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Lorena Cano Orón reseña del libro "Vigilancia líquida" 
de Zygmunt Bauman y David Lyon.

Vigilancia líquida - Serlib Internet

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de Z Bauman - ‎Citado por 84 - ‎Artículos relacionados
4 jul. 2013 - Zygmunt Bauman y David LyonVigilancia líquida. Traducción de Alicia Capel Tatjer. VIGILANCIA LIQUIDA_Estado y Sociedad.indd 3.




¿Qué aspectos hay que tener en cuenta a la hora de estudiar y analizar el estado de vigilancia actual que se realiza a partir de las nuevas tecnologías? En el libro Vigilancia Líquida, Zygmunt Bauman, catedrático emérito de Sociología en la University of Leeds (Reino Unido) y en la Universidad de Varsovia (Polonia), y David Lyon, profesor de Sociología en la Queen's University en Ontario (Canadá) y director del Centro de Estudios de Vigilancia (Surveillance Studies Centre), hacen un repaso por aquellos temas y perspectivas que son necesarios estudiar para poder elaborar una radiografía de la sociedad de control en la que nos encontramos. La vigilancia, la ética, el poder y los riesgos y amenazas que esta situación plantea es el eje temático principal de esta obra.

El libro está organizado en un capítulo introductorio a modo de ensayo, que sirve para situar al lector sobre los temas que se van a tratar, y siete capítulos adicionales en los que se desarrolla en cada uno una entrevista en forma de conversación entre los autores sobre un tema específico de la vigilancia, como es el caso de los drones y los medios sociales, el diseño post-panóptico, el estado de inseguridad que crea la vigilancia, el consumismo, la ética y la esperanza.

Se presenta a la vigilancia como un estado que parece invisible a todos, que hemos asumido e incluso aceptado en la esfera de consumo, como una parte importante de la red neurálgica de la modernidad. La Vigilancia Líquida es aquella que se realiza mediante las técnicas digitales y la lógica estadística, aquella en la que contribuyen los propios vigilados, teniendo como primera consecuencia la clasificación social. Se ha integrado en la sociedad actual como un efecto colateral del progreso tecnológico que está colonizando poco a poco nuestra vida privada.

Los medios sociales han acabado con la pesadilla de ser vigilado (perspectiva panóptica) a querer ser vigilado y no querer estar sólo otra vez (perspectiva post-panóptica), ya que la modernidad no se entiende sin esa conexión a la red, sin la interactividad y la comunicación fluida. Ahora abunda el miedo a ser ignorado, olvidado o excluido, sacrificando la privacidad personal para ser noticia, convirtiéndonos así en una sociedad confesional. Se habla pues de una servidumbre voluntaria, ya que cooperamos con la vigilancia actual.

Los autores hablan también del Banóptico (ban: exclusión) de Bigo, que se refiere al impedimento del acceso a la zona de vigilancia a aquellas personas de las que se espera que no puedan aplicarse una vigilancia por su propia cuenta. Es decir, la vigilancia está pensada para excluir (ban), se trata de mantener lejos a aquellas personas consideradas como marginadas a partir de la tecnología de perfiles que determina a quién poner bajo vigilancia. Concluyendo así que la tecnología de vigilancia actual se desarrolla en dos frentes, el confinamiento y la exclusión.

En el capítulo en el que se aborda la preocupación por la parte ética de la Vigilancia Líquida, destaca la “adiaforización”, que hace referencia a la eliminación de todo juicio moral de la utilización de la tecnología, como el principal problema. El término hace referencia a la despersonalización de la responsabilidad de las acciones llevadas a cabo a través de dispositivos tecnológicos; por ejemplo, en el plano militar, si muere gente inocente a partir de un dispositivo teledirigido, se tratará de un fallo técnico, lo que según la regulación vigente no constituye un crimen. “Las nuevas tecnologías abren una brecha entre los seres humanos y sus responsabilidades morales en relación con los demás, en la misma medida en que lo hizo la burocracia antes” (Bauman y Lyon, 2013: 102). 

La vigilancia, establecida y justificada como proceso para garantizar la seguridad, acaba teniendo como consecuencia un estado de inseguridad. Se ha gestado una cultura de la seguridad cuyo efecto directo es la creación de inseguridad y desigualdad. Con la Vigilancia Líquida “nos controlamos a nosotros mismos para intentar hacer que nuestra vida en el temor sea más soportable, pero cada intento de conseguirlo produce nuevos riesgos, nuevos miedos” (Bauman y Lyon, 2013: 109). Es decir, que con el sistema de seguridad actual que está implantado en la sociedad se genera nuevas formas de inseguridad.

Volviendo a la forma que adquiere el libro, podemos concluir que no está dirigido a todos los públicos. Esto es debido a que consiste en una conversación entre expertos en la materia, lo cual es negativo para el lector neófito, ya que los autores, libros y teorías a los que aluden más que una referencia que refuerza la teoría se convierten en una traba que despista al lector. Esto es debido a que la utilización de estas referencias, tanto clásicas como modernas, no son explicadas, sino que forman parte de su argumentación sin detallar el porqué. No se trata de un libro que pretenda ser didáctico, sino de un reflexión conjunta acerca de los temas que les preocupan que están relacionados con la vigilancia. 


Lorena Cano Orón
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Vigilancia líquida | Zygmunt Bauman & David Lyon

'Vigilancia líquida', de Zygmunt Bauman y David Lyon, autor de otras obras de teoría sociológica como Sobre la educación en un mundo líquido o Los retos de la educación en la modernidad líquida, es un libro que nos advierte de los riesgos de la continua vigilancia y control al que estamos sometidos, muchas veces inadvertidamente. Hoy en día, los detalles más insignificantes de nuestras vidas son registrados y examinados como nunca antes, y a menudo quienes son vigilados cooperan voluntariamente con los vigilantes. Desde Londres y Nueva York hasta Nueva Delhi, Shanghái y Río de Janeiro, la presencia de cámaras de vídeo en los lugares públicos ya es algo habitual y aceptado por la población. 

En la actualidad, los viajes aéreos implican el paso por escáneres humanos y controles biométricos que se han multiplicado a raíz del 11-S. Diariamente Google y los proveedores de tarjetas de crédito apuntan el detalle de nuestros hábitos, preocupaciones y preferencias, y con
ellos van elaborando estrategias de marketing personalizadas con nuestra activa y, en algunos casos, entusiasta cooperación. En este libro el análisis de la vigilancia de David Lyon confluye con el mundo líquido moderno que Zygmunt Bauman ha descrito con su característica agudeza. ¿Nos encontramos ante un futuro lúgubre de vigilancia continua o existen aún espacios de libertad y esperanza? ¿Cómo podemos ser conscientes de nuestras responsabilidades para con nuestros semejantes, perdidos como estamos con frecuencia en discusiones sobre datos y categorizaciones? Nos encontramos ante temas del poder, la tecnología y la moral, este libro constituye un análisis brillante de lo que implica ser observado -y estar observando- en la actualidad.

Zygmunt Bauman nació en Polonia en 1925 y en la actualidad es catedrático emérito de Sociología dela Universidad de Varsovia. Su carrera académica lo ha llevado a ejercer la docencia en las universidades de Leeds, Tel Aviv, The London School of Economics, entre otras. Desde sus inicios en la década de 1970, su visión de la sociología ha reivindicado para esta disciplina un papel menos descriptivo y más reflexivo. Sus aportaciones a la conceptualización de la posmodernidad, a la qué el denomina “modernidad líquida” han sido plasmadas en diversos ensayos que le han valido el reconocimiento internacional. Bauman ha sido galardonado con el European Amalfi Prize for Sociology and Social Science en 1992 y el Theodor W. Adorno Award en 1998. En 2010 le fue concedido, junto con Alain Touraine, el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.
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Texto que pretende caracterizar la Sociedad de la Información, la descripción de sus principales rasgos, la reseña de las líneas conceptuales de reflexión acerca de su significado, sus efectos y su trascendencia.

