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    viernes, 2 de octubre de 2015

    Woody Allen “Me interesan mucho la muerte y el asesinato”

    Cine. ¿Cuánto de la vida tumultuosa de Woody Allen aparece en sus filmes? ¿Alguna vez consideró matar a alguien? A punto de estrenarse su película “Irrational Man”, el director habla de estos temas.

    POR ROBBIE COLLIN


    Por más que lo intente, Woody Allen no puede no ser gracioso. El director, de 79 años, es cortejado por un grupo de periodistas europeos en el Festival de Cannes, y aunque sus pensamientos no puedan ser más sombríos, el tono conserva el brillo de la caricatura.
    “Las religiones, los filósofos, los artistas, todos tratan de venderles humo –dice–. Y no sirve para nada. No importa cuán intelectuales sean tus conversaciones. La vida va a los pisotones justo encima tuyo. Al final, aunque hayas invertido en Platón –su nasal acento neoyorquino convierte el nombre del filósofo en “Play-Doh”–, Nietzsche, o Wittgenstein, vas a morir.” La risa crece. “Saben –continúa, con ojos melancólicos de perro salchicha–, el poeta Auden llamó a la muerte (no recuerdo la frase exacta, pero estoy cerca) ‘el lejano sonido del trueno durante un picnic’. Bueno, yo escucho ese trueno casi todo el tiempo desde que tengo 5 años. Arruinó mi vida por completo.” Es difícil pensar en otro director de cine que haya usado el clamor de la muerte de manera tan astuta y disparatada en contra de sí misma –como un luchador de ju-jitsu enano, volteando a un oponente gigantesco, tomándolo de un pie casualmente extendido. Para Allen, la muerte es la gran cáscara de banana, el báculo del pastor que viene del costado del escenario y se enrosca en tu cuello. Es mortificante en todo sentido, y la pura humillación de estirar la pata ha sido un tema importante en su obra desde los tempranos días en el circuito neoyorquino de stand-up.
    “Mi abuelo era un hombre muy insignificante. En el entierro, su coche fúnebre seguía al resto de los autos.” Ese era un típico chiste corto de una rutina de 1963. Pero no hay duda de que, 52 años y 46 películas más tarde, el tema parece un poco más –¿cómo ser delicado al decirlo?– inmediatamente relevante.
    En su suite en el Hotel Martinez, esa misma tarde, Allen es una presencia más apagada: el fantasma de las películas del pasado, a lo mejor, viene a recordarnos un tiempo en que las películas podían mencionar nombres como Kant o Kierkegaard y confiar que la audiencia no tropezaría con ellos.
    El sol está cubierto por las persianas que bajaron para una entrevista de televisión. El pelo grisáceo de Allen, la camisa de cambray a cuadros azules y los pantalones claros de gabardina brillan de manera espectral en la granulada media luz. Su mente zigzaguea entre Camus, el estar en pareja, el clarinete (las tres cosas, dice, son simpáticas evasiones de lo inevitable) más rápido de lo que le llevaría a uno multiplicar doce por ocho.
    Allen vino a Cannes para el estreno mundial de su último filme, Irrational Man , un batido de asesinato y misterio que llega a los cines del Reino Unido el próximo mes. El filme vuelve a una premisa favorita de Allen –la posibilidad de un asesinato perfecto– que medita los diversos impedimentos logísticos y espirituales para salirse con la suya.
    Joaquin Phoenix tiene un rol protagónico, como Abe Lucas, un profesor de filosofía panzón y en un bajón existencial. Este Raskolnikov de Rhode Island se convence de que la única manera en que podrá sentirse verdaderamente vivo es matando a alguien –y un giro de la fortuna le presenta al blanco ideal.
    Mientras almuerza un día con Jill (Emma Stone), su vivaz estudiante, Abe escucha a una mujer recientemente divorciada hablando dolorosamente a sus amigas sobre la próxima audiencia por la custodia parental. El juez asignado al caso es amigo de su ex-esposo, y los dos han conspirado secretamente en su contra. Como Abe no tiene conexión con el juez, decide que este hombre evidentemente horrible habrá de ser su víctima. En teoría, matarlo constituirá el crimen perfecto. En teoría.
    Allen ya se ha adentrado en estas cavernas morales con anterioridad –de manera brillante en su obra maestra de 1989 Crímenes y pecados y luego, en Match Point y El sueño de Cassandra – de modo que es claro que el tema lo atrapa. Pero aquí, parece estar ejecutado con un amargo giro personal.
