortura sino que se postea y se tuitea. El control que coincide con la libertad es considerablemente más eficaz que aquella vigilancia que se dirige contra la libertad. «Neolengua», se llamaba el lenguaje ideal en el estado policial de Orwell. Tiene que sustituir por completo a la «viejalengua». La neolengua tiene una sola meta: limitar el espacio del pensamiento. Los crímenes de pensamiento deben ser impedidos por la extinción de las palabras que serían necesarias para cometerlos. Por eso se elimina también la palabra «libertad». Ya solo por eso el estado policial de Orwell se distingue del panóptico digital de nuestra época en que se aprovecha excesivamente de la libertad.
La técnica de poder del sistema neoliberal no es ni prohibitiva ni represiva, sino seductora. Se emplea un poder inteligente. Este poder, en vez de prohibir, seduce. No se lleva a cabo a través de la obediencia sino del gusto. Cada uno se somete al sistema de poder mientras se comunique y consuma, o incluso mientras pulse el botón de «me gusta». El poder inteligente le hace carantoñas a la psique, la halaga en vez de reprimirla o disciplinarla. No nos obliga a callarnos. Más bien nos anima a opinar continuamente, a compartir, a participar, a comunicar nuestros deseos, nuestras necesidades, y a contar nuestra vida. Se trata de una técnica de poder que no niega ni reprime nuestra libertad sino que la explota. En esto consiste la actual crisis de libertad.

Trae a colación una cita de Peter Handke: «La inspiración del cansado dice menos lo que hay que hacer que lo que hay que dejar». ¿Se podría extraer de ahí un proyecto político y filosófico?

Tal vez. La política de hoy carece de inspiración. Durante el estado de hiperactividad continúa lo que predomina bajo la bonita ilusión de la falta de alternativas.

Si no he leído mal, dice que cuando la transparencia se convierte en teología acaba sirviendo de justificación ética al neoliberalismo y que, sin limitaciones de índole moral, la transparencia acaba al servicio de una economía insaciable. ¿Es así? ¿Pero no nos sirve también la transparencia como herramienta para limitar la natural tendencia del poder a la mentira y el abuso?

«Uno siente el infierno 
de la igualdad y quiere 
escapar de él»

El que relaciona la transparencia solamente con corrupción y con libertad de información ignora su alcance. La transparencia es una coerción sistémica que incluye todos los sucesos sociales para someterlos a cambios fundamentales. Hoy, el sistema social expone a todos sus procesos a una transparencia forzada para acelerarlos. La negatividad del secreto, de lo distinto, o de lo ajeno bloquea la comunicación. La presión de acelerar va acompañada de la disminución de la negatividad. La comunicación alcanza su velocidad máxima donde la igualdad responde a la igualdad. La transparencia estabiliza y aumenta la velocidad del sistema eliminando lo otro o lo ajeno. Esta coerción sistémica convierte la sociedad de la transparencia en una sociedad sincronizada. Lleva a la conformidad y a la sincronización.
A partir de «Melancholia», la película de Lars von Trier, dice que solo un apocalipsis, una catástrofe, podría liberarnos del infierno de lo igual. ¿Qué tipo de catástrofe? ¿Una revolución?

A partir de la protagonista de la película, Justine, se entiende lo que digo: es depresiva porque está absolutamente agotada, fatigada de sí misma. Toda su libido se dirige contra su propia subjetividad. Por eso no es capaz de amar. Y de repente aparece un planeta, el planeta Melancholia. La llegada de la alteridad puede suponer un apocalipsis en el infierno de la igualdad. El planeta mortífero se muestra a Justine como lo totalmente distinto que la arranca del pantano del narcisismo. Ante el planeta letal casi revive. Descubre también a los otros. De tal manera se entrega amorosamente a Claire y a su hijo. El planeta desata un deseo erótico. Eros, como relación con lo totalmente distinto, elimina la depresión. El desastre implica la salvación. Por cierto, la palabra «desastre» tiene su origen en la palabra latina desastrum, que significa «no estrella». Melancholia es una no estrella.

