Hermann Hesse
(1877/07/02 - 1962/08/09)

Escritor alemán



Nació el 2 de julio de 1877 en Calw-Württemberg, pequeño lugar de la Suabia, al norte de la Selva Negra, Alemania.

Hijo primogénito de un misionero báltico y de una madre nacida en la India e hija de otro misionero.

Fue expulsado de muchos colegios. Entra en un seminario pero abandona los estudios teológicos y comienza a trabajar como mecánico y más tarde se empleó en una biblioteca, donde surgiría su pasión por la literatura.

En la adolescencia intentó suicidarse por una pena de amor y su familia lo puso bajo atención médica.

Se dedicó al periodismo por libre, lo que le inspira su primera novela, Peter Camenzind (1904), mismo año en el que contraería  matrimonio con María Bernoulli. En 1905 nace su hijo Bruno; en1909 su hijo Heiner y en 1911, su hijo Martin. En 1912 se traslada a Berna, Suiza, abandonando Alemania para siempre. En 1916 padece un ataque de nervios y recibe su primer tratamiento psicoterapéutico.

Durante la I Guerra Mundial, Hesse, que era pacifista, se traslada a Montagnola, Suiza; donde se nacionalizó en 1923. Fue por esta razón por la que se le consideró un traidor a la patria por los nazis. Se desposó en 1924 con Ruth Wenger, aunque el matrimonio no fue consumado. En 1931 se casaría con Ninon Dolbin.

Se convirtió en uno de los escritores más representativos de Europa; continuador de la línea del romanticismo alemán e intérprete al mismo tiempo de los problemas de la sociedad moderna. El tema central de su obra es la inquietud del hombre en busca de su destino.

En su novela Demian (1919), se percibe la influencia del psiquiatra Carl Jung. En Viaje al Este (1932) expone las cualidades místicas de la experiencia humana. Siddharta (1922) también refleja su interés por el misticismo oriental. El lobo estepario (1927) expone la dualidad entre la individualidad rebelde y las convenciones burguesas, al igual que su obra posterior, Narciso y Goldmundo (1930). Su última novela fue El juego de abalorios (1943).

Indiferente a las corrientes y movimientos literarios, rara vez aparecía en público y jamás firmó ejemplares. Ya mayor, aceptó el Premio Goethe, y el Premio de la Paz, pero no acudió a las respectivas ceremonias. Fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1946.

Hermann Hesse falleció mientras dormía el 9 de agosto de 1962 a causa de una hemorragia cerebral, en Montagnola, Suiza.


Premios

1906 — Bauernfeld-Preis
1928 — Mejstrik-Preis der Wiener Schiller-Stiftung
1936 — Gottfried-Keller-Preis
1946 — Goethepreis der Stadt Frankfurt
1946 — Premio Nobel de Literatura
1947 — Doctor honoris causa por la Universidad de Berna
1950 — Wilhelm-Raabe-Preis
1954 — Orden Pour le mérite für Wissenschaft und Künste
1955 — Premio de la Paz del Comercio Librero Alemán


Obras

Novela

1900 — Hermann Lauscher,(der Reisende)
1904 — Peter Camenzind
1906 — Bajo las ruedas (Unterm Rad)
1910 — Gertrudis (Gertrud)
1914 — Rosshalde (Roßhalde)
1915 — Tres momentos de una vida (Knulp)
1919 — Demian
1922 — Siddhartha
1927 — El lobo estepario (Der Steppenwolf)
1930 — Narciso y Goldmundo (Narziß und Goldmund)
1932 — Viaje al Oriente (Die Morgenlandfahrt)
1943 — El juego de los abalorios (Das Glasperlenspiel)

Otros

1898 — Canciones románticas (Romantische Lieder)
1899 — Una hora después de medianoche (Eine Stunde hinter Mitternacht)
1908 — Amigos (Freunde)
1910 — La ciudad
1917 — El europeo
1918 — El cuento del sillón de mimbre
1919 — Klein y Wagner (Klein und Wagner)
1920 — El último verano de Klingsor (Klingsors letzter Sommer)
1922 — Trágico
1923 — Infancia del mago
1924 — Compendio biográfico
1926 — Rastro de un sueño
1928 — Sobre El lobo estepario
1928 — Parodia suabia
1929 — El Rey Yu
1930 — Edmund
1932 — El pájaro
1942 — Poemas
1946 — La Ruta Interior
1946 — Sobre la guerra y la paz


El lobo estepario (1919-1928)

Yo, lobo estepario, troto y troto,
la nieve cubre el mundo,
el cuervo aletea desde el abedul,
pero una liebre nunca, nunca un ciervo.
¡Amo tanto a los ciervos!
¡Ah, si encontrase alguno!
Lo apresaría entre mis dientes y mis patas,
eso es lo más hermoso que imagino.
Para los afectivos tendría buen corazón,
devoraría hasta el fondo de sus tiernos perniles,
bebería hasta hartarme de su sangre rojiza,
y luego aullaría toda la noche, solitario.
Hasta con una liebre me conformaría.
El sabor de su cálida carne es tan dulce de noche.
¿Acaso todo, todo lo que pueda alegrar
una pizca la vida está lejos de mí?
El pelo de mi rabo tiene ya un color gris,
apenas puedo ver con cierta claridad,
y hace años que murió mi compañera.
Ahora troto y sueño con los ciervos,
troto y sueño con liebres,
oigo soplar el viento en noches invernales,
calmo con nieve mi garganta ardiente,
llevo al diablo hasta mi pobre alma.



