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    viernes, 3 de abril de 2015

    El tambor de hojalata Günter Grass (Dossier)





    El tambor de hojalata


    Günter Grass





    «Grass escribe con furia, amor, desprecio, sentido de la comedia y de la tragedia... y todo con una conciencia implacable.»

    John Irving


    Oskar Matzerath, uno de los personajes literarios más entrañables de nuestro tiempo, es un niño que se resiste a crecer porque la sociedad pequeñoburguesa del nazismo no le gusta. También es un malévolo enano que destroza cristales; un ser vulnerable, enamorado siempre de alguna mujer a la que idealiza; un superdotado obsesionado por el sexo; un ser de pestañas negras y bellas manos y un repulsivo jorobado; un asesino por encima de cualquier moralidad que no vacila en eliminar a quien lo molesta pero consigue crear con su tambor una música arrebatadora.

    Publicada en 1959, la novela cosechó un éxito inmediato e inauguró la nueva literatura alemana. Medio siglo después, la fascinación que despierta no ha terminado. Lo que antes parecía provocador, pornográfico o blasfemo resulta casi anecdótico, pero quedan el soberbio estilo, la genialidad, la lucidez de su crítica cruel y la irrefrenable imaginación. Oskar Matzerath sigue redoblando y su redoble continúa estremeciendo.

    «El secreto de Grass radica en el equilibrio precario y único que ha conseguido crear entre su anárquica fuerza imaginativa y su raciocinio artístico superior.» Hans Magnus Enzensberger

    «Un autor que se ha hecho responsable de forma ejemplar de la credibilidad alemana en el mundo.» Adolf Muschg

    «Grass escribe como testigo de su época. Su proyecto literario se erige contra el olvido y el silenciamiento del pasado.» Cecilia Dreymuller

    «A los catorce y quince años había leído dos veces Grandes esperanzas (Dickens hizo que quisiera ser escritor), pero fue la lectura de El tambor de hojalata, a los diecinueve y los veinte, la que me mostró cómo hacerlo. Fue Günter Grass el que me enseñó que era posible ser un escritor vivo y escribir con toda la emoción y el lenguaje desbordado de Dickens.» John Irving

