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    sábado, 16 de febrero de 2013

    Rafael Alberti:uno de los mayores literatos españoles de la Edad de Plata de la literatura española

    "Tú no te irás, mi amor, y si te fueras,
    aún yéndote, mi amor, jamás te irías."

    Alberti 1971


    Rafael Alberti Merello (El Puerto de Santa María, Cádiz, 16 de diciembre de 1902 - ibídem, 28 de octubre de 1999) fue un escritor español, especialmente reconocido como poeta, miembro de la Generación del 27. Está considerado uno de los mayores literatos españoles de la llamada Edad de Plata de la literatura española, cuenta en su haber con numerosos premios y reconocimientos. Murió a los 96 años.
    Tras la Guerra Civil Española se exilió debido a su militancia en el Partido Comunista de España. A su vuelta a España, tras el fin de la dictadura franquista, fue nombrado Hijo Predilecto de Andalucía en 1983 y Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cádiz en 1985
    Publicó sus memorias bajo el título de La arboleda perdida.

    LA PALOMA DE RAFAEL ALBERTI


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    firma_ra.jpg
       LA PALOMA
       Se equivocó la paloma,
    se equivocaba.
       Por ir al norte fue al sur,
    creyó que el trigo era el agua.
       Creyó que el mar era el cielo
    que la noche la mañana.
       Que las estrellas rocío,
    que la calor la nevada.
       Que tu falda era tu blusa,
    que tu corazón su casa.
       (Ella se durmió en la orilla,
    tú en la cumbre de una rama.)
    Vídeo de la canción de Alberti interpretada por J. M. Serrat:


    Entre sus obras más importantes se cuentan Marinero en Tierra,  Sobre los ÁngelesCal y Canto 
    Sermones y Moradas.


    Ángel de las bodegas

    Fue cuando la flor del vino se moría en penumbra
    y dijeron que el mar la salvaría del sueño.
    Aquel día bajé a tientas a tu alma encalada y húmeda,
    y comprobé que un alma oculta frío y escaleras
    y que más de una ventana puede abrir con su eco otra voz, si es buena.
    Te vi flotar a ti, flor de agonía, flotar sobre tu mismo espíritu.
    (Alguien había jurado que el mar te salvaría del sueño.)
    Fue cuando comprobé que murallas se quiebran con suspiros
    y que hay puertas al mar que se abren con palabras.


    Asombro de la estrella ante el destello...

    Asombro de la estrella ante el destello
    de su cardada lumbre en alborozo.
    Sueña el melocotón en que su bozo
    Al aire pueda amanecer cabello.

    Atónito el limón y agriado el cuello,
    Sufre en la greña del membrillo mozo,
    Y no hay para la rosa mayor gozo
    Que ver sus piernas de espinado vello.

    Ensombrecida entre las lajas, triste
    De sufrirlas tan duras y tan solas,
    Lisas para el desnudo de sus manos,

    Ante el crinado mar que las embiste,
    Mira la adolescente por las olas
    Poblársele las ingles de vilanos.


    El ángel ángel

    Y el mar fue y le dio un nombre
    y un apellido el viento
    y las nubes un cuerpo
    y un alma el fuego.
    La tierra, nada.
    Ese reino movible,
    colgado de las águilas,
    no la conoce.
    Nunca escribió su sombra
    la figura de un hombre.


    El ángel bueno

    Un año, ya dormido,
    alguien que no esperaba
    se paró en mi ventana.

    ¡Levántate! Y mis ojos
    vieron plumas y espadas.

    Atrás montes y mares,
    nubes, picos y alas,
    los ocasos, las albas.

    ‹¡Mírala ahí! Su sueño,
    pendiente de la nada.

    ¡Oh anhelo, fijo mármol,
    fija luz, fijas aguas
    movibles de mi alma!

    Alguien dijo: ¡Levántate!
    Y me encontré en tu estancia.


    El ángel bueno 2

    Dentro del pecho se abren
    corredores anchos, largos,
    que sorben todas las mares.

    Vidrieras,
    que alumbran todas las calles.

    Miradores,
    que acercan todas las torres.
    Ciudades deshabitadas
    se pueblan, de pronto. Trenes
    descarrilados, unidos
    marchan.