I. Introducción

La caracterización de la Sociedad de la Información, la descripción de sus principales rasgos, la reseña de las líneas conceptuales de reflexión acerca de su significado, sus efectos y su trascendencia, no es una tarea sencilla. La contemporaneidad y la inmediata actualidad de ese conjunto multifacético de procesos que la Sociedad de la Información denomina, junto con el vasto alcance de sus acciones y la heterogeneidad de prospectivas existentes, conspiran contra la tentación de reducir la complejidad del objeto (la sociedad informacional) a una serie de cambios tecnológicos en las industrias y actividades de información y comunicación. Aunque, ciertamente, esos cambios tecnológicos son el percutor de la “Sociedad de la Información”.
El rasgo procesual de las mutaciones y metamorfosis presentadas como “Sociedad de la Información” es una cualidad esencial que, bien enfocada, permite aproximarse a los fenómenos contemporáneos ligados a la diseminación de la información y la comunicación en la desigual estructuración de las sociedades con mayor consistencia.
Ese carácter procesual está contenido en muchos de los aportes que
investigadores, académicos y profesionales realizan en pos de aclarar (y aclararse) el verdadero significado de la “Sociedad de la Información”, si bien algunos abjuran incluso de esa denominación, que sin embargo parece haberse consolidado durante los últimos años de la última década del Siglo XX. Distintos objetos de análisis, focos de atención divergentes, metodologías opuestas, intenciones diferentes, conclusiones desparejas y prospectivas por momentos irreconciliables se conjugan en el elevado número de producciones que la sociedad informacional viene suscitando. Junto con algunos tópicos que
son convocados por casi todos los análisis, como el factor tecnológico en los cambios sociales y comunicacionales, otro de los elementos característicos del pensamiento sobre la “Sociedad de la Información” es su prodigalidad. La ocupación del centro de la escena productiva por parte de las tecnologías de la información y la comunicación se presta, como se advierte en la lectura de los textos sobre la sociedad informacional, a múltiples y variadas interpretaciones.
Pero hay coincidencia en el atractivo del tema y en la importancia de algunos de los procesos a los que alude.
En rigor, la ocupación del centro de la escena productiva por parte de las tecnologías de información y comunicación fue acompañada de un desplazamiento de los foros mundiales (y en muchos casos, de las agencias gubernamentales encargadas de la regulación del sector) donde se definen las líneas estratégicas de desarrollo de las comunicaciones. Por ello, la controversia sobre la sociedad informacional no sólo refiere a los diferentes registros de marcos teóricos y conceptuales, sino también al terreno del diagnóstico y de la descripción del contexto, así como de la puesta en cuestión en las agendas gubernamentales; es decir, en el concreto y asible territorio de lo político.
Mattelart explica que “hasta el principio de los años ochenta, la UNESCO era una de las principales tribunas para debatir sobre cultura, información y comunicación. La discusión se ha desplazado hacia un organismo técnico, el GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio), redesignado como OMC (Organización Mundial del Comercio) a partir de 1995. Asimilada a los servicios en la denominación de los intercambios comerciales, la comunicación incluye tanto los productos de las industrias culturales como las telecomunicaciones; tanto la industria del turismo como las técnicas de gestión” (Mattelart, 2002a: 73).
De modo que el advenimiento de la “Sociedad de la Información” a partir de los desarrollos tecnológicos fulgurantes en el tratamiento y transmisión de la información y la importancia estratégica creciente de la información y del conocimiento en el conjunto de las actividades humanas (Tremblay, 2003: 17), es contemporáneo con el replanteo de los ámbitos de decisión de las estrategias y políticas de regulación y ordenamiento de las comunicaciones. Esta situación es acompañada por un panorama de proliferación de organismos no gubernamentales (ONG´s) que, independientemente de las latitudes donde actúan, asumen la necesidad de coordinar acciones, de tipo inclusivo, que permitan corregir algunas de las tendencias de la “Sociedad de la Información”, fundamentalmente la existencia de una creciente brecha que separa en el nivel del acceso a los bienes y servicios infocomunicacionales a países, poblaciones, sectores sociales y personas. Las cumbres mundiales, donde también participan las organizaciones multilaterales como la UNESCO o el PNUD, buscan instalar foros internacionales en los que las voces que promueven la corrección de políticas en el marco de la sociedad informacional sean escuchadas.
Este ánimo correctivo presente en foros y reuniones internacionales tampoco está exento de polémicas: la creciente segmentación social en el acceso a los bienes y servicios ofrecidos en el marco de la Sociedad de la Información, además de ser funcional a la lógica socioeconómica dominante, plantea cuestionamientos sobre el discurso promotor del proyecto e invita a reflexionar acerca de si la segmentación es una suerte de “enfermedad juvenil” de la Sociedad de la Información (al fin y al cabo, con una historia muy breve aún) o constituye uno de sus rasgos cardinales inalienables.

II. Hechos y dichos

Una primera aproximación conceptual acerca de la “Sociedad de la
Información” debe interrogar(se) acerca del significado de dicha
denominación. He aquí un nivel de dificultad, que se conjuga con la
complejidad de los procesos a los que la sociedad informacional nombra, y que brevemente pueden aludirse como sociales, económicos, políticos, culturales y tecnológicos. Aunque muchos estudios focalizan como objeto de análisis la red Internet, el examen de la “Sociedad de la Información” debe ser capaz de superar la celada metonímica de tomar la parte por el todo: la sociedad informacional incluye pero excede con creces la atención en una de sus manifestaciones, como puede ser el caso de la red Internet.
La complejidad del objeto de estudio (la sociedad informacional) impide que exista una metodología de abordaje consagrada como válida universalmente para proceder a un examen riguroso que se pretenda incuestionable. Por ello, además, a la hora de plantear temas vinculados con la “Sociedad de la Información” se dan cita actores tan heterogéneos como gobiernos de países centrales, gobiernos de países periféricos, empresas multinacionales de las industrias culturales, empresas multinacionales fabricantes de hardware y software, instituciones educativas, organismos técnicos de sectores económicos como el agro o la industria, centros de salud, organismos reguladores de transporte, investigadores, academias, organizaciones no gubernamentales, sociedades filantrópicas y clubes sociales, entre otros. Pues, en palabras de Vedel, la sociedad informacional...

... presenta de manera casi ideal las características que facilitan la inscripción de una cuestión en la agenda pública: la simplicidad (las autopistas de la información son asimilables a objetos familiares, como el teléfono, el fax, la televisión por cable, el teléfono inalámbrico); la proximidad con lo cotidiano del individuo (las autopistas de la información conciernen la manera de vivir, de trabajar, de divertirse); la generalidad (todo el mundo está relacionado al mismo tiempo: se trata de un proyecto “global”); el impacto (las autopistas de la información son presentadas como una revolución tecnológica al menos equivalente a la revolución industrial). Pero es sobre todo la ambigüedad misma del tema, y su capacidad de aportar a múltiples objetivos, que explica sin duda su éxito (Vedel, 1996: 15).


