Carlos Bonfil
Tu pérdida es mi ganancia. Esta frase, posible lema del neoliberalismo salvaje que hoy impone sus reglas a escala mundial, la pronuncia John Tuld (Jeremy Irons), alto ejecutivo de un banco de inversiones neoyorquino, al señalar que ante la inocultable quiebra de la empresa y el inminente fraude masivo a sus clientes, lo que importa es arrebatar lo que se pueda, sin escrúpulos ni dilaciones, dejando el navío a la deriva en espera de mejores condiciones.
 
El precio de la codicia (Margin call), primer largometraje de J.C. Chandor, documentalista interesado en recrear en la pantalla el drama que vivió de cerca durante la crisis de mercados de 2008, con su padre como veterano empleado en Merril Lynch, prestigiada empresa de inversiones financieras.
 
El guión de la cinta, autoría del propio Chandlor, tiene una precisión de relojería y poco parece envidiar a las maquinaciones cerebrales de David Mamet en su obra teatral Glengarry Glen Rose (en cine, Éxito a cualquier precio, James Foley, 1992), y su ácida radiografía del poder económico y sus efectos corruptores.
 
Lo que el joven director propone es un thriller financiero entre cuatro paredes en lo alto de un rascacielos de Manhattan. Su primera secuencia, brutal, exhibe un drástico recorte de personal que deja en la empresa a una elite de analistas de riesgos, más jóvenes y dinámicos, y potencialmente inescrupulosos, que habrán de incrementar los beneficios de la empresa.

Entre los despedidos figura el veterano Eric Dale (Stanley Tucci), quien al salir deja a un colega joven un informe reservado sobre la catástrofe financiera que se avecina en los mercados y que coloca a la empresa en una situación de insolvencia y quiebra inevitable. Lo que sigue es una reunión de urgencia, en plena madrugada, de altos ejecutivos y empleados de confianza, para diseñar una precipitada estrategia de control de daños.

La trama a puerta cerrada es fascinante si el espectador tiene la paciencia de involucrarse en los pormenores de la crisis financiera que hunde aceleradamente a la empresa, pormenores que, por lo demás, los propios protagonistas confiesan entender a medias en sus tecnicismos económicos.

Esto último importa poco. Lo que Chandor observa y señala de modo incisivo es la actitud moral de los personajes involucrados. Hay el cínico desenfado del ejecutivo mayor John Tuld, quien luego de aterrizar en helicóptero privado, pide a un brillante joven tecnócrata el resumen de la catástrofe inminente (En lenguaje claro y muy directo, como si fuera un niño o un perro. Después de todo, no es la inteligencia lo que me hizo llegar hasta donde estoy), y también los escrúpulos del ejecutivo Sam Rogers (formidable Kevin Spacey), consciente de que salvar el empleo es hundirse en el descrédito moral avalando el fraude masivo a clientes incautos, y creyendo que luego de una estafa semejante el sistema financiero perderá margen de maniobra, cuando en realidad sucede todo lo contrario.

El neoliberalismo aplanadora de John Tuld no sólo sobrevive a la crisis, sino que precisa de ella para retroalimentarse periódicamente. En pocas películas se habla de modo tan obsesivo de la acumulación de salarios estratosféricos y del frenesí de gastar dinero y dilapidar bienes propios y ajenos. Un ejecutivo joven presume ingresos anuales por un cuarto de millón de dólares; su jefe inmediato eleva 10 veces más dicho monto, mientras el ejecutivo en la cúspide coloca la cifra en una cantidad ya inverosímil.

Ellos son la élite de triunfadores sólo momentáneamente en crisis: el uno por ciento privilegiado del que hablan el movimiento Ocupa Wall Street y el premio Nobel Joseph Stieglitz (El precio de la desigualdad, Ed. Taurus, Madrid, 2012), al señalar la suerte de 99 por ciento de una población desfavorecida.

La lógica de los ejecutivos reunidos en lo alto del rascacielos, y que consideran con desdén un tanto compasivo al resto de los humanos (No saben ni siquiera lo que se avecina), es sortear con daños controlados la crisis que por un tiempo derrumbará a los mercados, vulnerando al grueso de la población, y regresar después, con ánimos reactivados, a mantener vigente el dogma neoliberal.

Esta lógica y sus efectos devastadores los ilustra de modo elocuente el documental Dinero sucio (Inside job, Charles Ferguson, 2010), complemento ideal de la cinta de Chandor. Algo notable en El precio de la codicia es su sobriedad narrativa, de fuerte inspiración teatral, con sus atmósferas de encierro y el suspenso que genera una trama en apariencia árida y fría.

