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    lunes, 20 de junio de 2016

    HELEN KELLER: EL PODER DE LA VOLUNTAD

    Helen Keller 


    Aunque siendo tan sólo un bebé perdió la vista y el oído víctima una enfermedad devastadora, Helen Keller supo convertirse en una de las personalidades más destacadas del siglo XX. Galardonada con los más altos honores, jamás perdió el horizonte de su causa, que fue defender los derechos de quienes más los necesitaban. A cuarenta y ocho años de su muerte, la historia de su vida continúa siendo una fuente de inspiración inagotable.
    Texto: Silvina Miguel / Fotos: Simon Fraser / Guy Dhalen / Brendan Mitchum / David Carr / Eric Doe / Ryan Zorn
    Abnegación. Escritora, oradora y activista política, a los diecinueve meses una enfermedad le privó de la vista y el oído.
    Abnegación. Escritora, oradora y activista política, a los diecinueve meses una enfermedad le privó de la vista y el oído.




    El agua se deshacía en el encuentro con la palma de la mano. La niña la sentía impactar contra su piel. Escurrirse entre los dedos, salpicarle los pies, desvanecerse dejando una estela de frescura. La sensación no tenía nombre. La vivencia desconocía sonidos y formas. La apreciación de la vida era táctil, olfativa, gustativa. Un pizarrón vacío de conceptos, colmado de pinceladas informes, sin referente real. La niña era aún incapaz de describir la anécdota con palabras. Hasta que el sentido se apoderó de su otra mano, que de repente fue una hoja en blanco sobre la cual un dedo índice ajeno dibujaba una serie de símbolos: A-G-U-A. Entonces, se detonó en su mente una explosión de sentido y comenzó a brotar una idea cuya raíz resquebrajó la oscuridad, convirtiéndola en tierra fértil. Era la primavera de 1887. En Tuscumbia, Alabama, Helen Keller conocía a Anne Sullivan, la maestra que cambiaría su vida para siempre.
    La noche inesperada
    Helen tenía diecinueve meses de vida cuando la abrazó una fiebre que la acunó por varios días, dejándola al partir en medio de una silenciosa noche. Nadie sabe hasta hoy cuál fue la enfermedad que transformó a la niña en víctima y heroína al mismo tiempo. Fue durante uno de los días posteriores a la fiebre que su madre Katherine Adams notó que Helen no reaccionaba al sonido de la campana anunciando la cena o al movimiento de sus manos dibujando un saludo cercano a su mirada. Pudo haber sido meningitis o escarlatina.
    Helen había nacido el 27 de junio de 1880. Había comenzado a dar sus primeros pasos al cumplir su primer año. En medio del inimaginable infierno en el que se tornó su vida tras la fiebre devastadora, la pequeña intentó comprender el mundo que la rodeaba interpretando los aromas, los sabores y las texturas. Hasta que comprendió que sus padres utilizaban otro medio para comunicarse que a ella le resultaba ajeno: el habla.
    Su madre notó que Helen no reaccionaba al sonido de la campana anunciando la cena.
    El descubrimiento desató la ira en Helen, y la frustración comenzó a manifestarse en su comportamiento. “La necesidad de un medio de comunicación se volvió tan urgente que los ataques de furia ocurrían a diario y, algunos días, a cada hora”, escribiría años más tarde en su autobiografía The Story of My Life. Su madre inició una búsqueda de ayuda desesperada que la condujo a Charles Dickens y su libro American Notes. Allí, el destacado escritor inglés mencionaba el exitoso caso de una niña ciega y sorda que había podido recibir una educación tras haber sido tratada por el especialista Julian Chisolm en Baltimore, Maryland.
    Así fue como Helen y su padre iniciaron un viaje sin fin que empezó en el consultorio de Chisolm, pasó por el estudio de Alexander Graham Bell –el padre del teléfono estaba trabajando con niños sordos– y llegó al Perkins Institute para ciegos de la ciudad de Boston. Allí, el director de la escuela Michael Anaganos sugirió que Helen trabajara con una de sus graduadas más recientes, Anne Sullivan, dando inicio así a un vínculo profesional, emocional y afectivo que existiría hasta la muerte de la maestra, cuarenta y nueve años después del día en que Anne le enseñó a Helen que aquello que refrescaba la palma de su mano era A-G-U-A.
    El despertar del genio
    Se convirtió en la primera persona sorda y ciega que se graduó en la universidad. Fue fundamental el apoyo de Anne Sullivan.
    Se convirtió en la primera persona sorda y ciega que se graduó en la universidad. Fue fundamental el apoyo de Anne Sullivan.