    http://www.alfaguara.com/es/libro/el-tambor-de-hojalata/

                                        Resultado de imagen para el tambor de hojalata frases  

    Günter Grass, en la picota
    MARIO VARGAS LLOSA
    No entiendo las proporciones desmesuradas que ha tomado en el mundo la revelación, hecha por él mismo, de que Günter Grass sirvió unos meses, a los 17 años, en la Waffen-SS y de que ocultó 60 años la noticia, haciendo creer que había sido soldado en una batería antiaérea del Ejército regular alemán.
    Aquí, en Salzburgo, donde paso unos días, no se habla de otra cosa y los periodistas que la editorial Suhrkamp envía a entrevistarme apenas si me preguntan sobre mi última novela, recién publicada en Alemania, porque lo que les interesa es que comente “el escándalo Grass”.
    No tenía la menor intención de hacerlo, pero como ya circulan supuestas declaraciones mías sobre el tema en las que no siempre me reconozco, prefiero hacerlo por escrito y con mi firma.
    No me sorprende en absoluto que Grass ocultara su pertenencia a una tropa de elite visceralmente identificada con el nazismo y que tuvo tan siniestra participación en tareas de represión política, torturas y exterminación de disidentes y judíos, aunque, como ha dicho, él no llegara a disparar un solo tiro antes de ser herido y capturado por los estadounidenses.
    ¿Por qué calló? Simplemente porque tenía vergüenza y acaso remordimientos de haber vestido aquel uniforme y, también, porque semejante credencial hubiera sido aprovechada por sus adversarios políticos y literarios para descalificarlo en la batalla cívica y política que, desde los comienzos de su vida de escritor, Günter Grass identificó con su vocación literaria.
    ¿Por qué decidió hablar ahora? Seguramente para limpiar su conciencia de algo que debía atormentarlo y también, sin duda, porque sabía que tarde o temprano aquel remoto episodio de su juventud llegaría a conocerse y su silencio echaría alguna sombra sobre su nombre y su reputación de escritor comprometido, y, como suele llamársele, de conciencia moral y cívica de Alemania.
    En todo esto no hay ni grandeza ni pequeñez, sino, me atrevo a decir, una conducta impregnada de humanidad, es decir, de las debilidades connaturales a cualquier persona común y corriente que no es, ni pretende ser, un héroe ni un santo.
    ¿Afecta lo ocurrido a la obra literaria de Günter Grass? En absoluto. En la civilización del espectáculo que nos ha tocado vivir, este escándalo que parece ahora tan descomunal será pronto reemplazado por otro y olvidado.
    Dentro de pocos años, o incluso meses, ya nadie recordará el paso del escritor por la Waffen-SS y, en cambio, su trilogía novelesca de Danzig, en especial “El tambor de hojalata”, seguirá siendo leída y reconocida como una de las obras maestras de la literatura contemporánea.
    ¿Y sus pronunciamientos políticos y cívicos que ocupan una buena parte de su obra ensayística y periodística? Perderán algo de su pugnacidad, sin duda, sus fulminaciones contra los alemanes que no se atrevían a encararse con su propio pasado ni reconocían sus culpas en las devastaciones y horrores que produjeron Hitler y el nazismo, y se refugiaban en la amnesia y el silencio hipócrita en vez de redimirse con una genuina autocrítica.
    Pero, que quien estas ideas predicaba con tanta energía tuviera rabo de paja, pues él escondía también algún muerto en el armario, no significa en modo alguno que aquellas ideas fueran equivocadas ni injustas.
    La verdad es que muchas de las tomas de posición de Günter Grass han sido valientes y respetables, y lo siguen siendo hoy día, a pesar del escándalo.
    Lo dice alguien que discrepa en muchas cosas con él y ha sostenido con Günter Grass hace algunos años una polémica bastante ácida.
    No me refiero a su antinorteamericanismo estentóreo y sistemático, que lo ha llevado a veces, obsedido por lo que anda mal en los Estados Unidos, a negar lo que sí anda bien allá, sino a que, durante los años de la Guerra Fría, una época en la que la moda intelectual en Europa consistía en tomar partido a favor del comunismo contra la democracia, Günter Grass fue uno de los pocos en ir contra la corriente y defender a esta última, con todas sus imperfecciones, como una alternativa más humana y más libre que la representada por los totalitarismos soviético o chino.
    Tampoco se vio nunca a Günter Grass, como a Sartre, defendiendo a Mao y a la revolución cultural china, ni buscando coartadas morales para los terroristas, como hicieron tantos deconstruccionistas frívolos en las épocas de Tel Quel.
    A pesar de sus destemplados anatemas contra los gobiernos y la política de Alemania Federal, Günter Grass hizo campaña a favor de la socialdemocracia y prestó un apoyo crítico al gobierno de Willy Brandt en lo que demostró, ciertamente, mucha más lucidez y coraje político que tantos de sus colegas que irresponsablemente tomaban, sin arriesgar un cabello, eso sí, el partido del Apocalipsis revolucionario.
    Mi polémica con él se debió justamente a que me pareció incoherente con su muy respetable posición en la vida política de su país que nos propusiera a los latinoamericanos “seguir el ejemplo de Cuba”. Porque si el comunismo no era, a su juicio, una opción aceptable para Alemania y Europa, ¿por qué debía serlo para América Latina?
    Es verdad que, para muchos intelectuales europeos, América Latina era en aquellos años -lo sigue siendo para algunos retardados todavía- el mundo donde podían volcar las utopías y nostalgias revolucionarias que la realidad de sus propios países había hecho añicos, obligándolos a resignarse a la aburrida y mediocre democracia.
    Grass ha sido uno de los últimos grandes intelectuales que asumió lo que se llamaba “el compromiso” en los años cincuenta con una resolución y un talento que le ganaron siempre la atención de un vasto público, que desbordaba largamente el medio intelectual.
    Es difícil saber hasta qué punto sus manifiestos, pronunciamientos, diatribas, polémicas, influyeron en la vida política y tuvieron efectos sociales, pero no hay duda de que en el último medio siglo de vida europea, y sobre todo alemana, las ideas de Günter Grass enriquecieron el debate cívico y contribuyeron a llamar la atención sobre problemas y asuntos que de otra manera hubieran pasado inadvertidos, sin el menor análisis crítico.
    A mi juicio, se equivocó oponiéndose a la reunificación de Alemania y, también, poniendo en tela de juicio la democratización de su país, pero, aun así, no hay duda de que esa vigilancia y permanente cuestionamiento que ha ejercido sobre el funcionamiento de las instituciones y las acciones del Gobierno es imprescindible en una democracia para que ésta no se corrompa y se vaya empobreciendo en la rutina.
    Tal vez el formidable escándalo que ahora rodea su figura tenga mucho que ver con esa función de “conciencia moral” de la sociedad que él se impuso y que ha mantenido a lo largo de toda su vida, a la vez que desarrollaba su actividad literaria.
    No me cabe duda de que Günter Grass es el último de esa estirpe, a la que pertenecieron un Víctor Hugo, un Thomas Mann, un Albert Camus, un Jean-Paul Sartre.
    Creían que ser escritor era, al mismo tiempo que fantasear ficciones, dramas o poemas, agitar las conciencias de sus contemporáneos, animándolos a actuar, defendiendo ciertas opciones y rechazando otras, convencidos de que el escritor podía servir también como guía, consejero, animador o dinamitero ideológico sobre los grandes temas sociales, políticos, culturales y morales, y que, gracias a su intervención, la vida política superaba el mero pragmatismo y se volvía gesta intelectual, debate de ideas, creación.
    Ningún joven intelectual de nuestro tiempo cree que ésa sea también la función de un escritor y la sola idea de asumir el rol de “conciencia de una sociedad” le parece pretenciosa y ridícula.
    Más modestos, acaso más realistas, los escritores de las nuevas generaciones parecen aceptar que la literatura no es nada más -no es nada menos- que una forma elevada del entretenimiento, algo respetabilísimo desde luego, pues divertir, hacer soñar, arrancar de la sordidez y la mediocridad en que está sumido la mayor parte del tiempo el ser humano, ¿no es acaso imprescindible para hacer la vida mejor, o por lo menos más vivible?
    Por otra parte, esos escritores que se creían videntes, sabios, profetas, que daban lecciones, ¿no se equivocaron tanto y a veces de manera tan espantosa, contribuyendo a embellecer el horror y buscando justificaciones para los peores crímenes?
    Mejor aceptar que los escritores, por el simple hecho de serlo, no tienen que ser ni más lúcidos ni más puros ni más nobles que cualquiera de los otros bípedos, ésos que viven en el anonimato y jamás llegan a los titulares de los periódicos.
    Tal vez sea ésa la razón por la que, con motivo de la revelación de su paso fugaz por la Waffen-SS cuando era un adolescente, haya sido llevado Günter Grass a la picota y tantos se encarnicen estos días con él.
    No es con él. Es contra esa idea del escritor que él ha tratado de encarnar, con desesperación, a lo largo de toda su vida: La del que opina y polemiza sobre todo, la del que quiere que la vida se amolde a los sueños y a las ideas como lo hacen las ficciones que fantasea, la del que cree que la del escritor es la más formidable de las funciones porque, además de entretener, también educa, enseña, guía, orienta y da lecciones. Ésa era otra ficción con la que nos hemos estado embelesando mucho tiempo, amigo Günter Grass. Pero ya se acabó.
                                     

