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    domingo, 21 de agosto de 2016

    Filosofía aquí y ahora II. José Pablo Feinmann. Encuentro 13: Los posmodernos






    Filosofía aquí y ahora II - José Pablo Feinmann
    Sumario

    1 ¿En qué consiste la muerte de los grandes relatos?
    2 La historia, ¿un decurso necesario?
    3 ¿Cuál es el sentido de la exaltación de los pequeños relatos?
    4 ¿Cuáles son las principales críticas que recibe el posmodernismo?


    1 ¿En qué consiste la muerte de los grandes relatos?


    En este encuentro nos vamos a ocupar de las filosofías posmodernas del baqueteado, manoseado, ultrajado posmodernismo. Cualquiera cree saber qué es el posmodernismo, cualquiera le dice a uno: “mi película es posmoderna”, “yo respondo a una estética posmoderna”, “mi teatro es posmoderno”, “mi actuación es posmoderna”, “en esa galería exhibo mis cuadros posmodernos”, etc. Bueno, tienen suerte. Aquí le vamos a explicar qué es lo posmoderno.

    La posmodernidad no tiene un punto de inicio. En principio analicemos la palabra, la palabra acude al prefijo “post”, o sea que la posmodernidad es algo que viene después de la modernidad. ¿Qué era la modernidad? Definamos rápidamente la modernidad: la historia la hace el hombre, es la etapa de la historia fuerte, de las acciones fuertes, de los imperativos fuertes y el hombre se compromete con la historia. Cuando decimos los imperativos fuertes estamos hablando en serio de los imperativos fuertes, por ejemplo: llevados al campo de América Latina e incluso de la Argentina, un imperativo fuerte sería “la patria dejará de ser colonia o la bandera flameará sobre sus ruinas”, o “Perón o muerte” o “Patria o muerte”. Ése es un imperativo fuerte. Estos imperativos han cambiado.

    La filosofía posmoderna se convierte en una moda igual que el existencialismo, igual que el estructuralismo, y comienza a tener un auge muy potente después de la caída del Muro de Berlín que, a decir verdad, estas filosofías habían prefigurado. El libro iniciático de las filosofías posmodernas es un libro del fenomenólogo francés Jean-François Lyotard que se llama “La condición posmoderna”. En “La condición posmoderna” Lyotard empieza diciendo: esto es un análisis sobre el saber en las sociedades desarrolladas, y, a breves páginas concluye que en las sociedades desarrolladas es en donde se acumula más el saber; al acumularse más el saber, se acumula más el poder. Luego Lyotard tiene otro libro que fue comprado por muchos en la década del ’80 porque decían “aquí me aprendo la posmodernidad”, porque se llamaba –y en esto fue bastante maligno Lyotard- “La posmodernidad (explicada a los niños)”. Y el libro era espantosamente difícil, así que muchos de los que lo compraron lo llevaron de nuevo a la librería o lo tiraron por algún lado.

    En “La posmodernidad (explicada a los niños)” Lyotard tiene un texto muy importante, axial, que se llama “Misiva sobre la historia universal”. Ahí va a enumerar los grandes relatos que se han impuesto hasta ese momento en la civilización occidental y va a decretar la muerte de los grandes relatos. De aquí, apresuradamente, muchos artistas, muchos cineastas van a deducir: “han muerto las historias, han muerto los relatos, han muerto las tramas, no narremos más”… apresuradamente. Pero, bue’, así ocurrió y nos hemos ligado bodrios inaguantables en los que no pasaba nada; no tiene por qué pasar algo en una película pero, si pasa algo, mejor que pase. Está bien, uno puede ver una película en la que no pasa nada pero no puede ver 10 quizás. La cuestión es que de postulaciones como “la muerte de los grandes relatos”, se crea una estética posmoderna que dice: “los relatos han muerto, las historias han muerto, no se puede narrar, las tramas han muerto”. 