«Me marché a otro país cuyo 
idioma entonces no sabía 
ni hablar ni leer»

Vivimos en una sociedad que se concentra por completo en la producción, en la positividad. Se deshace de la negatividad de lo otro o de lo ajeno para aumentar la velocidad de la circulación de la producción y del consumo. Solo las diferencias que se pueden consumir están permitidas. No se puede amar al otro al que le han quitado la alteridad, sino solo consumirlo. Quizá sea por eso por lo que hoy crece el interés por el apocalipsis. Uno siente el infierno de la igualdad y quiere escapar de él.
¿En qué medida es «Cincuenta sombras de Grey» uno de los síntomas de nuestro malestar, del amor como rendimiento, como inversión calculada y positiva, de la que ha sido extraído todo riesgo, toda sombra, toda negatividad, todo peligro, todo dolor?

Hoy todo se convierte en objeto de rendimiento. Ni siquiera el ocio o la sexualidad pueden rehuir el imperativo del rendimiento. Pero el Eros supone una relación con lo otro, más allá del rendimiento y de las habilidades que se tengan. Ser capaz de no ser capaz es el verbo modal del amor. El estar en manos de alguien y la posibilidad de resultar herido forman parte del amor. Hoy se trata de evitar cualquier herida cueste lo que cueste.

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¿Quién es Byung-Chul Han?

Adorno dijo que los nombres son iniciales que no entendemos pero a las que obedecemos como a nuestro destino. El símbolo chino para «Chul» significa, según el sonido, «hierro» o «metal», pero, según el sentido, también «luz». En coreano filosofía significa «Chul-Hak», es decir, «ciencia de luz». De esta manera seguí en mi vida, sin saberlo, el significado de mi nombre. Llegué a Alemania porque fui admitido por la Universidad Técnica de Clausthal-Zellerfeld, cerca de Gotinga, para estudiar Metalurgia. A mis padres les había dicho que iba a continuar mi carrera de Metalurgia en Alemania. Tuve que mentirles porque no me habrían dejado irme. Me marché a otro país cuyo idioma entonces no sabía ni hablar ni leer y me lancé a una carrera completamente diferente: Filosofía. Fue como en un sueño. Entonces tenía veintidós años. Ahora soy profesor de Filosofía en Berlín.

http://www.abc.es/cultura/cultural/20150202/abci-entrevista-byung-chul-201502021247.html


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PDF]Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder - WordPress.com


https://airamvl.files.wordpress.com/2015/05/byung-chul-han-psicopolc3adtica.pdf
Byung-Chul Han. Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Traducción de. Alfredo Bergés. PENSAMIENTO HERDER. Dirigida por Manuel ...

La Agonia Del Eros - Google Docs



https://docs.google.com/document/d/.../edit
La Agonia Del Eros libro .pdf Byung-Chul Han. Descargar La_Agonia_Del_Eros.pdf. 16.05.2014 · La agonía del ErosByungChul Han La filosofía sigue ...




Podemos decirlo sin temores: Byung-Chul Han es el filósofo de moda. Nacido en 1959 en Corea del Sur, este pensador ha desarrollado toda su carrera académica en Alemania en diálogo permanente con un amplio abanico de intelectuales, desde Heidegger hasta MarxFoucault, Baudrillard y Benjamin. Gracias a un estilo simple -que se expresa en libros más bien breves y de fácil lectura- Byung-Chul Han se ha convertido en un referente para pensar las transformaciones sociales y políticas que atraviesan las sociedades contemporáneas. A continuación algunos apuntes que extraje después de leer sus cinco volúmenes hasta ahora publicados en castellano. Como se podrá ver, hay mucho “food for thought” en sus páginas y unas cuantas polémicas para seguir conversando. Todos los textos de Byung-Chul Han dialogan entre sí. A menudo sus argumentos se repiten, saltan de un volumen a otro y afloran en las páginas a lo largo de toda su obra. Para ordenar mínimamente este post seguiré los títulos de sus libros pero esto no significa que cada volumen esté exclusivamente dedicado a tal o cual argumento.

LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO (2012 – EDICIÓN ORIGINAL: 2010)


En este volumen Byung-Chul Han sostiene que el modelo “viral” y la metáfora de la invasión bacterial -que reina en nuestra sociedad desde al menos el siglo XIX- ha ido perdiendo fuelle para ser reemplazada por otras metáforas y enfermedades. Según el filósofo surcoreano enfermedades como la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el transtorno límite de la personalidad (TLP) o el síndrome de desgaste profesional (SDO o “síndrome de burnout”) “definen el panorama patológico de comienzos de este siglo” (p. 11). La era inmunológica ha sido abandonada en favor de otro paradigma donde ha desaparecido “la otredad y la extrañeza” y solo reina la “diferencia” (p- 14). Byung-Chul Han ubica en el fin de la guerra fría el momento inicial de esa transición.

