Ernesto Sabato, al otro lado del túnel

El autor de 'Sobre héroes y tumbas' muere en Santos Lugares, cerca de Buenos Aires, a dos meses de cumplir 100 años - Fue la conciencia política contra la dictadura


SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ Buenos Aires 1 MAY 2011













Ernesto Sabato, el gran escritor argentino autor de Sobre héroes y tumbas y El túnel, pero también el hombre atormentado y horrorizado que presidió la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) falleció en la madrugada de ayer sábado, dos meses antes de cumplir 100 años. Sabato, que iba a ser objeto hoy de un homenaje en la Feria del Libro de Buenos Aires, padecía una bronquitis que no pudo superar, según anunció su compañera, Elvira González Fraga. El velatorio se realizará en la localidad de Santos Lugares, a 40 kilómetros de la capital porteña, donde tenía su domicilio.
Sabato fue un escritor popular, extraordinariamente leído en Argentina en los años 70 y 80, aunque en los últimos tiempos estuvo prácticamente recluido y retirado en su casa: no volvió a hacer una aparición pública desde 2004. "A los argentinos nos gusta derribar a nuestros iconos y eso también pasó con Sabato", explica María Rosa Loja, coordinadora de la edición crítica de Sobre héroes y tumbas, publicada en 2008. "Es cierto que el ambiente literario argentino le dio un poco la espalda, quizás por su propia figura, polémica, y su carácter difícil, pero también por sus posiciones políticas, inclasificables, que le colocaban en un lugar complicado", afirma. "Sabato era ante todo, él mismo", resume.

Fue entregado a Alfonsín, en un acto inolvidable para los argentinos

'Sobre héroes y tumbas' le colocó entre los grandes de la literatura

El informe 'Nunca más' llegó a conocerse como 'Informe Sabato'