El estudio de los personajes es también sobresaliente, muy alejado de las tintas cargadas de un Oliver Stone en El poder y la avaricia/Wall Street, 1987. Baste señalar el desamparo moral de Kevin Spacey frente a su mascota agonizante como última señal de una sensibilidad lastrada, para calibrar la fineza y el vigor dramático de lo que hoy propone el joven realizador estadunidense.

carlos.bonfil@gmail.com

El precio de la codicia CAPITALISTAS CON VENTAJA, por Héctor Concari



Las crisis financieras de los últimos años han dado unos cuantos títulos interesantes. El documental llegó al Oscar con Inside Job, y antes habíamos visto Los tipos más listos en la sala sobre la contabilidad creativa que posibilitó el escándalo Enron, y Cliente 9 sobre la caída del fiscal Elliott Spitzer que había comenzado a husmear en torno a Wall Street. Pero también el horror de Sam Raimi en Arrástrame al infierno estaba anclado en la crisis hipotecaria y Demasiado grande para caer, era una crónica de corte histórico sobre el megasalvataje del 2008. Lo que faltaba era lo que nos llega con El precio de la codicia(Margin call), un drama intimista que muestra el lado subterráneo de la trama, que convive con los villanos y se cuela por los entresijos no solo de la élite más encumbrada del poder financiero, sino de los burócratas que ejecutan las órdenes.
Todo comienza con el despido, sobrecogedor por el tono civilizado, del analista de riesgo de una casa de bolsa, con lo cual sus colegas comenzarán a especular sobre el futuro y comprobar que la debacle financiera que todos temen, ha llegado finalmente. Porque la investigación del botado concluía que, en buen romance (la explicación técnica está magníficamente dialogada en la mesa de juntas), la compañía va a la quiebra en pocas horas. Y los directivos deciden, en un movimiento desesperado, deshacerse de los activos tóxicos en una superventa, tan atractiva como rápida, que disemine la enfermedad por todo el sistema financiero, contamine a los clientes fieles de una casa con 107 años de historia y arruine la reputación de sus ejecutivos y vendedores. Todo debe ser hecho, a plena luz del día y a una velocidad fulminante, que anteceda por minutos los rumores que echen a perder la movida.
Un problema financiero, sin duda, pero un dilema ético para los encargados de implementar el fraude. Por supuesto que la palabrita es tramposa ya que, como lo explican los ejecutivos. ¡No es un fraude! Y técnicamente no lo es. Se trata de la venta, perfectamente legal de unos activos de los cuales la firma, en reunión de junta directiva, ha decidido deshacerse y que otros, haciendo uso de su libertad financiera, comprarán. Y esta es la fascinación última deMargin Call, la carnada que hace que uno la vea como el más sobresaltado de los thrillers,aunque en realidad transcurra entre diálogos, casi exclusivamente intramuros, o en exteriores gélidos bañados por la oscuridad de la noche neoyorquina. Es un relato de poder, y de un poder sin más barreras que las propias decisiones (la propia vergüenza, pues) de los ejecutores. Porque estamos hablando de un sistema que tiene en sí mismo su propio equilibrio, en el cual, de tanto en tanto (el Chairman of the Board los enumera, año por año, con seguridad escalofriante) se producen correcciones del mercado). Pero mejor que este relato sobre las dinámicas perversas del poder (ahí se acumulan egos, tácticas de sálvese quien pueda, reflejos autodefensivos, autoprotección profesional, y hasta un resquicio de remordimiento) es la admisión de cómo es posible esta historia: es el dominio de la información, estúpido se podría decir parafraseando al estratega político de Clinton. Los elegidos que agonizan sobre como deshacerse de billones de dólares que existen en los libros mas no en la realidad, manejan los hilos últimos del poder. Desde el piso más alto de un rascacielo pueden mirar el mundo de los demás mortales y presumir de lo que ellos saben y los demás ignoran. Son casi dioses, y es esta arrogancia, infinitamente superior a la de tener dinero, la que les da su status.
Porque su dominio está dado por el hecho abominable de saber que, apenas por unas horas, (las excruciantes cuarenta horas que dura el drama) ellos poseen una ventaja sobre sus clientes, ventaja que se evapora según pasan los minutos. Se sabe, el poder, es efímero especialmente en los últimos tramos de su ejercicio. Y por supuesto, lo que los ejecutivos del banco de inversión saben muy bien es que su poder se alza sobre un espejismo, y que deben deshacerse de ese espejismo mientras todos los demás sigan creyendo verlo. Hay un monólogo de antología, incomprensible fuera del contexto de la película. La secuencia en la que el analista de riesgo, recuerda su pasado como ingeniero y cuantifica el beneficio en horas de calidad de vida, que un puente por él construido trajo a dos comunidades. Toda la indignación de la película cabe en la lucidez de ese momento, que contrasta, un beneficio tangible con maromas financieras sin un valor real que las sostenga. Y con cifras tan puras como las de cualquier estado de ganancias y pérdidas. Una película imperdible (de un pesimismo tan radical que el único momento de calidez humana es el dolor por la muerte de un perro) que logra saltar por encima de los tecnicismos (el título es uno mismo, que alude al respaldo colateral) para, a través del drama humano hurgar en los recovecos oscuros de los pasillos del poder. Humano, muy humano. A pesar de todo esos tipos son humanos, como nos hace saber la última escena, la del perro.
MARGIN CALL.USA.2011. Director JC Chandor. Con Kevin Spacey, Jeremy Irons, Demi Moore.
http://ideasdebabel.wordpress.com/2012/11/13/el-precio-de-la-codicia-capitalistas-con-ventaja-por-hector-concari/

