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    sábado, 16 de febrero de 2013

    Federico García Lorca el mas famoso de los poetas españoles del siglo XX




    Federico García Lorca a los 18 años
    Federico García Lorca
    (Fuente Vaqueros, España, 1898 - Víznar, id., 1936) Poeta y dramaturgo español. Los primeros años de la infancia de Federico García Lorca transcurrieron en el ambiente rural de su pequeño pueblo granadino, para después ir a estudiar a un colegio de Almería.
    Continuó sus estudios superiores en la Universidad de Granada: estudió filosofía y letras y se licenció en derecho. En la universidad hizo amistad con Manuel de Falla, quien ejerció una gran influencia en él, transmitiéndole su amor por el folclore y lo popular.
    A partir de 1919, se instaló en Madrid, en la Residencia de Estudiantes, donde conoció a Juan Ramón Jiménez y a Machado, y trabó amistad con poetas de su generación y artistas como Buñuel o Dalí. En este ambiente, Lorca se dedicó con pasión no sólo a la poesía, sino también a la música y el dibujo, y empezó a interesarse por el teatro. Sin embargo, su primera pieza teatral, El maleficio de la mariposa, fue un fracaso.
    En 1921 publicó su primera obra en verso, Libro de poemas, con la cual, a pesar de acusar las influencias románticas y modernistas, consiguió llamar la atención. Sin embargo, el reconocimiento y el éxito literario de Federico García Lorca llegó con la publicación, en 1927, de Canciones y, sobre todo, con las aplaudidas y continuadas representaciones en Madrid de Mariana Pineda, drama patriótico.
    Entre 1921 y 1924, al mismo tiempo que trabajaba en Canciones, escribió una obra basada en el folclore andaluz, el Poema del cante jondo (publicado en 1931), un libro ya más unitario y madurado, con el que experimenta por primera vez lo que será un rasgo característico de su poética: la identificación con lo popular y su posterior estilización culta, y que llevó a su plena madurez con el Romancero gitano (1928), que obtuvo un éxito inmediato. En él se funden lo popular y lo culto para cantar al pueblo perseguido de los gitanos, personajes marginales marcados por un trágico destino. Formalmente, Lorca consiguió un lenguaje personal, inconfundible, que reside en la asimilación de elementos y formas populares combinados con audaces metáforas, y con una estilización propia de las formas de poesía pura con que se etiquetó a su generación.
    Tras este éxito, Lorca viajó a Nueva York, ciudad en la que residió como becario durante el curso 1929-1930. Las impresiones que la ciudad imprimió en su ánimo se materializaron en Poeta en Nueva York (publicada póstumamente en 1940), un canto angustiante, con ecos de denuncia social, contra la civilización urbana y mecanizada de hoy. Las formas tradicionales y populares de sus anteriores obras dejan paso en esta otra a visiones apocalípticas, hechas de imágenes ilógicas y oníricas, que entroncan con la corriente surrealista francesa, aunque siempre dentro de la poética personal de Lorca.
    De nuevo en España, en 1932 Federico García Lorca fue nombrado director de La Barraca, compañía de teatro universitario que se proponía llevar a los pueblos de Castilla el teatro clásico del Siglo de Oro. Su interés por el teatro, tanto en su vertiente creativa como de difusión, responde a una progresiva evolución hacia lo colectivo y un afán por llegar de la forma más directa posible al pueblo. Así, los últimos años de su vida los consagró al teatro, a excepción de dos libros de poesía: Diván del Tamarit, conjunto de poemas inspirados en la poesía arabigoandaluza, y el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1936), hermosa elegía dedicada a su amigo torero, donde combina el tono popular con imágenes de filiación surrealista.

    Federico García Lorca con la actriz Margarita Xirgu y
    Cipriano Rivas en la presentación de Yerma(1934)
    Las últimas obras de Federico García Lorca son piezas teatrales. Yerma (1934) es una verdadera tragedia al modo clásico, incluido el coro de lavanderas, con su corifeo que dialoga con la protagonista comentando la acción. Parecido es el asunto en Bodas de Sangre(1933), donde un suceso real inspiró el drama de una novia que huye tras su boda con un antiguo novio (Leonardo). La huida, llena de premoniciones, en la que la propia muerte aparece como personaje, presagia un final al que se viene aludiendo desde la primera escena y en el que ambos hombres se matarán, segando así la posibilidad de continuidad de la estirpe por ambas ramas y renovando la muerte del padre del novio a manos de la familia de Leonardo. De esta manera, la pasión y la autobúsqueda concluyen con la destrucción de todo el orden establecido.

    http://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/garcia_lorca.htm


    Poesías deFederico García Lorca

    GRANADA
    Granada, calle de Elvira,
    donde viven las manolas,
    las que se van a la Alhambra,
    las tres y las cuatro solas.
    Una vestida de verde,
    otra de malva, y la otra,
    un corselete escocés
    con cintas hasta la cola.

