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    viernes, 19 de agosto de 2016

    Robert Bolaño: un escritor de culto (Dossier)

    A CINCO AÑOS DE SU MUERTE

    2005
    Roberto Bolaño

    "Siempre con un comentario arremetedor contra sus compatriotas escritores, Bolaño nunca ocultó sus opiniones respecto a la obra de Isabel Allende, a quien no consideraba una escritora; lo mismo a la mexicana Ángeles Mastretta, el español Arturo Pérez Reverte o el chileno Antonio Skármeta. Contrario a ellos, veía en Borges y, principalmente, en Nicanor Parra figuras indiscutibles que habían influenciado e influenciaban su ejercicio literario."

    Culturacolectiva.com/roberto-bolano-un-salvaje-en-tierra-de-escribidores/


    Traducido al inglés y editado en España, es el ídolo de la joven generación literaria hispanoamericana. Este 15 de julio se cumplen 5 años de su desaparición física y, su recuerdo desafía su profecía contra la inmortalidad de los escritores. 






    Cuando murió en el Hospital Valle de Hebrón, en Barcelona, en la madrugada del 15 de julio de 2003, luego de varios días de agonía por un coma hepático, Roberto Bolaño ya era un narrador y poeta famoso. Un escritor "de culto" en el ambiente literario, bendecido por Mario Vargas Llosa y ninguneado por Carlos Fuentes. En 1998 y 1999 Bolaño había ganado dos prestigiosos premios literarios el Premio Herralde y el Premio Rómulo Gallegos por su novela Los detectives salvajes . Ahora, a cinco años de su muerte, el fenómeno Bolaño es evidente. Traducida al inglés, la novela Los detectives salvajes fue saludada por The New York Times como uno de los mejores libros del año 2007, la elogió Paul Auster y será adaptada al cine. El escritor Jorge Edwards le dedicó un ensayo, mientras abundan las tesis universitarias sobre la obra de Bolaño en Francia, España, Chile y México. Bolaño está hoy en los blogs literarios más leídos y es un ídolo para la joven generación de escritores hispanoamericanos, como Javier Cercas, Enrique Vila Matas, Juan Villoro, Carmen Boullosa, Alan Pauls y Rodrigo Fresán.

    Para el escritor peruano Iván Thays, en menos de diez años, Bolaño se ha convertido en un referente para todos los escritores de América latina . Esto obedece a distintos factores. Según el escritor argentino Andrés Neuman, además del inmenso talento literario de Bolaño, influye la falta de referentes literarios claros y unánimes en los últimos años . También, dice Neuman, la capacidad de Bolaño para poetizar como nadie la trayectoria de rebeldía, búsqueda y desilusión de los jóvenes latinoamericanos de los años 60 y 70 . A esto añade que la literatura latinoamericana, tal como se entendió desde el boom de los años 60, necesitaba un broche y a la vez un cambio de tema, funciones que Bolaño cumplió .

    Admirador de Borges, Cortázar y Di Benedetto, el chileno Bolaño se definía a sí mismo como un autor latinoamericano. Decía que su única patria eran sus dos hijos y tal vez en un segundo plano, algunos instantes, algunas calles, algunos rostros o escenas o libros que están dentro de mi . Su vida estuvo hecha de aventuras y riesgos. Desde 1978 y durante años, se ganó la vida en Cataluña donde ya vivía su madre como vigilante nocturno de un camping y cosechador de uvas, mientras ganaba pequeños concursos literarios en España y paseaba sus manuscritos por las editoriales de Barcelona, donde lo descubriría Jorge Herralde, el dueño de Anagrama. Mucho antes, en la vanguardia literaria mexicana que formó hacia 1974 junto a los poetas Mario Santiago y Bruno Montané el movimiento Infrarrealista él decía que el riesgo está siempre en otra parte. El verdadero poeta es el que siempre está abandonándose, nunca demasiado tiempo en un mismo lugar. Su escritura estaba asociada a lo experimental. Escribir maravillosamente bien no era para Bolaño el pasaporte seguro a una literatura de calidad. Se trataba de saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura es un oficio peligroso. En las palabras y en los hechos de Bolaño hay un jugarse el todo por el todo, un arriesgar todo por la literatura, dice Edmundo Paz Soldán, escritor boliviano y editor del libro Bolaño Salvaje.