“La diferencia postinmunológica, es más, postmoderna, ya no genera ninguna enfermedad (…) Lo extraño se sustituye por lo exótico y el turista lo recorre. El turista o el consumidor ya no es más un sujeto inmunológico” (p. 14).

El viejo paradigma inmunológico -fundado en el concepto de “negatividad” (“lo otro inmunológico es lo negativo que penetra en lo propio y trata de negarlo”, p. 17)- no es compatible con la globalización ni con la disolución de las fronteras. En este volumen Byung-Chul Han también introduce una cuestión que desarrollará en otros libros (como La sociedad de la transparencia): la superación del modelo foucaultiano del panóptico.

“La sociedad disciplinaria de Foucault, que constaba de hospitales, psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas, ya no se corresponde con la sociedad de hoy en día. En su lugar se ha establecido desde hace tiempo otra completamente diferente, a saber: una sociedad de gimnasios, torres de oficinas, bancos, aviones, grandes centros comerciales y laboratorios genéticos. La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad del rendimiento” (p. 25).
El sujeto del rendimiento no sufre una explotación externa: es dueño de sí mismo y se auto-explota. Más adelante volveremos sobre este tema, uno de los leitmotivs de Byung-Chul Han. El sujeto auto-explotado hace del multitasking una práctica que “modifica radicalmente la estructura y economía de la atención. Debido a esto la percepción queda fragmentada y dispersa” (p. 34).
El multitasking y otras prácticas como los videojuegos nos llevan a un estado de atención superficial, lo cual según Byung-Chul Han genera una regresión similar al estado de vigilancia de los animales salvajes: “Los logros culturales de la humanidad, a los que pertenece la filosofía, se deben a una atención profunda y contemplativa” (p 35). Este estado de contemplación es imposible de alcanzar en el mundo del multitasking y la hiperatención.
LA SOCIEDAD DE LA TRANSPARENCIA (2012 – EDICIÓN ORIGINAL: 2012)

La utopía de una sociedad o una persona transparente no es más que eso: una utopía. El sujeto necesita espacios para estar consigo mismo, lo cual exige una membrana impermeable que lo aísle del entorno. Según Byung-Chul Han “es imposible establecer una transparencia interpersonal. Y esto tampoco es deseable. Precisamente la falta de transparencia del otro mantiene viva la relación” (p. 15).
Byung-Chul-Han-foto-ZDF
La sociedad de la transparencia lleva a la información total, “no permite lagunas de información ni de visión” (p. 17) y se acelera rechazando todo tipo de negatividad. De frente al avance del Big Data y la avalancha de datos empíricos -que amenaza con arrasar con toda teoría- Byung-Chul Han reivindica el pensamiento negativo: “la teoría como negatividad hace que la realidad misma aparezca en cada caso y súbitamente de otra manera, bajo otra luz” (p. 20). La sociedad de la transparencia también amenaza a la política, un tipo de acción estratégica que incluye una dimensión o esfera secreta. Si toda la política se reduce a una escenificación de la transparencia, el “final de los secretos sería el final de la política” (p. 21).
Pero volvamos al repliegue de la negatividad en la sociedad contemporánea: “el veredicto general de la sociedad positiva se llama ‘me gusta’. Es significativo que Facebook se negara consecuentemente a introducir un botón de ‘no me gusta’. La sociedad positiva evita toda modalidad de juego de la negatividad, pues esta detiene la comunicación. Su valor se mide tan solo en la cantidad y la velocidad del intercambio de información. La masa de la comunicación eleva también su valor económico. Veredictos negativos menoscaban la comunicación. Al ‘me gusta’ le sigue con más rapidez la comunicación conectiva que al ‘no me gusta’. Sobre todo, la negatividad del rechazo no puede valorarse económicamente” (p. 23). El “Yes, We Can” de Barack Obama también forma parte de esta hegemonía de lo positivo.
“El mundo no es hoy ningún teatro en el que se representen y lean acciones y sentimientos, sino un mercado en el que se exponen, venden y consumen intimidades. El teatro es un lugar de representación, mientras que el mercado es un lugar de exposición.” (p. 68)
La sociedad de la transparencia valora la exposición. Cada sujeto “es su propio objeto de publicidad. Todo se mide en su valor de exposición. La sociedad expuesta es una sociedad pornográfica” (p. 29). Vivimos en un mundo que tiende a la hipervisibilidad, un espacio sin secretos ni misterios ocultos. A la sociedad de la transparencia “toda distancia le parece una negatividad que hay que eliminar: constituye un obstáculo para la aceleración de los ciclos de la comunicación y del capital” (p. 32).
En sintonía con los argumentos de Eli Pariser (autor de The Filter Bubble) Byung-Chul Han denuncia la construcción de burbujas de información personalizadas por los algoritmos. Estos sistemas -como el PageRank de Google- “presenta(n) al participante tan solo aquellas secciones del mundo que le gustan. Así, desintegra la esfera pública, la conciencia pública, crítica, y privatiza al mundo” (p. 69). Para terminar este volumen Byung-Chul Han se interna en territorios foucaultianos y nos habla del nuevo panóptico digital, un dispositivo que “carece de perspectiva en el sentido de que no es vigilado desde el único centro por la omnipotencia de la mirada despótica. Desaparece por completo la distinción entre centro y periferia, que era constitutiva para el panóptico de Bentham (…) los que habitan el panóptico digital se creen que están en libertad” (p. 88).
LA AGONÍA DEL EROS (2014 – EDICIÓN ORIGINAL: 2012)

