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    jueves, 14 de julio de 2016

    Bernardo Bertolucci “Pensaba que el cine podía cambiar el mundo”

    Dos destinos. Las vidas de Olmo (Gerard Depardieu) y Alfredo (Robert de Niro)
    son la vía elegida por Bertolucci para contar parte de la historia de Italia.


    Encuentro con Bernardo Bertolucci, 40 años después de “Novecento”, su obra más ambiciosa. Su recuerdo de aquel trabajo y su visión de Italia hoy.

    POR ARIANNA FINOS


    Novecento nació aquí ”. Bertolucci extiende los brazos hacia su amplio living, como si pudiese tocar los recuerdos y las paredes estuviesen impregnadas de las conversaciones con su hermano Giuseppe y su amigo Kim Arcalli. En la casa-estudio del realizador en el Trastevere adquirió vida un proyecto épico. Tres años de preparación, cinco horas de película para contar medio siglo de la historia de Italia entre lucha de clases y sentimientos.

    Novecento monopolizó el Festival de Cannes en mayo de hace cuarenta años. “Partimos de una idea simple. En 1900 nacen dos niños: el hijo de los patrones y el de los campesinos. Se llaman Alfredo, en homenaje a La traviata , y Olmo, como homenaje a los árboles exterminados en aquel momento por una grave enfermedad”.

    –La película empieza con la muerte de Verdi y está concebida en dos actos, como una ópera.
    –Pensamos que todo el período que va desde 1900 a 1945 estuviera contenido en el día de la Liberación, el 25 de abril. El tiempo de los campesinos está repartido entre las estaciones del año. Así, pensamos en un largo verano para la infancia. Después los protagonistas crecen y es otoño. Llega el fascismo, el invierno, la película se vuelve dark con los personajes de Attila (Donald Sutherland) y Regina (Laura Betti), dos verdaderos monstruos.

    –Para los dos patriarcas, el abuelo campesino y el abuelo patrón, eligió a Sterling Hayden y a Burt Lancaster.
    –Sterling (yo me acordaba de él en La jungla de asfalto y en Dr. Strangelove ) llegó de Roma a Parma en una moto Triumph viejísima. Antes de rodar cada toma lo encontrábamos echado bajo un árbol cualquiera haciéndose una caña. La tarde en que debía encontrarse con Lancaster, Sterling estaba nerviosísimo. Tomaba vodka y volvía a poner una y otra vez el mismo tema de Barry White & Love Unlimited. “Tiemblo ante la idea de encontrar a Lancaster, es un hombre de una sola pieza, demasiado honesto para mí”, decía con insistencia. Burt Lancaster me regaló su interpretación, actuó gratis: “Después de esta película quiero ir a una gruta en el Tíbet para aprender budismo”, me confesó.

    –Después está el momento de De Niro y Depardieu.
    –Cuando concebí el filme pensé que iba a ser un puente entre la Unión Soviética y Estados Unidos. Después del éxito de Ultimo Tango en París quedé encandilado, con algún que otro desliz hacia la megalomanía. Creía que podía hacer lo que yo quería, pensaba que el cine podía cambiar el mundo. Quería un actor soviético para Olmo, pero me negué a someter el guión a los rusos y me replegué sobre el jovencísimo Depardieu. Para el rol de Alfredo fui a Los Angeles, me encontré con Robert DeNiro y Harvey Keitel; elegí a Bob por su aire más burgués. DeNiro me llevó a un concierto de Bob Dylan en Nueva York y en el taxi discutió por el recorrido con el chofer: “Salí de acá, no te hagás el piola, mirá que hice tres meses de taxista”, decía. Acababa de regresar de Taxi Driver.

