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    jueves, 14 de julio de 2016

    Henry Miller TROPICO DE CANCER- NEXUS - PLEXUS FRASES y FRAGMENTOS


    Portada


    Plexus es el segundo libro de la trilogía llamada La crucifixión rosa  (Sexus (1949), Plexus (1953), y Nexus (1960)), en la se que narra la historia de amor con sus dos mujeres: rupturas, reconciliaciones, engaños, pasión y odio; su ambición por convertirse en escritor y la culminación de su sueño de viajar a Francia, donde finalmente escribiría Trópico de cáncer y colmaría su deseo de escribir. Plexus describe las luchas de Miller para encontrarse a sí mismo; explora las diferentes relaciones de Miller con muchos de sus amigos y detalles de sus pasiones intelectuales en medio del marco de su relación con Mona, su segunda esposa.


    Trópico de capricornio

    A ella….
    Todos os que me rodeaban era unos fracasados, sobre todo los que habían tenido éxito.
    Si Dios existiera iría a su encuentro, y le escupiría a la cara.
    La envidia es la única cosa de la que nunca he sido víctima; sentía compasión hacia todo el mundo.
    No necesitaba a nadie porque quería ser libre.
    La gente es idiota por naturaleza, perezosa por naturaleza, cobarde por naturaleza.
    Ni una sola vez habían abierto la puerta que conduce hasta el alma.
    NO puedo pensar en calle alguna de América, ni en persona que viva en ella, capaces de enseñarle a uno el camino que conduce al descubrimiento de sí mismo.
    Busqué algo a lo que apegarme y en el esfuerzo, a pesar de haber quedado desamparado, me descubrí a mi mismo.
    Me sobraba inteligencia pero inspiraba desconfianza.
    Era como un reflector que revelaba la estupidez y la futilidad de todo.
    La Tierra es un gran ser sensible, no es la patria de nadie.
    Hay que abandonar todo y escribir, aún cuando nadie confíe en ti.
    Estaba intentando al principio lo que un genio no emprendía hasta el final.
    Fue una derrota aplastante pero me reforzó la espina dorsal con hierro y la sangre con azufre.
    Nadie podría ayudarle porque estaba desarrollando su destino a su manera particular.
    LA Naturaleza domina, la Naturaleza triunfa.
    Nunca en mi vida he deseado tener amigos.
    Siempre me asombraba la facilidad con la que la gente se enfurecía con tan sólo oírme hablar.
    Emanaban de mí vibraciones, alusiones, matices que cargaban la atmósfera desagradablemente.
    Tienes que anularte, volverte indistinguible del rebaño.
    Pensé en el viaje a los astilleros que nunca llegamos a realizar porque de camino mi padre paró en el médico, y cuando salí de la consulta había perdido las amígdalas y la fe en los seres humanos.
    Si te ríes cuando los otros ríes y lloras cuando los otros lloran, tienes que prepararte para morir como ellos mueres y vivir como ellos viven.
    Quien por un amor demasiado grande muere de sufrimiento, renace para no conocer ni amor ni odio, si no simplemente disfrutar.
    Me sentía no perteneciente a la Tierra, me sentía de otro planeta.
    Para ser un buen escritor primero tienes que destruir todo lo que te rodea.
    Si tuvieras un poco más de confianza en ti mismo, podrías ser el hombre más grande del mundo.
    Todo el mundo y todas las cosas son parte de la vida, pero cuando se han sumado todas aún falta no sé qué para que sea vida; ¿cuándo es vida?
    Los que no estén hartos morirán como vivieron, en el desorden, en la desesperación, ignorando la verdad de la redención.
    En ocasiones el sabor de aquella rebanada de pan de centeno que su madre me dio aquella tarde es más fuerte que el de la comida que estoy saboreando.
    La lucha por la comida parece asquerosa y degradante y, cuando estábamos delante de nuestros padres sentíamos que habían llegado hasta nosotros impuros, y eso era algo que nunca podríamos perdonarles.
    La espesa rebanada de pan de por las tardes nos sabía deliciosa precisamente porque no la ganábamos. Nunca volverá el pan a tener ese sabor.
    La vida de la infancia es un universo ilimitado, y la vida que sigue, la del adulto, un dominio que disminuye constantemente.
    Ahora comemos para llenar el vientre, pero tenemos el corazón frío y vacío.
    Quiero desarrollarme en el sentido contrario al normal, llegar a un estado de dominio superinfantil.
    No quiero descansar en mi mundo de niño, quiero atravesarlo.
    El conocimiento del yo es el camino final de la identificación con el mundo y, por consiguiente la comprensión de la inutilidad de los vínculos.
    Que la gente pudiese hacer promesas sin la mínima intención de cumplirlas era algo inimaginable para mí.
    Todos los hombres que habían captado la verdad de la certeza estaban un poco chiflados y ésos son los únicos hombres que han realizado algo para el mundo.
    La amarga experiencia me ha mostrado que lo que sostiene al mundo es la relación sexual.
    Hay coños hechos de pura alegría que no tienen nombre ni antecedentes y éstos son los mejores de todos.
    Llegué a ser el pasado, que es el único que abarca toda la eternidad.
    El hombre no es ni siquiera capaz de destruirse a sí mismo, sólo es capaz de destruir a los demás.
    Leer a Dostoievski fue mi primer vislumbre del alma del hombre, o debo decir que Dostoievski fue el primer hombre que reveló su alma.
    Xanthos
    En América no hay renacimiento, sólo hay un crecimiento canceroso, tumoral.
    De hecho siempre me he considerado un extraño, un extranjero.
    Hay ocasiones en las que uno tiene que romper con sus amigos para entender el significado de la amistad.
    La desorientación y reorientación que acompaña a la iniciación en cualquier misterio es la experiencia más maravillosa que se puede vivir.
    Te encuentras por casualidad con un viejo amigo, le haces señas desde tu nueva posición elevada y, si no las comprende, pasas de largo, para siempre
    El significado de un libro radica en que dé una nueva forma al mundo a través del individuo que lo lea.
    ¿Qué es un polvo cuando lo que busco es amor?
    Quiero aniquilar a la Tierra entera. No formo parte de ella. Es una locura de principio a fin.
    ¿MI casa? Pues, el mundo…. El mundo entero
    Sé lo que significa ser humano, su debilidad y su fuerza. Es la oportunidad más maravillosa que nos brinda la vida. Incluye el conocimiento de la muerte, del que ni siquiera Dios goza.
    Cada vez que renazco del profundo vacío soy más yo
    La vida era un joder perpetuo en torno a un poste negro de insomnio.
    No le gustaba mi independencia, si le pedía un poco de pasta, se mostraba encantado.
    Tú estás lleno de ideas presuntuosas, tu quieres reformar el mundo y todas esas gilipolleces.
    Me gustaría pensar que hubo otra época (u otro lugar) en que las cosas eran diferentes. No hemos visto nunca una vida auténtica… y no vamos a verla.
    No sé que cojones eres… lo único que sé es que eres un tipo que vales demasiado como para desperdiciar la vida con esas tipejas.
    La razón por la que tienes que ponerte un uniforme y matar a un hombre que no conoces sólo por un trozo de pan, es un misterio para mí.
    Pienso en los hombres del pasado, su lucha quimérica para llegar a la idea del paleolítico, porque nunca soñaron con la idea paleolítico. Llegó sin esfuerzo, en un segundo, ocurrió nada más, y a partir de la creación vino la evolución y un mundo nuevo.
    Acababa de comprender que la vida es indestructible, y que sólo existe el presente.
    Todo el que no haya aceptado la vida plenamente, está ayudando a llenar el mundo de muerte.
    Ese mantenerse vivo, por una ciega inclinación a derrotar a la muerte, es en sí mismo una manera de sembrar la muerte.
    Sólo alguien que haya hablado y dicho sí, sí, sí y otra vez sí puede abrir los brazos a la muerte sin sentir miedo, y nada podrán contra él todos los poderes del mundo.
    Sí señor Antipirina.
    Por estar loco se entiende perder la razón, pero no la verdad.
    Cuando ríes hasta que se te salten las lágrimas estás abriendo la claraboya y ventilando los sesos, y en ese momento nadie puede convencerte para que cojas un rifle y mates a tu enemigo.
    Mi exclusivo fin en la vida es llegar lo más cerca de mí mismo.
    Los libros que leía, la música que escuchaba me aseguraban que había otros hombres en el mundo como yo.
    El mundo se niega a reconocer que el artista indica el camino adecuado.
    La inteligencia que poseía, incluso de niño, me asustaba. Era la inteligencia de un salvaje, era una inteligencia vital.
    Ni siquiera tengo deseo de ayudar a los demás. Se lo tienen que ganar.
    Ser es música, es una profanación del silencio en provecho del silencio, y, por tanto, está por encima del bien y del mal.
    Fue lo más doloroso que había experimentado, pero también fue curativo.
    Comprendí que el libro que estaba escribiendo era una tumba en donde enterrarla (a ella)… y al yo mío que le había pertenecido.
    Me parece que todo mi desequilibrio data de aquel amor abortado.
    Hasta mucho después no recordé realmente la sonrisa que me dirigió.
    Con sólo que yo hubiera dicho una palabra, habría dejado al otro y se hubiese venido conmigo.
    Un ángel puede romper la pauta en cualquier momento y encontrar su cielo, tiene el poder para descender hasta la materia más baja y para salir de ella cuando quiera. Tienen alas.
    Se puede esperar toda la vida por un momento así. La mujer que esperabas conocer está ahora frente a ti. Y lo más extraño es que nunca antes te habías dado cuenta de que habías soñado con ella.
    Ahora los barrotes están rotos y aquella a la que temía me tiene cogido de la mano (…) ya no hay nada que temer ni nada que esperar, sino sólo esto que es y que no tiene fin...