    Entonces, ¿qué significa esto de la muerte de los grandes relatos en Lyotard? Lyotard dice que hay 4 grandes relatos: el relato cristiano, que es el relato en el cual Dios manda a su hijo a sufrir y a morir por la redención de los hombres. Esa muerte genera la promesa divina. La promesa divina expresa, justamente, la promesa de que todos los hombres encontrarán el reino de los cielos y habrá entonces un espacio de plenitud. Este espacio de plenitud lo prometen todos los grandes relatos. El segundo gran relato es lo que Lyotard va a llamar “el relato marxista” que es un relato que Lyotard tiene mucho interés en hacer picadillo. Vamos a ver si lo consigue.


    2 La historia, ¿un decurso necesario?


    El otro gran relato al que Lyotard va a criticar y a tratar de destruir ya lo había hecho Michel Foucault. En realidad –voy a decirlo claro- yo creo que los posmodernos agregan muy poco a lo que había dicho Foucault, Lévi-Strauss, los estructuralistas, Louis Althusser, etc. Pero bueno, adelante, vamos a ver que hay cosas muy interesantes que dicen. 

    Lyotard toma el gran relato marxista de la historia que lo hemos visto anteriormente. Esquemáticamente, consiste en  que la burguesía liquida al feudalismo y de la burguesía surge el proletariado y el proletariado derrota a la burguesía y establece el Estado de la plenitud. Aquí vemos de nuevo que el gran relato de la historia lleva a un nivel de plenitud en el cual ya no hay padecimientos. Es una promesa el gran relato. Es una promesa acerca de un destino inexorable de la humanidad de llegar a determinado momento en que ya no va a haber injusticias ni padecimientos.

    El otro gran relato que analiza Jean-François Lyotard es el relato del Iluminismo, es el relato de Las Luces. El relato del Iluminismo, nosotros lo vimos también –son filósofos de segunda categoría en realidad, pero bueno, sigamos adelante. El relato del Iluminismo es aquel que con el surgimiento de la divinidad de la Razón durante las filosofías de la Revolución Francesa iniciadas por Kant y los Enciclopedistas, pone a la razón como Diosa de la historia. Entonces la Divina Razón va a ser la que va a llevar a todos los hombres a un mundo de profunda racionalidad en el cual ya no va a existir la irracionalidad. Este es un relato del triunfo del capitalismo. Este racionalismo capitalista es el que anuncia la burguesía capitalista del Iluminismo. 

    Hay un relato capitalista que está basado en la economía. Está basado en el avance incontenible de la economía que implica una prosperidad para todos. El relato capitalista esencialmente dice que vamos a llegar a un momento de la historia en que la prosperidad va a ser para todos. Este es el gran relato capitalista.

    En suma tenemos los 4 grandes relatos que Lyotard analiza. ¿Qué es lo común a todos ellos? Lo común a todos ellos es que expresan una visión teleológica de la historia. La palabra griega thelos implica “fin”, “finalidad”. Teleología es el estudio de los fines, o sea, que tienen una característica teleológica quiere decir que van hacia un fin. Estos grandes relatos de la historia marcan una teleología inevitable de algo que inevitablemente se va a cumplir, esto es una teleología: algo que va hacia su fin y no puede sino cumplirse. Estas son grandes interpretaciones de la historia para legitimar siempre algo. El gran relato marxista, ¿qué es lo que legitima? Legitima la revolución del proletariado. Es esencial para llegar a la plenitud de la sociedad sin clases. El gran relato capitalista, ¿qué es lo que legitima? Legitima la economía capitalista, de libre mercado, que es lo esencial para llegar a un estado de plenitud en el que va a alcanzar para todos. El relato Iluminista lo que legitima es la razón: vamos a llegar a un estadio racional en el cual todos vamos a ser plenamente felices. 

    Estos son los grandes relatos y que están basados en lo siguiente: la historia tiene un devenir, un decurso necesario, la historia marcha necesariamente hacia un lugar de plenitud. Entonces hay aquí una interpretación metafísica de la historia. Metafísica quiere decir que dentro de los hechos históricos hay algo que se está expresando, que se está desarrollando, internamente a los hechos históricos, ésta es una interpretación metafísica. Porque lo que está dentro de un hecho no es físico, es metafísico, está más allá de lo físico, entonces son interpretaciones metafísicas de la historia contra las cuales Lyotard y todo el posmodernismo –y yo creo que, en este sentido, con gran sagacidad y con gran acierto- van a embestir.


