Descarga: Michel Houellebecq - Ampliación del campo de batalla

En 1994 apareció en Francia esta primera novela de Michel Houellebecq, con un título más bien disuasorio, publicada por un minúsculo aunque muy prestigioso editor, Maurice Nadeau. A pesar del silencio crítico inicial, la novela se fue convirtiendo en un libro de culto, obtuvo premios (y lectores) y Houellebecq, una voz totalmente nueva en la narrativa contemporánea, se vio catapultado a portavoz de su generación. El narrador de Ampliación del campo de batalla es un ingeniero informático de 30 años, hastiado por su trabajo, que debe vender a sus posibles clientes las delicias de las nuevas tecnologías... Es un antihéroe que ha dejado de luchar, que espía apenas a sus congéneres, que se desliza hacia la depresión; lleva dos años de castidad, se refiere a «las mujeres que me abrían sus órganos» con tanta repugnancia como cuando habla de las egoístas psicoanalizadas... Con la precisión de una autopsia, describe el campo de batalla de la sociedad actual, la sociedad neoliberal, con sus perdedores en el ámbito económico y sexual: la ampliación del campo de batalla a todas las edades de la vida, a todas las clases sociales.

La literatura del siglo XX tiene un antes y un después con "Ulises", la novela publicada en 1922 en París que, a primera vista, trata del simple recorrido de un hombre común por las calles de Dublín. Aunque la obra de Joyce (1882-1941) parte de la cotidianidad, su furiosa ambición pretendía crear una obra universal y mítica. Lo logró. 



Hoy podés entrar a cualquier buena librería y llevarte una copia de Ulises de James Joyce (1882-1941) como si fuera una docena de huevos. Pero en 1922, cuando fue editada por primera vez, la novela era literalmente contrabando. Las aduanas de los Estados Unidos e Inglaterra estaban en alerta roja para confiscar y quemar cualquier ejemplar que entrara por el correo. Recién en 1934 estuvo autorizada en los Estados Unidos, y en 1936 en el Reino Unido. Mientras tanto, sólo se conseguía de manera ilegal y pasaba de mano en mano en secreto. (Según una nueva biografía, ¡Ernest Hemingway ayudó armar un convoy para pasar ejemplares por la frontera con Canadá!). En su Irlanda natal, Joyce era considerado un degenerado satánico. Por eso, para comenzar a hablar sobre esta novela que cambió la literatura y que ahora es un clásico –reverenciado a la altura de La divina comediaHamlet o Don Quijote– resulta útil recordar que durante mucho tiempo fue un libro peligroso. 
Aunque la obra de Joyce y su importancia para las letras universales no se limita a Ulises, cualquier discusión sobre su vida y obra tiene que comenzar por esta novela que escribió entre los 32 y los 39 años de edad. Y tal vez, para ser breves en esta vida breve, nos limitaremos principalmente a esta obra: el centro de su universo creativo. En ella Joyce metió todo lo que sabía de literatura y de su Dublín natal, donde vivió hasta los 22 años. 
Sus obras previas, la colección de cuentos Dublineses y la novela Retrato del artista adolescente, pueden ser vistas como prólogos a Ulises. De hecho, Stephen Dedalus, el protagonista de Retrato… (y alter ego literario de Joyce) es un personaje fundamental en Ulises, que comenzó como un cuento para ser incluido en Dublineses antes de tomar vida propia como novela. Y Finnegans Wake, la obra que sigue a Ulises, es maravillosa entre otras cosas porque es tan pero tan compleja e inaccesible que hace que Ulises –un libro de por sí muy difícil– parezca un cuento de hadas. 
Ulises es una novela simple y compleja a la vez. Trata, principalmente, de las andanzas de Leopold Bloom a través de Dublín durante un solo día: el 16 de junio de 1904. A pesar de que la superficie de la novela es la cotidianidad más rasa (la primera vez que vemos a Bloom está desayunando y después defecando) la novela tiene una arquitectura secreta que la liga íntimamente con la Odisea de Homero, y también con una constelación de símbolos anatómicos y esotéricos que logran (para los creyentes) hacer de Ulises una especie de libro universal, como una Biblia.
La imaginación de Joyce es humorística y, al mismo tiempo, enciclopédica. Como una metáfora, cada cosa que escribe es lo que dice y también lo que alude. Joyce dijo que metió tantos rompecabezas y enigmas en Ulises como para mantener a los profesores ocupados durante siglos. Hasta ahora lo ha logrado: se han escrito bibliotecas enteras sobre James Joyce y su obra.
Pero el principiante no tiene que alarmarse por todo esto. La primera entrada a la obra de Joyce es por el sonido de su prosa y la belleza de sus imágenes. Por lo tanto, si es posible, hay que leerlo en inglés. Esto no es esnobismo. Es que su prosa es musical y, como los poemas, es literalmente intraducible a otra lengua. El sonido no tiene equivalencias que se puedan transferir de un idioma a otro. Por ejemplo, describe de Stephen Dedalus –el Sancho Panza de Bloom– caminando por la playa:
Ineluctable modality of the visible: at least that if no more, thought through my eyes. Signatures of all things I am here to read, seaspawn and seawrack, the nearing tide, that rusty boot.


Que en castellano se tradujo:
Ineluctable modalidad de lo visible: por lo menos eso, si no más, pensado a través de mis ojos. Las signaturas de todas las cosas estoy aquí para leer; huevas y fucos marinos, la marea que se acerca, esa bota herrumbrosa.