En este volumen Byung-Chul Han retoma la desaparición de la negatividad para decir que “vivimos en una sociedad que se hace cada vez más narcisista. La libido se invierte sobre todo en la propia subjetividad” (p. 11). El sujeto narcisista del rendimiento “está abocado, sobre todo, al éxito” y su enfermedad es la depresión (“una enfermedad narcisista”) (p. 11). El sujeto depresivo del rendimiento “se hunde y ahoga en sí mismo” (p. 12).
Panóptico
Más adelante Byung-Chul Han vuelve a la carga con las transformaciones en las formas de dominación: la sociedad del rendimiento “está dominada por el verbo modal poder, que formula prohibiciones y utiliza el verbo deber. A partir de un determinado punto de productividad, la palabra deber se topa pronto con su límite. Para el incremento de la producción es sustituida por el vocablo poderLa llamada a la motivación, a la iniciativa, al proyecto, es más eficaz para la explotación que el látigo y el mandato. El sujeto de rendimiento, como empresario de sí mismo, sin duda es libre en cuanto no está sometido a ningún otro que le mande y lo explote, pero no es realmente libre, pues se explota a sí mismo, por más que lo haga con entera libertad. El explotador es el explotado” (p. 19).
Este nuevo tipo de explotación es mucho más eficiente que la anterior porque “va unida al sentimiento de libertad. Con ello la explotación es posible sin dominio” (p. 20). El neoliberalismo entiende al sujeto como proyecto y no como explotado. De esta forma el fracaso lo asume el sujeto: “no hay nadie a quien pueda hacer responsable de su fracaso” (p. 21). Esta idea rebate la concepción de Benjamin (“el capitalismo es una religión”): el capitalismo no es ninguna religión porque “toda religión maneja las categorías de deuda (culpa) y desendeudamiento (perdón). El capitalismo es solamente endeudador” (p. 22). El resultado es la depresión y el síndrome del agotamiento.
En la última parte de La agonía del eros Byung-Chul Han arremete contra el Big Data y la supuesta “muerte de la ciencia” y de la teoría anunciada por la revista Wireden el año 2008. La correlación de datos habría sustituido a la causalidad. Byung-Chul Han sostiene que la teoría es “más que un modelo o una hipótesis que pueda verificarse o declararse falsa en virtud de experimentos (…) No hay un pensamiento llevado por los datos. Sólo el cálculo es llevado por los datos” (p. 74). La teoría, en otras palabras, es una “donación previa”, “trasciende la positividad de lo dado y hace que esto, de pronto, aparezca bajo otra luz” (p. 74). Byung-Chul Han no duda: “la masa de datos e informaciones, que crece sin límites, aleja hoy la ciencia de la teoría, del pensamiento” (p. 75). La ciencia que proponen Google y Wired es aditiva, no narrativa o hermenéutica. Le falta “tensión narrativa” (p. 75).
wired
Para terminar, Byung-Chul Han concluye: “la tremenda cantidad de información eleva masivamente la entropía del mundo, y también el nivel de ruido. El pensamiento tiene necesidad de silencio. Es una expedición al silencio” (p. 75). Apuntes alrededor de Byung-Chul Han Si bien este post continuará con una segunda parte dedicada a otros dos libros de Byung-Chul Han (Psicopolítica y En el enjambre) podemos ir adelantando algunos comentarios a su obra. Como suelo decir, en un entorno donde escasea el pensamiento crítico siempre son bienvenidas las miradas que encarnan una filosofía “negativa” y apuntan a los aspectos más cuestionables de la sociedad del siglo XXI.
En este contexto los libritos de este filósofo son un soplo de aire fresco… aunque algunos de esos aires nos recuerdan a cosas ya escritas a lo largo del siglo veinte respecto a la cultura de masas, desde el apocalipticismo de Adorno y Horkheimer hasta las “transparencias” de Baudrillard. Me resultó interesante la hipótesis según la cual el modelo inmunológico estaría en fase de superación -algo muy posible- pero no la termino de compaginar con el día a día de nuestra sociedad. La reciente crisis del ébola en España nos demuestra que el miedo al Otro (en este caso un virus que, además, viene de… África) sigue vivito y coleando. Sin embargo no creo que sea una pérdida de tiempo seguir con atención la evolución de estos modelos de control en la cultura contemporánea.
