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    martes, 26 de febrero de 2013

    Ingeborg Bachmann destacada escritora en lengua alemana del siglo XX.

    En un hospital romano ha muerto
    el poeta más inteligente e importante
    que nuestro país ha producido en este siglo

    Th. Bernhard

    Poemas 
    por Ingeborg Bachmann.


    Ingeborg Bachmann nace en 1926 en Klagenfurt, Austria. En 1942 escribe la tragedia  Carmen Ruidera, desde allí narraciones, como en 1943, La Cruz de Honditsch; estudia filosofía tras el bachillerato y publica por primera vez,   Die Fähre: La barca 1946. Circunda por entonces el círculo literario de Hans Weigel, empezando a redactar la novela: La ciudad sin nombre; de 1948 data un primer encuentro con P. Celan. Sus primeras narraciones salen en el periódico Wiener Tageszeitung, en 1949. Termina su tesis doctoral sobre la recepción crítica de la filosofía existencial de Martin Heidegger. En 1950, se encuentra con Celan en Paris, viaja a Londres y se contacta con exiliados. Trabaja fuera de su país, escribe ensayos sobre Wittgenstein, Musil, publica el poemario El Tiempo Postergado, en Frankfurt; trabaja para radio Bremen, entrega de emisiones radiales, relatos en 1955. Se instala en Nápoles el 56 tras viaje a EEUU, en donde trabajará luego como directora de la televisión bávara. Publica su segundo libro lírico en 1956, Invocación a la osa mayor. En 1958 se trasladó a Zurcí. Encuentro con Max Frisch. Premio a relatos radiales de los ciegos de guerra en 1959. Discurso de agradecimiento: La verdad es exigible al ser humano [texto poetológico].Ópera de Hans Werner Henze con libreto suyo en 1960. Traduce a Ungaretti, aparece en Surkhamp, Frankfurt. Al año siguiente se publica tomo de narraciones suyo: El trigésimo año en Piper München. Ruptura con Frisch el 62. Es internada en hospital de Zurich. Empieza el proyecto  Todesarten, Tipos de muerte, proyecto narrativo de varias novelas... Franza [la primera]. En octubre del 64   Buechner Preis. El 65 otra opera de Henze: El joven lord lleva libreto suyo, se presenta en Berlin. Firma manifiesto en oposición a la guerra de Vietnam, encuentra en Roma a Anna Ajmatova, le dedica poema. Vuelve a Roma el 68 y recibe Gran Premio de Austria. Comienza Malina. Lovestory, novela película que la hace famosa en los noventa, bestseller en los setenta en Europa, 1971. El 72 publica otra serie de relatos llamadaSimultan, por Piper en München. Presenta este trabajo diciendo del escribir que es compulsión, castigo, obsesión. Muere el 73 a raíz de secuelas de un incendio en el que sufre graves quemaduras. En español están traducidos Tiempo Postergado,   Madrid, Cátedra, 1991; Últimos Poemas, Hiperión, Madrid, 1999.

    VOSOTRAS, PALABRAS
    Para Nelly Sachs, la amiga, la poeta, en veneración
    ¡Vosotras, palabras, levantaos, seguidme!
    y aunque ya estemos lejos,
    demasiado lejos, nos alejaremos una vez
    más, hacia ningún final.
    No aclara.
    La palabra
    sólo arrastrará
    otras palabras,
    la frase otras frases.
    El mundo así quiere,
    definitivamente,
    imponerse,
    quiere estar dicho ya.
    No la digáis.
    Palabras, seguidme,
    ¡que no se vuelva definitiva
    –esta ansia del verbo
    y dicho y contradicho!
    Dejad ahora un rato
    que ninguno de los sentimientos hable,
    que el músculo corazón
    se ejercite de manera diferente.
    Dejad, digo, dejad.
    Nada, digo yo, susurrado
    al oído supremo,
    que sobre la muerte no se te ocurra nada,
    deja y sígueme, ni dulce
    ni amargo,
    ni consolador,
    no significativamente
    sin consuelo
    tampoco sin signos–
    Y sobre todo, no eso: la imagen
    en el tejido de polvo, el retumbar vacío
    de sílabas, palabras de agonía.
    ¡Sin decir nada,
    vosotras, palabras!
    Bajo la tormenta de rosas
    Adonde nos dirijamos bajo la tormenta de rosas,
    las espinas iluminan la noche, y el trueno
    de las hojas, antes tan silenciosas en los arbustos,
    nos sigue ahora muy de cerca.

