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    viernes, 19 de agosto de 2016

    Paul Virilio El Cibermundo, la política de lo peor (Dossier) videos y libro en PDF

     
    Paul Virilio  

    PDF]El Cibermundo, la política de lo peor

    cmap.javeriana.edu.co/servlet/SBReadResourceServlet?rid=1LD77706Q-22ZCR3G...

    Colección Teorema. PaulVirilio. El Cibermundo, la política de lo peor. Entrevista con Philippe Petit. Traducción de Mónica Poole. TEOREMA ...

    Portada 



    Paul Virilio y la prisión temporal
    del mundo

     18.12.07 
    Paul Virilio 
    "YO IRÍA aún más lejos y diría que la velocidad, a fines del siglo XX, es el centro de todo. Ahora que estamos hablando, no estamos en la velocidad. Bien por ello, aunque más bien no a gran velocidad, pues estamos en la velocidad del metabolismo, a la velocidad de los nervios y los reflejos, efectivamente de lo viviente. Mientras hablamos el uno con el otro, está funcionando su aparato grabador, que retiene nuestro encuentro, a una velocidad completamente diferente [de la nuestra], la que puede variar también, tanto disminuirse como acelerarse"
    Paul Virilio
    Una súbita detensión de por vida
    en la prisión temporal del mundo





    Paul Virilio: Pensar la velocidad 

    (Stéphane Paoli, 2009)







    El progreso y la catástrofe son el anverso y el reverso de la misma medalla. Construir el Airbus 380 son 1000 asientos y son 1000 muertos. No es triste decirlo, en absoluto, es una realidad. Es cierto en cuanto a cualquier invento, sea el que sea. Inventar el tren es inventar el descarrilamiento, inventar el avión es inventar el accidente, acabamos de decirlo, y el Titanic es inventar el naufragio del Titanic. No hay ningún pesimismo en esto, ninguna desesperanza. Es un fenómeno racional. Es un fenómeno ocultado por la propaganda del progreso.
    Según Virilio, el progreso, nuestro culto a la velocidad, tiene un reverso oscuro,catastrófico: el arsenal nuclear, la bomba informática, la desaparición de lo político en manos de los mercados, la posibilidad de un agujero negro en el acelarador de partículas del CERN o la globalización de los afectos (por ejemplo, el caso de Omaya Sánchez que murió en directo ante las cámaras de todo el mundo en 1985)
    Cabría, por tanto, dice Virilio en tono irónico, crear una Universidad del Desastre o del Apocalipsis donde cualquiera pudiese obtener un Grado en Fin del Mundo por Especulación Financiera o Fin del Mundo por Cambio Climático. Habría también, por qué no, la posibilidad de los Dobles Grados, Fin del Mundo por Muerte del Arte y de la Novela.
    La aceleración de la historia es un producto del dogma del tiempo real, de la obsesión por la información instantánea, la estética CNN. Los acontecimientos se acumulan y  desaparecen sin dejar rastro. El directo televisivo, habilitado globalmente, ha conseguido que el mundo real se desvanezca.
    En cualquier caso, el curso del río de la historia que todos compartimos está señalado por tres imágenes esenciales: la bomba atómica, la masacre de Tiananmen o la China que pudo ser y no fue, y el vacío dejado por las Torres Gemelas del World Trade Center.
    Estas son las ideas principales del documental Pensar la velocidad dedicado al urbanista y filósofo Paul Virilio y dirigido por Stéphane Paoli para el Canal Arte en 2009. Está disponible en Youtube y subitulado al castellano gracias al web A parte rei.
    Algunos libros de Paul Virilio que te pueden interesar:
    1. Estética de la desaparición. Barcelona: Anagrama, 2003.
    2. El cibermundola política de lo peor. Madrid: Cátedra, 1997.
    3. La bomba informática. Madrid: Cátedra, 1999.

    Velocidad e información. ¡Alarma en el ciberespacio!
    Paul Virilio.

    Los fenómenos asociados de inmediatez e instantaneidad son en nuestros días uno de los problemas más apremiantes que confrontan las estrategias políticas y militares. El tiempo real prevalece sobre el espacio real y la geosfera. La supremacía del tiempo real, la inmediatez, sobre espacio y superficie es un hecho consumado y tiene un valor inaugural (anuncia una nueva época). Algo correctamente evocado en un anuncio francés elogiaba con estas palabras los teléfonos celulares: "el planeta Tierra nunca ha sido tan pequeño". Es un momento dramático en nuestra relación con el mundo y para nuestra visión del mundo. 
    Hay tres barreras físicas establecidas: el sonido, el calor y la luz. Las dos primeras ya han sido superadas. La barrera del sonido ha sido barrida por el super e hipersónico avión, mientras la barrera del calor es penetrada por el cohete que saca a seres humanos fuera de la órbita de la Tierra para aterrizar en la Luna. Pero la tercera barrera, la de la luz, no es algo que se pueda traspasar: te estrellas contra ella. Es precisamente esta barrera del tiempo la que confronta la historia en el día de hoy. Haber alcanzado la barrera de la luz, haber alcanzado la velocidad de la luz, es un hecho histórico que deja la historia en desorden y confunde la relación del ser viviente con el mundo. El sistema político que no hace esto explícito desinforma y engaña a sus ciudadanos. Tenemos que reconocer aquí un cambio principal que afecta a la geopolítica, geoestrategia, pero también por supuesto a la democracia. puesto que ésta última es tan dependiente de un lugar concreto, la ciudad. 

