Descarga: Michel Houellebecq - Ampliación del campo de batalla

En 1994 apareció en Francia esta primera novela de Michel Houellebecq, con un título más bien disuasorio, publicada por un minúsculo aunque muy prestigioso editor, Maurice Nadeau. A pesar del silencio crítico inicial, la novela se fue convirtiendo en un libro de culto, obtuvo premios (y lectores) y Houellebecq, una voz totalmente nueva en la narrativa contemporánea, se vio catapultado a portavoz de su generación. El narrador de Ampliación del campo de batalla es un ingeniero informático de 30 años, hastiado por su trabajo, que debe vender a sus posibles clientes las delicias de las nuevas tecnologías... Es un antihéroe que ha dejado de luchar, que espía apenas a sus congéneres, que se desliza hacia la depresión; lleva dos años de castidad, se refiere a «las mujeres que me abrían sus órganos» con tanta repugnancia como cuando habla de las egoístas psicoanalizadas... Con la precisión de una autopsia, describe el campo de batalla de la sociedad actual, la sociedad neoliberal, con sus perdedores en el ámbito económico y sexual: la ampliación del campo de batalla a todas las edades de la vida, a todas las clases sociales.

   
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PDF]Recuerdos, sueños, pensamientos (en PDF) - centro enrique eskenazi

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con amigos de Zurich de su deseo de publicar una biografía de Carl Gustav Jung en la editorial Pantheon de. Nueva York. La doctora Jolande Jacobi, una ..


En la primavera de 1957, al final de su vida, cuando contaba 81 años, C. G. Jung emprendió la tarea de recapitular y poner por escrito sus «Recuerdos, sueños y pensamientos», con la colaboración de su colega y amiga Aniela Jaffé. En esta autobiografía las anécdotas se ponen al servicio exclusivo de su concepción del inconsciente y del hombre en general. No se detiene en recoger encuentros con otras celebridades ni en pronunciar discursos sobre el curso del mundo. Esta obra constituye el memorial analítico en el que el eminente psiquiatra suizo da a conocer sus años de formación, su ambivalente relación con Freud, sus principales viajes y descubrimientos, y la gestación del conocimiento que adquirió a partir de la experiencia de contacto, en ocasiones perturbador, con las imágenes arquetípicas que surgen del fondo del alma.
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Recuerdos, sueños, pensamientos
Carl G. Jung

Seix Barral. Barcelona, 1999. 494 páginas. 1.800 pesetas

Viene la sabiduría contenida en esta obra acompañada de una virtud literaria: la de la amenidad. Jung describe los rasgos de su vida y de su pensamiento con la amenidad de un novelista. Y es que todo fue prodigioso y revelador en la vida de este hombre