Presidió la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas

Iba a recibir hoy un homenaje en la Feria del Libro de Buenos Aires

En los últimos tiempos estuvo prácticamente recluido en su casa
"Primero, El túnel, que tiene una trama casi policiaca, aunque se conoce el nombre del asesino desde la primera pagina, y después, Sobre héroes y tumbas, que habla de la historia pasada y presente del país, fueron en su momento enormes éxitos editoriales, una lectura muy seductora para miles de jóvenes", asegura Lojo. "Sabato habló a los argentinos sobre quiénes eran. Por eso tuvo tanto gancho. Sobre héroes y tumbas es una novela larga, con mucha capacidad de síntesis, que, escrita al poco de caer Perón, enlaza distintos tiempos de la construcción de país".
Descendiente de padre italiano y madre albanesa, Sábato está considerado como uno de los grandes de la literatura latinoamericana no solo por sus novelas, incluida Abaddón el exterminador, sino también por su amplia obra ensayística sobre la condición humana. Obtuvo el Premio Cervantes en 1984, ocasión en la que pronuncio un discurso en el que describió El Quijote como "un simple mortal, tierno desamparado, andariego, el hombre que alguna vez dijo que por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida".
Sabato tuvo también una vida andariega, marcada por la literatura y por su peculiar compromiso político, que le llevó al final de su vida a declararse más cercano al "anarco-cristianismo" y a Tolstoi que al activo comunismo de su juventud. El escritor empezó su vida profesional como físico, en Zurich (Suiza), pero muy rápidamente comenzó su actividad literaria y su amistad con el Grupo Sur, donde conoció a Victoria Ocampo y a Jorge Luis Borges, con quien mantuvo siempre una relación conflictiva pero que dio origen, en 1976, a un hermoso libro titulado Diálogos con Jorge Luis Borges. Fue en esa época cuando se casó con Matilde Kusminsky, con la que tuvo dos hijos, y que vivió con él hasta su muerte, en 1998.
Su primera gran novela, El túnel (1948), un agudo ensayo psicológico, lleno de ironía, pero también de amargura y del pesimismo que marcaría toda su obra posterior, le proporcionó un inmediato reconocimiento no solo en Argentina sino internacional. Su segunda obra, Sobre héroes y tumbas, que incluye su estremecedor Informe sobre ciegos, le confirmó como un autor extremadamente original, pese a su lenguaje cotidiano y fácilmente accesible, y le colocó entre los autores mas grandes en lengua española. "Esa es la obra en que intento dar una versión total de mi realidad. De toda mi realidad, sobre héroes y tumbas, sobre esperanzas y desesperanzas, sobre la vida y la muerte, el bien y el mal", dijo en una entrevista.
El fuerte carácter de Sabato, su egocentrismo y su gusto por las polémicas, origen de multitud de anécdotas, hicieron de él un personaje controvertido en las letras argentinas, aunque nunca se discutió su extraordinaria importancia literaria. "No se por qué, pero siempre fui especialista en hacerme enemigos", confesó el propio Sabato en una charla en 1996.
Su vida y su obra no se comprende sin su faceta de luchador por los derechos humanos y su compromiso contra la dictadura militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1983, pese a que en los primeros meses del golpe participó en una comida con el general Jorge Videla, a la que asistió también Jorge Luis Borges. Sabato se espantó al conocer los continuos asesinatos y abusos contra los derechos humanos que protagonizaba la dictadura y, como recordó ayer la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú, "firmó todas las peticiones que pudo reclamando la aparición con vida de quienes habían sido secuestrados".
Terminada la dictadura, Ernesto Sabato recibió el encargo del primer presidente democrático, el radical Raúl Alfonsín, de encabezar la recién creada CONADEP. El equipo de investigación de la Comisión recogió el testimonio y documentó minuciosamente 8.960 desapariciones y la existencia de 340 centros de detención ilegal y tortura. El informe tituladoNunca más, pero conocido también sencillamente como Informe Sabato, fue entregado a Alfonsín en un acto inolvidable para la inmensa mayoría de los argentinos, el 20 de septiembre de 1984, y dio origen al procesamiento y condena de los máximos responsables de las juntas militares de la dictadura, entre ellos el propio Videla, que fueron enviados a la cárcel. Sabato se opuso siempre a las leyes de Punto Final y a los posteriores indultos concedidos por el peronista Carlos Menem.
El escritor sufrió durante mucho tiempo una fuerte depresión que le llevó un día, de visita en España, a contestar a quienes intentaban darle ánimos: "Ustedes no entienden nada. Yo me despierto cada mañana, y me doy cuenta de que soy argentino". Pasó sus últimos años sin escribir pero pintando, su segunda vocación artística, que siempre supo compaginar con la literatura.
"La razón no sirve para la existencia", afirmaba. No quería que se le encasillara en ninguna tendencia literaria: "Tengo con la literatura la misma relación que puede tener un guerrillero con el ejército regular".
Ernesto Sabato afirmaba a menudo que creía en el hombre, "a pesar", solía añadir, "de que estamos ante el animal más siniestro". "La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, hay que morirse", se quejaba.
- "Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona". El túnel
http://elpais.com/diario/2011/05/01/cultura/1304200801_850215.html
                                                
El túnel es una novela de estructura psicológica escrita por el argentino Ernesto Sabato. Presenta en el personaje de María Iribarne la comprensión de la totalidad y el absoluto a la vez que las zonas ocultas de misterio que impulsarán a Juan Pablo Castel a asesinarla. El pintor, al dar forma a su obsesión interna, debe renunciar a cualquier otra opción, en un proceso a la vez constructivo y destructivo que centrará el análisis de las motivaciones delcrimen. Obra esencial de Ernesto Sabato, El túnel nos entrega los elementos básicos de su visión metafísica del existencialismo. Es una obra en la que abunda el pesimismo en cada diálogo o pensamiento de los personajes.
Tras su publicación en 1948, Sabato logró el reconocimiento internacional al recibir elogios de personalidades del mundo como Thomas Mann y Albert Camus.
Resumen de el túnel 



Juan Pablo Castell es un pintor que escribe su propia historia, empieza el relato confesando que es el responsable de la muerte de María Iribarne. Habla acerca de lo que piensa de los hombres, que todos son vanidosos, que aunque traten de ser modestos siempre actúan por vanidad. A él no le interesa lo que piense la gente, ni lo que puedan opinar, él se decide a escribir la historia de su crimen con la esperanza de que al menos una persona pueda comprender sus razones. Se queja de que nadie lo entiende y que la única persona que podría llegar a entenderlo fue la mujer a la que mató. 