    Naufragios antiguos flotan.
    La luz moja el pie en el agua.

    ¡Campanas!

    Gira más de prisa el aire.
    El mundo, con ser el mundo,
    en la mano de un niña cabe.

    ¡Campanas!

    Una carta del cielo bajó un ángel.


    El ángel bueno 3
    Vino el que yo quería,
    el que yo llamaba.

    No aquel que barre cielos sin defensas,
    luceros sin cabañas,
    lunas sin patria,
    nieves.
    Nieves de esas caídas de una mano,
    un nombre,
    un sueño,
    una frente.

    No aquel que a sus cabellos
    ató la muerte.

    El que yo quería.
    Sin arañar los aires,
    sin herir hojas ni mover cristales.

    Aquel que a sus cabellos
    ató el silencio.

    Para, sin lastimarme,
    cavar una ribera de luz, dulce en mi pecho,
    y hacerme el alma navegable.


    El ángel ceniciento

    Precipitadas las luces
    por los derrumbos del cielo,
    en la barca de las nieblas
    bajaste tú, Ceniciento.
    Para romper cadenas
    y enfrentar a la tierra contra el viento.
    Iracundo, ciego.
    Para romper cadenas
    y enfrentar a los mares contra el fuego.
    Dando bandazos el mundo,
    por la nada rodó, muerto.
    No se enteraron los hombres.
    Sólo tú y yo, Ceniciento.


    El ángel de arena 

    Seriamente, en tus ojos era la mar dos niños que me espiaban,
    temerosos de lazos y palabras duras.
    Dos niños de la noche, terribles, expulsados del cielo,
    cuya infancia era un robo de barcos y un crimen de soles y de lunas.
    Duérmete. Ciérralos.
    Vi que el mar verdadero era un muchacho que saltaba desnudo,
    invitándome a un plato de estrellas y a un reposo de algas.
    ¡Sí, sí! Ya mi vida iba a ser, ya lo era, litoral desprendido.
    Pero tú, despertando, me hundiste en tus ojos.

    Seriamente, en tus ojos era la mar dos niños que me espiaban,
    temerosos de lazos y palabras duras.
    Dos niños de la noche, terribles, expulsados del cielo,
    cuya infancia era un robo de barcos y un crimen de soles y de lunas.

    Duérmete. Ciérralos.

    Vi que el mar verdadero era un muchacho que saltaba desnudo,
    invitándome a un plato de estrellas y a un reposo de algas.
    ¡Sí, sí! Ya mi vida iba a ser, ya lo era, litoral desprendido.
    Pero tú, despertando, me hundiste en tus ojos.


    El ángel de los números

    Vírgenes con escuadras
    y compases, velando
    las celestes pizarras.
    Y el ángel de los números,
    pensativo, volando del 1 al 2, del 2
    al 3, del 3 al 4.
    Tizas frías y esponjas
    rayaban y borraban
    la luz de los espacios.
    Ni sol, luna, ni estrellas,
    ni el repentino verde
    del rayo y el relámpago,
    ni el aire. Sólo nieblas.
    Vírgenes sin escuadras,
    sin compases, llorando.
    Y en las muertas pizarras
    el ángel de los números,
    sin vida, amortajado
    sobre el 1 y el 2,
    sobre el 3, sobre el 4...

     

    El ángel del carbón

    Feo, de hollín y fango.
    ¡No verte!

    Antes, de nieve, áureo,
    en trineo por mi alma.
    Cuajados pinos. Pendientes.

    Y ahora por las cocheras,
    de carbón, sucio.
    ¡Te lleven!

    Por los desvanes de los sueños rotos.
    Telarañas. Polillas. Polvo.
    ¡Te condenen!

    Tiznados por tus manos,
    mis muebles, mis paredes.

    En todo,
    tu estampado recuerdo
    de tinta negra y barro.
    ¡Te quemen!

    Amor, pulpo de sombra,
    malo.


    El ángel del misterio

    Un sueño sin faroles y una humedad de olvidos,
    pisados por un nombre y una sombra.
    No sé si por un nombre o muchos nombres,
    si por una sombra o muchas sombras.
    Reveládmelo.
    Sé que habitan los pozos frías voces,
    que son de un solo cuerpo o muchos cuerpos,
    de un alma sola o muchas almas.
    No sé.
    Decídmelo.
    Que un caballo sin nadie va estampando
    a su amazona antigua por los muros.
    Que en las almenas grita, muerto, alguien
    que yo toqué, dormido, en un espejo,
    que yo, mudo, le dije...
    No sé.
    Explicádmelo.