Por otra parte, estoy seguro de que el asalto al panóptico tradicional de Foucault que Byung-Chul Han propone dará lugar a unos cuantos debates.Donde Byung-Chul Han despliega una mirada muy interesante es en la cuestión del avance de la positividad y la instalación de un sistema de auto-explotación en el neoliberalismo. Sus reflexiones sobre el nuevo “sujeto del rendimiento” me parecen más que útiles para comprender los modos de producción simbólica y las nuevas formas de explotación en un capitalismo post-industrial donde reina la exposición y la hipervisibilidad.
La crítica de Byung-Chul Han -un ataque en toda regla al corazón de esa ideología nacida en un garaje de California y alimentada a golpe de start-ups exitosas en Silicon Valley- sirve para comprender mejor las tensiones entre lo privado y lo público, entre el tiempo del trabajo y el tiempo del ocio, y otras oposiciones que marcaron a la sociedad industrial y hoy están en vías de desaparición. Hay que decirlo claramente: no todos pueden ser emprendedores exitosos. La revolución digital esconde miles de trabajadores hiperexplotados de la manera más tradicional en las líneas de producción (no solo en China) y una buena cantidad de especialistas flexibles que se auto-explotan y viven al borde del síndrome del burnout. Byung-Chul Han se encarga de reflexionar sobre esta segunda figura.
Tampoco resulta difícil disentir con Byung-Chul Han cuando critica a las burbujas de información personalizada que los algoritmos nos construyen a medida. Es evidente que este entorno informacional construido a nuestra imagen y semejanza introduce una cuña profunda en el concepto de “opinión publica” y las formas de hacer política y construir hegemonía (ver la entrevista “Los partidos políticos, los sindicatos y la escuela son interfaces en crisis. Hay que resideñarlas” que me hizo Diana Fernández Irusta para La Nación).
La lectura crítica que hace Byung-Chul Han del conocimiento nacido al calor del Big Dataen cambio, me parece superficial y se merecería un análisis más extenso. Si bien nadie puede creerse “el fin de la teoría” augurado por Chris Anderson en Wired, las posibilidades que ofrecen las humanidades digitales no pueden liquidarse en un par de párrafos. Desde mi perspectiva hermenéutica y Big Data pueden entablar un diálogo fecundo. Para terminar, me queda zumbando en el oído el recurrente reclamo de Byung-Chul Han a parar la máquina, hacer silencio y desacelerar el pensamiento. Esta idea tan romántica y decimonónica -que propone volver a un pasado idealizado donde aparentemente reinaba la tranquilidad, el silencio y el slow time, y por lo tanto se podía pensar en paz– me recuerda demasiado a las críticas de Theodor Adorno a las “síncopas perturbadoras” y a los “monótonos estímulos” del jazz… En breve: creo que necesitamos intelectuales que sean capaces de pensar no sólo sobre sino también desde las condiciones culturales de la sociedad contemporánea. O sea, necesitamos intelectuales -como Alessandro Baricco, Agustín Fernández Mallo, Eloy Fernández Porta, Vicente Luis Mora, Jorge Carrión Alejandro Piscitelli- que piensen desde el multitasking, la hiperatención y la fragmentación entrópica.
Comenzamos a despedir este 2014 con la segunda y última parte de la reseña dedicada a la obra de Byung-Chul Ha, el filósofo de moda en España. Si en la primera parte del post presentamos tres de sus libros –La sociedad del cansancio, La sociedad de la transparencia y La agonía del Eros– y avanzamos algunos comentarios críticos, aquí analizaremos otras dos obras –En el enjambre Psicopolítica- y concluiremos con una reflexión general sobre los aportes de este pensador.
EN EL ENJAMBRE (2014 – EDICIÓN ORIGINAL: 2012)

