Por  | 
Destacados | 7.01.13
Hoy se conmemora el 70 aniversario del fallecimiento de Nikola Tesla, uno de los científicos más reivindicados de la Historia. Pionero en grandes avances eléctricos a finales del siglo XIX, Tesla fue ninguneado por sus propios compañeros de profesión, declarado “enemigo” por Thomas Edison, quien llegó a apropiarse de algunas de sus ideas, y acabó sus días en el olvido. Desde hace algunos años su trascendencia está siendo revalorizada gracias a la incorporación de su nombre y biografía en multitud de artículos, ensayos, páginas web, películas, cómics y hasta videojuegos. Uno de los mayores impulsores de esta difusión en España es Miguel A. Delgado, responsable de las ediciones de Yo y la energía yFirmado: Nikola Tesla (Escritos y cartas, 1890-1943), ambos volúmenes publicados por el sello Turner.

Miguel A. Delgado (foto del autor)
Segundo libro sobre Nikola Tesla. ¿Te sientes parte responsable del fenómeno que se ha desatado en los últimos tiempos?
Creo que Yo y la energía contribuyó, sin olvidar la propia fama de Tesla, a la popularidad del personaje en España. Pero era algo que estaba en el ambiente, tampoco nos inventamos nada, ya existía un interés. Es verdad que resultó sorprendente la recepción del libro, tanto en los medios como en librerías. Hay gente que se dedica desde hace tiempo a divulgar la figura y proezas del inventor, pero que por primera vez se tradujeran al español textos del propio Tesla ha sido un salto cualitativo. Turner, con los tres libros que lleva publicados sobre él, y yo como responsable de dos de ellos hemos aportado nuestro granito de arena.
Quienes no teníamos referencias sobre Tesla le veíamos casi como un personaje de ficción, de hecho su figura ha creado todo un imaginario a través del cine, el cómic, pero no ubicábamos su trascendencia en el mundo científico.
No es extraño que lo pudiéramos considerar un personaje de ficción, porque sería factible. Su vida parece escrita por un guionista de Hollywood. Lo que lo hace tan atractivo es que, incluso los que no venimos del mundo de la ciencia, descubrimos a un personaje con un potencial narrativo  impresionante. Tesla configuró muchos estereotipos que han quedado fijados en el colectivo. Desde luego el más marcado es el del científico loco con acento extranjero que hace cosas raras. Pero también está el de maldito, el de olvidado, el de perdedor… Conocíamos a Tesla sin saber que lo conocíamos. Tiene, como pocos, ese punto que le enlaza con otros campos: la literatura, el cine, etcétera. Cuando se descubre al personaje real te enganchas a su historia y, curiosamente, lo empiezas a ver en todas partes porque aparece en un montón de sitios. Puede sonar a obsesivo, pero es así.
Con Yo y la energía, donde ofreces una visión panorámica de su vida y su influencia en la ciencia y en la cultura, nos damos cuenta de la gran herencia que dejó Tesla. Muchas de las cosas que forman ya parte de nuestra vida surjen de sus trabajos. Incluso internet podría interpretarse como una idea adaptada de sus proyectos de comunicación en red.
Quizás sería exagerado, pero cuando uno lee sus textos de 1900 ve que tenía muchas intuiciones de por dónde iba a ir la tecnología. Fue un auténtico visionario. El mundo aún estaba electrificándose con cables de la forma tradicional y él ya estaba viendo más allá y valorando el potencial de lo inalámbrico. Hay una entrevista de los años 20 incluida en Firmado: Nikola Tesla en la que hace una exposición de cosas que él ve que van a ocurrir y que, con el tiempo, se hicieron realidad. Comenta que recibiremos las noticias de manera instantánea mediante un aparato que podremos llevar en el bolsillo de un chaleco, o que veremos a distancia y en directo la toma de posesión de un presidente. Tuvo muchas intuiciones. Mientras Marconi simplemente inventa la radio quedándose como un sistema de transmitir información de manera sencilla, Tesla va más allá con una idea global de transmisión. Quizás lo que le perdió fue ese punto de no poder concretar los inventos para comercializarlos. No trabajaba en esa línea, pero eso es lo que le hace un científico tan actual. También lo hace todo lo que respecta a su preocupación sobre el medio ambiente. En 1900 ya alertó sobre el agotamiento de los recursos fósiles, cuando nadie se preocupaba en buscar energías alternativas como la eólica, la solar, la geotérmica, opciones que propuso y que en aquella época sonaban muy marcianas.
¿Crees que lo que falló fue precisamente eso, vivir en una época que no le correspondía?
En parte lo creía así, pero en la presentación de Yo y la energía José Manuel Sánchez Ron me corrigió, porque, dijo, Tesla es un hijo de su tiempo. Y es así, totalmente. Era la época de los grandes avances científicos y tecnológicos. Tesla dijo aquello tan famoso de “el presente es de ustedes, pero el futuro es mío”, y algo de eso hay. Muchas de sus ideas no han sido comprendidas hasta bastantes décadas después. Fíjate que a Tesla se le empieza a reivindicar en Estados Unidos en la época de la contracultura, en los años 60. Eso no es casual.
Su madre era inventora, o sea que el oficio ya le venía de familia.
Sí, pero era inventora como tantas madres. Él mismo escribió que su madre, analfabeta, era una fuerza de la naturaleza que conseguía llevar la casa a diario. Estaba inventando aparatitos todo el tiempo, cosas que le hiciesen más llevadero el trabajo doméstico. La gran inspiración de Tesla fue su madre. Heredó ese gen para enfrentarse a problemas y encontrar soluciones. No deja de ser curioso que recibiera más inspiración de su madre que de su padre, que era sacerdote ortodoxo y con una gran formación humanística. Ese gen también estaba presente en otros miembros de su familia. Existió un sobrino que viajo a Estados Unidos con una idea para el sistema de dirección de los coches, y que acabó vendiendo a la industria automovilística de Detroit.
Tesla no supo gestionar su talento.
Para nada.

