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    domingo, 31 de julio de 2016

    EE. UU., demasiadas décadas de desigualdad


    Tras la muerte de Alton Sterling. Las estadísticas habilitan la hipótesis de que los agentes de
    policía tienen una mayor propensión a matar a afroamericanos durante un arresto

    Racismo. Los cinco asesinatos recientes ocurridos en Dallas, durante una protesta contra la violencia policial, reabren debates nunca saldados sobre discriminación y asedio a la comunidad afroamericana.

    POR GERARD TORRATS-ESPINOSA

     .


    La actualidad en los Estados Unidos ha estado marcada de nuevo por las tensiones entre ciudadanos afroamericanos y la policía. A las muertes de Alton Sterling en Baton Rouge (Louisiana) y Philando Castile en Falcon Heights (Minnesota) a manos de la policía las siguieron los sucesos de Dallas, donde cinco policías (cuatro blancos y un latino) fueron abatidos por un hombre afroamericano en el transcurso de una protesta pacífica contra la violencia policial.

    Todo esto ocurre a un mes del segundo aniversario de los disturbios de Ferguson (Missouri), los cuales estallaron después de la muerte del joven afroamericano Michael Brown a manos de un policía local blanco. A Brown lo siguieron Tamir Rice, Freddie Gray y una inacabable lista de nombres que ponen de manifiesto las profundas tensiones entre minorías raciales y el sistema policial y judicial en los Estados Unidos. En 2015, la policía mató a 1.146 ciudadanos, de los cuales un 27% eran afroamericanos. En lo que llevamos de año, 569 ciudadanos han perdido la vida en encuentros con la policía, 24% de los cuales también eran afroamericanos. Si tenemos en cuenta que los afroamericanos representan un 13% de la población total del país y que blancos y afroamericanos tienen la misma tendencia a cometer crímenes, estos porcentajes muestran una clara desigualdad en cómo la violencia policial afecta a blancos y negros.

    Esto sugiere dos hipótesis. O bien los agentes de policía tienen una mayor propensión a matar a afroamericanos en el transcurso de un arresto; o bien los afroamericanos están desproporcionadamente más controlados por la policía, algo que les genera un mayor riesgo de ser víctimas de la violencia policial. Ambas hipótesis indican racismo, pero la primera opción sitúa el debate a nivel del individuo (el policía), mientras que la segunda pone el foco en un problema más estructural del sistema policial en general. La evidencia empírica sugiere que la desproporción que los datos muestran es más bien una consecuencia del asedio y discriminación que la comunidad afroamericana sufre en su conjunto por parte de las instituciones policiales y judiciales del país.

    Desde mediados de los 90, el crimen ha disminuido sostenidamente a niveles que no se veían desde las décadas del 60 y 70. A pesar de esta tendencia, los cuerpos de policía han llevado a cabo un proceso de militarización sin precedentes, que pusieron de manifiesto los tanques de policía en las calles de Ferguson hace dos años. A esto hay que añadirle una sofisticación en los sistemas de monitorización de los ciudadanos que ha llevado a muchos barrios a una situación de híper vigilancia. Si en los 90, cuando el crimen llegaba a niveles históricos, los afroamericanos se quejaban de que la policía no patrullaba en sus barrios, hoy la situación es la opuesta. El abandono institucional de los 90 ha dado pie a un asedio institucional que marca el día a día en muchos barrios afroamericanos del país. En ambos casos el resultado es una profunda y creciente desconfianza hacia la policía entre las minorías.

    Pero las protestas de Ferguson en 2014, Baltimore en 2015 y en menor medida en Dallas la semana pasada ponen de manifiesto una frustración que va más allá de los sistemas policiales y judiciales. Ferguson es un suburbio en las afueras de la ciudad de Saint Louis (Missouri). Entre las décadas de 1940 y 1970, Saint Louis y Ferguson siguieron el mismo patrón que la mayoría de ciudades y suburbios del país: los blancos abandonaron las ciudades para establecerse en los suburbios y los afroamericanos se quedaron en las ciudades, sin trabajo y sumidos en la pobreza y el crimen.

