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¿Ha muerto definitivamente el arte occidental? ¿Podrá salir algún día del pozo sin fondo en el que parece encontrarse? Giorgio Agamben habla en este ensayo de Arte y Terror, lleva a cabo una fascinante relectura del origen del 'buen gusto', de la separación entre el artista y el espectador, para decirnos que 'mientras el nihilismo gobierne secretamente el curso de la historia de Occidente, el arte no saldrá de su interminable crepúsculo'. Pero no es éste un texto apocalíptico o predecible. Agambe ha conseguido abrir una nueva perspectiva para abordar el problema de la obra de arte. En este ensayo de insólita riqueza, se funde la percepción artística y un análisis riguroso para esgrimir un ars poética con vocación de futuro.

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Giorgio Agamben. El hombre sin contenido. Traducción de. Eduardo Margaretto Kohrmann. Edición a cargo de. Alicia Viana Catalán pi. (lLTERA ...



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El problema de las circunstancias históricas (materiales, técnicas, burocráticas, jurídicas...) en que tuvo lugar el exterminio de los judíos puede considerarse hoy suficientemente aclarado, gracias a las investigaciones, cada vez más amplias y rigurosas que se han dado cita en este ámbito. Pero la situación es muy distinta por lo que hace al significado ético y político del exterminio y hasta a la propia comprensión humana de lo sucedido; es decir, en último término, a su actualidad. No sólo nos falta en este caso un verdadero intento de comprensión global, sino que carecemos incluso de algo que nos permita acercarnos al sentido y a las razones del comportamiento de los verdugos y de sus víctimas, cuyas palabras nos siguen pareciendo, muy a menudo, un enigma. Entre el querer comprender demasiado presurosamente de aquellos que disponen de explicaciones para todo y la negativa a comprender de los sacralizadores a cualquier precio, este libro opta por una tercera vía: trata de escuchar no tanto las voces de los testigos, como la laguna de lo intestimoniable, la "presencia sin rostro" que todo testimonio contiene necesariamente, la de aquellos que -en las palabras de Primo Levi- han "tocado fondo": "los musulmanes".
En esta perspectiva, Auschwitz ya no se presenta sólo como el campo de la muerte, sino como el lugar de un experimento, todavía impensado, en el que los confines entre lo humano y lo inhumano se difuminan. Sometida a la prueba de Auschwitz, la entera reflexión moral de nuestro tiempo muestra su completa insuficiencia, y lo que entre sus ruinas aparece es el perfil incierto de una nueva tierra ética: la del testimonio.

Giorgio Agamben nació en Roma en 1942. Es profesor de filosofía en la Universidad de Verona y traductor al italiano de las obras de Walter Benjamin. Ha publicado, entre otros, Estancias (Pre-Textos, 1995); La comunidad que viene (Pre-Textos, 1996); Homo sacer (Pre-Textos, 1999); Lo que queda de Auschwitz (Pre-Textos, 2000); Medios sin fin (Pre-Textos, 2001); El lenguaje y la muerte (Pre-Textos, 2003); Estado de excepción. Homo sacer II, 1 (Pre-Textos, 2004), “Bartleby o de la contingencia” en Preferiría no hacerlo (Bartleby el escribiente de Herman Melville , seguido de tres ensayos sobre Bartleby) junto a Gilles Deleuze y José Luis Pardo (Pre-Textos, 2000), Lo abierto (Pre-Textos, 2005), El reino y la gloria (Pre-Textos, 2008) y Ninfas (Pre-Textos, 2010).

http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=397



PDF]en Lo que queda de Auschwitz

www.bioetica.org/cuadernos/bibliografia/agamben.pdf
de G Agamben - ‎Citado por 986 - ‎Artículos relacionados
LO QUE QUEDA. DE AUSCHWITZ. El archivo y el testigoHOMO SACER III. Giorgio Agamben. Traducción de. Antonio Gimeno Cuspinera. PRE-TEXTOS ...