*buscabiografias.com
                         

“Y cuando Siddharta escuchaba con atención al río, podía oír esa 
canción de mil voces; y si no se concentraba en el dolor o en la
 risa, si no ataba su alma a una de aquellas voces adentrándola
 en su Yo, entonces percibía únicamente el total, la unidad” 
(Hermann Hesse; Siddharta.)


“Y ahora escucha una teoría que te hará reír: el amor, Govinda, 
me parece que es lo más importante que existe. Penetrar en 
el mundo, explicarlo y despreciarlo, es cuestión de interés
 para los grandes filósofos. Pero a mí, únicamente me
 interesa el poder amar a ese mundo, no despreciarlo;
 no odiarlo ni aborrecerme a mí mismo: a mi solo me 
atrae la contemplación del mundo y de mí mismo, y
 de todos los seres, con amor, admiración y respeto” 
(Hermann Hesse)


                                     




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El juego de los abalorios, de Herman Hesse

Extraordinaria y difícil parábola construida por Hesse, 
donde las artes y la música se entrelazan y unifican 
en las reglas de un misterioso juego, parangón de
 las elites intelectuales de un mundo en decadencia.

Esta novela es una experiencia lectora intensa, 
turbadora, imponente. Por lo que dice, cómo lo
 dice, y lo que omite. Hesse la escribió hacia
 1940, en plena decadencia moral y social del
 mundo occidental en que vivía. Pero la
 transposición de su tesis es perfectamente 
plausible al día de hoy, en que nuestro 
mundo tecnológico, digital y global es 
insensible al pensamiento crítico y a la 
profundidad intelectual.

La vida interior de Joseph Knecht, su protagonista,
 maestro del juego secreto, se nos revela en este libro 
para conformar  la armonía del saber complejo, adusto, 
pero siempre asombroso, de su autor.



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Algunas de sus frases

“Hay millones de facetas de la verdad, pero una sola verdad”.

“Cuando alguien que de verdad necesita algo,
lo encuentra, no es la casualidad quien lo procura, 
sino él mismo. Su propio deseo y su propia 
necesidad le conducen a ello”.

“La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el intento de 
un camino, el esbozo de un sendero”.

“Cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está 
dentro de nosotros”.

“Cuando se teme a alguien es porque a ese alguien le hemos 
concedido poder sobre nosotros”.

“Hago mi camino cansado y polvoriento, y detenida y dudosa queda 
tras de mí la juventud, que baja su hermosa cabeza y se niega a acompañarme”.

“Hay quienes se consideran perfectos, pero es sólo porque exigen menos de sí mismos”.

“La divinidad está en ti, no en conceptos o en libros”.

“La belleza no hace feliz al que la posee, sino a quien puede amarla y adorarla”.

“Hacer versos malos depara más felicidad que leer los versos más bellos”.

“Lo blando es más fuerte que lo duro; el agua es más fuerte que la roca,
 el amor es más fuerte que la violencia”.

“Alguno no llega jamás a ser hombre, y sigue siendo rana, ardilla u hormiga”.

“La felicidad es amor, no otra cosa. El que sabe amar es feliz”.

“Las palabras no sirven para explicar un sentido secreto”.

“Si para divertirte necesitas el permiso de los demás, entonces eres 
verdaderamente un pobre diablo”.

Hermann Hesse, el hipersensible

Quizás misógino, ciertamente introvertido, el nombre de Hermann Hesse está inevitablemente ligado a las primeras lecturas adolescentes. Pero, ¿aguanta lecturas posteriores o es mejor no torear la memoria? Hernán Caro intenta resolver esta pregunta desde Berlín.

Hermann Hesse.

2012/07/19

POR HERNÁN D. CARO, BERLÍN.