(Fíjense, en particular, y simplemente en términos de sonido, en: seaspawn and seawrackcontra huevas y fucos marinos, la marea que se acerca.)
El ejemplo también ilustra el gran descubrimiento de Joyce: el monólogo interior. Como en la teoría de la evolución o el cálculo integral, es conflictivo señalar un solo descubridor. Virginia Woolf, Marcel Proust y William Faulkner son laderos indiscutibles de Joyce en esta empresa. También Sigmund Freud y Carl Jung, de cierta manera. Sin embargo, el consenso crítico dice que en Ulises logra su máxima expresión.
Justamente, fue este recurso estilístico el que resultó tan ofensivo para tantas personas (además de lo escatológico y lo sexual de la novela). Jung mismo dijo sobre Ulises: “El estilo de Joyce es definitivamente esquizofrénico, con la diferencia de que el paciente común no puede impedirse a sí mismo pensar de esa forma, mientras que Joyce lo hace a voluntad y, además, lo desarrolló con sus fuerzas creativas.”
Ahora que Joyce es un monumento aparentemente irrebatible, es importante reafirmar enfáticamente que su obra, además de haber sido peligrosa, aún sigue siendo muy extraña y muy nueva: por su lenguaje, por su compleja arquitectura narrativa y por su gigantesca ambición de describir el mundo universal a través de un mundo particular.



Un esbozo biográfico
Joyce nació el 2 de febrero de 1882 en Dublín, Irlanda. Fue el primero de 15 hijos que su madre pariría, cinco de los cuales murieron durante la infancia. John Stanislaus Joyce, el hermano tres años menor, fue central en la vida de James. Entre otras cosas se mudó a Trieste con él apoyándolo financieramente, aunque ambos vivían casi en la pobreza. Joyce lo trataba condescendientemente y también lo usaba como un frontón para sus ideas. El libro de Stanislaus, My Brothers Keeper, es de fundamental importancia para los biógrafos de Joyce.
Hasta los 9 años, la vida de Joyce fue tranquila. Estudió en un prestigioso colegio jesuita donde fue buen alumno y un católico devoto. (Pronto, sin embargo, abandonaría la fe con vehemencia, al punto que no se arrodilló a rezar delante de su madre moribunda a pesar de las súplicas de ella. Como casi todo en su vida, esto está presente en Ulises.) Cuando tenía alrededor de diez años, el padre de Joyce comenzó a tener problemas financieros que lo perseguirían toda la vida: a partir de ese momento, la familia se mudaría cada vez con más frecuencia y a lugares más tristes y decadentes.
La educación preuniversitaria de Joyce se completó en otro colegio jesuita donde, junto a su hermano Stanislaus, estudió sin pagar la matrícula gracias a unos curas que admiraban su intelecto y conocían la precaria situación financiera de la familia.
Entonces es cuando Joyce se sumerge en la literatura clásica, aunque también leía fuera del programa escolar en las librerías de viejo en la ciudad. Para su carrera universitaria, Joyce asistió University College Dublin entre 1899 y 1902, concentrándose en lenguas modernas. Allí descubrió a Henrik Ibsen –que se convirtió en su primer modelo literario por mezclar el realismo con el simbolismo, según Gordon Bowker. Estudió noruego para poder leerlo en el original y publicó reseñas de sus obras. Hasta tuvo una breve correspondencia con el dramaturgo. Con la arrogancia que lo caracterizaba, le escribió: “Nos hemos conocido demasiado tarde. Eres demasiado viejo para que yo tenga efecto alguno sobre usted.”
Al mismo tiempo, Joyce empieza a conocer las calles y la noche. Los dos lados de la moneda de Joyce, tanto en su vida como su obra, son la descomunal erudición literaria y cultural, por un lado, y un íntimo conocimiento del sórdido y escatológico submundo urbano por otro. El barrio de prostíbulos de Dublín en ese momento se llamaba Monto y en Ulisestomaría el nombre Nighttown. Joyce los frecuentaba con entusiasmo. Años después, voluntariamente exiliado en Trieste con su pareja Nora Barnacle (embarazada del primer hijo de la pareja) visitaría, también, los prostíbulos de esa ciudad.
Joyce tuvo dos exilios: uno tentativo y otro permanente. En el primero, se fue a París a intentar estudiar medicina. Un amigo, luego enemigo –que en Ulises se convertiría en Buck Mulligan– le sugirió a Joyce que esa profesión le daría dinero, prestigio social y tiempo para escribir. Pero apenas comenzó a estudiar medicina, además de pasar hambre, lo que hizo Joyce en París fue, como antes en Dublín, devorar bibliotecas.
Su segundo exilio fue permanente. A principios de junio en 1904, cuando Joyce tenía 22 años, conoció en la calle a Nora Barnacle, una mujer dos años mayor que él que trabajaba de mucama en un hotel. Por el gorro blanco de marinero que Joyce llevaba puesto, ella pensaba que era un marinero noruego. El se enamoró de un flechazo. Le pidió una cita. Tras un malentendido, por fin salieron el 16 de junio (el día que quedó inmortalizado enUlises). Para tener una idea de hasta qué punto la vida de Joyce ha sido investigada, un dato: hay un serio debate académico-biográfico sobre si Nora lo masturbó a Joyce en este primer encuentro o no. Lo cierto es que estarían juntos por el resto de sus vidas. Tuvieron dos hijos, Giorgio y Lucía, a los que amaron pero no les fue muy bien en la vida. Barnacle era la musa de Joyce. Fue la modelo para Molly Bloom, la mujer en el centro de Ulises y cuyo monólogo al final de la novela es en sí mismo una obra maestra.
Con Nora se fueron a la Europa continental, sin casarse, para nunca volver a vivir en Irlanda. Ella era la contrapartida ideal para Joyce; no le daba importancia a la literatura y no creía en la eventual fama de su marido. En la última biografía de Gordon Bowker, una anécdota sobre Nora encapsula la relación que ella tuvo con su marido: explicándole a una amiga por qué le costaba dormirse, dijo: “Me voy a la cama y ese hombre se sienta en el cuarto de al lado y se ríe sobre lo que está escribiendo. Y yo le toco la puerta y le digo: ‘Mira Jim, o dejas de reírte o dejas de escribir’.”
La vida de Joyce estuvo repleta de angustias y dificultades, pero también de enorme fortuna. Desde adolescente, lo que quiso fue escribir, pero no sólo escribir sino crear obras que lo pondrían a la altura de Shakespeare. Célebre es la frase en la que dice que su ambición en Ulises era escribir algo tan completo que si se llegara a destruir la ciudad podría ser reconstruida a partir de su libro. Para lograrlo necesitaba dinero y gente que lo ayudara. 
Durante sus años en Trieste, donde trabajó de profesor de inglés, vivió de la generosidad de su hermano. Después, en decenas de mudanzas, principalmente entre Trieste, Roma, Zurich y París, terminó encontrando a sus ángeles guardianes. Es probable que sin el enorme apoyo financiero de sus patrocinadoras, principalmente Harriet Shaw Weaver –por el lado financiero– y Ezra Pound –por los contactos y la promoción dentro del mundo literario– no hubiera logrado dedicarse a la literatura de la forma en que lo hizo. 
Joyce es un escritor sublime, el constructor de los más maravillosas laberintos literarios del siglo XX. No hay que pedirle más que eso.