    3 ¿Cuál es el sentido de la exaltación de los pequeños relatos?


    Esta muerte de los grandes relatos qué es lo que implica, implica que hay pequeños relatos. Lo que va a postular la posmodernidad es el “no relato”, que es lo que en estética teatral, cinematográfica, narrativa o en música se ha utilizado. Voy a dar un ejemplo muy atractivo de la música del “no relato” que prefigura las estéticas posmodernas. Si las estéticas posmodernas hablan de la muerte de los grandes relatos, de la exaltación de los pequeños relatos o –en última instancia- del “no relato”, hubo un músico norteamericano que hizo una pieza absolutamente memorable que todavía se la sigue interpretando o se la tiene como el epítome de la música contemporánea. El compositor John Cage compuso una obra llamada 4’33” que consiste en lo siguiente: está el teatro lleno, hay un piano y hay un reloj sobre el piano. El pianista viene, se sienta, no toca el piano, mira el reloj, y cuando pasan 4’33’’ se levanta y saluda al público. El público aplaude y esa ha sido la sonata de John Cage en tres movimientos titulada 4’33’’.

    La idea es absolutamente genial. Como idea genial se agota en sí misma pero es la idea del “no relato”. Es lo absoluto del “no relato”. Ahora, lo que van a hacer los posmodernos es que a la muerte de los grandes relatos le van a oponer la exaltación de los pequeños relatos. Entonces surge una fragmentación de la historia. Un caleidoscopismo. Y a esto Gianni Vattimo, un filósofo italiano que hace poco estuvo en la Argentina y que viene con cierta habitualidad a hablar de distintos temas filosóficos y de algunos temas personas que a mí, por lo menos, me importan un pito. Pero bueno, a él le gusta mucho hablar de eso. Prefiero que hable de temas filosóficos. Gianni Vattimo va a proponer una filosofía del dialecto. Como es un buen italiano, Italia es una hermosísima tierra y está caracterizada por una serie de pueblos y en los distintos pueblos hablan distintos dialectos. Entonces lo que dice Vattimo es que la historia es como el dialecto, son distintos dialectos que tienen que comunicarse entre sí pero no hay un gran dialecto como había en el gran relato. No hay un gran relato, hay dialectos, hay montones de dialectos que establecen comunicación, a veces se entiende, a veces no se entienden. Esa especie de fragmentación, de caleidoscopismo, de multiplicidad dionisíaca es la historia, porque la historia para los posmodernos –como para Foucault y para Nietzsche- es una multiplicidad de hechos. No es una historia única que se desarrolla dialécticamente como en Hegel y en Marx. Es una multiplicidad de hechos que cada uno tiene su centro en sí. Esto es muy importante y es muy valioso. Porque todo esto va a dar lugar al multiculturalismo, al respeto por los géneros diversos, al respeto por las etnias diversas, al respeto por todas las minorías, las minorías sexuales, las minorías raciales. Es por esto que Vattimo viene a la Argentina y como el posmodernismo tiene un enorme respeto por la particularidad, por la singularidad que él expresa que es la de su condición gay, habla –para mí- excesivamente de su condición gay. Pero él tiene todo el derecho del mundo de hablar de eso que para él debe ser muy constitutivo.

    Efectivamente, esta multiplicidad da lugar al multiculturalismo. Respetemos al feminismo, respetemos a las mujeres, respetemos a los negros, respetemos a los gays, a las lesbianas, a todo lo que sea distinto. Hay una estética de la diferencia. Hay una exaltación de lo diferente. Y esto también está expresando la democracia liberal de mercado. No es casual que estos filósofos surjan y tengan un éxito poderosísimo luego de la caída del Muro de Berlín y también antes como preanunciando el triunfo del neoliberalismo. El mercado es una pluralidad de intentos dentro del campo económico. El mercado se ordena a sí mismo y la democracia es la pluralidad por excelencia en la cual todos los sujetos políticos de la democracia valen lo mismo y deben ser todos tratados con el mismo valor. Todo esto es un amplio movimiento que tiene que ver con la economía, con la historia, con el feminismo, con el respeto a los modos de sexualidad diferenciados y con el multiculturalismo que en este momento reina en las academias norteamericanas. 

