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    martes, 30 de agosto de 2016

    Franco Basaglia: "Debajo de toda enfermedad psíquica hay un conflicto social" (DOSSIER ANTIPSIQUIATRÍA)

    ALFONSO GARCÍA PÉREZ
    5 FEB 1978
    Franco Bassaglia 

    «Bajo toda enfermedad psíquica hay un conflicto social.» Esta aseveración resume el pensamiento de Franco Basaglia, considerado uno de los fundadores de la denominada antipsiquiatría, que dirigió ayer en Madrid un vivo debate, en la sede del Hospital de la Cruz Roja. Basaglia criticó fuertemente las prácticas psiquiátricas, la organización hospitalaria, en general, y al propio Laing, que, según él, no ha llegado a la conclusión final de sus especulaciones.

    «El biologismo está en descenso -dijo Basaglia-. Después vino el psicoanálisis... Y éste está siendo sustituido por el conductismo, que, al explicar el aprendizaje de los niños, por ejemplo, como un sistema de premios y castigos, muestra cómo la ciencia es un sistema de control social.»Para Basaglia, la ciencia es empleada por la ideología dominante. Lo que sucede es que su modo de ejercerse cambia con las circunstancias. «Se advierten claramente tres etapas en la psiquiatría moderna -prosigue Basaglia- En el siglo XIX, bajo la influencia de la incipiente revolución científica, se produce la psiquiatría de los electro-shocks; después, con el desarrollo de los fascismos, la violencia se acentúa: entonces tiene lugar la psiquiatría de los shock con insulina, las lobotomías ... ; en el actual momento, más democrático, el poder se difumina; es el momento de los barbitúricos y la psicoterapia... Todo el mundo quiere tomar barbitúricos y hacer psicoterapia... »

    Para el antipsiquiatra italiano, «bajo toda enfermedad o trastorno psíquico hay un problema social». El problema psiquiátrico es, por tanto, más que psiquiátrico: afecta a la medicina general, a la sociedad entera: «En Chile, durante el Gobierno de la Unidad Popular, por ejemplo -continúa-, disminuyó el alcoholismo. ¿Por qué? ¿Es que había mejores técnicas psiquiátricas? No; es que estaba cambiando el contexto social ... »

    Cambiar los hospitales .

    El mundo hospitalario expresa -según dijo Basaglia- las profundas contradicciones sociales. «El problema es: ¿cómo dar a conocer que el hospital general es una mierda y no sólo el sanatorio psiquiátrico? Lo de los sanatorios psiquiátricos ya está muy dicho. ¿Cómo cambiar los hospitales? Existen muchas contradicciones... Las enfermeras, por ejemplo, que son el anillo de unión entre enfermos y médicos, aun perteneciendo a las clases populares, son uno de los elementos más reaccionarios ante el cambio ... »

    El cambio, para el psiquiatra italiano, es definitivamente social, y en eso se enfrenta con otras posturas antipsiquiátricas: «La relación médico-paciente mejora con la toma de conciencia por parte del médico de su carácter de oprimido y opresor... El planteamiento de la antipsiquiatría es absurdo. La alternativa no es eliminar o cambiar esas personas de las instituciones hospitalarias, sino fomentar y asumir las contradicciones. »

    Refiriéndose en concreto a Laing, el psiquiatra británico que sustituyó los manicomios por comunidades de apoyo y terapia, afirma que «Laing abandonó la psiquiatría institucional para ir a crear nuevas instituciones. La situación en el Reino Unido explica la aparición de una antipsiquiatría frente a la medicina socializada también represiva. El término antipsiquiatría no tiene sentido... Laing está en camino de convertir su actividad en algo intelectualista ... El, en su crítica a las instituciones psiquiátricas, no se pregunta cómo y por qué sucede lo que sucede en los manicomios.»

    La crítica a la psiquiatría tradicional, según él, debe extenderse a todos los mecanismos sociales, incluso a los nuevos entes que surgen con la revolución: «Cuando el poder revolucionario toma el poder -afirma Basaglia- existe el riesgo de que la psiquiatría siga controlada. En la Unión Soviética, por ejemplo, ha surgido tras la revolución una burocracia desconectada de las verdaderas necesidades populares... y esa burocracia también maneja a los psiquiatras. »

    Revolución de la locura

    La postura antipsiquiátrica, aun adquiriendo matices diversos, tiene un núcleo común: el rechazo de la terapéutica del loco tal como ha venido empleándose.

    Hay en todos los fundadores del movimiento una postura enfrentada con el contexto social: «Cortarles la cabeza a los psiquiatras. Eliminar a la familia. Aprender a vivir una sexualidad orgásmica y no sólo procreativa. No dejarse esclavizar por los horarios del patrón. Y, sobre todo, favorecer el desarrollo en cada uno de nosotros del benéfico germen de la locura. Esta es la verdadera revolución.» Así se expresaba recientemente en una entrevista con Josep Sarret, publicada en una publicación española, El Viejo Topo, otro de los fundadores. en la década de los sesenta, de la llamada antipsiquiatría: David Cooper.

    Cooper, convencido de que «el verdádero orgasmo es lo revolucionario» y de que sólo la sexualidad y la locura pueden destruir la sociedad represiva. decidió, con Laing, suprimir psicofármacos. electroshocks. camisas de fuerza para los enfermos, etcétera, en el pabellón veintiuno del hospital psiquiátrico de Londres. Según él, habría que pasar de la antipsiquiatría a la no psiquiatría...

    «Llevo toda una vida combatiendo contra el sentimiento de culpabilidad. Debe convencerse a las gentes para que acepten su propia locura sin temor. Hay que recuperar a la locura como una propiedad social común..., sobre todo mandando al carajo a los expertos, cortando la cabeza a los psiquiatras. »

    Locos a la calle

    Giovanni Jervis, otro líder del movimiento antipsiquiátrico mundial, sacó a los enfermos del hospital psiquiátrico, integrándoles con los obreros y campesinos de Reggio Emilia (Italia), «proporcionando a las gentes para tratarles tan sólo una información mínima, para que fueran capaces de comprender los mecanismos de la locura, y una auténtica educación política, nada más», según Cooper.

    Según Giovanni,Jervis, debe abrirse un discurso crítico más concreto sobre la psiquiatría en su conjunto, sobre su historia, sus métodos de cura, el psicoanálisis, sobre conceptos como normalidad, psicosis, neurosis, delirio, pero, por encima de todo, sobre el modo real de comportamiento de los psiquiatras en su actividad profesional y sobre las teorías que elaboran a partir de esta actividad.

    La contestación en profundidad de la actividad psiquiátrica tal como suele ser ejercida, de la que no escapa el psicoanálisis institucionalizado y la defensa del profundo mensaje de la locura, son algunas de las características de la antipsiquiatría.

    * Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de febrero de 1978


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    Portada 
    Ha muerto Franco Basaglia, creador del movimiento antipsiquiátrico italiano

    ALFONSO GARCÍA PÉREZ
    31 AGO 1980
    Franco Basaglia, líder de la denominada antipsiquiatría italiana, responsable de la salida de los manicomios italianos de millares de ciudadanos, que hoy llevan una vida normal, e inductor de la denominada ley 180 de aquel país, según la cual nadie puede ser internado contra su voluntad, y según la cual también los manicomios italianos han sido condenados a desaparecer, falleció el viernes, en Venecia, a los 56 años de edad, a causa de un tumor cerebral

    Giordano Savarin es el nombre de un ciudadano italiano que asesinó a sus padres con un gran cuchillo. ¿Causas del crimen? Posiblemente en el inconsciente de Savarin existiesen determinantes infantiles, oscuros sentimientos o confusas venganzas que le impulsasen a ese acto, siempre irracional, que es el asesinato de dos seres humanos, pero los jueces italianos determinaron que Savarin era un perturbado mental, que «andaba suelto», por lo cual hubo de ser el responsable de su tratamiento el psiquiatra Basaglia, quien tuvo que comparecer para explicar por qué aquel ciudadano no estaba internado, si era un «loco peligroso». Giordano Savarin era un «enfermo mental liberado» del hospital psiquiátrico de Gorizia, en la Italia de los primeros años de la década de los setenta, donde más de 200.000 seres humanos estaban condenados a una de las peores formas de prisión: el manicomio. Privados de identidad, tanto en aquel como en los demás países, los locos, como son etiquetados los ciudadanos de comportamiento excesivamente diferente o con una manifestación disidente de su emotividad y su impulsividad, eran o siguen siendo internados en esas sepulturas definitivas del alma que son las llamadas casas de salud, mientras el cuerpo siga viviendo, definitivamente condenados a la no recuperación de su identidad.