    El gran evento que amenaza para el siglo XXI en conexión con esta velocidad absoluta es la invención de una perspectiva de tiempo real, que suplantará a la perspectiva del espacio real que fue inventada por los artistas italianos del Quattrocento. Todavía no ha sido suficientemente enfatizada con cuanta profundidad, la ciudad, la política, la guerra y la economía del mundo medieval fueron revolucionadas por la invención de la perspectiva. 

    El ciberespacio es una nueva forma de perspectiva. No coincide con la perspectiva audiovisual que ya conocemos, Es una perspectiva completamente nueva, libre de cualquier referencia previa: es una perspectiva táctil. 

    Ver a distancia, oir a distancia: esa era la esencia de la antigua perspectiva audiovisual. Pero tocar a distancia, sentir a distancia, esto equivale un cambio de perspectiva hacia un dominio que todavía no se abarca: el del contacto, el contacto a distancia, el telecontacto. 

    Junto al levantamiento de las superautopistas estamos enfrentándonos a un nuevo fenómeno: la pérdida de orientación. Una pérdida de la orientación fundamental que complementa y concluye la liberación social y la realización de los mercados financieros cuyos nefastos efectos son bien conocidos. Se está haciendo una duplicación de realidad sensible en realidad y virtualidad. Amenaza una estereo-realidad de géneros. Una pérdida total de los comportamientos del individuo que amenaza con ser abundante. Existir es existir - in situ -, aquí y ahora, - hic et nunc -. Esto es precisamente lo que se está viendo amenazado por el ciberespacio y lo instantáneo, la información globalizada fluye, lo que hay delante es una distorsión de la realidad; es un shock, una conmoción mental, y este resultado debería interesarnos. ¿Por qué?: Porque nunca ningún progreso en una técnica ha sido llevado a cabo sin acercarte a sus aspectos negativos específicos. El aspecto negativo de estas autopistas de la información es precisamente esa pérdida de la orientación en lo que se refiere en la alteridad (el otro); es la perturbación en la relación con el otro y con el mundo. 

    Es obvio que esta pérdida de la orientación, esta no-situación, va a anunciar una profunda crisis que afectará a la sociedad y por lo tanto a la democracia. La dictadura de la velocidad al límite chocará cada vez más con la democracia representativa. Cuando algunos ensayistas se dirigen a nosotros en términos de "ciberdemocracia", de democracia virtual; cuando otros afirman que la "democracia de opinión" va a reemplazar a la "democracia de partidos políticos", uno no puede dejar de ver nada que no sea esa falta de orientación en asuntos de política, de los cuales el "media-comp" de Mayo de 1994 de Silvio Berlusconi fue una prefiguración de estilo italiano. La llegada de la era de los videntes y los sondeos de opinión necesariamente avanzarán con este tipo de tecnología. La palabra globalización es una farsa. No hay globalización, sólo hay virtualización. Lo que está siendo efectivamente globalizado es el tiempo. Ahora todo sucede dentro de la perspectiva del tiempo real: de hoy en adelante estamos pensados para vivir en un sistema de tiempo único(1). Por primera vez la historia va a revelarse dentro de un sistema de tiempo único: el tiempo global. Hasta ahora la historia ha tenido lugar dentro de tiempos locales, estructuras locales, regiones y naciones. Pero ahora, en cierto modo, la globalización y la virtualización están inaugurando un tiempo universal que prefigura una nueva forma de tiranía. Si la historia es tan rica, es debido a que era local, fue gracias a la existencia de tiempos limitados espacialmente que no hicieron caso a algo que hasta ahora sólo ha ocurrido en la astronomía, el tiempo universal. Pero en un futuro muy cercano, nuestra historia sucederá únicamente en tiempo universal, es, en sí mismo el resultado de la instantaneidad. De este modo vemos por un lado al tiempo real sustituyendo al espacio real. Un fenómeno que está haciendo de ambas distancias y superficies algo irrelevante en favor del "time-span" (tiempo de duración), y un extremadamente corto tiempo de duración en esto. Por otro lado tenemos el tiempo global, perteneciente al multimedia, al ciberespacio, increíblemente dominando la estructura del tiempo local de nuestras ciudades, nuestras vecindades. Tanto que hay un debate para sustituir el término "global" por "glocal", una concatenación de las palabras local y global. Esto surge de la idea de que lo local ha llegado, por definición, a ser global y lo global, a ser local. Tal deconstrucción de la relación con el mundo no está desprovista de consecuencias en la relación entre los propios ciudadanos, nada se obtiene sin que se tenga también algo que perder. Lo que se ganará de la información y la comunicación electrónica necesariamente provocará una pérdida en alguna otra cosa. Si no somos conscientes de esa pérdida y no la tenemos en cuenta, lo que ganemos carecerá de valor. Esta es la lección que debe aprenderse del previo desarrollo de la tecnología de los transportes. La realización del servicio de ferrocarril de alta velocidad ha sido posible sólo porque los ingenieros del s. XIX habían inventado el sistema de bloqueo automático(2) que es un método para regular el tráfico de forma que los trenes son acelerados sin riesgo de catástrofes ferroviarias. Pero hasta ahora la ingeniería de control del tráfico en las autopistas de la información brilla por su ausencia. Hallamos aquí otro punto importante: que ninguna información existe sin desinformación, y ahora un nuevo tipo de desinformación está poniéndose a la cabeza y es totalmente distinta a la censura voluntaria. Tiene que ver con cierto tipo de obstrucción de los sentidos, una pérdida de control sobre la razón de los géneros. Aquí yace un nuevo y mayor riesgo para la humanidad procedente de la multimedia y los ordenadores. Albert Einstein ya lo había profetizado en la década de los cincuenta, cuando habló sobre la "segunda bomba". La bomba electrónica, después de la atómica. Una bomba por la cual la integración del tiempo real será a la información lo que la radioactividad es a la energía: La desintegración no afectará sólamente a las partículas de materia sino también a la gente que compone nuestras sociedades. 