    De "El tiempo postergado" Ediciones Cátedra S. A. 1991
    Versión de Arturo Parada
    Despedida
    La carne, que envejeció muy bien conmigo,
    la mano rugosa, que sostuvo fresca la mía,
    ha de quedarse sobre el pálido muslo,
    rejuvenecerse la carne, por un instante,
    para que así venga más rápido el derrumbe en ella,
    rápido llegan las arrugas, casi sanas,
    y todo sobre la rígida musculatura.
    No ser amada. El dolor podría ser aún
    mayor, Se siente muy bien, toca a la puerta.
    Pero la carne, con su línea abierta en la rodilla,
    las arrugadas manos, todo ello sobrevino de noche,
    el curtido omóplato, donde ya no crece ningún verde,
    donde alguna vez se mantuvo oculto un rostro.
    Avejentada en cien años, en un solo día,
    El confiado animal fue llevado bajo latigazos
    a su armonía preestablecida.
    Niños de Julio
    Por nuestros propios medios nonatos,
    mis niños de julio, las monstruosidades
    que se mueven con el pie mutilado, no lo sabemos,
    que agitan el muñón, no lo sabemos,
    y la cabeza perdida.
    Por nuestros propios medios,
    perdiendo la cabeza,
    mis queridos niños
    nada les habría podido enseñar
    pero bien alimentados les habría hecho
    enamorarse de lo otro, del viento en el aire
    Unos miles de ellos en Julio
    habría sido siempre Julio
    monstruos alimentados
    desde mi ternura
    que es lo que buscáis vosotros, espectros etéreos
    Transformadores del mundo, vosotros me
    lo habríais cambiado el mundo
    y cambiármelo hasta la muerte por cariño
    hasta la muerte para algo otro
    Viento en el aire el papel jironeado
    que se desgarra, antes que alguno pueda
    leer lo que ha sucedido
    como se os ha arrancado
    de mí, se ha desgarrado el jirón de
    papel que no puede sin embargo leer aun nadie.
    La noche de los perdidos.
    El final del amor
    Una luna, un cielo
    y el mar obscuro.
    Tan sólo eso, y todo obscuro.
    Tan sólo eso, porque es de noche.
    Y nada humano
    entreteje además esa acción efectiva,
    Que me reprochas también tú
    y semejante amargura
    No lo hagas.
    Nada mejor hay que yo pudiera conocer
    sino amarte, nunca
    pensé,
    que a través del sudor de la piel
    se me haría presente
    el […] mundo.
    [Sin título]
    Observad, amigos ¡acaso no lo veis!
    que no lo he sobrevivido ni menos resistido, no lo veis,
    que voy hacia adentro, que
    para aquél de ahí yo voy hablando por dentro, que
    me repliego y desdeño
    mi cabello, que embolso mis manos
    retiro mi palabra, no lo veis,
    observad,
    que me marcho, que voy
    cayendo, que me entrego,
    y grito, porque los locos
    buscan tanteando a sus protectores, como
    yo a mi guarda.
    [Sin título]
    Qué difícil es perdonar,
    un trabajo muy lento y muy arduo,
    del que sola me he ocupado
    durante ya muchos años.
    El odio me ha enfermado,
    me siento deformada, estos abscesos
    me prohíben incluso mostrarme
    junto a los hombres.
    Sólo sé que yo
    no puedo odiar más de este modo
    ni desear tu muerte,
    la cual tampoco deseo,
    ni cumpliría yo por mi mano,
    He aprendido que la mía
    ha de amar a sus enemigos, y
    esto es tan simple, pues si no cómo
    podrían luego mis enemigos
    hacerme más de un mal.
    Si se extravía una bala,
    si alguien me escupe en a cara,
    como ayer, no me guardo pensamientos
    contra el amor que me ha sido dado.
    Tengo miedo ante el amor
    que me has infundido tú,
    con la intención más cruel.
    Totalmente ajada de cortantes ácidos,
    venenos de todo tipo, por el opio,
    aturdida por completo en mi destrucción.
    Puesto que ya no vivo más en ti,
    y muerta me encuentro ya, donde estoy.
    Lo que cuentan y persisten son las cúpulas
    comen dos veces al día, satisfacen
    luego sus necesidades, e
    imploran por los medicamentos,
    que me han de sumir en un largo sueño.

