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    sábado, 24 de octubre de 2015

    La Unión Soviética contra el socialismo Por Noam Chomsky (1986 )



    Cuando los dos grandes sistemas de propaganda mundiales están de acuerdo sobre alguna doctrina, se requiere un esfuerzo intelectual para escapar de sus grilletes. Tal doctrina es que la sociedad creada por Lenin y Trotsky, y moldeada más tarde por Stalin y sus sucesores tiene alguna relación con el socialismo en un sentido preciso históricamente o con significado de este concepto. De hecho, si hay una relación, es la relación de la contradicción.

    Está suficientemente claro por qué ambos enormes sistemas de propaganda insisten sobre esta fantasía. Desde sus orígenes, el Estado Soviético ha intentado aprovechar las energías de su propia población y la gente oprimida de otros lugares en servicio de los hombres que sacaron provecho del fermento popular en Rusia en 1917 para conseguir el poder estatal. Una enorme arma ideológica empleada para este fin ha sido la proclama de que los directivos del Estado están llevando a su propia sociedad y al mundo hacia el ideal socialista; una imposibilidad, como cualquier socialista—seguramente cualquier marxista serio—debería haber entendido a la primera (muchos lo hicieron), y una mentira de proporciones de mamut, como la historia ha revelado desde los primeros días del régimen bolchevique. Los amos han intentado obtener legitimación y apoyo mediante la explotación del aura de ideales socialistas y del respeto que está correctamente acorde con ellos, para ocultar su propia práctica ritual, ya que ellos destruyeron todo vestigio de socialismo.

    Acerca del segundo principal sistema de propaganda mundial, la asociación del socialismo con la Unión Soviética y sus clientes sirve como poderosa arma ideológica para reforzar la conformidad y la obediencia a las instituciones capitalistas, para asegurar que la necesidad del auto-alquiler a los propietarios y directivos de estas instituciones será contemplada virtualmente como una ley natural, la única alternativa a la mazmorra "socialista". Así, el liderazgo soviético se retrata a sí mismo como socialista para proteger su derecho de manejar el club, y los ideólogos occidentales adoptan la misma postura para prevenir la amenaza de una sociedad más libre y justa. Este ataque articulado contra el socialismo ha sido altamente efectivo para minarlo en el periodo moderno.

    Uno debe tomar nota de otro instrumento usado de manera efectiva por los ideólogos capitalistas estatales en su servicio al poder y privilegio existentes. La denuncia ritual de los así llamados Estados "socialistas" está repleta de distorsiones y a menudo de simples mentiras. Nada es más fácil que denunciar al enemigo oficial y atribuirle cualquier crimen: no hay necesidad de tener que cargar con las demandas de pruebas o lógica mientras uno marcha en el desfile. Los críticos de la violencia y atrocidades occidentales a menudo intentan establecer la realidad récord, reconociendo las atrocidades criminales y la represión que existen mientras exponen los cuentos que son mezclados al servicio de la violencia occidental. Con regularidad predecible, estos pasos son interpretados de primeras como apologías del imperio del mal y sus sirvientes. Así se preserva el Derecho a Mentir en el Servicio del Estado, y la crítica de la violencia y atrocidades del Estado es socavada. Vale la pena también mencionar el gran atractivo de la doctrina leninista para la "intelligentsia" moderna en periodos de conflicto o sacudida. Esta doctrina permite a los "intelectuales radicales" el derecho a mantener el poder estatal y a imponer la cruda regla de la "Burocracia Roja", la "nueva clase", en los términos del análisis de Bakunin de hace un siglo. Como en el Estado bonapartista denunciado por Marx, ellos se convierten en "los sacerdotes del Estado", y en la "excrecencia parasitaria sobre la sociedad civil" que dirige con mano de hierro.
    En periodos en los que hay poco desafío a las instituciones capitalistas de Estado, los mismos compromisos fundamentales llevan a la "nueva clase" a servir de directivos e ideólogos estatales, "golpeando al pueblo con el bastón del pueblo", en palabras de Bakunin. No es muy extraño que los intelectuales encuentren la transición desde "comunismo revolucionario" a "celebración de Occidente" tan fácil, volviendo sobre un guión que ha evolucionado de tragedia a farsa durante el pasado medio siglo. En esencia, todo lo que ha cambiado es la valoración de dónde está el poder. La sentencia de Lenin de que "socialismo no es nada sino el monopolio capitalista estatal hecho para beneficiar a todo el pueblo", el cual por supuesto debe confiar en la benevolencia de sus líderes, expresa la perversión del "socialismo" hacia las necesidades de los sacerdotes del Estado, y nos permite comprender la rápida transición entre posiciones que superficialmente parecen diametralmente opuestas, pero que de hecho están bastante cercanas.

