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    jueves, 16 de junio de 2016

    La estética como ideología Terry Eagleton (PDF)

    Terry Eagleton





    La estética como ideología

    Terry Eagleton

    Traducción de G. Cano y J. Cano. Trotta, 2006. 520 páginas, 30 euros

    Profesor de Teoría Cultural en la Universidad de Manchester, Terry Eagleton (Salford, Inglaterra, 1943) es considerado el teórico cultural marxista más relevante de Reino Unido. Se doctoró en Cambridge a los 21 años, y aunque comenzó su carrera estudiando la literatura de los siglos XIX y XX, se ha decantado por criticar la deconstrucción y otras modas del pensamiento actual, al tiempo que define al intelectual que pretende ser formador de opinión como “una casta rara y perpetuamente amenazada”.

    MANUEL BARRIOS | 13/07/2006 

    Terry Eagleton (Salford, 1943) siempre ha creído que, bajo los adoquines de un materialismo histórico prematuramente envejecido, pervivían las frescas playas de un materialismo dialéctico e irónico, eficaz intérprete del presente. A quienes tras la caída del muro de Berlín proclamaron, junto con la extinción del socialismo real, el fracaso de todo ideario de inspiración marxista, se apresuró a replicarles con este monumental trabajo, publicado en 1990, en el que ofrece un amplio análisis del surgimiento y desarrollo de la estética desde su compromiso inicial con las expectativas emancipatorias de la sociedad burguesa hasta su neutralización política en el mundo contemporáneo.

    No se trata, pues, como él mismo avisa, de una simple historia de la estética. El despliegue de la disciplina, la constitución misma de un discurso que comienza hablando del cuerpo, del ámbito entero de la percepción sensible, y sólo después se especializa como teoría del arte, son contemplados por este prestigioso crítico británico como síntomas de la ambigöedad inherente a la ideología que los alimenta. Su tesis es que si la estética adquiere tanta importancia en la Europa ilustrada es porque, al hablar de arte, habla también de todas esas cuestiones (libertad, autonomía, autodeterminación, etc.) que constituyeron el núcleo de la lucha de la clase media por alcanzar la hegemonía política. Liquidado el absolutismo, la burguesía buscó sus mecanismos de legitimación en un poder no impositivo, que apelara a la sensibilidad antes que a principios racionales abstractos. El territorio del arte, con su recién conquistada autonomía frente a la iglesia y la corte, vino a configurar entonces un espacio indeterminado, libre también de las exigencias de la nueva racionalidad científica, donde el sujeto podía desplegar una actividad lúdica e imaginativa. Funcionando como mediadora entre sensación y concepto, entre lo particular y lo universal, la experiencia estética suministró modelos para perfilar al nuevo sujeto moral y anticipar imágenes de su utopía realizada. El recorrido que Eagleton detalla, de Shaftesbury o Burke a Kant y Schiller, así lo testimonia. No obstante, el libre juego autorreferencial del arte serviría también para desvincular la promesa estética tanto de su cumplimiento efectivo como de su contraste con la crítica racional, según una tendencia que se iría acentuando cada vez más, de Schopenhauer a Heidegger, hasta culminar en la sociedad de consumo posmoderna, donde su carácter contestatario pierde toda función social sustantiva.

    Pero si la noción marxista clásica de ideología subrayaba su condición de mentira interesada, Eagleton recuerda su momento de verdad como actividad conformadora de mundo, sin renunciar por ello a mostrar sus contradicciones. Tal es la ambigöedad de la estética como ideología: expresión de las insuficiencias del mundo existente, pero también protesta contra ellas. El interés de Eagleton en destacar ambos momentos se comprende mejor a la luz de su propia posición en el contexto de debate de la teoría literaria y social de las últimas décadas. Eagleton señala aquí este límite de la deconstrucción para repensar la estética en términos materialistas, otorgando centralidad al cuerpo como lugar de las inscripciones sociales. Al igual que otros marxistas contemporáneos como Jameson o Börger, rescata muchos motivos de la escuela de Frankfurt, tratando de sustituir su pesimismo por un tratamiento más irónico y desenfadado de la crítica, inspirado en Brecht, Bajtin y Benjamin.

    De todos estos aspectos da cuenta la esclarecedora introducción de Ramón del Castillo y Germán Cano, en rigor un amplio ensayo que desbroza toda la trayectoria de este incisivo profesor de Teoría Cultural en Manchester y que, dada la fecha algo lejana de la edición original del libro y los importantes textos publicados con posterioridad por él -Ideología, Las ilusiones del posmodernismo, La idea de cultura, etc.- resulta un valioso complemento a esta excelente edición castellana. 
    http://www.elcultural.com/revista/letras/La-estetica-como-ideologia/18410
    El poder de la belleza 


    Paisaje de Scania, en Suecia.  PETER LILJA



    7 Oct.2006
    Terry Eagleton plantea en este ensayo que la estética se ha convertido 
    en la ideología de una época que presume de no tener ninguna, en 
    el sustituto de la política.