Nikola Tesla (foto: D. P.)
Vendió sus patentes a precio de risa, inventaba pero no comercializaba…
Tenía ideas pero no se preocupaba por convertirlas en algo que se pudiera comercializar. Edison era el gran anticipador de lo que sería el siglo XX y, si me apuras, el XXI. Hay una línea que une a Edison con Steve Jobs, sin ir más lejos. No estoy de acuerdo con quienes comparan a Tesla con Jobs. El cofundador de Apple tenía intuiciones, veía hacia dónde iban a ir las cosas y creaba objetos comercializables. Y eso era lo que hacía Edison. Descubre un sistema para grabar la voz humana y reproducirla. ¿En qué se traduce esto? En que se necesitará un aparato que se pueda vender. Si no es así, el descubrimiento no sirve para nada, no interesa. Lo mismo si hablamos de la bombilla. Tesla tuvo grandes visiones, incluso de aparatos ya construidos, pero no los traducía en cosas  fáciles de comercializar. Hubo ocasiones en las que inversores y amigos le apremiaban para desarrollar unos osciladores que podían tener muchas aplicaciones; o incluso la lámpara fluorescente, con la que comenzó a trabajar pero sin acabar de llevar a cabo un sistema comercial, al final fueron otros los que lo lograron. Si se hubiese cubierto las espaldas con inventos fáciles de fabricar y vender, habría conseguido una fortuna que le permitiera acometer otros proyectos más ambiciosos. Hasta el propio motor eléctrico y la generación y distribución de la corriente alterna a largas distancias acabó consiguiéndose porque Westinghouse se involucró poniendo en marcha el sistema. Tesla no pensaba en inventar aparatos, sino en cambiar el mundo. Tenía una visión global. Le fallaba el punto de vista empresarial. Y en un momento donde imperaba el capitalismo que conocemos de primera mano, estaba claro que era complicado salir adelante sin proyectos que no ofrecieran beneficios.
Cuando pensaba en aparatos tampoco tenía en cuenta las dificultades de producción para poder fabricarlos, eran auténticos armatostes.
Y necesitaban de muchísima inversión. Una de las razones por las que Tesla acabó regalando las patentes fue porque la Westinghouse no podía permitirse invertir en la fabricación de esas nuevas tecnologías, teniendo, además, la oposición frontal de Edison. Ahora nos cuesta entenderlo, pero hablamos de cambios revolucionarios como la llegada de la electricidad a las casas. Nos parece que ha estado ahí siempre. Electrificar un país es una inversión descomunal antes siquiera de empezar a recibir beneficios. El proyecto del Niágara fue una genialidad, pero necesitó reunir a todas las grandes fortunas de Estados Unidos para sacarlo adelante.
En Yo y la energía te hiciste cargo de la introducción, que acabó siendo la mitad del volumen, y de la selección de textos escritos por Tesla. Me llamaron la atención los dos primeros, más biográficos, los otros, artículos publicados en revistas especializadas, son muy técnicos y para muchos neófitos en materia de ciencia y tecnología pueden ser algo tediosos. Con sus artículos biográficos se reafirma lo que explicas en tu introducción, sirven para complementar la información previa.
Esa era la idea. En ese momento no sabíamos que habría otro libro. Buscaba que fuera un compendio de todo el personaje, con el que se entendiera la reivindicación de Tesla en nuestros días y su vigencia. “Mis inventos” que es uno de los textos que más habían circulado por internet con traducciones voluntariosas realizadas por seguidores, da la medida del personaje. Se lo encargó Hugo Gernsback, el creador del término “ciencia-ficción” y gran admirador suyo, en un momento en que Tesla ya había salido del primer plano, para que los jóvenes conocieran su trayectoria y sus invenciones. Quedó incompleto porque se acabó cansando, no estaba satisfecho con lo que le pagaban…, era un personaje bastante complicado de tratar. Es cierto que, como dices, el segundo texto resulta más árido, pero expone la visión científica y tecnológica que tenía Tesla y en ese sentido era necesario para ofrecer el puzle completo.  Sin embargo, quedaban muchísimos matices por tocar. Eso es lo que hemos hecho en Firmado: Nikola Tesla. Aquí ponemos más énfasis en el Tesla personaje, en sus contradicciones, en su capacidad de opinar sobre absolutamente todo lo que se le ocurre, a veces con sus disparates, a veces con sus genialidades, e incluso con sus luces y sus sombras, porque a Tesla le ocurrieron dos cosas malísimas: el ninguneo que hizo olvidar su nombre y la canonización por parte de sus seguidores que le han llevado al otro extremo. Tesla, como recordaba Sánchez Ron, era un hijo de su tiempo, con todo lo que eso conlleva, y también tenía una salud mental problematica, algo que se percibe en sus textos. Pero ese problema le enriquece. La transcripción del discurso que ofreció en la entrega de la medalla Edison me parece una pieza literaria maravillosa, pero si pensamos en que la medalla se otorgaba a personalidades que hubieran hecho una gran aportación a la ingeniería eléctrica, el discurso es un auténtico disparate maravilloso, surrealista y de gran locura. Ahí radica la fascinación, que no deja de ser la misma que muchos sentimos hacia los científicos excéntricos. Esto era lo que queríamos captar con el segundo libro.
Hacer una biografía de Tesla sin recurrir a sus propios escritos, reproduciéndolos, es inevitable.
Sí, pero es un campo de minas. Lo ves cuando va contando un mismo hecho de manera diferente con el transcurso de los años. No miente, es su propia memoria la que tergiversa las cosas. Era muy consciente de su personaje. Y lo cultivaba. El problema es saber ver a través de eso. Para ello es importante conocer los testimonios de la gente que lo conoció. Y de esos hay muchos. En su momento de gran apogeo, durante la década de 1880, tuvo tanta presencia en la prensa como Edison. Su popularidad se empezó a apagar con la entrada del siglo XX, pero antes los periodistas buscaban su opinión y luego la contrastaban con la de Edison, para mostrar la rivalidad entre los dos científicos. Lo curioso es que hay mucho material que sigue apareciendo. Por ejemplo, la correspondencia con J. P. Morgan no se conoció hasta que no se abrió al público hace treinta o cuarenta años. Tuvimos que esperar a que se clasificara todo el material de Tesla que se envió al Museo de Belgrado para acceder a él… Y todavía hoy sigue apareciendo documentación en colecciones de correspondencia, en donaciones…
¿Cómo has hecho la selección de escritos y cartas?
Hay mucho material, como te contaba. Con los escritos, dejamos de lado todos los de tipo técnico, porque eso ya lo habíamos publicado en Yo y la energia. Son difíciles, arduos, y Turner no es una editorial especializada en libros técnicos, no publican manuales científicos. Ese fue un criterio para comenzar a trabajar. Luego tratamos que quedaran representados los distintos aspectos de la vida de Tesla, de su pensamiento, de sus obsesiones, incluyendo textos autobiográficos, de asuntos que le preocupaban, como la comunicación con Marte, sobre lo que escribía periodicamente… Siempre procuramos escoger el mejor texto, cubriendo todos estos temas. Incluimos algunos sobre política internacional, como el artículo sobre la intervención soviética en la guerra civil española; u otro sobre cómo podrían defenderse los etíopes de la invasión italiana. Hay uno en el que traduce un poema francés del siglo XIII en el que aparece la descripción de un objeto que, según él, podría ser una brújula, otro sobre su opinión respecto a la Ley Seca. También un texto maravilloso dirigido a una niña en el que recuerda a su gato de la infancia. Es un caleidoscopio en el que quedan reflejados sus distintos matices. En cuanto a las cartas, dejando de lado las de negocios, que podrían tener interés para una tesis pero no para un libro divulgativo, hemos escogido correspondencia en la que se pudiera ver su relación con los inversores, con sus compañeros de trabajo, amigos, familiares. Constatamos, mediante todo este material, que no se le puede reducir a un solo cliché: ni al de loco, ni al de genio, ni al de perdedor, ni al de triunfador. Es muchas cosas a la vez.
Estos dos últimos años internet se ha convertido en una olla a presión sobre Tesla, llegando a impulsar iniciativas muy valiosas.
Tesla ha conseguido algo de atención en España. El año pasado la Real Academia de Ciencias Exactas presentó una exposición con algún material y se vieron desbordados por la afluencia de público. En Estados Unidos sí que se ha desatado una locura exagerada. Se han juntado muchas cosas. Hay una gran desconfianza con la historia oficial y, en general, con la manera en que funciona el mundo. El descubrir que hay una historia “no oficial”, que al auténtico revolucionario de la tecnología no lo conoce nadie porque ha sido silenciado su nombre en función de una serie de intereses en los que la energía libre y gratuita, o muy barata, no son concebibles, conecta con esa desconfianza que existe por los poderes y las cosas establecidas. Es uno de los motivos por los que Tesla se ha convertido en un icono para mucha gente, a veces fuera del sentido común, haciéndole víctima de conspiraciones delirantes. Hay quien escribe libros y logra infinidad de seguidores que creen en ideas como la de que, efectivamente, Tesla era un extraterreste, o que fue asesinado para que un nazi asumiera la presidencia de los Estados Unidos. Sobre este tipo de información podemos encontrar cantidades inimaginables en la Red. Como contrapartida, gracias al trabajo voluntario de interesados en este hombre de ciencia, hemos podido acceder a mucho material hasta ahora inédito. Que la tecnología sea la principal vía mediante la que se recupere el nombre de Tesla no deja de ser paradigmático.
José A. Muñoz