Conoció a María en un salón de pintura donde presentó un cuadro llamado “Maternidad”. Explica que no soporta a los críticos que empiezan a comentar su cuadro y que los encuentra charlatanes. El cuadro mostraba una mujer que miraba jugar a un niño, pero arriba, a la izquierda, a través de una ventanita, se veía una pequeña y remota escena de una mujer que miraba el mar y que estaba como esperando algo, una escena que sugería soledad absoluta. Nadie se fijaba en esa pequeña escena del cuadro excepto una muchacha que miró fijamente la ventanita. Después desapareció entre la multitud. 



Una tarde la vio en la calle, la siguió hasta el edificio de la compañía T, entró en ella y la vio esperar el ascensor. Entonces conversaron y Juan Pablo le preguntó sobre la ventanita, si la recordaba y ella le dijo que la recordaba constantemente y luego se fue corriendo. Un día que la fue a esperar a la compañía la tomó del brazo y la llevó hasta la plaza San Martín para que conversaran, él le dijo que la necesitaba porque sabía que ella pensaba como él. Esa noche hablaron por teléfono, él le dijo que no había dejado de pensar en ella y que la llamaría al día siguiente. 



A la mañana siguiente la llamó pero la mucama le dijo que se había ido al campo y que le había dejado una carta. Juan Pablo se dirigió a la casa de ella para buscar la carta, una vez allí habló con un tal señor Allende que era ciego, este le dijo que era el esposo de María y le pasó la carta que ella le había dejado. Allende le dijo que ella había ido a la estancia que era de su primo Hunter. 



Una vez que María volvió comenzaron a verse continuamente, Juan Pablo la amaba pero sentía que María lo quería como a un hermano, discutían continuamente porque él le hacía muchas preguntas obsesivas acerca de sus antiguas relaciones con otros hombres y de su esposo Allende. En una de sus paranoias discutieron fuertemente y ella se marchó. A la mañana siguiente Juan Pablo la llamó pero ella se había ido a la estancia. 



Juan Pablo se dirigió a la estancia para ver a María, fue allí donde se encontró con Hunter quien le presentó a una mujer flaca llamada Mimí. Hunter le explicó que María se había recostado porque se sentía mal. Una vez que llegó María se fueron a la playa y ahí tuvieron una conversación. Juan Pablo sentía que María era falsa, que le ocultaba cosas. Cuando él abandonó la estancia creyó que María lo seguiría pero no fue así. En su casa le escribió una carta a María en donde le decía que no entendía como podía estar con él, con Allende y con Hunter al mismo tiempo. Luego se arrepintió de haberla mandado y fue a buscarla pero en el correo no quisieron devolvérsela. 



La llamó a la estancia amenazándola con que si no venía él se mataría, quedaron de verse al día siguiente. Esa noche Juan Pabln bebió mucho y ze acostó con una prostituta, se dio cuenta de que María se asemejaba mucho a ella en sus gestoz y llegó a la conclusión de que María era también una prostituta. Habían quedado de juntarse en la Recoleta pero María no llegó entonces él la llamó por teléfono y la mucama dijo que el señor Hunter la había llamado y ella había partido a la estancia. 



Juan Pablo fue a la estancia en su auto una vez que llegó se escondió y esperó. Después de una espera interminable los vio bajando por la escalinata, iban del brazo, los vio caminar largamente por el parque. Entonces comenzó la tormenta, con truenos y relámpagos, luego empezaron a caer las primeras gotas. Juan Pablo se trepó hasta la planta alta por la reja de una ventana. Entró en la galería y buscó su dormitorio, empuñó un cuchillo y abrió la puerta. 



Cuando se acercó a la cama ella le preguntó tristemente qué iba a hacer, él le respondió que tenía que matarla por haberlo dejado solo, entonces, llorando le clavó el cuchillo en el pecho. Corrió a Buenos Aires y telefoneó a la casa de Allende diciendo que tenía que verlo. Le gritó al ciego que venía de la estancia, que María era la amante de Hunter y que la había matado entonces el ciego le gritó que era un insensato. Luego fue a la comisaría y se entregó. En los meses de encierro intentó darle explicación a la última palabra del ciego: “Insensato” y el por qué de que Allende se hubiera suicidado. 