Partisano


Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, y después de pasar por Núremberg, Carl Schmitt fue forzado a dejar la universidad. Desde entonces, su docencia quedaría fijada en libros y conferencias. Entre los países que le recibieron con especial mimo y atención, podríamos incluso utilizar la palabra veneración, fue España. A nuestro país vino en diversas ocasiones y sus libros eran rápidamente traducidos al castellano. Normal, su discurso político encajaba muy bien con el régimen franquista.
Teoría del partisano
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Teoría del partisano. Acotación al concepto político (2013), tiene su origen en la conferencia que en 1962 Schmitt pronunció en la Universidad de Zaragoza en el Tercer curso sobre defensa nacional, una actividad organizada por la cátedra “General Palafox”, y que fue bautizada como “Teorías modernas sobre el partisano”.
En esta obra, destacan tanto la brevedad, apenas 115 páginas, como la contundencia y claridad del discurso de Schmitt. Puede uno estar o no de acuerdo, pero nadie le puede arrebatar a este alemán que formó parte del Partido Nacionalsocialista, la fuerza y precisión de su discurso. Decir, también, que por su obra fue amenazado por las SS, algo que le costaría no formar parte de la primera línea pública.
En Teoría del partisano, Schmitt toma como punto de partida el contexto histórico y político en el que los Estados permanecían en sus relaciones mutuas en el estado de naturaleza hobbesiano. Esto se traduce, en que mientras una paz relativa gobernaba la política interna de un país, la política exterior estaba marcada por la guerra. Los conflictos bélicos entre distintos Estados, Schmitt los define como “un duelo de caballeros”, en los que se distinguía entre civiles y militares, entre combatientes y criminales, y lo que es más importante, entre guerra y paz, esto último, implica la posibilidad de que entre los distintos Estados se alcancen “verdaderos tratados de paz”.
Con la quiebra del nomos antiguo continental, el fin del estado de cosas que acabamos de describir, nace la figura que será el objeto de análisis en esta obra de Schmittt, nos estamos refiriendo al partisano, que será descrito de la manera que sigue:
El combatiente que criminaliza a su adversario y se propone exterminarlo por todos los medios. Es el combatiente irregular que se confunde con la población civil y ataca por sorpresa a las tropas regulares en la retaguardia. No porta sus armas a la vista, no se identifica como combatiente, y su lucha imprevisible no renuncia a nada que pueda dañar al enemigo”
Para Carl Schmitt, la figura del partisano se inicia en España, en la Guerra de la Independencia que la invasión napoleónica desencadenó. Partisanos, que además de cumplir con las características antes dadas, añadieron la nota final a la definición: elnacionalismo, ya que ellos nace como una forma de resistencia contra el invasor extranjero en la población.
Nacida en España, por casualidad histórica o no, la figura del partisano toma a lo largo del XIX y el XX una relevancia universal, porque sus métodos reaparecen en otros movimientos políticos. Schmitt, en este sentido, señala a Lenin, “que destruyo sin miramientos todos los acontecimientos tradicionales de la guerra”, a Stalin en su lucha contra el ejército alemán, aMao Zedong, a la guerra dirigida en Cuba por Fidel Castro y Che Guevara, y a la forma en la que el Vietcom plantó cara al poderoso ejército americano.
Con el partisano, se pierde esa definición de guerra como un “duelo entre caballeros”:
El partisano moderno no espera ni gracia ni justicia del enemigo. Dio la espalda a la enemistad convencional con sus guerras domesticadas y acotadas, y se fue al ámbito de otra enemistad verdadera, que se enreda en un círculo de terror y contraterror hasta la aniquilación total”
Ahí, en el último concepto, en esa “aniquilación total”, es en donde debemos poner nuestro ojo intelectual. No se trata ya de guerras entre Estados, guerras reguladas en las que se distingue entre el civil y el militar, entre el soldado y el criminal, entre la guerra y la paz. La guerra que el partisano desemboca, se convierte en una guerra ilimitada en la que ningún acuerdo de paz será ni verdadero ni duraderoEl odio al enemigo, su crinminalización hasta eliminar el rango de persona, es absoluto, tanto, que pasa de generación en generación como una oscura y temible herencia.
Más allá del uso político que pueda dar Schmitt a su análisis, uso político y biográfico, nos interesa este ensayo por la actualidad que contiene, como ejemplo, basta ver el terrorismo internacional que nos sacude, y, cómo no, la forma en la que ese terrorismo es combatido por los países que lo sufren, ya que ambas partes han adoptado la forma de guerra del partisano, quedando en el medio de sus disputas el ciudadano de a pie que se convierte en una víctima necesaria y justificada. Aquí, en la conceptualización de un fenómeno que padecemos, está el valor de esta obra, pero también, en el interés que late en cada página por buscar una acotación jurídica que regule y prevenga los daños. En definitiva, estamos ante un ensayo que abre toda una caja de Pandora al ponernos ante una la fea realidad que nos sacude.
Teoría del partisano. Acotación al concepto de lo político. Carl Schmitt, Trotta, 2013. Prólogo de José Luis López de Lizaga y Epílogo de Franco Volpi.