    Nexus

    ∗ Imagínate a un hombre desperdiciando su vida defendiendo o condenando a otros. La justicia es un asunto de dementes.

    ∗ Mira, no existe en el mundo cosa por la que valga la pena luchar, salvo la paz espiritual. Cuanto más triunfas en este mundo, más te derrotas. Jesús tenía razón. Hay que vencer al mundo.

    ∗ El significado de la libertad es adquirir una nueva conciencia, una nueva visión de las cosas.

    ∗ Muere para el mundo y encontrarás la vida eterna.

    ∗ Nada muere en verdad. La muerte es siempre fingida. La muerte es el simple cierre de una puerta.

    ∗ Nos movemos con los ojos cerrados y los oídos tapados: derribamos muros en los que hay puertas que esperan ser abiertas al tacto; buscamos a tientas escaleras, olvidando que tenemos alas; rezamos como si Dios estuviera sordo y ciego, como si estuviese en un espacio. No es de extrañar que no reconozcamos a los ángeles que andan entre nosotros.

    ∗ No era difícil entender porqué un Cristo o un Buda podía, mediante una simple palabra, una mirada o un gesto, afectar profundamente a la naturaleza y el destino de las almas atormentadas que se movían dentro de sus círculos. También podía entender porqué algunas permanecían sordas.

    ∗ Sólo en las tranquilas profundidades nos es dado ver y oír, movernos y ser.

    ∗ Lo que tú no sabías, madre, era que la causa no era la pereza, era la angustia.

    ∗ Una persona como usted no puede fracasar.

    ∗ Iba a escribir un libro para ella –para ella- y, al leerlo ella entendería, se le abrirían los ojos, me ayudaría a enterrar el pasado, iniciaría una nueva vida, una vida en común…

    ∗ A veces, al despedirme de ella, me pregunto como es que nunca he congeniado con esta clase de chica, la apacible, en lugar de con las difíciles.

    ∗ Pasarle las manos por el culo era suficiente para hacerme olvidar todos mis problemas y también a Nietzsche, a Stirner y Bakunin.
    ∗ Cualesquiera que fuesen las cualidades de carne y sangre de aquella chica, no dejaban de ser carne y sangre. No había más de lo que se podía ver y tocar, oír y oler.
    ∗ Había atravesado el valle de la sombra de la muerte; ya no me avergonzaba de ser humano, demasiado humano.
    ∗ Una mujer que está agradecida de verdad por las atenciones que recibe, casi siempre ofrece su cuerpo.
    ∗ Tú estás hecho para otro mundo Val, no para América.
    ∗ Escribir para el público no me interesa lo más mínimo. Lo que me gustaría es escribir para locos… o para los ángeles.
    ∗ Tienes una fuerte constitución espiritual, pero hay también en ti una naturaleza animal más fuerte que en la mayoría de los hombres. Quieres vivir a toda consta.
    ∗ Una vez que despeguemos, quiero quedarme fuera para siempre. Quiero olvidarme de que nací aquí. Quiero seguir en movimiento, quiero ir hasta el final de todos los caminos.
    ∗ Ya sé que soy un soñador, pero un soñador activo. No es lo mismo.
    ∗ Podía ir hasta Marte y volver en un abrir y cerrar de ojos sin pinchazos.
    ∗ En un día celestial por venir, otros, conectados con la música de las palabras que yo he escrito, responderán al mensaje y asaltarán el propio cielo para difundir el delirio desenfrenado. ∗ Yo irritaba a mis amigos cuando ensalzaba las virtudes de otros pueblos. ∗ Ese era el castigo por vivir solo, trabajar solo, nunca encontrar a un espíritu afín, nunca acercarme al margen de aquel círculo interior y secreto donde podría sacar a la luz todas aquellas dudas y conflictos que me destrozaron, compartirlo, discutirlos, analizarlos y , si no resolverlos, al menos divulgarlos.
    ∗ Sólo la naturaleza podía sobrecoger a cada instante y estábamos desfigurándola a cada momento.
    ∗ Los americanos, robots que avanzan con la biblia en una mano y un fusil en la otra, que corren hasta el mar.
    ∗ Según mi forma de pensar, hay que creer en lo que se está haciendo; si no, todo es una farsa.
    ∗ Has entregado el alma, ya nada te interesa, excepto una partida de poker.
    ∗ Escribir para el público no me interesa lo más mínimo. Lo que me gustaría es escribir para locos… o para los ángeles.
    ∗ •Según mi forma de pensar, hay que creer en lo que se está haciendo; si no, todo es una farsa.
    ∗ •Ese era el castigo por vivir solo, trabajar solo, nunca encontrar a un espíritu afín, nunca acercarme al margen de aquel círculo interior y secreto donde podría sacar a la luz todas aquellas dudas y conflictos que me destrozaron, compartirlo, discutirlos, analizarlos y , si no resolverlos, al menos divulgarlos.
    ∗ Ya sé que soy un soñador, pero un soñador activo. No es lo mismo.
    ∗ Mira, no existe en el mundo cosa por la que valga la pena luchar, salvo la paz espiritual. Cuanto más triunfas en este mundo, más te derrotas. Jesús tenía razón. Hay que vencer al mundo.