    Si la pregunta es por qué la estética -una disciplina a todas luces menor, tanto por el carácter suntuario de sus objetos como por el modo inferior de su conocimiento, incapaz de las certezas metódicamente contrastables de la ciencia teórica o de la universalidad de la razón práctica- se ha convertido en una especie de indiscutible "reina" (algo deshonrada, eso sí, por su confusión con la peluquería y la cosmética) con respecto al resto de las materias filosóficas que antaño la tuvieron por esclava y auxiliar y que hoy yacen en el arroyo del desprestigio, el olvido o el arcaísmo cultivado únicamente por eruditos cada vez más desmundanizados, rancios y atávicos (como la metafísica, la lógica, la epistemología o la ética); si la pregunta es por qué ella, entre todas sus antiguas dueñas o competidoras, conserva intacta en exclusiva su vigencia social, su presencia constante en la discusión pública, su capacidad de captar para sus investigaciones fondos estatales y privados cuantitativamente significativos, su posición de privilegio en los debates de actualidad y la fidelidad de una audiencia que una y otra vez la demanda y reclama como necesaria y aún imprescindible; si la pregunta es, sobre todo, por qué todas las cuestiones que hace sólo veinte años nos parecían inexcusablemente políticas, implicadas en decisiones colectivas que atravesaban las luchas sociales y los conflictos locales y mundiales, por qué todas las cuestiones en las que sentíamos vibrar con su grave latido el pulso de la historia y el peso de la economía política se han ido desplazando paulatinamente desde el terreno del entendimiento hacia el de la sensibilidad, desde el terreno de la discusión hacia el del gusto inapelable y sordo, entonces, la respuesta de Terry Eagleton es que la estética se ha convertido en la ideología de una época que presume de no tener ninguna, en el sustituto de la política para unas sociedades desencantadas de la política y que aspiran a poder pasar sin ella, en "el último bastión" en el que se refugia la ilusión de una dominación que, siendo más completa y asfixiante que nunca, tiene la misma necesidad que siempre de ocultarse a sí misma y a los demás su carácter de dominación

    Pero Eagleton no se confor

    ma con este diagnóstico, compartido por otros críticos culturales de tradición marxista que militan en su misma órbita, sino que va a los orígenes de esta disciplina en la modernidad -Kant, Schiller, Hegel-, no solamente para trazar su genealogía, sino sobre todo para intentar comprender la posibilidad de que esto haya acabado siendo así. Y en este recorrido retrospectivo que comienza con Baumgarten y acaba en el posmodernismo, no tiene más remedio que descubrir la quintaesencia de la fascinación que la estética ha producido sobre la sociedad moderna a través de algunas de sus grandes cabezas (Schopenhauer, Kierkegaard, Nietzsche, Freud, Heidegger, Adorno o Benjamin), y que consiste en esto: la razón ilustrada encargó al arte, en el sentido más lato del término, la labor de guardar el secreto de la imaginación humana, cuyos mecanismos pasan inadvertidos a la conciencia, pero que implica una ambivalencia radical: contiene la fuente de la esperanza social de un progreso moral de la humanidad, es decir, de una conciliación entre las leyes de la naturaleza reflejadas en la técnica y las aspiraciones de la libertad reflejadas en la moralidad; pero también es la raíz de todos los intentos de justificación de las atrocidades de la historia precisamente en aras de un supuesto progreso cuya exigencia de sacrificios es insaciable, o de una "satisfacción estética" que no parece menos temible, pues en ella la belleza no es ya más que el impúdico velo del horror. Claro está que, a medida que su recorrido avanza hacia el presente, Eagleton tiene que arrostrar el hecho irrevocable de que la tradición izquierdista de la crítica de la cultura, a la que él mismo pertenece, también ha desempeñado algún papel en esta "estetización de la política" (o "despolitización de la estética") que él denuncia, y ha pesado con cierta fuerza en la "desviación ideológica" de la estética en la posmodernidad. Aprovechando el "equívoco natal" de esta polifacética disciplina (el ser al mismo tiempo "teoría de la sensibilidad" y "teoría del arte"), nuestro autor se las arregla para reclamar los derechos de una "estética materialista" que, en realidad, es una ética que reivindica el valor de la corporeidad, y logra -en uno de sus gestos más originales- incluir a Marx en la lista de los investigadores de lo sublime (lo cual, de paso, desdibuja en su texto la ya de por sí ambigua figura de Nietzsche). Y aunque ello no le libra del defecto de que su ensayo, sin dejar de ser una de las aportaciones más interesantes aparecidas en los últimos tiempos, permanece mudo ante la problemática utilización del concepto mismo de "ideología" en el cual se sustenta, le permite terminar sus páginas con una recomendación "neomarxista" de repolitización de la estética para críticos de izquierda demasiado exquisitos: "Hoy en día hay alguna gente que parece creer que en torno al año 1970 nos dimos cuenta de pronto de que todos los viejos discursos acerca de la razón, la verdad, la libertad y la subjetividad estaban agotados, y que desde entonces nos podíamos desplazar, entusiasmados, hacia otra cosa. Pero toda política que no se tome con toda la seriedad posible estos temas no tendrá la inteligencia ni la flexibilidad suficientes para plantar cara a la arrogancia del poder".

    http://elpais.com/diario/2006/10/07/babelia/1160176632_850215.html
    * Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de octubre de 2006

    LA ESTÉTICA COMO IDEOLOGÍA DE Terry Eagleton - walcero

    https://walcero.files.wordpress.com/.../la-estc3a9tica-como-ideologc3ada-...

    Filosofía. PRF.5ENTAC1ÓN: LAs I'LUSIONES DE LA ESTÉTICA: Ramón del Castillo y ..... que la crítica de las ideologías sólo era otra estrategia del poder, el.

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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