    Pero ¿quiénes van a los manicomios y por qué? Suenan fuertes y rotundas todavía las palabras de Franco Basaglia: «Al manicomio va la gente que no tiene voz, la palabra; es decir, los pobres, los desheredados». Para el antipsiquiatra italiano, sólo los desheredados van al manicomio, aunque la evidencia también nos muestra individuos de las clases dirigentes internados en esas ciudadelas de terror perpetuo, de camisas de fuerza, electro-choques y lobotomías. Pero, en este caso, también estamos ante desheredados, desheredados del amor de los suyos, individuos, como escribiera Sullivan, que se cuentan las más de las veces entre los elementos más inteligentes y brillantes de unas familias que les condenaron, por conflictivos, molestos y problemáticos, a ser ovejas negras, primero, y carne de manicomio, después.

    Franco Basaglia se propuso destruir los manicomios. Heredero, sin duda, del espíritu de Sigmund Freud, quien, en palabras de Castilla del Pino, «inicio el diálogo con la locura, una locura siempre con significado», rechazó, sin embargo, ese otro aspecto de la práctica psicoanalítica, acomodaticio, burgués y, en resumen, tímido y cobarde en sus conclusiones.

    Para el líder antipsiquiátrico, el diálogo con el llamado loco debe ser restaurado; y eso es incompatible con el funcionamiento del manicomio. El psiquiatra del manidomio desempena, según Basaglia, el papel de «difundir la psiquiatría como elemento del culto al pesimismo; es decir, haciendo creer que el enfermo mental no puede curarse, que es peligroso, etcétera».

    Frente a esta amarga alternativa, la otra, la de la fe en la vida, en cualesquiera de sus manifestaciones, incluso en la de la locura, tremendamente cercana, por otra parte, al arte y a la libertad, es así expresada por Basaglia: «Cuando el psiquiatra da la palabra al internado, puede producirse el auténtico cambio, porque el desheredado habla y expone sus necesidades». Necesidades de afecto; necesidades de intelección en un medio o entorno, las más de las veces incapacitado para entender al loco, en muchas ocacíones, por la superioridad intelectual de éste; necesidad de comprensión en profundidad, etcétera.

    « En ese momento», concluye Basaglia su magistral descripción del inicio del diálogo con la locura, «comenzaría el verdadero trabajo del psiquiatra y se podría comprobar si existe o no la psiquiatría una vez que se estableciera la recíprocidad entre el psiquiatra y la persona que sufre».

    No siempre se da esa reciprocidad ni, menos aún, en el caso de las instituciones. «Cuando se destruye el manicomio», asegura Franco Basaglia, «que es la institución que protege al técnico, entonces es cuando nos encontramos con el sufrimiento del ciudadano y ya no se podrá dar una respuesta institucional, sino individual: una respuesta de lucha. Cuando el manicomio ya no existe, desaparece el prejuicio de que dentro están los malos y fuera los buenos».

    Franco Basaglia tuvo que comparecer -¡cómo no!- en el banquillo de los acusados por una culpa que él no tenía, así descrita en palabras de otro antipsiquiatra, David Cooper: «Llevo toda una vida combatiendo contra el sentimiento de culpabilidad. Debe convencerse a las gentes para que acepten su propia locura sin temor. Hay que recuperar a la locura como una propiedad social común... Sobre todo mandando al carajo a los expertos, cortando la cabeza a los psiquiatras».

    Basaglia, que no fue tan radical en sus expresiones como Cooper, respondió en una ocasión a la pregunta sobre si era o no antipsiquiatra con estas palabras: «¿Psiquiatra? ¿Antipsiquiatra? Son palabras sin significado para mí».

    Lo cierto es que en la ciudad de Gorizia, donde el paciente Giordano Savarin asesinó a sus padres, se habían abierto las puertas de un manicomio. Pero, años más tarde, Trieste daba la respuesta al experimento: en el hospital psiquiátrico de aquella ciudad, de 1.200 pacientes que había, en 1978, quedaban sólo 420, de los que sesenta eran personas mayores de 75 años, trescientos no sabían adónde ir y sesenta eligieron formas de vida autogestionaria, comunal, no por casualidad, eligiendo antiguas dependencias de monjas y curas.

    La Italia que hereda el espíritu de Basaglia aprobó recientemente, en su Parlamento, la denominada ley 180. Es esta, sin duda, la lógica continuación de la sentencia italiana que absolvió a Franco Basaglia, al reconocer, tácitamente, que valía la pena el riesgo de aquel desdichado asunto del asesinato de Giordano Savarin a sus padres. Los jueces valoraron positivamente el sentido de tantos cientos de vidas de locos de manicomio que recobraron su identidad y salieron de esa cárcel cuyo nombre, manicomio, viene del griego mania (locura) y komeo (cuidar). Los manicomios comienzan a cerrarse en Italia, y antiguos dementes recuperan su condición de ciudadanos normales, con una locura normal y un sufrimiento normal. «Se ha reconocido», afirmó uno de sus abogados defensores, «el honor profesional de un científico y un profesional que tiene una delicada misión que cumplir en favor de la humanidad que sufre».

    * Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 31 de agosto de 1980


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    Portada
    Antipsiquiatría (III): Otras experiencias. 
    Basaglia y la reforma italiana.
    por fearloathingandreaction

    En Estados Unidos la asistencia a los enfermos mentales por parte del estado se orienta hacia la desinstitucionalización con una nueva perspectiva comunitaria tras el impulso y la firma definitiva del presidente Kennedy de la “Community Mental Health Centers Act” en 1963. La aparición de esta ley ilustra una evolución de la estructura, la práctica y los propósitos de la atención a la salud mental en los Estados Unidos y supone un cambio de tendencia pionero. Esta visión comunitaria por parte del estado de la asistencia psiquiátrica no deja hueco para los postulados reaccionarios de la antipsiquiatría británica que no encuentran sustrato para sus reivindicaciones excepto en los círculos más underground.

    En Francia, el movimiento antipsiquiátrico se valora y se recoge dentro de las corrientes contestatarias pero encuentra muchas resistencias desde el ámbito de la salud mental, es tachado de psiquiatricida y a penas tiene recorrido. Además, desde las instituciones, al igual que en los Estados Unidos, se da un giro en la concepción de la atención psiquiátrica y comienza a desarrollarse una psiquiatría de sector, otra intento de estructurar la atención psiquiátrica fuera del eje hospitalocéntrico para desarrollarla de un modo descentralizado, trasladarla a la comunidad.

    Es en Italia donde, de algún modo, las ideas de la antipsiquiatría, de la mano de Franco Basaglia, alcanzan unas cotas de desarrollo que hacen que estas teorías se plasmen en cambios significativos dentro del propio sistema. En 1962 es nombrado director del Hospital Psiquiátrico de Gorizia, su intención es trasladar las experiencias aprendidas en Londres junto a Maxwell Jones del funcionamiento de una comunidad terapéutica: sostiene que el internamiento psiquiátrico sólo agrava la enfermedad mental. En 1968 se publica “La institución negada. Informe de un hospital psiquiátrico”, un libro colectivo en el que expone sus tesis: el manicomio es un instrumento de rechazo y de encierro que debe ser destruido, la ciencia está siempre al servicio de las clases dominantes y el hospital psiquiátrico es una de las instituciones de violencia mediante las que se dirige y se oprime a las masas. Su discurso también está teñido del verbo reaccionario y politizado de la época, no en vano es un miembro activo del partido comunista italiano, pero él va más allá de la dialéctica y de las soflamas incendiarias, no es tan radical en sus expresiones como Cooper. Su lucha no es contra la enfermedad mental, contra la validez del concepto de locura como constructo social o contra el sistema mismo (al menos en lo que a este ámbito se refiere), sino contra los mecanismos del sistema para gestionar y controlar la contradicción que la enfermedad mental le supone. Mientras sus coetáneos se empeñan en buscar alternativas al internamiento e insisten en que la verdadera trampa no es el internamiento en sí mismo sino el juicio psiquiátrico, Basaglia busca la mediación con la política institucional, busca el cambio desde dentro, desde una óptica posibilista.