CADA VEZ MAS ACTIVISTAS PREOCUPADOS POR RECUPERAR ALGO FUNDAMENTAL EN LA RED: EL ANONIMATO. TOR, ORIGINALMENTE THE ONION ROUTER.


EL PROYECTO TOR

Internautas anónimos


 Por Esteban Magnani
Si en el pasado reciente el desafío para espías (o gerentes de marketing) pasaba por conseguir información, en la actualidad pasa por ordenarla. Es que los usuarios de Internet dejan (intencionalmente o no) rastros acerca de ellos y sus amigos permanentemente en redes sociales, correos electrónicos, fotos subidas, visitas a páginas web, mapas virtuales y demás. Las masivas cantidades de información recopiladas en servidores de distinto tipo (desde Facebook, hasta Google, pasando por Twitter) hacen que la cuestión ahora sea poder darle un sentido. La agotada metáfora del gran hermano de George Orwell resulta arcaica y remite a un método mucho más artesanal: ya no es necesario el ojo consciente y vigilante, sino que alcanza con un ojo bobo, una página web, una red social, que guarden los rastros que vamos dejando para, el día de mañana, si es necesario, procesarlos en busca de datos. Sistemas de reconocimiento automático de rostros con los que deliraban autores de ciencia ficción de hace un par de décadas son una realidad al alcance de un niño que maneje la web. Alcanza con aparecer, aunque sea casualmente, en algún registro digital para que, quien se tome el trabajo, sepa dónde estuvimos determinado día.
¿Pero realmente se usa esa información? Por lo pronto, las publicidades que aparecen en Facebook o Gmail, entre otras, se basan en las páginas que navegamos y que denotan nuestros intereses. Si bien la publicidad a medida es algo invasiva, no afecta la seguridad personal. Lo que sí preocupa es que son evidencia clara de que la información está y puede ser utilizada tanto por regímenes totalitarios para perseguir opositores como en países democráticos –sobre todo desde la caída de las Torres Gemelas, cuando muchas libertades y derechos civiles quedaron supeditados a una doctrina de seguridad nacional–. Por ejemplo, Twitter anunció recientemente que en los primeros seis meses de 2012 recibió más solicitudes del gobierno de EE.UU. de información sobre usuarios que en todo el año pasado. Uno de los que más repercusión tuvieron fue el reciente pedido de un juez de Nueva York para que le entreguen los tweets de un activista de Occupy Wall Street llamado Malcolm Harris.
Cabe aclarar, claro, que pese a este panorama intimidante, la mayoría de la gente sigue viviendo tranquila y contando en Facebook que le ha cortado el pelo a su cachorro.

WIKILEAKS Y DESPUES

Uno de los mayores defensores de Julian Assange y sus famosos Wikileaks es Jacob Appelbaum. Este investigador de seguridad informática estadounidense, activista por la libre circulación de la información, vivió en carne propia lo que ocurre cuando se atrae la atención de los servicios de Inteligencia de los EE.UU. tras hablar en nombre de Wikileaks, en una serie de conferencias en 2010. Desde entonces, cada vez que entra y sale del país es sometido a extensos interrogatorios acerca de, por ejemplo, su opinión sobre la guerra de Afganistán.
Uno puede decir “brechtianamente” que aún no han llamado a nuestra puerta, pero la cuestión es que las herramientas para un nuevo totalitarismo en formato digital están al alcance de manos poderosas. Por dar un ejemplo cercano, entre muchos posibles, el conocido gurú de la cultura libre, Richard Stallman, aseguró luego de su última visita que no volvería a la Argentina porque este país empezó a usar el registro de identificación biométrica Sibios en sus fronteras, algo que considera “un sistema de control y vigilancia” porque permitirá ubicar a cualquier persona. El argumento de éste y otros gobiernos es que la información solo se usará para reforzar la seguridad nacional. ¿Qué pasaría con esa información si volviéramos a tiempos de terror?
Un indicio lo dan países totalitarios donde la red es controlada por servicios de Inteligencia nacionales, la mayoría de las veces con tecnologías producidas en países que, supuestamente, condenan esos totalitarismos. Por ejemplo, la firma francesa Bull vendió al gobierno libio de Khadafi sistemas para espiar opositores poco antes de que el gobierno de Sarkozy bombardeara el país. Un ejemplo más pedestre son las amenazas de corte de servicio que proveedores de Internet ya hacen llegar a usuarios estadounidenses porque bajan archivos protegidos por derechos de autor.
Por eso es que hay cada vez más activistas preocupados por recuperar algo fundamental en la red: el anonimato. El mencionado Appelbaum es parte del equipo que desarrolla el proyecto Tor, uno de los muchos sistemas informáticos que ayudan a seguir usando Internet en forma anónima.