Más allá de esta ambigüedad convocada por el nombre, la “Sociedad de la Información” presenta elementos objetivos que permiten identificarla, tal como se deduce de las políticas desarrolladas por países de América, de Europa, de Asia y de Africa desde los años noventa, se asienta en las ideas fuerza de la liberalización, la desregulación y la competitividad internacional. Estas ideas fuerza han complementado la inversión de la lógica nacional-global para el diseño de las políticas económicas, como se advierte en la agenda de la Organización Mundial del Comercio: mientras que hasta los años ochenta el factor interno era decisivo para la adopción de medidas políticas y reglamentarias, en los últimos veinte años del Siglo XX la lógica se ha invertido.
Hay autores que se resisten a reconocer este cambio, argumentando la falta de consistencia del fenómeno de la globalización que, en cualquier caso, es una tendencia cardinal inherente a la formación capitalista. No obstante, “el reconocimiento de las antiguas raíces de la globalización capitalista (...) no implica desconocer la existencia de nuevos desarrollos que le han dado a la fase actual un dinamismo extraordinario” (Borón, 1999: 140). Estos desarrollos novedosos son, por un lado, la mundialización de los flujos financieros en una escala de crecimiento muy superior al del producto y comercio mundiales e interregionales (nota 1); por otra parte, es novedosa la extensión de la cobertura geográfica sin precedentes que ha logrado el mundo capitalista conforme se asienta el modo de desarrollo informacional; por último, es novedosa también la homogeneización de los productos info-comunicacionales en el marco de un modelo de consumo por nichos de acceso y pago. La convergencia de esos productos y el entramado de concentraciones e integraciones verticales que afectan y contraen la propiedad de los procesos de información y comunicación en todo el mundo ameritan, en virtud de su crecimiento en escala, igual consideración analítica.
Pero aún con esos caracteres comunes, el proyecto de la “Sociedad de la Información” impacta de modo muy dispar en sociedades que son divergentes.
Majó i Cruzate observa que "es casi seguro que coexistirán diferentes modelos de sociedad de la información como se encuentran diferentes modelos de sociedad industrial" ya que "las sociedades industriales actuales difieren por ejemplo en la importancia que asignan a evitar la exclusión social, en la preocupación por el impacto ambiental de la actividad económica o la forma en que hacen compatibles las iniciativas individuales con los intereses colectivos" (2000: 312). En efecto, si hay una diferencia entre el carácter novedoso dentro del continuum del desarrollo capitalista, entre la morfología que va adquiriendo la Sociedad de la Información en Europa y en América Latina, por ejemplo, es que las políticas europeas tienen como preocupación básica la garantía de la cohesión socioeconómica, mientras que en la América Latina posdictatorial la fractura social y económica es un fenómeno estructural que no ha hecho más
que agudizarse en los últimos años del Siglo XX. Esta tendencia no ha sido, hasta el presente, modificada por el advenimiento de la sociedad
informacional sino que, precisamente, la creciente importancia de la información como insumo y proceso productivo en la configuración estructural de la sociedad acompaña, muchas veces profundizándolas, las líneas señaladas.
El racconto que la Comisión Europea realiza sobre las transformaciones producidas a finales del siglo XX y nombradas como Sociedad de la Información se precisa en el Libro Verde Vivir y trabajar en la sociedad de la información: prioridad para las personas, que señala:


En los últimos veinte años venimos presenciando una revolución en las tecnologías de la comunicación y de la información cuyo alcance es mucho mayor de lo que la mayoría de nosotros pudimos haber imaginado. Uno de los principales efectos de estas nuevas tecnologías ha sido la reducción drástica del coste y del tiempo necesario para almacenar, procesar y transmitir la información. Estos impresionantes cambios en las relaciones de precios afectan de manera fundamental al modo en que organizamos la producción y distribución de bienes y servicios y, por ende, al propio trabajo. Esta evolución está transformando el trabajo, las estructuras de cualificaciones y la organización de las empresas, lo que introduce un cambio fundamental en el mercado de trabajo y en la sociedad en su conjunto
(CE, 1996: 9).


Esta caracterización de la Comisión Europea puede ser compartida incluso desde una perspectiva analítica crítica sobre los verdaderos efectos de la aplicación de las tecnologías de la info-comunicación en la organización y el procesamiento productivos. Pero parece, en cambio, incuestionable su impacto sobre la sociedad en su conjunto. Para el gobierno norteamericano, artífice de la idea de las autopistas globales de la información, las tecnologías producen una suerte de efecto derrame sobre el conjunto de las actividades económicas y, por ende, sobre los modos que la sociedad se da para organizarse, producir y reproducir(se). De hecho, la vigorización de la construcción de la agenda de la “Sociedad de la Información” se produjo luego de la adopción de la High-Performance Computing Act por parte del gobierno de los Estados Unidos en 1991, cuyos esfuerzos en la materia desde entonces estuvieron centrados en la promoción de las autopistas de la información, en el marco de la Global Information Infrastructure (GII) lanzada por el entonces vicepresidente demócrata Albert Gore en Buenos Aires en 1994, en la reunión de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). La propuesta de Gore se puede resumir en cinco puntos (Raboy, 1997):
- fomento de la inversión privada;
- incremento de la competencia;
- desarrollo de una reglamentación flexible;
- propensión a un acceso abierto; y
- gestión mediante el principio de servicio universal.

La coincidencia entre los objetivos declarados por la CE y por la administración gubernamental estadounidense es significativa aunque las denominaciones de los proyectos (Global Information Infrastructure por el lado norteamericano; Sociedad de la Información por el europeo) pueda suscitar contrapuntos. En realidad la Comisión Europea, que ya antes de la década de los noventa había esbozado planes de liberalización de las actividades informacionales como las telecomunicaciones, rebautizó las autopistas estadounidenses como “Sociedad de la Información” con la evidente voluntad de dotar de un contenido más social a los cambios vinculados a la difusión y transformación convergente de las actividades infocomunicacionales.
Vista como producción histórica, la “Sociedad de la Información” trata efectivamente de transformaciones socioeconómicas fundamentales en la estructuración de las sociedades en los países centrales. La estructura económica es transformada y con ella el conjunto de relaciones sociales. En estas transformaciones, las tecnologías infocomunicacionales, notablemente las engendradas en torno a la microinformática y las telecomunicaciones, desempeñan un rol protagónico en el desarrollo de las fuerzas productivas. El salto tecnológico que permite reducir toda información a un código binario, y que alienta la hipótesis de que en los últimos treinta años se está produciendo una revolución informacional, se sustenta a la vez en el proyecto de la convergencia de soportes, lógicas industriales, culturas organizacionales, mercados y reglamentaciones de las principales industrias relacionadas con la producción, tratamiento, procesamiento, almacenamiento y distribución de información. La convergencia (nota 2) es uno de los principales conceptos que merecen elucidarse por tratarse de una suma de procesos que afectan la médula de la sociedad informacional.


1. Como indicador de la afirmación, Borón subraya que “si en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial el volumen de las transacciones financieras internacionales representaba unas cinco veces el tamaño del comercio mundial, en la actualidad la proporción estimada es de aproximadamente quinientos a uno” (Borón, 1999: 141).
2. Ver Comisión Europea (1997).

III. Línias y análisis sobre la sociedad informacional

Al examinar la literatura, los estudios y análisis realizados sobre los temas que son evocados por el proyecto de la Sociedad de la Información, centralmente los referidos a las políticas de comunicación en un contexto de acelerada transformación de los procesos productivos en información y comunicación, merced al salto tecnológico convergente en el sector, sobresalen cinco grandes
líneas de reflexión. Esta clasificación reclama la aclaración sobre la
heterogeneidad de métodos, de consistencia de los estudios y de resultados, entre las diferentes “líneas”, e incluso entre algunos de los principales exponentes de alguna de ellas entre sí. El agrupamiento en estas cinco “líneas” puede entonces ser observado por la disparidad entre ellas pero también porque las difusas fronteras entre algunas impide ser concluyentes a la hora de ordenar a algunos investigadores en una de las “líneas” y no en otra. Esta situación no es sólo fruto de la actualidad de los procesos sociales que se estudian, que por lo tanto inspiran una diversidad de análisis en continua evolución. También debería recordarse la prudencia metodológica recomendada por Michel Foucault, al introducir su clásico Las palabras y las cosas, al citar a Jorge Luis Borges para manifestar la arbitrariedad inherente a toda clasificación. En el ejercicio opinable de la clasificación, entonces, se pueden consignar las siguientes “líneas” de pensamiento acerca de la sociedad informacional (nota 3):


3. Es preciso aclarar que en el punteo que se presenta se procuró mencionar los principales autores de distintas líneas de pensamiento relacionadas con la sociedad informacional. En el esfuerzo analítico por reseñar los caracteres de cada una de estas “líneas” de reflexión se resigna la intención de abarcar a todos y cada uno de los autores que podrían adscribir a ellas.