    En Gorizia no puede llevar a cabo sus ideas por discrepancias con las administraciones locales y en 1971 se traslada a Trieste, donde finalmente acabarán cristalizando las experiencias de negación del manicomio que persigue. Su principal objetivo es la reconstrucción de la persona y de su identidad social y jurídica y para ello comienza a modificar las normas e incluso la estructura misma del hospital: se eliminan las barreras y las medidas de contención, los barrotes y las separaciones entre las diferentes unidades; se pone fin a las terapias electroconvulsivas; se acaba con la separación por sexos; se crean espacios de relación social como salas de encuentro para terapias, asambleas y talleres y se estimula la comunicación y la expresión de sentimientos y críticas incluso hacia la propia institución y la experiencia del internamiento en esos espacios; por último se sustituyen los uniformes manicomiales por ropa de calle para los internos.

    Una vez establecidos estos cambios se promueve la creación de un Hospital de Día que se inaugura en 1973 y la labor se desplaza al exterior: se intenta sensibilizar a la sociedad ante la problemática de la enfermedad mental mediante debates y fiestas dentro y fuera del hospital y con la participación en diferentes actividades culturales de la ciudad. Al mismo tiempo de habilitan apartamentos autogestionados dentro del propio recinto hospitalario y se desarrollan iniciativas de integración en el mundo laboral. En una segunda fase, parte del equipo se traslada a otros centros en una labor evangelizadora para compartir estas experiencias y trabajar en experiencias similares, se comienza a salir del hospital y se aúna la labor con la de los centros de salud mental, se crean comités de alojamiento para facilitar la salida de los pacientes del hospital y se intensifican los talleres laborales y la búsqueda de ofertas de trabajo acordes a las posibilidades de los mismos.

    Estas iniciativas y estos cambios traen consigo dos consecuencias importantes. La primera es que la expansión de estas ideas provoca que, en torno a estas nuevas experiencias, se vaya agrupando cada vez un mayor número de trabajadores de todas las disciplinas relacionadas con la salud mental (enfermeras, psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales…). Están dispuestos a actuar para transformar la institución represiva y luchar contra la marginación, el aislamiento y el estigma del enfermo mental tanto dentro como fuera de dicha institución. En 1973 se constituye la asociación Psiquiatría Democrática, en Italia primero pero en gran parte de los países de Europa occidental al poco tiempo. Un ejemplo de la importancia de este movimiento es el número de asistentes al III Congreso de la Red Internacional de Alternativa a la Psiquiatría celebrado en septiembre de 1977 en Milán: se reunieron más de 3.500 participantes.

    La segunda consecuencia que trae consigo este movimiento es que va ampliando el campo de batalla, intenta implicar a otras instituciones sociales, va ganando proyección e influencia. Esta progresión y las sinergias que se producen en el momento político que vive Italia acaban consiguiendo que gran parte de sus demandas se traduzcan en la conocida como Ley 180, ratificada por el parlamento italiano en 1978. Con ella se pone fin a la práctica del internamiento involuntario y se prevee el progresivo desmantelamiento de los hospitales psiquiátricos, la gradual reinserción de los ingresados en la comunidad y la creación de servicios comunitarios descentralizados. No hace falta construir más manicomios, no hay que internar el sufrimiento en un asilo; los postulados de la antipsiquiatría plasmados en una ley. En 1996 se produce el cierre total de los manicomios y más de 100.000 personas son puestas en la calle.

    “La antipsiquiatría: crítica a la razón psiquiátrica” Manuel Desviat. Norte de Salud Mental. 2006 (25)

    “Entrevista a Franco Basaglia”. Michelangelo Notariani; 1980. http://www.dinarte.es/salud-mental

    “El modelo italiano”. Pasquale Evaristo; 2000. http://www.triestesalutementale.it/spagnolo/01-historia.htm#par04

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    La Reforma Psiquiatrica en Trieste, Italia
    Evaristo Pasquale
    En todo el mundo los hospitales psiquiátricos, ricos o pobres, limpios o sucios, se fundan en la medicina positivista, inadecuada para el malestar psíquico, y más sobre el mandato social de proteger la comunidad contra los locos, sus hijos diferentes y mal considerados.

    ¿Donde empezó el trabajo del grupo de Trieste?
    Franco Basaglia, psiquiatra de Venecia, ya era director del hospital psiquiátrico de Gorizia desde 1961 .Intentó humanizarlo. Cuando fue director del hospital psiquiátrico de Trieste (1971-79) completó el objetivo cerrándolo. Fue el verdadero padre de la psiquiatría sin manicomios.
    Hizo su formación en la antigua Universidad de Padua y tuvo contactos estrechos con la Fenomenología alemana y con todos los movimientos de crítica institucional, filosófica y social sobre la psiquiatría y la diversidad, que nacieron en el mundo occidental después de la 2° guerra mundial:
    Con Francia: la psiquiatría del sector de Daumezon y Bonafè, el psicoanálisis institucional, con filósofos y sociólogos como Sartre, Foucault, Castel, Guattari
    Con Inglaterra: la antipsiquiatría de Laing y Cooper, la comunidad terapéutica de Maxwell Jones.
    Con USA: los movimientos por los derechos humanos, con Goffman, Szas, Schatzman, y la reforma del mental health act de Kennedy..)..
    Estos movimientos criticaban las democracias occidentales por las violaciones de los derechos humanos de grandes minorías del pueblo, sobre todo los internados en hospitales psiquiátricos (millones en Europa y USA); después de la 2° guerra mundial miles de soldados veteranos estaban sin trabajo, sin ideales, inadaptados y se incrementaban el número de camas psiquiátricas, ya ocupadas por los “desechos humanos” de la industrialización y urbanización. Criticaban la ciencia psiquiátrica por aceptar la función de control social, ocultándolo detrás de la cientificidad de ser parte de la medicina biológica. Pero ningún instrumento de la medicina estaba ( y está) viable en psiquiatría: no había prognosis si no la cronicidad; no tratamiento si no electroshock; pocos fármacos sedativos, sólo de síntomas y llaves ( contención); un diagnostico kraepeliniano. En cuanto a las intervenciones concretas: solamente la división en pabellones según conductas agitadas, agresivas, tranquilas, confusas, sucias.
    “Las intervenciones psiquiátricas se fundan sobre el poder, no sobre la ciencia” (F. Basaglia).
    Entonces la eficacia terapéutica del hospital psiquiátrico aparecía oscura; pero estaba ya clara su patogenicidad a través de la creación de crónicos, “neurosis institucional” por objetivación de los internados, alejamiento de la vida y de sí mismos por no ser posible ningún contacto con el mundo ni con el futuro.