    Era un autor que no ahorraba polémicas. Decía en voz alta que no soportaba la poesía de Octavio Paz, que leer a Antonio Skármeta le revolvía el estómago y que Isabel Allende no era una escritora. Sospecho que Bolaño tenía una máxima que nunca formuló explícitamente, pero que parecía cumplir con jocoso rigor: toda la complicidad para los jóvenes, ninguna piedad para los consagrados, recuerda Andrés Neuman, quien fue su amigo. Iván Thays anota que Bolaño huía de todo estrellato: sabía bien lo difícil que era el camino y aunque estaba orgulloso y consciente de la calidad de su propia obra, no estaba dispuesto a convertirse en una estrella distante. Lo cierto es que hoy su literatura brilla y cada día conmueve a más lectores.


    http://edant.revistaenie.clarin.com/notas/2008/07/15/01715608.html






    "Entre sus libros más destacados se encuentran Estrella distante, Putas Asesinas, Amuleto, Una novelita lumpen, Entre Paréntesis, Llamadas telefónicas y la novela que le entregaría el Premio Rómulo Gallegos en 1999: Los detectives salvajes, considerada una de las más brillantes novelas mexicanas, después de La región más transparente, de Carlos Fuentes, y uno de los 100 textos que hay que leer antes de morir; comparada con Rayuela, de Cortázar. "

    “Se acostaba tardísimo y siempre decía que él, antes de pensar, ya estaba escribiendo, que le pasaba un fenómeno muy raro porque el lápiz se le movía antes de que pudiera elaborar las frases; era bien extraño […]”

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     Algunas estatuas en edificios del Graben, en el centro de Viena, Austria


    Viena y la sombra de una mujer

    ROBERTO BOLAÑO
    25 AGO 2000
    No sé qué fue lo más importante de Viena: si Viena o Carmen Boullosa. Todo el mundo sabe que Viena es una ciudad muy hermosa, culta, la capital de un país que coquetea (y puede que el coqueteo haya llegado a la fase del manoseo) con el neofascismo. Pocos saben en España, sin embargo, quién es Carmen Boullosa.

    Las primeras noticias que tuve de ella hablaban de una mujer muy hermosa por la que los poetas líricos mexicanos perdían la cabeza. Carmen, que entonces todavía no escribía novelas, también era una poeta lírica mexicana. No supe qué pensar. Tantos poetas perdidamente enamorados de una poeta me parecía una exageración. Para colmo, todos aquellos que eran abandonados por Carmen (o por sí mismos) se hicieron amigos, o ya lo eran, y habían fundado de facto una tertulia o club que dedicaba un día a la semana o al mes a juntarse en bares del centro del DF o de Coyoacán para soltar pestes de la antes tan adorada.

    También me enteré, siempre por terceros, de que Carmen, en respuesta, había fundado un club o tertulia o comando de mujeres escritoras que, con idéntico sigilo, hacía lo mismo que su contrapartida masculina.

    Un día, en un libro de historia de la literatura mexicana contemporánea, vi una foto suya. Sin duda se trataba de una mujer muy hermosa, morena, alta, de ojos enormes y cabellera hasta la cintura. Me pareció muy atractiva, pero también pensé que debía de escribir como los muchos epígonos de un realismo mágico hecho para el consumo de zombis.

    Después leí algo suyo y mi opinión cambió: Boullosa no tenía nada que ver con los epígonos ni con los epígonos de los epígonos. Leí sólo unas páginas, pero me gustaron. Y así hasta que recibí una invitación para ir a Viena, en donde estaría en una misma lectura con ella.