    La elección de un juez de familia como merecida víctima de Abe recuerda la batalla por la custodia con Mía Farrow, desencadenada por la relación que el director entabló con Soon-Yi Previn, hija de Farrow de otra relación, y que terminó negando a Allen el acceso a los tres hijos de la pareja. (Allen se casó con Soon-Yi en 1997 y ambos siguen felizmente casados.) Incluso cuando Allen no actúa, su persona cinematográfica emerge en todos sus filmes: en Medianoche en París es el afable guionista de Hollywood interpretado por Owen Wilson, mientras que en Scoop es la desgarbada estudiante de periodismo que interpreta Scarlett Johansson. A lo mejor en Irrational Man el espíritu afín no sea el filósofo sino la madre.
    Haciéndome el tonto, pregunto de dónde vino la idea de asesinar a un juez de familia, y Allen cuenta en detalle la historia de un amigo que intentó demandar a un turbio contratista inmobiliario. “Era injusto y frustrante, pero muy débil comparado a perder a tus hijos”, dice. Cambiar la historia, involucrando una batalla legal por la custodia, dice, fue una decisión que pretendió más bien lograr una mayor solidez dramática, antes que satisfacer un resentimiento personal.
    “Si un juez condena a alguien a la silla eléctrica, o lo manda a la cárcel, no hay nada que puedas hacer –continúa–, pero si es algo vinculado a la familia y se puede ayudar, bueno, eso me pareció lo mejor.” Según este relato, la trama de Irrational Man gira en torno a una ominosa coincidencia… Particularmente porque el filme entró en producción apenas meses después de que Dylan, la hija adoptiva de Allen y Farrow, hablase por primera vez sobre las no demostradas acusaciones de abuso que resonaron en la audiencia por la custodia parental en 1992. ¿Es improbable que Allen tuviese aquello en mente?
    Pero a él no le interesa. “Esta es la historia de mi vida”, se encoje, implicando que no lo es. “Paso toda mi vida diciendo ‘Este no soy yo’, pero el público no quiere escucharlo. Cuando hice Annie Hall , la gente pensaba que era una película autobiográfica. Yo dije ‘Bueno, miren, no es. La inventé, la escribí con Marshal Brickman. Muchos chistes e ideas ni siquiera vinieron de mi lado.’ Pero ellos no quieren saberlo. Hay algo reconfortante, no porque a mí me pase, pero ocurre con ciertas personas, cuando se piensa que las películas le dan a uno la historia verídica.” Dice todo esto de una manera para nada defensiva, con una convicción sólida que me hace sentir un poco tonto por haber preguntado. No me creo ni por un segundo que el paralelo sea una coincidencia, pero es posible –y mientras hablamos, parece probable– que él no haya pensado al respecto.
    Más tarde, recuerdo cómo de manera similar refutaba que Blue Jasmine , el indiscutido éxito en la reciente serie de dramas fatalistas de Allen, tuviese algo que ver con el escándalo Madoff o con Un tranvía llamado deseo , a pesar de que la película se vale del esquema piramidal y que el protagónico de Cate Blanchett funciona como un compuesto de Blanche Dubois y la esposa de Madoff. También repitió aquella vez que se había inspirado en las experiencias del amigo de un amigo. A lo mejor se mueve en un círculo social particularmente desafortunado.
    En lo que Allen sí reflexionó con cierto detenimiento, sin embargo, es en las ideas sobre libre albedrío y culpa que estructuran su última película. Su título proviene de un manual de filosofía de los años 50 –una especie de nihilismo para principiantes– que él describe como “una muy, muy grata lectura en mi juventud”.
    Woody Allen dice que descubrió el existencialismo a través de su primera esposa, lo que parece tener la forma de un chiste de Woody Allen. Se casó con Harlene Rosen, su amorío adolescente, cuando era un escritor de bromas freelance de 19 años, y ella una estudiante de filosofía de 16 años: ella tenía la costumbre de desparramar sus libros de texto por toda la mesa del comedor en su departamento diminuto.
    Allen, habiendo dejado dos veces sus estudios, fue “reclutado para ayudarla” con sus monografías, y descubrió que las mismas ideas que leía con Harlene en Más allá del bien y el mal , de Nietzsche o Temor y temblor de Kierkegaard, aparecían en los filmes de Ingmar Bergman y las grandes novelas rusas que estaba devorando en ese momento. “Siempre eran crisis de vida o muerte, asesinatos, suicidios, asaltos. Entonces era atractivo. Me interesé mucho en eso.” ¿Vivió él mismo según los principios existencialistas, tallando con audacia un camino inconformista a través de un universo sin sentido?
    “A uno le parece que sí –dice incómodo–, me gusta imaginar que todas mis decisiones fueron pensadas en la línea de Temor y temblor . Pero estoy seguro de que fueron decisiones muy prosaicas, de alguien de clase media y llevadas por la necesidad práctica. La verdad es que lo que terminas siendo, lo que yo terminé siendo, es un admirador… sólo un admirador que querría pedir un autógrafo.” Recuerda que visitó París por primera vez en 1965 durante la producción de What’s New Pussycat?, su primer filme como guionista, y que pasó la mayor parte del viaje tratando infructuosamente de arreglar un encuentro con Jean-Paul Sartre.