    F. Basaglia y su grupo de trabajo veían y discutían cada día estas estrategias institucionales tan inadecuadas e injustas para pacientes destruidos más que peligrosos.
    La formación fenomenológica le permitía enfrentar no sólo a la institución por su violencia sino también por su posición frente al “otro”, el ser humano, la persona que hay que respetar en cualquier nivel de desgracia en vez de embrutecerla. “Me interesa la persona más que la enfermedad” ( F. Basaglia) y su diagnóstico.
    Postura todavía actual: el recién fallecido periodista R. Kapuscinski conecta la sobrevivencia del mundo con el encuentro entre culturas y sociedades, poniendo el énfasis en lo compartido de la humanidad y no sobre las diferencias (color, nación, religión); no se puede reconstruir nada partiendo de lo negativo.
    F. Basaglia con estas ideas intentó humanizar al hospital psiquiátrico de Gorizia (1961-70), abandonando toda medida de restricción física y eliminando los tratamientos electroconvulsivantes, considerándolos como torturas y la ergoterapia como explotación, y desarrollando el sistema de puertas abiertas según los principios de la comunidad terapéutica de Maxwell Jones. Volver a dar voces y poder a las personas dentro del hospital, pacientes y enfermeros reunidos conjuntamente en asambleas abiertas a todo el mundo, cada día, para decidir juntos cómo reorganizar la institución hospitalaria en sus partes inadecuadas, cómo estructurar el tiempo, cómo dividir funciones con reglas claras, reconstruyendo relaciones significativas. Tender a un clima de participación afectivo y un nivel de responsabilidades cada vez mayor, que permita la mejoría de cada internado.
    Consideraba que la evolución tendiente hacia la autonomía era bloqueada por el poder legal y simbólico de los muros hospitalarios, guardaespaldas de la institución psiquiátrica, que no podía permitir la libertad y ejercicio de los derechos en el afuera.
    La institución psiquiátrica hospitalaria determinaba, sin dejar espacio de maniobra para los psiquiatras, una enfermedad médica fundamentalmente incurable y peligrosa con tratamientos superficialmente sedativos, que debía quedar encerrada para protección de la sociedad de los sanos, a veces con contención violenta, sistema que sustentaba circularmente la agresividad de pacientes y enfermeros.
    La institución debía respetar reglas absolutas, ajenas a su contexto comunitario para defenderse , totalizando los pacientes en su enfermedad (y los profesionales en su papel de guardianes), olvidando nombres, historias de vida, deseos, capacidades residuales, derechos.
    En Trieste, F. Basaglia y su grupo estaban (y están) convencidos de polemizar con estas teorías y reglas institucionales para modificar el trabajo práctico. Para un cambio precisaron modificar teorías y prácticas, siempre enlazadas. Humanizado, el hospital psiquiátrico no podía responder a las necesidades de tratamiento y de vida de los ciudadanos de los años 70, ciudadanos y no sólo locos, y tenía que cerrarlo. Basagliainventó la desinstitucionalización, fundamento de Trieste: que es reformar desde lo interior, trabajando dentro de las instituciones que en el tiempo tienden a cerrarse en sus reglas ya desproporcionadas y corruptas, para modificarlas o anularlas, defendiendo así los derechos de los ciudadanos. Precisó de un trabajo interno y no sólo una reforma hecha desde lejos, porque el contacto día a día crea conciencia de los dispositivos institucionales de inercia para no permitirlos en la próxima estructura.
    La estrategia de la desinstitucionalización prevee varios niveles:
    1.cultural-cientifico; 2.organizativo; 3.relaciones humanas.
    Esta es la verdadera especificidad técnica en salud mental, no tanto las diferentes psicoterapias.
    Basaglia inventó así posibilidades de cambio.
    1.La enfermedad psiquiátrica está dentro de la persona, pero no tanto en sus genes y no es por sobre todo biológica (esta interpretación favoreció la cronificación), es mas bien un disturbio muy complejo, que implica muchas causas, necesidades insatisfechas a nivel somático, psicológico, social, cultural; y entonces precisa de soluciones mas complejas que las médicas.
    2.A nivel de la organización institucional F. Basaglia primeramente construyó un grupo de médicos sensibles a problemas científicos, institucionales y humanos. Junto con ellos empezó a transformar el papel de los enfermeros, de porteros-llaveros a personas que hablan con los pacientes y se transforman en agentes de relación terapéutica; esto fue posible a través de una capacitación teórico-práctica, trabajando siempre junto a ellos, asumiendo la responsabilidad de abrir puertas, y bloquear con su presencia física y su ejemplo el sistema de autorreproducción de la violencia dentro del hospital, cosa que reducía la función de "policía interna" y de llaveros.
    Después de una huelga de los enfermeros, todavía limpiadores de los pabellones, F. Basaglia generó la posibilidad de que los pacientes ayudaran en la manutención, transformarse en trabajadores, creando una cooperativa con las mismas reglas económicas del mundo laboral, sin dejar de vivir dentro del hospital (nació en 1973 la Cooperativa Trabajadores Unidos, actualmente cuenta con mas de 200 socios).
    Esta negociación, difícil pero al fin positiva, con la Dirección Administrativa del hospital, fue seguida por otra transformación. Los internados, que ya estaban participando y trabajando, pasaron a ser huéspedes voluntarios, hospitalizados para tratar un padecimiento y no mas forzosos (automáticamente interdictos judicialmente), cosa que permitió salir de las reglas policiales de ingreso y de alta .
    Alrededor de esas medidas el hospital iba a volverse cada vez más vivo, ingresaban ciudadanos curiosos, jóvenes interesados en experiencias personales, artistas que veían nuevos campos de intervención, técnicos de todo el mundo interesados en esa escena confusa, mas rica de encuentros, sugestiones, afectividades, proyectos...; se hacían fiestas con artistas importantes, músicos, pintores...se hacían talleres expresivos abiertos a pacientes, profesionales, visitantes, artistas..
    Todo eso movilizaba muchas energías humanas, físicas y mentales, necesarias para combatir la inercia de la enfermedad mental y de su institución, creando dinamismo, nuevas perspectivas sobre la enfermedad, críticas contra brutalidades innecesarias.
    También continuaba el proyecto de humanización de cada paciente, incluyendo también voluntarios, para reconstruir gradualmente derechos (dignidad de personas, posibilidades de encuentro con otros, familiares, afectos, intereses...).
    Y después de tanta contaminación humana, casi un electroshock afectivo contra años de abandono institucional, se podía trabajar con el paciente y su familia, para regresarlo a ella, o a un grupo de convivencia o a su pareja, tal vez protegidos; se involucraron también las Viviendas Públicas.
    Para sostener esta evolución la Dirección Administrativa fue convencida , como ahorro de internación, de ofrecer a los egresados pobres (casi todos) una subvención de alta y sobrevivencia afuera.
    Contemporáneamente se construían Servicios de Salud Mental en la Comunidad para ofrecer seguimiento a los egresados y a los nuevos pacientes del área sin hospitalizarlos.
    En cuanto salían pacientes, salían trabajadores y dinero para fortalecer los Servicios Comunitarios, porque no había recursos supletorios.
    3. La atención a los internados fue contemporánea a las intervenciones institucionales. Con personas aniquiladas por la institución durante tantos años se precisaba reconstruir contactos humanos, estimulando confianza comunicativa, reconstruyendo juntos el nombre del internado, su identidad de antes (papel familiar y laboral, relaciones, actitudes, deseos, proyectos..), poniendo atención en espacios y objetos personales (armarios, ropas..) y momentos de privacidad para motivar el camino hacia la autonomía personal, mas interacciones y protagonismo (asambleas, fiestas, talleres, periódicos internos, salidas, vacaciones..) y niveles de poder más paritarios con los terapeutas...hacia la recuperación del cuerpo y de los valores de intercambio social (trabajo, dinero, tiempo, amistades, poder social..).
    A la salida del hospital llegaba un paciente diferente que el de los años de internación coercitiva. Salía al mundo real con mas instrumentos, confianza, curiosidad, también con miedo de los rechazos de los sanos; precisaba todavía de un acompañamiento por las nuevas instituciones comunitarias, dirigido hacia los cuidados, vivienda, trabajo y otros...