    Las que van delante, garzas
    la que va detrás, paloma,
    abren por las alamedas
    muselinas misteriosas.
    ¡Ay, qué oscura está la Alhambra!
    ¿Adónde irán las manolas
    mientras sufren en la umbría
    el surtidor y la rosa?

    ¿Qué galanes las esperan?
    ¿Bajo qué mirto reposan?
    ¿Qué manos roban perfumes
    a sus dos flores redondas?

    Nadie va con ellas, nadie;
    dos garzas y una paloma.
    Pero en el mundo hay galanes
    que se tapan con las hojas.
    La catedral ha dejado
    bronces que la brisa toma;
    El Genil duerme a sus bueyes
    y el Dauro a sus mariposas.

    La noche viene cargada
    con sus colinas de sombra;
    una enseña los zapatos
    entre volantes de blonda;
    la mayor abre sus ojos
    y la menor los entorna.

    ¿Quién serán aquellas tres
    de alto pecho y larga cola?
    ¿Por qué agitan los pañuelos?
    ¿Adónde irán a estas horas?
    Granada, calle de Elvira,
    donde viven las manolas,
    las que se van a la Alhambra,
    las tres y las cuatro solas.

    LLUVIA 
    La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
    algo de soñolencia resignada y amable,
    una música humilde se despierta con ella
    que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

    Es un besar azul que recibe la Tierra,
    el mito primitivo que vuelve a realizarse.
    El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
    con una mansedumbre de atardecer constante.

    Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
    y nos unge de espíritu santo de los mares.
    La que derrama vida sobre las sementeras
    y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

    La nostalgia terrible de una vida perdida,
    el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
    o la ilusión inquieta de un mañana imposible
    con la inquietud cercana del color de la carne.

    El amor se despierta en el gris de su ritmo,
    nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
    pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
    al contemplar las gotas muertas en los cristales.

    Y son las gotas: ojos de infinito que miran
    al infinito blanco que les sirvió de madre.

    Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
    y le dejan divinas heridas de diamante.
    Son poetas del agua que han visto y que meditan
    lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

    ¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
    lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
    lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
    la que llorosa y triste sobre las cosas caes!

    ¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
    almas de fuentes claras y humildes manantiales!
    Cuando sobre los campos desciendes lentamente
    las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.

    El canto primitivo que dices al silencio
    y la historia sonora que cuentas al ramaje
    los comenta llorando mi corazón desierto
    en un negro y profundo pentagrama sin clave.

    Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
    tristeza resignada de cosa irrealizable,
    tengo en el horizonte un lucero encendido
    y el corazón me impide que corra a contemplarte.

    ¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
    y eres sobre el piano dulzura emocionante;
    das al alma las mismas nieblas y resonancias
    que pones en el alma dormida del paisaje!
     

    CANCION OTOÑAL 
    Hoy siento en el corazón
    un vago temblor de estrellas,
    pero mi senda se pierde
    en el alma de la niebla.
    La luz me troncha las alas
    y el dolor de mi tristeza
    va mojando los recuerdos
    en la fuente de la idea.

    Todas las rosas son blancas,
    tan blancas como mi pena,
    y no son las rosas blancas,
    que ha nevado sobre ellas.
    Antes tuvieron el iris.
    También sobre el alma nieva.
    La nieve del alma tiene
    copos de besos y escenas
    que se hundieron en la sombra
    o en la luz del que las piensa.

    La nieve cae de las rosas,
    pero la del alma queda,
    y la garra de los años
    hace un sudario con ellas.

    ¿Se deshelará la nieve
    cuando la muerte nos lleva?
    ¿O después habrá otra nieve
    y otras rosas más perfectas?
    ¿Será la paz con nosotros
    como Cristo nos enseña?
    ¿O nunca será posible
    la solución del problema?

    ¿Y si el amor nos engaña?
    ¿Quién la vida nos alienta
    si el crepúsculo nos hunde
    en la verdadera ciencia
    del Bien que quizá no exista,
    y del Mal que late cerca?

    ¿Si la esperanza se apaga
    y la Babel se comienza,
    qué antorcha iluminará
    los caminos en la Tierra?

    ¿Si el azul es un ensueño,
    qué será de la inocencia?
    ¿Qué será del corazón
    si el Amor no tiene flechas?

    ¿Y si la muerte es la muerte,
    qué será de los poetas
    y de las cosas dormidas
    que ya nadie las recuerda?
    ¡Oh sol de las esperanzas!
    ¡Agua clara! ¡Luna nueva!
    ¡Corazones de los niños!
    ¡Almas rudas de las piedras!
    Hoy siento en el corazón
    un vago temblor de estrellas
    y todas las rosas son
    tan blancas como mi pena.