Los lectores mencionan su nombre y emiten un zumbido ambiguo que indica o bien una vaga nostalgia o el reproche por una vieja pasión adolescente. O ambos.
Este año se conmemora el cincuenta aniversario de la muerte de Hermann Hesse (1877-1962), el escritor alemán más popular y sin duda más leído del siglo xx. ¿Y cómo no recordarlo? Casi todos los lectores lo veneraron durante la adolescencia. Aún más: los libros de Hesse —basta pensar en los idolatrados Siddhartha o El lobo estepario— son la puerta de entrada para muchos jóvenes al mundo de la literatura. Su obra ha sido traducida a más de sesenta idiomas y ha vendido más de ciento veinticinco millones de ejemplares. Gracias a las exposiciones y conferencias que este año se realizan en Alemania y en todo el mundo, a los incontables artículos y programas de radio que vendrán en las próximas semanas, y a dos biografías monumentales aparecidas en los meses pasados (Heimo Schwilk: La vida del jugador de los abalorios; Gunnar Decker: El caminante y su sombra), la cifra promete seguir en aumento. Así pues, en estos días el nombre de Hesse se escucha un poco más que de costumbre. Y acompañándolo invariablemente, también aquel zumbido ambivalente.
Y es que la obra de Hesse ha tenido un destino peculiar. A pesar de su innegable peso literario y de su fama mundial, Hermann Hesse es reconocido por lo general como un escritor para adolescentes. Algo así como una novia de bachillerato, insólita, excitante e instructiva a los quince o dieciséis años, que uno abandona al entrar a la universidad para dedicarse a amores “más serios”. Como la literatura de Hesse, la experiencia de sus lectores también parece ser universal. El crítico literario alemán Volker Weidermann describe el proceso así: tras la primera lectura de Hesse “el entusiasmo nos paraliza, nos roba la conciencia o la eleva hasta esferas que uno ni siquiera sospechaba que existían… Más tarde muchos lectores se avergüenzan de este vértigo, tan pronto como intentan regresar a aquella emoción temprana con cabeza clara, estilística y cínicamente ilustrada, y fracasan”.
¿Cuáles son los motivos de esa fascinación juvenil? ¿Y qué nos puede decir Hesse hoy en día, cincuenta años después de su muerte, ahora que todos somos adultos maduros y sensatos?
La clave para resolver esas preguntas se encuentra en la vida de Hesse y en la relación de esta con su obra. Hijo de misioneros evangélicos, Hermann Hesse nació el 2 de julio de 1877 en el pueblo de Calw, un pequeño mundo perfecto en el sur de Alemania. Descubrió muy pronto su talento literario (el padre era editor, la madre escribía poemas devotos), y junto con él un sentimiento que habría de acompañarlo toda la vida: el desasosiego. Tenía lo que se suele describir como un “carácter difícil”. A los quince años escapó del internado protestante de Maulbronn, al que regresaría una y otra vez en muchas de sus obras. Luego vinieron breves estadías en diferentes colegios, la depresión, el distanciamiento agresivo de sus padres y uno que otro intento de suicidio. Después de iniciar (e interrumpir) la formación como mecánico en 1894, Hesse trabajó en varios anticuarios, donde conoció la obra de los escritores románticos alemanes (una de sus principales influencias literarias) y empezó a publicar sus poemas. En 1904 apareció la primera novela importante, Peter Camenzind, el modelo de gran parte de sus libros posteriores. Es lo que se conoce como una bildungsroman (“novela de formación”) sobre un joven literato en crisis, en permanente búsqueda de sí mismo, que después de realizar una larga serie de viajes nerviosos por el mundo y dentro de sí mismo, regresa finalmente al lugar de donde partió, a cuidar de su padre e iniciar su obra literaria.
Ese es el gran tema de Hermann Hesse: el alma inquieta al acecho de sí misma. De ahí que para muchos críticos Hesse tenga un tufillo de autoayuda. Pero qué se le va a hacer si, al fin y al cabo, de eso se trata: de espíritus rebeldes, sedientos de libertad, en búsqueda de la felicidad, sea lo que esta sea. Y si hay una misión en los libros de Hesse, es esa: intentar describir el camino.
¿Era Hesse feliz? El biógrafo Heimo Schwilk no duda un instante al responder esa pregunta: “No, yo no diría eso. Incluso diría lo contrario: para escribir Hesse necesitaba ser infeliz, el dolor. Un hipocondriaco que siempre intentaba escucharse a sí mismo. Era un hombre que siempre estaba a la fuga de su propio cuerpo, que trataba de salvarse también a través del ascetismo… Y alguna vez pudo reconocer que para él el caos espiritual y el dolor eran constitutivos para la escritura”. Por supuesto, aquel “caos espiritual” y, como también describe Schwilk la obsesión de Hesse, el proceso de “individuación radical”, tienen siempre un precio. En el caso de Hesse, ese precio lo pagaron especialmente sus mujeres. Con la publicación de Peter Camenzind se convirtió en un escritor celebrado. A medida que crecía la fama, también crecía en Hesse la necesidad de alejarse del mundo, de entregarse por completo a sus preguntas existenciales y artísticas. Pero claro, la búsqueda del hipersensible Hesse también era de amor o, al menos, de amparo. La historia de sus tres matrimonios (Hesse estuvo casado con Maria Bernoulli entre 1904 y 1924, con quien tuvo sus tres hijos; con Ruth Wenger entre 1924 y 1927; con Ninon Dolbin desde 1931 hasta su muerte) es así la crónica de cartas amorosas seguidas de largos silencios, de camas e incluso de casas separadas, de rechazos, disculpas y nuevos rechazos por parte del escritor, de retiros espirituales solitarios. Ante todo de eso: de soledad.
Desde 1912 Hesse se estableció en Suiza, primero en Berna, luego en el cantón del Tesino, cerca de los Alpes suizos, en ambiente eremita. A partir de 1924 se hizo ciudadano suizo. Siempre mantuvo una actitud distante frente a Alemania y aunque expresó claramente su repudio del nacionalsocialismo, nunca se comprometió con las ideas políticas de las Alemanias Occidental ni Oriental. En 1946 le informaron que había ganado el Premio Nobel. Sus hijos, sus amigos, Thomas Mann, su esposa Ninon, todos estaban felices. Hesse, temeroso del diluvio de atención que le traería el premio, escribió en una carta: “Que el diablo se lleve este maldito asunto”. En sus últimos años Hesse, reumático, casi ciego y toda una leyenda en vida, intentaba detener las hordas de peregrinos con un aviso en el portón de su casa que decía “Por favor nada de visitas”. Y con todo lo neurótico y huraño, jamás dejó de responder todas las cartas (algunos días recibía ochenta) de sus lectores y admiradores, y de intentar darles algo de lo que ellos suponían que él había encontrado. Murió de una hemorragia cerebral el 9 de agosto de 1962, a los ochenta y cinco años. En 1933 había escrito en su diario: “En resumen, en teoría soy un santo que ama a todos los hombres, y en la práctica un egoísta, que quiere que lo dejen en paz”.
