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    lunes, 9 de enero de 2017

    John Berger (1926-2017) Retrato de un emigrado (Varios libros en PDF)

    John Berger (1926-2017)

    Retrato de un emigrado

    En literatura y arte -Aquí nos vemos y El sentido de la vista, entre otros- John Berger realizó un recorrido único.
    Medio centenar de libros -ensayo, ficción y textos híbridos- integran su obra de influencia incalculable.

    Conoció el infierno en un colegio inglés, pupilo, donde acaso germinó su idea de armar “una conspiración de huérfanos” regidos por la impertinencia. Un lugar que sin duda sembró la semilla de su ambición por escapar de una isla provinciana, hacia un continente con horizontes más amplios, más altos. Vivía en Francia, pero tenía especial debilidad por Polonia, porque los polacos “respetan los secretos”. Su ciudad favorita era Bolonia, cuna de su admirado Giorgio Morandi, de quien decía: “Sería fácil desecharlo como un artista cuya sensibilidad es tan delicada que sólo podría considerarse anémica”. Obsesionado con las migraciones forzadas, era un hombre que caminaba rápido porque le parecía más cansador caminar lento. La velocidad de su moto adorada le exigía una concentración absoluta en el presente, algo que, admitía, lo calmaba. Su vida favorita de un pintor fue la de Caravaggio, porque era “consistentemente rebelde”.
    El narrador, ensayista, poeta y crítico de arte John Berger escuchaba como si el otro estuviera siempre a punto de decir algo interesante, o cuestionable. Había en él una evidente tensión entre serenidad y furia (furia contra todo lo que detentara un poder excesivo). Tal vez esa tensión era una de las causas de su versatilidad, y desde allí podría entenderse su impulso por emprender trabajos en colaboración con el fotógrafo Jean Mohr, el cineasta Alain Tanner, el artista John Christie, y su hijo Yves, con quien publicó Rondó para Beverly. Tras la muerte de esta, su última mujer, Berger escribió: “esa belleza incomparable emanaba de tu valentía”. Antes y ahora, cualquiera podría decirlo de él. Nunca dejó de buscar formas nuevas, como en Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos, anticipándose a lo que luego rubricaría en Con la esperanza entre los dientes: “Una historia, no importa cuán moderada, debe carecer de temor”.
    Otros dos polos constantes fueron una vida del hacer (que con Berger significa resistir) y una vida del mirar. Se inició como pintor, pero en un momento debe haber sentido que sólo como crítico de arte podría hacer un aporte excepcional. De todas maneras, permanecería de este lado de lo observado. Para el autor de Lila y Flag flores y frutos seguirían siendo textos “que no nos ha sido dado leer”. El trazo ilegible –bello e intocable en su ilegibilidad- es uno de los secretos del dibujo, y a lo mejor era eso que atraía a Berger al dibujo, que le permitía bajar la guardia (con respecto al resultado, no al proceder con atención) de su pluma, invariablemente una Sheaffer Targa. Mientras tanto, su definición de lo bello invertía el ángulo común: “La belleza no es lo que disfrutas mirar sino aquello por lo que quieres ser mirado”. Para pensar, Berger entornaba los ojos, o se los tapaba como queriendo hundirlos, callarlos, descansarlos. Las manos eran otras de sus herramientas actorales.
    Una de sus últimas grandes recopilaciones se titula Portraits y probablemente el retrato –por otros, o de su autoría, por escrito o en un dibujo– sea el corazón no demasiado oculto de su obra. Con frecuencia una cara evoca otra, o un animal. Su método es el de encontrar puntos de contacto entre cosas distantes, o señalar discriminaciones mínimas, como entre dos términos que se parecen (tímido y retraído, por caso). También sabía retratar delicadamente a los que ya no tenía cara a cara. En Aquí nos vemos, por ejemplo, refiere distintos encuentros con muertos (su madre, un gran amigo). Ante Berger, es fácil creer que lo determinante es si hay o no una presencia en un libro; juzgarlo por la intensidad de una presencia en sus páginas. De los ocho capítulos y medio de Aquí nos vemos, casi todos llevan el nombre de una ciudad europea. Las nociones de pertenencia y de hogar son una compañía fiel en la obra de Berger, al igual que su noción de “otro lugar” al que alude con frecuencia. Este marxista escorpiano no teme referirse al rezo, comparar algo con una plegaria, perseguir una conexión invisible o remota, cuando le parece oportuno.
    Mientras tanto, Berger pertenece a los demás. Su hogar son los otros, los que se sienta a retratar. En él impera la descripción porque no cree del todo en la invención, o la cree un tanto facilista. La fidelidad hacia lo que observó –ver Fotocopias– exige en su caso una simplicidad y su simpleza estilística –tanto en narraciones como en crítica– es indivisible de su credibilidad. Tiene el control de la línea de un dibujante (cada vez más, sus libros incluyeron dibujos propios). Todo lo que Berger cuenta es parte de un mismo centro y una misma mirada; en él una estilización equivaldría a una impostación. Su descripción busca probar que lo poético puede ser exacto: una mujer en Lisboa “tenía la clase de quietud que llama la atención sobre sí misma”. Berger era lo contrario del escritor que si no escribiera no le prestaría atención a nada.
    De una gran precisión para lo fugaz, su trabajo remite sobre todo a una palabra: recién. Lo intriga qué hace bien una persona y cómo; desea aproximarse a una destreza, una maestría, en un pintor o un campesino. Una celebridad (Cartier-Bresson o Miquel Barceló) se describe al mismo nivel que un tractorista. A menudo se presiente que no dice algo de un personaje para no herirlo (porque el otro existe o existió, o de cualquier manera está cerca). Lo tienta adivinar magias modestas –poderes pasajeros– en alguien, o atribuirles intenciones a los animales y las cosas. (Un burro o una mula son para él una garantía). En ocasiones esto lo hace caer en falacias emotivas, pero Berger ha conseguido darle un buen nombre al candor. Es ese escritor que aunque sepa que está redactando una frase ingenua no la borra, porque es lo que más se acerca a lo que cree que lo otro merece. Es inevitable que con su forma de allegarse a las cosas, y sobre todo con su manera de interrogarse, ciertas impresiones –ver El tamaño de un bolsillo– asuman el tono de aforismos o sentencias. Esta senda lo lleva a ser muy explícito en algunos puntos (lo político) y meditadamente reticente en otros.
    Su forma de narrar es natural, orgánica, rusa, podría decirse. (Es larga su historia con Rusia: su marxismo piadoso, su amor por Platonov, una esposa rusa durante 40 años). No es difícil adivinar –en Una vez en Europa, por caso– que antes de escribir Berger prefería no saber qué iba a escribir. Los tanteos y titubeos quedan apuntados, tanto en su ficción como en sus ensayos. Lo mismo con sus dibujos, en los que deja ver una versión anterior, otras capas, lo borroneado. (Igual que a Günter Grass, al dibujar lo tentaba mezclar saliva con tinta). Berger cede a una lenta exploración de lo que haya para consignar. Acaso por eso sus historias cortejen la idea de destino, se acerquen tanto como pueden al destino de una figura. A veces logra cristalizarlo en una imagen; Berger persigue imágenes que aten el nudo al que se está aproximando. En El sentido de la vista demostró que ser un narrador instintivo sirve para interpretar –para expandir– una foto, un cuadro.
    Aquella parece ser la llave maestra de Berger, la alternancia de trazos vacilantes y trazos seguros. Un ritmo no guionado, como el que usaba para conversar o leer en público. En Aquí nos vemos un amigo de Cracovia le confiesa que le enseñó a leer en voz alta gracias a que descubrió su secreto: nunca leía el final de la oración hasta que no llegaba allí, no se adelantaba con la vista. John Berger nunca buscó adelantarse –aventajar– con la mirada, siempre tuvo sus ojos de nadador puestos en el ahora. Y ahora que ha tocado el último punto en el libro de su vida quizá conceda una única confidencia: el truco de no adelantarse, de honrar el tiempo, le permitió llegar a los 90 años como un roble.
    http://www.clarin.com/revista-n/literatura/retrato-emigrado_0_r1W-hqaSl.html