Película: Amor. Título original: Amour. Título internacional: Love. Dirección y guion: Michael Haneke.Países: Francia, Austria y Alemania. Año: 2012. Duración: 127 min. Género: DramaInterpretación:Jean-Louis Trintignant (Georges), Emmanuelle Riva (Anne), Isabelle Huppert (Eva), Alexandre Tharaud (Alexandre), William Shimell (Geoff). Producción: Margaret Menegoz, Stefan Arnd, Veit Heiduschka y Michael Katz. Fotografía: Darius Khondji. Montaje: Nadine Muse y Monika Willi. Diseño de producción: Jean-Vincent Puzos. Vestuario: Catherine Leterrier. Distribuidora:  Golem Estreno en Francia: 24 Octubre 2012. 

SIPNOSIS
Georges y Anne son dos profesores de música clásica jubilados. Ambos han sobrepasado los ochenta años y poseen una gran cultura. Su hija también se dedica a la música y vive fuera de Francia con su familia. Un día, Anne sufre un infarto. Al volver del hospital, un lado de su cuerpo está paralizado. El amor que ha unido a la pareja durante tantos años se verá puesto a prueba.
CRÍTICA
Una tremenda historia en busca de conmover al público de una forma sutil pero sin excederse demasiado.
Gran historia de amor, entre dos personas a las que la vejez ataca con una terrible enfermedad poniendo a prueba su lealtad y su supervivencia para superar este mal del destino, que además de afectarles a los dos de lleno, también demolerá a la familia entera.
Un filme que está siendo muy bien valorando, además de haber cosechado ya numerosos reconocimientos como la segunda Palma de Oro en Cannes para el reconocido director Michael Haneke, además del premio a la mejor película europea, director, actor y actriz por la Academia de Cine Europeo (EFA), y haber sido nominado a los Globos de Oro, ser reconocida en los LAFCA y arrasar también en los premios Oscar con numerosas nominaciones.
               

Sin duda todo un fenómeno que tiene el objetivo de calar bien hondo en todo el que se atreva con Haneke.
Lo que está claro es que es un retrato muy claro, duro y verdadero de la vida misma, una situación que desgraciadamente abunda en numerosos hogares, pero que tampoco es algo que no hayamos visto anteriormente. Es un buen drama pero que no llega a desgarrar ni a conmover excesivamente, tan sólo en determinados momentos del filme destacando el demoledor final que tiene la película, pero insisto, no es ni será la mejor película dramática de la historia.
Unas interpretaciones excelentes, superando Emmanuelle Riva al famoso actor Jean-Louis Trintignant con una interpretación soberbia y que realmente llega a transmitir el sufrimiento que atraviesa su personaje, siendo mucho más expresiva que Trintignant, que aunque supera con creces su actuación, no será la mejor de su carrera.