 III.a. Los "postindustrialistas"

En un principio, cronológicamente, se sitúa la corriente que desde los años cincuenta y, con mayor sistematicidad, entre los sesenta y setenta, se abocó a la investigación de la estructura económica cambiante de los países centrales,cuya fuente de riqueza y de ocupación laboral provenía cada vez en menor medida de la industria y en mayor importancia, del sector servicios, del cual el conocimiento y la información se transformaron en insumos y productos estructurantes. Daniel Bell (1964, 1976, 1977, 1981), Alain Touraine (1971, 1993), Zbigniew Brzezinski (1979), Marc Porat, Alvin Toffler (1967, 1980) y Fritz Machlup (1984), son algunos de los principales referentes intelectuales de esta tendencia. Aun cuando sus tradiciones intelectuales y sus conclusiones hayan sido diferentes, fueron pioneros en la caracterización del fin del capitalismo en su modo de desarrollo industrial tal como se había consolidado, en los países centrales, entre 1945 y 1973. Otro común denominador de los autores mencionados es su convicción acerca de la centralidad de la información en el replanteo (cuyos contornos no siempre se precisan) del capitalismo en los países industriales más avanzados del globo. Una frase de Gaëtan Tremblay es pertinente para ilustrar los límites de esta primera corriente “postindustrialista” e introducir la siguiente, caracterizada por el liderazgo que el Estado, el sector público, viene sosteniendo en la problematización de la sociedad informacional: “la cuestión –sostiene Tremblay (2003: 17)- ya no es saber si cambian nuestras sociedades. Esto es evidente. El desafío consiste en comprender la dinámica, dirección y amplitud del cambio”. Ese parece el objetivo de la segunda “línea” de reflexión.

III.b. El "estado" en la cuestión

Las mutaciones socioeconómicas articuladas con la(s) progresiva(s) crisis del modelo del Estado de Bienestar consagrado durante la Guerra Fría, que fueron contemporáneas con el nacimiento y consolidación industrial de la microinformática, motivó a gobiernos de países industrializados a encargar estudios prospectivos sobre el carácter del cambio que se evidenciaba en la estructura de las sociedades desarrolladas. Así, el ex presidente francés Valery Giscard d´Estaing encomendó en 1976 una “misión de exploración” sobre los alcances de la informatización de la sociedad y de la progresiva imbricación de las industrias informática y de telecomunicaciones, dando lugar a un nuevo término, telemática. Al cabo de dos años el documento La informatización de la sociedad cuyos autores, Simon Nora y Alain Minc (1980), advertía acerca del carácter central que el complejo de la microinformática adquiría en esos años en las naciones avanzadas. Desde finales de los ochenta y muy especialmente durante la primera mitad de los noventa existió una notable proliferación de documentos encargados por las instancias gubernamentales de los Estados Unidos y de Europa. El sentido de estos documentos, sin embargo, acotan la atención (son menos “holísticos” que el Nora Minc) pero a la vez replantean, en muchos casos en sentido inverso, algunas de las finalidades que el gobierno francés perseguía en la segunda mitad de los años setenta. La vía estatal de producción acerca de la sociedad informacional está guiada por tres ideas fuerza: liberalización, desregulación, competencia global (nota 4). Durante la última década del Siglo XX el optimismo y las grandes expectativas inspiraron algunos de los principales documentos gubernamentales sobre la SI, como es el caso del paradigmático Informe Bangemann de la Comisión Europea, pero la burbuja de la nueva economía comenzó a desinflarse en las vísperas del cambio de siglo y en la actualidad las expectativas están siendo revisadas con un matiz más realista. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), por ejemplo, advierte que “las ventajas económicas de las TICs no han desaparecido con la desaceleración y con la depresión registradas en partes del sector productor de TICs” (OCDE, 2003: 5). En el mismo informe de la OCDE se reafirma el sesgo liberalizador y privatista que orienta en general la formulación de programas y proyectos sobre la sociedad de la información, pero sin embargo, y paradójicamente, se enfatiza que deben ser los gobiernos los actores centrales para proceder a la realización de la apertura libremercadista: “en vistas de la diseminación en curso de las TICs y de su importancia continua para el crecimiento, los hacedores de política deben fomentar un ambiente que ayude a las empresas a aprovechar las ventajas de TICs. Todos los gobiernos de la OCDE pueden hacer algo más para apoyar la difusión de estas tecnologías.” (OCDE, 2003: 7). La producción gubernamental es un dato significativo a la hora de plantear un estado de la cuestión sobre la sociedad informacional, toda vez que el compromiso de los diferentes Estados (primero los desarrollados desde los años ochenta, y a partir de la segunda mitad de los noventa también los de países periféricos) con la puesta en agenda de la Sociedad de la Información alentó no sólo acciones concretas sino también debates y reflexiones.


4. Según Mattelart, “el proceso de desregulación y el proceso privatizador que se produjeron en cascada durante los años ochenta señalan el comienzo de un acercamiento entre dos imaginarios: la “era de la información” y la “era global”. Los años 1984-1985 representan el punto de inflexión. La ocasión estelar la brinda la desregulación de las finanzas mundiales, ya que las sedes de los centros financieros, separadas en el pasado, se integran en un mercado global plenamente fluido merced a la interconexión generalizada en tiempo real” (Mattelart, 2002a: 70).


III.c. Los “gurús”

Como se señaló en el punto anterior, la creciente participación de los gobiernos de los países centrales en la definición de escenarios y en la búsqueda de un mejor posicionamiento es uno de los aspectos novedosos de la producción teórica. Este protagonismo ejercido desde los estamentos oficiales coincidió también con una marcada orientación tecnofílica de numerosos autores convertidos en auténticos gurús de la era informacional. El tercer grupo puede entonces estar configurado por autores apegados a la racionalidad técnica, en el
sentido que ellos, como sostiene Wolton, razonan a partir de los cambios tecnológicos y su efecto sobre una masa presuntamente neutra e indiferenciada, que sería la sociedad. Mattelart sostiene que “líderes en ventas como El mundo digital, de N. Negroponte, profesor del MIT, o Camino al futuro, del propietario de Microsoft Bill Gates, son representantivos de esta logística llamada a refrendar la promesa de triunfo del “capitalismo libre de fricciones” (Mattelart, 2002a: 71).
Por otro lado, y aunque seguramente los autores de una y otra perspectiva no se sentirían a gusto en el mismo conjunto, el proceso de construcción de la sociedad informacional y la difusión cada vez más amplia de las tecnologías info-comunicacionales, ha inspirado una línea de esta misma corriente cuya herramienta de trabajo es el ensayo de índole prospectivo, pero no necesariamente sistemático en su metodología de abordaje y análisis (como sí lo fue la corriente “postindustrialista”, mencionada primero).