ANTONIO COLINAS | 25/07/1999 
En la primavera de 1957, cuando Jung ya tenía 81 años, emprendió una serie de conversaciones con Aniela Jaffé, una de sus mejores colaboradoras y amigas y autora de otro libro espléndido, De la vida y obra de Jung (Libro Guía, Madrid, 1992). Estas conversaciones en profundidad constituyeron la base del libro que hoy comentamos y sobre las que el propio Jung comenzó a redactar su vida como una necesidad, (“pues si lo abandono un solo día, se manifiestan inmediatamente desagradables síntomas físicos”). No hay que olvidar que la redacción de estas memorias partió de ese “magma en fusión” que fue la experiencia y el pensamiento vivos de una de las figuras más grandes de la psicología y del saber de nuestro tiempo. Fue grande por su valor y por la originalidad que supuso enriquecer (o superar) una visión como la del mismísimo Freud, al lograr ensanchar el racionalismo, en algunos casos cerrado o confuso, de éste.
Jung tuvo que pagar un fuerte precio por su ruptura con el maestro vienés, por su osadía. Una de las formas de fijar y clarificar su actitud fue escribir este libro en el que saca a la luz las raíces más hondas de su forma de pensar y de ser. Estamos ante unas memorias, ante los hechos decisivos y reveladores de la vida de un hombre, pero sustentadas en todo momento en lo que fue su pensamiento y, sobre todo, en la valoración de sus experiencias íntimas, las únicas que le parecían “dignas de mención”.
Aniela Jaffé, en el breve pero iluminador prólogo a estas memorias, recoge una frase de Jung que es decisiva para aceptar y comprender las obras de éste: “He sufrido demasiado la incomprensión y el aislamiento a que se llega cuando se dicen cosas que los hombres no comprenden”. Jung fue por tanto un claro disidente, desde sus años jóvenes, en el campo de la medicina, en el del conocimiento y también en el terreno religioso, por estar tan alejado del punto cristiano dogmático. (Su espléndida Respuesta a Job sería la punta de iceberg de esta polémica).
Manteniendo esta actitud le iba en ello no sólo su prestigio profesional y social sino también lo que él reconocería muy pronto como uno de sus grandes hallazgos, su propio proceso de “individualización”. Jung le va a dar también la vuelta al viejo tópico de que el fenómeno religioso sólo es un elemento represor o alienante (Marx, Freud), para apostar por todo lo contrario y decirnos que “la causa de numerosas neurosis, en especial de la segunda mitad de la vida, son un debilitamiento de esta naturaleza fundamental” (la religiosa). Para pensar así había que entender este último concepto en su sentido iniciático, fértil.
Hay que recordar estas ideas primordiales porque están en la base de los recuerdos, sueños y pensamientos recogidos en este volumen, comenzando por los de su primera infancia. Ya entonces mostró su preocupación por el “misterio” que subyacía en la realidad, por “la verdad más profunda, la más íntima, la que no existen palabras para expresarla”. Frente al reto de abordar lo ignoto y darle forma, sitúa la prodigiosa aventura del conocerse a sí mismo, de ser responsable último de ese proceso de “individuación”, que no es otra cosa que el autorrealizarse, que el “llegar a ser uno mismo”.
Aparecen también muy pronto en su vida símbolos de sus teorías futuras (el bosque, la piedra, el mandala), lecturas inspiradoras (Pitágoras, Heráclito, Platón, Eckhart), su pasión por interrelacionar distintos saberes (la historia y las religiones comparadas, la etnografía, la arqueología) y, sobre todo, ese amor por la sencillez y la compasión que tuvo sus raíces en las tendencias búdicas del pensamiento de Schopenhauer, pero que se ampliaría con su posterior conocimiento de Oriente.
Se explican también muy bien en el libro sus primeros pasos en el campo de la psiquiatría, su encuentro con Freud, el viaje que hicieron juntos a América y la posterior ruptura, en cuya base estaban su disidencia en los temas de lo oculto y lo numinoso, la interpretación de la sexualidad, o una anécdota: que Jung comenzara a psicoanalizar a Freud, pero, como hemos dicho, en la génesis de su obra tuvo mucho que ver su propia autorrealización, en la que jugó un papel determinante ese otro símbolo o realidad que fue el torreón que él construyera en Bollingen. También los viajes que hizo a tres universos culturales (áfrica, la India e Italia).
A medida que la vida de Jung ganó en años su pensamiento se fue enriqueciendo de manera inusitada. Ahondó en el pensamiento mítico y místico, dando forma a las concepciones, hasta entonces inaprehensibles, del inconsciente y del alma humana. El resultado fue sentar las bases, como ya se ha repetido y es difícil cuestionar, de una “psicología para el siglo XXI”, por medio de hallazgos que le son propios y que el glosario final de este libro recoge, aunque de forma muy somera (ánima y ánimo, arquetipo, inconsciente, individuación, introversión, sincronicidad, sombra...).
Viene, en fin, la sabiduría contenida en este libro acompañada de una virtud puramente literaria: la de la amenidad. Jung ha descrito los rasgos de su vida y las líneas de su pensamiento, pero con la amenidad de un novelista. Y es que todo fue prodigioso y revelador en la vida de este hombre, como todo es revelador en la vida de cualquier hombre, a la luz de propio conocimiento, de la propia verdad. Porque la obra de Jung entregó al hombre del siglo XX, además de muchas otras cosas, la esperanza. 