http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Vida-y-Obra-James-Joyce_0_958704497.html


Descarga: James Joyce - Ulises (traducción de Jose María Valverde)



Descarga: James Joyce - Ulises (traducción de Jose María Valverde)

La obra monumental de James Joyce. Ulises es el relato de un día en la vida de tres personajes: Leopold Bloom, su mujer Molly y el joven Stephen Dedalus. Un viaje de un día, una Odisea inversa, en la que los temas tópicamente homéricos se invierten y subvierten a través de un grupo decididamente antiheroico cuya tragedia raya la comicidad. Relato paródico de la épica de la condición humana y de Dublín y sus buenas costumbres cuya estructura, desbordantemente vanguardista, avisa a cada rato de su dificultad y exige la máxima dedicación. Ulises es un libro altisonante, soez y erudito donde los haya que ofrece una literatura distinta, extraña, ocasionalmente molesta y sin duda excepcional.

Las imágenes del desencanto

A través de sus viñetas satíricas, el pintor e ilustrador español Andrés Rábago, más conocido como El Roto, despierta conciencias y critica al sistema capitalista. Aquí, habla sobre la crisis económica y los “problemas” del humor político.



Hace apenas seis años, cuando todos en España estaban embriagados con el derroche, los edificios que crecían como hongos, el piloto automático de la economía y el bipartidismo, había un tipo que –con señales: dibujos y leyendas– vislumbraba un doloroso fin de fiesta. Lo hacía todos los días en el diario El País, el mismo que tampoco vio venir la crisis, a los indignados y a los cinco millones de “parados”. El seudónimo con el que firmaba “sus visiones” (así las llama) también parecía revelador: El Roto. En la Argentina le hubiésemos pegado la etiqueta de “Humor gráfico”, pero las viñetas de El Roto no son chistes, aunque también roben sonrisas. Son radiografías de una realidad amarga, que entonces presagiaban lo evidente. Un dibujo y una leyenda contundente, parecida a los aforismos más ingeniosos de Twitter. Mientras España se hundía, la figura de Andrés Rábago García, alias El Roto, se erguía en las ediciones internacionales, en El País y en sus libros. El reconocimiento mayor llegó el año pasado: el Premio Nacional de Ilustración. Mientras, la caída de España todavía no se detiene.

Antonio Muñoz Molina, uno de los escritores españoles más prestigiosos, calificó a El Roto como “el único intelectual comprometido que había en España en 2007”. Esa aseveración motivó la respuesta furibunda de Javier Marías, siempre candidato al Nobel, que rechazó la imputación de su colega pero no pudo más que elogiar al artista. “Todos admiramos el talento y la capacidad de síntesis de El Roto, pero él hace viñetas tan sólo, a las cuales, por fuerza, y por certeras que sean, les falta la argumentación”, disparó.
Del otro lado del Atlántico, desde su estudio en Madrid, por teléfono, El Roto baja el tono de la discusión. “Yo agradezco las palabras de Muñoz Molina, que es un escritor que valoro, lógicamente, pero creo que era una polémica un tanto... (hace una pausa como si buscara la palabra más diplomática), vamos, yo no tengo nivel para poder contrastar con otra gente que tiene textos espléndidos y son pensadores mucho más profundos de lo que yo puedo ser.
Pero, ¿cómo juzgaría la actitud del colectivo intelectual español frente a la crisis financiera?
Para ser sincero, debo decir que mis lecturas no van por ahí, ignoro lo que pueda haber de verdad o de falso en el hecho de que los intelectuales hayan estado ajenos a los acontecimientos, porque no es mi lectura favorita. Yo juego más en otros terrenos de lectura. Me gusta la lectura de los místicos o de la filosofía de todas las épocas, de poesía, más que textos políticos o sociales.


El Roto no da nombres, siempre deja que un halo de misterio, parecido a la parquedad o el malhumor, lo envuelva. Lo incomoda hablar de su trabajo, del aspecto formal en el que no concibe el texto sin imágenes y viceversa. Le molesta explicar otra vez por qué antes de ser El Roto era Ops. Su firma no era la única diferencia. Con ese seudónimo trabajó durante la dictadura, como se refiere –sin eufemismos– al gobierno totalitario de Francisco Franco. “La censura era bastante estricta –recuerda– y el hecho de poder hacer un trabajo sin palabras, permitía decir las cosas de una manera libre y el lector era capaz de entender lo que se le estaba diciendo sin que la censura pudiese atrapar al autor”. Esa es la libertad que siempre buscó, trabajar sin coerciones. Cuando llegó la democracia, el lenguaje de Ops le resultaba demasiado oscuro para el lector moderno. “Por eso fue emergiendo esa personalidad, que era El Roto. Lo que trabajaba Ops eran los territorios del subconsciente o del inconsciente, mientras que El Roto trabaja en la esfera de lo consciente o, por decirlo de otra manera, lo cotidiano”, dice en tercera persona, como si hablara de otro.
Sus pinturas, en cambio, las firma con su nombre, pero para él, se trata de una identidad más; ni más ni menos importante. “Ese seudónimo heterónimo –que es Rábago– intenta reflejar un mundo que aún no es visible, pero que se va aproximando. Es un mundo que no es un mundo antiguo, el del espíritu, sino una nueva forma de ese mundo antiguo que está volviendo a emerger después de haber estado sumergido por la razón desde hace por lo menos, trescientos años”, explica. En sus pinturas sobresalen los colores, un rasgo totalmente ausente en su etapa de Ops y poco frecuente en El Roto, en el que el color aparece como un guiño a la sátira social de principios del siglo XX y para subrayar el absurdo. “En Rábago intenta desarrollarse plenamente ese color, como si fuésemos revelando una fotografía en esa cubeta”. Ya no queda tiempo dice para cambiar de ropas, de identidad. “Por razones de edad, inevitablemente, creo que El Roto será el último”, avisa.
Rábago aprendió solo. Y nunca quiso hacer otra cosa. “Mi única profesión ha sido la de dibujante y pintor, no he tenido ninguna otra profesión ni he trabajado en ninguna otra cosa”. Pero tuvo suerte y se le hizo fácil: su hermano hacía periodismo. “Nunca me costó un notable esfuerzo el poder publicar”, dice con modestia. Sin embargo, el éxito arrollador llegó con un género antiguo, que hoy no tiene demasiado lugar en la prensa iberoamericana y mucho menos en la argentina.