    Trópico de Cáncer

    París, París, todo puede suceder aquí…
    No hace falta ser siquiera ciudadano, también para los vagabundos París era su París.
    Nueva York es frío, reluciente maligno, los edificios dominan, hay un frenesí atómico en el ambiente, cuanto más furioso el ritmo, más se empequeñece el espíritu.
    Toda una ciudad erigida sobre el enorme vacío de la nada.
    El verdadero arte consiste en llegar hasta las últimas consecuencias.
    Eso es lo único que quiero de ellas; olvidarme de mí mismo.
    NO tienen bastante con un buen polvo, quieren tu alma también.
    Una mujer que me saque de mí mismo tiene que ser mejor que yo.
    Sólo quienes pueden admitir la luz en sus entrañas pueden expresar lo que hay en el corazón.
    Cuando comprendo que se ha ido, que quizás se haya ido para siempre, un gran vacío se abre y siento que voy cayendo, cayendo, en un espacio profundo y negro.
    Comprendí la imposibilidad de mostrarle aquel París que yo había descubierto, un París que existía en virtud de mi soledad, de mi deseo de ella.
    Ese es un París que no se presta a un paseo, es un París que hay que vivir., que hay que experimentar, que crece dentro de ti como un cáncer, y crece y crece hasta que te devora.
    Entonces entendí porqué atrae París a los torturados, a los alucinados, a los maníacos del amor.
    Las ideas están relacionadas con la vida.
    Cuando me asomo a esa raja veo un signo de ecuación, un mundo equilibrado, un mundo reducido a cero y ni rastro de residuos.
    A intervalos de siglos aparece un hombre con expresión desesperada y ávida en los ojos, un hombre que pondrá el mundo patas arriba para crear una nueva raza.
    La tarea del artista es la de derrocar los valores existentes, convertir el caos que le rodea en un orden propio.
    Hoy me siento orgulloso de decir que soy inhumano, pertenezco a una raza que corre paralela a la raza humana...
    Todo este vómito espontáneo, indeseable, de borracho, seguirá manando sin cesar a través de las mentes de los que han de venir.
    Ser humano es algo pobre, lastimoso, miserable, limitado por los sentidos, restringido por receptores morales y códigos, definido por trivialidades e istmos.
    Amo todo lo que fluye, todo lo que contiene el tiempo y el porvenir.
    Solo, con toda la habitación para mis pensamientos.
    Es estupendo ser un completo cobarde al menos una vez en la vida.
    Tan silenciosamente corre el Sena que apenas se nota su presencia… Se pone el sol en París, siento que este río corre por mis entrañas, su curso es inmutable.

    Plexus

    En secreto esperaba reformar el mundo
    En algunos momentos confesaban que les gustaba oírme hablar.
    Para un escritor lo más valioso es leer todo lo que le cae entre manos, seguir su impulso.
    Mi misión en la vida era hacer que se olvidara la jerigonza estúpida que él trataba de inculcar.
    ¿Lloramos acaso cuando el sol se pone en el ocaso?
    Prefiero pintar ojos de hombres a pintar catedrales, porque en los ojos de los hombres hay algo que no puede haber en las catedrales, por muy majestuosas e imponentes que estas puedan ser.
    Uno se enrancia con el trabajo de oficina, yo iba a incendiar el mundo.
    Necesitaba tiempos muchos mayores de soledad para poder escribir.
    Cuanto más insípido y desabrido se hacía el mundo real, tanto más exaltaba yo los días dorados de la infancia.
    No era que me sintiese envejecer, sino sencillamente que comprendía que había perdido algo precioso.
    Prefería tragarme el orgullo antes que la saliva.
    Cuando se inicia la música inaudible, sabes con certeza que estás vivo.

    Primavera negra (Henry Miller, 1936)

    Los soñadores sueñan del cuerpo para arriba, con los cuerpos firmemente atados a una silla eléctrica.
    Uno debe ir siempre hacia el lugar donde no está señalado.
    Al caer la noche, desde todos los callejones que desembocan en el barranco se derrama una multitud de hombres curiosos y hambrientos que se arremolinan, se precipitan acá y allá sin rumbo, como espermas rabudos en busca del óvulo, y que finalmente son tragados por las fauces abiertas de los burdeles.
    Para enloquecer debes tener una tremenda acumulación de cordura.
    No podía creer que hubiese un lugar en la tierra donde el hombre pudiera ser él mismo.
    Mis pies tocan las raíces de un cuerpo eterno, para el que no tengo nombre. Estoy en comunicación con la Tierra entera. Aquí estoy en el útero del tiempo, y nada me sacará de mi quietud.
    Recuerdo la casa en la que vivía, la máscara que la cubría, los demonios que la habitaban, el misterio que la envolvía; recuerdo cada ser que cruzó el horizonte de mi niñez, la maravilla que lo rodeaba, el aura en que flotaba, el contacto de su cuerpo, el olor que emitía; recuerdo hasta mis sueños, tanto los de la noche como los del día.
    En cada uno de estos lugares algo me ocurrió, en cada uno de estos lugares dejé un cuerpo muerto con los brazos extendidos. No era yo sino a mí mismo al que estaba dejando atrás.
    Cómo reirían y llorarían si pudieran leer la verdad absoluta, algo que es absolutamente verdadero y que hasta ahora nadie se ha atrevido a escribir, excepto tú; y ese libro verdadero está encerrado dentro de ti.

    No hace falta escribir sobre china, escribe sobre lo que llevas dentro.

    https://es.wikiquote.org/wiki/Henry_Miller

    Portada

    Henry Miller
    (Nueva York, 1891 - Los Ángeles, 1980) Escritor norteamericano. Henry Miller es sin duda uno de los talentos más destacados de la literatura norteamericana contemporánea y el paradigma del disidente y anarquista pacífico de su tiempo. Toda su obra es autobiográfica y vivencial; de ahí lo profundo de sus convicciones, expresadas en su entrega a la literatura como camino personal irrenunciable. Su naturalidad para tratar temas como el sexo y su denuncia de la hipocresía social en esta materia le valió la admiración de infinidad de lectores de todo el mundo y el tener entre sus adeptos incondicionales a las generaciones de inconformistas de su propio país de las décadas de los años cincuenta y sesenta de la pasada centuria.




    Sus padres eran judíos. Su asistencia, en 1901, al City College sólo dura dos meses: lo abandona para emplearse en una fábrica de cemento. Luego de una serie de viajes por el sur de los Estados Unidos, durante los que se mantiene realizando cualquier tipo de trabajo, regresa a Nueva York en 1914 y se emplea en la sastrería de su padre. En 1923 realiza su primer viaje a Europa con su segunda esposa, June Edith Smith. Pero no es hasta 1930 que Miller decide establecerse en París, donde encontró bastantes temas para sus libros y un ambiente propicio para su vida bohemia y turbulenta.

    En 1934 publica Trópico de Cáncer (Tropic of Cancer), obra que será editada simultáneamente en inglés y francés. Los conflictos con la censura mantendrán esta obra inédita en Norteamérica hasta 1961; en esta época, Miller será ungido maestro de la proclamada revolución sexual del momento, pues trataba sin tapujos las situaciones de sexo explícito y mostraba una corrosiva ironía al referirse a los supuestos valores del puritanismo, ya sea en su versión francesa o norteamericana.

    Trópico de Cáncer es una crónica sobre la vida del propio autor en París, sus andanzas de artista pobre y mujeriego, en la que se entrelazan una suerte de picaresca de sabor europeo con el irónico humor americano. La novela tiene una estructura poco convencional y está escrita en un lenguaje descarnado y hasta obsceno, pero indudablemente revolucionario y vital; en ella se manifiesta la preocupación de Miller por la búsqueda de identidad y la liberación del individuo de la maraña de mitos sociales que lo apresan.

    Su estadía en París significa el comienzo de amistades fundamentales en lo que a su vida y obra se refiere; conoce a Jean Giono, a Anaïs Nin y a Lawrence Durrell, quien compartía con Miller la postura vitalista que enseñaba la práctica y la celebración de lo corporal por encima de todas las adversidades, fórmula que tanto influiría a lo largo de toda su literatura. En 1936 publica el libro de narraciones Primavera negra (Black Spring).


    En 1939, junto con Durrell, realiza un viaje por Grecia del que es fruto la novela El Coloso de Maroussi (1941). También en 1939 publica Trópico de Capricornio (Tropic of Capricorn), en la que, al igual que en el anterior Trópico, Miller expone cómo su estancia en París estuvo marcada por una agobiante pobreza. No faltan críticos que sostienen que ambos Trópicos representan, respectivamente, la crónica de una liberación y el cuadro del infierno del cual el escritor escapa. En ambas obras hay la misma ausencia de estructura, el mismo caos verbal, abierta utilización de monólogo interior, ruptura de ritmos, utilización de flashback, extensas catalogaciones a lo Whitman y sobre todo abundantes metáforas e imágenes de raigambre surrealista.