http://www.elcultural.com/revista/letras/Recuerdos-suenos-pensamientos/14535

Michel Houellebecq - Te amarás



No me gusto. Apenas siento algo de simpatía por mí; y poco y nada de respeto. Es más: no estoy demasiado interesado en mí. Cuando era adolescente, y luego, cuando era un hombre joven, estaba completamente satisfecho conmigo; ya no. La mera idea de contar una anécdota personal me sumerge en un aburrimiento rayano en la catalepsia. Cuando no me queda otra opción que contarla, miento. Paradójicamente, nunca me arrepentí de reproducirme. Incluso se podría decir que amo a mi hijo, y que lo amo más cada vez que reconozco en él los rastros de mis propios defectos. Los veo desplegarse con un determinismo implacable, y me regocijo. Me regocijo sin ninguna modestia al ver repetidas, incluso vueltas permanentes, características personales que carecen de toda peculiaridad rescatable, características por lo general dignas de piedad, cuyo único mérito es ser mías. Es más: ni siquiera son exactamente mías; soy consciente que provienen directamente de ese soberano conchudo: mi padre. Pero nada de eso quita la felicidad que siento. Y esta felicidad es más que mero egoísmo: es más profundo, más indisputable.

Por otro lado, lo que me deprime de mi hijo es verlo desplegar (¿se debe acaso a la influencia de su madre? ¿a los tiempos diferentes en los que vivimos? ¿pura individualidad?) características de una personalidad autónoma, en la que no me puedo reconocer y que me resulta completamente extraña. Lejos de maravillarme por esto, descubro que sólo dejaré en el mundo una imagen tenue e incompleta de mí.

La filosofía occidental no alienta sentimientos de este tipo. Son sentimientos que no dejan margen para la libertad y la individualidad, y aspiran a una repetición tan eterna como idiota. No hay nada original en ellos; son compartidos por la gran mayoría de la humanidad, incluso del reino animal; y no son sino la memoria viva de un instinto biológico arrollador. La filosofía occidental es un entrenamiento largo, paciente y cruel cuyo objetivo es convencernos de que unas pocas ideas malas son correctas. La primera idea es que debemos respetar a otros hombres porque son diferentes a nosotros; la segunda es que tendremos algo que ganar en el momento de nuestra muerte. Hoy, gracias a la tecnología occidental, esta fachada comienza a resquebrajarse. Por supuesto que me clonaré apenas pueda; por supuesto que todos se clonarán apenas puedan. Viajaré a las Bahamas, Nueva Zelanda o las Canarias; pagaré el precio que me pidan (las demandas financieras y morales han contado siempre poco al lado de la demanda de reproducción). Tendré dos o tres clones, igual que ustedes tienen dos o tres hijos. Entre cada nacimiento, dejaré una brecha adecuada (no demasiado ancha, no demasiado angosta). Como el hombre maduro que soy, me comportaré como un padre responsable. Me aseguraré de que mis clones reciban una buena educación. Y después moriré. Moriré sin placer, porque no deseo la muerte. A través de mis clones, habré alcanzado una forma de supervivencia –no completamente satisfactoria, pero superior a la que me hubieran ofrecido los hijos convencionales–. Por el momento, es lo más que la tecnología occidental puede ofrecer.