Personajes principales 
Juan pablo Castell 
María Iribarne 



Personajes secundarios 
.Doctor prato 
.Allende 
.Richar 
.La mucama 
.Mimí hunter 
.Lartigue 
.Mapelli 



Tiempo
Enesta obra no se especifica el tiempo, pero dicen que el cuadro 
que expuso Pablo lo hizo en el Salón de Primavera de “1946” 



Espacio 
Esta obra se realiza en Argentina, en Buenos Aires, pero mas 
específicamente en lugares como: 
•El Salón de Primavera de 1946. 
•La Compañía T. 
•La Calle Corrientes. 
•El Café Marzotto. 
•La Plaza Francia. 
•La Avenida Centenario. 
•El Puerto Nuevo. 
•La Estación Constitución. 
•La Estancia. 
•El Mar de la Plata. 
•El Taller de Pablo. 
•La Casa de María. 



Biografía de Ernesto Sábato 
(Rojas, Argentina, 1911 - Santos Lugares, 2011) Escritor argentino. Ernesto Sábato se doctoró en física en la Universidad de la Plata e inició una prometedora carrera como investigador científico en París, donde había ido becado para trabajar en el célebre Laboratorio Curia. Allí trabó amistad con los escritores y pintores del movimiento surrealista, en especial con André Bretón, quien alentó la vocación literaria de Sábato. En París comenzó a escribir su primera novela, La fuente muda, de la que sólo publicaría un fragmento en la revista Sur. 
En 1945, de regreso en Argentina, comenzó a dictar clases en la Universidad Nacional de La Plata, pero se vio obligado a abandonar la enseñanza tras perder su cátedra a causa de unos artículos que escribió contra Perón. Aquel mismo año publicó su ensayo Uno y el Universo (1945), en el que criticaba el reduccionismo en el que desembocaba el enfoque científico. El ensayo prefiguraba buena parte de los rasgos fundamentales de su producción: brillantez expositiva, introspección, psicologismo y cierta grandilocuencia retórica. 
Su carrera literaria estuvo influida desde el principio por el experimentalismo y por el alto contenido intelectual de sus obras, marcadas por una problemática de raíz existencialista. Así, El túnel(1948) ahonda en las contradicciones e imposibilidades del amor, mientras que Sobre héroes y tumbas (1962) presenta una estructura más compleja, en que los diversos niveles de la narración enlazan vivencias personales del autor y episodios de la historia argentina en una reflexión caracterizada por un creciente pesimismo. Ambas novelas tuvieron gran repercusión y situaron a Sábato entre los grandes novelistas latinoamericanos del siglo. 

El Túnel fue rápidamente traducido a diversos idiomas y llevada al cine. La narración tiene indudable originalidad y valores psicológicos relevantes: la confesión de Castel, que ha cometido un crimen, enfrenta al hombre de hoy con una sociedad desquiciada y resalta los contrastes con pincel agudo y lleno de color. El estilo está en consonancia con el tema, dentro de un desequilibrado equilibrio. 

http://www.taringa.net/post/info/10579188/Resumen-de-el-Tunel-Ernesto-Sabato.html