    Terminada la Segunda Guerra Mundial, su obra comienza a obtener cierta difusión, lo cual le permite trasladarse a vivir definitivamente a su entrañable California. Allí escribe Big Sur y las naranjas de Hieronymus Bosch (Big Sur and the Oranges of Hieronymus Bosch, 1957) y termina una obra cuyos apuntes había traído de París: Sexus (1949). Primera pieza de La crucifixión rosada (Plexus, 1953, y Nexus, 1959, son las otras), esta serie retoma la temática autobiográfica y cubre el período que va de 1923 a 1928.

    Más relajado, acabados definitivamente sus pleitos con la censura y sin sobresaltos económicos, Miller se dedica a la pintura con gran intensidad. Publica sus cartas con Anaïs Nin y continúa explotando su propio pasado en Mi vida y yo.

    Lo que se expresa en las obras de Henry Miller es una filosofía de la vida absolutamente transgresora, irreverente para con los clichés morales y estéticos de nuestra sociedad. La literatura de Miller es refractaria a cualquier credo específico; aboga por una especie de sincretismo estético y filosófico entre Occidente y Oriente. De ahí su enfático interés por la astrología, la teosofía, el ocultismo, el hinduismo y sobre todo el budismo. Miller es uno de los más claros ejemplos de literatura hecha de desesperación, de amor a todo sin cortapisas, de fe en el lenguaje como lugar de conocimiento. Herederos de su forma de entender la existencia fueron beatniks y hippies.

    Fragmentos

    "No tengo dinero ni recursos ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo"

    Si algo atrae de la obra de Henry Miller -desde su Trópico de Cáncer hasta El libro de mis amigos- es su pasión desmedida, incontenible, cualidad que durante muchos años la sociedad estadounidense puritana redujo al término de pornógrafo.

    Por su vida y obras se convirtió en uno de los máximos defensores de la libertad tanto individual como literaria y su búsqueda de la "salvación" a través de experiencias intensas influyó enormemente en las ideas de la llamada Beat Generation. Los "Trópicos" están consideradas sus mejores novelas por su prosa fluida en la que funde obscenidad y espiritualismo, y salta con gran naturalidad del expresionismo más realista al divismo más simbólico. Su obra ha sufrido los ataques de la crítica feminista, debido a su retrato de la potencia masculina frente al masoquismo femenino

    Su obra nos muestra una poética perfumada de inconformismo y rebeldía que venía en plan de echar por tierra todo ese puritanismo de aire acondicionado y Hot-dog, todos esos prejuicios raciales de una Norteamérica preocupada por hacer la guerra y no el amor.
    Los libros de Miller fueron escritos en cuartos baratos, con sexo y eyaculaciones, sin embargo todo eso lo llevó al papel con una poética feroz, todo escrito con inteligencia y desfachatez.

    Llevó una vida desenfrenada, abocada a todos los excesos, que reflejó en sus libros como una ráfaga huracanada, ácida; a veces maloliente, repulsiva, pero con ese pálpito bullente en la literatura que lo es de veras.

    Dicen que escribía como un poseso en cuartuchos atiborrados de alcohol y sexo, con un naturalismo emparentado en línea directa -de extremo a extremo- con un espiritualismo impensable en alguien que hacía de la crudeza, y hasta de la desfachatez, la principal de sus armas expresivas.

    Henry Miller, el narrador de la urbe, de las prostitutas; el amigo de Anais Nin, de los locos, de los reventados por la vida rogaba a Dios que lo hiciera escritor y así escribir, de una manera metafórica, desabrochada, todo ese delirante modo de vivir americano. Sus libros "Trópico de Cáncer" y "Trópico de Capricornio" más que novelas, biografía o diarios, eran una poética perfumada de inconformismo y rebeldía que venía en plan de echar por tierra todo ese puritanismo de aire acondicionado y Hot-dog, todos esos prejuicios raciales de una Norteamérica preocupada por hacer la guerra y no el amor. Los libros de Miller estaban escritos con muchos cuartos baratos, sexo y eyaculaciones, sin embargo todo eso estaba llevado al papel con una poética feroz, todo escrito con inteligencia y desfachatez.

    En Francia, Miller escribió: "Un hombre escribe para expulsar el veneno que ha acumulado debido a su estilo de vida falso. Está intentando recapturar su inocencia, pero todo lo que logra hacer (escribiendo) es inocular el mundo con un virus de su desilusión. Ningún hombre pondría una sola palabra en un papel si tuviera el coraje de vivir aquello en lo que creía."

    ------------------------------------------------------ FRAGMENTOS

    "No tengo dinero ni recursos ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo. Hace un año, hace seis meses, pensaba que era un artista. Ya no lo pienso, lo soy. Todo lo que era literatura se ha desprendido de mí. Ya no hay más libros por escribir, gracias a Dios"

    ------------------------------------------------------ FRAGMENTOS

    Por la noche cuando contemplo la perilla de Boris reposando sobre la almohada, me pongo histérico. ¡Oh, Tania! ¿Dónde estarán ahora aquel cálido coño tuyo, aquellas gruesas y pesadas ligas, aquellos muslos suaves y turgentes? Tengo un hueso en la picha de quince centímetros. Voy a alisarte todas las arrugas del coño, Tania, hinchado de semen. Te voy a enviar a casa con tu Sylvester con dolor en el vientre y una matriz vuelta del revés. ¡Tu Sylvester! Sí, él sabe encender un fuego, pero yo sé inflamar un coño. Disparo dardos ardientes a tus entrañas, Tania, te pongo los ovarios incandescentes. ¿Está un poco celoso tu Sylvester ahora? Siente algo, ¿verdad? Siente los rastros de mi enorme picha. He dejado un poco más ancha las orillas. He alisado las arrugas. Después de mí, puedes recibir garañones, toros, carneros, ánades, san bernardos. Puedes embutirte el recto con sapos, murciélagos, lagartos. Puedes cagar arpegios, si te apetece, o templar una cítara a través de tu ombligo. Te estoy jodiendo, Tania, para que permanezcas jodida. Y si tienes miedo a que te jodan en público, te joderé en privado. Te arrancaré algunos pelos del coño y los pegaré a la barbilla de Boris. Te morderé el clítoris y escupiré dos monedas de un franco...

    Trópico de Cáncer

    ------------------------------------------------------ FRAGMENTOS

     Vivo en la Villa Borghese. No hay ni pizca de suciedad en ningún lado, ni una silla fuera de su lugar. Aquí estamos todos solos y estamos muertos.
    Anoche Boris descubrió que tenía piojos. Tuve que afeitarle los sobacos, ni siquiera así se le pasó el picor. ¿Cómo puede uno pescarse piojos en un lugar tan bello como éste?. Pero no importa. Puede que no hubiéramos llegado nunca a conocernos tan íntimamente Boris y yo, si no hubiese sido por los piojos.
    Boris acaba de ofrecerme un resumen de sus opiniones. Es un profeta del tiempo. Dice que continuará el mal tiempo. Habrá más calamidades, más muertes, más desesperación. Ni el menor indicio de cambio por ningún lado. El cáncer del tiempo nos está devorando. Nuestros héroes se han matado o están matándose. Así que el héroe no es el tiempo, sino la intemporalidad. Debemos marcar el paso, en filas cerradas, hacia la prisión de la muerte. No hay escapatoria. El tiempo no va a cambiar.
    Estamos ahora en el otoño de mi segundo año en París. Me mandaron aquí por una razón que todavía no he podido desentrañar.
    No tengo dinero, ni recursos, ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo. Hace un año, hace seis meses, creía que era un artista. Ya no lo pienso, lo soy. Todo lo que era literatura se ha desprendido de mí. ya no hay más libros que escribir, gracias a Dios.
    Entonces, ¿éste?. Éste no es un libro. Es un libelo, una calumnia, una difamación. No es un libro en el sentido ordinario de la palabra. No, es un insulto prolongado, es un escupitajo a la cara del arte, una patada en el culo a Dios, al Hombre, al Destino, al Tiempo, al Amor, a la Belleza... a lo que les parezca. Cantaré para ustedes, desentonando un poco tal vez, pero cantaré. Cantaré mientras la palman, bailaré sobre su inmundo cadáver.
    Para cantar primero hay que abrir la boca. Hay que tener dos pulmones y algunos conocimientos de música. No es necesario tener un acordeón, ni una guitarra. Lo esencial es querer cantar. Así, pues, esto es una canción. Estoy cantando.