III.d. Política y comunicación

Una cuarta corriente de pensamiento sobre la sociedad informacional, cuya producción ha crecido en los últimos años, está referida al análisis de las políticas de comunicación y de los actores que las ejecutan. El razonamiento que guía a los autores que la conforman es la concepción de la comunicación como un fenómeno medular de la convivencia social. No hay teoría política sobre la sociedad, en este sentido, sin una teoría de la comunicación que produce y reproduce esa sociedad. La dimensión eminentemente política de la comunicación y la dimensión eminentemente comunicacional de lo político fue abordada originalmente por autores como Walter Benjamin o Roland Barthes, si bien con escritos de índole ensayística. En las últimas dos décadas esa tradición se enriqueció con nuevos y numerosos autores, quienes además fueron definiendo ejes metodológicos, además de conceptuales, sobre la matríz política
de la circulación de información y comunicación en la sociedad. Algunos de estos autores son Régis Debray (1983, 1995, 2001), Mauro Wolf (1991, 1994), Dominique Wolton (1992, 1997, 2000; Ferry y Wolton, 1992), Enrique Bustamante (1982, 1997a, 1997b, 1999, 2000, 2002), Thierry Vedel (1996), Miquel de Moragas (1985, 1995, 2000), Giuseppe Richeri (1984, 1996), Tomás Maldonado (1998), Phiplippe Quéau (2002) y Daya Thusu (1998, Boyd-Barret y Thusu, 1992). Es en esta corriente que debe ubicarse al prolífico y, en muchos temas, innovador pensamiento y producción latinoamericanos. Así, académicos, investigadores y gestores de la talla de Antonio Pasquali (1978, 1990), Luis Ramiro Beltrán (1980), Valerio Fuenzalida (1986, 2002), Ana María Fadul (1986, 1996), Héctor Schmucler (1981, Mattelart y Schmucler, 1983), Aníbal Ford (1999, Becerra, 2003b), Mario Kaplún (1987, 1998) y por supuesto, en las últimas dos décadas Jesús Martín Barbero (1987 y 1999) y Néstor García Canclini (1989, 1990, 1995, 1998, 1999a y 1999b), aunque por la particular relectura de estos dos últimos respecto de los procesos de construcción de hegemonía, algunos de los primeros suelen criticarlos por su presunto hincapié en el “consenso” más que en la “coerción” ejercida en dichos procesos de construcción hegemónica.
Buena parte de las reflexiones y análisis de esta corriente, integrada en rigor por una cantidad de investigadores que difícilmente puedan ser enumerados en este trabajo, ha focalizado como objeto de estudio a las políticas públicas. Una de las principales razones de esta coincidencia radica en que durante casi todo el Siglo XX se entendió que las políticas de comunicación (incluso antes de la formalización conceptual de estas políticas) eran políticas públicas. Por tanto, estas políticas expresaban las condiciones en las que cada Estado se vinculaba con la sociedad en la que estaba inmerso, a la hora de ordenar, definir modalidades de gestión (que en la mayoría de los países significó gestionar, con un modelo de mercado monopólico con el Estado como único operador de bienes y servicios info-comunicacionales de telecomunicaciones y de audiovisual), regular, proyectar.
En consecuencia, los estudios de las políticas de comunicación tuvieron un desarrollo contemporáneo fuertemente ligadas a los modelos de Estado y a las agendas que estos construyeron. Con el proyecto de la Sociedad Informacional asumido orgánicamente por algunos de los principales Estados (y entidades supra-estatales) del planeta, ocurre algo análogo: el foco de atención lo constituyen los programas y proyectos que, mencionados en el punto “III.C.”, son asumidos por gobiernos y organizaciones gubernamentales con el objetivo de impulsar políticas de aliento a la construcción de sociedades informacionales.
El concepto de “servicio público” (nota 5) que guió el desarrollo de los productos audiovisuales y el de “servicio universal” que acompañó a las telecomunicaciones son replanteados en el marco de la desregulación y liberalización de las actividades de información y comunicación, por lo que el acceso y la apropiación de bienes y servicios de info-comunicación tienden a convertirse en ejes cardinales de preocupación de la mayoría de los autores mencionados en esta línea de pensamiento sobre políticas de comunicación.


5. “El servicio público está asociado a las actividades audiovisuales, mientras que el servicio universal está vinculado a las telecomunicaciones. En ambos casos, está implicada la noción de acceso: en audiovisual el servicio público conlleva la satisfacción a la recepción de frecuencias y en telecomunicaciones, el servicio universal debe garantizar el acceso a la red” (Becerra, 2003a: 116). En América las telecomunicaciones se guiaron según el principio del servicio universal (garantizar la cobertura a los ciudadanos independientemente de su lugar de residencia y de su situación económica), aunque el audiovisual se guió por el principio de “interés público”, con lo que el Estado no garantizaba el mismo precepto que en telecomunicaciones. En Europa desde la segunda posguerra y hasta los años noventa del Siglo XX, tanto las telecomunicaciones (servicio universal) como el audiovisual (servicio público) fueron gestionadas por el Estado con el principio de garantizar el acceso. Estos servicios eran ""propios o impropios, fuera por el desinterés del capital o por las grandes inversiones o por las grandes inversiones que implicaban (sistemas televisivos) o por las funciones de los Estados"" (Zallo, 1988: 8).

III.e. La "investigación crítica”

Contemporáneo a la consagración del proyecto de sociedad informacional por parte de los principales entes gubernamentales en los años noventa se advierte, asimismo, un incremento de la producción en investigación crítica a partir de la perspectiva de la economía política en la comunicación, como conjetura conceptual válida de abordaje de las transformaciones en curso. Esta corriente comparte planteos y autores con la reseñada anteriormente, pero enfatiza la centralidad económica de los procesos y actividades culturales, comunicacionales e informacionales. Referentes como Herbert Schiller (1971, 1974, 1976, 1986, 1993, 1996), Armand Mattelart (1982, 1983, 1993, 1998, 2002a, 2002b), Vincent Mosco (1988, 1994, 1996), Nicholas Garnham (1990a, 1990b, 1996), Peter Golding (1998), Bernard Miège (1986, 1987, 1989, 1992, 1997, Huet, 1978 y Becerra 1998a y 2002), Gaetan Tremblay (2003, 1996, Lacroix y Tremblay, 1995), Patrice Flichy (1982, 1993, 1995), Jean-Claude Burgelman (1994, 1996, 1997; Arlandis y Burgelman, 1999, Punie, Burgelman y Bogdanowicz, 2002), Ramón Zallo (1988, 1992, 1995, 2000), Juan Carlos Miguel de Bustos (1993, 1996), César Bolaño (2000, Mastrini y Bolaño, 1999), Heriberto Muraro (1987), Claudio
Katz (1997, 1998, 2001), Guillermo Sunkel (1999, 2001), Frank Webster y Kevin Robins (Webster y Robins 1986, 1995, 2000, Robins y Webster, 1987) , Robert McChesney (1993, 1998a, 1998b, 2002) o Manuel Castells (1994, 1995, 1997, 1998, 2001) ponen el acento en el cambio de modo de desarrollo, que algunos de ellos nombran como modo de acción, proceso que independientemente de los términos, es protagonizado por las actividades info-comunicacionales. El influjo directo de estas actividades en el conjunto de los procesos productivos (sean o no comunicacionales) es el disparador del interés de muchos de los autores mencionados por el proyecto de la “Sociedad de la Información”.
La transformación de los procesos y circuitos productivos, las rutinas laborales afectadas por la diseminación urbi et orbe de las tecnologías que permiten procesar y comunicar volúmenes de información inimaginados hace sólo cuarenta años, es entonces uno de los principales temas que ocupa al pensamiento sobre la economía de la info-comunicación. La naturaleza intangible de muchos de los intercambios económicos (básicamente los financieros) que afectan la estructura productiva y la performance de países y regiones enteras del planeta se retroalimenta con las tendencias globalizadoras del capital que también atienden, como objeto crítico de análisis, algunos de los autores de esta línea de aproximación a la economía política de la comunicación.
Los cambios que se consolidan en las diferentes industrias de la información y la comunicación en las últimas décadas contribuyen a fomentar la asociación entre comunicación y aspectos económicos en una escala nunca antes registrada. De hecho, si por ejemplo en Europa y América Latina los primeros años ochenta incluían en la agenda del debate comunicacional varias manifestaciones no económicas (al menos no centralmente definidas por el intercambio económico) en el campo designado como “comunicación social”, hoy esas manifestaciones van quedando reducidas a espacios cada vez más alternativos.
La doble faceta de la comunicación, que como recurso es infinito pero que sin embargo responde crecientemente a una lógica de intervenciones económicas, lógica que paradójicamente suele expandirse bajo la coartada de los bienes escasos, se perfila como un instrumento ideal para abordar el análisis de la sociedad de la información. Más aún cuando “el carácter mercantil que adquiere el uso de los recursos informacionales implica su sometimiento inevitable a las leyes que gobiernan la producción y realización general de mercancías” (Torres López y Zallo, 1991: 64).