Haneke se marca una de las mejores obras de su carrera, cogiendo a dos pesos pesados, que ya sólo por la estupenda interpretación y el trabajo que conlleva realizar una película a su edad, merecen una gran ovación.  De ritmo lento y poca acción, una historia que se centra en los pequeños momentos.
Una historia sencilla y cotidiana, de sentimientos complejos, para amantes del amor y de sus consecuencias y necesidades en todas las condiciones, en esta ocasión en un demoledor infierno, un filme que no tiene grandes localizaciones ni grandes medios, pero para llegar al corazón no necesitamos grandes despliegues, unas buenas palabras y miradas ya lo consiguen, veremos si  a vosotros os consigue conquistar, o simplemente al igual que a mí os consigue despertar una nostálgica empatía, pero sin llegar a rozar el corazón.
Lo mejor:
-El trabajo de dos veteranos actores que conseguirán llegar a la cima del éxito sin a lo mejor esperarlo.
-La delicada sensibilidad de Haneke, que emociona pero no abusa de la lágrima fácil.
Lo peor:
-El ritmo en ocasiones decae haciéndose algo pesada.
-El final, confuso y muy polémico, no convencerá a todo el mundo.


 http://www.fusion-freak.com/index.php/cine-y-television/11-criticas-de-cine/14033-critica-de-amor-haneke-viene-pisando-fuerte-los-corazones.html


Dolorosa emoción del cine

  • 'Amor' de Haneke: ni un gramo de retórica, ni un segundo, ni un gesto que sobre
Llamar a una película 'Amor', como hace Michael Haneke, es una provocación. El cine de Haneke, de hecho, se alimenta y vive en el sano ejercicio de mover la silla a las conciencias. Él es, no en balde, el más evidente y fiel heredero de Pasolini. Y de Tarkovski. Y de Bergman. Bien podría haber titulado a su último trabajo 'Todo', porque en efecto eso es. 'Amor', para entendernos, es mucho más que la disección de un tiempo (el final de la vida) feo, cruel y ridículo; es la lectura pautada, emotiva y plena de lo que queda cuando ya no queda nada. En un piso de París, un pareja de ancianos se enfrenta a todo lo que acompaña a la vejez. Que no es exactamente la férrea constancia de la muerte, sino, tal vez, la humillación de la pérdida. El dolor.
-Es bonita.
-¿El qué?
-La vida. Es tan larga.
Emmanuelle Riva (genial actiz y candidata al Oscar) hojea un álbum de fotos antiguas. A su lado, Jean-Louis Trintignant (genial actor e incomprensiblemente no candidato) acaba el almuerzo. Ella extrae de los cajones de su memoria lo que quizá un día dejó. Algunos recuerdos han desaparecido, otros se han transformado y los últimos aún permanecen intactos desde el día que se colocaron con cuidado en el fondo. Sea como sea, lo que sigue inmutable son las cajas como el espacio y recuerdo de lo vivido; como la constancia de una vida que, de repente, se desvanece en un vano ritual de sufrimiento y pañales sucios. Probablemente una vida digna merece una muerte a su altura.
Y en medio de la cruenta batalla, la cámara se mantiene firme en una conversación de tres líneas. No hay más. Ni un gramo de la retórica que destila el párrafo anterior. No hace falta. Y todo ello merced a un complicado y calculadísimo ejercicio que huye del naturalismo como más la torpe de las convenciones. La narración, de hecho, vive en la falsa ilusión de la simplicidad entre las cuatro paredes de un apartamento que es a la vez cárcel, escenario y, finalmente, atáud.
Es más, Haneke no quiere intrigas o suspense; huye de las sorpresas para bobos a las que nos tiene acostumbrados el cine que sufrimos y subvencionamos día a día. Abomina de las moralejas y desprecia los moralismos. Lejos de él el espejismo del entretenimiento, la tristeza de la diversión. Todo su cine es grave. Todo su cine importa.
De nuevo, la estrategia del director consiste en presentar cada acción de frente, sin trampas, sin excusas, sin dejar que el espectador se acomode un sólo segundo en la impostura del melodrama; en la impudicia de la lágrima. Y, pese a ello, pese a la aparente frialdad, cada segundo de metraje conmueve. Conmociona y arrasa. Y lo hace por ser simplemente verdad.
Desde 'Funny games' a 'La cinta blanca' pasando por 'El séptimo continente', 'La pianista', 'Caché' o 'El vídeo de Benny', cada película se ofrece como una perfecta disección de todo aquello que nos hace vulnerables y, por tanto, humanos. Y ello sin permitirse una sola concesión a los gestos aprendidos o los recursos de tramoyista. Nunca, para entendernos, el espectador es tratado de idiota. Se ofrecen las preguntas, y que cada uno componga las respuestas.