    Esta lucha desinstitucionalizante fue un ejemplo para experiencias similares en otros lugares de Italia; en un momento favorable de sensibilidad social a los vulnerables y de cambios legislativos (leyes sobre derechos de los trabajadores, derechos de las mujeres respecto al aborto y divorcio; ingreso de jóvenes con handicap a la escuela normal, salud garantizada para todos..) fue votada la ley 180/1978, después incluida en la 833/1978 de Salud Pública.
    La ley 180/1978, quizá aun la única ley nacional que prohibe los hospitales psiquiátricos, es un marco general de pocos y claros elementos:
    -El cierre gradual de los hospitales psiquiátricos, prohibiendo la construcción de nuevos y de nuevos ingresos; el cierre completo en toda Italia precisó de más de 20 años.
    -La apertura de Centros de Salud Mental (C.S.M.) Comunitarios, ejes de la nueva red asistencial para prevención, cura y rehabilitación de pacientes psíquicos.
    -Pequeñas secciones de psiquiatría en los hospitales generales (máximo 15 camas) si los pacientes no tienen oportunidades en los C.S.M.
    -Conexiones con los otros sectores de la medicina dentro del Sistema Nacional de Salud (S.S.N.); antes la psiquiatría tenía una Administración separada, bajo normas del Ministerio del Interior.
    -Los tratamientos deben ser voluntarios; los obligatorios deben ser excepciones: TSO (tratamientos sanitarios obligatorios) precisan de garantías especificas (firma de dos médicos, por lo menos un psiquiatra público, ratificación del intendente municipal como representante de los ciudadanos, control formal del juez) y por tiempo breve (7 días, renovables con las mismas garantías).
    -Transferir gradualmente los recursos (trabajadores, dinero..)del hospital a los Servicios Comunitarios (C.S.M.).

    El Plan de actuación, que tenía que llegar pronto para dar indicaciones concretas, fue establecido recién en 1994 por resistencia e inercia política.
    Esta fue una causa de escasa o diferente aplicación de la ley en los diferentes lugares de Italia ( a piel de leopardo), junto a diferentes sensibilidades de profesionales y administradores locales, en organizar Servicios y preparar pacientes y familias para el regreso a la sociedad.
    Fue también una ley revolucionaria por sus nuevos paradigmas científicos, que fastidiaba a los académicos, despertaba miedos escondidos por los locos libres, combatía privilegios económicos y de comodidad (el mercado paralelo de los psiquiatras públicos y de las clínicas privadas, obligó a trabajar mas y mas cerca del paciente). “Si los pacientes están cerrados, el psiquiatra está libre; si los pacientes están libres, el psiquiatra está preso” (F.Basaglia).
    Durante varios años diferentes parlamentarios presentaron propuestas de cambio, y también en el exterior, donde se discutía reformas psiquiátricas, esta incertidumbre fue utilizada para fines contrastantes.
    Hoy en día la ley 180 tiene mas de 30 años de vida y la gran mayoría de personas implicadas (profesionales, pacientes, familiares, administradores, asociaciones, empresarios laborales del sector privado-social..) y de los partidos políticos no quieren modificarla, si no continuar en su implementación.
    El Plan Nacional actual POSM 2° de 1998(Plan Objetivo de Salud Mental) da indicaciones muy especificas:
    -Crear una red única de Servicios públicos de Salud Mental, organizada como Departamento de S. M., con recursos específicos y dirección única, dividido en unidades operativas como C.S.M. (1 por lo menos cada 150.000 hab.).
    -Organizar en todo el país las diferentes estructuras necesarias para los diferentes niveles de demanda: Servicio hospitalario para agudos; C.S.M. como eje central de programas y acciones terapéuticas y de rehabilitación; centro de día para post crisis; hogares protegidos para discapacitados; convenciones con cooperativas sociales de trabajo.
    -Definir los estandar de servicios cada 10.000 hab. (1 cama para agudos, 1cama de día para subagudos, 1 cama en hogares protegidos) y de profesionales( 1 cada 1.500 hab)
    -Aclarar funciones asistenciales: continuidad terapéutica con actitud activa hacia los pacientes y el malestar juvenil, plan terapéutico individual, integración entre Servicios de S. M. y otros Sanitarios Regionales y Sociales Municipales (que tienen deberes a nivel de subsistencia y vivienda para los ciudadanos vulnerables)
    -Capacitar profesionales
    -Organizar sistemas de evaluación de Servicios, éxitos, satisfacción de los ciudadanos.

    ¿Cual es la realidad de los Servicios de S. M. comunitaria en Italia?
    Todavía bastante diversificada, pero menos que antes y cada vez mas cerca del Plan Nacional.
    Trieste fue el ejemplo a nivel de ideas y también de organización.
    Entonces en Trieste tenemos los Servicios indicados por el POSM desde hace muchos años , con algunas características propias:
    -Dentro de una área de 240.000 hab. (toda la provincia) un Departamento de S. M., dividido en 4 C.S.M. (cada uno con un área de mas ó menos 60.000 hab. igual que un Distrito de Salud General), donde hay también 8 camas para agudos, consultas e intervenciones de grupo con pacientes, familiares y mucho trabajo domiciliario; y asesoramientos en hospital general, residencias de mayores, cárcel. También hay conexiones continuas con Salud Publica del area sobre problemas comunes (atención 1°, consultorio familiar, menores, Alzheimer, handicap, drogadictos).
    -1 Servicio hospitalario con 6 camas para la primera observación; la hospitalización normalmente se hace en el C.S.M.
    -1 Servicio de Rehabilitación ( sobre todo inserción laboral) y Hogares protegidos.
    - Enlace con Cooperativas Sociales de trabajo (al menos 30% de socios con desventajas), Asociaciones de familiares y voluntarios, Club de autoayuda de pacientes.
    - Parte del presupuesto (mas de 600.000 dolares/año) está dedicado a actividades extraclínicas (inserciones laborales, intervenciones de socialización, de tiempo libre y deportes, subvenciones para necesidades.), necesarias para los programas personales postcrisis.

    ¿Qué éxitos tenemos en Trieste?
    -De1300 internados forzosos por año en hospital psiquiátrico en 1971 se pasó a unos 30 pacientes/año con TSO (tratamiento coercitivo).
    -No hay pacientes internados en los Hospitales Psiquiátricos Judiciales, todavía quedan 5 de estos hospitales en Italia, dependientes del Ministerio de Justicia y no de Salud, con capacidad para alrededor de 1200 internados. Hay también proyectos de cambio.
    - Tenemos 3500 pacientes voluntarios/año con diferentes niveles de malestar.
    - En lugar de una única respuesta al enfermo mental grave (internación forzosa ) ahora hay alrededor de 50 lugares diferentes con programas lo más personalizados posibles.
    - No había ni hay clínicas psiquiátricas privadas para internación en nuestra región.
    - Los pacientes quedan con todos los derechos de ciudadanía y viven dentro de la comunidad, con apoyos diferentes según las particulares dishabilidades/problemas que padecen.
    - Han nacido autoorganizaciones de familiares y otras de pacientes, que colaboran con los Servicios y expresan bastantes satisfacciones, aunque tener un paciente crónico en la casa sea siempre problemático.
    - Los costos del hospital psiquiátrico del año 1971 eran el doble de 2003 (respetando la devaluación).
    -Los edificios y el parque del hospital psiquiátrico están casi todos reutilizados por otras instituciones para los ciudadanos (escuelas, residencias..).
    -El estigma en la ciudad es menor que antes (investigación ‘06 con 900 habitantes Trieste).
    -Centenares de pacientes encontraron trabajo a través de la inserción laboral en dos C.S.M.