En Alemania, Hesse es uno de los poetas más populares. Sus críticos no se cansan de repetir que también es uno de los más cursis. Y sin embargo, no hay alemán que no pueda recitar de memoria un par de versos del poema “Etapas” (1941), que habla de la “magia que vive en cada inicio”, y que año tras año es elegido como el más hermoso de la lengua alemana. Las tres mil reseñas que Hesse publicó durante su vida son una lección placentera de literatura universal (delPoema de Gilgamesh a El guardián en el centeno de Salinger, del Tao Te Ching de Laotsé al Principito de Saint-Exupéry, Hesse descubrió, leyó y comentó todo), así como la mejor escuela para críticos literarios. Hesse no reprueba. Contempla, informa y, donde es necesario, elogia. Sobre el arte de la crítica escribió: “Solo somos reales cuando afirmamos y reconocemos. Localizar ‘errores’, por más fino e intelectual que suene, no es un juicio, sino chisme”. En estas palabras está contenido mucho de lo que Hesse pensaba que debía ser el sentido de la literatura. Pero sin duda es en los cuentos y en las novelas donde mejor se manifiestan la personalidad agitada de Hesse y su convicción de que la labor del arte es ayudar a vivir (tanto al escritor como al lector).
Las novelas de Hesse son exploraciones de sus angustias. Y en ningún otro lugar es más cierto que los héroes literarios son un solo retrato hecho desde distintas perspectivas, dibujado con diferentes colores, y que ese retrato es siempre de la misma persona: del autor. Bajo las ruedas (1906) narra cómo la disciplina y la ambición exageradas de padres y maestros logran exterminar la inocencia y vitalidad de un niño talentoso. En Demian (1919), Emil Sinclair relata su tormentoso —y al final esperanzador— proceso de maduración de la mano de un amigo sabio y demoniaco. Es otra novela de formación, de un espíritu roto en dos —por un lado el mundo cálido y armonioso de los padres, por el otro los apetitos oscuros y prohibidos—, que incluye el descubrimiento del alcoholismo temprano y de las pulsiones eróticas insatisfechas, y está lleno de referencias al simbolismo psicoanálítico de Jung. También Siddhartha (1922), en donde Hesse inventa a un Buda casi más profundo que el histórico, tiene como tema la sed de paz interior. La búsqueda del protagonista termina solo cuando este descubre al final de su vida que nuestros mejores maestros somos nosotros mismos. En un pasaje leemos: “La sabiduría no es comunicable. La sabiduría que un sabio intenta comunicar suena siempre como una tontería”. El lobo estepario (1927) describe el desgarramiento espiritual de Harry Haller, quien busca reconciliar una existencia sociable, burguesa y un tanto descomplicada, con una naturaleza solitaria y depresiva. Para Haller, el secreto de la unión de sus dos caras es el humor, lograr reírse de uno mismo (una virtud que curiosamente, según algunos críticos, le faltaba por completo a Hesse). Y la monumental obra final: El juego de los abalorios (1943), de síntesis imposible pues es todo: crítica del mundo moderno, censura del régimen nazi, una vez más relato del proceso vital del protagonista, el erudito célibe Josef Knecht, y una vez más la ilusión de encontrar la felicidad en la soledad y en la entrega al conocimiento.
Más allá de las digresiones místicas de la literatura de Hesse, de lo ostentoso que su lenguaje pueda llegar a ser, de sus desaciertos (uno evidente es señalado por Weidermann: “Lo que más me choca de su obra es la completa ausencia de mujeres. El juego de los abalorios es, según creo, la única obra de la literatura universal en donde en más de seiscientas páginas no aparece ni una mujer…”); más allá de todo ello, los libros de Hesse son la historia vital de Hesse. Para bien o para mal, esa es la historia de un hombre que nunca dejó de ser un adolescente: de sentirse ajeno en un mundo de normas y compromisos y estructuras sociales y familiares que le resultaban demasiado estrechas, desoladoras y quizá incomprensibles. Un hombre que, como cualquier adolescente revoltoso, buscaba ser libre y, ante todo, ser fiel a sí mismo, sin saber muy bien, claro está, qué diablos significan esas palabras. Hesse mismo lo reconoce con toda la claridad de un quinceañero: “Yo simplemente quería tratar de vivir aquello que intentaba salir de mi interior”.
No sorprende entonces que Hesse sea el “guía de la juventud”, como ya se lo conocía durante su vida. ¿Y qué es exactamente lo que nos dan sus obras cuando empezamos a leerlas en esa etapa esponjosa que es la pubertad? Bastaría recordar lo que sentimos cuando las leímos. Volker Weidermann lo comenta así: “Uno se siente reconocido, eso es lo estupendo. Y a fin de cuentas eso es lo que la literatura puede hacer: mostrarnos que no estamos solos en el mundo. Y es precisamente en la pubertad, cuando nos sentimos completamente inundados de sentimientos de extrañeza y aún no somos capaces de hablar de ello, de articularlo, que un libro como Narciso y Goldmundo es un shock y un acontecimiento”.
Sigue abierta la pregunta de si Hesse tiene aún hoy algo que decirnos. ¿Pero cómo responder a eso si no con más preguntas?: ¿Quién puede decir que ha respondido y no olvidado todas las preguntas que tenía cuando empezó a hacerse preguntas? ¿Quién ha encontrado lo que buscaba?
Heimo Schwilk es algo más explícito: “Estrictamente hablando, este carácter juvenil que Hesse irradia es relevante para cualquier adulto. Pues partir hacia el mundo, inventarse siempre de nuevo, buscarse y encontrarse una y otra vez, es una tarea que todo el mundo tiene por delante. Sin importar la edad… Y hay muchos libros de Hesse que trascienden la dimensión adolescente y que se ocupan de problemas muy reales que tienen las personas entre, digamos, treinta y cincuenta años, como el problema del matrimonio. Hesse estuvo casado tres veces, así que era bastante competente para hablar de los errores y las confusiones de la vida en pareja. Pienso por ejemplo en dos novelas no tan conocidas:Gertrud y Rosshalde, sobre la brecha entre la responsabilidad familiar y la libertad del escritor. Ahí Hesse es tan auténtico como en cualquier otro lugar”.
Existe un autor cuyo destino es un tanto similar al de Hesse, aunque mucho más dramático: Jonathan Swift, quien escribió un libro antipático, Los viajes de Gulliver (1726), con el objetivo de injuriar a la humanidad y terminó convertido en un autor infantil. En 1945, justo después de la Segunda Guerra Mundial, Hesse escribió una reseña de esa obra. Allí examina la vida de Swift, repara en la paradoja, se pregunta sobre la actualidad de la novela. Y escribe, con palabras que bien podrían referirse a su propia obra: “En este libro hay algo atemporal, algo profundamente humano, que a todos nos concierne. Hoy tanto como entonces”.