Este es el texto donde Byung-Chul Han se ocupa a fondo del mundo digital. Desde ya se los digo: es la obra con la que menos sintonizo. En este volumen la mirada crítica del filósofo surcoreano se convierte en un garrotazo apocalíptico a todo lo que huela a silicio. Según Byung-Chul Han estamos en presencia de un “enjambre digital” formado por individuos que “no desarrollan ningún nosotros”, “no se manifiesta en una voz. Por eso es percibido como un ruido” (p. 27). Los modelos colectivos fundados en las nuevas tecnologías digitales “son muy fugaces e inestables, como en los rebaños constituidos por los animales. Los caracteriza la volatilidad” (p. 29). Byung-Chul Han busca diferenciarse tanto de la visión tradicional de la “masa” como de la “multitud” de Hardt y Negri.
Para los que estudiamos los procesos de comunicación resulta sorprendente leer a Byung-Chul Han cuando sostiene que en la comunicación digital “las informaciones se producen, envían y reciben sin mediación de los intermediarios. No son dirigidas y filtradas por mediadores. La instancia intermedia es eliminada para siempre (…) Medios como blogs, Twitter o Facebook liquidan la mediación de la comunicación, la desmediatizan” (p. 33-34). No estoy para nada de acuerdo con este análisis. Más que un estado de desintermediación total como sugiere Byung-Chul Han asistimos al desarrollo de nuevas instancias de (ciber)intermediación (ver el post Producción y distribución del conocimiento en la Era de la Ciberintermediación, el cual retoma algunas investigaciones que realizamos con Hugo Pardo Kuklinski y Cristóbal Cobo al respecto). Por otra parte… ¿Cómo se puede sostener que Twitter o Facebook no mediatizan la comunicación? ¿Acaso son interfaces neutras que no afectan las formas que asumen los intercambios entre los usuarios? Las plataformas digitales -desde Facebook hasta Amazon- generan un “efecto de desintermediación”, cuando en realidad son sus algoritmos los que modelan el consumo y las interacciones de los usuarios (ver mi post The filter bubble. Alguien te está mirando sobre los algoritmos de Google).
Más interesantes son las reflexiones de Byung-Chul Han sobre los movimientos políticos nacidos al calor de los tuits. Lejos de Manuel Castells y otros teóricos de la sociedad-red movilizada Byung-Chul Han no ve con claridad las movidas indignadas de la última década: “La indignación digital no … es capaz de acción ni de narración. Más bien, es un estado afectivo que no desarrolla ninguna fuerza poderosa de acción” (p. 22). La creciente presión de desmediatización “se apodera también de la política. Pone en apuro a la democracia representativa. Los representantes políticos no se muestran como transmisores, sino como barreras. Y así, la presión de desmediatización se presenta como exigencia de más participación y transparencia. Precisamente a esta evolución medial debe su éxito inicial el Partido Pirata” (p. 35). Algo parecido podría decirse de Podemos en España. Ahora bien, que los nuevos movimientos políticos cuestionen a la “casta política” no significa que estemos de frente a un proceso de desmediatización de la política: lo que Podemos y otros movimientos similares proponen son nuevas formas de mediatización.
Una digresión antes de seguir: como habrán visto, Byung-Chul Han comienza hablando de “mediación” y en un momento determinado pasa a “mediatización”. Ignoro si se trata de un error en la traducción de alemán o de un uso superficial de ambos conceptos. Es obvio que “mediación” no significa lo mismo que “mediatización”. Sobre este tema les recomiendo la lectura de La Semiosis Social IIde Eliseo Verón, un texto donde desgrana y define claramente ambos conceptos. Fin digresión.