    El ángel desconocido

    ¡Nostalgia de los arcángeles!
    Yo era...
    Miradme.
    Vestido como en el mundo,
    ya no se me ven las alas.
    Nadie sabe como fui.
    No me conocen.
    Por las calles, ¿quién se acuerda?
    Zapatos son mis sandalias.
    Mi túnica, pantalones
    y chaqueta inglesa.
    Dime quién soy.
    Y, sin embargo, yo era...
    Miradme.
     


    El ángel falso

    Para que yo anduviera entre los nudos de las raíces
    y las viviendas óseas de los gusanos.
    Para que yo escuchara los crujidos descompuestos del mundo
    y mordiera la luz petrificada de los astros,
    al oeste de mi sueño levantaste tu tienda, ángel falso.
    Los que unidos por una misma corriente de agua me veis,
    los que atados por una traición y la caída de una estrella me escucháis,
    acogeos a las voces abandonadas de las ruinas.
    Oíd la lentitud de una piedra que se dobla hacia la muerte.
    No os soltéis de las manos.
    Hay arañas que agonizan sin nido
    y yedras que al contacto de un hombro se incendian y llueven sangre.
    La luna transparenta el esqueleto de los lagartos.
    Si os acordáis del cielo,
    la cólera del frío se erguirá aguda en los cardos
    o en el disimulo de las zanjas que estrangulan
    el único descanso de las auroras: las aves.
    Quienes piensen en los vivos verán moldes de arcilla
    habitados por ángeles infieles, infatigables:
    los ángeles sonámbulos que gradúan las órbitas de la fatiga.
    ¿Para qué seguir andando?
    Las humedades son íntimas de los vidrios en punta
    y después de un mal sueño la escarcha despierta clavos
    o tijeras capaces de helar el luto de los cuervos.
    Todo ha terminado.
    Puedes envanecerte, en la caída marchita de los cometas que se hunden,
    de que mataste a un muerto,
    de que diste a una sombra la longitud desvelada del llanto,
    de que asfixiaste el estertor de las capas atmosféricas.


     

    El ángel superviviente

    Acordáos.
    La nieve traía gotas de lacre, de plomo derretido
    y disimulos de niña que ha dado muerte a un cisne.
    Una mano enguantada, la dispersión de la luz y el lento asesinato.
    La derrota del cielo, un amigo.
    Acordáos de aquel día, acordáos
    y no olvidéis que la sorpresa paralizó el pulso y el color de los astros.
    En el frío, murieron dos fantasmas.
    Por un ave, tres anillos de oro
    fueron hallados y enterrados en la escarcha.
    La última voz del hombre ensangrentó el viento.
    Todos los ángeles perdieron la vida.
    Menos uno, herido, alicortado.


    El ángel tonto

    Ese ángel,
    ése que niega el limbo de su fotografía
    y hace pájaro muerto
    su mano.
    Ese ángel que terne que le pidan las alas,
    que le besen el pico,
    seriamente,
    sin contrato.
    Si es del cielo y tan tonto,
    ¿por qué en la tierra? Dime.
    Decidme.
    No en las calles, en todo,
    indiferente, necio,
    me lo encuentro.
    ¡El ángel tonto!
    ¡Si será de la tierra!
    -Sí, de la tierra sólo.
    El ángel del misterio
    Un sueño sin faroles y una humedad de olvidos,
    pisados por un nombre y una sombra.
    No sé si por un nombre o muchos nombres,
    si por una sombra o muchas sombras.
    Reveládmelo.
    Sé que habitan los pozos frías voces,
    que son de un solo cuerpo o muchos cuerpos,
    de un alma sola o muchas almas.
    No sé.
    Decídmelo.
    Que un caballo sin nadie va estampando
    a su amazona antigua por los muros.
    Que en las almenas grita, muerto, alguien
    que yo toqué, dormido, en un espejo,
    que yo, mudo, le dije...
    No sé.
    Explicádmelo.