Carl Jung - Carl Gustav Jung
(1875/07/26 - 1961/06/06)


Carl Gustav Jung

Psiquiatra y Psicólogo suizo



"...una cosa he aprendido: que hay que vivir esta vida.
Esta vida es el camino, el más buscado, el camino hacia lo incomprensible,
que llamamos divino. Yo encontré el camino correcto: me condujo hacia ti, mi alma... "
Carl Gustav Jung en El Libro Rojo


Nació el 26 de julio de 1875, en Kesswil, Suiza. Hijo de un clérigo protestante padre de ocho hijos.

A fines de 1900 se sumó al personal del Burghölzli, que era la clínica psiquiátrica de la Universidad de Zurich, donde accedió al psicoanálisis: Bleuler, su jefe, le pidió que reseñase "La interpretación de los sueños" para el cuerpo médico.

El libro sobre los sueños y después los trabajos sobre la histeria dejaron su impronta en Jung, quien desde el comienzo fue un fervoroso partidario de la nueva disciplina. Aplicó con éxito los conceptos psicoanalíticos a la esquizofrenia y elogió los aportes de Freud en su monografía "Psicología de la demencia precoz", de 1906.

Tras graduarse en Medicina en 1902 en las universidades de Basilea y de Zurich, inicia su trabajo sobre el Test de Asociación de palabras, ya desarrollado por Wundt, pero llevado al ámbito únicamente psicológico, y en el cual las respuestas de un paciente a las palabras estímulo revelaron lo que llamó con el término Complejos, definiendo a estos como ideas o representaciones afectivamente cargadas y autónomas de la Psique consciente. Estos estudios le dieron renombre internacional y lo condujeron a una colaboración cercana con Freud.

Con la publicación de la Psicología del Inconsciente (1912; revista en 1916), declaró su independencia de la estrecha interpretación sexual de Freud. Renunció a la presidencia de la Sociedad Psicoanalítica Internacional y fundó la escuela de Psicología Analítica. Ensanchó el acercamiento psicoanalítico de Freud, interpretando disturbios mentales y emocionales como tentativa de encontrar integridad personal y espiritual. Desarrolló sus teorías, trazando un amplio conocimiento de la mitología (trabajos en colaboración conKerensky) y la Historia; recorriendo diversas culturas en México, la India, y Kenia.

En 1921 publicó los Tipos psicológicos (trans. 1923), en el cuales se ocupó del vínculo entre el consciente y el inconsciente, proponiendo los tipos de personalidad, extroversión e introversión. Más adelante llegó a una una distinción entre las sensaciones personales y los pensamientos inconscientes, o reprimidos desarrollados durante la vida de un individuo, y lo que denominó inconsciente colectivo, sensaciones, pensamientos, y memorias compartidas por toda la humanidad. Sostenía que el inconsciente colectivo se compone de "arquetipos" o imágenes primordiales. Éstos corresponden a las experiencias de la Humanidad típicas como enfrentar la muerte o eligir un compañero, encontró su manifestación simbólica en las grandes religiones, mitos, cuentos de hadas, fantasías y la Alquimia, en especial la obra de Paracelso y Pico della Mirandola.

El acercamiento terapéutico de Jung tuvo como objetivo reconciliar los estados diversos de la personalidad, que vio divididos no solamente en contrarios de introversión y extroversión sino también en las de subvariables pensamiento, intuición, sensación y percepción. Sostiene, que un paciente puede alcanzar un estado del individuación, o la integridad de uno mismo.(El Dios Interior). Se interesó mucho en la Sincronicidad, la Alquimia y los estados alterados de conciencia y creó el método de imaginación activa, que surgió tras la ruptura con Freud, mientras escribía el críptico libro Rojo.

Carl Jung falleció el 6 de junio de 1961, en Kusnacht.


PROCESO DE LOS SUEÑOS:

Los frutos de las investigaciones de Jung en el campo de la mente y del símbolo, desenterrando los tesoros del inconsciente e imágenes de poderes oscuros y antiguos, dieron como resultado todos sus escritos y estudios en el campo del simbolismo de los sueños. Analizando sus propios sueños, logró los mayores avances en esta área. Lo que soñamos son nuestros proceso internos y las personas y cosas que aparecen son solo símbolos de cosas nuestras, personales, no gente que uno conoce, sino lo que significa esa persona para nosotros; representa una energía dentro de nosotros. El inconsciente no es racional, por eso nos habla en símbolos.