http://revistatarantula.com/teoria-del-partisano-de-carl-schmitt/


Carl Schmitt: límites y potencialidades del partisano Carl Schmitt ...


webiigg.sociales.uba.ar/revistacuadernosdemarte/nro2/2_laleff.pdf
de RJL Ilieff - ‎Artículos relacionados
Palabras claves: Schmitt – amigo – enemigo – partisano - guerra. Abstract ... de Carl Schmitt dada su confesa adhesión al nacional-socialismo. Las abe- ..... Su renombre- —para recordarlo otra vez— se basa exclusivamente en un libro sobre teoría ..... siano “contiene ya en embrión una teoría del partisano, cuya lógica fue.

PDF]Schmitt, Carl - El Concepto de lo Político

campusmoodle.proed.unc.edu.ar/.../Schmitt_Carl_-_El_Concepto_de_lo...

de Carl Schmitt. Traducido de la edición de 1963 .... discriminador de la guerra" (1938) y el libro sobre el "Nomos de la Tierra" (1950). Un informe así debería .
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Carl Schmitt, EL CONCEPTO DE LO POLÍTICO (Texto de 1932). Ciencias Sociales, Alianza Editorial. Quinta reimpresión, 2009. Versión de Rafael Agapito

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Lo político puede extraer su fuerza de los ámbitos más diversos de la vida humana, de antagonismos religiosos, económicos, morales, etc. Por sí mismo lo político no acota un campo propio de la realidad, sino sólo un cierto grado de intensidad de la asociación o disociación de hombres. (…)
(Carl Schmitt)




I. EL ESTADO Y LO POLÍTICO


El Congreso en plena sesión plenaria


Para Schmitt “el Estado representa un determinado modo de estar con el pueblo” (Pág.49) para sostener posteriormente que “el Estado se muestra como algo político, pero a su vez lo político se muestra como algo estatal” (Pág. 50-51). Es por ello que si bien el Estado es el modo de estar con un pueblo, lo político es el modo de estar con un Estado o el Estado es el modo de estar concreto con lo político. Pero esta concepción un tanto reduccionista parece no ceñirse a la realidad democrática, donde Estado y Sociedad interactúan. El propio Schmitt diría: «Así ocurría allí donde, como en el siglo XVIII, el Estado no reconocía "sociedad" alguna como antagonista, o al menos donde (como en Alemania durante el XIX y parte del XX) el Estado, como poder estable y distinto, se encontraba por encima de la "sociedad"» (pág. 53).