    Una de las cosas buenas de ir a Viena es que uno puede viajar en un avión de Lauda Air, la línea aérea del mítico piloto de fórmula 1, en donde las azafatas van vestidas como si fueran mecánicos de un circuito de alta velocidad. La comida, por lo demás, es buena. Con suerte (o con mala suerte) puede que el avión lo conduzca el propio Nikki Lauda. Y al cabo de un rato, en menos de lo que se tarda en rezar tres padrenuestros, ya estás en Viena y en un taxi, y si tienes suerte puedes incluso alojarte en el hotel Graben, un establecimiento pequeño, en la Dorotheergasse, al lado de la catedral de San Esteban, es decir en pleno centro de la ciudad. Aunque lo más importante del hotel Graben no es su ubicación, sino que allí se alojaban Max Brod y Franz Kafka cuando iban a Viena.

    En el exterior del hotel hay una enorme placa de bronce que así lo afirma, pero yo llegué de noche y no vi la placa, por lo que cuando el recepcionista me dijo que me iba a dar la habitación de Brod o de Kafka (no estaba muy seguro de cuál), yo entendí que me recomendaba la lectura de ambos escritores praguenses, lo que me pareció, dada la coyuntura política del país, muy pertinente. Después, armándome de valor, le pregunté si había llegado la señora o señorita Boullosa, que el recepcionista pronunció Bolosa, y que me hizo pensar que aunque Carmen era mexicana y yo chileno, ambos compartíamos un mismo origen gallego. La respuesta me pareció decepcionante. Frau Bolosa no estaba en el hotel, ni tenía reserva ni nada se sabía de ella.

    Así que me fui a caminar por los alrededores, por la calle Graben (curioso: mi hotel se llamaba Graben pero no estaba en la calle Graben), por la plaza de la catedral, la Stephansdom, el Figarohaus, la Franziskanerkirche, la Shubertring y el Stadtpark, los lugares que mi amigo Mario Santiago había recorrido de noche y de forma clandestina, y luego volví al hotel y me acosté y pasé una noche extraña, como si efectivamente hubiera alguien más en el cuarto, Kafka o Brod o alguno de los miles de clientes que ha tenido el Graben y que han muerto.

    Por la mañana conocí a Leopold Federmair, un joven narrador austriaco, y con él seguí dando vueltas por la ciudad, recorriendo los cafés a los que iba Bernhard cuando estaba en Viena, un café que quedaba muy cerca de mi hotel, no recuerdo si en la Lobkowitzplatz o en la Augustinerstrasse, y luego en el café Hawelka, enfrente de mi hotel, en donde su propietaria, una ancianita salida de un cuento medieval, nos ofreció bollos gratis que luego nos cobró, y después seguimos caminando y visitando otros cafés, hasta que llegó la hora de mi lectura y del instante en que iba a conocer o no a Carmen Boullosa, que había desaparecido.

    Cuando llegamos a la sala, tarde, pues Federmair se perdió en dos ocasiones, ella ya estaba allí. No me costó nada reconocerla, aunque en persona es mucho más guapa que en las fotos. Parecía tímida. Es inteligente y simpática. Después de una fiesta en un restaurante en donde se conservaba, incrustada en una pared, una bala de cañón lanzada por los turcos, prueba palpable del humor entre ingenuo y malicioso de los vieneses, nos quedamos solos. Entonces me dijo que la catedral de San Esteban estaba secretamente dedicada al demonio y luego me contó su vida. Hablamos de Juan Pascoe, que fue su primer editor en México y también el mío, de Verónica Volkow, la bisnieta de Trotski, de Mario Santiago, que había estado algunas veces en su casa, de nuestros respectivos hijos.

    Tras dejarla en su hotel volví caminando al Graben y esa noche me visitó o soñé que me visitaba Kafka, o Brod, y los vi a ambos, uno en mi habitación y el otro en la habitación contigua, haciendo o deshaciendo maletas y silbando una melodía pegajosa que a la mañana siguiente yo también silbaba.

    Nuestra siguiente excursión fue al Danubio, al que llegamos en metro. Boullosa estaba aún más guapa que la noche anterior. Nos pusimos a caminar en dirección a Hungría y durante el trayecto vimos a un par de patinadores, a una mujer sentada que miraba el río, a una mujer de pie que lloraba silenciosamente y a unos patos rarísimos, unos negros y otros marrones claros, y cada pato negro se emparejaba con uno marrón claro, lo que llevó a Boullosa a pensar que los contrarios se atraen, a menos que los patos negros fueran los padres y los marrones claros las crías.