IV. En resumen

En las páginas precedentes se ha intentado fundamentar los motivos y enunciar las dificultades inherentes a la ineludible tarea, desde los estudios de la comunicación, de describir e intentar comprender los cambios actuales, determinantes de (y determinados por) la extensión de los flujos de infocomunicación mayoritariamente guiados por una lógica comercial, concentrada, convergente y centralizada.
Los movimientos de los flujos infocomunicacionales, posibilitados gracias al salto tecnológico convergente experimentado por las actividades de telecomunicaciones, informática y audiovisual desde los años setenta, han alentado la progresiva configuración de un proyecto, inacabado, que es llamado “Sociedad de la Información”. La heterogeneidad de actores, propósitos, acciones, desarrollos y consecuencias sociales, culturales, políticas y económicas, en el marco de la sociedad informacional, son síntoma de su carácter procesual y de su neta actualidad en las distintas latitudes del
mundo.
A pesar de las dificultades que entraña la reflexión sobre lo complejo, se han reseñado algunas de las más importantes líneas de trabajo que aportan significados a esa complejidad. Esas líneas, referidas a los principales procesos que son aludidos con la “Sociedad de la Información”, aspiran a completar un mosaico analítico consistente que permita elucidar hechos y anticipar prognosis acerca de las tendencias de desarrollo próximo de dichos procesos. La importancia de esa tarea en el campo de las ciencias sociales y humanas es clave, toda vez que se trata del desafío de comprender críticamente los cambios sociales contemporáneos en relación directa con la diseminación de
los recursos de información y comunicación. Recursos y flujos multiplicados, concentrados, interconectados y ubicuos como nunca antes en la historia del hombre.



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Martín Becerra 

M. Becerra


Profesor de la Universidad Nacional de Quilmes (Argentina) 
y catedrático Unesco de Comunicación InCom-UAB 2005.


"Internet es un instrumento de libertad y de autonomía..." 
MILAGROS PÉREZ OLIVA

Si alguien ha estudiado las interioridades de la sociedad de la información es el sociólogo Manuel Castells (Hellín, 1942). Su trilogía La era de la información: economía, sociedad y cultura ha sido traducida a 23 idiomas. Es uno de los primeros cerebros rescatados: volvió a España, a dirigir la investigación de la Universitat Oberta de Catalunya, en 2001, después de haber investigado e impartido clases durante 24 años en la Universidad de California, en Berkeley. Una de sus investigaciones más reciente es el Proyecto Internet Cataluña, en el que durante seis años ha analizado, mediante 15.000 entrevistas personales y 40.000 a través de la Red, los cambios que Internet introduce en la cultura y la organización social, y acaba de publicar, con Marina Subirats, Mujeres y hombres, ¿un amor imposible? (Alianza Editorial), donde aborda las consecuencias de estos cambios.

Internet amplifica la más vieja brecha social de la historia, que es el nivel de educación

Pregunta. Esta investigación muestra que Internet no favorece el aislamiento, como muchos creen, sino que las personas que más chatean son las más sociables.

Respuesta. Sí. Para nosotros no es ninguna sorpresa. La sorpresa es que ese resultado haya sido una sorpresa. Hay por lo menos 15 estudios importantes en el mundo que dan ese mismo resultado.

P. ¿Por qué cree que la idea contraria se ha extendido con éxito?

R. Los medios de comunicación tienen mucho que ver. Todos sabemos que las malas noticias son más noticia. Usted utiliza Internet, y sus hijos, también; pero resulta más interesante creer que está lleno de terroristas, de pornografía... Pensar que es un factor de alienación resulta más interesante que decir: Internet es la extensión de su vida. Si usted es sociable, será más sociable; si no lo es, Internet le ayudará un poquito, pero no mucho. Los medios son en cierto modo la expresión de lo que piensa la sociedad: la cuestión es por qué la sociedad piensa eso.

P. ¿Por miedo a lo nuevo?

R. Exacto. Pero miedo, ¿de quién? De la vieja sociedad a la nueva, de los padres a sus hijos, de las personas que tienen el poder anclado en un mundo tecnológica, social y culturalmente antiguo, respecto de lo que se les viene encima, que no entienden ni controlan y que perciben como un peligro, y en el fondo lo es. Porque Internet es un instrumento de libertad y de autonomía, cuando el poder siempre ha estado basado en el control de las personas, mediante el de información y comunicación. Pero esto se acaba. Porque Internet no se puede controlar.

P. Vivimos en una sociedad en la que la gestión de la visibilidad en la esfera pública mediática, como la define John J. Thompson, se ha convertido en la principal preocupación de cualquier institución, empresa u organismo. Pero el control de la imagen pública requiere medios que sean controlables, y si Internet no lo es...

R. No lo es, y eso explica por qué los poderes tienen miedo de Internet. Yo he estado en no sé cuántas comisiones asesoras de gobiernos e instituciones internacionales en los últimos 15 años, y la primera pregunta que los gobiernos hacen siempre es: ¿cómo podemos controlar Internet? La respuesta es siempre la misma: no se puede. Puede haber vigilancia, pero no control.

P. Si Internet es tan determinante de la vida social y económica, ¿su acceso puede ser el principal factor de exclusión?

R. No, el más importante seguirá siendo el acceso al trabajo y a la carrera profesional, y antes el nivel educativo, porque, sin educación, la tecnología no sirve para nada. En España, la llamada brecha digital es por cuestión de edad. Los datos están muy claros: entre los mayores de 55 años, sólo el 9% son usuarios de Internet, pero entre los menores de 25 años, son el 90%.

P. ¿Es, pues, sólo una cuestión de tiempo?

R. Cuando mi generación haya desaparecido, no habrá brecha digital en el acceso. Ahora bien, en la sociedad de Internet, lo complicado no es saber navegar, sino saber dónde ir, dónde buscar lo que se quiere encontrar y qué hacer con lo que se encuentra. Y esto requiere educación. En realidad, Internet amplifica la más vieja brecha social de la historia, que es el nivel de educación. Que un 55% de los adultos no haya completado en España la educación secundaria, ésa es la verdadera brecha digital.

P. En esta sociedad que tiende a ser tan líquida, en expresión de Zygmunt Bauman, en que todo cambia constantemente, y que cada vez está más globalizada, ¿puede aumentar la sensación de inseguridad, de que el mundo se mueve bajo nuestros pies?

R. Hay una nueva sociedad que yo he intentado definir teóricamente con el concepto de sociedad-red, y que no está muy lejos de la que define Bauman. Yo creo que, más que líquida, es una sociedad en que todo está articulado de forma transversal y hay menos control de las instituciones tradicionales.

P. ¿En qué sentido?

R. Se extiende la idea de que las instituciones centrales de la sociedad, el Estado y la familia tradicional, ya no funcionan. Entonces se nos mueve todo el suelo a la vez. Primero, la gente piensa que sus gobiernos no la representan y no son fiables. Empezamos, pues, mal. Segundo, piensan que el mercado les va bien a los que ganan y mal a los que pierden. Como la mayoría pierde, hay una desconfianza hacia lo que la lógica pura y dura del mercado le pueda proporcionar a la gente. Tercero, estamos globalizados; esto quiere decir que nuestro dinero está en algún flujo global que no controlamos, que la población se ve sometida a unas presiones migratorias muy fuertes, de modo que cada vez es más difícil encerrar a la gente en una cultura o en unas fronteras nacionales.

P. ¿Qué papel desempeña Internet en este proceso?

R. Por un lado, al permitirnos acceder a toda la información, aumenta la incertidumbre, pero al mismo tiempo es un instrumento clave para la autonomía de las personas, y esto es algo que hemos demostrado por primera vez en nuestra investigación. Cuanto más autónoma es una persona, más utiliza Internet. En nuestro trabajo hemos definido seis dimensiones de autonomía, y hemos comprobado que cuando una persona tiene un fuerte proyecto de autonomía, en cualquiera de esas dimensiones, utiliza Internet con mucha más frecuencia e intensidad. Y el uso de Internet refuerza a la vez su autonomía. Pero, claro, cuanto más controla una persona su vida, menos se fía de las instituciones.