Los sueños son: - Compensadores: algo que perdemos, lo soñamos como ganancia.
- Pronostican: algo que va a suceder.
- Arquetípicos: dentro del agua nos sentimos bien. Implica la imagen arquetípica de un símbolo universal. Ej. La Virgen.
- Sincrónicos: coincidencia de cosas significativas que nos ocurren, pero que no tienen una explicación lógica, no tienen una causa aparente.
El hombre se encuentra luchando contra una corriente que lo empuja a seguir el inconsciente colectivo, el orden contra el caos, el ahorro contra la dispersión, proceso de entalpía hacia la entropía. Esta lucha continua trae la conciencia, pero esta lucha no trae la destrucción del inconsciente, sino la transmutación del plomo en oro. Esta transmutación sólo ocurre a través del conocimiento de Sí Mismo.

Tomado de "La interpretación de la naturaleza, y la psique" (Naturerklärung und Psyche).

p.28-29: (...) parece como si el espacio y el tiempo dependieran de condiciones psíquicas y no existieran en sí mismos, sino que sólo fuesen puestos por la conciencia. En las concepciones del mundo del hombre primitivo, el espacio y el tiempo son un asunto sumamente dudoso. Sólo en el curso de la evolución intelectual llegaron a ser conceptos "fijos", sobre todo causa de la introducción de la medición. En sí mismos, espacio y tiempo consisten de nada. Son conceptos hipostasiados provenientes de la actividad discriminatoria de la mente consciente y forman las coordenadas indispensables para la descripción de la conducta de los cuerpos en movimiento. Por lo tanto, son esencialmente de origen psíquico, y ello parece haber sido la razón que movió a Kant a concebirlos como categorías a priori. Pero si el espacio y el tiempo sólo son propiedades aparentes de los cuerpos en movimiento, producidas por las necesidades intelectuales del observador, entonces su relativización por una condición psíquica deja de ser un milagro, y cae dentro de los límites de la posibilidad. Tal posibilidad, empero, se presenta cuando la psique observa, no cuerpos externos, sino a sí misma. Tal es precisamente el caso de los experimentos de Rhine [experimentos de ESP, o percepción extra-sensorial] (...).

p.40: (...) Todo estado emocional produce una modificación de la conciencia, que Janet ha denominado "abaissement du niveau mental", o sea, que se da un estrechamiento de la conciencia simultáneamente con una intensificación de lo inconsciente, lo cual, en especial si se trata de afectos fuertes, es también evidente para el profano. (...)



*buscabiografias.com

El inconsciente colectivo

Lo inconsciente colectivo es un concepto básico de la teoría desarrollada por el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung. La teoría de Jung establece que existe un lenguaje común a los seres humanos de todos los tiempos y lugares del mundo, constituido por símbolos primitivos con los que se expresa un contenido de la psiquis que está más allá de la razón.