La ecuación Estado=lo-Político carece de la variante “sociedad”, a pesar de ser evidente que en el mundo moderno la sociedad juega un papel político. No obstante, la ecuación de Schmitt adquiere toda su plenitud en el momento que se consigue que la sociedad se identifique plenamente con el Estado. De esta forma el Estado conforma la unidad política sin fisuras y obtiene la autosuficiencia y la capacidad para constituirse en fuerza capaz de determinar quiénes son “amigos” y “enemigos” (endógena y exógenamente) y emprender la “lucha”. Sin duda, esta concepción tiene connotaciones totalitarias y sin duda este texto de Schmitt parece un aporte teórico y doctrinal del totalitarismo en ciertos aspectos. Pero en realidad no es así del todo, por lo que categorizar que Schmitt fue un ideólogo del totalitarismo es una temeridad intelectual, pues como veremos, no hay que analizar el concepto de unidad política bajo la premisa de identificación radical de la sociedad con el estado, lo cual no se da en las democracias, siendo éstas un medio de participación de la sociedad en lo político (siempre que hablemos de democracias parlamentarias con derecho a voto, pues bien sabemos que existen diversos modelos de democracia, algunos calificados de antidemocráticos por lo políticamente correcto) que no propician la cohesión social, demostrándose ineficientes para el desarrllo de una nación, al propiciar el auge de intereses particulares. Podemos decir que la democracia que conocemos -por ejemplo- en lo que ha devenido como Occidente –o así lo llaman- hace muy complicada la unidad política (España es un ejemplo perfecto), mientras que otros sistemas puede que sean mucho más democráticos, como ciertos totalitarismos, donde la plenitud de la sociedad, el pueblo, se reconoce en su estado, por lo que el significado etimológico de democracia (poder del pueblo) alcanza, paradójicamente, un significado más justo, pues seamos realistas: democracia no es que el pueblo decide quién debe tener el poder, sino que el pueblo se atribuye el poder.

II. LAS CATEGORÍAS POLÍTICAS: AMIGO Y ENEMIGO


Aunque lea y parezca buen lector, no es nuestro amigo


«Si se aspira a obtener una determinación del concepto de lo político, la única vía consiste en proceder a constatar y a poner de manifiesto cuáles son las categorías específicamente políticas. (…)

»Supongamos que en el dominio de lo moral la distinción dominio es la del bien y el mal; que en lo estético lo es la de lo bello y lo feo; en lo económico la de lo beneficioso o lo perjudicial, o tal vez de lo rentable y lo no rentable. El problema es si existe alguna distinción específica (…) que se imponga por sí misma como criterio simple de lo político; y si existe, ¿cuál es?

»Pues bien, la distinción política específica, aquella a la que pueden reconducirse todas las acciones y motivos políticos, es la distinción de amigo y enemigo. (…)

» Si la distinción entre el bien y el mal no puede ser identificada sin más con las de belleza y fealdad, o beneficio y perjuicio, ni ser reducida a ellas de una manera directa, mucho menos debe poder confundirse la oposición amigo-enemigo con aquéllas. (…) El enemigo político no necesita ser moralmente malo, ni estéticamente feo, no hace falta que se erija en competidor económico, e incluso puede tener sus ventajas hacer negocios con él. Simplemente es el otro, el extraño, y para determinar su esencia basta con que sea existencialmente distinto y extraño en un sentido particularmente intensivo. (…)» (págs. 56-57)

Carl Schmitt propone una concepción de lo político para su estudio y comprensión, pero sobre todo para clarificar y delimitar lo político. Schmitt quiere establecer los dominios de lo político y es ahí que lo encierra bajo el binomio amigo-enemigo. Y ¿qué es el enemigo?; bien claro lo deja Schmitt: lo extraño, lo diferente; simplemente eso, no es ni un competidor económico ni alguien moralmente malo. Analizando lo político desde esta perspectiva sin duda evitamos equiparar lo político a otro tipo de categorías, como las de bueno y malo, potestad de la moral. El análisis de lo político debe desmarcarse de lo emocional, no es un estado de ánimo ni forma parte del coto privado y personal (la política es cosa pública y por ello el enemigo es también público), sino que es aquello que establece y configura a diversos grupos de hombres en amigos y enemigos, ya surja esta confrontación de lo económico, de lo moral, de lo religioso... Es decir: sólo cuando un grupo de hombres consigue la suficiente fuerza como para poder organizarse en concepto de amigos y enemigos respecto a otros grupos de hombres análogos se alcanza la dimensión política; si por el contrario un grupo de hombres carece de la fuerza para confrontarse, para oponerse realmente a otra fuerza, la dimensión política no existe o al menos no es perceptible. Tal como explicaría el jurista prusiano sin circunloquios: “Todo antagonismo u oposición religiosa, moral, económica, étnica o de cualquier otra naturaleza se transforma en oposición política en cuanto gana la fuerza suficiente como para agrupar de un modo efectivo a los hombres en amigos y enemigos” (Pág. 67)

Sin embargo, es el concepto “enemigo”, más que el de amigo, el que marca la pauta de lo político, la posibilidad de una oposición: qué es la política sino oposición. Para Schmitt “es constitutivo del concepto de enemigo el que en el dominio de lo real se dé la eventualidad de una lucha”. Al incorporar en el terreno de lo político la “lucha” hacemos ya referencia al elemento volitivo de lo político, es decir, aquello que empuja a la acción. De esta forma podemos determinar que no existe lo político sin enemigos ni enemigos sin la posibilidad real de una lucha.