    –Novecento fue también una respuesta al pesimismo de Pasolini.
    –Con sus ensayos Pier Paolo relataba la transformación sociológica y cultural de Italia, de país campesino a consumidor. Quise mostrar que la inocencia campesina que él consideraba desaparecida aún existía. Que los agricultores de la histórica región Emilia habían conseguido preservar, gracias al socialismo, su identidad cultural. Y después quise contar la gran utopía, la revolución campesina. Novecento, distribuida por las tres majors de Estados Unidos, hubiera llevado ese mensaje socialista a EE.UU. En cambio, la Paramount la boicoteó. El presidente declaró: “Hay demasiadas banderas rojas”.

    –¿Qué escenas se quiso censurar en Italia?
    –La única que me pidieron acortar fue esa en que la prostituta epiléptica, Stefania Casini, está en la cama entre DeNiro y Depardieu y les agarra el miembro a cada uno. Pero yo los engañé, acortando los fotogramas previos a que ocurriese aquello. De modo que el momento ha permanecido en el filme.

    –El filme es también un homenaje a su infancia entre campesinos, al mundo relatado en los poemas de su padre.
    –Hasta los 12 años viví en el campo, en la casa de mi abuelo. Al lado estaba la casa de los campesinos, el educado y el rústico. Yo pasaba los días en esa gran familia. Era como si me sintiera en deuda con ellos.

    –Fue con ellos que usted descubrió la palabra “comunista”.
    –Durante la cosecha de los tomates pasa un camioncito diciendo por el altoparlante: “Mañana huelga general por la muerte de Attila Alberti, brutalmente asesinado por la policía motorizada del primer ministro Scelba”. “¿Quién es?”, pregunto. La humilde Nella (ese es también su nombre en el filme) se da vuelta y me dice: “Un comunista”. Después me cuenta que si se hubiera hecho la revolución habrían colgado a todos los patrones en las ramas de los árboles. “¿Yo también?”, “No, vos te salvás porque sos comunista”.

    –El Partido Comunista Italiano fue crítico con la escena del juicio.
    –Fue doloroso para mí. Yo quería dedicarle la película a Enrico Berlinguer, el secretario general del PCI. Invité al partido a la proyección. En la mitad de la película uno de sus dirigentes, el diputado Giancarlo Pajetta, se muestra entusiasta, pero al final me dice: “La segunda parte es una falsificación histórica. Nunca hubo un juicio a los patrones”. Me dejó destruido. Le contesto: “Cierto, el juicio no se hizo jamás, pero esto es una película, es ficción, y describe una gran utopía”. Se requería una mirada sofisticada para entender lo que yo me proponía; los políticos de la época no la tenían.

    –Planeó rodar un tercer acto...
    –De 1945 al 2000, pero nunca lo filmé porque nunca más recuperé aquel ímpetu. Novecento fue un éxito, pero mi idealismo salió frustrado de ella. Hoy lo llamaríamos formato: la cultura campesina, la pequeña burguesía, la lucha de clases... Pero ya mientras terminaba la película, con el asesinato de Pier Paolo y la muerte de Aldo Moro, para mí la posibilidad de soñar de aquella manera se desvaneció.

    –¿Cómo ve la Italia de hoy?
    –Quizás este encerrarme en una caverna mágica high-tech se deba al rechazo de aquello en lo que se ha convertido Italia en los últimos años. Quizá prefiera quedarme aquí, con una realidad audiovisual que me llega de todo el mundo, y extrañamente me nutre, en lugar de moverme por Roma, una ciudad degradada y posiblemente imposible de salvar.

    –¿Hay alguna película que quiera filmar?
    –Debe haberla, la estoy buscando. Encuentro productores y me proponen grandes proyectos que rechazo en treinta segundos. Quiero filmar en “dos habitaciones y cocina”, como para ET. Vivo un poco aislado, pero me fascina el presente, por ejemplo por la posibilidad de rodar una película con un celular. De jóvenes soñábamos con la cámara-lapicera. Hoy es realidad.

    © La Repubblica.
    Traducción: Román García Azcárate.



    Afiche

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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