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    viernes, 20 de septiembre de 2013

    Andrés Rábago, más conocido como El Roto, despierta conciencias

    Las imágenes del desencanto

    A través de sus viñetas satíricas, el pintor e ilustrador español Andrés Rábago, más conocido como El Roto, despierta conciencias y critica al sistema capitalista. Aquí, habla sobre la crisis económica y los “problemas” del humor político.



    Hace apenas seis años, cuando todos en España estaban embriagados con el derroche, los edificios que crecían como hongos, el piloto automático de la economía y el bipartidismo, había un tipo que –con señales: dibujos y leyendas– vislumbraba un doloroso fin de fiesta. Lo hacía todos los días en el diario El País, el mismo que tampoco vio venir la crisis, a los indignados y a los cinco millones de “parados”. El seudónimo con el que firmaba “sus visiones” (así las llama) también parecía revelador: El Roto. En la Argentina le hubiésemos pegado la etiqueta de “Humor gráfico”, pero las viñetas de El Roto no son chistes, aunque también roben sonrisas. Son radiografías de una realidad amarga, que entonces presagiaban lo evidente. Un dibujo y una leyenda contundente, parecida a los aforismos más ingeniosos de Twitter. Mientras España se hundía, la figura de Andrés Rábago García, alias El Roto, se erguía en las ediciones internacionales, en El País y en sus libros. El reconocimiento mayor llegó el año pasado: el Premio Nacional de Ilustración. Mientras, la caída de España todavía no se detiene.

    Antonio Muñoz Molina, uno de los escritores españoles más prestigiosos, calificó a El Roto como “el único intelectual comprometido que había en España en 2007”. Esa aseveración motivó la respuesta furibunda de Javier Marías, siempre candidato al Nobel, que rechazó la imputación de su colega pero no pudo más que elogiar al artista. “Todos admiramos el talento y la capacidad de síntesis de El Roto, pero él hace viñetas tan sólo, a las cuales, por fuerza, y por certeras que sean, les falta la argumentación”, disparó.
    Del otro lado del Atlántico, desde su estudio en Madrid, por teléfono, El Roto baja el tono de la discusión. “Yo agradezco las palabras de Muñoz Molina, que es un escritor que valoro, lógicamente, pero creo que era una polémica un tanto... (hace una pausa como si buscara la palabra más diplomática), vamos, yo no tengo nivel para poder contrastar con otra gente que tiene textos espléndidos y son pensadores mucho más profundos de lo que yo puedo ser.
    Pero, ¿cómo juzgaría la actitud del colectivo intelectual español frente a la crisis financiera?
    Para ser sincero, debo decir que mis lecturas no van por ahí, ignoro lo que pueda haber de verdad o de falso en el hecho de que los intelectuales hayan estado ajenos a los acontecimientos, porque no es mi lectura favorita. Yo juego más en otros terrenos de lectura. Me gusta la lectura de los místicos o de la filosofía de todas las épocas, de poesía, más que textos políticos o sociales.