    Cantos durante la huida

    Dura legge d'Amor! ma, ben che obliqua,

    Servar convensi; però ch'ella aggiunge
    Di cielo in terra, universale, antiqua
    Petrarca, "I Ttriunfi"
    I
    La hoja de palma se parte con la nieve,
    las escaleras se derrumban,
    la ciudad yace tiesa y brilla
    en el extraño resplandor de invierno.
    Los niños gritan y suben
    a la colina del hambre,
    comen de la blanca harina
    y rezan al cielo.
    La rica quincalla invernal,
    el oro de las mandarinas,
    vuela en las ráfagas salvajes.
    Rueda la naranja sanguina.
    II
    Yo, sin embargo, yazgo solo
    encerrado en hielo, lleno de heridas.
    Todavía la nieve
    no me vendó los ojos.
    Los muertos, abrazados a mí,
    callan en todas las lenguas.
    ¡Nadie me ama ni ha agitado
    una lámpara para mí!
    X
    ¡Oh amor, que rompiste y tiraste
    nuestras cortezas, nuestro escudo,
    el cobijo y la herrumbre marrón de años!
    ¡Oh penas, que pisándolo apagaron nuestro amor,
    su fuego húmedo en las partes sensibles!
    Llena de humo, sucumbiendo en el humo, la llama se repliega.
    XII
    Boca que durmió en mi boca,
    ojo que vigiló mi ojo,
    mano-
    y los que me arrasaron, los ojos!
    ¡Boca que pronunció la sentencia,
    mano que me ejecutó!
    XV
    El amor tiene un triunfo y la muerte tiene otro,
    el tiempo y el tiempo de después.
    Nosotros no tenemos ninguno.
    A nuestro alrededor sólo hundirse de astros. Destellos y silencio.
    Mas la canción por encima del polvo después
    va a superarnos.

    De "Invocación a la Osa Mayor" Ediciones Hiperión 2001
    Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García

    Currículum Vitae
    Larga es la noche,
    larga para el hombre
    que no puede morir, largamente
    se tambalea bajo farolas
    su ojo desnudo y su ojo
    cegado por el aliento de aguardiente, y el olor
    a carne mojada bajo sus uñas
    no siempre le aturde, oh dios,
    larga es la noche.
    Mi cabello no se encanece
    porque salí del vientre de las máquinas,
    Rosarroja* me untó de alquitrán la frente
    y los mechones, habían estrangulado
    a su hermana, blanca como la nieve. Pero yo,
    el jefe de la tribu, pasé por la ciudad
    de diez veces cien mil almas, y mi pie
    pisaba las cucarachas del alma bajo el cielo de cuero, del cual
    pendían diez veces cien mil pipas de la paz,
    frías. Una calma de ángeles
    deseé a menudo para mí
    y cotos de caza llenos
    de los gritos impotentes
    de mis amigos.
    Con las piernas y las alas abiertas
    subía la sabihonda juventud
    sobre mí, sobre el estiércol, sobre el jazmín,
    hacia las inmensas noches del secreto
    de la raíz cuadrada, la leyenda de la muerte
    empaña mi ventana cada hora,
    dadme euforbia y verted
    la risa en mi garganta
    de los viejos que nos antecedieron, cuando
    caiga yo sobre los infolios
    en el sueño vergonzoso,
    para que no pueda pensar,
    para que juegue con flecos
    de los que cuelgan serpientes.
    También nuestras madres
    soñaron con el futuro de sus maridos,
    los vieron poderosos,
    revolucionarios y solitarios,
    pero después del retiro los han visto encorvados en el huerto
    sobre las llameantes malas hierbas,
    mano a mano con el fruto charlatán
    de su amor. Triste padre mío,
    ¿por qué callasteis entonces
    y no habéis seguido pensando?
    Perdido en las cascadas de fuego,
    En una noche junto a un cañón
    que no dispara, condenadamente larga
    es la noche, bajo el esputo
    de una luna enfermiza, su luz
    biliosa, pasa volando sobre mí
    el trineo con la historia
    embellecida,
    en la vía del sueño de poder (lo cual no impido).
    No era que yo durmiese: estaba despierto,
    entre esqueletos de hielo buscaba el camino,
    volvía a casa, me ceñía el brazo
    y la pierna con hiedra y con restos
    de sol blanqueaba las ruinas.
    Respeté los días festivos,
    y sólo si mi pan estaba bendecido
    lo comía.
    En una época arrogante
    hay que pasar de prisa
    de una luz a otra, de un país
    a otro, bajo el arco iris,
    con la punta del compás en el corazón,
    tomando la noche por radio.
    Abierto de par en par. Desde las montañas
    se ven lagos, en los lagos
    montañas, y en el armazón de las nubes
    se balancean las campanas
    de un mundo. Saber de quién
    es ese mundo, me está prohibido.
    Ocurrió un viernes:
    -yo estaba ayunando por mi vida,
    el aire chorreaba del zumo de los limones
    y la espina estaba clavada en mi paladar¬
    entonces saqué del pez abierto
    un anillo que lanzado
    al nacer yo, cayó en el río
    de la noche y se hundió.
    Yo volví a lanzarlo a la noche.
    Oh ¡si no tuviera miedo a la muerte!
    Si tuviera la palabra
    (y no la errase)
    si no tuviera cardos en el corazón
    (y rechazara el sol),
    si no tuviera avidez en la boca
    (y no bebiera el agua salvaje),
    si no abriera el párpado
    (y no hubiera visto la cuerda).
    ¿Están tirando del cielo?
    Si no me sostuviera la tierra
    hace tiempo que yacería quieta,
    hace tiempo que yacería
    donde me quiere la noche,
    antes de que hinche las narices
    y levante su casco
    para nuevos golpes,
    siempre para golpear.
    Siempre la noche.
    Y nunca el día.
    *Rosarroja y Blancanieves son hermanas en el cuento.