    Nosotros ya volvemos.


    4 ¿Cuáles son las principales críticas que recibe el posmodernismo?


    En verdad, no estamos diciendo todas las cosas que querríamos decir pero vamos a profundizar y desarrollar muchos de los temas que hemos tratado más adelante. Por ahora estamos dando lo que consideramos esencial, lo que no puede no ser dicho de entrada pero hay análisis que vamos a hacer más adelante como el análisis que hace Foucault de “Las Meninas” –por ejemplo-, que es fundamental, el análisis que hace Baudrillard y Vattimo. Queremos entrar en ellos. Pero tenemos tiempo porque esto no va a terminar aquí. 

    ¿Qué es la crítica que se le puede hacer al posmodernismo? Las críticas más contundentes que se le han hecho es la de una excesiva deconstrucción de la historia. El posmodernismo deconstruye la historia porque también se hermana con Jacques Derrida, el campeón de la deconstrucción. Y Jacques Derrida es un discípulo directo de Heidegger y en Heidegger está el concepto de destrucción. Todo esto viene de Heidegger. Por eso Heidegger es el filósofo más importante de la filosofía contemporánea, porque los ha marcado a todos, porque le han robado todo a Heidegger. El concepto de deconstrucción viene del concepto de destrucción heideggeriano. Y como verán, lo que hacen los posmodernos es deconstruir la historia, partiendo de la totalización de la historia que hay en Marx, que hay en Hegel e incluso que hay en la “Crítica de la razón dialéctica” de Sartre (que es un monumento genial a la destotalización de las totalizaciones - o sea que habría evitado la necesidad de la deconstrucción). Pero la deconstrucción viene para mostrar que la historia está absolutamente fragmentada, la historia es como un caleidoscopio, la historia es una multiplicidad. Entonces nos preguntamos: ¿cómo vamos a transformar la historia si la historia es un caos vertiginoso de multiplicidades que no podemos comprender? (porque esas multiplicidades terminan por marearnos).

    Lo que uno les dice a los posmodernos es: bueno, chicos, paren la pelota. Acá hay que hacer, aunque sea, síntesis parciales. Acá hay persistencias históricas. No hay una linealidad histórica pero evidentemente hay persistencias históricas, hay conexiones históricas, hay síntesis históricas y –como diría Sartre- hay totalizaciones históricas que se destotalizan y que dan lugar a otras totalizaciones que también se destotalizan. Y la historia es un juego constante de totalización, destotalización, retotalización. Es muy compleja la historia, por supuesto, la historia está ocurriendo en América Latina, en Estado Unidos, en Europa, en el Islam, etc. Y el golpe al posmodernismo se lo da justamente el imperio que ampara a las academias en las cuales el posmodernismo triunfa: el imperio norteamericano, con la idea de la globalización.

