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    miércoles, 25 de marzo de 2015

    "Las ideas existen y tienen poder" Alain Badiou



    "Las ideas existen y tienen poder"

    Por Pedro B. Rey

    El filósofo francés sostiene que las propuestas y los deseos de los ciudadanos son fundamentales para buscar caminos políticos distintos al de la hegemonía norteamericana y que ser de izquierda, actualmente, consiste en manejarse con convicciones, resolver problemas concretos y saber dejar preguntas abiertas

    El historiador de la cultura Jacques Barzun decía, no sin ironía, que para ser considerado un renacentista basta, en nuestros tiempos especializados, con ser un neurólogo que toca el violín, navega a vela y está más o menos al tanto de las últimas novedades editoriales. Si se abandona la pretensión de ser como los hombres del Cinquecento, Alain Badiou bien podría ser la versión contemporánea de un renacentista. Además de su influyente tarea como filósofo, es matemático, novelista y dramaturgo. Se interesa por la estética o el cine, la ciencia, el psicoanálisis o la política con el mismo rigor. Esta curiosidad es sin duda reflejo de sus postulados filosóficos, que consideran que hay cuatro "verdades" sobre las que se apoya la filosofía y sin las cuales ésta sería un mero formalismo: el arte, la ciencia, la política y el amor. "Militante sin partido", es también un actor permanente en los debates sociales donde -sostiene- se juega nuestro devenir colectivo. 


    -¿Qué efectos tuvo en Francia la firme oposición a la intervención en Irak?
    El perfil

    El Mayo Francés

    Alain Badiou nació en Marruecos en 1937, en una familia francesa que retornó a París cuando él tenía cinco años. Estudió en la prestigiosa Ecole Normale Supérieure y -tras participar en el Mayo francés- enseñó durante treinta años en la Universidad de Vincennes.

    Filosofía y literatura

    Influido por Platón, Hegel, Lacan y Gilles Deleuze, presenta su filosofía en El ser y el acontecimiento , donde las matemáticas se entrelazan con el potencial innovador de cada situación singular. También escribe teatro y novelas.
    -Yo creo que, en primer lugar, inauguró un nuevo momento histórico en la relación entre Francia y Alemania. Es la primera vez que ambos países toman posiciones conjuntas que se oponen a la política norteamericana. Y es evidente que (Jacques) Chirac hubiera dudado mucho en presentar batalla en el Consejo de Seguridad de la ONU sin el respaldo alemán. A mí, en cuanto filósofo, lo que más me interesa, sin embargo, es el movimiento intelectual y espiritual que puede resultar de ese encuentro. Sobre todo en el contexto de la crisis de lo que llamaría las viejas nacionalidades. En los dos países hay una crisis de nacionalidad muy fuerte y creo que, frente a la construcción lenta y burocrática de Europa, esto puede ayudar, si no a una fusión, al menos a un trabajo en común. Francia y Alemania pueden mostrar que hay otras posibilidades que van más allá de seguirle los pasos a Estados Unidos y a una economía planetaria.

    -Pero, ¿cuál sería ese camino? 


    -Lo que yo propongo no es la combinación de dos Estados, sino la creación de una figura, de un espacio nuevos. Aunque en un comienzo no sea más que una declaración de principios, un espacio así tendría efectos subjetivos muy fuertes. No es fácil, pero creo que hay que tener la valentía de hacerlo.

    -¿No es contradictoria su propuesta con el proceso de integración de la Unión Europea?

    -No creo que haya contradicción entre una cosa y la otra. No imagino una muralla Francia-Alemania. De hecho, imagino una iniciativa abierta a la que otros países podrían sumarse.

    -Siendo la inmigración una fuente de recelo en Europa, ¿qué papel jugaría en el futuro?

    -La inmigración es algo muy favorable. Imagine un obrero de origen senegalés: por un lado participa de la vida francesa; por otro, no forma parte de la antigua historia de la nacionalidad. Son europeos, europeos nuevos, un poco como los inmigrantes que hicieron los Estados Unidos o la Argentina.

    -¿A lo que me refería es si estos aspectos positivos de la inmigración pueden ser asumidos sin conflictos por los europeos? 

    -Ese es un combate que, en términos filosóficos, yo llamo: "lo abierto". ¿La idea de la UE es una concepción abierta o cerrada? Abierta quiere decir que los aportes extranjeros se consideren positivos. Ahora, siempre existen actos reflejos reaccionarios, asociados a la vieja nacionalidad de la que hablaba antes. En un nuevo espacio, la aceptación de los extranjeros va a ser mucho más simple.

    -Para ser un intelectual crítico, suena bastante optimista. 