    El Roto no da nombres, siempre deja que un halo de misterio, parecido a la parquedad o el malhumor, lo envuelva. Lo incomoda hablar de su trabajo, del aspecto formal en el que no concibe el texto sin imágenes y viceversa. Le molesta explicar otra vez por qué antes de ser El Roto era Ops. Su firma no era la única diferencia. Con ese seudónimo trabajó durante la dictadura, como se refiere –sin eufemismos– al gobierno totalitario de Francisco Franco. “La censura era bastante estricta –recuerda– y el hecho de poder hacer un trabajo sin palabras, permitía decir las cosas de una manera libre y el lector era capaz de entender lo que se le estaba diciendo sin que la censura pudiese atrapar al autor”. Esa es la libertad que siempre buscó, trabajar sin coerciones. Cuando llegó la democracia, el lenguaje de Ops le resultaba demasiado oscuro para el lector moderno. “Por eso fue emergiendo esa personalidad, que era El Roto. Lo que trabajaba Ops eran los territorios del subconsciente o del inconsciente, mientras que El Roto trabaja en la esfera de lo consciente o, por decirlo de otra manera, lo cotidiano”, dice en tercera persona, como si hablara de otro.
    Sus pinturas, en cambio, las firma con su nombre, pero para él, se trata de una identidad más; ni más ni menos importante. “Ese seudónimo heterónimo –que es Rábago– intenta reflejar un mundo que aún no es visible, pero que se va aproximando. Es un mundo que no es un mundo antiguo, el del espíritu, sino una nueva forma de ese mundo antiguo que está volviendo a emerger después de haber estado sumergido por la razón desde hace por lo menos, trescientos años”, explica. En sus pinturas sobresalen los colores, un rasgo totalmente ausente en su etapa de Ops y poco frecuente en El Roto, en el que el color aparece como un guiño a la sátira social de principios del siglo XX y para subrayar el absurdo. “En Rábago intenta desarrollarse plenamente ese color, como si fuésemos revelando una fotografía en esa cubeta”. Ya no queda tiempo dice para cambiar de ropas, de identidad. “Por razones de edad, inevitablemente, creo que El Roto será el último”, avisa.
    Rábago aprendió solo. Y nunca quiso hacer otra cosa. “Mi única profesión ha sido la de dibujante y pintor, no he tenido ninguna otra profesión ni he trabajado en ninguna otra cosa”. Pero tuvo suerte y se le hizo fácil: su hermano hacía periodismo. “Nunca me costó un notable esfuerzo el poder publicar”, dice con modestia. Sin embargo, el éxito arrollador llegó con un género antiguo, que hoy no tiene demasiado lugar en la prensa iberoamericana y mucho menos en la argentina.


    ¿Es un error buscar sólo humor en la sátira?
    Hay dibujantes que hacen una sátira más humorística y otros que hacemos una sátira distinta un poco más, digamos, seria. Cada uno tiene sus virtudes y sus inconvenientes, el mayor problema que le veo al humor es que, de alguna manera, dinamita su propia carga de profundidad, es como si se dinamitase a sí mismo. Yo prefiero que las cosas queden en un terreno en que puedan crecer de forma natural, subterránea. Creo que el humor al producir una descarga de risa, lo que hace es desactivar esa carga que lleva. Eso me ha producido siempre cierto recelo en trabajar lo que es estrictamente humorístico.
    Hablando de cargas, hay algunas ideas que se repiten obsesivamente en sus viñetas, como la de una sobreinformación al servicio de la desinformación.
    Me interesa el presente, pero no tanto eso que llamamos actualidad. La actualidad no la suelo tocar, me interesa el medio y el largo plazo, lo que está detrás de lo que acaba de ocurrir: hacia dónde nos lleva, qué podemos temer o esperar. Hay un exceso de información, pero una información tan entrecortada, tan fragmentada, que nos impide tener una visión más clara de lo que pasa. El trabajo de la sátira es clarificar, no tanto lo que pasa sino lo que sigue o seguirá pasando. La función es dar un sustrato a esa visión para que pueda resultar más clara la lectura. La sátira además ha sido un instrumento de lucha política, pero eso me interesa mucho menos. Me interesa más su utilidad a la hora de crear estructuras mentales, que nos permitan comprender mejor lo que nos ocurre o lo que nos hacen.
    Otra idea recurrente y parecida es la del “ruido” de la TV y la radio como otra forma de manipulación. ¿Siente que ese ruido se mete en su vida a pesar de los esfuerzos por apagar la tele?
    Me ocurre cada vez con más insistencia. Cada vez, con menos información, obtengo más información. Prácticamente me estoy volviendo autista: apenas oigo la radio, leo cada vez menos la prensa, porque es como si ya la hubiese leído, como si ya lo hubiese oído. Son como repeticiones de lo ya conocido. Cada vez intento entender más a partir de ese silencio. Creo que en esa saturación informativa hay más ausencia de información que en la aparente ausencia de información que puede proporcionar el silencio o el apartarse de los medios convencionales de información. Es como si ya estuviese todo ahí, como si estuviese presente inevitablemente, no podemos aislarnos completamente de ello.
    Al tiempo que dispara contra la lógica de los medios, El Roto trabaja en el diario más poderoso de España, nave insignia del Grupo Prisa y publica sus libros en Random House Mondadori, asociada a Penguin, la editorial más grande del planeta. Carga con sus contradicciones, no les escapa. “Siempre he sostenido que dejar todo el espacio a aquellos que no te gustan, que crees que son nocivos, que producen enfermedad social, no es bueno. Si se nos da la oportunidad de tener una ventana, un lugar de decir lo que tenemos para decir, se la debe usar. Apartarse, por no contaminarse, por permanecer en una pureza imposible, no tiene sentido. Si fuesen más las voces que nos gusta oír o que tienen algo que decir, sería de agradecer que estuviesen presentes”.
    Es la idea de responsabilidad personal que usted manifiesta.
    Voy a hacer un matiz: no en cualquier lugar y no a cualquier precio. Por ejemplo, a la televisión, en la que alguna ocasión podría haber opinado, le he rehuido: creo que está demasiado contaminada para ser usada. Es cierto que la prensa tiene unas deficiencias enormes, pero considero que es un medio mucho más frío, en el que el lector no está tan indefenso frente a lo que se le pueda intentar colar como en la televisión.