P. Y mayor puede ser su frustración por la distancia que hay entre las posibilidades teóricas de participación y las que ejercen en la práctica, que se limitan a votar cada cuatro años, ¿no cree?

R. Sí, hay un desfase enorme entre la capacidad tecnológica y la cultura política. Muchos municipios han puesto puntos Wi-Fi de acceso, pero si al mismo tiempo no son capaces de articular un sistema de participación, sirven para que la gente organice mejor sus propias redes, pero no para participar en la vida pública. El problema es que el sistema político no está abierto a la participación, al diálogo constante con los ciudadanos, a la cultura de la autonomía, y, por tanto, estas tecnologías lo que hacen es distanciar todavía más la política de la ciudadanía.

Diario El País
Manuel Castells, especialista en nuevas tecnologías de la información y la comunicación

  “Si hay tecnología informática generalizada y si hay Internet, la escuela no será igual”

Manuel Castells El renombrado sociólogo catalán Manuel Castells, especialista en nuevas tecnologías de la información y la comunicación, pasó por Buenos Aires, donde dictó un seminario invitado por Fundación Telefónica. En diálogo con EducaRed, pasó revista a sus actuales investigaciones y reflexionó acerca de la sociedad de la información y el impacto de la aplicación de las nuevas tecnologías en el sistema educativo.    



EducaRed: ¿Cuáles son las investigaciones que lo ocupan actualmente?

Manuel Castells: Estoy investigando dos cosas. La primera es la que hemos lanzado en este seminario de Buenos Aires: el papel de la comunicación móvil en el desarrollo económico y social de América Latina, una investigación que hacemos con el apoyo de Fundación Telefónica, desde la Universitat Oberta de Catalunya, y que involucra a una red de investigadores latinoamericanos. Esta es una línea de investigación que llevo desde hace tres años y que ahora pasa de la elaboración de datos secundarios a la generación de datos y de información específicamente para América Latina. Es un proyecto grande, con un gran equipo de investigación distribuido en el continente.

El segundo gran tema, que es mi tema personal en el que estoy trabajando con apoyo de estudiantes, es un tema que hace tiempo me preocupa y que será mi próximo libro, que es comunicación y poder. La idea es que el poder en las sociedades se juega sobre todo en el espacio de las comunicaciones. La construcción de categorías culturales, la autonomía cultural frente a los intentos de manipulación mediática… La política es la política mediática en todas las sociedades en este momento. Si bien esto ya es clásico, lo que quiero es documentarlo un poco más, analizar en detalle la “política del escándalo”. En ningún país la política se hace con batallas de ideas sino con dossier filtrados a la prensa y con escándalos. Lo que sí es nuevo es que toda esta relación entre comunicación y poder basada en el mundo de los medios de comunicación de masas se transforma por la aparición de Internet y la comunicación móvil. Y se transforma con las redes de comunicación horizontal y autónomas, que permiten que la gente se comunique entre sí y que puedan generar cortocircuitos en los grandes sistemas de comunicación. Y esto abre el juego completamente. En cierto sentido, es una forma de renacimiento, en un nuevo contexto histórico, de lo que fue la tradición anarquista. Y esto en un catalán resuena con fuerza. Es un cierto neo-anarquismo, interesante desde el punto de vista intelectual porque siempre había sido el marxismo el que ponía énfasis en el desarrollo de las fuerzas productivas y la socialización de la producción. Miren por dónde el desarrollo de las fuerzas productivas ha incrementado la capacidad de autonomía individual y, por tanto, la infraestructura material de ideologías libertarias y neo-anarquistas. Es una de las paradojas interesantes de la historia.

ER: Usted plantea cómo han cambiado las prácticas comunicativas a través de toda la red inalámbrica, tanto el wi-fi como los celulares. ¿Cuál sería esta potencia para nuestro país y Latinoamérica, por ejemplo en zonas rurales, dentro del sistema educativo? Hasta ahora, una de las condiciones materiales para que se pueda incluir tecnología en las escuelas es la banda ancha. ¿Cómo ve ahora esta potencia de la red inalámbrica para zonas donde también esto es dificultoso?

MC: Claro, porque extender la red sobre la base de una línea de teléfono fijo es extremadamente caro. Entonces el gobierno tiene que gastarse un altísimo presupuesto en subsidios. Y desde el punto de vista de las operadoras, es muy difícil llegar al último pueblo. Bueno, ya sabemos que la población en América del Sur en general y en la Argentina en particular es predominantemente urbana. En la Argentina sólo queda entre 12 y 15 por ciento de población rural, pero esto no implica que se la abandone a la prehistoria. En las zonas de población rural, y también en algunas zonas en que el servicio de telefonía fija es todavía muy débil, la posibilidad de un desarrollo de comunicación inalámbrica, con banda ancha, es lo importante. Y con acceso a Internet, como mínimo y para empezar, pero por telefonía móvil. Y luego la red del wi-fi puede permitir la relación sin cable de escuelas enteras y del pueblo entero. Hay toda clase de experimentos de comunidades rurales que se montan sus wi-fi, tranquilamente, con un trozo de metal; se “cuelgan” de cualquier red o circuito que pase por ahí.

Hay una cosa que está ocurriendo en el mundo, de la que nos estamos danto cuenta ahora, y es la enorme demanda de comunicación que tiene la gente. Es cierto que los pobres pagan más por su comunicación, y por lo tanto se comunican menos, pero no se quieren privar de la posibilidad de comunicación. Será con la tarjeta prepago, será con el sistema de llamar para que devuelvan la llamada; toda clase de estrategias para ahorrar dinero sin renunciar a la comunicación. Y las encuestas muestran que, en términos de equipamiento del hogar, la primera demanda sigue siendo la televisión –el bien más valorado–, pero la segunda es el móvil, porque el móvil es el acceso a la comunicación, y la comunicación es la que permite el lanzamiento individual, de pequeña empresa, educativo, etcétera. Entonces, en el ámbito educativo, esto es absolutamente fundamental porque sólo a través de este tipo de comunicación se podrá llegar a extender la red de Internet en la cual está la información y el conocimiento.

En términos de la utilización de Internet en el sistema educativo en países como Argentina el tema más importante, en mi opinión, es el de la formación de los maestros. Pero no la formación de los maestros en Internet sino a través de Internet. Y formar a los maestros no es solo poner tecnología en las aulas. Hace falta, sí, pero si pones tecnología en las aulas y los maestros no saben utilizarla, los niños los “cortocircuitan”. Porque los niños conocen Internet, no hace falta que les enseñes nada, pero también necesitan cierto encuadramiento y orientación. El maestro, y esto no ha cambiado, sigue siendo el centro del sistema educativo. Lo que ocurre es que, en un mundo de cambio permanente, si el maestro no está constantemente reciclado, le resulta imposible satisfacer la demanda. Con lo cual, la reforma educativa fundamental es: primero, mejores condiciones de trabajo y de salario para los maestros. Segundo: cursos de reciclaje mientras están trabajando.

ER: Venimos leyendo “el espacio es flujos”, “el tiempo atemporal”, todas esa nuevas formas en que los lazos sociales se establecen. Estamos en una escuela creada en el siglo XVIII para regular los tiempos, para regular los espacios. Ahí también hay una especie de desafío enorme para la institución escolar.

MC: Depende de los niveles educativos y de formación. A nivel de primaria y secundaria, en temas estrictamente de transmisión de información se puede poner a los niños en Internet. Lo que es un artilugio totalmente anticuado es el libro de texto. Los libros de texto deberían desaparecer. Me refiero al manual que el maestro se lee antes de dar la clase. Ese es un elemento de retraso cultural; lo que pasa es que hay una industria montada en torno a los manuales escolares mucho más importante que otras industrias, además de los intereses políticos que tienen que ver con los contenidos.