    De "Invocación a la Osa Mayor" Ediciones Hiperión 2001
    Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García

    El tiempo postergado
    Vienen días más duros.
    El tiempo postergado hasta nuevo aviso
    asoma por el horizonte.
    Pronto tendrás que atarte los zapatos
    y correr los perros de vuelta a las granjas marismeñas.
    Pues las vísceras de los peces
    se han enfriado al viento.
    Arde pobre la luz de los altramuces.
    Tu mirada rastrea la niebla:
    el tiempo postergado hasta nuevo aviso
    asoma por el horizonte.
    Allí se te hunde la amada en la arena,
    sube por su cabello ondeante,
    le quita la palabra,
    le ordena callarse,
    le parece mortal
    y dispuesta a la despedida
    tras cada abrazo.
    No mires hacia atrás.
    Átate los zapatos.
    Corre los perros de vuelta.
    Tira los peces al mar.
    ¡Apaga los altramuces!
    Vienen días más duros.

    De "El tiempo postergado" Ediciones Cátedra S. A. 1991
    Versión de Arturo Parada

    En la penumbra
    De nuevo metemos los dos las manos en el fuego,
    tú, para el vino de la noche largamente embodegada,
    yo, para la fuente de la mañana, que desconoce los lagares.
    Aguarda el fuelle del maestro, en quien confiamos.
    Al sentir el calor de la preocupación, el soplador se acerca.
    Se va antes de que amanezca, viene antes de que llames, es viejo
    como la penumbra en nuestras tenues cejas.
    De nuevo, él prepara el plomo en caldera de lágrimas,
    a ti, para un vaso -se trata de celebrar lo desaprovechado-,
    a mí, para el pedazo lleno de humo -este se vacía sobre el fuego.
    Así avanzo hasta ti y hago sonar las sombras.
    Descubierto está quien ahora vacile,
    descubierto, quien haya olvidado el dicho.
    ¡Tú no puedes ni quieres saberlo,
    tú bebes del borde, donde está fresco,
    y como antaño, bebes y permaneces sobrio,
    a ti aún te crecen cejas, a ti aún te contemplan!
    Pero yo ya aguardo el momento
    en amor, a mí se me cae el pedazo
    en el fuego, a mí se me convierte en el plomo
    que era. Y detrás de la bala
    estoy yo, tuerta, segura del blanco, delgada,
    enviándola al encuentro de la mañana.

    De "El tiempo postergado" Ediciones Cátedra S. A. 1991

    Versión de Arturo Parada

    Explícame, amor
    Tu sombrero se levanta despacio, saluda, y vuela al viento,
    tu cabeza desnuda enamora a las nubes,
    tu corazón tiene que hacer en otra parte,
    tu boca asimila lenguas nuevas,
    la hierba tembladera menudea por aquí,
    el verano apaga y enciende los ásteres con un soplo,
    ciego por los copos levantas el rostro,
    ríes y lloras y te hundes en ti,
    qué más ha de ocurrirte -
    ¡Explícame, amor!
    El pavo con solemne asombro hace la rueda,
    la paloma levanta su collar de plumas,
    el aire se dilata repleto de arrullos,
    grita el ánade, el país entero
    se sirve de la miel silvestre, también en el sereno parque
    los arriates están enmarcados con un polvo dorado.
    El pez se ruboriza, adelanta a la bandada
    y se precipita entre grutas al lecho de coral.
    Al son de la música de la arena plateada baila tímido el escorpión.
    El escarabajo huele de lejos a la más espléndida;
    ¡si yo tuviera sus sentidos, notaría también
    que brillan alas bajo el caparazón de ella,
    y tomaría el camino del fresal lejano!
    ¡Explícame, amor!
    El agua sabe hablar,
    la ola toma a la ola de la mano,
    en la viña el racimo se hincha, salta y cae.
    ¡Cuán confiado sale el caracol de su casa!
    ¡Una piedra sabe conmover a otra!
    Explícame amor, lo que no sé explicar:
    ¿trataré durante este tiempo corto y hostil
    únicamente con pensamientos y sólo yo
    no conoceré ni haré nada afectuoso?
    ¿Tiene uno que pensar? ¿No le echarán de menos?
    Dices: otro espíritu cuenta con él...
    No me expliques nada. Veo a la salamandra
    pasar por todos los fuegos.
    Ningún horror la persigue y nada le causa dolor.