Mientras escribo, me resulta imposible prever si mis clones nacerán fuera del vientre de una mujer. Lo que aparenta ser, para al neófito, más sencillo (el intercambio nutricional a través de la placenta es a priori menos misterioso que el acto de la fertilización) resultó lo más complicado de replicar. En un futuro en el que la técnica haya progresado lo suficiente, mis futuros chicos, mis clones, pasarán el comienzo de sus existencias en un frasco; y eso me entristece un poco. Me gustan las conchas de mujer, me gusta estar en sus úteros, en la cálida elasticidad de sus vaginas. Comprendo los requerimientos de la técnica; comprendo las razones que llevarán, progresivamente, hacia la gestación in vitro; sólo me permito, en este punto, un ramalazo de nostalgia. ¿Tendrán, ellos, mis queridos pequeños, una debilidad por las conchas? Por su propio bien, eso espero. Existen múltiples fuentes de entretenimiento en el mundo, pero pocos placeres –y pocos de ellos son inofensivos.

Si consiguen desarrollar el frasco, mis clones nacerán sin ombligo. No sé quién fue el primero en utilizar, despectivamente, el término “literatura ombliguista”; pero sí sé que siempre me irritó ese cliché. ¿Qué interés puede haber en una literatura que pretende hablar de la Humanidad excluyendo toda consideración personal? Los seres humanos son mucho más parecidos de lo que pretenden; es más fácil de lo que parece alcanzar lo universal hablando de uno. Y ahí encontramos una segunda paradoja: hablar de uno es una actividad tediosa, incluso repelente; pero escribir sobre uno es, en literatura, lo único que vale la pena hacer, al punto que medimos –en términos tan clásicos como correctos– el valor de un libro de acuerdo a la capacidad del autor para involucrarse personalmente con él. Podrán considerar esto grotesco, incluso enfermizamente inmodesto, pero es así.

Mientras escribo estas líneas, no hago sino mirarme el ombligo, literal y figuradamente. Rara vez pienso en él. Este pliegue de carne porta la marca de un corte, un nudo hecho a las apuradas; es la memoria de las tijeras que, sin debido proceso, me arrojaron al mundo y me dijeron que me cuidara solo. Ustedes tampoco escaparán a esta memoria; ya de grandes, incluso de ancianos, preservarán, intacto, el rastro de ese corte. En cualquier momento, a través de ese hoyo mal cerrado, sus órganos más íntimos podrían desparramarse sobre el mundo. En cualquier momento, podrán yacer muertos como un pez al que matan de una pisada. Recuerden las palabras del poeta: “El cuerpo de Dios se retuerce / ante nuestros ojos / como un pez exhausto / que pisamos hasta matar”.

Pronto estarán allí, oh niños fútiles. Serán como dioses –y no será suficiente–. Vuestros clones podrán no tener ombligo, pero tendrán una literatura ombliguista. Vosotros también seréis ombliguistas. Vuestro ombligo será cubierto de tierra; y la tierra les cubrirá el rostro.

En El mundo como supermercado
Foto: Sophie Bassouls/Corbis
. Entrevista con David Harvey
Lina Magalhães 

¿Para usted, cuál es el elemento central del concepto Derecho a la Ciudad?

Harvey: Es el derecho de hacer la ciudad de la manera que queremos/deseamos. El no tener alrededor de nosotros las fuerzas de la acumulación del capital y este tipo de ciudad que emerge de una muy poderosa elite que esencialmente construye la ciudad de acuerdo con sus propios deseos y el resto tiene que vivir en ella. Entonces el Derecho a la Ciudad es el derecho de todos debatir el tipo de ciudad de sus sueños.


1. ¿Para usted, cuál es el elemento central del concepto Derecho a la Ciudad?
Harvey: Es el derecho de hacer la ciudad de la manera que queremos/deseamos. El no tener alrededor de nosotros las fuerzas de la acumulación del capital y este tipo de ciudad que emerge de una muy poderosa elite que esencialmente construye la ciudad de acuerdo con sus propios deseos y el resto tiene que vivir en ella. Entonces el Derecho a la Ciudad es el derecho de todos debatir el tipo de ciudad de sus sueños.