    Indicadores de Servicios de S. M. Comunitarios que garantizan el respeto de los derechos de los ciudadanos:
    1. Verdadera RED UNICA de Servicios Públicos de S. M. para integrarlos e impedir estrategias discordantes y abandono de pacientes, organizando la responsabilidad política y profesional de atención sanitaria sobre una área. Esto ha permitido (permite) una reconversión de los recursos hospitalarios a la atención comunitaria y de nuevas necesidades de las personas usuarias.
    2. C.S.M. comunitarios ACCESIBLES (funcionando 24 horas/dia durante los 7 días de la semana) con acogida en el mismo día, sin filtros, en conexión con las instituciones sanitarias, sociales y comunitarias del área. La institución se acerca al ciudadano.
    3. Hacerse cargo con CONTINUIDAD, sobretodo de los casos mas graves, utilizando también profesionales no-médicos como operadores de referencia. Desarrollar programas de rehabilitación personalizados a nivel domiciliario y comunitario. Escuchar, motivar, hacer juntos el camino.
    4. Activar, involucrar y sostener REDES REALES de apoyo entorno al paciente, con familiares, amigos, colegas, voluntarios..y otros Servicios no específicos del área, crea a largo plazo posibilidades de un mejor pronostico. Para construir salud mental se precisa colaborar entre profesionales y no profesionales.
    5. Nuestra estrategia de REHABILITACION: Primero rehabilitar las instituciones y después a los pacientes, utilizando en forma diferente los recursos públicos que eran destinados al control mas que a la emancipación. Crear accesos reales a los derechos de ciudadanía a través de recursos concretos en sus lugares de vida dando capacitación y acompañamiento a los pacientes. La discapacitación empieza rápidamente con el alejamiento de los agudos de sus lugares, deberes, afectos..; se precisa tener una actitud terapéutica y de rehabilitación tempranamente.
    Los factores no específicos (historia personal, afectos, actitudes, sentido personal del proyecto, nuestra mirada o expectativa.) prevalecen en el logro de buenos resultados.
    6. El TRABAJO constituye el nivel máximo de rehabilitación porque construye y precisa de muchas habilidades (higiene, autonomía, relacionarse) y produce gran recupero de valores sociales si está realizado en lugares reales y no artificiales, con sentido personal , creando productos de calidad y no pasatiempos. Contra el prejuicio que los esquizofrénicos no pueden trabajar, una investigación del Instituto Nacional M. Negri sobre 2.000 pacientes, después de 5 años de tratamiento en Servicios Comunitarios Italianos, demostró que el 62% trabajan.
    7. No aceptar que la intervención psiquiátrica sea sólo para hacer diagnósticos y etiquetar, que favorecen el rechazo por otras instituciones y queda el paciente totalizado en la enfermedad mental, negándole sus derechos a otras respuestas. Precisa construir espacios de comprensión y ENCUENTRO ENTRE NORMALIDAD Y DIVERSIDADES dentro de todos los lugares donde actuamos ( C.S.M., Hospital general, Médicos de Salud Pública y Médicos de Familia, Comunidad, Familias).
    Contra el prejuicio de la peligrosidad, que aleja a las personas, también el delito equipara locos y normales (no hay diferencia estadística) y de la misma manera la pena debe ser evaluada por igual; solo después entran las circunstancias atenuantes de una enfermedad y las necesidades de tratamiento, en la Cárcel o en Servicios Sanitarios.
    8. No olvidar que la DESINSTITUCIONALIZACION es una lucha continua adentro de todas las instituciones humanas, las hospitalarias y asistenciales, y las comunitarias, los medios de información, pero también las de la vida diaria , para abrirlas a las necesidades móviles de las personas y evitar que éstas, sin acogida, vuelvan al malestar. Dar voz directa a los ciudadanos pacientes, arriesgar con ellos para el cambio.
    Trieste, después de casi 40 años de trabajo en el sector, es testigo de que la salud mental se construye a través de una continua lucha en cada conjunto humano, con muchas dificultades para abrir espacios de vida a las personas mas débiles.
    En esta actitud se funda la Declaración OPS de Caracas, hecha para los Gobiernos de Latinoamérica en 1990. ¡Que las declaraciones lleguen a ser un trabajo diario con propósitos de transformación de los microdispositivos de exclusión.

    Hay problemas todavía no resueltos en Trieste y sobretodo en Italia en el campo psiquiátrico:
    -Ninguno es perfecto, ni las personas ni la institución. El trabajo continuo y cercano a personas con trastornos mentales es mas difícil y duro que el de encerrarlas. Precisa un trabajo de grupo, con supervisión, para mantener un equilibrio y no caer en burnout.
    -Los prejuicios sobre la locura disminuyeron, pero quedan. “El “manicomialismo”, la actitud de ubicar las contradicciones sociales y las diversidades difíciles en lugares separados y no enfrentarlas en su contexto, tiende a reproducirse a nivel internacional con la creación de nuevos guetos (residencias de mayores, centros de acogida forzosa para inmigrantes, barrios-gueto de las periferias). Mudar la cultura de la expulsión es difícil y largo, pero la primera etapa del hospital psiquiátrico fue posible.
    “Somos minoría; si acaso el proceso de desinstitucionalización se detenga o vuelva atrás, queda probado que es posible tratar la locura sin manicomios” (F. Basaglia).
    -Los derechos de los pacientes psiquiátricos se han incrementado, pero no lo suficiente, relacionado con un contexto donde están disminuyendo para todo el mundo (medidas antiterrorismo, ampliación de la distancia entre pobres y ricos en el mundo). A veces los pacientes, minoría social escondida, quedan a cargo de sus familiares, sin apoyo público. Las Administraciones Públicas o cierran o se olvidan de estos pacientes. El mercado del trabajo se abre poco a los vulnerables, en cuanto que es crítico para todo el mundo ( R. Warner).
    -La cultura de Servicios con respuestas mas complejas, creadas en salud mental, tiene el riesgo de volver otra vez a respuestas tecnicistas o de control de conductas mas que de creación de salud (mercado de las técnicas “psico”, necesidad de control estatal sobre los nuevos “diversos”). Se necesita estimular salud mental favoreciendo redes naturales en los contextos mas problemáticos.
    -Dificultades en el presupuesto para asistencia social y salud publica, aun mas grandes después de esta crisis económica.
    -Insuficiencia de sistemas de evaluación de éxitos, de Servicios..
    -En la capacitación para profesionales hay todavía demasiada formación académica y escasa sensibilización continua de los ciudadanos, que redunda en obstáculo al cambio completo, mas aun que otras carencias.

    La locura está dentro de la normalidad, es una parte de la sociedad, la otra cara de cada persona, de nosotros. Tenemos que aprenderlo y aceptarlo y educar a los demás a tratar pero también a convivir con la locura suya y de los otros. Esto crea prevención y salud; al contrario “la protección para los vulnerables se vuelve en amenaza” ( R. Castel) si no los mantenemos en un contexto junto a los demás.

     https://www.topia.com.ar/articulos/la-reforma-psiquiatrica-en-trieste-italia


    Franco Basaglia, psiquiatra, nació en 1928 y murió en 1980.


    PSICOLOGIA › LA SABIDURIA DE FRANCO BASAGLIA

    “El manicomio liberado”

    Fundador de la desmanicomialización en Italia y en el mundo, pronunció en 1979 en San Pablo, Brasil, una serie de conferencias –hoy recogidas en libro– en las que reflexiona sobre la locura, la sociedad y la emancipación.

      Por Franco Basaglia *
    Es difícil decir si la psiquiatría es por sí misma instrumento de liberación o de opresión. Tendencialmente la psiquiatría es siempre opresiva, es una manera de manifestarse el control social. Si partimos del origen de la psiquiatría, debemos recordar a Philippe Pinel, que a fines del siglo XVIII liberó a los locos de las prisiones; pero desgraciadamente, luego de haberlos liberado, los encerró en otra prisión que se llama manicomio. Empieza así el calvario del loco y el gran destino del psiquiatra. Luego de Pinel, en la historia de la psiquiatría aparecen nombres de grandes psiquiatras; pero del enfermo mental sólo existen denominaciones, etiquetas: histeria, esquizofrenia, manía, astenia. La historia de la psiquiatría es la historia de los psiquiatras y no la historia de los enfermos.

    Desde el siglo XVIII, este tipo de relación ligó indisolublemente al enfermo con su médico, creando una condición de dependencia de la cual el enfermo no ha logrado liberarse. Diría que la psiquiatría nunca fue otra cosa que una mala copia de la medicina, una copia en la cual el enfermo aparece siempre totalmente dependiente del médico que lo atiende: lo importante es que el enfermo no se coloque nunca en una posición crítica en relación con el médico.