                                  Carl Gustav Jung



    Jung había nacido el 26.07.1875 en la aldea suiza de Kesswil, hijo de un pastor con quien recorrió muchas parroquias. Tendió desde pequeño a la introspección, alentado por las discordias parentales y el humor inestable de la madre. Su fantasía estuvo alimentada por lecturas voraces y el ambiente teológico en que vivía. Se consideraba diferente a los niños de su edad, pero esto no le impedía tener amigos, en quienes dejaba impresiones muy contradictorias: sociable pero difícil; divertido por momentos y a veces taciturno; aparentemente seguro de si pero vulnerable a la crítica. Ya psiquiatra, parecía sereno pero a veces lo atormentaban profundas crisis religiosas. Tuvo sueños desconcertantes desde muy joven a los que mucho después, al escribir su altamente subjetivo y anecdótico autorretrato "Recuerdos, sueños, reflexiones", hizo aparecer como acontecimientos de singular significación. Inició estudios de medicina en Basilea en 1895, pero a pesar de su inclinación científica no perdió su interés por lo oculto, las religiones esotéricas y su desbocada fantasía. A fines de 1900 se sumó al personal del Burghölzli, que era la clínica psiquiátrica de la Universidad de Zurich. A pesar de la fama del sanatorio, Jung recordó sus primeros años allí como caracterizados por una rutina trivial y estéril, donde no tenía espacio para su excentricidad creadora. Sin embargo fue allí donde accedió al psicoanálisis: Bleuler, su prestigioso jefe, le pidió que reseñase "La interpretación de los sueños" para el cuerpo médico. El libro sobre los sueños y después los trabajos sobre la histeria dejaron su impronta en Jung, quien desde el comienzo fue un fervoroso partidario de la nueva disciplina. Aplicó con éxito los conceptos psicoanalíticos a la esquizofrenia (que en ese momento aún era demencia precoz) y elogió los aportes de Freud en su monografía "Psicología de la demencia precoz", de 1906. Ese mismo año le envió a Freud un ejemplar de "Estudios de asociación diagnóstica", obra que él había compilado. Pero no todo eran acuerdos con Freud. Jung no atribuía "al trauma sexual de la juventud la significación excluyente que en apariencia Freud le asigna"; y ésta sería la discrepancia que más tarde los separaría. La perspectiva de contar con un propagandista de la talla y el renombre de Jung en el extranjero era algo que a Freud lo seducía mucho. Se mostró cauto para no despertar sospechas de que pretendía un apostolado ciego, pero no dejó de hacerle saber que aunque él no viviera para ver el triunfo del psicoanálisis, esperaba que sus alumnos sí lo hicieran. Freud se preparaba para pasar la antorcha a manos más jóvenes y Jung parecía el heredero apropiado de la corona. Examinaron juntos la etiogenia sexual de las neurosis, se prestaron libros, comentaron casos. Jung era respetuoso pero no servil y Freud lo aceptó como un padre complaciente. En carta de 1910 a Ferenczi le decía: "No sea celoso e incluya a Jung en sus cálculos. Estoy más convencido que nunca que él es el hombre del futuro". En 1907 visitó por primera vez a Freud con su esposa y su colega Ludwig Binswanger. Se dedicaron a una orgía de conversaciones profesionales solo interrumpidas por las comidas y por la reunión de la SPM. Martin Freud recordó a Jung como un hombre verborrágico que solo hablaba de si mismo: "Nunca realizó el menor intento de entablar alguna conversación cortés con mamá o con nosotros, los chicos, sino que se limitaba a seguir el debate interrumpido por la cena. En esas ocasiones solo hablaba Jung, y papá con visible deleite, se contentaba con escuchar". Aunque Freud confiaba en Jung, interpretó que en uno de sus sueños aquel deseaba destronarlo. El debate que podía separarlos, acerca de la sexualidad, nunca se extinguió por completo. El trabajo de Abraham provocaba los celos de Jung, y él no se molestaba en ocultar eso ni la envidia que sentía por el respeto que Freud le tenía a aquel. Jung reconoció abiertamente en la "veneración" que sentía por Freud un cierto "entusiasmo religioso" que "a causa de su innegable matiz erótico" le parecía "repulsivo y ridículo". Lanzado a la confesión, le dijo a Freud que el origen de esos sentimientos estaba en un acontecimiento infantil: "de niño sucumbí a un ataque homosexual de un hombre al que antes había reverenciado". Freud le restó importancia porque discernía que una transferencia religiosa solo puede terminar en apostasía, de modo que su breve respuesta fue "Soy inadecuado como objeto de culto". En 1910 fue elegido presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional por aclamación, siendo reelegido en 1911. Pero a pesar de todos estos triunfos, la esposa de Jung estaba preocupada: "Me ha atormentado la idea de que su relación con mi esposo no es como podría y debería ser", le escribió a Freud. Las discrepancias ya habían aparecido y se notaban. Pero aún en 1912 Freud confiaba en el suizo y le decía que podía disentir con él sin mala conciencia. En 1912 Freud visitó a Binswanger en Küsnacht, pues aquel había sido operado de un tumor maligno, y no visitó a Jung que vivía a pocos kilómetros de allí. Jung se ofendió mucho y desde ese momento en distintas discusiones con Freud sacaba a relucir "el gesto de Kreuzlingen"(lugar donde Jung estaba cuando Freud no lo visitó en esa oportunidad). A fines de ese año se encontraron en una pequeña conferencia en Munich y Jung se disculpó. Pero esa reunión se vio malograda por uno de los desvanecimientos de Freud, el segundo en presencia de Jung. Otra vez habían tenido una animada discusión y una vez más Freud interpretó lo que Jung decía como revelador de un deseo de muerte dirigido contra él. Aunque había causas físicas en un segundo plano (fatiga, dolor de cabeza), Freud sabía que allí había un conflicto psicológico y Jung no era ajeno a ello. Dijo que allí había "elementos de neurosis" y Freud le contestó "que cada uno de nosotros se ocupe de su propia neurosis con más celo que la neurosis del prójimo". Hacia 1913 lo que Jung consideraba "nuestra concepción" en contraposición a Freud, era por ejemplo que la libido no era nada más que un fracaso nervioso frente a las verdades incómodas de las pulsiones sexuales que habitan al ser humano; y que el arquetipo es un principio fundamental de la creatividad, anclado en las cualidades raciales, una potencialidad humana manifestada en las religiones, los cuentos de hadas, los mitos, los sueños, las obras de arte y la literatura. su equivalente en biología es la "pauta de conducta". Mientras Freud opinaba que Jung se ocultaba detrás de "una nube religioso-libidinal", Jung le hacía saber en una carta de la Navidad de 1909: "Es un duro destino verse obligado a trabajar al lado del creador". La correspondencia entre ambos hombres fue decreciendo cada vez más pero esto no impidió que los dos