    Al llegar el atardecer de aquel histórico 3 de marzo de 1887, Helen había aprendido treinta palabras. A mitad de año, tan sólo seis meses después del encuentro con Sullivan, sabía seiscientos veinticinco vocablos, el doble de la cantidad total de palabras que utilizamos hoy para expresarnos en el idioma español. Al año siguiente, durante el mes de mayo, Sullivan y Helen visitaron el instituto Perkins y allí, por primera vez, la niña se vio rodeada de pares que hablaban su mismo idioma, el de las señas. “Oh, qué felicidad, hablar libremente con otros niños. Sentirme en casa en el mundo”, recordaba Keller aquella sensación en sus memorias.
    Derrumbados los muros que la habían aislado durante sus primeros años de vida e impulsada por la necesidad de comunicarse, ávida de conocimiento, Helen abrazó la educación como el salvavidas que era. Al cumplir sus primeros diez años, ya leía utilizando el sistema Braille, se expresaba con el alfabeto manual, y había aprendido a usar la máquina de escribir. En 1890, Keller comenzó a tomar clases de dicción en la escuela para sordos Horace Mann de Boston. Entre 1894 y 1896, cursó en la Wright-Humason School de Nueva York.
    El descubrimiento desató la ira en Helen, y la frustración comenzó a manifestarse en su comportamiento.
    A partir de 1896, Helen asistió a la escuela secundaria para damas Cambridge School. Allí, su historia comenzó a adquirir cierta popularidad y dicha repercusión le acercó la posibilidad de conocer a personalidades destacadas de la cultura y la educación como el escritor estadounidense Mark Twain, quien le presentaría al poderoso empresario Henry H. Rogers, de la compañía petrolera Standard Oil.
    Rogers, cautivado por la perseverancia y el talento de Keller, se ofreció a costear sus estudios universitarios. Así fue como Helen se convirtió en la primera persona sorda y ciega en obtener un título de bachiller. En 1904, Helen se graduó con honores en el Radcliffe College, institución educativa para mujeres de Cambridge, Massachusetts, que por ese entonces funcionaba en coordinación con la Universidad de Harvard, a la que sólo podían asistir varones.
    Anne Sullivan estuvo a su lado durante toda su educación formal, colaborando con ella en la lectura e interpretación de los textos académicos. Además, durante la época en Radcliffe, Sullivan y su futuro marido, el profesor de Harvard John Macy, colaboraron con Helen en la realización de su primer libro, la autobiografía The Story of My Life, en la que relataba su vida desde aquel despertar intelectual de la primavera de 1887 hasta sus 21 años.
    Una clara inspiración
    No hay amistad más sagrada que la entablada entre el alumno y el maestro, y una de las más memorables fue la de Helen y Anne.
    No hay amistad más sagrada que la entablada entre el alumno y el maestro, y una de las más memorables fue la de Helen y Anne.
    La historia de Helen Keller, y de sus múltiples logros, trascendió rápidamente los límites de Massachusetts. Helen supo utilizar el poder que le daba su flamante celebridad para ayudar a mejorar la vida de aquellos que enfrentaban los mismos límites que ella había sido capaz de superar. Durante la primera mitad del siglo XX se transformó en un referente femenino importante, brindando conferencias en las que compartía su historia y donde elevaba su voz en defensa de los derechos de las mujeres y a favor de la paz.
    Además, Helen asumió un rol activo en la defensa del bienestar de las personas privadas de la visión. En 1915, junto con el arquitecto estadounidense George Kessler, creó la fundación Helen Keller International, y en 1920, la American Civil Liberties Union. En 1924, se unió a la The American Foundation for the Blind, sumándose a sus campañas, y también a la American Braille Press. A partir de 1946, Helen fue nombrada asesora de relaciones internacionales de la American Foundation for Overseas Blind, y comenzó una travesía que se extendería hasta 1957 y la llevaría a treinta y cinco países, inspirando a multitudes con su historia.
    Avida de conocimiento, Helen abrazó la educación como el salvavidas que era.
    El trabajo humanitario de Keller fue galardonado en varias oportunidades. En 1936, el presidente Theodore Roosevelt la honró con la Service Medal. En 1964, el presidente Lyndon B. Johnson le entregó el más alto reconocimiento que un ciudadano estadounidense puede recibir, la Presidential Medal of Freedom. En 1965 fue invitada a formar parte del Women’s Hall of Fame. Al cumplirse el 50 aniversario de su graduación del Radcliffe College, recibió el Alumnae Achievement Award. El gobierno de Brasil le otorgó la Orden de la Cruz del Sur. El de las Filipinas, el Golden Heart. El de Japón, el Sacred Treasure. Recibió, además, títulos honoríficos de las universidades de Harvard, Glasgow, Nueva Delhi y Witwatersrand; y, en 1991, la revista Life la incluyó en su selección de las personas más importantes del siglo XX.