    Este escenario no se produjo al azar. El gobierno y los bancos participaron en esta fragmentación social facilitando hipotecas a blancos para que pudieran comprar casas en los suburbios pero denegándolas a los negros. Ferguson fue una de las muchas comunidades de blancos que proliferaron alrededor de ciudades en ruina física y económica. Con el paso de los años estas fronteras se fueron diluyendo, y en los 70 y 80 las clases medias afroamericanas pudieron empezar a establecerse en los suburbios de los que los blancos se habían apoderado. El resultado fueron nuevas tensiones raciales generadas por la amenaza que los blancos percibían en tener a los afroamericanos de vecinos y tener que competir con ellos por escuelas y puestos de trabajo. En respuesta a esto, los blancos en suburbios como Ferguson establecieron estructuras de poder que les permitieron ejercer el control del sistema de escuelas y de la policía. No es del todo descabellado insinuar una conexión entre estas dinámicas sociales y el elevado número de jóvenes afroamericanos que mueren en manos de la policía en lugares como Falcon Heights (Minnesota), donde los blancos representan el 76% de la población y los afroamericanos están en minoría.

    Baltimore, el escenario de las protestas después de la muerte de Freddie Gray en 2015, es también un ejemplo de divisiones raciales. Con una proporción de afroamericanos que supera el 60% y uno de los mayores índices de segregación racial del país, Baltimore es una de las ciudades donde el ascenso social funciona peor, hecho que da lugar a que la desventaja económica y social se transmita de una generación a la otra. A escala nacional, sólo por el hecho de ser negro, un joven cuyos padres residieron en un barrio pobre tiene una probabilidad del 70% de seguir viviendo en la pobreza cuando sea adulto. Para un blanco, esta probabilidad es sólo del 40%. La gente que protesta en las calles de Ferguson, Baltimore, Dallas y muchas otras ciudades del país pide también atención a desigualdades sociales que duran desde hace demasiadas décadas.

    Mejorar la formación en las academias de policía y revisar los protocolos de actuación para evitar que un control rutinario de tráfico acabe con la muerte de otro ciudadano es fundamental. Pero las soluciones a la violencia policial y a las injusticias raciales del sistema judicial piden intervenciones a nivel institucional y estructural sostenidas en el tiempo. Obama ha hecho importantes esfuerzos y avances en este frente pero el trabajo debe seguir. De los dos probables candidatos a la Casa Blanca, hay una que parece tener la voluntad de seguir avanzando para construir unas instituciones policiales y judiciales más justas. Del otro no podemos estar tan seguros.

    © La Vanguardia.

    http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/EE-UU-demasiadas-decadas-desigualdad_0_1614438679.html

    Un país que aún no logra parecerse a la mejor 
    versión de sí mismo
    Sin título
    Sin titulo
    POR BETINA GONZALEZ


    No iba a escribir esta nota. Me parecía que era subrayar lo obvio. Lo ves en las películas, lo leés en las novelas, te lo cuentan los que viajan: Estados Unidos es el país más racista del mundo. ¿O no? De El color púrpura a Malcolm X . De Luz de agosto a El ojo más azul , la línea que divide a algunos blancos del resto de los colores que inventaron para distinguirse a sí mismos siempre está trazada con violencia.

    Pero acepté. Y la razón es que Estados Unidos me duele. Me duelen Dorothy Parker, Philip K. Dick, Susan Sontag, Toni Morrison, todo el Harlem Renaissance y hasta The Weather Underground. Me duelen los escritores y los movimientos que lucharon y luchan contra la desigualdad obscena de su sociedad y las injusticias de su gobierno. Los conozco. Los he visto. No tendrán los nombres de esos autores famosos, pero esa misma chispa de resistencia vive en muchos de mis compañeros y profesores estadounidenses (de todos los colores) que hacen la diferencia en su trabajo cotidiano. Y sin embargo, parecen estar fracasando.

    No soy socióloga. No escribo esta nota para proveer conceptos iluminadores, ni para avalar el cinismo de quien disfruta hablando de las fracturas visibles del Imperio. Escribo para contar una historia: la de mi desconcierto. Después de una Guerra Civil con más de medio millón de muertos, después de Rosa Parks, de Martin Luther King y de los miles de muertos anónimos por el odio racial, EE. UU. aún no logra parecerse a la mejor versión de sí mismo. La de los eslóganes y leyes de diversidad, la de esos intelectuales, la de la sociedad “más multicultural y democrática” del planeta. La versión que nos diga que Donald Trump es una anomalía y no la regla. La que no naturalice los videos de negros y latinos ejecutados por buscar una billetera en su bolsillo, la que desmienta la leyenda urbana que circula por la Red y habla de cierta logia de la policía que juró matar a un negro por día mientras Obama fuera presidente.

    No estoy sola en este desconcierto. Me acompañan dos escritoras de las más lúcidas de mi generación que, igual que yo, eligieron ser extranjeras en EE. UU. A diferencia de mí, estos estallidos de violencia las encuentran todavía ahí, sosteniendo su condición de hispanohablantes y la mirada siempre involucrada y comprometida. “Va más allá de la discriminación –responde Lina Meruane desde New York–. Los afroamericanos fueron dejados a su suerte en el ámbito político, judicial y policial. En lo educativo, donde la falta de financiamiento público impide la movilidad social. Y en la salud. Black Lives Matter es un aullido desesperado y necesario. Entre las cosas graves que suceden en este país está que ciertos sectores (blancos) piensen que ese eslogan implica ‘odio racial’ de la comunidad negra hacia la blanca”.