2. ¿Entonces se puede decir que el Derecho a la Ciudad está estrictamente vinculado al movimiento anticapitalista?
Harvey: El Derecho a la Ciudad es en sí mismo “anti”, el apoderamiento de las clases altas y del capital, pero si él es completamente anti-capitalista es otra cuestión. Existen personas que creen que el capitalismo puede ser construido a partir de tarifas justas, a través de la justicia. Yo no creo en eso. Para mí el concepto de Derecho a la Ciudad es inherentemente y finalmente anti-capitalista, pero esta es mi opinión personal.




3. ¿Por qué es tan importante rescatar hoy en día el concepto de Derecho a la Ciudad, elaborado en los años 60’ por Henri Lefebvre?
Harvey: Yo creo que una buena idea es que el concepto nunca desaparezca. Una de las funciones que nosotros los académicos debemos hacer es preservar buenas formas de conocimientos y yo creo que esta es una buena forma de conocimiento que merece ser preservada. Lo interesante para mí cuando empecé a pensar en cómo preservar este concepto fue que esta idea también ya estaba allá en las calles. Y cuando Lefebvre escribió que el Derecho a la Ciudad era un tipo de demanda que venía de las calles, yo estaba muy interesado en ver que no solo en la ciudad de Nueva York, donde hay un movimiento fuerte por el Derecho a la Ciudad, sino que también en todo el mundo se demanda por el Derecho a la Ciudad.
Tú lo puedes encontrar en Alemania, en Brasil, Sudáfrica, en todo lugar. Eso es intuitivo. Yo creo que de la misma manera las personas en un barrio quieren tener una especie, un sentido de, no exactamente de propiedad del barrio, sino una especie de contribución, de ser alguien ahí, y hacer algo ahí, lo mismo pasa en las ciudades. Yo creo que este es un concepto intuitivo que no desaparece.




4. ¿Cuál es la importancia de este concepto para los movimientos sociales urbanos actuales? ¿Cuál es la relación entre el concepto de Derecho a la Ciudad y los movimientos sociales urbanos?
Harvey: Yo siempre argumenté que los movimientos sociales urbanos son una parte vital de la lucha anticapitalista. Y en el grado que los movimientos sociales comienzan a pensar no solo en las luchas particulares como la anti-gentrificación, o luchas en torno a la educación, a la salud, a los espacios públicos, y etc. El grado en que los movimientos urbanos comienzan a pensar la ciudad como un todo, me parece que llega a un potencial movimiento que puede ser una parte vital de cualquier lucha anti-capitalista, y entonces ellos mismos comienzan a demandar tipos diferentes de ciudades, ciudades no dominadas por el capital, y tampoco dominadas por la búsqueda de lucros, pero dominadas por la búsqueda a la creación de un ambiente que sea abierto a actividades creativas y placenteras.




5. ¿Entonces esta debe ser la estrategia principal de los movimientos sociales urbanos, es decir, reunirse alrededor del concepto de Derecho a la Ciudad y no estar separados en demandas individuales?
Harvey: Yo pienso que cuando los movimientos sociales perciban que ellos mejoran, se profundizan, y se amplían en sus propias causas cuando despierten a otras causas, es cuando surge la idea de hablar de la ciudad como un todo. Pero muchos movimientos encuentran difícil hacer eso. Yo estuve muy cerca de algunos movimientos, y si estas involucrado en un grupo comunitario, las personas dedican 24 horas por día trabajando en esta cuestión, y ellos simplemente no tienen tiempo de pensar como expandir ese movimiento. Cuando hablas con ellos, te dicen “si, es una buena idea, pero no tenemos tiempo para hacer eso”. Yo pienso que si es difícil. Una cosa que intenté hacer como académico fue organizar reuniones dentro y fuera de la universidad con diferentes grupos para que pudiesen dedicar algún tiempo hablando entre ellos. Algunas veces eso ayuda, otras no. Así son los movimientos sociales.