    [PDF]Modos-de-Ver-John-Berger - TRAC / Taller de Reflexión en Arte ...

    https://paralelotrac.files.wordpress.com/2011/05/modos-de-ver-john-berger.pdf
    historia del arte de donde viene el presente libro de J. Berger; p

    [PDF]John Berger - El Boomeran(g)

    www.elboomeran.com/.../con_la_esperanza_entre_los_dientes__paginas_web.pdf
    John Berger. Con la esperanza entre los dientes. Traducción de Ramón Vera Herrera. A. LFA. G. UA. R. A. H. ISP www.elboomeran.com ...

    Descarga: John Berger - De A para X. Una historia en cartas


    Descarga: John Berger - De A para X. Una historia en cartas

    A’ida vive en una ciudad polvorienta y destartalada. Su amante Xavier, insurgente, ha sido encarcelado. Resueltas, sensuales y tiernas, las cartas de A’ida a su enamorado hablan del día a día de la ciudad. A medida que un poder sin rostro la invade, los detalles más pequeños y las muestras de humanidad —un baile íntimo, una comida compartida— se convierten en verdaderos actos de resistencia contra las fuerzas que, de otro modo, les extinguirían. De A para X es una exploración poderosa de cómo la libertad se afirma en la lucha: el retrato de una comunidad que, sitiada por el imperialismo económico y militar, encuentra una esperanza trascendente en la fragilidad de la vida cotidiana.

    Descarga: John Berger - Mirar


    Descarga: John Berger - Mirar

    La mirada incisiva de John Berger inaugura nuevos modos de ver donde la mirada hacia el arte y hacia la vida se confunden combinando un exhaustivo análisis que tiende a ser 'objetivo', entre materialista y puro visualista. El ojo de la cámara y el ojo del artista nos hablan del significado oculto en la mirada cotidiana con la que contemplamos paisajes, animales o personas queridas. En los lienzos de Millet, Courbet, Turner, Magritte y Bacon, Berger evoca experiencias que confunden el propio misterio que rodea al arte con nuestras propias vidas, paseando entre categorías literarias, del relato al ensayo, sin casi reparar en ello.

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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