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En esta obra Byung-Chul Han vuelve a los temas tratados en sus otros libros, desde la excesiva velocidad de la vida social hasta la fragmentación y la positividad que definen a la sociedad contemporánea. Estas características se expresan en ciertos objetos. El siguiente párrafo es un buen ejemplo de su visión anti-gadget: “el smartphone es un aparato digital que trabaja con un inputoutput pobre en complejidad. Borra toda forma de negatividad. Con ello se olvida de pensar de una manera compleja. Y deja atrofiar formas de conducta que exigen una amplitud temporal o una amplitud de mirada. Fomenta la visión a corto plazo. Fomenta el corto plazo, y ofusca la larga duración y lo lento. El me gusta sin lagunas engendra un espacio de positividad” (p. 43). Los gadgets de silicio no le caen bien a Byung-Chul Han: “los aparatos digitales traen una nueva coacción, una nueva esclavitud. Nos explotan de manera más eficiente por cuanto, en virtud de su movilidad, transforman todo lugar en un puesto de trabajo y todo tiempo es un tiempo de trabajo. La libertad de la movilidad se trueca en la coacción fatal de tener que trabajar en todas partes” (p. 59). El pensamiento negativo de Byung-Chul Han no perdona: “la comunicación digital hace que se erosione fuertemente la comunidad, el nosotros. Destruye el espacio público y agudiza el aislamiento del hombre” (p. 75). Y culmina: “el exceso de información hace que se atrofie el pensamiento” (p. 88-89). Pasemos a otro libro.
PSICOPOLÍTICA (2014 – EDICIÓN ORIGINAL: 2014)
A diferencia del anterior, este es libro de Byung-Chul Han que más me gusta. Si no tienen ganas de leerse todos los volúmenes (cinco hasta ahora) les recomendaría comenzar por este. ¿Por qué? Porque en cierta manera retoma y resume sus principales ideas. Byung-Chul Han comienza hablando de la ilusión de libertad (“el sujeto del rendimiento, que se pretende libre, es en realidad un esclavo”) y la absolutización del trabajo (“el sujeto neoliberal como empresario de sí mismo no es capaz de establecer con los otros relaciones que sean libres de cualquier finalidad” p. 12-13). Después retoma a Marx para darle una vuelta de tuerca al materialismo dialéctico: “el capitalismo industrial muta en neoliberalismoo capitalismo financiero con modos de producción posindustriales, inmateriales, en lugar de trocarse en comunismo” (p. 16). Y remata: “El neoliberalismo, y no la revolución comunista, elimina la clase trabajadora sometida a la explotación ajena. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona. También la lucha de clases se transforma en una lucha interna consigo mismo” (p. 17).
call center tucumán
En cierto momento Byung-Chul Han se aleja de Marx para acercarse a Foucault: la libertad y la comunicación ilimitadas “se convierten en control y vigilancias totales” (p. 21). Además, el “neoliberalismo convierte al ciudadano en consumidor … sólo reacciona de forma pasiva a la política, refunfuñando y quejándose, igual que el consumidor antes las mercancías y servicios que le desagradan” (p. 23). Como síntesis de estos cambios “nos dirigimos a la época de la psicopolítica digital. Avanza desde una vigilancia pasiva hacia un control activo” (p 25). La psicopolítica tiene sus instrumentos. El Big Data es uno de ellos, uno muy importante, ya que “permite adquirir un conocimiento integral de la dinámica inherente a la sociedad de la comunicación. Se trata de un conocimiento de dominación que permite intervenir en la psique y condicionarla a un nivel prerreflexivo” (p. 25). Con el Big Data “el futuro se convierte en predecible y controlable” (p. 25).
Si la dominación tradicional se basaba en la demografía y la estadística, la psicopolítica se funda en el Big Data. Como ya les dije en este contexto algunos gadgets (el smartphone en primer lugar) se convierten en “objetos de devoción”, ocupando el mismo lugar que el rosario en la tradición católica. El “me gusta” es el “amén digital” y Facebook, “la iglesia, la sinagoga global de lo digital” (p. 26) …y “el neoliberalismo es el capitalismo del me gusta” (p. 30). La biopolítica de Foucault -la forma de gobierno de “la sociedad disciplinaria”- es cosa del pasado: es “inadecuada para el régimen neoliberal que explota principalmente la psique” (p. 38). Byung-Chul Han lo dice claro: “Foucault no realizó el giro a la psicopolítica” (p. 40).