    Esto es precisamente lo que se puede ver en el trabajo con la masa de desempleo, los trabajos unidos y el brote de empresas deslocalizadas. Uno podría suponer que del mismo modo que el surgimiento de la bomba atómica provocó la rápida elaboración de una política de disuasión adaptada al s. XXI, ésta podría ser una forma de disuasión para contrarrestar el daño causado por la explosión de información ilimitada. Éste será el mayor accidente del futuro, el que viene detrás de la sucesión de accidentes que fue específica de la era industrial. (Así mientras barcos, trenes, aviones o plantas nucleares fueron inventadas, naufragios, descarrilamientos, accidentes de aviación y el desastre de Chernobyl también fueron inventados al mismo tiempo...) Después de la globalización de las comunicaciones se debería esperar un tipo generalizado de accidente, sería algo como lo que Epicuro llamó el "accidente de accidentes" (y Saddam Husseim seguramente llamaría la "madre de todos los accidentes"). El colapso de la bolsa es una mera figura de ello sin importancia. Nadie ha visto este accidente generalizado todavía. Pero vigila si oyes hablar sobre la "burbuja financiera en la economía": una metáfora muy significativa es utilizada aquí y hace aparecer visiones de algún tipo de nube recordándonos algunas otras nubes tan espantosas como las de Chernobyl...Cuando uno se cuestiona sobre los riesgos de accidentes en las autopistas de la información la finalidad no es la información en sí misma sino la absoluta velocidad de los datos electrónicos. El problema aquí es la interactividad. La ciencia de los ordenadores no es el problema, sino la comunicación por ordenadores, o más bien el (todavía no completamente conocido) potencial de la comunicación por ordenadores. En los USA, el Pentágono (origen de internet) está incluso hablando en términos de una "revolución de lo militar" junto con una "guerra de conocimiento", que podría sustituir a la guerra de cerco, de la cual Sarajevo es un trágico recordatorio. Cuando Eisenhower dejó la Casa Blanca en 1961 apellidó el complejo militar - industrial "como una amenaza contra la democracia". Sabía de lo que estaba hablando, ya que él ayudó a construirlo en primer lugar. Pero llega 1995, momento en el que el complejo militar informático está tomando forma con algunos líderes políticos americanos, más notablemente con Russ Perot y Newt Gingrich, que hablan sobre la "democracia virtual" [3] en un espíritu con reminiscencias del misticismo fundamentalista, ¿cómo no alarmarse?. ¿Cómo no ver las outlines de la cibernética convertidas en una política social? El narcocapitalismo del wired world, el poder sugestivo de las tecnologías virtuales no tiene paralelo. Al lado del ilícito narco-capitalismo basado en drogas, que está actualmente desestabilizando la economía mundial, se está construyendo rápidamente una narco-economía de comunicación por ordenadores. La cuestión sería si los paises desarrollados no están jugando con tecnologías virtuales para devolver la pelota a los países subdesarrollados que están, especialmente en Latinoamérica, viviendo de la producción ilícita de drogas químicas. Cuando uno observa cuánto esfuerzo de investigación en tecnologías avanzadas se ha canalizado en el campo del ocio (videojuegos, gafas de realidad virtual, etc...). ¿Debería este potencial, sometido e instantáneo, que está siendo desencadenado por estas nuevas técnicas en las poblaciones, permanecer oculto?. Algo está flotando entre nosotros que parece un "ciberculto". Debemos saber que las nuevas tecnologías de conocimiento sólo promoverían la democracia si, y solamente si, nos oponemos desde el principio a la caricatura de la sociedad global que es tramada para nosotros desde las grandes empresas multinacionales lanzándose a sí mismas, en una marcha peligrosa, a las autopistas de la información.;

    Este artículo apareció en "Le monde diplomatique" en Agosto de 1995. 

    1. "Le temps unique", en francés. Esta es una referencia a la ahora casi paradigmática editorial "La perseè unique" de Ignacio Ramonet, en Le Monde Diplomatique, Enero de 1995.

    2. El sistema de bloqueo automático consiste en separar una red de ferrocarril en segmentos, cada uno protegido por una señal de acceso. Un tren recorriendo un segmento automáticamente lo cierra (mientras al segmento previo sólo se puede acceder con una reducida velocidad). Este sistema permite a una hilera de trenes correr a alta velocidad dentro de una distancia controlada ( dos bloqueos por ejemplo, típicamente,  3 1/2 millas entre cada uno). Este sistema no puede prevenir totalmente colisiones frontales, y es por lo tanto utilizado mejor en redes ferroviarias de varias vías.