    ------------------------------------------------------ FRAGMENTOS

    "Soy un hombre que desearía vivir una vida heroica, hacer el mundo más soportable a su vista. Si en algún momento de debilidad, de relajación, de necesidad, me desahogo dejando escapar un poco de cólera ardiente cristalizada en palabras -un sueño apasionado, envuelto y atado een imágenes- entonces... tómenlo ó déjenlo... ¡pero no me molesten!"
    "Soy un hombre libre... y necesito mi libertad. Necesito estar solo. Necesito meditar sobre mi vergüenza y mi desesperación en soledad; necesito el sol y los adoquines de las calles sin compañía, sin conversación, cara a cara conmigo mismo, con la compañía exclusiva de la música de mi corazón.
    ¿Qué quieren de mí?. Cuando tengo algo que decir, lo digo. Cuando tengo algo que dar lo doy.
    ¡Su inquisitiva curiosidad me revuelve el estómago! ¡Sus cumplidos me humillan! ¡Su té me envenena! No debo nada a nadie. Sólo sería responsable ante Dios... ¡Si existiera!

    ------------------------------------------------------ FRAGMENTOS

    "Hay conchas que ríen y conchas que hablan; hay conchas locas, histéricas, en forma de ocarinas y conchas lujuriantes, sismográficas, que registran la subida y la bajada de la savia; hay conchas caníbales que se abren de par en par como las mandíbulas de una ballena y te tragan vivo; hay también conchas masoquistas que se cierran como las ostras, con una perla o dos dentro; hay conchas ditirámbicas que se ponen a bailar en cuanto se acerca el pene y se empapan de éxtasis; hay conchas puercoespines que sueltan sus púas y agitan banderitas en Navidad; hay conchas telegráficas que practican el código Morse y dejan la mente llena de puntos y rayas; hay conchas políticas que están saturadas de ideología y que niegan hasta la menopausia; hay conchas vegetativas que no dan respuesta, a no ser que las extirpes de raíz; hay conchas adventistas que huelen como los adventistas del Séptimo Día y están llenos de abalorios, gusanos, conchas de almeja, excrementos de oveja y de vez en cuando migas de pan; hay conchas mamíferas que están forradas con piel de nutria e hibernan durante el largo invierno; hay conchas navegantes equipadas como yates, buenas para solitarios y epilépticos; hay conchas glaciales en los que puedes dejar caer estrellas fugaces sin causar el menor temblor; hay conchas diversas que se resisten a cualquier clasificación y descripción, con las que te tropiezas una vez en la vida y que te dejan mustio y marcado; hay conchas hechas de pura alegría que no tienen nombre ni antecedente y estas son las mejores de todos, pero ¿a dónde han ido a parar?"

    ------------------------------------------------------ FRAGMENTOS.

    En un tiempo pensé que ser humano era el objetivo más alto que podía tener un hombre, pero ahora veo que estaba destinado a destruirme. Hoy me siento orgulloso al decir que soy "inhumano" que no pertenezco a los hombres ni a los gobiernos, que no tengo nada que ver con credos ni principios. No tengo nada que ver con la  maquinaria crujiente de la humanidad: ¡Pertenezco a la tierra!. Digo esto con la cabeza reclinada en la almohada y siento los cuernos que me brotan en las sienes. Veo a mi alrededor a todos esos antepasados míos bailando en torno a la cama, consolándome, incitándome, flagelándome con sus lenguas viperinas, sonriéndome y mirándome de reojo con sus siniestras calaveras. ¡SOY INHUMANO!. Lo digo con una sonrisa demente, alucinada y voy a seguir diciéndolo aunque lluevan cocodrilos. Tras mis palabras se encuentran todas esas calaveras siniestras que sonríen y miran de reojo, unas muertas y sonriendo hace mucho tiempo, otras sonriendo como si tuvieran trismo, otras sonriendo con la mueca de una sonrisa, el sabor anticipado y las consecuencias de lo que ocurre siempre. Más clara que nada veo mi propia calavera sonriente, veo el esqueleto bailando al viento, serpientes saliendo de la lengua podrida y las ampulosas páginas de éxtasis sucias de excrementos. E incorporo mi lodo, mi excremento, mi locura, mi éxtasis al gran circuito que circula a través de los subterráneos de la carne. Todo ese vómito espontáneo indeseable, de borracho, seguir manando sin cesar, a través de las mentes de los que han de venir, a la vasija inagotable que contiene la historia de la raza. Codo a codo con la raza humana corre otra raza de seres, los inhumanos, la raza de los artistas que estimulados por impulsos desconocidos, toman la masa inerte de la humanidad y mediante la fiebre y el fermento de que la imbuyen, convierten esa pasta húmeda en pan y el pan en vino y el vino en canción.
    Con el abono muerto y la escoria inerte producen una canción que se contagia. Veo esa otra raza de individuos saqueando el universo, dejando todo patas para arriba, con las manos vacías, siempre tratando de agarrar y asir el más allá el dios inalcanzable: matando a todo lo que está a su alcance para calmar al monstruo que les roe las entrañas. Lo veo cuando se arrancan los pelos en su esfuerzo por comprender, por aprehender lo que es eternamente inalcanzable, lo que veo cuando braman como bestias enloquecidas y se precipitan dando cornadas, veo que está bien y que no queda otro camino. Un hombre que pertenezca a esa raza ha de subir al lugar más alto y arrancarse las entrañas, mientras pronuncia palabras incoherentes. ¡Está bien y es justo, porque debe hacerlo! y todo lo que se quede corto con respecto a ese espectáculo espantoso, todo lo que sea menos escalofriante, menos aterrador, menos demencial, menos embriagador, menos contagioso, no es arte. El resto es falso. El resto es humano. El resto corresponde a la vida y a la ausencia de la vida.


    "La mujer raras veces ríe, pero cuando lo hace es como un volcán. Cuando la mujer ríe, lo mejor que puede hacer el hombre es largarse al sótano refugio contra ciclones. Nada quedará en pie ante la carcajada vaginal, ni siquiera el hormigón armado. Cuando se le despierta la capacidad de reír, la mujer puede superar en risa a la hiena o al chacal o al gato montés. De vez en cuando se la oye en una reunión de linchadores. Significa que se ha quitado la tapa, que todo vale. Significa que va a salir de caza… y ten cuidado, no te vaya a cortar los cojones. Significa que, si se acerca la peste, ELLA llega primero, y con enormes correas te arrancarán la piel a tiras. Significa que se acostará no sólo con Tom, Dick y Harry, sino también con el Cólera, la Meningitis y la Lepra: significa que se tumbará en el altar como una yegua en celo y aceptará a todos los que se presenten incluido el Espíritu Santo. Significa que demolerá en una noche lo que el pobre hombre tardó, con su habilidad logarítmica, cinco mil, diez mil, veinte mil años en construir. Lo demolerá y se meará en ello, y nadie la detendrá, una vez que empiece a reír en serio."

    ---------------------FRAGMENTOS

    En la tumba que es ahora mi memoria la veo a ella, a la que amé más que a nadie, más que al mundo, más que a Dios, más que a mis propias carne y sangre. La veo pudrirse en ella, en esa sanguinolenta herida de amor, tan próxima a mí que no podría distinguirla de la propia tumba. La veo luchar para liberarse, para limpiarse del dolor del amor, y sumergirse más con cada forcejeo en la herida, atascada, ahogada, retorciéndose en la sangre.

    Veo la horrible expresión de sus ojos, la lastimosa agonía muda, la mirada del animal atrapado. La veo abrir las piernas para liberarse y cada orgasmo es un gemido de angustia. Oigo las paredes caer, derrumbarse sobre nosotros y la casa deshacerse en llamas. Oigo que nos llaman desde la calle, las órdenes de trabajar, las llamadas a las armas, pero estamos clavados al suelo y las ratas nos están devorando. La tumba y la matriz del amor nos sepultan, la noche nos llena las entrañas y las estrellas brillan sobre el negro lado sin fondo.