¿Es un error buscar sólo humor en la sátira?
Hay dibujantes que hacen una sátira más humorística y otros que hacemos una sátira distinta un poco más, digamos, seria. Cada uno tiene sus virtudes y sus inconvenientes, el mayor problema que le veo al humor es que, de alguna manera, dinamita su propia carga de profundidad, es como si se dinamitase a sí mismo. Yo prefiero que las cosas queden en un terreno en que puedan crecer de forma natural, subterránea. Creo que el humor al producir una descarga de risa, lo que hace es desactivar esa carga que lleva. Eso me ha producido siempre cierto recelo en trabajar lo que es estrictamente humorístico.
Hablando de cargas, hay algunas ideas que se repiten obsesivamente en sus viñetas, como la de una sobreinformación al servicio de la desinformación.
Me interesa el presente, pero no tanto eso que llamamos actualidad. La actualidad no la suelo tocar, me interesa el medio y el largo plazo, lo que está detrás de lo que acaba de ocurrir: hacia dónde nos lleva, qué podemos temer o esperar. Hay un exceso de información, pero una información tan entrecortada, tan fragmentada, que nos impide tener una visión más clara de lo que pasa. El trabajo de la sátira es clarificar, no tanto lo que pasa sino lo que sigue o seguirá pasando. La función es dar un sustrato a esa visión para que pueda resultar más clara la lectura. La sátira además ha sido un instrumento de lucha política, pero eso me interesa mucho menos. Me interesa más su utilidad a la hora de crear estructuras mentales, que nos permitan comprender mejor lo que nos ocurre o lo que nos hacen.
Otra idea recurrente y parecida es la del “ruido” de la TV y la radio como otra forma de manipulación. ¿Siente que ese ruido se mete en su vida a pesar de los esfuerzos por apagar la tele?
Me ocurre cada vez con más insistencia. Cada vez, con menos información, obtengo más información. Prácticamente me estoy volviendo autista: apenas oigo la radio, leo cada vez menos la prensa, porque es como si ya la hubiese leído, como si ya lo hubiese oído. Son como repeticiones de lo ya conocido. Cada vez intento entender más a partir de ese silencio. Creo que en esa saturación informativa hay más ausencia de información que en la aparente ausencia de información que puede proporcionar el silencio o el apartarse de los medios convencionales de información. Es como si ya estuviese todo ahí, como si estuviese presente inevitablemente, no podemos aislarnos completamente de ello.
Al tiempo que dispara contra la lógica de los medios, El Roto trabaja en el diario más poderoso de España, nave insignia del Grupo Prisa y publica sus libros en Random House Mondadori, asociada a Penguin, la editorial más grande del planeta. Carga con sus contradicciones, no les escapa. “Siempre he sostenido que dejar todo el espacio a aquellos que no te gustan, que crees que son nocivos, que producen enfermedad social, no es bueno. Si se nos da la oportunidad de tener una ventana, un lugar de decir lo que tenemos para decir, se la debe usar. Apartarse, por no contaminarse, por permanecer en una pureza imposible, no tiene sentido. Si fuesen más las voces que nos gusta oír o que tienen algo que decir, sería de agradecer que estuviesen presentes”.
Es la idea de responsabilidad personal que usted manifiesta.
Voy a hacer un matiz: no en cualquier lugar y no a cualquier precio. Por ejemplo, a la televisión, en la que alguna ocasión podría haber opinado, le he rehuido: creo que está demasiado contaminada para ser usada. Es cierto que la prensa tiene unas deficiencias enormes, pero considero que es un medio mucho más frío, en el que el lector no está tan indefenso frente a lo que se le pueda intentar colar como en la televisión.


A usted no lo sorprendió la crisis económica española. En sátiras anteriores al crack auguraban las fallas del sistema.
Pero eso prácticamente todo el mundo lo podía ver, que había algo raro, algo de ficción en todo lo que estaba pasando. Lo que pasa es que mientras resultaba provechoso, hacíamos la vista gorda, como que eso no tenía importancia, pero yo creo que eso era bastante visible. No es que las cosas no sean visibles, sino que vemos lo que nos interesa ver y justamente la sátira tiene que ser bastante neutral en ese aspecto. La mirada del dibujante satírico tiene que ser bastante neutral para no caer en esas trampas de los intereses o incluso de lo que es más próximo a su forma de pensar. Esa neutralidad en la mirada te permite mirar más a fondo las cosas.
¿Y los indignados? En sus viñetas los rescata.
Hombre, sobre todo porque son el futuro y estoy convencido de que tienen una razón de conocimiento, aunque sea inconsciente, de hacia dónde vamos. En el fondo estamos siguiendo algunas directrices internas de las que no somos conscientes. Eso se da en mayor medida en aquellas personas que son jóvenes y no han creado estructuras o capas que les impiden acceder a esos mapas. Por lo tanto, la reacción de los jóvenes, que habían permanecido por mucho tiempo –para mi consternación por otro lado– bastante silenciosos y que parecían sumisos y contentos, me pareció que era saludable. Era como si se hubiesen puesto en marcha los mecanismos de defensa internos, como cuando tenemos una enfermedad.
Se les ha criticado que su accionar sea por fuera del sistema político.
No, no, yo creo que es bastante inteligente la forma en la que se está actuando, hay que esperar, todavía son fenómenos muy jóvenes, muy nuevos. Yo creo que en alguna viñeta ya señalaba los peligros de formar partidos iguales a los ya existentes. El hecho de que no se hayan formado todavía partidos indica que no quieren integrarse en el mismo esquema que están criticando. Hay que esperar, todavía falta tiempo para saber qué va a resultar de todo ello, incluso cuando no resulte nada, por sí mismo es un hecho saludable.