    De "Invocación a la Osa Mayor" Ediciones Hiperión 2001

    Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García
    Invocación a la Osa Mayor
    Osa Mayor, baja, hirsuta noche,
    animal de piel de nubes con ojos viejos,
    ojos de estrellas,
    por la espesura irrumpen relucientes
    tus patas con las garras,
    garras de estrellas,
    mantenemos despiertos los rebaños,
    pero encantados por ti, desconfiamos
    de tus flancos cansados y de tus dientes
    agudos y semidescubiertos,
    vieja osa.
    Una piña: vuestro mundo.
    Vosotros: sus escamas.
    Yo la muevo, la hago rodar
    desde los abetos del principio
    hasta los abetos del final,
    la resoplo, la pruebo en la boca
    y la agarro con las zarpas.
    Ya tengáis miedo o no lo tengáis,
    pagad en la limosnera y dadle
    al ciego una buena palabra,
    para que sostenga a la osa de la correa.
    Y sazonad bien los corderos.
    Podría ser que esta osa
    se soltara, no amenazara ya más
    y corriera tras todas las piñas caídas
    de los abetos grandes y alados
    que cayeron del paraíso.

    De "Invocación a la Osa Mayor" Ediciones Hiperión 2001
    Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García
    Nueva
    Sale del atrio celestial templado de cadáveres el sol.
    No están allí los inmortales,
    sino los caídos en batalla, oímos.
    Y el esplendor no repara en la putrefacción. Nuestra deidad,
    la Historia, nos ha dispuesto una sepultura
    de la que no hay resurrección.

    De "El tiempo postergado" Ediciones Cátedra S. A. 1991

    Versión de Arturo Parada


    Publicidad
    Pero adónde vamos
    no te preocupes no te preocupes
    cuando oscurece y cuando viene el frío
    no te preocupes
    pero
    con música
    qué debemos hacer
    alegre y con música
    y pensar
    alegre
    cara a un final
    con música
    y adónde llevamos
    mejor
    nuestras preguntas y el escalofrío de todos los años
    a la lavandería de sueños no te preocupes no te preocupes
    pero qué ocurre
    mejor
    cuando sobreviene
    un silencio de muerte.

    De "Invocación a la Osa Mayor" Ediciones Hiperión 2001
    Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García

    Salmo
    1
    ¡Callad conmigo, como callan todas las campanas!
    En la placenta de los horrores
    buscan las sabandijas alimento nuevo.
    Públicamente, cuelga los Viernes Santo una mano
    en el firmamento, le faltan dos dedos,
    y no puede jurar que todo,
    todo, no haya sido y que nada
    será. Se hunde en las nubes pardas,
    arroba a los nuevos asesinos
    y sale absuelta.
    De noche, sobre esta tierra,
    forzar ventanas, darle para atrás a las sábanas,
    que quede al descubierto el embozo de los enfermos,
    una llaga llena de alimento, infinitos dolores
    para todos los gustos.
    Enguantados contienen los carniceros
    el aliento de los desembozados,
    la luna en la puerta cae al suelo,
    no recojas los fragmentos, la cinta de la que colgó...
    Todo estaba preparado para la extremaunción.
    (El sacramento no puede llevarse acabo).
    2
    Qué vanidad de vanidades.
    Arrastra una ciudad hasta ti,
    levántate del polvo de esa ciudad,
    toma posesión de un cargo
    y enmascárate
    para no ser desenmascarado.
    Cumple las promesas
    delante de un espejo ciego en el aire,
    delante de una puerta cerrada en el viento.
    Intransitados están los caminos sobre la pared a plomo del cielo.
    3
    Oh ojos, que la tierra, almacén solar, quemó,
    con la carga de lluvia de todos los ojos cargados,
    cubiertos ahora de hilos, de telas
    hiladas por las arañas trágicas
    del presente ...
    4
    En la cuenca de mi mudez
    pon una palabra
    y levanta grandes bosques a ambos lados,
    que mi boca
    entera quede en la sombra.

    De "El tiempo postergado" Ediciones Cátedra S. A. 1991

    Versión de Arturo Parada




    Sombra rosas sombra
    Bajo un cielo extraño
    sombra rosas
    sombra
    sobre una tierra extraña
    entre rosas y sombra
    dentro de un agua extraña
    mi sombra

    De "Invocación a la Osa Mayor" Ediciones Hiperión 2001

    Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García

    Sólo cosas sombrías
    Como Orfeo, toco
    en las cuerdas de la vida la muerte,
    y ante la belleza de la tierra
    y de tus ojos, que administran el cielo,
    sólo sé decir cosas sombrías.
    No olvides que también tú, de pronto,
    aquella mañana, cuando tu lecho
    todavía estaba húmedo de rocío y el clavel
    dormía junto a tu corazón,
    viste el río oscuro
    pasar a tu lado.
    La cuerda del silencio,
    tensada sobre la ola de sangre,
    puso manos en tu corazón sonante.
    Transformado quedó tu rizo
    en la cabellera de sombras de la noche,
    los copos negros de las tinieblas
    nevaron tu semblante.
    Y mi lugar no está a tu lado.
    Ahora nos lamentamos los dos.
    Pero como Orfeo, sé
    junto a las cuerdas de la muerte la vida,
    y en mí reverbera el azulado
    de tu ojo por siempre cerrado.