    El cuerpo deshabitado

    Yo te arrojé de mi cuerpo,
    yo, con un carbón ardiendo.

    -Vete.

    Madrugada.
    La luz, muerta en las esquinas
    y en las casas.
    Los hombres y las mujeres
    ya no estaban.

    -Vete.

    Quedó mi cuerpo vacío,
    negro saco, a la ventana.

    Se fue.

    Se fue, doblando las calles.
    Mi cuerpo anduvo, sin nadie.


    Guerra a la guerra por la guerra. Vente...

    Guerra a la guerra por la guerra. Vente.
    Vuelve la espalda. El mar. Abre la boca.
    Contra una  mina una sirena choca
    Y un arcángel se hunde, indiferente.

    Tiempo de fuego. Adiós. Urgentemente.
    Cierra los ojos. Es el monte. Toca.
    Saltan las cumbres salpicando roca
    Y un arcángel se hunde, indiferente.

    ¿Dinamita a la luna también? Vamos.
    Muerte a la muerte por la muerte: guerra.
    En verdad, piensa el toro, el mundo es bello

    Encendidos están, amor, los ramos.
    Abre la boca. (El mar. El monte.) Cierra
    Los ojos y desátate el cabello.


    Hace falta estar ciego... 

    Hace falta estar ciego,
    tener como metidas en los ojos raspaduras de vidrio,
    cal viva,
    arena hirviendo,
    para no ver la luz que salta en nuestros actos,
    que ilumina por dentro nuestra lengua,
    nuestra diaria palabra.

    Hace falta querer morir sin estela de gloria y alegría,
    sin participación de los himnos futuros,
    sin recuerdo en los hombres que juzguen el pasado sombrío de la tierra.

    Hace falta querer ya en vida ser pasado,
    obstáculo sangriento,
    cosa muerta,
    seco olvido.

     

    Lloraba recio, golpeando, oscuro...

    Lloraba recio, golpeando, oscuro,
    las humanas paredes sin salida.
    Para marcarlo de una sacudida,
    Lo esperaba la luz fuera del muro.

    Grito en la entraña que lo hincó, futuro,
    Desventuradamente y resistida
    Por la misma cerrada, abierta herida
    Que ha de exponerlo al primer golpe duro.

    ¡Qué desconsolación y qué ventura!
    Monstruo batido en sangre, descuajado
    De la cueva carnal del sufrimiento.

    Mama la luz y agótala, criatura,
    Tabícala en tu ser iluminado,
    Que mamas con la leche el pensamiento.


    Lo que dejé por ti
    Dejé por ti mis bosques, mi perdida
    arboleda, mis perros desvelados,
    mis capitales años desterrados
    hasta casi el invierno de la vida.
    Dejé un temblor, dejé una sacudida,
    un resplandor de fuegos no apagados,
    dejé mi sombra en los desesperados
    ojos sangrantes de la despedida.
    Dejé palomas tristes junto a un río,
    caballos sobre el sol de las arenas,
    dejé de oler la mar, dejé de verte.
    Dejé por ti todo lo que era mío.
    Dame tú, Roma,  a cambio de mis penas,
    tanto como dejé para tenerte.


    Los ángeles feos 

    Vosotros habéis sido,
    vosotros que dormís en el vaho sin suerte de los pantanos
    para que el alba más desgraciada os reanime en una gloria de estiércol,
    vosotros habéis sido la causa de ese viaje.
    Ni un solo pájaro es capaz de beber en una alma
    cuando sin haberlo querido un cielo se entrecruza con otro
    y una piedra cualquiera levanta a un astro una calumnia.
    Ved.
    La luna cae mordida por el ácido nítrico
    en las charcas donde el amoníaco aprieta la codicia de los alacranes.
    Si os atrevéis a dar un paso,
    sabrán los siglos venideros que la bondad de las aguas es aparente
    cuantas más hoyas y lodos ocultan los paisajes.
    La lluvia me persigue atirantando cordeles.
    Será lo más seguro que un hombre se convierta en estopa.
    Mirad esto:
    ha sido un falso testimonio decir que una soga al cuello no es agradable
    y que el excremento de la golondrina exalta al mes de mayo.
    Pero yo os digo:
    una rosa es más rosa habitada por las orugas
    que sobre la nieve marchita de esta luna de quince años.
    Mirad esto también, antes que demos sepultura al viaje:
    cuando una sombra se entrecoge las uñas en las bisagras de las puertas
    o el pie helado de un ángel sufre el insomnio fijo de una piedra,
    mi alma sin saberlo se perfecciona.
    Al fin ya vamos a hundimos.
    Es hora de que me dierais la mano
    y me arañarais la poca luz que coge un agujero al cerrarse
    y me matarais esta mala palabra que voy a pinchar sobre las tierras que se derriten.