    Pierdo el recuerdo de las palabras, incluso de su nombre que pronuncié como un monomaníaco. Olvidé qué aspecto tenía, qué sensación producía, cómo olía, mientras penetraba cada vez más profundamente en la noche de la caverna insondable. La seguía hasta el agujero más profundo de su ser, hasta el osario de su alma, hasta el aliento que todavía no había expirado de sus labios. Busqué incansablemente a aquella cuyo nombre no estaba escrito en ninguna parte, penetré hasta el altar mismo y no encontré… nada.

    Me enrosqué en torno a esa concha de nada como una serpiente de anillos flameantes, me quedé inmóvil durante seis siglos sin respirar, mientras los acontecimientos del mundo se colaban y formaban en el fondo un viscoso lecho lleno de moco. Vi el Dragón agitarse y liberarse del dharma y del karma, vi a la nueva raza del hombre cociéndose en la yema del porvenir. Vi hasta el último signo y el último símbolo, pero no pude interpretar las expresiones de su rostro. Sólo pude ver sus ojos brillantes, enormes, luminosos, como senos carnosos, como si yo estuviera nadando por detrás de ellos con los efluvios eléctricos de su visión incandescente. (…)

    Así caminamos, dormimos y comimos juntos, los gemelos siameses a quienes Dios había juntado y a quienes sólo la muerte podría separar. Caminábamos con los pies para arriba y las manos cogidas. Ella se vestía casi exclusivamente de negro, salvo algunos parches purpúreos, de vez en cuando. No llevaba ropa interior, sólo un vestido de terciopelo negro saturado de perfume diabólico. Nos acostábamos al amanecer y nos levantábamos justo cuando estaba oscureciendo. Vivíamos en agujeros negros con las cortinas cerradas, comíamos en platos negros, leíamos libros negros. Por el agujero negro de nuestra vida nos asomábamos al agujero negro del mundo. El sol estaba oscurecido permanentemente, como para ayudarnos en nuestra continua lucha intestina. Nuestro sol era Marte, nuestra luna Saturno; vivíamos permanentemente en el cenit del averno. La Tierra había dejado de girar y a través del agujero en el cielo colgaba por encima de nosotros la negra estrella que nunca destellaba. De vez en cuando nos daban ataques de risa, una risa loca, de batracio, que hacía temblar a nuestros vecinos. De vez en cuando cantábamos, delirantes, desafinados, en puro trémolo. Estábamos encerrados durante la larga y oscura noche del alma, período de tiempo inconmensurable que empezaba y acababa al modo de un eclipse. Girábamos en torno a nuestros propios yoes como satélites fantasmas. Estábamos ebrios con nuestra propia imagen, que veíamos cuando nos mirábamos a los ojos. Entonces, ¿cómo mirábamos a los demás? Como el animal mira a la planta, como las estrellas miran al animal. O como dios miraría la hombre, si el demonio le hubiera dado alas. Y, a pesar de todo, en la fija y estrecha intimidad de una noche sin fin, ella estaba radiante, alborozada.

    Tenía dos cañones, como una escopeta, era un toro hembra con una antorcha de acetileno en la matriz. Cuando estaba en celo, se concentraba en el gran cosmocrator, los ojos se le quedaban en blanco, los labios llenos de saliva. En el ciego agujero del sexo, valsaba como un ratón amaestrado, con las mandíbulas desencajadas como las de una serpiente, con la piel erizada de plumas armadas de púas. Tenía la lascivia insaciable de un unicornio, el prurito que provocó la decadencia de los egipcios.

    ¿Qué era la vida en la tierra sólida para nosotros que estábamos decapitados y unidos para siempre por los genitales? La vida era un joder perpetuo y negro en torno a un poste fijo de insomnio. La vida era escorpión en conjunción con Marte, en conjunción con Mercurio, en conjunción con Venus, en conjunción con Saturno, en conjunción con Plutón, en conjunción con Urano, en conjunción con el mercurio, el láudano, el radio, el bismuto. (…)

    La razón por la que es difícil contarlo es porque recuerdo demasiado. Recuerdo todo, pero como un muñeco sentado en las rodillas de un ventrílocuo. Me parece que durante el largo e ininterrumpido solsticio conyugal estuve sentado en su regazo y recité el discurso que ella me había enseñado. Me parece que debió ordenar al fontanero jefe de Dios que mantuviera brillando la negra estrella a través del agujero en el techo, debió de mandarle que derramase una noche perpetua. ¿Imaginé simplemente que ella hablaba sin cesar, o es que me había convertido en un muñeco tan maravillosamente amaestrado, que interpretaba el pensamiento antes de que llegara a los labios?

    Tenía el don de la transformación, era casi tan rápida y sutil como el propio diablo. Después de la de la pantera y la del jaguar, la transformación que mejor se le daba era la de ave: la de garza salvaje, la de ibis, la de flamenco, la de cisne en celo. Tenía una forma de bajar en picado de repente, como si hubiera avistado un cadáver maduro, lanzándose derecho a las entrañas, arrojándose inmediatamente sobre los bocados preferidos –el corazón, el hígado o los ovarios- y remontando el vuelo de nuevo en un abrir y cerrar de ojos. Si alguien la descubría, se quedaba quieta como una piedra n la base de un árbol, con los ojos no del todo cerrados, pero inmóviles, con esa mirada fija de basilisco. Si la aguijoneaban un poco se convertía en una rosa, una rosa intensamente negra con los pétalos más sedosos y de una fragancia irresistible.

    ¡Qué apacible nuestra vida de paloma y buitre en la oscuridad! Exceptuando el alucinante agujero en el techo, una vida en el útero casi perfecta. Pero allí estaba el agujero –como una fisura en la vejiga- y no había orina que pudiera pasar con una sonrisa. Mear larga y libremente, sí, pero ¿cómo olvidar la grieta en el campanario, el silencio no natural, la inminencia, el terror, la fatalidad del "otro" mundo? Comer hasta hartarse, sí y mañana otro hartazgo, y mañana y mañana, y mañana… pero al final ¿qué? ¿Al final? ¿Qué era el final?

    ¿Un cambio de ventrílocuo, un cambio de regazo, un desplazamiento del eje, otra grieta en la bóveda… qué? ¿Qué?

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    Henry Miller


     Gallo loco  (fragmento)

    [Traducción de Helena Guardia]

    Tony Bring está solo, sentado y es medianoche. Entre otras cosas, piensa en "un ordenado desorden, una justicia desquiciada, una fría desunión que permite que un individuo se siente tranquilamente frente a su chimenea mientras alguien arroja una piedra y al hacerlo asesina vilmente a otro". Sus silenciosas divagaciones son interrumpidas por el regreso de Vanya, aunque tal vez sería mejor decir Miriam, aunque la que estuvo una temporada en compañía de una mujer krupanowa ya no es la misma que le pregunta a Hildred si todavía la ama... La profusión de nombres y de registros dramáticos corresponde a la multiplicidad de estados de ánimo que el autor de los Trópicos, entre otras obras inolvidables, maneja en este cuento inédito en español y traducido con tino y sensibilidad por Helena Guardia.

    1

    Un rincón en América remoto y desolado. Vastas llanuras cenagosas en donde nada con vida puede crecer, ninguna flor. Grietas que se extienden en todas direcciones, perdiéndose en la inmensidad del espacio.

    Sobre el andén, con sus pesadas botas de cuero y un grueso cinturón de latón alrededor de la cintura, ella fuma nerviosamente un cigarrillo. Su largo pelo negro cae pesadamente sobre sus hombros. El silbato suena, las ruedas inician su fatal revolución. El suelo se escapa en un infinito cinturón escurridizo.