concurrieran al Congreso Internacional de Munich de 1913. Según Freud, las sesiones fueron "agotadoras y nada ejemplares" y la presidencia de Jung había sido "inamistosa e incorrecta". Los votos de la reelección de Jung mostraron el descontento: 22 se abstuvieron como manifestación de protesta y 52 votaron por el candidato. Al final del congreso, Freud resumió: "Nos separamos sin ningún deseo de volver a vernos". En octubre Jung renunció como editor del Jahrbuch aduciendo razones de "naturaleza personal" y renunciando a una discusión pública. A fines de 1913 Freud había empezado a escribir lo que él denominó "la bomba": la "Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico" era un folleto en el que exponía su versión de los desacuerdos que habían estado carcomiendo al movimiento en los últimos años. Pero antes que "la bomba" explotara oficialmente, Jung presentó su renuncia a la Presidencia de la Asociación, el 20 de abril de 1914. Respecto a su relación con el nacionalsocialismo, recurrimos a un artículo de Arnold Künzli. El autor explicita que gracias a haber nacido hace mucho, tuvo la posibilidad de conocer personalmente a Jung y tener en sus años de juventud una nutrida correspondencia con él, así como haber participado en reuniones en las que Jung explicaba su "Psicología Profunda". Manifiesta que esta historia personal y el haberse ocupado en reiteradas oportunidades de las controversias en torno a Jung, lo autorizan en honor a la verdad , a contestar a algunas manifestaciones de Baumann en el referido artículo, así como a responder con documentos a manifestaciones sumamente unilaterales de diversos autores relativas a Jung. "Baumann escribe: "...totalmente tirado de los pelos es afirmar que Jung ...pretendía llevar a razonar a la mujer a través de la seducción, el maltrato y la violación". Pero es precisamente lo que Jung hacía. En 1951 escribió: "En la mujer el Eros forma su verdadera naturaleza, mientras el Logos es a menudo apenas una casualidad...Por más que su Eros aparezca gentil y bien dispuesto, no se conmoverá ante ningún tipo de lógica. En muchos casos el hombre tendrá la sensación (y no le faltará razón) que solo la seducción, el golpear y violar tendrán la necesaria fuerza de convicción" (Obras Completas 9/2, 24). ¿Totalmente tirado de los pelos, Sr. Baumann?...Más adelante Baumann se dirige contra el frecuente reproche de los autores freudianos..." de que Jung simpatizaba con el nacionalsocialismo, lo cual hace tiempo fue probado como falso". La verdad es que se trata de todo lo contrario. Yo no soy un autor freudiano y no participo de las luchas de sectas psicoanalíticas. Aquí se trata de la escueta y estricta verdad del comportamiento de Jung. Lo que esto quiera decir acerca de su psicología, lo elaborarán personas más aptas y competentes. El hecho es que Jung, fascinado por su teoría del inconsciente colectivo y los arquetipos, cayó bajo la égida de Hitler, el nacionalsocialismo y Mussolini. Ayudó incluso en las persecuciones a judíos y al antisemitismo racista con una dignificación desde su psicología profunda. Jung escribió en el año de ascensión al poder por parte de Hitler, en 1933, en un diario alemán acerca de "las realmente existentes ...diferencias de las psicologías germanas y judías", y en 1934 en el mismo periódico: "el inconsciente ario tiene un mayor potencial que el judío". Esto iba contra el judío Freud. Este no habría "conocido el alma germana". ¿Le habrá enseñado mejor la violenta aparición del nacionalsocialismo hacia el que la humanidad entera miraba con ojos asombrados?. ¿Dónde estaba la increíble potencia y fuerza cuando no había aún un nacionalsocialismo?. Y responderá: "Estaba escondida en el alma germana..."" "...hace poco apareció una carta de Jung a su alumno Wolfgang Kranefeld, un entonces conocido entusiasta del nazismo...allí Jung escribe: "hay que advertir al pueblo ario, que con Freud y Adler se predican puntos de vista específicos al judaísmo..., los cuales tienen un carácter esencialmente destructivo. Si este evangelio judío le gusta al gobierno de Adolf Hitler, y bueno, sea. Por otra parte también sería posible que al gobierno le molestara...". Que no es más ni menos que un azuzamiento a que Hitler prohíba la destructiva psicología de Freud y Adler..el "carácter destructivo" del espíritu judío era argumento prínceps de la propagandanazi-racista-antisemita." "En 1933 Jung dijo en una entrevista radial berlinesa que: "Como hace poco dijera Hitler, el Führer debe poder ser solitario y tener valor en poder proseguir solitariamente..Por ello el verdadero Führer es a la vez aquel que tiene el valor en si mismo, y no solo hacia los otros, y que puede mirarse a si mismo a los ojos". Seguía hablando luego de la "idea del ser del Führer", de la "aristocracia propia al Führer" y finalmente: "los tiempos de las masas siempre son tiempos del ser del Führer. Todo movimiento culmina orgánicamente en el Führer, que corporeiza todo el ser, sentido y meta del movimiento popular. Es una encarnación del alma del pueblo y su voz...solo en tiempos de paz sin metas crece la caótica conversación parlamentaria, que anuncia indefectiblemente la ausencia de un movimiento más profundo". Y nuevamente habla aquí de la necesidad de cuidarse del espíritu destructivo y la enemistad hacia la vida, de las psicologías de Freud y Adler." "En 1936, el año de las Olimpíadas en Berlín, Jung publicó su famoso "Himno a Wotan", el dios germano de la fuerza arrolladora, ese "liberador de las pasiones y deseos de lucha" a quien Jung promovió como arquetipo del "Dios germano", quien "explica más del nacionalsocialismo que todos los factores económicos, políticos y psicológicos". Esta simpatía de Jung por Wotan como "esencia básica del alma germana" aparece en cada frase". "En 1939 Jung declaraba a un periodista americano que en los ojos de Hitler había percibido a un visionario. Hitler sería el "altoparlante, que refuerza el inaudible murmullo del alma germana", sería como " un hombre que atiende el flujo de un rumor de la fuerza de fuente escondida". "En un desfile militar Hitler parece haber decepcionado a Jung, quien se vuelca entonces a Mussolini, del cual dice "el formato especial de un hombre verdadero. No pude evitar amar a Mussolini, su contagiosa energía, y elasticidad son contagiosas, cálidas y humanas"."...De todos modos," dice el autor del artículo, "a diferencia de los sectarios jungianos, Jung en una entrevista con el rabino Leo Baeck, luego de la guerra tuvo la lucidez de admitir: "Si, tuve un desliz". Incluso siguió en esta línea en un trabajo en el que dice que el nacionalsocialismo "fue el crimen más cruento de todos los tiempos". La cuestión que queda es saber la relación entre su "desliz" y su psicología". Jung murió en Küsnacht, Suiza, el 06.06.1961.




Frases y Citas de Carl Gustav Jung



Carl Gustav Jung