    Cuando el pueblo, en el siglo XIX, comenzó a rebelarse en contra de la autoridad del Estado, se advirtió que quería participar en la gestión del poder y, sobre todo, que el pueblo no era un animal que podía ser dominado fácilmente. Así se pudo distinguir la existencia de dos clases: la de los trabajadores, que no quiere más ser dominada y quiere participar del poder, y la clase dominante, que no quiere ceder espacios. Fueron más de cien años de luchas, de sangre, de guerras civiles: la clase trabajadora conquistó un espacio relevante en nuestros países. Pienso que es fundamental que los médicos y los psiquiatras sepan estas cosas.

    El médico que presta asistencia en una comunidad debe saber que en ella están presentes por lo menos dos clases, una que quiere dominar y la otra que no quiere dejarse dominar. Cuando un psiquiatra entra en un manicomio encuentra una sociedad bien definida: por un lado, los “locos pobres” (el sistema de los manicomios públicos en los países industrializados nació para el tratamiento a cargo del Estado de los “locos pobres”; así lo decían las disposiciones legales) y, por otro lado, los ricos, la clase dominante, que dispone los medios para el tratamiento de los pobres locos. Desde esta perspectiva, ¿cómo podemos pensar que la psiquiatría pueda ser liberadora? El psiquiatra estará siempre en una situación de privilegio, de dominio con respecto al enfermo. Desde este punto de vista, la psiquiatría es, desde su nacimiento, una técnica altamente represiva, que el Estado siempre usó para oprimir a los enfermos pobres, es decir: la clase trabajadora que no produce.

    Sin embargo, desde la segunda mitad del siglo XX sucedió algo nuevo, que puso al alcance de la psiquiatría instrumentos de liberación. Luego de la Segunda Guerra Mundial el pueblo y algunos técnicos comenzaron a poner en discusión las instituciones del Estado. En los años ’60 hemos visto rebelarse, como en una gran llamarada, a la juventud del mundo entero. En ese levantamiento, nosotros, los técnicos de la represión psiquiátrica, estábamos presentes; dimos nuestro apoyo a esa rebelión. Más tarde, mientras la revuelta de 1968 se perdía en varias direcciones y era reformulada en una suerte de nueva opresión y restauración, hubo una serie de situaciones que unieron las luchas en las instituciones con las luchas de los trabajadores. Hubo ilusiones, pero también certezas. Hemos visto que cuando el movimiento obrero toma en sus manos luchas reivindicativas, de liberación, antiinstitucionales, esta ilusión se vuelve realidad. En Italia, luego de 1968 hubo grandes huelgas en las que los obreros reivindicaron el derecho a la salud, es decir que llevaron su lucha al nivel de las instituciones públicas. Paralelamente algunos técnicos demostraron que el manicomio era un lugar de opresión y de dolor, no de cuidado. Finalmente, en aquellos años y en los siguientes, las mujeres demostraron que la opresión del hombre y de la familia trataba de impedirles tener una subjetividad propia.

    Todos estos movimientos han puesto en evidencia la voluntad de afirmación, no sólo como objetividad, sino como subjetividad. Esta es la fase que estamos viviendo, y es un desafío a aquello que somos, a la relación entre nuestra vida privada y nuestra vida como hombres políticos.

    Cuando el enfermo pide al médico explicaciones sobre su tratamiento y el médico no sabe o no quiere responder, o cuando el médico pretende que el enfermo se quede en la cama, es evidente el carácter opresivo de la medicina. Cuando el médico, en cambio, acepta el reclamo, entonces la medicina y la psiquiatría se transforman en instrumentos de liberación.

    Es en esta cuestión que tenemos que elegir nuestro camino: si preferimos quedarnos en la oscuridad o queremos estar presentes en nuestro tiempo y cambiar, en la práctica, nuestra vida.

    Desmanicomio

    Después de la Segunda Guerra Mundial, Italia era todavía, en lo económico y cultural, un país campesino. En la década de 1950 comenzó un proceso de cambio determinado por el desarrollo de la sociedad industrial y, consecuentemente, de una clase obrera cada vez más fuerte. En aquellos años iniciamos el trabajo en Gorizia, una pequeña ciudad en la frontera con Yugoslavia. Allí había un hospital con 500 camas dirigido de manera totalmente tradicional; era usual la práctica del electroshock y el shock insulínico; antes que nada, era un hospital dominado por la miseria, la misma que encontramos en todos los manicomios. En cuanto entramos, dijimos: no. Un no a la psiquiatría, pero sobre todo un no a la miseria.

    Vimos que, desde el momento en que dábamos respuesta a la pobreza del internado, su posición cambiaba totalmente: dejaba de ser un loco para transformarse en un hombre con el cual podíamos entrar en relación.

    Habíamos comprendido que un individuo enfermo no sólo necesita la cura de la enfermedad: necesita una relación humana con quien lo atiende, necesita respuestas reales para su ser, necesita dinero, una familia; necesita todo aquello que también nosotros, los que lo atendemos, necesitamos. Este fue nuestro descubrimiento. El enfermo no es solamente un enfermo, sino un hombre con todas sus necesidades. Por ejemplo, yo recuerdo que después de que abrimos los pabellones en Gorizia, en 1963-1964, todos esperábamos ver cosas terribles. No sucedió nada. Vimos que las personas se comportaban correctamente, pedían cosas muy justas: querían comida mejor, posibilidad de relaciones hombre-mujer, tiempo libre, libertad para salir. Son cosas que un psiquiatra ni siquiera imagina que el enfermo pueda pedir. Sería como si, en una sociedad fundada sobre el puritanismo, una hija le pidiera al padre salir de noche. Eso sería terrible para el padre, ¿no iba a poder saber cuándo su hija volvería a casa? Ocurre lo mismo con el enfermo mental, porque el psiquiatra siempre confundió la internación del enfermo con la propia libertad. Cuando el enfermo está internado, el médico está en libertad; cuando el interno está en libertad, el internado es el médico.

    Entonces, cuando empezamos a organizar algo tendencialmente igualitario, vimos, por ejemplo, que un hombre se encontraba con una mujer y no sucedía nada violento. Se enamoraban. Naturalmente, luego podían tener una relación sexual, como sucede en las mejores familias y ¿por qué no habría de suceder en el manicomio liberado? Empezamos a divulgar la experiencia para demostrar que era posible dirigir el manicomio de otra manera. Y todo esto nos llevó también a una reflexión política: los internados pertenecían a las clases oprimidas y el hospital era un medio de control social.

    En Gorizia organizamos una comunidad con el objetivo de curar y de mostrar que era posible una vida distinta. Lo sorprendente fue que mucha gente que venía a vernos percibía que la vida dentro de la comunidad era mejor que la vida afuera. Era que dentro de esa comunidad, el egoísmo que domina nuestras vidas era afrontado de otra manera: mi sufrimiento era el sufrimiento del otro. Con este tipo de lógica empezamos.

    Después, muchos de los que habían trabajado en Gorizia fueron a dirigir otras instituciones psiquiátricas y así se generaron cuatro, cinco, seis experiencias diferentes. De todos modos, nosotros sabíamos que el manicomio, aun el dirigido de modo alternativo, era siempre una forma de control social, porque la gestión no podía sino estar en manos del médico, y la mano del médico es la mano del poder. Entonces, cuando, en 1971, empezamos a trabajar en Trieste, continuamos la experiencia de Gorizia, pero con el proyecto de eliminar el manicomio y sustituirlo por una organización mucho más ágil, para poder afrontar la enfermedad allí donde tenía origen. Empezamos con un manicomio que tenía 1200 personas y hoy, luego de ocho años de trabajo, no quedó casi nadie en esa estructura. Esas personas procuraron reinsertarse socialmente, con nosotros, con la sociedad, con la comunidad.