    Y luego todo discurrió de la mejor manera posible. Kafka y Brod se marcharon del hotel, Helmut Niederle, un vienés magnífico, me contó la historia del famoso zapatero de Viena que incluí en un libro, cenamos en la embajada mexicana, en donde la simpática embajadora, a instancias de Boullosa, supongo, me trató como si yo fuera mexicano, insulté sin querer a un nazi, no me atreví a entrar en la catedral de San Esteban, conocí a Labarca, un excelente novelista chileno, y a dos chicas latinoamericanas que cada año realizan un festival beatnik en Viena, y sobre todo paseé y conversé hasta la extenuación con Carmen Boullosa, la mejor escritora de México.

    Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953) es autor, entre otros títulos, de Los detectives salvajes y Amuleto, ambos en Anagrama.

    * Este articulo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de agosto de 2000,El País 

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    Roberto Bolaño, una contradicción 
    en carne viva

    El escritor y poeta chileno, Roberto Bolaño.




    Una decena de amigos y escritores recuerdan al autor 

    de '2666'

    ANA CABANILLAS Santander@anacabs

    23/07/2016 11:59

    Roberto Bolaño (1953-2003) colgó en su obra los desgarros de una vida poco dichosa. Su éxito llegó cuando él mismo comenzaba a desvanecerse: una contradicción más, como él mismo lo fue. El escritor y poeta chileno, hoy considerado una de las grandes voces de la literatura latinoamericana, obtuvo el reconocimiento poco antes de su muerte, con el Premio Herralde de novela (1998) y el galardón Rómulo Gallegos (1999).Un final de desaliento, un desenlace no del todo feliz, como el que en vida arrojó a su prosa. Esta semana, una docena de personalidades literarias le han rendido homenaje al mito en el encuentro Roberto Bolaño: Estrella distante, organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y la Fundación Chile España. A través de textos, correspondencias y la memoria de quienes le conocieron, reconstruyeron a un Bolaño de contrastes siempre fuera de lugar. Un escritor chileno que murió en Barcelona, pero que hasta en su patria se sintió extraño."Roberto estuvo siempre a la contra, pero no lo hacía de un modo gratuito", relata el poeta Bruno Montané, que mantuvo con él una estrecha amistad. "Él creía que la literatura era un campo de batalla como la vida misma. No un lugar de paz, como la muerte, sino de conflicto vital", resumió el coetáneo, que conoció a Bolaño en México, donde el autor de Estrella distante vivió durante ocho años hasta su traslado a Barcelona en 1977."Por entonces era un chico que se leía y escribía obras de teatro, ni siquiera escribía novela ni poesía", cuenta Montané, que también fue testigo de la "fogata" que Bolaño prendería más tarde para acabar con el rastro de su obra teatral: "Es muy malo, ni siquiera es representable", aseguró el autor en su día. "Fue una especie de ritual para marcar el fin de una cosa y el comienzo de otra", medita Montané.La dureza de este gesto acompañó a su obra y a su persona. "Era capaz de hacerte sentir como una pulga en mitad del mar; un mal humor que fue remitiendo de un modo sano y extraño", recuerda su amigo de juventud, en quien se inspiró Bolaño para el personaje de Felipe Müller en la novela Los Detectives Salvajes. También fue con Montané con quien fundó el movimiento infrarrealista en su etapa mexicana, una corriente que desafiaba los patrones literarios y políticos del momento y que reivindicaba la cotidianidad desde la vanguardia.El desafío al oficialismo se tradujo en su aversión a los críticos. "No le interesaba la interpretación especializada, lo que le gustaba era la literatura viva, el proceso de escribir", cuenta Wilfrido H. Corral, Profesor de Literatura Latinoamericana de la Universidad chilena de Playa Ancha. "Hay quienes le llaman 'autodidacta' para desautorizarlo, pero no se dan cuenta de que la formación no siempre tiene que ver con la escritura. Es subestimar su capacidad para interpretar la vida", destaca Corral.La violencia y la crudeza son el mar de fondo en la obra de Bolaño. "Lo horrible es que la violencia es latente, está contenida hasta que estalla", observa Dunia Gras Miravet, amiga de Bolaño y profesora de la Universidad de Barcelona del área de Literatura Latinoamericana.El conflicto que rodea a su obra también pobló su existencia; una suerte de supervivencia diurna, con trabajos como el de vigilante de seguridad o vendedor de bisutería. Los galardones que ganaba eran bautizados por él mismo como "premios bisonte, con los que sobrevivía la larga travesía del invierno", detalla Gras. Su lucha diaria contrastaba con las noches de desvelo y de entrega a la lectura. "La tranquilidad de la noche fue su única droga; disfrutaba de ese tiempo apacible y definitivo que daba la noche", cuenta Montané.A esta quietud, que dio nombre a Nocturno de Chile, una de sus obras más traducidas, se unía su aislamiento social, que el mismo Bolaño narra en Llamadas telefónicas, donde describe su primera época en Gerona: "En aquella época yo tenía veintitantos años y era más pobre que una rata. (...) Casi no tenía amigos y lo único que hacía era escribir y dar largos paseos que comenzaban a las siete de la tarde, tras despertar".El aislamiento y la nocturnidad, además de su peculiar carácter, le forjaron la imagen de un autor maldito. Una percepción que se hizo mito con su muerte temprana, a los 50 años, por unas causas que profundizan la leyenda: "Murió de una enfermedad hepática, diagnosticada en 1992", explica Gras, que quiere desmontar una de las fábulas que envuelven al escritor chileno: "Esta enfermedad se relaciona con el alcohol y los excesos, pero nada más lejos: Roberto bebía manzanilla, pero no la de jerez, sino la infusión".La dulcificación final de Bolaño tuvo un punto de inflexión: el nacimiento de su primer hijo y el diagnóstico de su enfermedad. El escritor, hasta entonces centrado en la poesía, decide dedicarse a la novela para dejar un legado económico a su familia. Así, dejó 2666, publicada después de su muerte y una de las más novelas reconocidas del autor. Entre las obras inéditas, destaca El espíritu de la ciencia ficción, que verá la luz el próximo otoño.