Internet haría posible una educación sin maestros, una escuela virtual. Ahora bien, lo que ocurre es que pedagógicamente todos sabemos que no es posible, porque la escuela no es sólo transmisión de información sino formación de la personalidad y desarrollo de la persona. Y en eso la escuela de la sociedad industrial fue un gran invento, porque permitió socializar a los niños fuera de la familia. Por tanto, hay que mantener la escuela como espacio, pero una escuela en que lo esencial sea la relación psicopedagógica para la formación de personalidad, y el acompañamiento por parte del maestro en la elaboración de la información que se puede encontrar en Internet, con lo cual el maestro debe saber qué buscar en Internet y qué hacer con lo que encuentra. De modo que volvemos al tema de la formación de los maestros.

Ahora bien, eso cambia radicalmente en la formación de adultos, tengan o no tengan formación universitaria previa. Ahí pongo como ejemplo mi experiencia concreta en la Universitat de Catalunya, considerada la universidad virtual más avanzada del mundo. Ahí hay 45 mil estudiantes en total, muchos de Latinoamérica. Más o menos la mitad ya tiene diploma universitario y un 80 por ciento trabaja tiempo completo y su única forma de seguir estudiando, progresando, es hacerlo virtualmente. Y la calidad de la formación que recibe es como mínimo igual, pero seguramente superior, a la formación presencial de universidades equivalentes. Entre otras cosas porque hay una atención mucho más personalizada, por un sistema de tutoría, etcétera. Ahora, cuidado, muchas de las universidades virtuales del mundo no son de gran calidad. Lo que se puede decir es que hay métodos de formación virtual profesional, universitaria y de posgrado de absoluta calidad. Pero hay dos cosas. Uno: es más cara, porque hay que invertir en profesores, educadores, tutores…  Y lo segundo es que esto vale para la gente ya formada a nivel de personalidad. En la UOC también hay espacios sociales de comunicación, no sólo espacios interactivos de enseñanza. Hay encuentros presenciales o fiestas, es decir se puede introducir una dimensión social y humana, pero no puede ser el espacio de socialización que necesita un niño de 12 años o un joven de 18 años que está en la universidad. La educación que puede salirse del espacio físico construido por el sistema tradicional puede revolucionarse a partir de una cierta edad. Y se debería revolucionar en gran parte y cada vez más. Incluso la universidad tradicional, la universidad presencial, por ejemplo las grandes universidades americanas, ya son universidades muy híbridas. Berkeley, MIT, Columbia... Son universidades híbridas. Yo tengo más interacción en California con mis estudiantes por e-mail o, con algunos grupos de trabajo, en el social text. Y esto pasa en universidades presenciales. Esto es lo que tenemos que empezar a desarrollar pero no con la mentalidad mesiánica de que todo va a lo virtual. Todavía utilizamos, sobre todo, texto. Hay que utilizar tecnología YouTube, tecnología Second Life. Yo veo a las universidades virtuales como un Second Life. La exploración metodológica y pedagógica de ese mundo virtual está empezando.

ER: Volviendo a su investigación relacionada con los teléfonos celulares, que para nosotros también es un interés importante. Hay mucho debate hoy en las escuelas medias. Como decíamos antes, regulan el tiempo y el espacio y también regulan el tiempo y el espacio de la movilidad de la comunicación. Hoy los profesores de colegios secundarios prohíben el uso de celulares en la escuela. Hay todo un tema de control y poder, de comunicación e información dentro de la escuela. Nosotros estamos empeñados en ver cómo estudiar eso y cómo generar otras propuestas en relación con los celulares en la escuela.

MC: En primer lugar, es una batalla perdida, así como es una batalla perdida intentar que la gente no baje música de Internet. Qué hacen los chiquitos cuando les dicen que no usen el celular? Obviamente se llevan el celular. Yo creo que ahí el tema es el contrario: hacer clases tan interesantes, y si es posible con Internet, como para que no se distraigan con el celular. Si la alternativa es sólo disciplina y represión… No funciona porque los niños y las niñas se hartan de la escuela. En España hay 30 % de abandono escolar y en California 32 %. También puede producir explosión de violencia. En un mundo en que los chicos y las chicas tienen más información y más capacidad de manejarse que sus padres y que sus maestros. Y que tiene saturación de imágenes, de publicidad y de sexualidad, desde los diez o los doce años. En un mundo en que ellos tienen el control de un montón de procesos, intentar ganar la batalla por disciplina tipo escuela de la Tercera República francesa es contraproducente.

ER: Hay ciertos discursos políticos que plantean para las políticas de Estado en materia educativa la inclusión de tecnologías en las escuelas cual talismanes que van a resolver todos los problemas. Frente a ese tipo de discursos, algunos académicos plantean que las tecnologías van a entrar en las escuelas pero las escuelas van a permanecer como tales, que no pasa por las tecnologías el cambio; ¿cuál es el lugar que usted les asigna a las nuevas tecnologías en la educación?

MC: Creo que hay experiencias interesantes en ese sentido. He hablado con la gente de Educ.ar, que está intentando hacer innovación tecnológica. A mí me parece bien introducir una computadora por niño en las escuelas. La idea en sí está bien, pero sabemos que junto a la computadora hay que hacer un cambio organizativo en la escuela y en la formación del maestro para saber qué se les explica a los niños desde esa computadora. La computadora es una condición necesaria pero no suficiente. Está bien la introducción de tecnología educativa en la escuela. Lo que yo haría es combinar más lo que es Internet. Creo que hay una tendencia a que sea un circuito cerrado y creo que es fundamental abrirlo a Internet.

ER: Y también que se den las condiciones de ubicuidad y saturación, que es parte esencial en el proyecto. Saturar todo un sector para que esa posibilidad de conexión sea real.

MC: Yo lo único que diría es que empiecen por alguna parte. Es un proceso complejo. Volviendo a esa idea de que la escuela sigue igual aunque haya tecnología… Bueno, si lo que hacen con la tecnología es encerrarla en un armario, sí, todo seguirá igual.  Pero si hay una tecnología informática generalizada y si hay Internet, la escuela no será igual. Se puede canalizar todo esto en un nuevo proyecto pedagógico, o que el proyecto pedagógico tradicional siga, resbale sobre la tecnología y los niños utilicen la tecnología para hacer otras cosas que no tienen nada que ver con la escuela. Lo que está claro es que cambio tecnológico, cambio organizativo, cambio en recursos humanos y cambio de relación entre maestros y estudiantes es parte del mismo sistema. Si una pata del sistema se rompe, lo demás no funciona.  

ER: ¿Qué aprendizajes podríamos tomar los países de Latinoamérica de ciertos casos, como el finlandés, que usted ha analizado?

MC: De los países occidentales, Finlandia siempre está en el top del ranking. Obviamente que tienen tecnología, computadoras e Internet en todas las escuelas, pero también lo tienen en otros sitios. El tema son los maestros. En Finlandia, los maestros tienen buenas condiciones de vida, buen sueldo y buena  formación. Y después, hay un trabajo específico de reciclaje constante. El maestro es una figura muy valorizada en la sociedad finlandesa, se los trata muy bien y, fundamentalmente, se los forma muy bien.

Manuel Castells nació en Barcelona en 1942. Exiliado bajo la dictadura de Franco, estudió sociología con Alain Touraine en París, y en 1966, a los 24 años, se convirtió en el profesor más joven de la Universidad de París.
Es docente en la Universidad de Berkeley, Estados Unidos, y de la Universitat Oberta de Catalunya. También ha enseñado en América Latina, Singapur, Japón, Taiwán y Corea. En todos los casos enfocó su atención sobre el desarrollo de las tecnologías de la información y su impacto sobre la sociedad. Fue a partir de los libros de Castells que apareció una visión comprensiva de los mecanismos de la economía de la información y sus consecuencias sociales en todo el mundo. Autor de numerosas investigaciones sobre el tema, su obra clave es una monumental trilogía publicada bajo el título general de “La era de la Información”.


Entrevista realizada por Marilina Lipsman y Lila Pinto.

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