    “Finalmente encontré un hombre que decía poder juntarnos a los dos por un buen precio, pero yo no podía pagarlo”, dice con seriedad.
    En ese momento, o desde entonces, ¿alguna vez consideró llevar a cabo el crimen perfecto con sus propias manos? “Te lo digo, si empezara matando a una persona, pronto no quedaría nadie más que yo en el mundo”, dispara.
    Los padres de Allen no eran exactamente lo que se dice existencialistas. Como bromea el documentalista en Crímenes y pecados , “donde crecí, en Brooklyn, todos estaban demasiado tristes como para suicidarse.” Su madre Nettie, recuerda, dijo que él se volvió “un chico desagradable, amargo y podrido” a los cinco años, cuando tomó consciencia de su propia mortalidad. Su padre Martin trabajó como taxista, bartender y camarero, “y si no hubiese logrado escribir chistes –dice– estaría haciendo lo mismo.” Pero podía escribir chistes, y a los 16 años, los gags que mandaba a los comediantes y escritores en teatro y televisión le daban más dinero de lo que su padre había ganado nunca.
    El humor, dice, es “algo genético. Siempre fui divertido por alguna razón… No sé por qué. Fue así.” De manera similar, describe su éxito temprano como “suerte, pura suerte… un accidente, de la misma manera que alguien tiene oído para la música o talento para el dibujo.” Reconoce que escribió su material temprano pensando en sí mismo –primero los chistes cortos, después guiones enteros, como Bananas , El dormilón y La última noche de Boris Grushenko , en los que ocurrentes tontines (siempre Allen, por supuesto) tienen éxito con mujeres muy por encima de su categoría. “Las bromas siempre eran sobre cómo conseguir chicas”. El cambio vino, dice, con Diane Keaton, con quien tuvo un breve amorío en 1970, después de incluirla en su producción de Broadway de Play it Again, Sam .
    “Era tan inteligente y divertida que empecé a ver las cosas con su perspectiva, y a escribir para ella –dice–. Y escribí para ella durante años.” Los resultados incluyen Annie Hall , a lo mejor la más fina comedia romántica jamás producida. Allen se sintió tan en deuda con su coprotagonista que, buscando un título, luego de coquetear con ‘Anhedonia’ por un rato, nombró a la película por su nombre. Diane Hall es el nombre de nacimiento de Keaton.
    Emma Stone, que encarna la voz de la razón, todo lo que puede permitirse en el filmIrrational Man , hizo pensar a Allen en Keaton, cuando la vio por primera vez en la comedia de secundaria Easy A , que descubrió accidentalmente mientras hacía zapping corriendo en la cinta.
    “Me recuerda a Diane porque ambas son ilimitadas en su talento”, dice, antes de agregar que Stone tiene una simpatía tan pura como la de June Allyson, un encanto de la Edad Dorada de Hollywood celebrada por la candidez que trasmitía en la pantalla.
    Irrational Man es el segundo filme de Stone con Allen, luego del romance de época del año anterior, Magia a la luz de la luna : “Y me encantaría trabajar con ella de nuevo; es genial”, dice.
    El peculiar equilibrio entre drama ferozmente analítico y risas nerviosas le queda tan bien a Stone como le quedaba a Keaton, Dianne Wiest, Gena Rowlands y Mia Farrow, y Allen describe sus intentos de escribir papeles que ella aceptaría como una “simpática distracción” mientras se acerca al punto inevitable en el que no vendrán más películas de Woody Allen.
    ¿Tiene importancia para él este régimen loco de una película al año que sostiene desdeSueño sexual de una noche de verano en 1982, con el añadido de una todavía no titulada película y una serie para Amazon Prime (“la peor decisión de mi vida”) que saldrá en 2016?
    “¿A quién le importa, al final? –se queja–. Es una distracción, como practicar mi clarinete, ir al cine o mirar a Fred Astaire bailar durante una hora y media.” ¿Y el amor? “El amor es también una distracción. Uno conoce a alguien y es en lo único que puede pensar, después si tiene suerte puede estar felizmente casado 25 o 30 años. Después uno ve algo en una radiografía, acá –apunta a su pecho– y la esposa puede darle a uno cierto consuelo. Pero el consuelo es una curita. No hace nada más. No puede salvarte. Sólo hace las cosas un poco menos horribles.” Sus palabras no son para nada graciosas, pero me estoy riendo.
    © FIFA . Traducción: Andrés Kusminsky

    http://www.revistaenie.clarin.com/escenarios/Wody-Allen-interesan-muerte-asesinato_0_1438056216.html

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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