    Portada 

    PAUL VIRILIO, EL FIN DE LA GEOGRAFÍA
    Juan E. Fernández Romar

    Luego de la desaparición física de Foucault, Deleuze, Guattari, y Baudrillard, el filósofo y urbanista Paul Virilio ha quedado bastante solo como exponente de una generación rebelde, crítica e iconoclasta, capaz de embestir contra todo lo instituido y animarse a cuestionar aquello que nadie interroga. Se trata de un profesional de la objeción y de una de las figuras más emblemáticas de la intelectualidad francesa posestructuralista.

    Este polifacético pensador con aires de profeta exaltado y tremendista, parece responder a un sincero impulso neurótico con ribetes paranoides antes que a una intención mercadológica. Virilio se ha empeñado en explicar el mundo contemporáneo en clave apocalíptica haciendo un gran acopio de información sobre desastres, accidentes, atentados y guerras. De ese modo ha logrado difundir en todo el orbe ciertas advertencias y recelos, e imponer un nuevo orden conceptual de temores sobre la vida en las grandes ciudades, las reacciones en cadena, las ciberbombas y otras catástrofes en curso o inminentes.

    En los años 90, mientras Baudrillard revisitaba una y otra vez las enseñanzas de la Guerra del Golfo, Virilio, desde la segunda fila del escaparate filosófico francés, rumiaba sus inelaborables obsesiones: Chernobyl, la insoportable aceleración de los procesos de la comunicación, la guerra de Kosovo, el terrorismo urbano, la desaparición de la geografía, el totalitarismo del progreso tecnológico, o el pánico en las megalópolis como Nueva York, Hong Kong, el DF mexicano, o San Pablo.

    UN NIÑO DE LA GUERRA

    Nacido en 1932, fue, según sus propias palabras, un war-baby, un auténtico niño de la guerra. Hijo de madre bretona y padre italiano y comunista (que había conseguido la residencia pero no la ciudadanía francesa), creció en Nantes, donde a los ocho años presenció la llegada de los alemanes, y a los once la destrucción de la ciudad bajo una lluvia de bombas de los aliados.

    Al finalizar la guerra descubrió el mar al mismo tiempo que la paz, ya que la costa era zona de exclusión. En las playas Virilio se fascinó con los bunkers dejados por los combatientes, enigmas de una arquitectura bélica que comenzaba a ser reciclada por la población civil con otros fines.

    Con una cámara Leica realizó un extenso inventario fotográfico, iniciando lo que treinta años después se convertiría en un ensayo arqueológico sobre las tecnologías de la guerra (Bunker Archéologie, 1975). Las crónicas posteriores de Auschwitz e Hiroshima y el descubrimiento de esos bunkers definirían su trayectoria filosófica posterior, marcada por una constante preocupación por el potencial destructivo de las nuevas tecnologías.

    A diferencia de la mayoría de sus amigos -que luego de la Segunda Guerra Mundial comenzaron a militar en organizaciones marxistas- y como buen hijo rebelde de padres comunistas, Virilio se inclinó por el cristianismo. Mientras su generación leía El Capital de Marx, él decidió bautizarse y optó por el estudio de la Biblia, siguiendo los consejos de un cura obrero que trabajaba en la fábrica Renault y que vivía en una buhardilla en Saint Denis.

    A los 18 años, aceptando una sugerencia de su mentor se abocó a la pintura, iniciando así lo que hoy denomina su "época Montparnasse". Para ganarse la vida pintó muros de cuatro por doce con afiches propagandísticos de los estrenos cinematográficos del momento. Actividad que terminó odiando por su contribución a la "polución del campo visual" y su complicidad con la industria publicitaria "ese gran bluff, violador de conciencias". Para zafar de esa desagradable tarea, se volvió rápidamente maestro vidriero, dedicándose al vitraux y fundamentalmente al arte sacro, actividad que lo convirtió en un cotizado vitralista cristiano.

    Fuera del horario de trabajo estudiaba a Merleau Ponty, asistía a los cursos de Vladimir Jankelevich y Raymond Aron, e invertía vacaciones y días libres en completar pacientemente su colección de fotos de los bunkers del muro Atlántico. Estos fueron siempre una de las grandes obsesiones de Virilio y actualmente es considerado el mayor especialista en ese tipo de fortificaciones.

    Curiosamente, en 1966 ganó un concurso de diseño para construir la catedral de Nevers (la única construida durante el siglo XX en Francia) con un proyecto inspirado justamente en esas formas inquietantes de cemento. Esta extraña construcción, mitad gruta, mitad bunker, desató una amplia polémica y despertó una fuerte oposición eclesiástica. Virilio suele recordar que en la liturgia de consagración de esa catedral, el obispo a cargo repitió tantas veces que esa iglesia era un horror. El novel párroco del lugar terminó interrumpiéndolo para recordarle que aquella era "una ceremonia de consagración y no un exorcismo".

    MUSEO DE LAS CATÁSTROFES

    En 1963 Virilio fundó junto con Claude Parent, su socio intelectual durante muchos años, la influyente revista Architecture Principe, publicación analítica de la modernidad arquitectónica y urbanística. Años más tarde, durante el Mayo francés, Virilio tuvo una activa participación en todas las movilizaciones llegando a ocupar el célebre teatro Odéon y resistiendo la represión que sobrevino después. Durante esa ocupación planificó junto con otros rebeldes, la creación de la Escuela Especial de Arquitectura, de la que se volvió su máximo responsable hasta 1998.