    Podríamos decir que somos personas que transforman en oro lo que tocan, aunque en realidad nuestro trabajo fue muy simple. Como ya dije, en Gorizia descubrimos que la clase trabajadora, en caso de enfermedad, era destinada al manicomio. Entonces, pensamos que esta clase debía tener responsabilidades y poder en la gestión del problema de la salud y que esto podría cambiar las cosas. Por ejemplo, la discusión sobre cuándo se podía dar de alta a un paciente no era sólo entre nosotros, los médicos, sino también con las personas del barrio donde el enfermo iba a ir a vivir. De esta forma, el vecino del barrio se daba cuenta de que las necesidades del paciente no eran distintas a las suyas. Ante el problema de dar de alta a una persona pobre, que no tenía dinero ni casa, ni familia, muchos percibían que estaban o que podían llegar a estar en las mismas condiciones. Comenzaba así la identificación entre el sano y el enfermo, y el inicio de la integración del enfermo.

    Entonces, día a día, año a año, paso a paso, desesperadamente, encontrábamos la manera de llevar al que estaba adentro, afuera, y al que estaba afuera, adentro. En la medida en que el número de los internados disminuía, íbamos creando en la ciudad los centros de salud mental. Teníamos una estructura externa muy ágil, en la cual la enfermedad se enfrentaba fuera del manicomio. Y veíamos que los problemas referidos a la peligrosidad de los enfermos comenzaba a disminuir: empezábamos a afrontar, no ya una “enfermedad”, sino una “crisis”.

    Hoy nos es evidente que cada situación que nos llega es una crisis vital y no “una esquizofrenia”. En aquel momento, ya veíamos que aquella “esquizofrenia” era la expresión de una crisis, existencial, social, familiar, no importa cuál. Una cosa es considerar el problema como una crisis y otra cosa es considerarlo como un diagnóstico: el diagnóstico apunta a un objeto, y la crisis a una subjetividad; subjetividad que a su vez pone en crisis al médico.

    He hablado de manera muy general del camino que hicimos para tratar de eliminar el hospital psiquiátrico y crear una situación tendencialmente terapéutica. No puedo decir más que “tendencialmente”, porque no puede ser plenamente terapéutica: yo trato de curar a una persona, pero no puedo tener la certeza de si la curo o no. Es lo mismo que cuando digo que amo a una mujer: es muy fácil decir esto, pero en algún sentido es falso, porque el hombre tiende a un tipo de relación y la mujer a otro; la relación que se crea entre los dos no es más que una crisis, es una crisis en la que hay vida, siempre que no haya dominación del hombre sobre la mujer o de la mujer sobre el hombre. En una situación que es tendencialmente de amor, se puede crear una relación muy libre.


    * Extractado de La condena de ser loco y pobre. Alternativas al manicomio, de reciente aparición, que reúne conferencias pronunciadas en San Pablo, Brasil, en 1979.


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    Biografía Basaglia Franco (1924-1980)
    Basaglia Franco (1924-1980) Psiquiatra italiano

    En la historia de la antipsiquiatría, Franco Basaglia ocupa una posición muy diferente de las de Ronald Laing y David Cooper, en razón de la situación muy particular M psicoanálisis en Italia. En efecto, mientras que Laing y Cooper trataron de destruir la institución asilar a partir de una reflexión existencial sobre el estatuto de la esquizofrenia, Basaglia fue al principio un militante político con una trayectoria inscrita en la historia del marxismo y el comunismo. En este sentido, a diferencia de Cooper, y sobre todo de Laing, profundamente marcados por la escuela inglesa de psicoanálisis, Basaglia había tenido alguna relación con el Freudismo, al que consideraba vehículo privilegiado de una concepción capitalista de la adaptación del individuo a la sociedad. Proveniente de una familia veneciana y formado como psiquiatra en Padua, fue nombrado en 1961 director del Hospital Psiquiátrico de Gorizia, pequeña ciudad próxima a la frontera yugoslava. Inspirándose en los trabajos del psiquiatra anglo-norteamericano Maxwell Jones (1907-1990) sobre las comunidades terapéuticas, aplicó una práctica nueva de la locura, considerándola a la vez una enfermedad mental y resultado de la marginación económica. Su crítica radical a toda forma de institución asilar lo llevó años más tarde a crear la asociación Psichiatria Democratica. Sus tesis fueron vigorosamente defendidas y compartidas por gran parte de la izquierda italiana. En el hospital de Trieste continuó sus experiencias, reemplazó el encierro por ubicaciones terapéuticas en ambiente abierto (departamentos y lugares de habitación colectiva) y demostró la inutilidad, tanto del asilo clásico como del encarnizamiento farmacológico en el tratamiento de la locura. En 1979 su experiencia se vio coronada por el éxito: después de una prolongada consulta realizada por los partidos políticos a los psiquiatras, el parlamento votó una ley que suprimía el hospital psiquiátrico y restituía los enfermos mentales al hospital general, o bien a comunidades terapéuticas. Como todas las experiencias del movimiento antipsiquiátrico, la de Basaglia fue posteriormente cuestionada con el retorno de las tesis organicistas y la utilización masiva de la farmacología.





    Franco Basaglia

    Portada
    (wikipedia | dialnet | francobasaglia.it | francobasaglia.org)


    [tomado de psiquiatría.net] (1924-1980) Psiquiatra italiano, n. y m. en Venecia. Estudió medicina en la Universidad de Padua y en 1961 fue nombrado director del hospital psiquiátrico de Gorizia, donde comenzó una serie de reformas para cambiar el tradicional manicomio por una institución de régimen abierto que permitiera a los pacientes insertarse en la sociedad. Esta iniciativa tuvo el apoyo de la Organización Mundial de la Salud, pero también la crítica acerba de los sectores más conservadores de la medicina mental italiana. Su labor le hizo significarse en la defensa del enfermo psiquiátrico, al que consideraba una doble víctima de la sociedad y de las prácticas sanitarias al uso. En este movimiento de opinión que fue en su día denominado como «antipsiquiatría», se vio acompañado por profesionales como Ronald D. Laing y David Cooper, entre otros. Sus teorías quedaron expuestas en L’istituzione negata (1968), Morire di classe (1969) y Maggioranza deviante (1971).

    Franco Basaglia fue el iniciador de los movimientos de desinstitucionalización en Italia. Había estado en la cárcel durante la guerra, cuando los fascistas de Mussolini lo detuvieron. Después estudió medicina, se especializó en psiquiatría y fue director de un hospital psiquiátrico. Entraba por segunda vez a una institución cerrada que se llama manicomio: "Estas dos instituciones son diferentes, pero en realidad tienen la misma finalidad. La cárcel protege a la sociedad del delincuente, el manicomio protege a la sociedad de la persona que también se desvía de la norma", decía Basaglia. La psiquiatría es definida como la práctica de una contradicción. Hay una función de encubrimiento que desplaza los problemas sociopolíticos con una solución técnica-científica. El loco diagnosticado psicopatológicamente con la situación social y política de "ser excluido" (y mucho más si vive en condiciones de pobreza y abandono). El encierro es la violencia institucionalizada. El manicomio; el loquero, no responde a las necesidades del enfermo sino de su organización, así como la cárcel no sirve para la rehabilitación del encarcelado. Basaglia define: "El enfermo mental es, pues, la persona que se encuentra internada en estas instituciones de las cuales hablamos, en estos institutos que sirven no al cuidado sino a la custodia del paciente. Estas son las instituciones que los científicos definen como instituciones que sirven para curar a la persona que tiene trastornos mentales, que tiene trastornos que afectan a su relación con los demás. A esta persona se la encierra en un lugar en el que ciertamente sus trastornos no van a ser curados, y en que se le hace un nuevo tipo de terapia que consiste en recuperarlo, no ya mediante una ideología de cura sino mediante una ideología de castigo".

    Curación y custodia del enfermo mental son las contradicciones que presenta la lógica del sistema de salud a través de sus leyes. El manicomio no cura, encierra, oprime, despersonaliza, mata. El psiquiatra debería custodiar a los enfermos de los excesos a los que induce la locura, pero esto no sucede. Los excesos en una institución cerrada no son solamente la alienación y el diagnóstico, lo es también la falta de alimentación, la excesiva medicación, los experimentos que se realizan en nombre de la ciencia, las internas del poder expuestas entre las direcciones del hospital, los gremios (de profesionales, empleados), las curatelas sobre los pacientes internados.





    Bibliografía





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    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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