    La terminología del discurso político y social es vaga e imprecisa, y constantemente degradada por ideólogos de uno u otro color. Sin embargo, estos términos tienen al menos algún residuo de significado. Desde sus orígenes, el socialismo ha significado la liberación de los trabajadores de la explotación. Como observó el teórico marxista Anton Pannekoek, "esta meta no es alcanzada y no puede ser alcanzada por una nueva clase dirigente y gobernante que sustituye a la burguesía", sino que sólo puede ser "realizada por los mismos trabajadores siendo dueños de la producción". La apropiación de la producción por los productores es la esencia del socialismo, y medios para conseguir esto han sido ideados regularmente en periodos de lucha revolucionaria, contra la amarga oposición de las tradicionales clases dominantes y los "intelectuales revolucionarios" guiados por los principios comunes de directivismo leninista y occidental, adaptados a circunstancias cambiantes. Pero el elemento esencial del ideal socialista permanece: convertir los medios de producción en la propiedad de productores libremente asociados y de este modo en propiedad social de gente que se ha liberado de la explotación de su patrón, como un paso fundamental hacia un más amplio reino de libertad humana.

    La "intelligentsia" leninista tiene una agenda diferente. Ellos concuerdan con la descripción que Marx hace de los "conspiradores", quienes "se apropian del proceso revolucionario en desarrollo" y lo distorsionan para sus fines de dominación; "De aquí su más profundo desdén por un alumbramiento más teórico de los trabajadores sobre sus intereses de clase", los cuales incluyen el derrocamiento de la Burocracia Roja y la creación de mecanismos de control democrático sobre la producción y la vida social. Para los leninistas, las masas deben ser estrictamente disciplinadas, mientras que los socialistas lucharán para lograr un orden social en el cual la disciplina "se convertirá en superflua" ya que los productores libremente asociados "trabajan según su propio acuerdo" (Marx). El socialismo libertario, además, no limita sus intentos al control democrático de los productores sobre la producción, sino que busca abolir toda forma de dominación y jerarquía en cada aspecto de la vida social y personal, una lucha sin fin, ya que el progreso en conseguir una sociedad más justa llevará a nueva intuición y entendimiento de formas de opresión que pueden estar ocultas en la práctica y conciencia tradicionales.