TOR

En la red no solo se acumula la información que uno deja voluntariamente, sino también otra de la que no se tiene conciencia. Cada vez que navegamos por Internet, enviamos un mail, etc., debemos indicar a dónde devolver la información solicitada para que la respuesta pueda encontrarnos. Esa información, cuya sigla es IP (Internet Protocol), contiene datos sobre el país de origen, el servidor utilizado y, con un poco de conocimiento y acceso a cierta información, el lugar físico preciso del emisor, lo que permite conectar el mundo virtual con el real. Esta información es almacenada por los proveedores de Internet por un tiempo: los europeos están obligados por ley a registrar los sitios que navegaron sus usuarios y en EE.UU. está previsto que se lo comience a hacer en las distintas leyes sobre derechos de autor que se vienen discutiendo, aunque la mayoría de las empresas ya lo hace aun sin estar obligada.
El proyecto Tor justamente busca hacer confusa la información acerca de quién navegó qué página. Lo que hace es aprovechar las computadoras de otros usuarios del software, quienes las habilitan como nodos, para “pedir” los paquetes de información como si fueran para sí mismos, pero los reenvían al verdadero remitente, por lo que resulta muy complejo saber quién está detrás de cada pedido.
Tor tiene varios tipos de software para distintos niveles de seguridad, que se pueden descargar de torproject.org. El más accesible para cualquier usuario es el Tor Browser Bundle, que dispone de un navegador Firefox retocado que usa nodos de la red Tor como canales para acceder a Internet. Como explica el argentino Tomás Touceda, uno de los miembros del proyecto Tor, “el sistema es usado por mucha gente, desde servicios de inteligencia y militares, a agentes encubiertos trabajando dentro de organizaciones de tráfico de personas que necesitan comunicarse de manera segura. También lo usan periodistas de ciertas partes del mundo que ponen en peligro su vida al navegar por Internet o incluso gente común y corriente que no necesita ser anónima, pero elige serlo, gente que quiere poder informarse leyendo más diarios que los que le permite su país, etc.”, repasa Touceda en base a la información que algunos usuarios dan en el blog del proyecto. Justamente, en junio pasado, la Fundación Khnight otorgó un premio de 320.000 dólares al proyecto para que desarrolle herramientas informáticas que protejan la identidad de los periodistas, “uno de los grupos más amenazados del mundo online”. La idea es desa-rrollar herramientas que no dejen rastros durante la navegación o en archivos y sortear los bloqueos que puedan existir.
En Tor trabajan para cubrir también servicios como puede ser el correo electrónico o para hacer lo más anónimo posible el rastro que deja, por ejemplo, la tipografía que uno selecciona en el navegador y que queda registrada cuando uno visita un sitio. “El problema de privacidad es muy complejo y Tor Project trabaja en ciertos aspectos de él”, explica Touceda y continúa: “Eso no significa que Tor te sirva sólo para navegar; sirve para muchas otras cosas, el tema es: ¿qué querés proteger del correo electrónico? ¿Cuánto estás dispuesto a hacer para realizar las tareas de forma segura y privada? Primero hay que saber qué se quiere proteger para entender cómo protegerlo. ¿‘Seguridad’ significa que no querés tener accidentes en tu casa? Por ejemplo, ¿significa que no querés resbalarte en la ducha, o significa que no querés que alguien entre y te robe?”.
Además de dar un servicio, desde Tor se busca difundir entre los usuarios los riesgos de no proteger la privacidad en Internet. Según Touceda “Tor juega un papel clave en esta área. Algunas de las personas del grupo no solo se concentran en las herramientas que se construyen, sino también en educar con charlas por todas partes del mundo. El problema es que el mundo es muy grande y Tor es un grupo muy chico en comparación”.
Mientras tanto, los usuarios siguen dejando información sobre su vida virtual en los servidores, la mayoría sin consecuencias visibles, aunque será el tiempo el que diga si hicieron bien o no.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/futuro/13-2800-2013-01-13.html
The Onion Router, en su forma abreviada Tor, es un proyecto cuyo objetivo principal es el desarrollo de una red de comunicaciones distribuida de baja latencia y superpuesta sobre internet en la que el encaminamiento de los mensajes intercambiados entre los usuarios no revela su identidad, es decir, su dirección IP(anonimato a nivel de red) y que, además, mantiene la integridad y el secreto de la información que viaja por ella. Por este motivo se dice que esta tecnología pertenece a la llamada darknet o red oscura.
Para la consecución de estos objetivos se ha desarrollado un software libreespecífico. Tor propone el uso de encaminamiento de cebolla de forma que los mensajes viajen desde el origen al destino a través de una serie de routers especiales llamados 'routers de cebolla' (en inglés onion routers). El sistema está diseñado con la flexibilidad necesaria para que pueda implementar mejoras, se despliegue en el mundo real y pueda resistir diferentes tipos de ataque. Sin embargo, tiene puntos débiles y no puede considerarse un sistema infalible.
No es una red entre iguales (peer-to-peer) ya que por un lado están los usuarios de la red y por otro lado los encaminadores del tráfico y algunos de los cuales hacen una función de servicio de directorio.
La red funciona a partir de un conjunto de organizaciones e individuos que donan su ancho de banda y poder de procesamiento.

Historia


Creado en 2003 por Roger DingledineNick Mathewson y Paul Syverson surgió como la evolución del proyecto Onion Routingdel Laboratorio de Investigación Naval de los Estados Unidos (por eso se dice que es la segunda generación de onion routing). Inicialmente4 financiado por el Laboratorio de Investigación Naval de los Estados Unidos. A finales de 2004 pasó a ser patrocinado por la Electronic Frontier Foundation, la organización de defensa de libertades civiles en el mundo digital, hasta noviembre de 2005. Actualmente el proyecto Tor está en manos del 'Tor project' una organización sin ánimo de lucro orientada a la investigación y la educación, radicada en Massachusetts y que ha sido financiada por distintas organizaciones.5 Actualmente el proyecto está formado por un equipo6 liderado por Roger Dingledine.
En marzo de 2011 el proyecto Tor fue galardonado por la Free Software Foundation como Proyecto de beneficio social por 'Usando software libre, permitir que más de 36 millones de personas a lo largo del mundo tengan una experiencia de libertad de acceso y de expresión en Internet manteniendo su privacidad y anonimato'.