    Bajo ella, un páramo gris sofocado por el polvo y la artemisia. Una vasta, vasta, infinita extensión de tierra solitaria. Un Eldorado con menos de un habitante por cada milla cuadrada. De las montañas nevadas que sostienen el cielo soplan fuertes ventarrones. Con el crepúsculo, el termómetro desciende como un ancla. Aquí y allá, montes aislados y mesetas salpicadas con arbustos de creosota. Tranquila está la tierra bajo el gemido del viento.

    "Vista tal cual soy, y como siempre seré, siento que soy una fuerza tanto creadora como de muerte, que soy un valor real, y tengo un derecho, un lugar, una misión entre los hombres."

    Lánguidamente se acomodó en su asiento. La sensación de movimiento más que el movimiento mismo. Su cuerpo, quieto y relajado, se hundió profundamente en los acojinados huecos del asiento. Vista tal cual soy... Las palabras parecían surgir por sí solas del océano de signos y flotar en una bruma incolora ante su silenciosa mirada. ¿Existía algo más allá de la pantalla del lenguaje, que nos comunica...? Le resultaba imposible formular, aun para ella misma, el significado de aquel torrente que en ese momento le iluminaba los oscuros rincones de su ser.

    Después, las palabras desaparecieron del estanque interno de sus ojos; se esfumaron como el ectoplasma que dicen se desprende del cuerpo de los poseídos.

    "¿Quién soy?", murmuró para sí misma. "¿Qué soy?" Y de pronto recordó que estaba dejando un mundo tras de sí. El libro se resbaló de sus manos. Se encontraba de nuevo en el cementerio, atrás de la casa en el rancho, abrazando los árboles; cabalgando desnuda sobre un semental blanco hacia el lago congelado; por todas partes había valles sofocados por el sol, la tierra fértil gimiendo bajo el peso de los frutos y las flores.

    Fue después de la aparición de la mujer krupanowa cuando ella decidió llamarse a sí misma Vanya. Antes había sido Miriam, y ser Miriam significaba ser un alma considerada y autonulificada.

    La mujer krupanowa era escultora. Que poseía otras habilidades –habilidades menos fáciles de ser catalogadas– era innegable. El impacto con una estrella de esta magnitud lanzó a Vanya fuera de su órbita superficial; mientras que antes había existido en un estado nebuloso, la cola de un cometa, por así decirlo, ahora se había transformado en un sol cuya cromósfera interior resplandecía con imperecedera energía. Una pasión voluptuosa invadía su trabajo. Con bistre y sangre seca, con verdín y amarillos cetrinos, perseguía los ritmos y las formas que consumían su visión. Naranjos desnudos, de estatura colosal, apresaban pechos que goteaban limo y sangre; odaliscas vendadas como momias y apóstoles que ni siquiera el mismo Cristo había visto exponer sus heridas, sus miembros gangrenados, su túmida concupiscencia. Estaban San Sossima y San Savatyi, Juan el Guerrero y Juan el Precursor. A sus madonnas las ceñía con pétalos de loto, con escorpinas doradas y elfos perversos, con una abundancia de frutos incipientes. Inspirada por Kali y por Tlaloo, inventó diosas de cuyos cráneos sonrientes brotaban reptiles de ojos topacio que miraban al cielo, sus labios hinchados de blasfemia.

    Llevó una vida singular al lado de la mujer krupanowa. Drogadas con el ritual de la misa, se tambaleaban hasta el matadero, y de ahí a las vidas de los Papas. Recorrían con sus dedos la piel de los cretinos y de los elefantes, fotografiaban joyas y flores artificiales, y culís desnudos hasta la cintura; exploraban los patológicos monstruos del mundo de los insectos y los aún más patológicos monstruos de Roma. Por las noches soñaban con los ídolos enterrados en la morena de Campeche y con toros embistiendo desde la estacada para venir a morir bajo los sombreros de paja.

    Su pulso se aceleró con la tumultuosa procesión de pensamientos que impulsaba a través de sus venas la brillante y tibia sangre, encrespada al máximo. Miró el libro que tenía sobre el regazo y de nuevo leyó estas palabras:

    "Vista tal cual soy, y como siempre seré, siento que soy una fuerza tanto creadora como de muerte, que soy un valor real, y tengo un derecho, un lugar, una misión entre los hombres."

    Súbitamente, sin ningún obstáculo ni advertencia, un dinamo se desató en su interior. Cada partícula de su derretido ser se crispó violentamente con una estremecedora embriaguez... Abigarradas palabras la drogaban con venenosa concupiscencia... Supo que detrás de todas las cosas, sublimes o innobles, se escondía una turbulenta fuerza vital, un significado y una belleza de lo cual el arte, por glorioso que fuera, era tan sólo un pálido reflejo. "¡Quiero vivir!", murmuró salvajemente. "¡Quiero vivir!"


    2

    Tony Bring, sentado solo en una habitación amueblada que dominaba el puerto. Era medianoche. Esto significaba que había estado leyendo el mismo capítulo durante dos horas o más. Todo era demasiado incomprensible, una orgía de aprendizaje envuelta en armiño. Sintió que se hundía cada vez más y más profundamente, sin llegar jamás al fondo.

    Hacía apenas unos cuantos días que su amiga había puesto en sus manos esta morfología de la historia, como se llamaba. Y ahora, pensó, el cuerpo de su amiga se descomponía calladamente bajo un montecillo oculto con rosas.

    Se sintió oprimido. No era tan sólo que el espíritu de su amiga yaciera embalsamado entre las páginas del libro, tampoco era el hecho de que se le escapara el significado del texto, era que ya no podía soportar la soledad que sentía al estar ahí sentado, esperando escuchar el sonido de sus pasos.

    La infernal espera se había prolongado ya varias semanas, no todas las noches, es cierto, pero sí intermitentemente, y con una frecuencia que irritaba sus nervios. Allá abajo, donde el puerto se dilataba en una inmensa explosión tintada, había paz. La rizada superficie del agua se unía al manto nocturno arrojando una película de silencio líquido sobre la tierra. Mientras hacía a un lado la cortina para mirar en la oscuridad, un inexplicable terror se apoderó de él. Le pareció sentir, como si fuera la primera vez, que estaba completamente solo en el mundo. "Todos estamos solos", musitó para sí mismo, pero incluso al decirlo no pudo evitar sentirse más solo que nadie en la tierra.

    Por lo menos, se dijo (se había estado repitiendo lo mismo varias veces), no había nada definitivo de qué preocuparse. ¿No lo había, en verdad? Mientras más intentaba tranquilizarse, más se convencía de que alguna siniestra desgracia lo acechaba, cuya realidad e inminencia se manifestaban a través de estos tenues y oscuros presentimientos. Poco consuelo encontraba al pensar que la ordalía no duraría mucho. Se trataba más bien de saber si ésta no constituía el preludio a un aislamiento continuo y definitivo. Los periodos de ansiedad, que en un principio tenían una duración razonable de una o dos horas, ahora se prolongaban por lapsos de tiempo verdaderamente inconmensurables. ¿Mediante qué cálculo podría medirse la absoluta agonía acumulativa entre la espera de una hora o la de cinco? ¿Qué podía aclarar, en un problema como éste, el paso del tiempo medido según el lento transcurrir de las manecillas de un reloj?

    ¿Pero, había explicación...? Sí, para las explicaciones no había límite. El aire a veces se ponía triste con ellas. Sin embargo, no explicaban nada. El mismo hecho de que existieran las explicaciones requería una explicación.

    Su mente deambuló un rato por las complejidades de esa vida que se vive en las grandes ciudades –las ciudades otoñales– donde reina un ordenado desorden, una justicia desquiciada, una fría desunión que permite que un individuo se siente tranquilamente frente a su chimenea mientras alguien arroja una piedra y al hacerlo asesina vilmente a otro. Una ciudad, se dijo a sí mismo, es como un universo, cada cuadra una constelación danzante, cada hogar una estrella encendida, o un planeta incendiado. La vida cálida, gregaria, el humo y las oraciones, la algarabía y la procesión, todo el maldito espectáculo tenía como pivote al miedo. Si un hombre era capaz de amar a su prójimo tal vez pudiera respetarse a sí mismo; si podía tener fe tal vez podría obtener paz –pero ¿cómo, cómo, en este universo de ladrillos, en un manicomio de egocéntricos, en una atmósfera de agitación, de lucha, de terror y violencia? Para el hombre de las ciudades otoñales sólo quedaba la visión de la gran puta, madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra. Ellos odiarán a la ramera, la abandonarán y la desnudarán y se comerán su carne, y la quemarán en el fuego. Esta era la revelación de los espiritualmente muertos... el último capítulo... el libro de los libros.