    El antagonismo leninista a los más esenciales rasgos del socialismo fue evidente desde el mismo comienzo. En la Rusia revolucionaria, los soviets y los comités de fábrica se desarrollaron como instrumentos de lucha y liberación, con muchas imperfecciones, pero con un rico potencial. Lenin y Trotsky, al asumir el poder, se dedicaron inmediatamente a destruir el potencial liberatorio de estos instrumentos, estableciendo el mando del Partido, en la práctica su Comité Central y sus Líderes Máximos- exactamente como Trotski había predicho años antes, como Rosa Luxembourg y otros marxistas de izquierda advirtieron en esos momentos, y como los anarquistas habían entendido siempre. No sólo las masas, sino incluso el Partido debía estar sujeto a "vigilante control desde arriba", mantenía Trotsky mientras hacía la transición desde intelectual revolucionario a sacerdote de Estado. Antes de hacerse con el poder del Estado, el liderazgo bolchevique adoptó mucha de la retórica de gente que estaba unida a la lucha revolucionaria desde abajo, pero sus verdaderos compromisos eran bastante diferentes. Esto era evidente antes y se convirtió en clarísimo cuando asumieron el poder del Estado en Octubre de 1917.
    Un historiador simpatizante de los bolcheviques, E. H. Carr, escribe que "la inclinación espontánea de los obreros a organizar comités de fábrica y a intervenir en la dirección de las fábricas fue inevitablemente alentada por una revolución que llevó a los obreros a creer que la maquinaria productiva del país les pertenecía a ellos y podía ser manejada por ellos a su propia discreción y para su propia ventaja" (el énfasis es mío). Para los obreros, como un delegado anarquista dijo, "Los comités de fábrica eran elementos del futuro... Ellos, no el Estado, deberían ahora administrar". Pero los curas del Estado sabían más, y se movieron enseguida para destruir los comités de fábrica y para reducir a los soviets a órganos de su control. El 3 de Noviembre, Lenin anunció en un "Decreto de Refuerzo sobre el Control de los Trabajadores" que los delegados elegidos para ejercitar tal control iban a ser "responsables ante el Estado del mantenimiento del orden y disciplina más estrictos y de la protección de la propiedad". Cuando el año acababa, Lenin señaló que "nosotros pasamos del control de los obreros a la creación del Consejo Supremo de Economía Nacional", que iba a "sustituir, absorber y suplantar la maquinaria del control de los obreros" ( Carr ). "La misma idea de socialismo está encarnada en el concepto de control de los obreros", se lamentó un sindicalista menchevique ;el liderazgo bolchevique expresó el mismo lamento en acción, demoliendo la misma idea de socialismo.

    Pronto Lenin iba a decretar que el liderazgo debía asumir "poderes dictatoriales" sobre los trabajadores, quienes debían aceptar "incuestionable sumisión a una voluntad única" y, "en los intereses del socialismo", debían "obedecer incuestionablemente la voluntad única de los líderes del proceso de trabajo". Mientras Lenin y Trotsky procedían con la militarización del trabajo, la transformación de la sociedad en un ejército del trabajo sometido a su voluntad única, Lenin explicaba que la subordinación del trabajador a "la autoridad individual" es "el sistema que más que ningún otro asegura la mejor utilización de los recursos humanos"- o como Robert McNamara expresó la misma idea, "la vital toma de decisiones... debe permanecer en la cúspide... la amenaza real a la democracia viene no de la demasiada dirección, sino de la poca dirección"; "si no es la razón la que dirige al hombre, entonces el hombre pierde su potencial", y la dirección no es otra cosa que el mando de la razón, lo que nos mantiene libres. Al mismo tiempo, el "faccionalismo"—por ejemplo, cualquier cantidad mínima de libre expresión y organización—era destruido "en los intereses del socialismo", ya que el término fue redefinido para sus propósitos por Lenin y Trotsky, quienes procedieron a crear las estructuras proto-fascistas básicas convertidas por Stalin en uno de los horrores de la edad moderna.

    El fallo al entender la intensa hostilidad hacia el socialismo por parte de la "intelligentsia leninista" (con raíces en Marx, sin duda), y el correspondiente mal entendimiento del modelo leninista, ha tenido un impacto devastador en la lucha por una sociedad más decente y un mundo habitable en Occidente, y no sólo allí. Es necesario encontrar una vía para salvar el ideal socialista de sus enemigos en ambos centros de poder mundiales, de aquellos que siempre buscarán ser los sacerdotes del Estado y los directivos sociales, destruyendo la libertad en el nombre de la liberación.
    Fuente: Our Generation, 1986

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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