Rábago básico
Nació en Madrid en 1947. Historietista, escenográfo, guionista y pintor.
Autodidacta, irrumpió en la década de 1970 con el nombre de Ops, pero alcanzó su pico de fama en Europa y en América latina con su último pseudónimo: “El Roto”. Con esa firma publica viñetas periódicas en El País.
En 2012 ganó el Premio Nacional de Ilustración y lleva publicados una docena de libros como “Bestiario”. En los próximos meses saldrán “Oh! La L’art” (Libros del zorro rojo) y “A cada uno lo suyo” (RHM).
Expuso sus pinturas y dibujos en diversas muestras.



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Filósofo, docente, y autor de textos clásicos como “Todo lo sólido se desvanece en el aire”.  Sufrió un infarto fulminante ayer, en la ciudad de Nueva York, donde residía.


    Marshall Berman murió ayer 11 de septiembre a los 72 años en Nueva York, Estados Unidos.  Escritor, filósofo y docente, sus trabajos sobre economía, arte y cultura fueron moldeados por su inmersión temprana en la obra de Karl Marx.



    Berman había nacido en el Bronx neoyorquino en 1940, en el seno de una familia judía. Fue profesor de ciencia política en la universidad de la ciudad de Nueva York, participó de varias publicaciones de izquierda y fue un colaborador de The New York Times y The Nation, entre otros.
    Entre sus libros sobresalen “La política de la autenticidad” y “Aventuras del marxismo”, pero sin duda su obra más conocida fue "Todo lo sólido se desvanece en el aire", un título tomado del Manifiesto Comunista que cuenta una historia crítica la modernidad, desde el "Fausto" de Goethe a Jones Beach. Lo publicó hace más de treinta años, y se convirtió rápidamente en materia de estudio en universidades y posgrados de varias disciplinas. Como escribió la revista The Tablet, Berman será recordado por ese visionario libro publicado en 1982:

    Fue una revelación, una evocación y a veces un poema en prosa con pies de página. Acá abrazó a Marx como un profeta, guiado no tanto por la ira del viejo testamento, sino por la idea de que lo que podría recién estar haciéndose visible en el mundo sería “una asociación en cual el libre desarrollo de cada individuo es la condición para el libre desarrollo de todos.” Este Marx, para él, fue “uno de los primeros y más grandes modernistas.”
    Por modernismo quiso decir “cualquier intento de hombres y mujeres de convertirse tanto en sujetos como los objetos de la modernización, de tomar de riendas el mundo moderno y sentirse cómodos en el”. Pero en “Todo lo sólido se desvanece en el aire”, Marshall no anunciaba un futuro visionario, sino que celebraba, y se preocupaba, por las posibilidades del presente. “Ser moderno – escribió- es experimentar la vida personal y social como un torbellino… Ser moderno es sentirse en casa en el torbellino, de hacer propio sus ritmos, de moverse dentro de sus corrientes en búsqueda de las formas de la realidad, de la belleza, de la libertad, de la justicia, que permite su fluir ardiente y peligroso.”

    Marshall Berman (Bronx, Nueva York, 1940 – 11 de septiembre de 2013)1 fue un filósofo marxista y escritor estadounidense de origen judío.

    Escribió una serie de libros influyentes en la sociología de la cultura tales como "La política de la autenticidad", "Aventuras en el marxismo" pero fue con "Todo lo sólido se desvanece en el aire", considerado uno de los libros más influyentes del siglo XX, que logró reconocimiento internacional. Inspirado en las tesis de Karl Marx, fue creando desde esa base sus ideas sobre modernismo y modernidad donde se entiende la cultura contemporánea como un mito permanentemente recreado, tomando así el enlace temático sugerido por la Escuela crítica acerca de entender la modernidad como irracionalidad contenida en racionalidad y "mito ilustrado". Sin embargo, gran parte de sus impulsos creativos y trabajo intelectual tiene una formación liberal. Eso se ha profundizado desde los años 90, en un marcado seguimiento por el arte visual contemporáneo y su afición reconocida por Nueva York, su ciudad natal, la cual ha estudiado urbanística y culturalmente de manera magistral a lo largo de su vida.
    Modernidad y sub-desarrollo

    Como muchos pensadores estadounidenses, al estudiar profundamente su país se han encontrado con que los enlaces culturales lo van acercando al sur inconscientemente, tal como sucede de manera análoga con el trabajo intelectual de Harold Bloom a través de su idea de canon. La modernización incompleta latinoamericana, compleja trama híbrida, se encuentra en las mismas manifestaciones culturales estadounidenses que operan como "pasaporte fantasma" a espaldas de Europa; su comprensión sólo puede ser entendida en clave de tragedia.
    Ser modernos es encontrarnos en un entorno que nos propone aventuras, poder, alegría, crecimiento, transformación de nosotros y del mundo y que, al mismo tiempo, amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos y todo lo que somos...

    Todo lo sólido se desvanece en el aire (Autor: Marshall Berman)



    INTRODUCCIÓN

    En esta primera parte, Berman nos habla en su capítulo de introducción acerca del su punto de vista sobre el modernismo dividiéndole en tres fases las cuales son:

    o   Comienzos del siglo  XVI hasta finales del Siglo XVIII
    o   Siglo XIX
    o   Siglo XX

    Para Berman el hombre moderno es aquel que se encuentra con un mundo en el que similitud y desigualdad son pan de cada día; El hombre moderno se encuentra expuesto a trasformaciones, avance, inteligencia, conocimiento pero también, a destrucción y perdición y, es básicamente esto lo que representa a la modernidad como una notable contradicción de lo que es y no es a la vez.