    -Soy optimista porque creo que las propuestas, la creación y las ideas existen y tienen poder. Si se tiene una idea, hay que expresarla y trabajar a favor de ella. Que ocurra finalmente lo que uno desea, en cambio, es algo que no puedo asegurar.

    -La invasión de Irak, ¿es un momento crucial en ese cambio? ¿Qué piensa de este período de posguerra? 

    -Nunca creí en las razones que se dieron para esta guerra de invasión y siempre pensé que agravaría el estado en esa zona del mundo. En el fondo, sólo se trató de una simple demostración de fuerza. Pero siempre imaginé que iba a ser complicado porque es muy fácil destruir un Estado pero muy difícil fabricar otro.

    -En su Etica (1993), usted realizó una dura crítica de lo que denominaba la ideología de los derechos humanos. ¿Es el de Irak un caso modelo? 
    -El tema de los derechos humanos -y déjeme decirle que mi postura está lejos de ser cínica al respecto- es de primera importancia. Pero eso difiere mucho de tener una policía internacional y militar autoproclamada. ¡Qué duda cabe!: Saddam era un criminal. Pero, ¿cuál es la situación de los derechos humanos hoy en Irak? Es desastrosa. Queda claro, en éste y otros casos previos, que los derechos humanos sirven de coartada para obtener el apoyo de la opinión pública. Creo que la época de las intervenciones en nombre de los derechos humanos está un poco terminada. Es una de las lecciones de esta invasión. La gente vio con sus propios ojos lo que significa la ocupación de un país por un ejército. También el tema de las imágenes fue muy importante. Durante la Guerra del Golfo, la política norteamericana consistió en suprimir las imágenes. Esta vez decidieron lo contrario, pero no fue por pura generosidad. En gran medida se vieron obligados a mostrarlas por la presión de la opinión pública.

    -¿Podríamos decir que, para usar sus propios términos, el poder de lo subjetivo le torció el brazo a lo objetivo? 

    -Exactamente. Es una prueba de que las posturas subjetivas pueden ser no sólo una protesta moral. También tienen eficacia política.

    -En la Argentina, la subjetividad tuvo un papel destacado en los comienzos de la crisis y hoy parece haber cedido espacio. ¿Cómo ve lo que sucede aquí?

    -La Argentina está en un viraje de su historia política, está inaugurando un nuevo período. Cuando digo período no me refiero a la crisis, la caída de un presidente, nuevas elecciones? Todos esos son acontecimientos. Un período es algo mucho más prolongado. Y hacia dónde se dirigirá es algo que sólo podrá verse en una década. Los acontecimientos importantes son siempre un poco oscuros para los propios actores. Es natural que haya en un principio un fuerte sacudón subjetivo y que esto después se reduzca. Es el ritmo de la historia. De hecho, me parece que va a haber otras instancias parecidas. Lo importante es saber si esto se va a abrir a una nueva subjetividad general. Al menos, podemos decir que la Argentina comienza a abandonar sus viejas mitologías, como la de ser un país muy rico.

    -En la Argentina volvieron a los primeros planos términos como ideología o izquierda. Usted proviene de ese ámbito, pero ¿qué significa hoy, a principios de este nuevo siglo, ser de izquierda? 


    -Desconfío de la palabra izquierda, como francés, porque me recuerda la izquierda oficial, la de los partidos. No soy de izquierda en ese sentido porque están demasiado comprometidos con los mecanismos de poder. Soy de izquierda, en todo caso, en el sentido más general. ¿Qué es ser de izquierda? Es estar convencido de que hay que crear un camino político y económico diferente del dominante. Es una convicción que se sostiene más allá de si las circunstancias son negativas o propicias. En ese sentido, diría que los partidos de la izquierda oficial franceses no son de izquierda: están resignados al orden establecido. Tampoco es la hipótesis de una revolución, una idea que se volvió turbia.

    -En ese sentido, no parece haber un proyecto de poder. 
    -Sobre el poder, la izquierda sólo tenía ideas revolucionarias. Y la única forma conocida era el régimen de partido único. Esa forma mostró todos sus límites. Hoy es una hipótesis política muerta. Es algo que no puede entusiasmar a la gente. No habrá más revoluciones de ese tipo. La otra forma es la democrático-capitalista. No hay a la vista una tercera hipótesis. Por eso creo que se vive la etapa de construcción subjetiva de un proyecto nuevo que, a estas alturas, no puede presentarse como posibilidad de poder. Es de afirmación, de resolución de problemas concretos. Una de las grandes debilidades del comunismo era justamente la de presentarse como algo que tenía respuestas para todo. Hay que manejarse con convicciones y principios, tomar posición pero, a la vez, saber dejar las preguntas abiertas. 