    La enfermedad, además de ser el detonante de viraje literario, fue una constante en su vida. "Él contaba que desde niño tuvo una salud frágil", cuenta la escritora y traductora Menchu Gutiérrez, que define la poesía como "su tabla de salvación" ante la enfermedad que le permitía "la reflexión del tiempo que caduca, de un tiempo efímero". Una poesía que invadió también la narrativa, donde "unas veces ponía las vísceras encima de la mesa, y otras cargaba la pluma con formol". La antítesis que describe a la vez al autor y a su obra, en un viaje en que Bolaño quiso emparejar ficción y realidad para cumplir sus máximas, ahora revividas la poeta que le guarda homenaje: "Él decía que, en la literatura contemporánea, aunque se equivocara, tenía que emprender siempre grandes aventuras".

    Entre lo viejo y lo nuevo

    Una vez en España, un joven Roberto Bolaño escribió una carta pidiendo consejo a Enrique Lihn, otra de las grandes figuras de la literatura chilena y ya por entonces consagrado. El intercambio postal, que se prolongó entre 1980 y 1983 con un total de 14 cartas, representa el diálogo que mantuvieron literatura tradicional y rupturismo. Algo que llegó en "un contexto definitivo para los comienzos de Bolaño y los finales de Enrique Lihn", afirma el paisano y amigo del chileno, el escritor Roberto Brodsky. Pese a sus distintas posiciones, ambos tenían algo en común: "El exilio permanente como estrategia narrativa", apunta Brodsky, al ser Lihn "un exiliado en casa propia". Situaciones cruzadas que hicieron que, "en distintos momentos de ficción y realidad, el uno fuera el otro". Los dos autores nunca llegaran a conocerse personalmente, aunque Bolaño, en el relato Encuentro con Lihn, vuelve a volcarse en la ficción, describiendo un mejorado Lihn que por entonces ya había fallecido.


    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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