    Berman inicia con la modernidad de la época que inicia con el siglo XVI y finaliza hacia el siglo XVIII, bajo este parámetro él  nos habla  de aquella humanidad que hasta ahora comienzan a experimentar los comienzos de la vida moderna, una sociedad que no sabe a ciencia cierta lo que viene a su futuro y lo que debe afrontar, hasta ahora en este época, se empieza a hablar de ´´modernidad´´ sin saber si quiera el uso adecuado del término, es básicamente una sociedad que está a punto de caer en la revolución total de lo que hasta ahora habían vivido.

    En una segunda instancia Berman sigue expresando ´´la modernidad´´ en otra fase y, esta contempla la época del siglo XIX. En donde ser modernos es saber vivir en esta experiencia de vida (tiempo presente), es ser capaz de afrontarla y poderla transformar, es crecer con ella pero no dejar que esta crezca más que nuestro propia evolución; de igual forma el hombre moderno está atento a lo que dicha modernidad con lleva y, no se deja acobardar frente al cambio, al contrario aun conociendo sus amenazas y contradicciones, es su saber lo que le permite manipularla. 
    Otro aspecto importante de la vida moderna, es su misma contracción, un ejemplo expuesto en el texto no habla de las maquinas, las cuales se encuentran dotadas de cualquier cantidad de propiedades funcionales, de uso y de su productividad que aunque hacen más fructífero el trabajo humano también provocan una industrialización la cual genera en esta humanidad pobreza, hambre, desempleo ya que su eficiencia resta el trabajo obrero que durante décadas desempeñaban y que era aquel trabajo su sustento para vivir.


    En tercera instancia Berman no habla de la modernidad en el siglo XX, en donde el proceso de modernización abarca la humanidad entera, en la que la cultura del modernismo consigue expandirse y es su expansión lo que produce la fragmentación de este ideal moderno lo cual lleva la perdida de sus raíces, pero ahora,¿ Cuáles son las raíces de la modernidad? Fundamentalmente, se habla de su contradicción constante en relación a la medida con que esta misma avanza, pero de qué sirve esa contradicción si no hay una humanidad capaz de sobrellevarla, de no dejarse manipular por lo existente, de ser capaz de apreciarla pero al mismo tiempo más allá de aceptarla, estar en capacidad de tener criticidad y manipularla. Para esto entonces, sería importante empezar por conocernos, y a tener en cuenta ese pasado que nos antecede durante toda nuestra existencia puesto que por muy atrás que allá quedado, fue ese 1 él nos trajo hoy en día al 2, y es evidente que sin ese primer paso no hubiésemos podido llegar al  segundo.



    CAP 1:

    EL FAUSTO DE GOETHE: LA TRAGEDIA  DEL DESARROLLO


    Primera metamorfosis: el soñador
    Segunda metamorfosis: el amante
    Tercera metamorfosis: el desarrollista
    Epílogo: La época fáustica y la época seudofáustica.


    El capítulo nos habla de EL FAUSTO DE GOETHE, el cual se presente como un persona lleno de un mar de profundidad desde su imaginación, una gran inteligencia política y económica que lo llevan a desarrollar su aspiraciones del futuro así como también, es un personaje sensible y con percepciones especiales en su vida.

    La obra del Fausto de Goethe presenta el desarrollo moderno de la sociedad occidental, en esta obra es importante resaltar que durante todo su proceso el ideal cultural del ´´autodesarrollo´´ se ve influenciado bajo el desarrollo económico como su motor esencial de funcionamiento; Y en esta medida entonces, es importante cuestionar sí es este mismo ideal cultural el motor que durante años ha tenido una sociedad en general para auto desarrollarse en cada aspecto personal de su propias vidas es decir, que el deseo de aspiración en función a ser un personaje intelectual de gran sabiduría no rige entonces este ideal  sino más bien, el motor de la ambición económica y material lo que promueve este desarrollo.

    Por otro lado, en Fausto se muestra que la única forma de transformación del hombre se da solo cuando todo su entorno del mundo físico, social y moral también cambia.

    La obra se desarrolla desde 3 metamorfosis, y de esta forma se prosigue a dar una serie de afirmaciones presentadas por el autor que a mi modo de ver se tornan interesantes e importantes de mencionar:

           
    En la primera metamorfosis: él soñador.
    Su cultura se ha desarrollado apartado de la totalidad de la vida.

    Los poderes de su mente al volverse a su interior se han vuelto contra él, convirtiéndose en su prisión.
    El re descubrimiento de los sentimiento infantiles, pueden liberar tremendas energías humanas, que pueden entonces generar poder e iniciativa para el proyecto de reconstrucción social.


    En la segunda metamorfosis: el amante.
    Confianza en sí mismo.
    Su trágico romance no se hubiese desarrollado si no fuesen por sus espiritus afines desde el comienzo.
    El crecimiento humano tiene sus costes humanos, todo lo que desee deberá pagar el precio, y el precio es alto.


    En su tercera y, última metamorfosis: el desarrollista.
    Conecta sus impulsos personales con las fuerzas económicas, sociales y políticas que mueven el mundo.
    Aprende a construir y a destruir.

    Se lucha por cambiar no solo su propia vida, sino también la de todos los demás.
    Para el desarrollista, dejar de moverse, reposar en la sombra, dejar que los ancianos lo envuelvan, es la muerte.

    De esta manera es ya pertinente mencionar que la obra del fausto de Goethe nos muestra esa primera fase de nuestro propia desarrollo, es un ejemplo que nos ayudaría a concebir en una primera medida esa verdad precisa que se acerca cada vez más, la cual nace de la idea innegable del proceso de crecimiento en todo ámbito que cada humano lleva consigo mismo.



    CAP. 2: Todo lo solido se desvanece en el aire: Marx, El Modernismo y La modernidad.