    Los ángeles mohosos

    Hubo luz que trajo
    por hueso una almendra amarga.
    Voz que por sonido,
    el fleco de la lluvia,
    cortado por un hacha.

    Alma que por cuerpo,
    la funda de aire
    de una doble espada.

    Venas que por sangre,
    Y el de mirra y de retama
    Cuerpo que por alma,
    el vacío, nada.

     

    Los ángeles mudos

    Inmóviles, clavadas, mudas mujeres de los zaguanes
    y hombres sin voz, lentos, de las bodegas,
    quieren, quisieran, querrían preguntarme.
              -¿Cómo tú por aquí y en otra parte?
    Querrían hombres y mujeres, mudos, tocarme,
    saber si mi sombra, si mi cuerpo andan sin alma
    por otras calles.
    Quisieran decirme:
              -Si eres tú, párate.
    Hombres, mujeres, mudos, querrían ver claro,
    asomarse a mi alma,
    acercarle una cerilla
    por ver si es la misma.
    Quieren, quisieran...
              -Habla.
    Y van a morirse, mudos,
    sin saber nada.

     

    Los ángeles muertos

    Buscad, buscadlos:
    en el insomnio de las cañerías olvidadas,
    en los cauces interrumpidos por el silencio de las basuras.
    No lejos de los charcos incapaces de guardar una nube,
    unos ojos perdidos,
    una sortija rota
    o una estrella pisoteada.
    Porque yo los he visto:
    en esos escombros momentáneos que aparecen en las
                  neblinas.
    Porque yo los he tocado:
    en el destierro de un ladrillo difunto,
    venido a la nada desde una torre o un carro.
    Nunca más allá de las chimeneas que se derrumban
    ni de esas hojas tenaces que se estampan en los zapatos.
    En todo esto.
    Mas en esas astillas vagabundas que se consumen sin fuego,
    en esas ausencias hundidas que sufren los muebles
                  desvencijados,
    no a mucha distancia de los nombres y signos que se
                  enfrían en las paredes.

    Buscad, buscadlos:
    debajo de la gota de cera que sepulta la palabra de un libro
    o la firma de uno de esos rincones de cartas
    que trae rodando el polvo.
    Cerca del casco perdido de una botella,
    de una suela extraviada en la nieve,
    de una navaja de afeitar abandonada al borde de un
    precipicio.

     


     
    Los ángeles sonámbulos 

    1
    Pensad en aquella hora:
    cuando se rebelaron contra un rey en tinieblas
    los ojos invisibles de las alcobas.
    Lo sabéis, lo sabéis. ¡Dejadme!
    Si a lo largo de mí se abren grietas de nieve,
    tumbas de aguas paradas
    nebulosas de sueños oxidados,
    echad la llave para siempre a vuestros párpados.
    ¿Qué queréis?
    Ojos invisibles, grandes, atacan.
    Púas incandescentes se hunden en los tabiques.
    Ruedan pupilas muertas,
    sábanas.
    Un rey es un erizo de pestañas.

    2
    También,
    también los oídos invisibles de las alcobas,
    contra un rey en tinieblas.
    Ya sabéis que mi boca es un pozo de nombres
    de números y letras difuntos.
    Que los ecos se hastían sin mis palabras
    y lo que jamás dije desprecia y odia al viento.
    Nada tenéis que oír.
    ¡Dejadme!
    Pero oídos se agrandan contra el pecho.
    De escayola, fríos,
    bajan a la garganta,
    a los sótanos lentos de la sangre,
    a los tubos de los huesos.
    Un rey es un erizo sin secreto.
    Como yo, como todos.
    Y nadie espera ya la llegada del expreso,
    la visita oficial de la luz a los mares necesitados,
    la resurrección de las voces en los ecos que se calcinan.