    De pronto, un día, los teóricos del Pentágono amanecen y dicen: muchachos, el imperio necesita globalizarse. Y alguno dirá: eh, pero los posmodernos se van a enojar porque los posmodernos están hablando constantemente contra la idea de una globalización, están exaltando lo fragmentario, de ahí deducen el mercado, de ahí deducen la democracia liberal de mercado… No, no, no. Hay que globalizar, esto es un imperio y necesitamos globalizar. Pero, lo peor, es que hace su aparición en la escena el -hasta ahora- malo de la película: el Oriente. Hegel había dicho: el Oriente va a dormir, siempre, eternamente, su siesta, porque está fuera de la historia. Sin embargo, de ahí, de ese territorio negado, desconocido para Occidente, llega el atentado a las Torres Gemelas. El atentado a las Torres Gemelas barre con la fragmentación posmoderna porque establece un acontecimiento universal, porque expresa que hay hechos que son universales. Ahí la diversidad, la fragmentación, la caleidoscopización murió: hay un hecho universal.
    Entonces, los posmodernos empiezan un eclipse ya sin retorno, salvo en algunos que más o menos quizás duren pero el siglo XXI acaba con ellos, porque el siglo XXI lo que está mostrando es que el belicismo necesita totalizar. Y que la lucha es lucha de civilizaciones, tal como lo dice Samuel Huntington en su libro “El choque de civilizaciones”. Si hay choque de las civilizaciones nosotros tenemos, en principio, las dos civilizaciones que Huntington plantea: el Islam y el Occidente. Lo Uno y lo Uno. Y aparecen los fundamentalismos. Los fundamentalismos son la negación de los pluralismos. Todo fundamentalismo es la exaltación de “una verdad”. El fundamentalismo islámico es la exaltación de la palabra de Alá y el fundamentalismo Occidental es la exaltación del cristianismo Occidental, de Dios. Y Bush en una de sus frases más excepcionales dice: “Dios no es neutral. Dios está con nosotros”. O sea, hay un exceso de religión bélica en el siglo XXI. Murieron todas las pluralidades. Hay fundamentalismos religiosos por todas partes, todos están armados con bombas atómicas, resurge China, resurge Rusia, Pakistán, Corea, tienen bombas atómicas. Hay una multipolaridad nuclear pre-apocalíptica. Así yo califico a este momento de la historia. Lamento que no sea una visión muy optimista, pero tampoco podemos regalar caramelos.

    Este momento es un momento en el cual cualquiera puede apretar un botón. Ya no es la Guerra Fría, la bipolaridad: la Unión Soviética y Estados Unidos. No. Hay un montón de irracionales, imprudentes, armados hasta los dientes con ojivas nucleares.

    Vamos a profundizar todo esto, sobre todo la entrada en el siglo XXI. Este choque de civilizaciones y el terrorismo. El terrorismo es un tremendo totalizador.

    http://marcelogfernandez.blogspot.com/2011/11/filosofia-aqui-y-ahora-ii-jose-pablo_3503.html


    Sobre los relatos

    Por José Pablo Feinmann
    Tanto en Argentina como en otros países sudamericanos, se ha escuchado –durante los últimos tiempos– pronunciar con frecuencia los conceptos de “relato”, que tiene larga trayectoria filosófica, y “grieta”, que pareciera (y es así) no tener lustre ni persistencia dentro de las ciencias políticas, pero forma parte del lenguaje periodístico nacional, que buscaría salir de ese estilo ultrajante y devaluado que ha exhibido largamente por medio de la fiereza del odio y lanzar al debate político al menos un concepto para ser pensado. Ninguno de los dos conceptos es original, pero su aparición ha sido sorpresiva. ¿Cómo, ahora vamos a pensar? Si es así, lo celebramos. Pero trataremos de echar luz sobre los dos conceptos y la utilización que se les da. En este texto nos ocuparemos de los relatos. Ya se hable del “relato kirchnerista” o del “relato radical” (aunque el término se utiliza más desde la oposición que desde el oficialismo y se inscribe en ese magro esquema binario en que se ha encorsetado la complejidad toda de un país) es la palabra “relato” la que ocupa la centralidad y sobre ella nos volcaremos reflexivamente.