El túnel. Ernesto Sabato
El túnel. Ernesto Sabato
Desde mi punto de vista, una de las características principales de esta novela es que está narrada en primera persona, por lo que el lector verá los escenarios, los personajes, y el mundo que los rodea, desde la óptica del propio narrador, que a su vez es el protagonista principal de la historia.
Juan Pablo Castel, pintor de profesión, es un hombre introvertido, de mente algo enfermiza, lleno de traumas, complejos, rencores, dudas existenciales…, que lo convertirán en un tipo solitario. Un soledad que le hará ver la vida desde un punto de vista muy particular. O quizás sea al revés, es decir, que su filosofía de la vida le lleve a la incomprensión del mundo que lo rodea, y por tanto a la incomunicación y a la soledad, y esto a su vez le haga tener esos pensamientos tan…. llamémosles “oscuros”. No lo sé, pero en cualquier caso el resultado final es el mismo.
Ernesto Sabato utiliza en esta obra la técnica literaria denominada in extrema res, es decir comienza la narración donde finaliza la historia:
Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne.
así comienza esta novela, desvelándonos el final. A partir de ese momento el narrador y protagonista nos cuenta “su” particular versión de los hechos de una forma calmada, explayándose en sus pensamientos.
Dentro de ese mundo de soledad e incomprensión en el que vive el protagonista, un día ve con cierto deleite como una mujer observa uno de sus cuadros expuestos en una galería, prestando especial interés a una zona del mismo: una ventanita a través de la cual se puede ver el mar y a una persona de espaldas observándolo. Según él, nadie, ni siquiera los críticos que tanto alaban su obra, se había fijado en ese minúsculo detalle.
Desde ese mismo instante una obsesión crecerá en su interior, conocer a esa mujer, quizás la única que pueda entenderle. Con sumo detalle nos irá narrando su tormentosa pasión así como la extraña relación de amor y odio que termina manteniendo con ella. Y ésta es la verdadera historia de la novela. El final ya le conocemos.
A mi, particularmente, la forma de actuar del protagonista me recuerda mucho a la de un determinado tipo de maltratador, que por desgracia, tan acostumbrados estamos a ver últimamente. No voy a contar nada más para no desvelar algo que pueda dar al traste con el intríngulis de la novela. Os dejo el resto para que lo averigüéis vosotros mismos y podaís sacar vuestras propias conclusiones.
En definitiva, una novela breve, rápida de leer -excepto en algunos pasajes donde el narrador se explaya en exceso con sus pensamientos-, algo perturbadora e inquietante, pesimista, que nos revela los pensamientos más oscuros que puede llegar a tener un ser humano cuando se halla inmerso en el túnel en el que vive el protagonista.
Fotograma de la película de 1987 dirigida por Antonio Drove
Fotograma de la película de 1987 dirigida por Antonio Drove
Se han hecho varias adaptaciones cinematográficas de esta novela. La primera fue en el año 1952, dirigida por León Klimovsky y adaptada por el propio Ernesto Sabato. Posteriormente, en el año 1977, y bajo la dirección de José Luís Cuerda, se realizó una adaptación para televisión. La última ha sido en el año 1987, una producción dirigida por Antonio Drove e interpretada por Peter Weller y Jane Seymour.
Sobre el autor:
Ernesto Sábato nació el 24 de junio de 1911 en la ciudad de Rojas, provincia de Buenos Aires, Argentina. En 1938 se doctoró en física en la Universidad de la Plata e inició una prometedora carrera como investigador científico en París. Allí trabó amistad con los escritores y pintores del movimiento surrealista, en especial con André Breton, quien alentó su vocación literaria. Fue en 1943, debido a una crisis existencial, cuando decidió alejarse de forma definitiva del área científica para dedicarse de lleno a la literatura. En 1945 regresó a Argentina donde impartió clases en la Universidad Nacional de La Plata, pero se vio obligado a abandonar la enseñanza tras perder su cátedra a causa de unos artículos que escribió contra Perón. Ese mismo año publicó su primer libro, el ensayo “Uno y el Universo”. Escribió tres novelas: “El túnel”, “Sobre héroes y tumbas” y “Abaddón el exterminador”, así como innumerables ensayos sobre la condición humana. Falleció en Buenos Aires el 30 de abril de 2011 .

http://www.bibliofiloenmascarado.com/2011/05/28/resena-el-tunel-de-ernesto-sabato/