    A comienzos de los años 70 comenzó a difundir sus ideas sobre las transformaciones del arte y la percepción moderna, colaborando con las revistas Esprit y Cause Commune, y especialmente en Tomate, radio alternativa fundada por él junto a Félix Guattari, donde Virilio delineó sus obsesiones personales: la relación entre la guerra, la ciudad y la política; y en especial su preocupación por la velocidad.

    En 1973, cuando ya era un reconocido ensayista del urbanismo contemporáneo, aceptó la dirección de la colección Espacio Crítico, de la editorial francesa Galilée, y quince años después le fue concedido el Gran Premio Nacional Crítica de la Arquitectura, ganándose un lugar muy original en la reflexión filosófica.

    En 1990, cuando Jacques Derrida asume la dirección del Collège International de Philosophie, Virilio es elegido como coordinador de los programas académicos, al tiempo que despliega en forma paralela una intensa actividad como curador de numerosas exposiciones de arte de la Fundación Cartier. Más recientemente, justo en el cambio de siglo, inauguró en Japón el Museo de las Catástrofes, construcción realizada bajo su dirección y proyecto.

    CLAUSTROFÓBICO Y ASMÁTICO

    Lo que más sorprende de la obra de Virilio es esa indefinición intrínseca. Por momentos parece configurar una necesaria ampliación del universo reflexivo de un urbanista, y por otros, la de un filósofo atípico cuyo acervo principal proviene de la arquitectura, la plástica, y fundamentalmente de la historia de las ciudades europeas y sus grandes guerras.

    También llama la atención la discontinuidad de su pensamiento y una cierta desprolijidad argumental, balbuceando ideas potentes con una premura más propia de un periodista que debe entregar su nota, que la de un pensador que debe interrogar concienzudamente sus hipótesis. Rasgo de estilo que compartió con Baudrillard, aunque el lenguaje de Virilio está más cerca del patentado por Deleuze y Guattari, la dupla esquizoanalítica francesa, con la que mantuvo una larga amistad. De hecho, ningún otro pensador contemporáneo -aparte de ellos tres- ha revelado un interés semejante por pasar de un uso metafórico a un uso instrumental de categorías propias de la geografía política y de la arquitectura.

    Hay un uso intensivo de conceptos muy alejados del arsenal conceptual de la filosofía clásica, tales como: territorialidad, mesetas de intensidades, poblaciones, nómadas y sedentarios, planos de consistencia, y líneas de fuga. Ese lenguaje popularizado por Gilles Deleuze y Félix Guattari para pensar la subjetividad contemporánea, sólo encuentra resonancia y similitud en las preocupaciones teóricas de Virilio, siendo muy clara la influencia recíproca entre los tres. No obstante, Virilio no se detiene en la deriva del deseo humano sino en el impacto político y subjetivo de la velocidad, los motores, las pantallas, y la digitalización del mundo. Autodefinido como claustrofóbico, asmático y resistente frente al desarrollo descontrolado de la tecnología, Virilio parece estar siempre vaticinando catástrofes.

    LA TIRANÍA DEL MIEDO

    Hace ya 24 años un camarógrafo registró cómo los tuaregs, esa tribu nómada del desierto del Sahara, detuvieron su migración anual durante diez días para poder seguir los últimos capítulos de la serie Dallas por televisión. Acontecimiento luego revisitado por numerosos ensayistas para ejemplificar la globalización. Desde hace más de quince años, los niños de China continental disfrutan a diario de Mickey Mouse y el Pato Donald, en una versión doblada al mandarín; al tiempo que los árabes de Marruecos siguen en el canal Retro las viejas películas mexicanas de Cantinflas, y los japoneses celebran la Navidad aunque los cristianos sean menos del 1% de la población.

    La globalización se aparece como el hogar inevitable, una gran residencia donde todos habitan. La nueva cultura mundializada impulsa una redefinición de lo universal y lo particular bajo un proceso indetenible de intensificación de las comunicaciones y de aceleración del flujo entre lo local y lo global. Mientras muchos pensadores celebran el vértigo tecnológico de las últimas décadas, Virilio no deja de alertar al mundo sobre los peligros inminentes que subyacen a los procesos de globalización. Desde su primer libro "filosófico", La inseguridad del territorio (1976) hasta su último trabajo, Ciudad pánico. El afuera comienza aquí (2004), Virilio ha rondado los mismos temas aportándoles nuevos colores y perspectivas.

    Fiel a su formación profesional, en más de una ocasión se ha presentado como un pensador del espacio-tiempo, afianzando un discurso negativo del progreso técnico aunque de fondo siempre parece revelar una suerte de fascinación tecnológica, comentando a cada paso algún detalle poco conocido de las nanotecnologías informáticas o del último tren de alta velocidad chino. En cada uno de sus libros Virilio no deja de señalar que la eficacia del progreso acarrea como contrapartida una fragilización, un nuevo peligro, una propensión al accidente y por la misma razón, al atentado.

    La racionalidad instrumental de la tecnología siempre está en cuestión en sus reflexiones. Virilio busca ese punto de inflexión en que deja de ser una construcción dominada por el ser humano para convertirse en una amenaza inesperada. Su posición remite a la búsqueda de nuevas formas de emancipación de la tiranía del progreso cuando éste se vuelve un fin en sí mismo.

    A nivel académico se suele asociar el nombre de Virilio con la novel dromología, disciplina propuesta por él para el estudio de la lógica de la velocidad, y más en particular, del impacto subjetivo de la conquista de la velocidad mediante nuevos desarrollos técnicos. Algo así como una nueva economía política de la velocidad, estudio que se impone a partir de la revolución de los transportes durante el pasado siglo y del protagonismo adquirido por las telecomunicaciones instantáneas.