III. LA UNIDAD POLÍTICA Y LA GUERRA


Imagen tomada tras finalizar la Guerra Civil española

«Guerra es una lucha armada entre unidades políticas organizadas, y guerra civil es una lucha armada en el seno de una unidad organizada (que sin embargo se vuelve justamente por ello problemática).» (Pág. 62)

“La Guerra procede de la enemista”, sentencia Schmitt. En la guerra el concepto enemigo tiene su significado y sentido obvio pero en la misma lo referente a la “lucha” alcanza un significado pleno.

Como se vislumbra en la cita de más arriba, Schmitt hace una distinción de la guerra. Habla de “guerra” a secas contra otra unidad política, pero también de “guerra civil” dentro de la propia unidad política, lo que es un contrasentido, pues si algo revela una guerra civil es la ausencia de unidad política. Sin embargo, las reflexiones al caso son acertadas y en este momento conviene que así sean para mi posterior reflexión. En la exposición de Schmitt se hace evidente cómo equipara radicalmente política con estado: lo político es el estado y el estado es algo político, podría parafrasearse. También puede deducirse, ya sin confusión, que es el estado la unidad política organizada. Pero lo más importante: en el seno de la unidad política suprema (el Estado) puede sucederse la antítesis amigo-enemigo, es decir, constituirse otras unidades.

Volviendo al principio, hay que reconocer que el hecho de que dentro de un estado pueda darse la lucha armada, es decir, la constitución de diversos grupos de hombres según amigos y enemigos, resulta algo problemático si tenemos en cuenta que todo ello concurre dentro de una misma unidad política, por lo que creo que este asunto es merecedor de su análisis. Si bien en una guerra civil lo que está en juego es el poder del Estado, podemos sacar dos conclusiones:

1. Los dos contendientes luchan por hacerse con la unidad política suprema: el Estado. Lo cual refrendaría la reflexión de Schmitt.

2. Cada uno de los contendientes se constituyen como unidades políticas independientes, es decir, como dos estados. La unidad política sigue existiendo, pero relativo a cada contendiente: los dos contendientes nunca formarán una sola unidad política. La derrota de una de las partes decidirá qué unidad política, es decir, qué forma de estado, prevalecerá, concluyendo así la guerra civil. 

-Imaginemos un púlpito sobre el que reposa una manzana. En el caso 1 dos contendientes luchan por hacerse con la manzana. En el caso 2 no hay manzana en el púlpito, cada contendiente tiene una manzana y luchan para que sea su manzana la que repose sobre el púlpìto. En el caso 1 el Estado parece inamovible, algo que siempre está ahí y que busca pretendiente. En el caso 2 el estado es algo mutable y sustituible por cualquier otro tipo de Estado. En el caso 1 luchan por hacerse con la manzana, en el caso 2 por su manzana.

No obstante, el hecho de que en una misma unidad política pueda darse lugar a la configuración de grupos de hombres según amigos y enemigos, y ya dicho esto desde un plano no bélico, deriva inevitablemente al “problema democrático” (que es una guerra civil no-violenta), aunque bien sabemos que en los estados no-democráticos (en realidad me molesta utilizar la palabra democracia para referirme al significado que ha adquirido actualmente según la neolengua) también existen luchas intestinas y agrupaciones de hombres según amigos y enemigos, lo que considero algo muy natural: poco valor puede tener aquello que no genera opositores.

http://lanaciondigital.blogspot.com/2011/02/carl-schmitt-y-el-concepto-de-lo.html