Ante un espejo

Así ocurre de la misma manera en esta pieza, entre la bomba de relojería y el reloj de precisión, llamada, en toda su arrogancia, 'Amor'. El espectador es colocado frente a un espejo. Y allí, la carne vive, el castigo de la decrepitud con una proximidad lacerante de miradas perdidas. El cuerpo de Emmanuelle Riva se deteriora y con él, la dignidad de una vida entera. La de cualquiera. Una vida quizá bonita, quizá larga.
La cámara del director se mantiene, pudorosa y desafiante, a la altura de los ojos para dejar que sea la mirada (la del espectador y la del actor) la que escriba su propia historia. No hay drama. El drama mancha de cosas tan pringosas como las excusas; las excusas para emocionarse. La emoción, la de verdad, surge desnuda en cada fotograma esculpido con una simétrica perfección. Todo tan estudiadamente simple. Cine sin trampa, sin artificio. Cine puro.
Decir que la película trata de la muerte sería reducirla a la última línea. Para ser justos, 'Amor' sólo habla de una cosa: de la vida (larga y bonita) y, de su mano, de lo contradictorio que puede llegar a ser amar; de lo difícil que puede ser evitar el sufrimiento de la persona amada. Todo resulta tan contundente, tan brutal, tan limpio, que duele. El cine de Haneke duele. Y es de esa sensación, de la del dolor, de la que extrae la constancia de su necesidad. Duele lo que importa.
Y así, al final queda la emoción; la emoción de una conversación de tres líneas; tres líneas en las que cabe el mundo, todo, el amor.
Luego está el asunto de las candidaturas a los Oscar, pero eso sí es 'antihanekiano'. Aunque justo

.http://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/11/cultura/1357894291.html




http://s1.anyimg.com/img/f9sarwg/am12-DrogoPost_s.jpg
Argumento:
Crudo retrato de la vejez y de la muerte. Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva forman una pareja ya octogenaria, músicos retirados, que viven en París. Isabelle Huppert interpreta a la hija de ambos. El amor de la pareja será puesto a prueba en el momento en que ella sufre una grave parálisis.



Entrevista a Michael Haneke, director de la película 'Amor'

Publicado el 07 enero 2013 por Mumbo
Entrevista a Michael Haneke, director de la película El próximo Viernes 11 de Enero(2013) se estrena en la cartelera española la última película dirigida por Michael Haneke titulada "Amor (Amour en su título original en francés)", estupendo film que se alzó con la palma de oro en el pasado festival de Cannes, y con cuatro premios del cine europeo, incluido el de mejor película, director, actor, y actriz.
También huelga decir que "Amor" es una firme candidata a alzarse este año con el premio Oscar a la mejor película de habla no inglesa, y también el Globo de Oro en la misma categoría, entre otros muchos premios.
La película nos trae la historia del matrimonio formado por Georges y Anne, con los ochenta años cumplidos, que son dos profesores de música clásica jubilados con una gran cultura. Su hija también se dedica a la música y vive fuera de Francia con su familia. Un día, Anne sufre un infarto. Al volver del hospital, un lado de su cuerpo está paralizado. El amor que ha unido a la pareja durante tantos años se verá puesto a prueba.
Entrevista a Michael Haneke, director de la película A continuación os traigo la entrevista al realizador alemán Michael Haneke concedida por Anthony Bobeau y publicada en el magazine "Le Film Français":

¿Por qué le apetecía hablar de amor?

- Quise hablar del fin del amor, del modo en que se reacciona ante el sufrimiento unido a la pérdida de una persona amada. Es una situación a la que todos acabaremos enfrentándonos en un momento de nuestra vida. Puede tratarse de nuestros abuelos, nuestros padres, la persona con la que convivimos, incluso de nuestros hijos. He pasado y sigo pasando por situaciones comparables, aunque no sean idénticas a la que se describe en la película. Además, tengo 70 años, por lo que me veo obligado a mirar la posibilidad de frente. Se habla de lo que se conoce y me inspiré en lo que sabía. Las personas de 30 años hablan del amor que nace, y yo, del amor que se acaba.
Entrevista a Michael Haneke, director de la película - Después de La cinta blanca, rodada en alemán y en Alemania, regresa a Francia. ¿Por qué rodar en este país y no en otro?