    Günter Grass: “El Tambor de Hojalata”.-

    Reseña General Crítica:

    “Hoy tengo treinta años; la fuga y el proceso quedan atrás. Pero el miedo que durante la fuga yo mismo me inculqué sigue subsistiendo”.
    (Ibd. Günter Grass. Op. Oscar) 
    Esta primer- y gran novela- de del Nobel 1999 , Günter Grass, ha pasado a ser considerada un clásico del siglo XX que destaca, a juicio del acucioso y autorizado lector que aquí celebra al autor, como “fascinante y vigorosa y terrible”, en la que resuenan los horrores del nazismo y que se erige como “un enorme fresco grotesco acerca de la condición humana”.

    Sinopsis Argumentativa:

    El día de su decimotercera cumpleaños, Oscar decide dejar de crecer, no solo eso, es el día en que recibe su primer tambor de hojalata, objeto que se convertirá en su compañero inseparable por el resto de su vida. El día de su decimotercera cumpleaños, Oscar decide dejar de crecer, no solo eso, es el día en que recibe su primer tambor de hojalata, objeto que se convertirá en su compañero inseparable por el resto de su vida. El protagonista de la novela Oscar Matzerath desdeña cada tabú de la sociedad que contempla desde su aislamiento, se entrega al lúcido vértigo, a la delirante inteligencia oculta tras su apariencia infantil. Oscar tiene un poder casi mágico, podía romper el vidrio a voluntad con su agudo chillido. Es precisamente Oscar Matzerath quien actúa como narrador de la historia y nos cuenta sus días pasados desde un hospital para enfermos mentales.
    Los temas principales de El Tambor de Hojalata son la infidelidad, lo siniestro/monstruoso, el sentimiento de culpa, el desarraigo y la soledad, los límites a las convenciones sociales, el temor, los parámetros sociales de la locura; y  el olvido, el pasado y el desamparo de la Posguerra.
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    Opinión Aquileana:

    El tambor de Hojalata es una novela grandiosa, que seguramente sea la que mayormente haya influido en la concesión del Premio Nobel a su  autor. La moraleja de esta colosal novela- de 655 páginas, que va desde los años de Preguerra a los años de Posguerra- es que el supuestamente anormal Oscar es, en definitiva,  el único sano en un mundo donde prevalecen las apariencias, las mentiras y los crímenes. Tal vez sean estos los dos motivos más fuertes para no dejarla pasar. Altamente recomendable, desde ya.-
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    Günter Grass. Premio Nobel de Literatura 1999.-
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    Frases de “El Tambor de Hojalata”:

    “…Y si, en cuanto embrión sólo me había escuchado imperturbablemente a mí mismo y había contemplado mi imagen reflejada en las aguas maternas, con espíritu tanto más crítico atendía ahora a las primeras manifestaciones espontáneas de mis padres”.
    “Mi obra era pues, de destrucción. Y lo que no lograba destruir con mi tambor, lo deshacía con mi voz. Así vine a iniciar, al lado de mis empresas de día contra la simetría de las tribunas, mi actividad nocturna: durante el invierno del treinta y seis al treinta y siete jugué al tentador”.
    “A María le entró sed… Oscar hace constar que fue María la que, después de una pausa opresiva, cogió la bolsita. Y no sólo esto, sino que le arrancó la tirita de papel exactamente allí donde decía: Rómpase aquí. Luego me tendió la bolsita abierta. Esta vez fue Oscar el que se rehusó, dando las gracias. María logró ofenderse”…
    “Arranqué unos redobles a mi tambor, para alegrar la cosa un poco y alejar los negros pensamientos del señor Fanjnglod. Pero éste conservó las arrugas, tenía su mirada no sé donde, y lo único que no veía era mi tambor. Oscar abandonó la partida y ya no se oyeron sino el crujir de las ruedas de la carretilla y los sollozos de María”.
    “Como ustedes habrán tenido ya ocasión de observar anteriormente, la forma más cómoda de considerar las cosas, o sea mi ángulo de comparación, hallábalo yo desde debajo de la mesa”.
    “Y sólo cuando el anochecer exprimió el cielo de octubre de una llovizna oblicua y un crepúsculo color de tinta cuando la emprendieron una vez más de prsia y sin gana, contra un mojón lejano que se abnegaba en la oscuridad y, liqudado éste, abandonaron la partida”.
    “Ya no volvió. Del hecho de que antes de irse vaciara de un solo trago su vaso de refresco puede deducirse que el vaciar el vaso significa Adiós“.
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    “El Tambor de Hojalata”/ “Die Blechtrommel”: La Película.-

    Basada en la más famosa novela del escritor y premio Nobel de literatura Günter Grass. 1979: Oscar a la mejor película extranjera. Cannes: Palma de Oro Ex-Aqueo con “Apocalipse Now”)

    Ficha Técnica “El Tambor de Hojalata”:


    Título Original: Die blechtrommel.
    Reparto: Mario Adorf, Charles Aznavour, Andrea Ferreol, David Bennent, Angela Winkler. 
    Director: Volker Sclondorf.
    Origen: Alemania/ Francia (Coproducción).
    Género: Drama.

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    Links Post: http://sololiteratura.com/quin/quingunter.htm
    http://www.monografias.com/trabajos5/tamho/tamho.shtml
    http://www.interplanetaria.com/ficha.php?id=hojalata
    http://es.movies.yahoo.com/e/el-tambor-de-hojalata/index-23871.html
    http://www.slayerx.org/2003/01/16/el-tambor-de-hojalata-gunter-grass/#comment-314513
    ___________https://aquileana.wordpress.com/2008/03/04/gunter-grass-el-tambor-de-hojalata-die-blechtrommel/_________________


    El Tambor de Hojalata


    " y la gente que vivía bajo ese mismo cielo, era muy parecida en todas partes, cientos o miles de millones de personas como aquella, personas que ignoraban mutuamente sus existencias separadas por muros de odios y mentiras"

    Gûnter Grass
    El tambor de hojalata



    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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