    POSTURA 1:

    Marx ve la vida moderna como un todo en donde existen 2 dualidades:

    - MODERNIZACIÓN: Político – Económica.
                                          Arte – Cultura – Sensibilidad.
    Marx presenta: ‘’ Todo lo solido se desvanece en el aire´´ como la descripción de lo que era la sociedad burguesa moderna.
    En este sentido, todo lo que está estable tiene a desaparecer, tiende a quebrantarse.
    Esto puede relacionar con el principio de todas las cosas: Todo lo vive, muere. Todo lo que existe deja de existir o al menos sufre alguna transformación.


    En este caso esto no es un dejar de existir de forma completa, es decir no se trata de que todo muere sino más bien, de que todo está en un constante cambio, para ejemplificar más esto que acabo de exponer me retomo a al caso más evidente el ser humano:
    Según lo que dice la ciencia y todos los estudios realizados en el proceso de evolución biológica hace millones de años atrás nosotros la raza humana éramos conocidos en este mundo  como una especie de Homo Habilis y hoy en día somos parte de la especie Homo Sapiens Sapiens, lo que sugiero con este breve ejemplo es que este proceso de transformación y evolución que nosotros mismos hemos sufrido, y que muy probablemente vamos a seguir sufriendo cuando en futuro gracias a las condiciones atmosféricas soportadas nuestro propio organismo deba desarrollar anticuerpos o formaciones externas que nos permitan muy posiblemente una protecciones frente a las condiciones ambientales en las que debamos estar, también lo sufren el resto de lo existente.


    Lo importante no es solo tener conocimiento acerca de estos cambios sino más bien empezar a concientizarnos que la naturalidad de todo está en esta transformación constante, y que como diseñadores debemos entonces pensar siempre a la hora de diseñar en totalidades que comprendas 3 factores importante: pasado, presente y futuro; dicho factores son entonces los criterios primordiales de estudios y análisis complejos cada uno como diseñadores debe evaluar a la hora de diseñar, con esto entonces pensando en una totalidad y de esta totalidad desglosar variables podríamos encontrar respuestas a necesidades o problemas particulares y son las respuestas a estas particularidades lo que nos llevaría a producir cambios en la GLOBALIDAD, si entendemos el principio de que el cambio en las pequeñas cosas a futuro generar respuestas en la totalidad.


    POSTURA 2:

    Al igual que Marx comparto en una pequeña parte la postura que presenta en base a la burguesía en donde se siente maravillado por los alcances al que la misma mediante su metodología y estrategia ha conseguido pero, me cuestiona entonces pensar en el apoyo que se le da a esta forma de proceder.
    Es pertinente resaltar que aunque los logros obtenidos de la industrialización y las ganancias en el desarrollo económico de ciudades han sido grandes, también la manera en como se ha sobre-explotado, desbastado y destruido toda esta mano obrera que antes eran los medios de generación de ganancias para la sociedad,  ha sido también injustificable ya que en ninguno de los casos la clase obrera y artesana ha debido pagar con sus vidas, los beneficios que estos procesos de industrialización han traído.

    De esta forma; ¿Hasta qué punto se debe congraciar la humanidad  con los avances de carácter tecnológico, científico, económico que el mundo ha obtenido? si para conseguir esto nos hemos convertido en una sociedad esclava del consumismo, dependiendo de todo un sin número de objetos que hacen por  ‘’nosotros’’ ; Además de perder la oportunidad de todo aquel trabajo que propiamente podríamos nosotros desarrollar y de esta forma obtener un desarrollo de habilidades motrices que en la actualidad carecemos porque han sido las maquinas las que realizan las actividades que nosotros deberíamos realizar.

    Es importante mencionar también que el desarrollo y la industrialización no son sucesos nefastos al contrario, el progreso y el avance que han dado a estas sociedades han sido magnificas, pero se debería pensar, ¿Hasta qué punto hoy en día, hemos dejado de ser los manipuladores de estos inventos y, nos hemos convertido en los objetos manipulables?

    En la actualidad, observamos que nos hemos vueltos esclavos de la tecnología (como se puede evidenciar en el video presentado en la parte inferior acerca del BlackBerry), es por esto que invito a entender que estos objetos son solo los MEDIOS por los cuales podemos facilitar algunos aspectos en nuestras vidas como por ejemplo la comunicación, PERO esto no pretender que aunque sean facilitadores sean entonces INDISPENSABLES para nuestra existencia y, por esta razón nos volvamos en esclavos de ellos.



    CAP 3: BAUDELAIRE: EL MODERNISMO EN LA CALLE

    Es interesante detenerse y pensar un poco acerca de una de los pensamientos que expresa Baudelaire en el heroísmo de la vida moderna;  nos habla acerca de ese verdadero pintor que está en capacidad de captar el carácter épico de la vida de hoy y hacernos sentir Grandes por ser quien somos y vivir en la época en la que vivimos.

    Ahora bien que pasaría entonces y si suponemos que estos pintores del siglo XIX, son llevados a nuestro actualidad y decidimos cambiar de actores para pensar en los diseñadores del siglo XXI; Diseñadores que sean capaces de hacer sentir ‘’Grandes’’ a sus usuarios por medio de todo lo que diseñan tanto en productos tangenciales como intangibles para ellos; entendiendo que la grandeza no se define como ‘’superioridad’’, sino al contrario entender grandeza como el atributo que se le da al usuario por medio del cual este siente apropiación y gusto por lo que tiene, por lo que es y por quién es, en este caso la grandeza estaría medida por aquello que le permitiría al usuario generar en él un sentido de placer al disfrutar lo que adquiere, en un ejemplo de esto en  cuestiones materiales sería: ¿Qué pasaría sí como diseñadores nos encargamos de comunicar que todo bien material expuesto para la sociedad hace parte de un sin fin de cosas que pertenecen a la modernidad y que la riqueza de estas por mucha variedad que exista, no va a cambiar?