    ELEGIA A DOÑA JUANA LA LOCA A Melchor Fernández Almagro 
    Princesa enamorada sin ser correspondida.
    Clavel rojo en un valle profundo y desolado.
    La tumba que te guarda rezuma tu tristeza
    a través de los ojos que ha abierto sobre el mármol.

    Eras una paloma con alma gigantesca
    cuyo nido fue sangre del suelo castellano,
    derramaste tu fuego sobre un cáliz de nieve
    y al querer alentarlo tus alas se troncharon.

    Soñabas que tu amor fuera como el infante
    que te sigue sumiso recogiendo tu manto.
    Y en vez de flores, versos y collares de perlas,
    te dio la Muerte rosas marchitas en un ramo.

    Tenías en el pecho la formidable aurora
    de Isabel de Segura. Melibea. Tu canto,
    como alondra que mira quebrarse el horizonte,
    se torna de repente monótono y amargo.

    Y tu grito estremece los cimientos de Burgos.
    Y oprime la salmodia del coro cartujano.
    Y choca con los ecos de las lentas campanas
    perdiéndose en la sombra tembloroso y rasgado.

    Tenías la pasión que da el cielo de España.
    La pasión del puñal, de la ojera y el llanto.
    ¡Oh princesa divina de crepúsculo rojo,
    con la rueca de hierro y de acero lo hilado!

    Nunca tuviste el nido, ni el madrigal doliente,
    ni el laúd juglaresco que solloza lejano.
    Tu juglar fue un mancebo con escamas de plata
    y un eco de trompeta su acento enamorado.

    Y, sin embargo, estabas para el amor formada,
    hecha para el suspiro, el mimo y el desmayo,
    para llorar tristeza sobre el pecho querido
    deshojando una rosa de olor entre los labios.

    Para mirar la luna bordada sobre el río
    y sentir la nostalgia que en sí lleva el rebaño
    y mirar los eternos jardines de la sombra,
    ¡oh princesa morena que duermes bajo el mármol!

    ¿Tienes los ojos negros abiertos a la luz?
    O se enredan serpientes a tus senos exhaustos...
    ¿Dónde fueron tus besos lanzados a los vientos?
    ¿Dónde fue la tristeza de tu amor desgraciado?

    En el cofre de plomo, dentro de tu esqueleto,
    tendrás el corazón partido en mil pedazos.
    Y Granada te guarda como santa reliquia,
    ¡oh princesa morena que duermes bajo el mármol!

    Eloisa y Julieta fueron dos margaritas,
    pero tú fuiste un rojo clavel ensangrentado
    que vino de la tierra dorada de Castilla
    a dormir entre nieve y ciprerales castos.

    Granada era tu lecho de muerte, Doña Juana,
    los cipreses, tus cirios; la sierra, tu retablo.
    Un retablo de nieve que mitigue tus ansias,
    ¡con el agua que pasa junto a ti! ¡La del Dauro!

    Granada era tu lecho de muerte, Doña Juana,
    la de las torres viejas y del jardín callado,
    la de la yedra muerta sobre los muros rojos,
    la de la niebla azul y el arrayán romántico.

    Princesa enamorada y mal correspondida.
    Clavel rojo en un valle profundo y desolado.
    La tumba que te guarda rezuma tu tristeza
    a través de los ojos que ha abierto sobre el mármol. 
     


    SI MIS MANOS PUDIERAN DESHOJAR 
    Yo pronuncio tu nombre
    en las noches oscuras,
    cuando vienen los astros
    a beber en la luna
    y duermen los ramajes
    de las frondas ocultas.
    Y yo me siento hueco
    de pasión y de música.
    Loco reloj que canta
    muertas horas antiguas.

    Yo pronuncio tu nombre,
    en esta noche oscura,
    y tu nombre me suena
    más lejano que nunca.
    Más lejano que todas las estrellas
    y más doliente que la mansa lluvia.

    ¿Te querré como entonces
    alguna vez? ¿Qué culpa
    tiene mi corazón?
    Si la niebla se esfuma,
    ¿qué otra pasión me espera?
    ¿Será tranquila y pura?
    ¡¡Si mis dedos pudieran
    deshojar a la luna!! 

    EL CANTO DE LA MIEL 
    La miel es la palabra de Cristo,
    el oro derretido de su amor.
    El más allá del néctar,
    la momia de la luz del paraíso.

    La colmena es una estrella casta,
    pozo de ámbar que alimenta el ritmo
    de las abejas. Seno de los campos
    tembloroso de aromas y zumbidos.

    La miel es la epopeya del amor,
    la materialidad de lo infinito.
    Alma y sangre doliente de las flores
    condensada a través de otro espíritu.