    Ante la inminente caída del bloque soviético y el fin de la Guerra Fría, varios filósofos franceses decidieron erosionar las categorías del marxismo y de su expresión más rigurosa y creativa en el ámbito de Occidente, el sartrismo. También era necesario alejarse del “totalitarismo” hegeliano, que Marx heredó. La categoría central del pensamiento hegeliano-marxista-sartreano es la de totalidad. La razón dialéctica siempre totaliza. Si Sartre ha dicho una y mil veces que totaliza para destotalizar(se), no les importa, lo ignoraremos –se dicen– y nos centraremos en las dos totalizaciones totalitarias de Hegel y Marx. Todo el pensamiento europeo –después de Sartre– se empeña en demostrar abrumadoramente que la historia no tiene un sentido fijo, universal, inmanente y necesario. Que el “decurso histórico” no es tal, no existe. Debe ser abolido y reemplazado. Que el “decurso histórico” fue un invento de la dialéctica hegeliana. Que la historia no es teleológica. Este concepto es fundamental para entender la historia y el pensamiento contemporáneos, de modo que lo aclararemos. La palabra proviene del griego. Telos significa fin. Teleología, en esta primera lectura, querría decir estudio de los fines. La historia tiene un fin necesario y hacia él se dirige. Este fin es siempre un momento superador y absoluto en que el sujeto humano encuentra su libertad, su plenitud. El fenomenólogo y posmoderno filósofo Jean-François Lyotard llamó relatos a todas las –digamos– ideologías que explicitaban un decurso necesario de una historia que conducía a un horizonte de plenitud. Fue la época en que todos –entre nosotros– hablaban de la “muerte de los grandes relatos”. Tanto los escritores jóvenes como los profesores de la “academia”, siempre permeables a las novedades del Viejo Mundo. Tal como Echeverría y la Generación del ’37. (Tal como nosotros en la UBA de la calle Viamonte 430 en los años sesenta. En Mar del Plata, mientras armábamos el balneario de Ariel Sibileau, ya leímos con Jorge Lovisolo las ediciones francesas de los primeros textos de Louis Althusser. Se venía la moda del estructuralismo.)

    El texto de Lyotard tiene un título suntuoso: Misiva sobre la historia universal. Son unas pocas páginas. Es, tal como lo propone ese título, una misiva. Lo que lo torna suntuoso es su temática: la historia universal. ¿Alcanzará una misiva para un suceso de tan dilatado despliegue? Lyotard señala algo conocido: el pensamiento de los siglos XIX y XX acompaña e ilumina comprensivamente las praxis de emancipación que se desarrollaron durante esa temporalidad. Ese pensamiento se expresó por medio de las filosofías de la historia. Casi siempre, estas reflexiones se articularon como relatos, grandes relatos de liberación del sujeto humano. Una filosofía de la historia no sólo es un modo de pensar los hechos que acaecieron a lo largo de los siglos, sino la pretensión de entregarles un sentido inmanente, necesario. Este sentido es su teleología. Que consiste en demostrar que si hay un sentido es porque esos hechos se dirigen hacia un fin. Que esa direccionalidad es necesaria y nada habrá de alterarla. A esto Lyotard le llama relato. Se trata de grandes relatos que buscan “ordenar la infinidad de acontecimientos” (Lyotard, La posmodernidad. Gedisa, Barcelona, 1987, p. 26). Enumera los siguientes. 1º) El relato cristiano de redención del pecado edénico por medio del sacrificio de Cristo en la Cruz, impulsado por su amor a los humanos. 2º) Relato iluminista (aufklärer) que emancipará a la humanidad de su servidumbre y su ignorancia por medio del conocimiento. (El texto ejemplar de esta actitud es el de Kant sobre el iluminismo, que analizará y utilizará Foucault para su postulación de una ontología del presente. Que, a su vez, servirá a los posmodernos para proponer una ontología débil y abandonar las ontologías fuertes de Hegel y Marx, tarea que asumirá, sin mayor brillo pero en concordancia con los tiempos, nuestro asiduo visitante Gianni Vattimo. Será importante señalar en este punto –aunque mi paréntesis se extienda y se me critique luego esta habitualidad de mi prosa– que América del Sur, víctima del sujeto colonialista europeo, nunca tuvo una ontología fuerte. Tuvo una ontología degradada, colonial o neocolonial, nunca poscolonial. De aquí que jamás nos hayan resultado seductoras las teorías de la debilidad ontológica y su correspondiente adelgazamiento del sujeto. Mal se le puede pedir que adelgace el sujeto a un continente que ha existido bajo la figura del hambre como destino. Volveremos sobre esto en un libro futuro, Filosofía, sujeto y poder, meditaciones suramericanas.) 3º) El relato especulativo hegeliano “de la realización de la Idea universal por la dialéctica de lo concreto” (Ibíd., p. 36). 4º) “Relato marxista de la emancipación de la explotación y de la alienación por la socialización del trabajo” (Ibíd., p. 36). 5º) “Relato capitalista de la emancipación de la pobreza por el desarrollo tecnoindustrial” (ídem). Y concluye Lyotard: “Entre todos estos relatos hay materia de litigio, e inclusive, materia de diferendo. Pero todos ellos sitúan los datos que aportan los acontecimientos en el curso de una historia cuyo término (...) se llama libertad universal, absolución de toda la humanidad” (ídem).