En otros capítulos Byung-Chul Han no ahorra críticas al cuerpo estetizado, los libros de autoayuda, el consumismo, la ludificación y la hegemonía de un pensamiento que pone las emociones por encima de cualquier otro tipo de vivencia, para terminar en un concepto que atraviesa toda su obra: la emergencia del “panóptico digital” (p. 62). De frente a tanto libro e investigación sobre lo emocional Byung-Chul Han no duda y clava el cuchillo en lo más profundo: “las emociones son esencialmente fugaces y más breves que los sentimientos… En el capitalismo del consumo se venden significados y emociones… La emoción se convierte en medio de producción” (p. 70). Para terminar Byung-Chul Han vuelve al Big Data y arremete contra la supuesta “muerte de la ciencia” (y “de la teoría”) anunciada por Chris Anderson en Wired, un tema que el filósofo surcoreano ya había tratado en el volumen La agonía del Eros (ver la primera parte de la reseña).
APUNTES FINALES
Como dije al final del primer post, en un entorno donde el pensamiento negativo tiende a ser tapado por millones de “me gusta” y discursos cargados de positividad (“Sonríe, te estamos registrando”), las miradas críticas son más que bienvenidas. También dijimos que los pequeños volúmenes de Byung-Chul Han son un soplo de aire fresco pero cargado de aromas de la crítica del siglo XX a la cultura de masas (desde Adorno y Horkheimer hasta Foucault y Baudrillard). En ese sentido creo que las obras de Byung-Chul Han están escritas más bajo el signo de la continuidad que de la ruptura.
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Pero Byung-Chul Han está más que atento a los cambios de la sociedad digital post-industrial, desde las nuevas formas que adopta la auto-explotación hasta la emergencia del llamado “panóptico digital”. En este contexto Byung-Chul Han se presenta como una especie de Foucault 2.0 y abre líneas de reflexión muy interesantes y útiles en un entorno donde todavía se consume -a menudo de manera bastante acrítica- la versión original Foucault 1.0 (ver mi post ¿Bibliografía del oprimido?).
Algunas ideas de Byung-Chul Han me parecen interesantes (por ejemplo su crítica al “panóptico digital”, la “auto-explotación” y la hegemonía del pensamiento positivo y emocional); otras no me terminan de convencer, sobre todo cuando entra en cuestiones digitales, desde el tema del Big Data hasta la vida de los sujetos en las redes sociales. Lo reconozco: cuando Byung-Chul Han se pone a reflexionar sobre lo digital me aburre. Su mirada es unidireccional, sólo ilumina una dimensión de las tecnologías digitales -la negativa- y termina generando una fuerza que se anula con la de los discursos positivos sobre las “nuevas tecnologías” digitales. Si sumamos Negroponte + Byung-Chul Han el resultado siempre será cero (“0”). Estoy convencido de una cosa: necesitamos otro tipo de miradas que escapen a esta “razón dualista” (Jesús Martín Barbero dixit) que bloquea cualquier comprensión profunda del “enjambre digital”.
Una cosa me llamó poderosamente la atención: si bien Byung-Chul Han critica la configuración que está adoptando la sociedad contemporánea, desplegando una mirada que nos recuerda a la de los pensadores nacidos en el siglo XIX que se confrontaron con la naciente cultura de masas, su producción está más que en sintonía con los ritmos, polifonías y fragmentaciones de ese mundo. Me explico: sus libros son breves y de fácil lectura, hilvanados con frases cortas, casi tuits, que vuelven una y otra vez sobre los nudos conceptuales de su pensamiento: el panóptico digital, la auto-explotación, la fragmentación, la positividad, la falta de silencio… Byung-Chul Han critica el caos y la velocidad acelerada de las sociedades contemporáneas pero compone textos totalmente adaptados a ese ecosistema.Si bien encarna un espíritu adorniano, a la hora de escribir Byung-Chul Han se acerca mucho a McLuhan -el gran creador de aforismos/tuis sobre la cultura de masas- pero aún más a los bárbaros de Baricco. ¿Filosofía para dummies?

https://hipermediaciones.com/2014/12/21/byung-chul-han-filosofia-para-dummies-ii/