    Hacia la luz
    Out of the Dark fue el nombre con el que se identificó a una serie de ensayos que Helen Keller escribió durante el período que comenzó en 1909 y se extendió hasta 1921. En los mismos describía su visión del mundo y manifestaba su ideal socialista. Miembro de dicho partido, Helen brindó en estos textos su público apoyo al líder sindical Eugene Debs en su postulación a presidente de Estados Unidos. Y fueron estas ideas las que la ubicaron por primera vez bajo la lupa del sistema y la convirtieron en víctima del prejuicio. La prensa, que durante toda su vida pública la había respaldado, eligió ubicarla en la vereda contraria argumentando, como lo hizo el periódico Brooklyn Eagle, que “sus errores surgen de las limitaciones en su desarrollo”.
    La maestra
    Tras un comienzo violento, Helen y Anne fundaron un vínculo de amistad inquebrantable que perduró durante casi medio siglo. Cuando se conocieron, Helen sólo tenía siete años y un universo de frustración hirviendo en su interior. La naturaleza de esa turbulenta relación fue inmortalizada en la película The Miracle Worker, estrenada en 1962, con Patty Duke encarnando a Helen Keller y Anne Bancroft en el papel de Anne Sullivan. El trabajo de ambas actrices sería distinguido con el Oscar al año siguiente.
    Tras un comienzo violento, Helen y Anne fundaron un vínculo de amistad inquebrantable que perduró durante casi medio siglo.
    Sullivan había nacido el 14 de abril de 1866, en Feeding Hills, Massachusetts. Hija de inmigrantes irlandeses, a los cinco años Anne fue diagnosticada con tracoma, una inflamación de la conjuntiva causada por la bacteria chlamydia trachomatis, que es la causa principal de ceguera infecciosa mundial. Víctima de esta infección, Anne estuvo a punto de quedar ciega, pero tras una serie de operaciones, pudo recuperar su visión al menos parcialmente. Tras graduarse con honores en el instituto Perkins, se abocó a la educación de Helen. Tarea que desempeñó hasta su muerte, el 20 de octubre de 1936. Su absoluta devoción por Keller no le impidió enamorarse del profesor de Harvard John Macy, aunque sí atentó contra su matrimonio, que terminó con una separación. Antes del fin, la pareja y Keller vivieron bajo el mismo techo y juntos dieron vida al primer trabajo literario de Helen.
    El legado
    Consciente de sus limitaciones, las enfrentó con valor. Según Churchill, fue “la mujer más extraordinaria de nuestra época”.
    Consciente de sus limitaciones, las enfrentó con valor. Según Churchill, fue “la mujer más extraordinaria de nuestra época”.
    Fundada en 1915, la Helen Keller International se dedica a combatir las causas y las consecuencias de la ceguera y de las deficiencias nutricionales, estableciendo programas basados en la investigación. Lleva a cabo más de 120 programas diferentes en países de África y Asia, con el objetivo de prevenir la ceguera, la pérdida de la visión y la desnutrición en millones de personas que viven en circunstancias de vulnerabilidad. Además, asiste a miles de jóvenes a través del programa ChildSight, brindando chequeos de la visión y lentes de forma gratuita en los estados de California, Connecticut, Nueva Jersey, Nueva York y Ohio. Son casi 100 mil los menores que actualmente se ven beneficiados.
    Un camino a seguir
    Somos el peor enemigo de nosotros mismos. Construimos paredes a nuestro alrededor fundadas en el miedo, el prejuicio, la anticipación, la cobardía. Imaginamos mundos, que creemos posibles, en los que nunca nada resulta como deseamos. Entonces, ante la duda, ante la temida posibilidad del fracaso, ante la mínima chance de hacer el ridículo, nos detenemos y quedamos inmóviles. Sumidos en la oscuridad de la inercia. Sumidos en el silencio del vacío.
    La historia de Helen Keller, y de sus múltiples logros, trascendió rápidamente los límites de Massachusetts.
    Pero qué es el fracaso sino la falta de intención. La no acción. La desidia que implica permanecer. Sostener una situación adversa o infértil sólo por el temor a lo que podría llegar a suceder si diéramos ese paso. Si tomáramos esa decisión que no tenemos el coraje de tomar… ¿Qué podría ser peor que no intentar?
    Helen Keller fue una heroína precisamente porque eligió intentar. Desde el preciso momento en el que, con tan sólo diecinueve meses de vida, una enfermedad la aisló del mundo. Ciega y sorda. Helen se animó a vivir y encontró la manera. Murió mientras dormía, el 1 de junio de 1968.

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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