[PDF](El Túnel - Ernesto Sábato)

biblio3.url.edu.gt/Libros/sabato/tunel.pdf

El primer mundo de La Recherche es el de la mundanidad. No hay medio que emita y concentre tantos signos, en espacios tan reducidos y a una velocidad tan grande. Bien es verdad que estos signos no son homogéneos en sí mismos. En un mismo momento se diferencian, no sólo según las clases, sino según “agrupaciones espirituales” aún más profundas. En cada momento evolucionan, se fijan o ceden sitio a otros signos. De forma que la tarea del aprendiz consiste en comprender por qué alguien es “recibido” en determinado mundo, por qué alguien deja de serlo; a qué signos obedecen los mundos, cuáles son sus legisladores y sus sumos sacerdotes. En la obra de Proust, Charlus es el más prodigioso emisor de signos, por su poder mundano, su orgullo, su sentido de lo teatral, su rostro y su voz. Pero Charlus, impulsado por el amor, no es nada en casa de los Verdurin e incluso en su propio mundo acabará por reducirse a nada cuando cambien las leyes implícitas. ¿Cuál es, por tanto, la unidad de los signos mundanos? Un saludo del duque de Guermantes está por interpretar, y las posibilidades de error son tan grandes como en un diagnóstico. Lo mismo sucede con la mímica de Mme Verdurin.
El signo de lo mundano aparece como si hubiese reemplazado una acción o un pensamiento. Sirve de acción y de pensamiento. Por lo tanto, es un signo que no remite a algo distinto, significación trascendente o contenido ideal, sino que ha usurpado el valor supuesto a su sentido. Por ello, la mundanidad juzgada desde el punto de vista de las lecciones, aparece como falaz y cruel; y desde el punto de vista del pensamiento, aparece como estúpida. No se piensa, no se actúa, se indica signos. En casa de Mme Verdurin no se dice nada gracioso, y Mme Verdurin no se ríe; sin embargo, Cottard indica, significa, que dice algo gracioso, Mme Verdurin significa que ríe, y su signo es emitido con tanta perfección que M. Verdurin, para no ser menos, busca a su vez una mímica apropiada. Mme de Guermantes a menudo es de corazón duro y de forma de pensar mediocre, pero siempre tiene signos encantadores. No actúa para sus amigos, ni piensa con ellos: les expresa signos. El signo mundano no remite a algo, ocupa su lugar, pretende valer por su sentido. Anticipa tanto la acción como el pensamiento, anula el pensamiento y la acción, y se declara suficiente. De ahí su aspecto estereotipado y su vacuidad. No debemos concluir con ello que estos signos sean desdeñables. El aprendizaje sería imperfecto, e incluso imposible, si no pasase por ellos. Están vacíos, pero esta vacuidad les confiere una perfección ritual, un formalismo que no se encontrará en ningún otro lugar. Los signos mundanos son los únicos capaces de causar una especie de exaltación nerviosa, efecto que en nosotros producen las personas que saben emitirlos.
Gilles Deleuze
Proust y los signos, 1964
Foto: Jep Gambardella
en La Grande bellezza de Paolo Sorrentino
                 


En la siempre postergada y siempre interrumpida tarea de poner un relativo y enigmático orden en mis libros, suelo encontrar, para alimento de mi nostalgia y razón de mis sueños, algunos cuya lectura nos formó para siempre y dejaron en nosotros ecos, sabores, escenas y personas que serán el cortejo siempre presente y siempre fiel que ha de acompañarnos hasta el último día. No hace mucho me sumergí de nuevo en el caos de mis libros por ordenar y quisiera dejar aquí constancia de algunos de esos hallazgos que nos suscitan la mezcla de nostalgia y dicha que mencionaba antes.
Kim, de Rudyard Kipling, fue el primero. Una vez más viajé por la gran ruta que cruza la India y sentí los olores capitosos de las comidas saboreadas a la vera del camino, al caer la tarde. ¿Habrá, me pregunto, libro más hermoso sobre país alguno y que nos deje una imagen tan imperecedera y tan fiel de sus más secretas esencias? Lo dudo. Siempre que abro esta obra de Kipling para recorrer algunas de sus páginas, termino leyéndola por entero. ¿Cuántos adolescentes, cuántos adultos, la leen todavía? No creo que sea un libro para nuestros días. Malos días, entonces, ajenos a una delicia semejante.
Cuatro tomos maltratados, pero aún con los emblemas de Saturnio Calleja, Editor, Barcelona, bien visibles en el lomo, me regresan a mis nueve años. Son Los hijos del aire de Emilio Salgari. La nave movida por aire líquido que recorre la China, el Tibet, y parte de Siberia, con sus heroicos tripulantes en busca de aventuras, es una de las más vivas presencias de mis sueños de niño. Superior a toda la serie sobre Sandokán y sólo comparable en riqueza de imaginación y en misterioso exotismo escalofriante aLa cimatarra de BudaLos hijos del aire sigue siendo mi libro favorito del gran italiano que terminara sus días degollándose con su navaja de afeitar.
Cae de pronto en mis manos la hermosa novela de George Eliot, El molino junto al Floss, uno de los libros favoritos de Marcel Proust y, a mi sentir, el modelo más perfecto de la tradición narrativa inglesa, la más sólida y rica de todos los tiempos, sin lugar a dudas. Un deseo, casi una urgencia de volver a leer el libro de la autora de Middlemarch, me lleva a ponerlo de lado junto a mis próximas lecturas. Tendrá que esperar un buen trecho, porque la mesa de noche sigue empedrada de buenas intenciones de relecturas inaplazables.
Y, de pronto, me asalta, atenazante y sombría, la duda que fuera motivo para uno de los más bellos poemas de Borges y que, dicha en llana y desteñida prosa, vendría a preguntar: ¿cuántos libros amados se quedarán ya sin ser releídos? ¿Cuánta felicidad y cuánta mina de ensueño y aventura se han clausurado para siempre, sin que nosotros sepamos? Para curar de alguna manera tan penoso interrogante, más nos vale internarnos de nuevo y sin demora en las inteligentes y cáusticas páginas de Sainte-Beuve, remedio infalible para esta clase de nostálgicos achaques.
Álvaro Mutis
Novedades, México, 29 de noviembre de 1980
Foto: El niño Álvaro Mutis en Bruselas, 1926