    En perspectiva, tanto El arte del motor, La velocidad de la liberación o El cibermundo, la política de lo peor hablan básicamente de ese tipo de problemas y riesgos. Con los transportes ultra-rápidos y las telecomunicaciones todo puede ser hecho "sin tener que partir ni viajar obligatoriamente. Es la era de la llegada generalizada...". La velocidad es poder y las sociedades se reordenan en torno a ese nuevo vector. No obstante, la velocidad genera una nueva forma de polución y exige una nueva ecología. Se acerca el día en que "el espacio-tiempo del mundo habrá dejado de existir porque habremos perdido la extensión y la duración del mundo por culpa de la velocidad".

    Mientras se discute el fin de la historia Virilio advierte sobre el fin de la geografía. La modernidad se caracterizó por un encadenamiento secuenciado del pasado, presente y futuro. Pero eso ha dejado de verificarse. Las experiencias y enseñanzas del pasado han perdido gran parte de su utilidad y no hay formas confiables de prever el futuro. Hemos ingresado a un presente permanente que todo lo succiona.

    Siguiendo los planteos formulados por Einstein poco antes de morir, la humanidad enfrenta el peligro de tres bombas que amenazan su porvenir. La bomba atómica, es decir la tecnología bélica, que ya ha estallado de múltiples formas; la bomba de la información, que Virilio reformula como la bomba informática; y por último, la bomba demográfica. Bomba que debería ser pensada también desde el biopoder enunciado por Foucault y la tecnología genética.

    Virilio no cesa de advertir sobre los inminentes estallidos de las fantasías redentoras de la mundialización y sobre las catástrofes en ciernes. Flujos migratorios descontrolados hacia las ciudades ricas; un posible crack económico debido a la liberación del mundo bursátil y comercial de las restricciones y controles estatales; la implosión de Internet por saturación de sus ramificaciones; las ciudades blindadas mediante televigilancia convertidas en guetos de lujo, asfixiantes y frágiles, debido a una babelización creciente, una incontenible concentración demográfica y una excesiva dependencia tecnológica y energética. O ciudades gobernadas por un virtual Ministerio del Miedo que tomó el reemplazo de los viejos Ministerios de Guerra, al reconocerlas y proponerlas como blanco predilecto de todas las agresiones militares posibles.

    EL AFUERA COMIENZA AQUÍ

    El libro Ciudad pánico tiene ya tres años, aunque sólo uno de su traducción al español, y refleja esa visión paranoide del futuro que Virilio ha sabido cultivar. Aunque a lo largo de 140 páginas parece esbozar y prometer una nueva teoría política para entender mejor el actual estado de las cosas, no llega a redondear ni una tesis canónica ni un ensayo exhaustivo sobre el miedo contemporáneo en las grandes ciudades. No obstante, Virilio desgaja permanentemente ideas fértiles y provocativas que demandan un tratamiento más detenido y un abordaje más minucioso.

    Sus argumentos no son sencillos de reconstruir. Frases cortas casi aforísticas que se encadenan ritmando el hilo de sus asociaciones mentales y esbozando un collage temático matizado con sus omnipresentes temores. Además de un estilo muy singular siempre anegado de prefijos (trans-, mega-, geo-, híper-, etc.) y con múltiples detalles de edición -palabras en itálicas, mayúsculas o versalitas que jalonan y destacan la importancia de lo que quiere transmitir- Virilio ha salido a defender en numerosas ocasiones estas predilecciones. Aduce la influencia que ejercieron sobre él por vía paterna los poetas futuristas italianos, con quienes compartió el interés por la tecnología, la velocidad y los recursos gráficos de imprenta.

    Pese a todo, una idea central recorre Ciudad pánico: el paulatino abandono de los Estados nacionales como unidad de medida política en beneficio de los intereses concentrados en las grandes ciudades; esas "ciudades del bienestar" (a las que las masas sueñan con emigrar) comienzan a importar más desde cualquier punto de vista que el territorio de un país.

    Hasta el pasado siglo, tanto la política como la guerra giraron en torno a los intereses del territorio extenso de los Estados nacionales, caracterizados por poblaciones mucho más distribuidas, con un ejército protector de sus fronteras y una policía que cuidaba de la seguridad interna. Siguiendo esta lógica, los ejércitos daban batallas territoriales procurando su conquista, enfrentándose en campo abierto y dejando a las ciudades como el último escenario bélico posible. Desde la Segunda Guerra Mundial, las ciudades dejaron de ser el trofeo del invasor para convertirse en el blanco preferido de los bombardeos y la victoria a dirimirse mediante el daño y el miedo infligido a poblaciones de civiles.

    Las grandes ciudades contemporáneas con sus poblaciones nómades multiétnicas pautan ahora los ritmos económicos, las estrategias de seguridad, y los flujos de inversiones. Allí comienzan a verificarse fenómenos nuevos, el ejército y la policía comienzan a indiferenciarse en sus tecnologías y funciones; los ciudadanos también deben adecuarse a desconfiar y vigilar a sus vecinos y estar preparados para todo, en un estado de alerta permanente frente a dos situaciones análogas: el atentado y el accidente. Los dos ingredientes cotidianos de la vida en las metrópolis gobernadas por la inseguridad y el pánico.