Aplicación y limitaciones


El objetivo principal de Tor (no logrado al 100%) es conseguir que internet pueda usarse de forma que el encaminamiento de los mensajes proteja la identidad de los usuarios. Es decir, persigue que no se pueda rastrear la información que envía un usuario para llegar hasta él (su dirección IP). El uso más habitual de Tor es aprovechar sus características para lograr cierto grado de privacidad en la navegación web en internet. Sin estar especialmente diseñado para ello, pronto se descubrió que Tor también hace más difícil la labor de programas que intentan censurar y/o monitorizar el acceso a cierto tipo de contenidos. Todo esto ha provocado que Tor sea muy usado en entornos en los que los comunicantes están especialmente motivados en proteger su identidad y el contenido de sus comunicaciones (Ej. conflictos políticos, restricciones en la difusión y acceso a ciertos tipos de contenido, comunicación de información confidencial etc.)
7 Observar que el enrutado anónimo no asegura el que la entidad origen sea desconocida para la entidad destino. Esto es debido a que los protocolos de nivel superior pueden transmitir información sobre la identidad. Por ejemplo un servicio web puede usar cookies o simplemente pedir que nos identifiquemos. Cuando queremos un anonimato a nivel de aplicación es bueno configurar el cliente adecuadamente y protegernos usando proxys que modifican los contenidos en este sentido. Por ejemplo para conseguir más privacidad cuando navegamos por la web es recomendable configurar el navegador adecuadamente (Ej. deshabilitando cookies, no permitiendo plugins JavaFlash o ActiveX, o deshabilitando el historial) y redirigir el tráfico hacia un proxy web intermedio (Ej. privoxy o polipo) que nos filtre contenido que puede ser aprovechado para violar nuestra privacidad (Ejcookies o cabeceras HTTP que puedan ser usadas para identificar).
La red Tor cifra la información a su entrada y la descifra a la salida de dicha red (encaminamiento de cebolla). Por tanto el propietario de un router de salida puede ver toda la información cuando es descifrada antes de llegar a Internet, por lo que aunque no pueda conocer el emisor sí que puede acceder a la información. Esta debilidad ha sido aprovechado por algunos atacantes. Por ejemplo Dan Egerstad, un sueco experto en seguridad informática, creó un servidor en la red Tor y controlando toda la información que salía por él hacia Internet, pudo conseguir contraseñas de importantes empresas, embajadas de todo el mundo y otras instituciones. Para paliar esta debilidad y asegurarnos de que nadie accede a la información que se está enviando, es recomendable usar un protocolo que provea cifrado al protocolo de aplicación como SSL). Por ejemplo para tráficos HTTP es recomendable usarlo sobre SSL (HTTPS).
Como hemos comentado Tor es usado principalmente para ocultar la identidad de los usuarios que utilizan servicios habituales de internet. Sin embargo también proporciona características que permiten la comunicación interactiva de entidades que quieren ocultar su identidad (mediante los llamados puntos de encuentro) y proveer servicios ocultando la identidad de la entidad que provee dicho servicio (mediante los llamados servicios ocultos).
VER MAS: http://es.wikipedia.org/wiki/Tor