    De "El tiempo postergado" Ediciones Cátedra S. A. 1991
    Versión de Arturo Parada

    Temprano mediodía
    Silencioso verde a el tilo en el verano inaugurado,
    muy apartada de las ciudades tiembla
    el brillo opaco de la luna diurna. Ya es mediodía,
    ya se agita en la fuente el chorro,
    ya se alza bajo el destrozo
    el ala maltratada del pájaro de fábula,
    y la mano, desfigurada por tirar la piedra,
    cae en el despertar del trigo.
    Donde el cielo de Alemania ennegrece la tierra,
    busca su ángel decapitado una tumba para el odio
    y te entrega el cuenco del corazón.
    Un puñado de dolor se pierde sobre la colina.
    Siete años más tarde
    te acuerdas nuevamente,
    junto a la fuente, ante la puerta,
    no mires demasiado profundamente,
    se te saltarán los ojos.
    Siete años más tarde,
    en casa de amortajado,
    apuran los ayer verdugos
    el vaso dorado.
    Se te hundirían los ojos.
    Ya es mediodía, en las cenizas
    dobla el hierro, sobre el mandril
    está izada la bandera, y sobre la roca
    del sueño ancestral, queda de aquí en adelante
    forjada el águila.
    Solo la esperanza, aquejada de ceguera, está acurrucada bajo la luz.
    ¡Rompe sus cadenas, guíala
    ladera abajo, ponle
    la mano sobre los ojos, que no la
    abrase ninguna sombra!
    Donde la tierra de Alemania ennegrece el cielo,
    busca la nube palabras y llena el cráter de silencio
    antes de que el verano las perciba bajo la llovizna.
    Lo inexplicable recorre, en voz baja, el país:
    ya es mediodía.

    De "El tiempo postergado" Ediciones Cátedra S. A. 1991

    Versión de Arturo Parada

    Todos los días
    Ya no se declara la guerra,
    se prosigue. Lo inconcebible
    se ha hecho cotidiano. El héroe
    permanece alejado de los combatientes. El débil
    ha avanzado hasta las zonas de fuego.
    El uniforme de diario es la paciencia,
    la condecoración, la mísera estrella
    de la esperanza sobre el corazón.
    Se concede
    cuando ya no pasa nada,
    cuando el fuego nutrido ha enmudecido,
    cuando el enemigo se ha hecho invisible,
    y la sombra del armamento eterno
    oscurece el cielo.
    Se concede
    por abandonar las banderas,
    por el valor ante el amigo,
    por revelar secretos indignos
    y desacatar
    toda orden.

    De "El tiempo postergado" Ediciones Cátedra S. A. 1991
    Versión de Arturo Parada

    Toma de tierra
    Llegué a las dehesas
    cuando ya era de noche,
    olfateando en los prados la hierba
    y el viento antes de levantarse.
    Ya no pastaba el amor,
    las campanas se habían extinguido
    y los haces de hierba endurecido.
    En el suelo había un cuerno clavado
    por el obstinado animal de guía
    hundido en la oscuridad.
    Lo saqué de la tierra,
    lo alcé al cielo
    con todas mis fuerzas.
    Para llenar este país
    del todo con sonidos
    toqué el cuerno,
    dispuesto a vivir en el viento venidero
    y bajo los tallos ondeantes
    de cualquier procedencia.

    De "Invocación a la Osa Mayor" Ediciones Hiperión 2001

    Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García

    Una especie de pérdida
    Usados en común: estaciones del año, libros y una música.
    Las llaves, los boles de té, la panera, sábanas y una
    cama.
    Un ajuar de palabras, de gestos, traídos, empleados,
    gastados.
    Un reglamento de casa observado. Dicho. Hecho. Y
    siempre alargada la mano.
    De inviernos, de un septeto vienés y de veranos me he
    enamorado.
    De mapas, de un poblacho de montaña, de una playa y de una cama.
    Con fechas he hecho un culto, promesas he declarado
    irrevocables,
    he adornado un algo y he sido devota delante de una nada,
    (-de un periódico doblado, de las cenizas frías, del
    papel con un apunte)
    impávida ante la religión, porque la iglesia era esta cama.
    De la vista de un lago surgió mi pintura inagotable.
    Desde el balcón había que saludar a los pueblos, mis
    vecinos.
    Junto al fuego de la chimenea, en la seguridad, mi
    cabello tenía su color más intenso.
    La llamada a la puerta era la alarma para mi alegría.
    No te he perdido a ti,
    sino al mundo.