    http://www.elortiba.org/badiou2.html#Alain_Badiou:_Las_ideas_existen_y_tienen_poder_

    Existencia y valor de lo sin-valor

    [Fragmentos de "Ocho tesis sobre lo universal", conferencia pronunciada en noviembre de 2004 y publicada en la revista Acontecimiento, Buenos Aires, octubre de 2005] 

    Por Alain Badiou

    Llamamos "enciclopedia" al sistema general de saberes predicativos internos a una situación, o sea aquello que todos sabemos sobre la política, los sexos, la cultura o el arte, la técnica, etcétera. Hay ciertas cosas, enunciados, configuraciones, fragmentos discursivos, que no son decidibles, en cuanto a su valor, a partir de la enciclopedia. Tienen un valor incierto, flotante, anónimo: constituyen el margen de la enciclopedia. Es todo lo que está en el régimen ambiguo del tal vez sí, tal vez no. Es aquello de lo que se puede hablar interminablemente, bajo la regla –enciclopédica– de la no-decisión. En este punto, el saber no puede decidir. Como ocurre hoy, por ejemplo, con Dios. Podemos sostener con naturalidad que existe "algo", o quizás no. En nuestras sociedades, Dios tiene un valor de existencia inasignable, es una vaga espiritualidad. O como ocurre también con la posible existencia de "otra política". Se habla de ella, pero no vemos aparecer nada. O incluso, con los obreros indocumentados que trabajan aquí, en Francia. ¿Componen ellos este país, Francia? ¿Son ellos de aquí? No, porque no tienen los documentos que certifiquen que son franceses, o legales. La palabra "clandestino" designa la incertidumbre del valor, o el no-valor del valor. Son gente que está aquí, pero no son verdaderamente de aquí. Y son, por consiguiente, expulsables; lo que quiere decir que se encuentran posiblemente expuestos al no-valor del valor (obrero) de su presencia.
    Fundamentalmente, aquello que decide en una zona de indecidibilidad enciclopédica es un acontecimiento. De manera más precisa, tenemos una forma implicativa: toda subjetivación real del acontecimiento, que desaparece en su aparecer, implica que aquello indecidible en la situación ha sido decidido. Tal es el caso, por ejemplo, de la ocupación de la iglesia de Saint-Bernard por los "sin papeles", que proclama públicamente la existencia y el valor de lo sin-valor, y donde se afirma que los que están aquí son de aquí, y que por lo tanto se debe abandonar la expresión "clandestino".

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    La materialidad inaugural de una singularidad universal es el enunciado del acontecimiento. El fija el presente del sujeto-pensamiento, que es la trama de lo universal. De este modo, se borran tanto las circunstancias de un encuentro amoroso –del cual, de una u otra manera, el enunciado "te amo" fija su presente subjetivo– como el encuentro mismo. Por lo que una síntesis disyuntiva indecidible fue decidida, y ligada, en cuanto a la inauguración de su sujeto, a las consecuencias del enunciado del acontecimiento.

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    La denegación reactiva del acontecimiento, la máxima "nada tiene lugar más que el lugar" es el único medio de atentar contra una singularidad universal. Ella descalifica las consecuencias y anula el presente del procedimiento. Pero es incapaz de anular la universalidad de la implicación misma. Por ejemplo, si la Revolución Francesa a partir de 1792 es un acontecimiento radical enganchado por la declaración inmanente de que la revolución es una categoría política, entonces es verdad que el ciudadano no está constituido más que por la dialéctica de la Virtud y el Terror. Esta implicación está fuera de alcance, y es universalmente transmisible, por ejemplo, en los escritos de Saint-Just. Evidentemente, si la revolución no es nada, la virtud como disposición subjetiva tampoco existe y sólo queda el terror como hecho insensato, al cual hay que juzgar moralmente. La política desapareció. Pero no la universalidad de la implicación que dispone.

    --

    Como la subjetivación es la de las consecuencias, hay una lógica unívoca de la fidelidad, que constituye una singularidad universal. Debemos remontarnos aquí hasta el enunciado del acontecimiento. Recordemos que él circula en la situación, con el título de entidad indecidible. Hay consenso sobre su existencia y, a la vez, sobre su indecidibilidad. Ontológicamente, es una de las multiplicidades que componen la situación. Lógicamente, es de valor intermediario, no decidido. Lo que pasa en tanto acontecimiento no concierne ni al ser en juego en el acontecimiento ni al sentido de este enunciado, sino únicamente a eso que habrá sido decidido, o decidido verdadero, cuando era indecidible; o que, sin valor significativo, habrá tomado un valor excepcional. Como el clandestino que muestra su existencia en Saint-Bernard.


    Página/12

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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