EL FESTÍN DEL LENGUAJE

La odisea literaria de James Joyce







Alfredo Alzugarat
EL 8 DE OCTUBRE de 1904 Joyce tomó la decisión más importante de su vida. Junto a Nora Barnacle, que será la compañera de sus días, abandona su Dublín natal. Emprende su exilio voluntario llevando consigo unas escasas pertenencias de segunda mano y once capítulos manuscritos de Stephen Hero, un embrión de lo que luego será Retrato de artista adolescente. Ha comprendido que su vocación de escritor acabará por traicionarse si no halla pronto formas expresivas que solo podrá encontrar lejos de la parálisis cultural y de la asfixia que reina en Irlanda. Tiene 22 años y hasta entonces ha sido un destacado estudiante, distinguido por sus conocimientos enciclopédicos y su amplio registro de lecturas. Por lo temprano de su decisión, su exilio es considerado emblemático para decenas de escritores que a lo largo del siglo XX siguieron su camino.
Para Giorgio Melchiori (Roma, 1920), un especialista en obras de Shakespeare y Joyce recientemente fallecido, es el punto de partida para los nueve ensayos que agrupa en este libro titulado Joyce, El oficio de escribir.
EL LARGO ADIÓS A DUBLÍN. Reñido con la estética realista dominante en su tiempo, el joven Joyce admiró a Henrik Ibsen, quien, desde su drama Casa de muñecas en adelante, era considerado por sus coetáneos como un inmoral. Escribe sobre él su primer ensayo, "Cuando despertamos a los muertos", que, ofrecido a una prestigiosa revista, llega a manos del dramaturgo noruego, quien le escribe agradeciéndole. Joyce recibió la carta como un desafío. Un año más tarde, después de aprender noruego, le respondió en su propio idioma. Quizá ese fue el comienzo de su magnífica competencia con las lenguas, cuya consecuencia última será su obra Finnegans Wake. Pasados otros dos años, ganándose la vida como escribiente en un banco de Roma, manejará con toda soltura cuatro idiomas a la vez. Pronto escribirá sus cartas en italiano.
Los primeros años del exilio llevaron a Joyce y a Nora a Zurich, a Trieste (donde nació Giorgio, su primogénito), a Pola, a Roma y otra vez a Trieste donde en 1907, a causa de su afición a la bebida, es conducido al hospital de pobres de esa ciudad con un ataque de fiebre reumática que terminará afectando su vista. En los mismos días y en el mismo lugar será internada su esposa para dar a luz. La salud de Joyce y la de su hija recién nacida, Lucía, condicionarán buena parte de su existencia desde ese momento. Sin embargo, es también en este año cuando con un cuento magistral, "The Dead", termina de escribir Dublineses.
El origen de estas narraciones breves fue casual. Todavía en Irlanda, el poeta George Russell, condolido por la indigencia de Joyce, le ofrece escribir "algo simple, rural, vivo, patético" para el periódico The Irish Homestead, órgano de la Sociedad para la Organización Agrícola Irlandesa. Joyce aceptó y publicó el primero de sus relatos, "The Sisters" (Las hermanas) bajo el seudónimo Stephen Daedalus, nombre que con ligeras modificaciones corresponde al protagonista de Retrato… Todo parece indicar que Joyce claudicaba a intereses puramente comerciales. No era para menos si se tiene en cuenta la fuga que estaba preparando. Pero no era verdad. Los cuentos le significaron un compromiso ético e ideológico para desenmascarar una realidad que le resultaba insoportable, a la vez que le eran útiles para el tolstoiano propósito de convertir la "aldea" en metáfora del mundo y de la condición humana.
Escritos con extrema economía, precisión verbal y minucia realista, anécdotas en apariencia insignificantes aspiraban a volverse emblemáticas. Para ello le bastaba extender el plano de la ciudad sobre su mesa de trabajo, apoyarse en el recuerdo de un detalle y recurrir a su talento para dotarlo de significado universal. A medida que los escribía, la idea de una unidad coherente que los reuniera va tomando forma. Serán tres tríadas ligadas a las edades del hombre y una cuarta tríada sobre aspectos de la vida urbana. Entre los últimos, el retrato del traicionado líder nacionalista Charles Stewart Parnell, señala "la muerte de Irlanda", la imposibilidad de la redención. El libro en su conjunto intenta ser una explicación de su destino, una visión desde la distancia que exhibe la amarga realidad que lo ha empujado al exilio. Pero también encierra una perspectiva entonces tan alta como insospechada: uno de los cuentos diseñados pero no escrito, "Ulises", será el germen de su futura novela.
La próxima obra completada será Retrato de artista adolescente, en realidad un autorretrato que se desdobla, donde el yo del pasado es observado por el yo del presente. Aunque proyectó cincuenta capítulos redujo el libro solo a cinco, para establecer una correlación con el Pentateuco. El exilio voluntario es trasladado aquí al protagonista que, de ese modo, tiende a asimilarse con el judío errante. O con el exiliado a perpetuidad, el Ulises homérico.
LA MODERNA ODISEA. A esa altura todo parece apuntar hacia su gran novela, la más recordada de su obra. Es más, la idea de escribir Ulises está en su mente y así lo confiesa en una carta de 1906, pero tardará catorce años en concretarla. Solo cuando tuvo clara la perspectiva de publicarlo por entregas en The Litlle Review de Nueva York, se puso a trabajar sistemáticamente en él. Entre 1916 y 1920 el libro avanzó hasta el décimo tercer capítulo pero entonces el número de la revista fue confiscado y quemado por obsceno.
Hubo que esperar a julio de ese año para que finalmente Sylvia Beach, en su célebre librería Shakespeare and Company del centro de París, asumiera el riesgo de publicarlo íntegramente. Era, con todo, el lugar más indicado, un antro de la bohemia donde se reunían muchos de los que creían integrar las vanguardias de la época: Samuel Beckett, Ernest Hemingway, Ezra Pound, Man Ray, y también André Gide, Paul Valéry y Jacques Lacan. Joyce había llegado hasta allí tras recibir una invitación de Pound para pasar una semana en París, pero se quedó veinte años.
Dividió su novela en tres partes estableciendo un claro paralelismo con La Odisea de Homero. A la Telemaquia, protagonizada por el Stephen de Retrato…, para Joyce un yo del pasado cada vez más lejano, le sigue el viaje propiamente de Odiseo, el del judío Leopoldo Bloom, de treinta y ocho años, que recorre Dublín perseguido por el pensamiento de la infidelidad de su mujer, el suicidio de su padre y el de su hijo de pocos años. La tercera parte se asimila a la vuelta de Ulises a Ítaca, centrada en la reunión familiar donde se encuentran Bloom y Stephen y que preside Molly, la esposa y la madre, la Penélope de la novela, encarnación del eterno femenino. Según algunos críticos, la coincidencia de hijo, padre y mujer (Espíritu Santo) simboliza también la Trinidad cristiana. La jornada elegida en la vida de Bloom es la del 16 de junio de 1904, fecha de la primera cita del escritor con Nora Barnacle.
En una carta a Carlo Linati, Joyce afirma que su obra "es la epopeya de dos razas (Israel-Irlanda) y al mismo tiempo el ciclo del cuerpo humano y también una pequeña historia de una jornada (vida)." En otra misiva de 1918, esta vez dirigida a Frank Budgen, la define como "una Odisea moderna" y como "la épica del cuerpo humano, la suma de todas las experiencias físicas del hombre." Para Giorgio Melchiori este último es "el sentido fundamental de la novela y la clave en la que hay que leerlo, más allá de cualquier otra consideración acerca de las indudablemente vistosas experiencias innovadoras en el terreno lingüístico y de técnica narrativa que polarizan la atención del lector." El ensayista reproduce en su libro los dos esquemas que el irlandés elaboró para explicar su obra: el dirigido a Linati y el llamado "esquema Gorman" que escribió en inglés para Valery Larbaud.
Dublín, la ciudad natal de Joyce, es otra vez escenario de fracasos. La clave autobiográfica identifica al exilado Joyce con el judío errante Leopoldo Bloom, exiliado en su propia patria porque nunca ha podido integrarse a plenitud en ella. El juego autobiográfico se complejiza aún más: si en Retrato… narrador y personaje representaban al mismo Joyce en distintas edades, en Ulises la representación será a través de los dos personajes, de Stephen y de Bloom. A partir del tercer episodio el protagonista está realmente solo frente a sí mismo, su mente es su único interlocutor. El autor despliega entonces por completo el mecanismo del fluir de la conciencia. La acción permite descubrir las contradicciones que coexisten en su interior.
El prodigio técnico se complementa con el virtuosismo en el lenguaje. Según Melchiori hay en Joyce "una atenta y encarnizada exploración de todas las posibilidades de la lengua, llevada a cabo con un riguroso sentido de su evolución histórica, de las aperturas reveladoras que ofrecen sus deformaciones, de la naturaleza polisémica de cada conjunto de fonemas. El ocasional juego de palabras, la onomatopeya, cada deformación verbal, está en función del tejido de signos general y carece de vida al margen de ese contexto."
LA HISTORIA, LAS LENGUAS. Joyce tenía cuarenta años cuando publicó Ulises. Tendría que esperar al cumpleaños número cincuenta y siete, el 2 de febrero de 1939, para ver en letras de molde su última obra, Finnegans Wake. La lentísima maduración y redacción de la obra revela dificultades físicas (casi ciego, esperando nuevas intervenciones quirúrgicas que lo alivien) pero sobre todo es índice de la desmesurada ambición con que la elabora.
En la novela, en una aldea colindante con Dublín, junto a un río y un monte antropomorfizados, el tabernero Humphrey Chimpden Earwicker sueña, y por su sueño se desliza el flujo de la historia universal. Las metamorfosis del protagonista y su mujer forjan la trama. H.C.E. es también Here Comes Everybody, es decir, Cada Uno, por lo tanto será Adán, Noé, Cromwell, Napoleón, Parnell y hasta el hombre cotidiano encarnado en el personaje de una conocida balada popular. A la vez, su mujer, Anna Livia Plurabelle, es soñada como representación de todas las mujeres, incluida la viuda de su gran amigo Italo Svevo.
Pero la recuperación de la historia es posible solo a través de la palabra. La obra es el verdadero festín del lenguaje al que Joyce aspiró desde su exilio y desde su capacidad políglota. Lejos de suponer un caos verbal, una desintegración del lenguaje, el texto hace posible la exploración semántica, la aspiración a contener el mayor número de significados a su alcance. Cerca de cuarenta lenguas, las más conocidas, concursan en la obra.
En Finnegans Wake, Joyce quiso remontarse a las fuentes primarias del lenguaje y, por tanto, de la cultura humana. Desde su óptica esa cultura inicial solo podía ser la inglesa. Las lenguas restantes se convierten entonces en tributarias del idioma inglés procurando enriquecerlo. Melchiori admite en todo caso la presencia de un nuevo idioma, el finneganés, pero niega una y otra vez, de modo tajante, que resulte imposible de decodificar, que se trate de un monumento a la incomunicabilidad. En vez de desintegración hay que hablar de reintegración, afirma. Es curioso cómo al filo del gran cataclismo que fue la Segunda Guerra Mundial alguien procura aumentar las posibilidades de comunicación e imagina una armonía de lenguas y culturas diferentes ante un mundo devastado y una humanidad más fragmentada que nunca.
Es otra vez una carta del autor la que suministra a Melchiori el mayor caudal interpretativo de la obra. "Habría podido escribir esta historia al modo tradicional. Cualquier novelista sabe la receta", le dice Joyce a Eugéne Jolas, quien después será uno de sus biógrafos. "Pero intento construir diversos planos narrativos con un único objeto estético. ¿Ha leído alguna vez a Lawrence Sterne?", concluye Joyce. En la mención al autor de Tristram Shandy, el ensayista italiano señala una precisa indicación metodológica, el empleo de la digresión, considerada como el instrumento más estimado para el novelista del siglo XVIII. El hilo narrativo será entonces apenas visible, continuamente interrumpido por anécdotas, sermones, tratados, documentos jurídicos y toda clase de material accesorio. En última instancia, un juego de vocablos y de estilos.
Las dos obras mayores significan una ruptura del modelo de narrativa tradicional. Joyce opone un relato experimental al realismo de Joseph Conrad o de Henry James y para hacerlo recurre al siglo XVIII, a autores rechazados y olvidados por atrevidos y radicales. Al ya mencionado Sterne se podría añadir Jonathan Swift, Daniel Defoe y muchos otros. La crítica ha reconocido en general la incidencia de la técnica satírica de Los viajes de Gulliver, que Joyce supo llevar hasta sus últimas consecuencias. No ha sucedido lo mismo con la influencia de Sterne, al parecer un hallazgo exclusivo de Melchiori.
En 1993 el estudioso Danis Rose anunció la publicación de un libro póstumo de Joyce con el sugerente título de Finn`s Hotel, el nombre del local en el que Nora Barnacle oficiaba de camarera cuando conoció al escritor irlandés. Constaría de siete cuentos o esbozos a la manera de Dublineses escritos en 1923, cuyo tema sería el mito de Irlanda, país que el año anterior se había convertido en república independiente. Se discute si realmente se trata de una nueva obra o de solo una recopilación de innumerables fragmentos narrativos aislados que existen entre sus papeles. La intervención de descendientes de Joyce en el asunto tuvo por consecuencia la postergación indefinida de la publicación.
A comienzos de la Segunda Guerra Mundial, Joyce y su esposa decidieron trasladarse una vez más a Zurich. Esta vez en Suiza pensaron que eran judíos lo cual, en principio, implicó el rechazo de la solicitud de permiso para residir allí. Después de interminables tramitaciones con declaraciones juradas, visas y pasaportes, lograron su objetivo. Es allí donde recibió en 1939 el primer ejemplar de Finnegans Wake.
James Joyce murió dos años después, casi ciego, en Zurich, a los cincuenta y nueve años de edad. Nora Barnacle permaneció hasta el fin de su vida en esa ciudad, falleciendo en 1951.
JOYCE. EL OFICIO DE ESCRIBIR, de Giorgio Melchiori. Machado Grupo de Distribución, 2011. Madrid, 317 págs. Distribuye Océano.
http://www.elpais.com.uy/suplemento/cultural/la-odisea-literaria-de-james-joyce/cultural_684420_121228.html
Cada nación y época tiene a su Homero. La versión irlandesa, según los críticos de literatura, es James Joyce. Hoy se conmemoran los 70 años de su muerte. Con su 'Ulises' provocó lo que después llamarían una revolución en la literatura mundial. “La conciencia creativa de nuestra época es Joyce.
Cada nación y época tiene a su Homero. La versión irlandesa, según los críticos de literatura, es James Joyce. Hoy se conmemoran los 70 años de su muerte. Con su 'Ulises' provocó lo que después llamarían una revolución en la literatura mundial.