    Tan absorto estaba en su fantasía que cuando repentinamente volteó y la vio de pie en el umbral, casi se cae.

    Estaba desnuda bajo su camisa morada. Él la retuvo a la distancia de sus brazos y la miró larga, intensamente.

    "¿Por qué me miras así?", dijo jadeando, todavía sin aliento.

    "Estaba pensado qué diferente..."

    "¿Vas a empezar con eso otra vez?"

    "No", dijo tranquilamente. "No voy a insistir más, pero... bueno, mira Hildred, a veces te ves tan terrible, sencillamente terrible. Cuando quieres, te puedes ver peor que una puta." (Le faltó valor para decirle directamente: "¿Dónde estabas?" o "¿Qué estuviste haciendo todo este tiempo?")

    Ella fue al baño y regresó casi inmediatamente con una pequeña botella de aceite de olivo y una toalla. Vertiendo unas cuantas gotas de aceite en sus manos, comenzó a frotar su cara. La suave y esponjosa pelusa de la toalla absorbió la mugre y la grasa que se habían acumulado en sus poros. Parecía el trapo con el que un pintor limpia sus pinceles.

    "¿No estabas preocupado por mí?", preguntó ella.

    "Por supuesto que sí."

    "¡Por supuesto! ¡Qué manera de decirlo! Y no hago más que llegar y lo primero que me dices es que parezco una puta... peor que una puta."

    "Tú sabes que yo no te dije puta", dijo él.

    "Es lo mismo. Te gusta decirme cosas. No eres feliz a menos que me estés criticando."

    "Ay, no entremos en eso", dijo él fastidiado. Tenía ganas de gritar: "¡Al diablo con todo! ¡Me amas, eso es todo lo que quiero saber! ¿Me amas?" Pero antes de que se lo pudiera soltar, ella ya lo había calmado con su profunda y vibrante voz. Su lenguaje era fluido... demasiado fluido. La pulsación de su oscuro y exuberante ritmo latiendo a través de él como la tibia sangre en sus venas femeninas despertaron en él sensaciones que confundía con el sentido de las palabras que ella pronunciaba. Agrupándose en secreto, profusos y oscuros, sus pensamientos penetraron en los de ella y quedaron suspendidos detrás de las palabras, un velo que el más ligero viento podía desgarrar.


     3

    Ahí estaba sentado, el pequeño y repugnante farsante, con sus rizos dorados y sus puntiagudas uñas chinas. Estaba casi en el escaparate, de espaldas a la calle. Su parecido con Juan el Bautista era sorprendente. Cuando se levantó, mostrándose plenamente, se transformó de súbito en un mastín, esa raza inteligente que aprende a caminar sobre sus patas traseras después de arrebatar algunos trozos de carne cruda. Exhibía una expresión habitualmente plácida. O acababa de comer bien, o estaba a punto de hacerlo. Una pasividad oriental. Un lago de cristal que al ondularse se rompería.

    Los hombros anchos de Vanya y su portentosa estructura lo escondían casi por completo. Resultaba cómica su solicitud. Tomando su mano, la mojaba con sus labios como un cachorro lamiendo la mano de su dueña.

    Un olor a comida rancia lo penetraba todo.

    "¡Come, Vanya, come!", le imploraba él obsequiosamente. "Come todo lo que quieras. ¡Come hasta reventar!" A Hildred la ignoraba cortésmente, o si se veía obligado a dirigirse a ella, elaboraba sus comentarios con tan florida hipocresía que ella hubiera querido estrangularlo. Tenía una manera especial de levantar el labio superior y sonreír a través de sus dientes amarillos –mueca de una blandura odiosa. "Te ves muy seductora esta noche", decía, "muy seductora", dándole la espalda antes de terminar el cumplido.

    La presencia de un poeta que insistía en guardar espagueti en los bolsillos de su chaleco estaba provocando una ligera conmoción. En el último grado de embriaguez se esforzaba por divertir a un par de mujeres que se le colgaban como buitres. Estaban desnudas bajo sus abrigos de piel, que él abría ocasionalmente. En las esquinas de sus ojos inyectados en sangre había una sustancia blancuzca; los párpados, despojados ya de sus pestañas, parecían gomas ulceradas. Al sonreír se asomaban entre sus gruesos y amorfos labios unos cuantos muñones chamuscados y la punta de una lengua húmeda. Se reía sin cesar, con una risa que era como el gorgotear de una alcantarilla.

    Las perras a cuyos oídos susurraba tartamudeando sus delicadas palabras lo miraban con infatuada incomprensión. En relación al sexo opuesto, a él sólo le preocupaba una cosa –que sus mujeres tuvieran los órganos necesarios para su gratificación. Fuera de eso, poco le importaba si eran morenas o blancas, bizcas o sordas, enfermas o imbéciles. En cuanto a ese pequeño farsante, Willie Hyslop y su pandilla, uno no podría decir nada a menos que le viera de la cintura para abajo, y aún así el problema era complicado.

    "¡Criatura vil y repugnante!", estalló Hildred al salir de la cafetería. "No entiendo cómo puedes soportarlo."

    "Oh, realmente no es tan malo", dijo Vanya. "No veo por qué lo desprecias más que a los otros."

    "No puedo evitarlo", dijo Hildred. "Me molesta que lo dejes utilizarte."

    "Pero si ya te lo dije, estoy arruinada... completamente arruinada. Si no fuera por él, por el pobre tonto que es, no sé dónde estaría yo ahora."

    Hablaban en la calle, a la puerta de Vanya.

    ¿Por qué se queda aquí parada? pensó Hildred. ¿Por qué no me invita a pasar?

    Como si sus pensamientos se dividieran, Vanya cambió de postura, intranquila, sintiéndose extrañamente turbada, haciendo vacilantes intentos por prolongar la conversación. Había algo en su mente que durante toda la noche había estado tratando de expresar. Más de una vez había intentado abordar el tema indirectamente pero, o Hildred era muy torpe, o no estaba dispuesta a colaborar en lo más mínimo.

    "¿Entonces, te gustaría ir a París conmigo?", dijo Vanya impulsivamente.

    "Me encantaría más que nada en el mundo. Pero..."

    "Escucha, ¿no te parece extraño que te haya hablado como lo hice esta noche?"

    "Siento como si te conociera de toda la vida." Y entonces, de repente, añadió serenamente: "¿Aquí es donde vives?"

    "Por el momento", respondió Vanya, afirmando con la cabeza.

    Se quedaron en silencio durante un momento.

    "Vanya", dijo Hildred, de nuevo impulsivamente, con voz suave, vehemente, "Vanya, quiero que me dejes ayudarte. ¡Debes hacerlo! No puedes seguir así."

    Vanya tomó la mano de Hildred. Se miraron a los ojos. Permanecieron así durante todo un minuto, sin que ninguna de las dos se atreviera a romper los límites de la palabra.

    Finalmente, Vanya dijo serena: "Sí, te dejaré ayudarme... con gusto... ¿pero cómo?"

    Hildred titubeó. "Eso", respondió, "no lo sé ni yo misma." Las palabras cayeron lentas, como copos de nieve de sus labios. "Sólo considérame tu amiga", añadió con sinceridad.

    Ya fuera por el efecto de estas últimas palabras, o por la determinación de llevar a cabo alguna idea preconcebida, de cualquier manera, Vanya se volteó intempestivamente, decidida a condescender.

    Desdeñando a su un tanto asustada compañera, su amiga, le suplicó que esperara. "Solo un momento", imploró. "Tengo algo que quiero darte."


    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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