    Es decir,  aunque de un ‘’bien material’’ existan muchas versiones y tipologías del mismo principio funcional, la riqueza de este no está en la mejorías que se le otorgan al pasar del tiempo sino al contrario, la riqueza es en su USO y principalmente el atributo FUNCIONAL que presta para cada usuario.
    Tal vez, convirtiendo  a cada Diseñador en un pintor de la vida moderna como lo expresa Baudelaire, lograríamos que todos estos ´´pintores´´ intentaran causar en la sociedad un cambio en sus propios conceptos en la adquisición de bienes materiales ‘’modernos’’, en donde la importancia de compra no sea la última versión en el mercado sino el entendimiento de su USO y FUNCIONALIDAD.



    CAP. 4: SAN PETERSBURGO: EL MODERNO DEL SUBDESARROLLO.


    Algo para resaltar en el ensayo que presenta Berman es: la visión de San Petersburgo durante los siglos XIX y XX, como una ciudad en donde las tradiciones son de carácter moderno y nacen de la existencia de la misma ciudad como símbolo moderno, en donde la sociedad es la atrasada; Ahora bien, que pasaría si planteáramos esta misma situación en Colombia y en nuestra realidad, ¿Cómo se comportaría la sociedad Colombiana frente a sus propias tradiciones?, ¿Seremos también una sociedad atrasada? y ¿Nacen en nuestra ciudad tradiciones que son llevadas a que se viva en una sociedad moderna?.

    Es  interesante plantear esta misma situación acá,  se podría pensar que tal vez nuestro problema de país tercermundista se debe a  él como se vivió o vive la modernidad en Colombia, si entendemos que es un país subdesarrollado puesto que  los niveles de pobreza son muy altos, y existe gran población dentro de la marginalidad además de la desprotección de los ancianos, los niños y las madres cabeza de familia también,  posee  una deuda externa elevada lo que  impide la inyección de capital propio y para añadir,  no cuenta con una macroeconomía estable o una economía en desarrollo, ni con alto índices de empleo o altos índices en un buen nivel de vida de sus habitantes pero bien, el problema del subdesarrollo que vivimos debe tener una razón de fondo o para así decirlo un motivo que viene de décadas atrás en donde tal vez la sociedad sea el factor clave de nuestro estado actual.


    Me atrevería a decir que al hablar de  la sociedad se podría empezar con que para ser modernistas se necesitar ser  un grupo de diferentes colectivos trabajando en pro de nuestro propio beneficio, entendiendo lo propio como una totalidad del bienestar completo de toda una sociedad, en donde no solo sean las clases altas y medias las relativamente beneficiadas sino, exista un  cumplimiento completo de beneficios para todas las clases sociales; Si entendemos que el pensamiento colectivo es lo que nos llevaría a todos a un desarrollo y progreso como comunidad colombiana que somos, tal vez los problemas que se avecinan no serían tan graves y quedaría la posibilidad de encontrar algunas soluciones porque no serían unos pocos trabajando en sus beneficios sino,  todo un colectivo, luchando por su bienestar  y el bienestar del otro, en el que la estabilidad  o el equilibrio social genere una estabilidad total.

    Por otro lado, ¿Qué pasa con nuestra falta de identidad?, Una sociedad que vive y sigue las tradiciones ajenas sin identificar cuáles son sus propias tradiciones, no podría entenderse nunca  como sociedad ya que, para para ser sociedad  moderna se debería pensar en  nuestras raíces, no en la modernidad que viven agentes de personas ajenos a nuestra realidad.

    Lo importante entonces,  es pensar en nosotros para llegar a construir un mañana propio, ¿Cómo ser una sociedad moderna si acoplamos lo que otros hacen para ellos  y no para nosotros? Es ilógico pensar que se puede conseguir un desarrollo o un pensamiento moderno si lo que acoplamos a nosotros no nace de nuestras raíces sino de las raíces de otros…





    CAP. 5: EN LA SELVA DE LOS SIMBOLOS: ALGUNAS OBSERVACIONES SOBRE EL MODERNISMO DE NUEVA YORK.



    Jacobs nos presenta una visión diferente de la modernidad en donde se resalta la actitud, así como lo llama Baudelaire de  ‘’Tomar un baño de multitud’’. Esta visión nace de los años 70´s donde los modernistas de la década de  1.950 empiezan a enfrentarse al mundo de la autopista. Este enfrentamiento no tiene razón de ser si no se llega a una fuente de vida nueva como se menciona en la lectura que genere energía a esta modernidad. Acá entonces, lo interesante es que dicha visión posee esta característica y dicha característica se encuentra presente en nuestra cotidianidad es decir que está presente en nosotros mismos el sentido dela modernidad.


    De esta forma, esta visón nace de nuestra vida cotidiana en las calles y así pues, lo cuestionan té seria pensar en si se debería, hacer caso en mantener con vida el viejo ambiente de nuestras calles ya que es el único capaz de nutrir las experiencia y los valores modernos ó más bien, ignorar la libertad que sugiere la calle y por el contrario implementar el mundo de la autopista que propone una renovación a lo que décadas atrás hemos estado acostumbrados y en la pequeña medida que esta ha cambiado nosotros también lo hemos hecho.


    Pues bien, esta idea del mundo de la autopista nos traer consigo más allá de una renovación, una destrucción de nuestras calles para dar paso a construcciones de rascacielos, centro comerciales, grandes autopista, construcciones urbanas en viviendas etc.,  depurando cualquier rastro de nuestras raíces y planteando un esquema  totalmente diferente. En esta medida entonces, ¿Qué sería lo correcto?  Persistir  con nuestra identidad descubriendo la modernidad en lo que cotidianamente vivimos o por el contrario, dejar atrás todas estas experiencias y reconfigurar nuestros territorios despojándonos de lo nuestro para adquirir algo nuevo y así apropiarlo como nuestra modernidad.


    En mi opinión, para mí lo ideal sería fusionar ambas, donde el sentimiento de la cotidianidad y las raíces no sean perdidas pero de igual forma se pueda abrir paso a nuevos esquemas a nuevas estructuras de pensamiento en la medida en la que estas no sean producto de los imaginarios que otros proponen sino, sean el resultado de reconfigurar nuestra identidad como sociedad para asi generar nuevas combinaciones y de esta forma lograr nuevos espacios de modernidad los cuales contengan granos de nuestra identidad.