“La conciencia creativa de nuestra época es Joyce. Después de él o Marcel Proust, Franz Kafka y Thomas Eliot, es imposible escribir como si nunca existieran. Revelaron las realidades internas más profundas que esa realidad externa que valoramos tanto”, destacó el escritor y filósofo ruso Ígor Garin.

Pero es Joyce a quien inscriben como autoridad de la revolución literaria, a pesar de que muchos componentes innovadores de su libro ya abrían nuevas puertas hacia la existencia espiritual humana, en obras de sus contemporáneos o antepasados (Marcel Proust, Virginia Woolf, David Herbert Lawrence, Gertrude Stein, entre muchos otros).

“Todos ellos aprendían una nueva dimensión para conocer al ser humano, su profundidad espiritual. Todos lo retrataban vivamente con palabras o sonidos. Pero es Joyce, y no ellos el que escribió 'Ulises'. Joyce, no ellos, semihambriento y semiciego miró a las profundidades de la gente y los iluminó vivo y cierto con su palabra”, destacó Garin en su investigación 'El siglo de James Joyce'.

'Ulises', publicado en París en 1922, es la novela más audaz y discutida de la literatura contemporánea. Mientras para unos es una obra maestra, para otros, se trata de un libro complicado, ilegible, del que se ha exagerado su valor.


La novela no tiene un argumento definido, narra un día de la vida de Leopold Bloom y Stephen Dedalus, ambos alter egos de Joyce. Autor irreverente, el texto parece caótico, incluso se le tildó de obsceno. De hecho, estuvo prohibido en EE. UU. y en Inglaterra no se publicó hasta 1936.

A pesar de esto, se destaca que es muy intelectual. Lo más innovador de 'Ulises' es la utilización de estilos diferentes, en especial el monólogo interior, una forma de exponer pensamientos desordenados, con constantes cambios de tema y sin aparente relación, para representar saltos de conciencia, ideas rotas y el cambio brusco de los estados de ánimo.