El altar de los muertos(The Altar of the Dead, 1895) es uno de los más singulares relatos escritos por Henry James. Su protagonista, George Stransom, levanta un santuario, al que dedicará su vida, para recordar a sus difuntos, en especial a su prometida, fallecida poco antes de la boda. Es un cuento tristísimo sobre el amor eterno, la lealtad y la soledad, y también, en cierto modo, una historia de fantasmas de las que tanto gustaba el autor. Un fragmento:
        

“Es posible que él no hubiese padecido más pérdidas que la mayoría de los hombres, perohabía recontado más sus pérdidas; no había visto más de cerca a la muerte, pero la había sentido, en cierto modo, más hondamente. Poco a poco había adquirido el hábito de enumerar sus Muertos: desde muy temprano en su vida se le había ocurrido que uno tiene que hacer algo por ellos. Estaban presentes en su esencia intensificada y simplificada, en su ausencia perceptible y en su paciencia expresiva, estaban presentes de un modo tan palpable como si lo único que les hubiese sucedido fuese que se hubiesen quedado mudos. Cuando se disipaba toda impresión de sentirlos y cesaba todo ruido de ellos, no parecía sino que realmente su purgatorio se encontrase en la tierra; era tan poco lo que ellos pedían, que obtenían, pobrecillos, aún menos, y volvían a morirse -se morían todos los días- por el duro trato que la vida les dispensaba. No les tenían organizado un servicio, no tenían lugar reservado, ningún honor, cobijo ni seguridad. Hasta las gentes menos generosas proveían para los vivos, pero ni tan siquiera aquéllos que eran considerados generosísimos hacían nada por los Otros. Por eso, pues, en George Stransom había ido fortaleciéndose con los años la premeditación de que por lo menos él mismo sí haría algo, vale decir, lo haría por los suyos, llevando a cabo esta gran caridad irreprochablemente. Cada hombre tenía los suyos, y cada hombre disponía, para cumplir con esta caridad, de los amplios recursos del alma.”
              Traducción de Fernando Jadraque.
              Publicado por Valdemar.
                                   

        Con la inestimable ayuda de la impresionante fotografía de Néstor Almendros, François Truffaut dirigió y protagonizó la adaptación del relato, tituladaLa habitación verde (La chambre verte), uno de sus trabajos menos conocidos, con menos éxito y más personales, lírico y, por qué no, romántico, pero también malsano y enfermizo; un poema arrancado de entre los muertos sin tramas hitchcockianas que nos lo hagan más llevadero; una película en carne viva que apesta a muerte por los cuatro costados.


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