    A usted no lo sorprendió la crisis económica española. En sátiras anteriores al crack auguraban las fallas del sistema.
    Pero eso prácticamente todo el mundo lo podía ver, que había algo raro, algo de ficción en todo lo que estaba pasando. Lo que pasa es que mientras resultaba provechoso, hacíamos la vista gorda, como que eso no tenía importancia, pero yo creo que eso era bastante visible. No es que las cosas no sean visibles, sino que vemos lo que nos interesa ver y justamente la sátira tiene que ser bastante neutral en ese aspecto. La mirada del dibujante satírico tiene que ser bastante neutral para no caer en esas trampas de los intereses o incluso de lo que es más próximo a su forma de pensar. Esa neutralidad en la mirada te permite mirar más a fondo las cosas.
    ¿Y los indignados? En sus viñetas los rescata.
    Hombre, sobre todo porque son el futuro y estoy convencido de que tienen una razón de conocimiento, aunque sea inconsciente, de hacia dónde vamos. En el fondo estamos siguiendo algunas directrices internas de las que no somos conscientes. Eso se da en mayor medida en aquellas personas que son jóvenes y no han creado estructuras o capas que les impiden acceder a esos mapas. Por lo tanto, la reacción de los jóvenes, que habían permanecido por mucho tiempo –para mi consternación por otro lado– bastante silenciosos y que parecían sumisos y contentos, me pareció que era saludable. Era como si se hubiesen puesto en marcha los mecanismos de defensa internos, como cuando tenemos una enfermedad.
    Se les ha criticado que su accionar sea por fuera del sistema político.
    No, no, yo creo que es bastante inteligente la forma en la que se está actuando, hay que esperar, todavía son fenómenos muy jóvenes, muy nuevos. Yo creo que en alguna viñeta ya señalaba los peligros de formar partidos iguales a los ya existentes. El hecho de que no se hayan formado todavía partidos indica que no quieren integrarse en el mismo esquema que están criticando. Hay que esperar, todavía falta tiempo para saber qué va a resultar de todo ello, incluso cuando no resulte nada, por sí mismo es un hecho saludable.


    Rábago básico
    Nació en Madrid en 1947. Historietista, escenográfo, guionista y pintor.
    Autodidacta, irrumpió en la década de 1970 con el nombre de Ops, pero alcanzó su pico de fama en Europa y en América latina con su último pseudónimo: “El Roto”. Con esa firma publica viñetas periódicas en El País.
    En 2012 ganó el Premio Nacional de Ilustración y lleva publicados una docena de libros como “Bestiario”. En los próximos meses saldrán “Oh! La L’art” (Libros del zorro rojo) y “A cada uno lo suyo” (RHM).
    Expuso sus pinturas y dibujos en diversas muestras.



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    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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