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Breve apunte sobre el pensamiento politico de Carl Schmitt
Angel Luis Sánchez Marín*
El optimismo antropológico y sus consecuencias políticas, el liberalismo y el anarquismo,
son objeto de crítica por parte de CARL SCHMITT. 
Sus ideas fundamentales pueden
resumirse así:
1) La concepción del hombre como ser naturalmente bueno reduce el Estado - piensa
SCHMITT - a instrumento de la sociedad y en casos extremos puede desembocar en el
anarquismo. Dice así: ”Para los liberales la bondad del hombre no es otra cosa que un
argumento con cuya ayuda se pone el Estado al servicio de la sociedad” ([1]), y “en el caso
del anarquismo puro resulta evidente hasta qué punto la fe en la bondad natural está en
conexión con la negación radical del Estado, que la una deriva de la otra y ambas se apoyan
recíprocamente” ([2]).
2) El liberalismo es incapaz de crear una verdadera teoría del Estado, pues lo que en la
ideología liberal encontramos es “una política liberal, en el sentido de una contrapuesta
polémica a las limitaciones estatales, eclesiásticas o de cualquier otro género impuestas a la
libertad individual, lo que genera ciertamente una cierta política comercial, eclesiástica,
educativa o cultural. Pero lo que no hay - dice - es una política liberal de carácter general,
sino siempre únicamente una crítica liberal de la política” ([3]). ”Todo individualismo
consecuente - añade SCHMITT - conduce desde luego a una práctica política, la de la
desconfianza contra todo poder político y forma del Estado imaginable, pero nunca a una
teoría positiva propia del Estado y de la política” ([4]).
Pero al liberalismo, además, se le puede objetar que se ocupa básicamente, no de cuestiones
políticas (Estado), y sí de temas éticos (espiritualidad) y económicos (negocios), cuya
consecuencia es la aparición de conceptos 'desmilitarizados y despolitizados' ([5]). Así el
concepto político de la lucha se transforma en el pensamiento liberal, por el lado
económico, en competencia, y por el otro, el espiritual, en discusión.
Desde estos supuestos el liberalismo trata de :
a) Someter la vida política y el Estado al control y regulación de las normas y al “orden”
moral, jurídico y económico.
b) Reducir el Estado a un instrumento de la sociedad, cuya función sería asegurar las
“condiciones de la libertad” eliminando los obstáculos que puedan perturbarla.
Resultado de todo ello sería - según SCHMITT - la desnaturalización de las categorías y
conceptos fundamentales de la política, disolviéndolos en conceptos éticos y económicos, y
la afirmación de la autonomía de la moral, de la ciencia y de la economía.
*****
Rechazada la dirección antropológica optimista, ¿cuál es la concepción antropológica que
subyace a la teoría política de SCHMITT?. Acusado de ser un pensador pesimista,
entendemos, con MONSERRAT HERRERO ([6]), que SCHMITT no parte para elaborar
su teoría política de la maldad intrínseca de los hombres, sino del dogma del pecado
original, el cual, '..no remite a un estado natural de guerra sino al Paraíso. El estado natural
del hombre es la libertad no la lucha. Lo único que Schmitt afirma es la posibilidad de la
maldad que se abre a un hombre libre” ([7]).
Para SCHMITT en el orden del espacio físico de convivencia se pueden producir conductas
antisociales que deben ser corregidas y ordenadas por el orden jurídico ordinario. Ahora
bien, como el hombre es un “ser problemático, es decir, un ser que no siempre obra bien,
que puede llegar a ser peligroso” ([8]), es posible que se llegue a la oposición combativa de
un grupo de hombres sobre otro,a una situación política límite, y, entonces, se hace
necesario una decisión que defina el lugar y la función de cada uno de los elementos de
dicho orden, creando paz y seguridad ([9]).