    Giovanna Rivero, desde Gainsville, Florida, ve todavía más allá la traza del peligro: “Es como si ISIS habilitara por directa proyección un escenario simbólico dentro de Estados Unidos, para que las percepciones patológicas de lo que es ‘ser un buen patriota’ teatralicen lo peor de sí. El exceso de la fuerza policial, convertido en una máquina de matar civiles, especialmente negros y latinos, pareciera obedecer al mandato de que ‘defender América’ pasa esencialmente por aniquilar al otro”. Si en algo acierta esta pintura es en identificar ese discurso nacionalista, blanco, prepotente y narcisista con lo peor de EE. UU. Es, sin duda, la hidra de todos sus males. También lo conozco: lo usaban algunos de mis alumnos para defender su ignorancia, su desinterés y su prejuicio ante todo lo que no fuera “American”.

    Tal vez a Lina, a Giovanna y a mí, nuestra condición de escritoras y profesoras nos protegió un poco de las peores manifestaciones de esa intolerancia. Pero sólo un poco. Porque la intolerancia siempre empieza por lo pequeño. Por una cajera de supermercado que te dice “qué lindo acento” pero significa otra cosa. Por una agencia de empleos que asume que el trabajo que corresponde a tu apellido es el de limpiar casas. Por un sistema educativo que se complace en fomentar la ignorancia y está aniquilando las Humanidades. Por ese alumno que no sabe ni le importa qué es el FMI y ni siquiera tiene un pasaporte. Total, vive en el mejor país del mundo. Ese país de artistas, científicos, intelectuales y personas maravillosas, a los que, sin embargo, les vive fallando todo el tiempo. Ese imperio con complejo de inferioridad, incapaz de estar a la altura de lo mejor de sí mismo.

    Betina González es escritora. Su última novela es “América alucinada” (Tusquets).


    Texas, armada hasta los dientes


    El jueves 7 de julio por la noche, en plena matanza de policías en Dallas, Mark Hughes se convirtió en el “más buscado”. Las autoridades difundieron una foto de Hughes, que es negro, en medio de la manifestación en denuncia de la brutalidad racial de los uniformados tras los videos de otros dos fallecidos a tiros en Baton Rouge (Luisiana) y Falcon Height (Minnesota). Pedían ayuda para detener al que creían uno de los autores del ataque, que dejó cinco oficiales muertos. Llevaba colgado un fusil AR-15.

    Al cabo de poco, cuando el supuesto francotirador solitario, el ex militar Micah Johnson, aún no había caído abatido por un robot bomba, se difundió que Hughes se había entregado. De inmediato se descartó que formara parte del complot. Según el jefe de la policía de Dallas, David Brown, de 20 a 30 personas asistieron a esa concentración pacífica exhibiendo ese mismo tipo de armas de estilo militar, y otros con pistolas.

    Además de Hughes, hubo otros tres detenidos, después liberados, por idéntica razón. Brown, que reiteró la suposición de que Johnson preparaba algo mucho mayor, aclaró que once agentes dispararon contra él y dos usaron explosivos.

    En Texas no sólo es legal exhibir rifles, sino que es una práctica común. En los 90 se legalizó el llevar armas ocultas. A principios del 2016 entró en vigor la ampliación de que se luzcan. Sólo se debe actualizar el permiso. Más de un millón de residentes disponen del beneplácito de portar armamento no visible.


    Las fuerzas de seguridad expresaron su preocupación. Temían el pánico en una situación de tiroteo. Obama también expresó cómo esta normativa incrementa la complejidad al referirse a esta tragedia. “Imagina que eres un policía y estás intentando discernir quién te está disparando entre un grupo de personas que lleva armas”, subrayó. Su argumento se dirigía, de nuevo, a fomentar la conciencia de que se ha de hacer algo para frenar la masiva presencia de fusiles. El alcalde de Dallas, el demócrata Mike Rawlings, salió en su apoyo: “Esta es la primera vez en la que pienso que una ley puede dañar a los ciudadanos”. En el otro lado, un portavoz del vicegobernador, el republicano Dan Patrick, expresó su disconformidad con la crítica. “No nos sorprende que el presidente o los anti armas aprovechen una vez más una tragedia”, señaló.

    http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Texas-dientes_0_1614438680.html

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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