    Los ángeles vengativos

    No, no te conocieron
    las almas conocidas.
    Sí la mía.

    ¿Quién eres tú, dinos, que no te recordamos
    ni de la tierra ni del cielo?

    Tu sombra, dinos, ¿de qué espacio?
    ¿Qué luz la prolongó, habla,
    hasta nuestro reinado?

    ¿De dónde vienes, dinos,
    sombra sin palabras,
    que no te recordamos?
    ¿Quién te manda?
    Sí relámpago fuiste en algún sueño,
    relámpagos se olvidan, apagados.

    Y por desconocida
    las almas conocidas te mataron.
    No la mía.
     


    Los dos ángeles


    Ángel de luz, ardiendo,
    ¡oh, ven!, y con tu espada
    incendia los abismos
    donde yace
    mi subterráneo ángel de las nieblas.

    ¡Oh espadazo en las sombras!
    Chispas
    múltiples,
    clavándose en mi cuerpo,
    en mis alas sin plumas,
    en lo que nadie ve,
    vida.

    Me estas quemando vivo.
    Vuela ya de mí, oscuro
    Lucifer
    de las canteras sin auroras,
    de los pozos sin agua,
    de las simas
    sin sueño,
    ya carbón del espíritu,
    sol, luna.

    Me duelen los cabellos
    y las ansias
    ¡Oh, quémame!
    ¡Más, más, sí, sí, más! ¡:Quémame!

    ¡Quémalo, ángel de luz,
    custodio mío,
    tú que andabas llorando por las nubes,
    tú, sin mí, tú, por mí,
    ángel frío de polvo, ya sin gloria,
    volcado
    en las tinieblas!

    ¡Quémalo, ángel de luz,
    quémame y huye!


     
    Madrigal al billete de tranvía
    Adonde el viento, impávido, subleva
    torres de luz contra la sangre mía,
    tú, billete, flor nueva,
    cortada en los balcones del tranvía.
    Huyes, directa, rectamente liso,
    en tu pétalo un nombre y un encuentro
    latentes, a ese centro
    cerrado y por cortar del compromiso.
    Y no arde en ti la rosa ni en ti priva
    el finado clavel, sí la violeta
    contemporánea, viva,
    del libro que viaja en la chaqueta.


     
    Nocturno
    Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre
    se escucha que transita solamente la rabia,
    que en los tuétanos tiembla despabilado el odio
    y en las médulas arde continua la venganza,

    las palabras entonces no sirven son palabras.
    Manifiestos, artículos, comentarios, discursos,
    humaredas perdidas, neblinas estampadas,
    qué dolor de papeles que ha de barrer el viento,

    qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua!
    Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,
    lo desgraciado y muerto que tiene una garganta

    cuando desde el abismo de su idioma quisiera
    gritar que no puede por imposible, y calla.
    Siento esta noche heridas de muerte las palabras.

     


    Obra poética
    ·         Marinero en tierra, M., Biblioteca Nueva, 1925 (Premio Nacional de Literatura).
    ·         La amante, Málaga, Litoral, 1926.
    ·         El alba de alhelí, Santander, 1927 (Edición privada de José María de Cossío).
    ·         Domecq (1730-1928). Poema del Ilmo. Sr. Vizconde de Almocadén, Jerez de la Frontera, Jerez Industrial, 1928.
    ·         Cal y canto, M., Revista de Occidente, 1929.
    ·         Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos, publicado por primera vez en distintos números de La Gaceta Literaria, 1929.
    ·         Sobre los ángeles, M., CIAP, 1929.
    ·         El poeta en la calle (1931-1935), Aguilar, Madrid, 1978. Publicado por primera vez en Poesía (1924-1937).