    De "Invocación a la Osa Mayor" Ediciones Hiperión 2001

    Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García
    Vuelo nocturno
    Nuestro campo es el cielo,
    arado con el sudor de los motores,
    frente a la noche,
    bajo la intervención del sueño.
    Soñado sobre calvarios y piras,
    bajo el tejado del mundo, cuyas tejas
    se ha llevado el viento -y ahora, lluvia, lluvia, lluvia
    en nuestra casa y en los molinos
    los ciegos vuelos de los murciélagos.
    ¿Quién vivía allí? ¿Quién tenía límpidas las manos?
    ¿Quién resplandecía en la noche,
    fantasma a los fantasmas?
    Al abrigo del plumaje de acero, interrogan
    instrumentos el espacio, relojes y escalas,
    la maleza de nubes, y roza el amor
    el lenguaje olvidado de nuestro corazón:
    corto y largo largo... Durante una hora
    bate granizo el tímpano del oído,
    que, desafecto a nosotros, escucha y distorsiona.
    No ha desaparecido el sol ni la tierra,
    solo se han movido como astros, irreconocibles.
    Nos hemos remontado de un puerto
    en que no cuenta el retorno,
    ni la carga ni la pesca.
    Las especias de la India y las sedas del Japón
    les pertenecen a los comerciantes,
    como los peces a las redes.
    Pero se percibe un olor
    que se anticipa a los cometas,
    y el tejido del aire
    desgarrado por el cometa caído.
    Llámalo estado de los solitarios
    en que se lleva a cabo el asombro.
    Nada más.
    Nos hemos remontado, y los conventos están vacíos
    desde que toleramos, una orden, que no salva ni enseña.
    Actuar no es asunto de los pilotos. Tienen la vista fija
    en las bases y extendido sobre las rodillas
    el mapa de un mundo al que nada hay que añadir.
    ¿Quién vive ahí abajo? ¿Quién llora...?
    ¿Quién pierde la llave de la casa?
    ¿Quién no encuentra su cama, quién duerme
    sobre los umbrales? ¿Quién, cuando llega la mañana,
    se atreve a interpretar la estela de plata: mirad, por encima de mí...?
    Cuando el agua impulsa de nuevo la rueda del molino,
    ¿quién se atreve a recordar la noche?