Tal decisión le corresponde tomarla única y exclusivamente al soberano que en este sentido
“es un dictador” ([10]), forma esta de gobierno excepcional y transitoria, pues excluidos a
quienes han roto la unidad se debe de imponer un nuevo orden que, a su vez, será el
comienzo de una etapa de normalidad, donde el derecho volverá a operar como norma
([11]).
La distinción, pues, que hace SCHMITT entre amigo-enemigo “está orientada - dice
MONSERRAT HERRERO - al caso extremo. Una enemistad no se explicita
continuamente sino sólo en casos excepcionales. La esfera de lo político sólo es pensable
en Schmitt desde la excepción” ([12]). SCHMITT, estudioso de la dictadura comisoria y la
soberana ([13]), no tiene necesariamente que ser calificado de pensador autoritario, puesto
que lo que hace es colocarse “del lado de aquella forma política que sea capaz de crear un
orden, y no cualquier orden, sino el que corresponde con la situación de un pueblo en un
momento histórico concreto” ([14]). En lo negativo, su decisionismo restaurador del orden
no encuentra su justificación en una instancia superior con validez absoluta fuera del
espacio y del tiempo en el que se desarrolla la vida del momento presente, por lo que a
SCHMITT le faltó conectar las esferas política y jurídica con una fundamentación
metafísica adecuada que impidiera el paso del relativismo ético y el voluntarismo ([15]).
COMO CITAR ESTE ARTIGO:
SÁNCHEZ MARÍN, Angel Luis. Breve apunte sobre el pensamiento politico de Carl
Schmitt. Disponível na Internet: http://www.mundojuridico.adv.br. Acesso em xx de
xxxxxxxx de xxxx
(substituir x por dados da data de acesso ao site)
Artigo publicado no Mundo Jurídico (www.mundojuridico.adv.br) em 16.07.2003
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[1] SCHMITT, CARL, El concepto de lo político, traducción de Rafael Agapito, Alianza
Editorial, Madrid, 1991, pág.90.
[2] Ibidem,pág.89.
[3] Ibidem,pág.98.
[4] Ibidem,pág.98. 
[5] Ibidem,pág.99.
[6] Cfr.El Nomos y lo Político:la filosofía política de Carl Schmitt, Editorial Eunsa,
Pamplona, 1997, págs.545.
[7] MONSERRAT HERRERO,Op.cit,pág.270.
Dice SCHMITT:'..el dogma teológico fundamental del carácter pecaminoso del mundo y
del hombre obliga,igual que la distinción entre amigo y enemigo,a clasificar a los
hombres,a tomar distancia,y hace imposible el optimismo indiscriminado de un concepto
del hombre igual para todos'.(El concepto de lo político,Op.cit,pág.93).Añadiendo
SCHMITT 'que en un mundo bueno habitado por hombres buenos gobernarían la paz,la
seguridad y la armonía de todos con todos;en él los curas y teólogos harían tan poca falta
como los políticos y estadistas' (Ibidem,pág.93).
[8] MONSERRAT HERRERO,Op.cit,pág.270.
[9] Cfr. SCHMITT, CARL, Teología Política, traducción de Francisco Javier Conde,
Ed.Doncel, Madrid, 1975, págs.39,42 y 43.
[10] MONSERRAT HERRERO,Op.cit,pág.299.
Para GOMEZ ORFANEL,en su monografía sobre SCHMITT ,indica que éste defendía '..un
Estado total..un Estado pluralista,de bienestar e interventor por debilidad,y sobre todo,..un
Estado fuerte,un Estado autoritario que sea capaz de distinguir entre amigos y
enemigos'.Excepción y normalidad en el pensamiento de Carl Schmitt, Centro de Estudios
Constitucionales, Madrid, 1986, pág.109
[11] Cfr.Teología Política,Op.cit,págs.42,43 y ss.
[12] Op.cit,pág.274.
[13] Cfr.SCHMITT, CARL, La Dictadura (1921), traducción de J.García, Editorial Revista
de Occidente, Madrid, 1968, págs.338.
[14] MONSERRAT HERRERO,Op.cit,pág.403.
[15] Dice MONSERRAT HERRERO:'De haberse mantenido en el marco de la teoría
clásica,(la decisión soberana) hubiera dado lugar a una teoría de la prudencia
que,SCHMITT,por no ser específicamente un filósofo no hace'.Op.cit,pág.185.
*Profesor doctor de la Universidad Miguel Hernández de Elche Alicante - España 
Disponível em:
. Acesso em:

21 jun. 2007.