"La conciencia no se muestra a sí misma como cortada a trozos. Las palabras 'cadena' o 'tren' no la describen correctamente… No tiene nada a lo que pueda estar vinculado, mejor dicho fluye", escribió a finales del siglo XIX el filósofo estadounidense William James. Después, Édouard Dujardin añadió en sus investigaciones teoréticas que el monólogo interior es interesante no por la ausencia de una lógica que organice las ideas, sino porque la selección de éstas pasa no por la lógica, sino por el orden en que aparecen en la cabeza del héroe: "James Joyce trataba de reflejar justamente eso, menospreciando todo lo que le parecía secundario, sea verosimilitud, coherencia u objetividad. No necesitaba los atributos, solo vida. La vida de la conciencia".

En 'Ulises' usa muchas asociaciones ricas y alusiones a otras épocas, conceptos, nombres: el intelecto de Joyce reúne en su libro desde mitos antiguos hasta alusiones a Dante y las teorías de Sigmund Freud, para "penetrar en las capas psicológicas del ser racional. La polifonía de su pensamiento, de su idea, consigue llegar a un límite todavía insuperado por otros escritores”.

Dicho manuscrito está lleno no de hechos, sino de psicología. Tiene un carácter multiaspectual e introvertido, lo que ya antes se destacaba en las obras de Henry James. Después de escritores como James y Joyce "el deleite estético, si esta palabra es oportuna aquí, ya no se puede obtener entre tanto, de paso. Hay que trabajar, martirizarse con el autor, sufrir como él y solo entonces, ojalá…”, afirma Garin.

"Claro, leer a Joyce es difícil. Pero ¿es fácil aprender física o una lengua, dominar el ordenador o el violín? El arte no es diversión, sino trabajo, y no solo de su creador, sino también de su consumidor intelectual. Tocar un violín o teclear un ordenador lo puede  hacer cualquier persona, pero solo el entendimiento de la música virtuosa o la creación de virtuosos programas digitales, son el destino de minorías selectivas. Sólo a estas minorías selectivas está orientado Joyce y destaca que sobre los escritores para el pueblo común, deben estar los gigantes para los humanos de espíritu y los refinados amantes de la literatura. Leer y amar a Joyce es signo de exclusivismo. Pertenecer a su mundo es un alto honor. Y no es el caso de una percepción infantil: la mayoría de los adultos que nunca salen del mundo espiritual de los niños, no entienden a Joyce por completo, Joyce es como si no existiera para ellos, como el físico Albert Einstein o el compositor Arnold Schoenberg no existe para los pueblos africanos como los bosquimanos (los San) y hotentotes”.



Descifrando el libro más complejo de la historia

Se publica la versión expurgada de errores de ‘Finnegans Wake’, de James Joyce, tras 30 años de trabajo
Eduardo Lago (El País, 30/03/2010)
Gustave Flaubert calculaba que para que el público general pudiera apreciar adecuadamente una innovación artística excesivamente revolucionara era preciso que transcurrieran 80 años. En tanto se cumplía el plazo, el autor estaba condenado a vivir un continuo rechazo. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido con Finnegans Wake, obra del escritor irlandés James Joyce, considerada la novela más ininteligible de todos los tiempos y de la que hoy se publica la primera versión revisada. Conforme a los cálculos del autor de Bouvard y Pecuchet, todavía faltarían 10 años para que el lector de a pie esté en condiciones de enfrentarse al formidable reto que plantea la novela final de Joyce. Cuando se publicó originariamente, el 4 de mayo de 1939, el veredicto general fue que su autor había perdido la cabeza. Incluso los más fieles partidarios de Joyce tiraron la toalla. Encogiéndose de hombros, el escritor afirmó que calculaba que los críticos tardarían 300 años en descifrarla.

No está muy claro qué suerte de artefacto literario es Finnegans Wake. Ni siquiera está muy claro en qué idioma está escrito. La base es un inglés desnaturalizado por la desaforada inventiva lingüística del autor, que en distintos momentos de la obra incorpora oraciones e incluso párrafos enteros en 70 idiomas. Algunos la han definido como una frase de 700 páginas, otros como una palabra de medio millón de caracteres. Sólo que todas estas opiniones se referían al texto de la primera edición, que nadie se había atrevido a tocar jamás. Hasta ahora. Hace unas semanas, se anunció solemnemente la publicación del texto revisado de Finnegans Wake, noticia que ha causado una verdadera conmoción en círculos literarios anglosajones. La editorial que ha tomado la iniciativa responde al nombre de Houyhnhm (como la raza de caballos inteligentes que figuran en Los viajes de Gulliver).
Lo cierto es que la edición original no era muy fiable. Durante los 17 años que duró el proceso de composición, entre copias y revisiones llegó a haber 20 versiones diferentes. El texto que entregó Joyce a los editores estaba bastante corrupto. Él mismo señaló la existencia de errores, pero estaba ciego, lo cual no lo convertía en el corrector idóneo. La ingente tarea de revisión la iniciaron hace 30 años dos expertos, Danis Rose y John O’Hanlon, que forman un tándem formidable, ya que entre los dos cubren los campos de la filología y la física teórica. Juntos han llevado a cabo una exhaustiva revisión de un corpus textual que comprende más de 20.000 páginas de notas manuscritas repartidas en 60 cuadernos. En total se ha detectado 9.000 errores.
Tras una ceremonia casi ritual celebrada hace unas semanas en el castillo de Dublín, como deferencia a la ciudad natal del autor, la editorial Houyhnhm lanzará oficialmente la versión expurgada de Finnegans Wake hoy en su sede de Londres. Quienes tengan curiosidad por ver el resultado deben prepararse para pagar un precio bastante elevado: 300 euros por la edición básica y 900 por la especial, ambas encuadernadas en piel de becerro negro. A diferencia de lo que ocurre con el precio, la nueva versión de la obra es mucho más accesible que la original. Se ha llegado incluso a hablar de coherencia, lo cual ha causado cierta consternación entre algunos adeptos. La posibilidad de que el libro se pueda comprender podría arrebatarle el aura de misterio que lo rodea. No todo el mundo comparte esa preocupación. El secretario de la Sociedad Finnegans Wake de Nueva York,Murray Gross, conduce los encuentros mensuales de aficionados que se citan desde hace dos décadas para leer el libro. Y siempre ha sostenido el carácter democrático de la obra. Ve a esta edición una ventaja incontestable: “El nuevo texto tiene 120 páginas menos, lo que quiere decir que al ritmo que llevamos, tardaremos cinco años menos en leerla”.