    Pese a su extrema banalidad y puerilidad hollywoodense, la película Duro de Matar 4 (2007), es la que mejor refleja los terrores urbanos analizados por Virilio. El atentado multiplicándose en accidentes cuando los terroristas toman el control de los semáforos y por consiguiente de la velocidad de desplazamiento vehicular; el complejo militar atacando objetivos civiles por comunicaciones interceptadas; hackers diseminando virus que desestabilizan la economía mundial; mercenarios ubicuos controlando todo desde laptops; multitudes secuestradas por la falta de electricidad y una gran ciudad convertida en una gigantesca ratonera de la que no es posible salir.

    Según Virilio, el pánico actual post 11/ 9 anula las posibilidades de reflexión colectiva y clausura la democracia debido a la instauración de un estado de emergencia permanente, en el que la información clasificada es administrada por unos pocos y los medios masivos de comunicación dejan de "estandarizar a la opinión pública" para procurar una "sincronización emocional" de las masas bajo el signo paranoico del terror. El mundo de las pantallas abandona el rol de sustituto de la política deliberativa y uniformizador de la reflexión común, para gobernar sobre los afectos, marcando el ritmo sincopado de los corazones de las teleaudiencias. Un estado de paranoia y desconfianza permanente pauta el estado subjetivo de las grandes urbes, expuestas tentadoramente como blanco del terrorismo global y como espacios propiciatorios de accidentes en cadena.

    Sin embargo, cabe aclarar que el relevamiento obsesivo de los peligros contemporáneos no es usado por Virilio para multiplicar lo que denuncia sino para reclamar que el progreso se autocritique, en el entendido que la crítica es el único fundamento ético admisible de la ciencia.

    LIBROS DE VIRILIO EN CASTELLANO

    Estética de la desaparición, Anagrama, Barcelona, 1988.
    La máquina de visión, Cátedra, Madrid, 1989.
    El arte del motor, Manantial, Buenos Aires, 1993.
    La velocidad de la liberación, Manantial, Buenos Aires, 1995.
    Un paisaje de acontecimientos, Paidós, Buenos Aires, 1997.
    El cibermundo, la política de lo peor, Cátedra, Madrid, 1997.
    La inercia polar, Trama, Madrid, 1999.
    La bomba informática, Cátedra, Madrid, 1999.
    La inseguridad del territorio, La Marca, Buenos Aires, 2000.
    El procedimiento silencio, Paidós, Buenos Aires, 2001.
    Ciudad pánico. El afuera comienza aquí. Ed. Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2006.

    (Notas publicadas en el suplemento Cultural del 09.11.07 del diario El País de Montevideo)

    Iglesia de Sainte-Bernadette, Nevers, Francia. Paul Virilio
    Paul Virilio (1932-)
    PERFIL BIOGRÁFICO Y ACADÉMICO


    Nació en París, en 1932, de padre italiano, refugiado comunista en Francia. La guerra mundial le hizo especialmente sensible ante la destrucción y la muerte, circunstacia que influirá en su obra, en la ‘estética de la desaparición’. Estudió arquitectura en París, de cuya Escuela de Arquitectura llegaría a ser su máximo responsable durante tres décadas (1968-1998). En 1963 funda con Claude Parent la revista de la modernidad arquitectónica y urbanística Architecture Principe. Desde 1973, es director de la colección Espacio Crítico, de Editions Galilée. Gran premio nacional Crítica de la Arquitectura en 1987. En 1990, es nombrado coordinador de los programas del Collège International de Philosophie, bajo la dirección de Jacques Derrida. Ha trabajado en numerosas exposiciones de arte contemporáneo en la Fundación Cartier. En 2000 se inauguró en Japón el Museo de las Catástrofes, realizado bajo su dirección y proyecto.
    Entre sus libros: Bunker archéologie, Centre de Création Industrielle, París, 1975; L'insécurité du territoire, Stock, Paris, 1976; Vitesse et politique, Galilée, Paris, 1977; Défense populaire et luttes écologiques, Galilée, París, 1978; Esthétique de la disparition, Éditions Balland, París, 1980; Guerre et cinéma, Éditions de l'Étoile, París, 1984; Logistique de la perception, Cahiers du Cinéma, París, 1984; L'espace critique, Christian Bourgeois, París, 1984; L'horizon négatif, Galilée, París, 1985; L'inertie polaire, Christian Bourgeois, Paris, 1990; La machine de vision, Éditions Galilée, París, 1992; L'art du moteur, Éditions Galilée, París, 1993; La vitesse de libération, Galilée, París, 1995. Cybermonde (conversaciones con Philippe Petit), Textuel, París, 1996; Un paysage d'événements, Éditions Galilée, París, 1996; La bombe informatique, Éditions Galilée, París, 1998; Ce qui arrive, Éditions Galilée, París, 2002; Discours sur l’horreur de l’art, entrevista con Enrico Baj, Atelier de création libertaire, París, 2003; L'Art à perte de vue, Galilée, París, 2005; L'Université du Désastre, Galilée, París, 2007; Le Futurisme de l’instant, Galilée, París, 2009; Le Grand Accélérateur, Galilée, París, 2010.
    Entre las traducciones de su obra en lenguas española: Estética de la desaparición, Anagrama, Barcelona, 1988; La máquina de visión, Cátedra, Madrid, 1989; El arte del motor, Manantial, Buenos Aires, 1993; La velocidad de la liberación, Manantial, Buenos Aires, 1995; El arte del motor. Aceleración y realidad virtual, Manantial, Buenos Aires. 1996; Un paisaje de acontecimientos, Paidos, Buenos Aires, 1997; El cibermundo, la política de lo peor, Cátedra, Madrid, 1997; La inercia polar, Trama, Madrid, 1999; La bomba informática, Cátedra, Madrid, 1999; La inseguridad del territorio, La Marca, Buenos Aires, 2000; El procedimiento silencio, Paidós, Buenos Aires, 2001; Amanecer crepuscular, FCE, Madrid, 2003; Lo que viene, Arena Libros, Madrid, 2005; Ciudad pánico: el afuera comienza aquí, Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2007; Discurso sobre el horror en el arte, Casimiro Libros, Madrid, 2010.
    En lengua portuguesa: Guerra e Cinema, Scritta, São Paulo, 1992; O espaço crítico, Editora 34, Rio de Janeiro, 1993; A máquina de visão, José Olimpio, Rio de Janeiro, 1994; A arte do motor, Estação Liberdade, São Paulo, 1995; Velocidade e Política, Estação Liberdade, São Paulo, 1997; A Bomba Informática, Estação Liberdade, São Paulo, 1999; Estratégia da decepção, Estação Liberdade, São Paulo, 2000; Cibermundo, a política do pior, Teorema, Lisboa, 2000.