6. ¿Considerando por ejemplo la experiencia del movimiento de la Reforma Urbana en Brasil -que en su trayectoria cometió algunos errores y fracasó en algunos puntos-si usted pudiera aconsejar estos movimientos, que errores pasados deberían evitar?
Harvey: Es muy difícil no cometer los mismos errores. ¡Yo hago eso todo el tiempo! Pero si supiéramos claramente, exactamente lo que deberíamos hacer, entonces sería fácil. El hecho es que actualmente no creo que los movimientos políticos tengan una buena idea de lo que claramente deben hacer. Entonces ellos están buscando, intentando eso, intentando aquello, y entonces es inevitable que no repitan los errores.
La otra cosa respecto a los actuales movimientos sociales es que muchos de ellos no son muy permanentes, son volátiles, efímeros, movimientos que son fuertes en un momento específico y en dos, tres años fracasan, dejan de existir. Y yo pienso que ningún tipo de movimiento social hoy en día posee una organización sólida y permanente que pueda de hecho militar en un futuro lejano. Y eso es verdad incluso en movimientos muy fuertes. En Brasil, por ejemplo, el MST no es tan fuerte hoy como una vez lo fue. Pasó por ciertos cambios, quizás para mejor, quizás no. Yo pienso que los movimientos sociales tienden a perder el flujo y mi impresión en muchas partes del mundo hoy en día es que los movimientos no están tan fuertes, vigorosos como un día lo fueron, quizás en 10 años atrás. La elección de Lula en Brasil cambió el rumbo de algunos movimientos sociales. Aquí, en Ecuador, pasa lo mismo.




7. Ayer usted dijo que la Revolución Urbana es una cuestión fundamental, ¿Por qué es fundamental? ¿Qué es lo que necesitamos de la Revolución Urbana?
Harvey: Una de las cosas que Lefebvre señala allá atrás en los años 60’s-70’s en su libro “La Revolución Urbana”, es el proceso global de urbanización. Y si miras las grandes empresas de la construcción, el diseño de los bancos aquí en Quito, o en Buenos Aires, o en Berlín, se nota que realmente se trata de un proceso global de urbanización. Y eso es un proceso revolucionario. Pero un proceso revolucionario impulsado por el capital. Y si miras lo que pasó con lugares que, a mí modo de ver, una vez fueron lindos y atractivos como Barcelona, tú ves que fueron arruinados por este proceso de urbanización capitalista vigente. Eso es un proceso revolucionario, pero un proceso revolucionario negativo.
Yo estoy muy interesado en la idea de que si el capital puede tener una revolución urbana, una revolución urbana global, ¿Por qué no podemos tener una revolución urbana contraria, una revolución de las personas contra este estilo de urbanización, que está expulsando a las personas de los lugares valiosos, que está empujando la gente al entorno ¿Es que ellos no tienen el derecho al espacio? Ellos tienen que salir de la capital, la tierra debe ser expuesta a los grandes investimentos, objetivando la máxima rentabilidad. Y con la alta renta del suelo en las grandes ciudades del mundo hay muchas personas que no encuentran un lugar para vivir. Eso pasa en Nueva York, São Paulo, Río de Janeiro, en Quito, en todo lugar. Esa es la naturaleza universal de lo que es la revolución urbana para el capital. Y esa revolución necesita ser revertida de alguna manera.