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    Rafael Alberti 1977.
    ·         Consignas, M., octubre de 1933.
    ·         Un fantasma recorre Europa, M., La tentativa poética, 1933.
    ·         Poesía (1924-1930), M., Ediciones del Árbol( Cruz y Raya), 1935.
    ·         Versos de agitación, México, Edit. Defensa Roja, 1935.
    ·         Verte y no verte. A Ignacio Sánchez Mejías, México, N. Lira, 1935.
    ·         13 bandas y 48 estrellas. Poemas del mar Caribe, M., Manuel Altolaguirre, 1936.
    ·         Nuestra diaria palabra, M., Héroe, 1936.
    ·         De un momento a otro (Poesía e historia), M., Europa-América, 1937.
    ·         El burro explosivo, M., Edic. 5º Regimiento, 1938.
    ·         Poesías (1924-1937), M., Signo, 1938.
    ·         Poesías (1924-1938), Bs. As., Losada, 1940.
    ·         Entre el clavel y la espada (1939-1940), Bs. As., Losada, 1941. Dibujos de Rafael Alberti.
    ·         Pleamar (1942-1944), Bs. As., Losada, 1944.
    ·         Poesía (1924-1944), Bs. As., Losada, 1946.
    ·         A la pintura, Bs. As., Imprenta López (Edición privada).
    ·         A la pintura. Poema del color y la línea (1945-1948), Bs. As., Losada, 1948.
    ·         Coplas de Juan Panadero. (Libro I), Montevideo, Pueblos Unidos, 1949 (2ª edición ampliada). Dibujos de Toño Salazar.
    ·         Poemas de Punta del Este (1945-1956), 1era edición Seix Barral 1979, 89 páginas, ISBN 84-322-9545-0
    ·         Buenos Aires en tinta china, Bs. As., Losada, 1952. Dibujos de Attilio Rossi.
    ·         Retornos de lo vivo lejano, Bs. As., 1952.
    ·         A la pintura (1945-1952) 2ª edic. aumentada, Bs. As., Losada, 1953.
    ·         Ora marítima seguido de Baladas y canciones del Paraná (1953), Bs. As., Losada, 1953.
    ·         Redoble lento por la muerte de Stalin, (Buenos Aires, 9 de marzo de 1953). Incluido en sus Obras completas. Poesía III. Seix Barral. 2003.
    ·         Balada y canciones del Paraná, Bs. As., Losada, 1954.
    ·         Sonríe China, Bs. As., Jacobo Muchnik, 1958 (en colaboración con María Teresa León).
    ·         Poemas escénicos, Bs. As., Losada, 1962 (2ª edic. ampliada y bilingüe español/italiano).
    ·         Abierto a todas horas, M., Afrodisio Aguado, 1964.
    ·         El poeta en la calle (1931-1965), París, Librairie du Globe, 1966 (Recopilación de toda la poesía social de Alberti).
    ·         Il mattatore, Roma, Eutro edit, 1966.
    ·         A la pintura. Poema del color y la línea (1945-1967) 3ª edic. aumentada, M., Aguilar, 1968 (Prólogo de Vicente Aleixandre).
    ·         Roma, peligro para caminantes, México, Joaquín Mortiz, 1968 (2ª edición aumentada- Málaga- Litoral- 1974).
    ·         Los 8 nombres de Picasso y no digo más que lo que no digo, B., Kairós, 1970.
    ·         Canciones del Alto Valle del Aniene, Bs. As., Losada, 1972.
    ·         Disprezzo e meraviglia (Desprecio y maravilla), Roma, Riuniti, 1972 (Bilingüe italiano-español. Antología con poemas inéditos).
    ·         Maravillas con variaciones acrósticas en el jardín de Miró, B., Polígrafa, 1975.
    ·         Coplas de Juan Panadero (1949-1977), M., Mayoría, 1977.
    ·         Cuaderno de Rute (1925), Málaga, Litoral, 1977.
    ·         Los 5 destacagados, Sevilla, Calle del Aire, 1978.
    ·         Fustigada luz, B., Seix Barral, 1980.
    ·         Versos sueltos de cada día, B., Seix Barral, 1982.
    ·         Golfo de Sombras, M., Villamonte, 1986.
    ·         Los hijos del drago y otros poemas, Granada, Diputación, 1986.
    ·         Accidente. Poemas del Hospital, Málaga, Librería Anticuaria El Guadalhorce, 1987.
    ·         Cuatro canciones, Málaga, Librería Anticuaria El Guadalhorce, 1987.
    ·         El aburrimiento, 1988.
    ·         Canciones para Altair, M., Hiperión, 1989.
    http://es.wikipedia.org/wiki/Rafael_Alberti

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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