    De "El tiempo postergado" Ediciones Cátedra S. A. 1991

    Versión de Arturo Parada
     INGEBORG BACHMANN, ERRANTE ESCURRIDIZA
    Viaje romano hacia la muerte
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    "La culminación del Jubileo de 1950, el gran Año Santo decretado por Pío XII, tuvo lugar durante el mes de noviembre. Más de 150.000 personas compartieron el espacio de plaza San Pedro para ser testigos de la proclamación del dogma de la Asunción de la Virgen. El renovado prestigio de la madre de Cristo se consolidará en 1954, con la consagración del Año Mariano (Roma, la città del Papa. Al cuidado de Luigi Fiorani y Adriano Prosperi. Annali 16. Giulio Einaudi Editore, 2000). En 1953, alejado de todo probable misticismo, moría en Moscú Josef Stalin. Su muerte fue lamentada a nivel planetario. En Roma, el flemático Palmiro Togliatti se refería al jefe soviético en términos épicos: "…un gigante del pensamiento, un gigante de la acción… Desaparece el hombre. Se apaga la mente del pensador intrépido. Termina la vida heroica del combatiente victorioso. Su causa triunfa. Su causa triunfará en todo el mundo", etcétera. A pesar de la elocuencia de Togliatti, no era precisamente una mayoría la que compartía sus convicciones en Italia. Lo contrario.
    La década de los cincuenta es la década del "sorpasso". El "milagro" económico que cerraba para buena parte de la población el penoso episodio de la posguerra. Un nuevo bienestar comienza a sentirse en las grandes ciudades industrializadas. El entusiasmo será expresado por Vittorio Gasmann en películas como Il sorpasso. En Roma, el "miracolo" se observa en los establecimientos de via Venetto. La "dolce vita" se extiende, amparada en la complacencia de la Democracia Cristiana frente a las exigencias del Departamento de Estado. De nuevo, viajeros y turistas recorren las calles y monumentos de la Ciudad Eterna. Lo mismo escritores y artistas. Y cineastas. Todo está preparado para que el genio de Fellini, un visitante llegado de Rimini, transforme a via Venetto en la gran metáfora de aquella década "milagrosa". La luz dorada de Roma se hace blanca en esas noches marcadas para siempre por la exuberancia de Anita Ekberg y el entusiasmo de "vitellone" de Marcello.
    Nuevos locales, bares, cafés, restaurantes, son abiertos y los viejos son restaurados y rebautizados. El exclusivo "Open Gate" se convierte en "Victor". Siempre en via Venetto, se inaugura el "Caffè de Paris", diseñado por Franco Borsi, y que será la sede de la imaginaria "Universidad Libre Mario Pannuzio", entre cuyos "docentes" se encontraban Indro Montanelli y Eugenio Scalfaro, compañero fraterno de Calvino en el liceo. Ungaretti, por su parte, cubierto de lanas, incluso en verano, prefiere acomodarse a cierta distancia, entre las mesitas del "Caffè Stregha". Por esos años, en 1955 exactamente,Pasolini publica su Las cenizas de Gramsci. Roma no se detiene a pensar en las eventuales consecuencias del "olvido del Ser" o en las posibilidades, a nivel metafísico, de una existencia "absurda". Roma, más que nunca, es la ciudad para vivir, "rica, feliz, corrupta y desesperada" (M. Mafei). Son los "años de goma", como se les llamará más tarde. No obstante, algunos de los invitados al convite creen percibir, detrás de las risas, el rictus que modela toda tragedia. Los "años de plomo" esperaban en una de las esquinas del recorrido obligado. En el cruce de via Venetto con via Ludovisi, por ejemplo. La austríaca Ingeborg Bachmann era uno de esos participantes, uno que había observado, con precisión de profeta, la cercanía relativa del desastre
     El cielo en la ciudad
    A mediados de 1954 llegaba a Roma Ingeborg Bachmann. Doctora en Filosofía con una tesis sobre Martin Heidegger, varias narraciones publicadas en revistas, algunas obras de teatro para radio. Y, fundamentalmente, un libro de poesías que le valió una portada en Der SpiegelEl tiempo recobrado. En Roma, Bachmann se encarga de la corresponsalía del Westdeutschen Allgemeinen, con el seudónimo de "Ruth Keller". La escogencia de otro nombre para sus colaboraciones habla más de su personalidad que los cientos de artículos que han tratado de descifrarla. Un apellido hebreo para esta austríaca católica de asegurada sangre "aria". Así será siempre. En su vida y en su literatura. Cuando, como lector, creo haberla precisado en alguno de sus poemas o novelas, se me escapa de las manos con la agilidad de una anguila. Como uno de los hombres que mejor la conoció, Max Frisch se refiere a esta peregrina habilidad para escurrirse y desaparecer. La desesperación de Frisch no es muy distinta a la que he sentido durante años de reiteradas lecturas:
    Comprendo que no quiero vivir sin ella. "Roma non risponde", no logro entender que no pueda localizarla durante toda una noche, ni tampoco de día. "Roma non risponde". Puedo imaginar toda clase de motivos… Hay algo que agota mi paciencia y es aquella pausa sonora hasta que de nuevo llega la misma voz: "Roma non risponde" …¿No habrá recibido mis cartas? La quiero, la amo. "Roma non risponde…".
    Desde temprano, Ingeborg Bachmann se atrinchera en uno de los cafés devia Venetto, para ver de "dónde salen las calles de Roma, esa entrada triunfal del cielo en la ciudad". Con ella, en la misma mesa del "Doney", los alemanes y austríacos que llegaban a purificar sus culpas en el espacio mediterráneo. Entre otros, Toni Kinlechmer, Marie Luise Kaschnitz, Hermann Kesten yGustav René Hocke. Para la Bachmann, Roma va a ser algo más que una residencia prolongada. Si toda vida tiene dos polos y cada existencia dos paisajes, Roma será para Bachmann uno de ellos. Su "Tierra primogénita", dirá en un poema. La "Mirabilia Urbis" es la ciudad más abierta, pero también la más secreta. Los que lo saben todo, apenas saben eso. Que no es mucho en Roma. Bachmann conoció no pocos de los secretos de la vieja capital. Incluyendo el más terrible de ellos: la sensación o, mejor dicho, la certeza de que Roma es la mejor ciudad para morir.
    El nomadismo "anguilar" de la autora de El tiempo postergado no se agotó con el traslado a Roma. Lejos de eso. Durante años de intermitentes residencias, se desplazó por una docena de direcciones. Sólo conozco algunas. Apenas llegada a la urbe, se refugió en la tranquilidad de Palazzo Ossoli, Piazza della Quercia, N0 1. Aquí no duró mucho. Luego, serán via Vecchiarelli N0 38;via Giulia N0 102, donde vivió con Frischvia de Notaris N0 1; via Bocca di Leone N0 60, hasta via Giulia N0 66, donde las llamas la esperaban para agotar, entre los humos, aquella errancia brillante y torturada. "

    Alejandro Oliveros. Ensayista
    pFUENTE: VERBIGRACIA


    http://herederosdelcaos12.tripod.com/id17.html

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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    Item Reviewed: Ingeborg Bachmann destacada escritora en lengua alemana del siglo XX. Rating: 5 Reviewed By: Santos García Zapata
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