    PENSAMIENTO Y EXPRESIÓN CIENTÍFICA

    Arquitecto, urbanista, filósofo, su pensamiento describe una visión integral de lo urbano y de la urbanística dentro de un sistema tecnológico avanzado, donde la velocidad (el tiempo), la información y las redes juegan un papel determinante. La civilización actual se diferencia por un rasgo: la velocidad, que entraña incertidumbre, riesgo... accidente. Las catástrofes no son nuevas, pero hay una vértigo cultural nacido de la aceleración del ritmo de la historia. El mundo de los medios de comunicación y el desarrollo de la cibernética aparecen de forma continua en su obra. Describe los problemas de una sociedad de la información donde el ciudadano se ve sometido a procesos de simulación de abundancia que esconden la realidad de la desinformación. 
    Desde una visión determinista del desarrollo tecnológico, la crítica de Virilio entiende que las nuevas técnicas secuestran, seducen, simulan la realidad, 'hacen desaparecer la realidad'.
    Para Virilio, la primera de las seducciones de la tecnología es la velocidad, la capacidad de romper lo previsible, como instrumento de control y dominación, pero también de riesgo, de precipitación hacia un 'nuevo desorden mundial', porque 'parar significa morir'. El vértigo de la aceleración hace que la información conocida no coincida con la realidad sobrevenida, porque la realidad va más rápida que la información. Por ello, controlar la tecnología, la velocidad del cambio, es controlar la sociedad, el espacio y la información [v. "Velocidad e información"].
    Las guerras por el control han conocido el desarrollo de la bomba atómica, la bomba genética y, más tarde, según el pensador francés, la 'bomba infromática', que, desde una visión pesimista, enuncia como el anticipo de la nueva Babel, en un mundo atemorizado por el narcotráfico informatizado, el terrorismo, las armas 'inteligentes'.
    La crítica ácida de Virilio, que contrastó con radicalidad durante los años de literatura tecnocéntrica complaciente, ha cobrado actualidad tras el 11 de septiembre de 2001 y de las guerras preventivas. En su libro Estrategia de la decepción habla de los 'ataques automáticos' dirigidos por los Estados Unidos contra los 'Estados delincuentes', basados en la ilusión tecnológica desarrollada por Washington tras la caída del muro de Berlín.
    Virilio retoma a Wiener en los fundamentos de la cibernética para descubrir en el desarrollo de la tecnología las claves de un nuevo totalitarismo. Si la cibernética es la gestión la red de lo humano en su dimensión individual y social, la aceleración tecnológica, la velocidad de la técnica se convierte en poder y la velocidad de la cibernética en 'tiempo real' se hace poder absoluto. La globalización -la 'mundialización del tiempo y la velocidad'- es, por consiguiente, el acotamiento espacial del control a través del dominio tecnológico. Al tiempo, esa velocidad se desprende de los referentes históricos, los aleja y oculta, por lo que la historia se transforma en mera estadística.
    Relevantes son sus reflexiones sobre el mundo de la imagen, ya que aúna y superpone en el imaginario individual y social los distintos planos de visualización. Para Virilio no hay imágenes autónomas. La imagen mental, la imagen virtual de la consciencia, no se puede separar de la imagen ocular de los ojos, ni se puede tampoco separar de la imagen corregida ópticamente. Enuncia un conjunto indivisible: imágenes mentales, biológico-oculares, físico-ópticas, gráficas o pictóricas, fotográficas, cinematográficas, videográficas, holográficas e infográficas. Forman una sola y misma imagen, como 'enorme nebuloso filosófica', como una extensión bio-tecnológica de percepción-interpretación, que supone una mutación en el régimen de interacción individual y social. Las imágenes electrónicas, dinámicas y modelables por su definición numérica, crean un nuevo estatuto, una nueva cultura en el conjunto de las relaciones sociales y políticas. Pero sobre todas las imágenes se impone el flujo dirigido de las imágenes virtuales, recreadas por el culto a la cirugía estética de lo digital, con representaciones publicitarias idealizadas que ocultan las miserias de la realidad.

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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