- Hace tiempo que quería hacer una película con Jean-Louis Trintignant. Por eso escribí el guión de "Amor" y lo rodé en Francia. Fue el mismo proceso que en "Caché/Escondido", quise escribir un papel para Daniel Auteuil y acabé escribiendo una historia que solo podía transcurrir en Francia porque estaba arraigada en la historia del país. Además, necesitaba dos actores fuera de serie. Un intimismo semejante entre dos personas no puede funcionar con cualquiera. Son cosas muy difíciles de interpretar.

¿Escribe a menudo pensando en actores?

- Digamos que a veces ocurre, y en ese caso me facilita la tarea porque sé hasta dónde puedo llegar, qué límites no debo superar. Por ejemplo, no habría podido hacer Funny Games: Juegos divertidos (la versión austríaca) sin la actriz Suzanne Lothar. Un papel que exigía semejante compromiso solo era posible si conocía muy bien a la actriz, por si se complicaba la situación durante el rodaje.
Entrevista a Michael Haneke, director de la película ¿Jean-Louis Trintignant leyó el guión antes de que estuviera terminado?
- Solo se me ocurrió hacerlo una vez y fue para un telefilm. No suelo entregar el guión antes de que esté terminado. Pero sí me ha pasado que el actor o la actriz han aceptado el papel antes de leer el guión. Ocurrió con Isabelle Huppert cuando le propuse trabajar en "La pianista/La pianiste". Hace poco me confesó que aceptó el papel sin tener ni la menor idea de qué trataba la película y que se enteró en el avión que la llevaba a Viena. Creo que se llevó un buen susto. (Ríe) Había leído "Funny Games: Juegos divertidos" y no se había atrevido a aceptar el papel.

¿Cuándo pensó en Emmanuelle Riva para hacer de esposa de Jean-Louis Trintignant?

- Una vez acabado el guión. La conocía por su papel en Hiroshimamon amour, que me conmovió cuando se estrenó, pero no había seguido su carrera al no vivir en Francia. Recuperé su imagen cuando empecé a buscar una intérprete capaz de dar la réplica aJean-Louis Trintignant. Le hice una prueba. Es un papel que habría podido hacer Annie Girardot en otra época.
Entrevista a Michael Haneke, director de la película - Escogió a Isabelle Huppert para hacer de hija de la pareja de ancianos...
Isabelle es una amiga; estamos acostumbrados a trabajar juntos. Habría sido tonto por mi parte contratar a otra actriz, sobre todo porque es perfecta para el papel, aunque no sea el más importante de la película. Sospecho que aceptó para complacerme, y se lo agradezco.

- Es fiel a Les Films du Losange desde que rodó Le temps du loup. ¿Es lógico para usted trabajar con ellos en cada proyecto?

- Sí. Margaret Menegoz y yo compartimos la misma forma de ver el cine. Las relaciones entre el realizador y el productor pueden ser tensas, como pude experimentar antes de trabajar con "Les Films du Losange". Nos respetamos mutuamente, lo que no impide que Margaret me ofrezca su opinión y que yo la escuche. Si no estoy de acuerdo, se lo digo. Con ella, tengo total libertad. Y también está Michael Katz, el productor austríaco. Entre los tres formamos un equipo que funciona muy bien.

- Aparentemente, "Amor" es una película más sencilla que "La cinta blanca", como si quisiera alejarse de una producción ambiciosa y de elevado presupuesto.

- Quería hacer una película más sencilla, más modesta, sin dejar de ser compleja. Creo que es el equilibrio al que todos aspiramos, al menos en lo que al arte se refiere, pero también es el más difícil de encontrar.
Entrevista a Michael Haneke, director de la película ¿Tiene la sensación de que hubo un antes y un después de la Palma de Oro?

- No creo que la Palma de Oro cambiara mi imagen, pero puede que ahora sea más fácil encontrar financiación. Los inversores tienen la impresión de arriesgarse menos. De hecho, pensándolo, los premios sirven sobre todo para mejorar las condiciones de trabajo de los autores. Mejor eso que ver los guiones cubriéndose de polvo en una estantería.

¿Cree que se espera más de usted ahora que antes?

- Siempre ocurre después de un éxito, pero también pasa en cualquier otro momento. Al principio hay que demostrar quiénes somos; luego, confirmarlo, y finalmente, no decepcionar nunca. Un realizador siempre tiene ganas de dar lo mejor de sí mismo. En otras palabras, el estrés nunca disminuye después de la primera película.

Fuentes:https://www.image.nethttp://peliculas.labutaca.net/amour-lovehttp://www.filmaffinity.com/es/film768126.htmlImágenes cortesía de ©Brigitte Lacombe