8. Quizás estamos caminando a una Revolución Urbana, a partir de las grandes movilizaciones que irrumpieron en Brasil en junio, en el mismo momento también en Estambul. ¿Podríamos decir que estamos construyendo esta consciencia de una Revolución Urbana anti-capital?
Harvey: Yo creo que es muy importante para la Izquierda darse cuenta de este proceso, de que estos movimientos urbanos tienen un gran potencial de Revolución Urbana. Yo pienso que lo que hemos visto en los últimos años es una revuelta global contra lo que está ocurriendo en las principales las ciudades del mundo. Y cuanto más la Izquierda vea eso, en lugar de hablar de “trabajadores del mundo uníos”, sería “ciudadanos urbanos del mundo uníos” en torno de un concepto diferente de urbanización. Me gustaría que la izquierda pusiese más atención en estos levantamientos. Por otro lado, lo que vemos son estas irrupciones y tres años después no hay ni trazo, ya se han ido. Existe ese problema de continuidad del movimiento anti-capitalista. Pienso que uno de los males es el producto, la naturaleza del proceso capitalista en el cual estamos. El capitalismo es creado del mismo modo que su forma de oposición, que es efímera, incapaz de expresarse en largos plazos.




9. Usted menciona la Izquierda, sin embargo yo siento que estos nuevos movimientos no están asociados a un partido político, a una ideología política. Por ejemplo, en Brasil, en las principales capitales del país, vimos un movimiento autónomo, independiente e incluso que rechaza la asociación a la izquierda. En Brasil se habla ahora de una crisis de la Izquierda, del propio PT (Partido de los Trabajadores de Brasil). ¿Usted entonces considera que esta sería una característica de los nuevos movimientos sociales, de no estar asociado a ninguna ideología o partido político?
Harvey: Sí. Eso es verdad. En el Occupy y en otros movimientos que hemos visto, siento que hay cierta frustración con la izquierda tradicional por no tener una respuesta a varias cuestiones. Con la izquierda tradicional en el poder, como es el caso del PT en Brasil, existe una sensación de que las expectativas no fueron cumplidas. Incluso cuando el partido realiza ciertas políticas de redistribución, la Izquierda en Latinoamérica no desafió los modelos dominantes de acumulación. Lo que hacen es tratar de orquestar actividades distributivas. Eso ocurre en Ecuador, ellos dicen intentar salir del modelo extractivista pero en verdad ellos siguen dependiendo de eso. En Brasil ocurrió cierta redistribución, pero finalmente no desafió las formas dominantes de poder. Entonces hay una cierta frustración con la izquierda tradicional, y creo que las personas ven eso. Esa es la expresión de una profunda frustración con la izquierda tradicional. Sin embargo empezamos a ver la posibilidad de construcción de nuevos partidos y un nuevo sistema político que quizás puedan responder a esto.




10. ¿Entonces estos movimientos no necesitan estar vinculados a ningún partido político?
Harvey: Es siempre peligrosa la manera en que estos movimientos, volátiles y efímeros, trabajan, porque están siempre vulnerables a la captación por líderes carismáticos que les puede llevar a esta o aquella dirección. Lo que estamos viendo es el surgimiento de estos partidos locos en Europa, donde líderes carismáticos intentan captar lo que está ocurriendo en las calles. Entonces debe haber un movimiento hacia una forma más permanente de organización y una visión más permanente del proyecto político, del proyecto político global que tiene que ser. Nosotros no vemos esto ahora, pero creo que algo así tiene que surgir si realmente queremos estar aptos a desafiar el poder globalizado del sistema capitalista.



*Grupo de investigación de Derecho a la Ciudad, Flacso-Ecuador
Fuente: www.herramienta.com.ar
                  
David Harvey (1935 en GillinghamKentInglaterra) es un geógrafo y teórico social británico. Desde 2001, es catedrático de Antropología y Geografía en la City University of New York (CUNY) y Miliband Fellow de la London School of Economics.1
Es uno de los geógrafos académicos más citados y autor de numerosos artículos y libros de gran influencia en el desarrollo de la geografía moderna. En 2007, los analistas Thomson Reuters le incluyó en su ranking de los veinte académicos más citados en las Humanidades. Se autodefine como «urbanista rojo» y afirma pretender «crearle ardor de estómago a la bestia del capitalismo».