    Importa, y mucho, ver ahora la utilización que harán los posmodernos (y ya antes habían hecho los posestructuralistas) de esta crítica a los grandes relatos. El gran relato implica introducir en la historia un sentido y un fin que ésta no tiene. A Lyotard le interesa sobre todo el relato marxista (hijo perfecto del hegeliano). El gran relato ha fracasado. Es hora de los pequeños relatos. O de eso que Vattimo llama dialectos. Cada pueblo habla un dialecto distinto. Ese dialecto contiene su pequeño relato. La historia (la capacidad de transformarla desde la praxis del sujeto humano) va desapareciendo. ¿Qué es una praxis política? Es la unión de sujetos que se agrupan con una finalidad. Esos sujetos consideran que sobre la historia pueden tejerse todo tipo de relatos. Pero ellos harán el suyo. Para hacerlo tienen que unirse con los que comparten su relato individual. Su modo de analizar y tramar los hechos. Dos relatos que se unen ya son más que una pequeña historia. Ya son más que un dialecto. Si cada pueblo habla su dialecto, lejos de asistir a la maravilla democrática de las diferencias, asistiremos a la imposibilidad de una praxis grupal. A una esquizofrenia que arroja a las víctimas a la parálisis. Si no entiendo el lenguaje del que sufre, como yo, la situación del colonizado, del victimizado, del atontado por la informática incesante del poder, mal voy a poder tramar, junto a él y junto a otros, una praxis crítica. Todos los intentos de los filósofos posmodernos (hijos de la caída del bloque soviético y sujetos destinados a la elaboración de todo un aparataje categorial que reemplazara al del marxismo) fracasaron porque el bloque capitalista occidental volvió a las prácticas bélicas colonizadoras y, por tanto, a las prácticas universalistas, llamadas ahora globalizadoras. En tanto los filósofos franceses e italianos adelgazaban al sujeto, el imperio lo centralizaba. En tanto proponían una ontología débil, el imperio retomaba las ontologías fuertes, colonizadoras. Y todo se consolidó con el concepto de globalización. Y su práctica. Como así también la práctica del terrorismo fundamentalista. La caída de la Torres implicó la caída de las historias pequeñas, de los dialectos, de lo fragmentario, de lo caleidoscópico. Con la Guerra contra el Terror se instalan dos fundamentalismos. Todo fundamentalismo se asume como lo Uno. Así, asistimos a la lucha de lo Uno contra lo Uno. Cada Uno es lo Otro del Otro. Cada uno es, para sí, lo Uno, pero, a su vez, es lo Otro para su enemigo, que también se considera, para sí, lo Uno. Esto es la guerra. Triunfó Huntington, no Lyotard, ni la ontología del presente de Foucault. Triunfó el choque de las civilizaciones. Con las guerras de Estados Unidos por el petróleo regresa un imperialismo colonialista. Ya no entran como mercaderes. Ya no conquistan sólo por medio del capital financiero. Ahora entran y se quedan. (Siempre recomiendo el gran libro de Eduardo Grüner, El fin de las pequeñas historias.)

    De todos modos, los pequeños relatos han tomado su vigencia, su inevitabilidad de siempre. Hay hechos. Hay un estamento fáctico de la historia. Pero sobre éste se montan las interpretaciones, que son pequeños relatos, que pueden ser infinitos pequeños relatos destinados a interpretar los hechos según el punto de vista del poder interpretador. La historia sería, entonces, el conflicto entre los puntos de vista. Cada uno busca anular al otro. ¿Dónde queda la verdad? Si hubiera un Dios, habría una verdad. Ante su silencio, la verdad es el fruto maduro de la lucha política. La tiene el que mejor puede imponer (porque el conflicto se resolvió a su favor) su punto de vista como el punto de vista de todos.

    http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-270346-2015-04-12.html

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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