    (Así la miel del hombre es la poesía
    que mana de su pecho dolorido,
    de un panal con la cera del recuerdo
    formado por la abeja de lo íntimo)

    La miel es la bucólica lejana
    del pastor, la dulzaina y el olivo,
    hermana de la leche y las bellotas,
    reinas supremas del dorado siglo.

    La miel es como el sol de la mañana,
    tiene toda la gracia del estío
    y la frescura vieja del otoño.
    Es la hoja marchita y es el trigo.

    ¡Oh divino licor de la humildad,
    sereno como un verso primitivo!

    La armonía hecha carne tú eres,
    el resumen genial de lo lírico.
    En ti duerme la melancolía,
    el secreto del beso y del grito.

    Dulcísima. Dulce. Este es tu adjetivo.
    Dulce como los vientres de las hembras.
    Dulce como los ojos de los niños.
    Dulce como las sombras de la noche.
    Dulce como una voz. O como un lirio.

    Para el que lleva la pena y la lira,
    eres sol que ilumina el camino.
    Equivales a todas las bellezas,
    al color, a la luz, a los sonidos.

    ¡Oh! Divino licor de la esperanza,
    donde a la perfección del equilibrio
    llegan alma y materia en unidad
    como en la hostia cuerpo y luz de Cristo.

    Y el alma superior es de las flores,
    ¡Oh licor que esas almas has unido!
    El que te gusta no sabe que traga
    un resumen dorado del lirismo.


    ELEGÍA
    Como un incensario lleno de deseos,
    pasas en la tarde luminosa y clara
    con la carne oscura de nardo marchito
    y el sexo potente sobre tu mirada.

    Llevas en la boca tu melancolía
    de pureza muerta, y en la dionisíaca
    copa de tu vientre la araña que teje
    el velo infecundo que cubre la entraña
    nunca florecida con las vivas rosas
    fruto de los besos.

    En tus manos blancas
    llevas la madeja de tus ilusiones,
    muertas para siempre, y sobre tu alma
    la pasión hambrienta de besos de fuego
    y tu amor de madre que sueña lejanas
    visiones de cunas en ambientes quietos,
    hilando en los labios lo azul de la nana.

    Como Ceres dieras tus espigas de oro
    si el amor dormido tu cuerpo tocara,
    y como la virgen María pudieras brotar
    de tus senos otra vía láctea.

    Te marchitarás como la magnolia.
    Nadie besará tus muslos de brasa.
    Ni a tu cabellera llegarán los dedos
    que la pulsen como
    las cuerdas de un arpa.

    ¡Oh mujer potente de ébano y de nardo!
    cuyo aliento tiene blancor de biznagas.
    Venus del mantón de Manila que sabe
    del vino de Málaga y de la guitarra.

    ¡Oh cisne moreno! cuyo lago tiene
    lotos de saetas, olas de naranjas
    y espumas de rojos claveles que aroman
    los niños marchitos que hay bajo sus alas.

    Nadie te fecunda. Mártir andaluza,
    tus besos debieron ser bajo una parra
    plenos del silencio que tiene la noche
    y del ritmo turbio del agua estancada.

    Pero tus ojeras se van agrandando
    y tu pelo negro va siendo de plata;
    tus senos resbalan escanciando aromas
    y empieza a curvarse tu espléndida espalda.

    ¡Oh mujer esbelta, maternal y ardiente!
    Virgen dolorosa que tiene clavadas
    todas las estrellas del cielo profundo
    en su corazón ya sin esperanza.

    Eres el espejo de una Andalucía
    que sufre pasiones gigantes y calla,
    pasiones mecidas por los abanicos
    y por las mantillas sobre las gargantas
    que tienen temblores de sangre, de nieve,
    y arañazos rojos hechos por miradas.

    Te vas por la niebla del otoño, virgen
    como Inés, Cecilia, y la dulce Clara,
    siendo una bacante que hubiera danzado
    de pámpanos verdes y vid coronada.

    La tristeza inmensa que flota en tus ojos
    nos dice tu vida rota y fracasada,
    la monotonía de tu ambiente pobre
    viendo pasar gente desde tu ventana,
    oyendo la lluvia sobre la amargura
    que tiene la vieja calle provinciana,
    mientras que a lo lejos suenan los clamores
    turbios y confusos de unas campanadas.

    Mas en vano escuchaste los acentos del aire.
    Nunca llegó a tus oídos la dulce serenata.
    Detrás de tus cristales aún miras anhelante.
    ¡Qué tristeza tan honda tendrás dentro del alma
    al sentir en el pecho ya cansado y exhausto
    la pasión de una niña recién enamorada!

    Tu cuerpo irá a la tumba
    intacto de emociones.
    Sobre la oscura tierra
    brotará una alborada.
    De tus ojos saldrán dos claveles sangrientos
    y de tus senos, rosas como la nieve blancas.
    Pero tu gran tristeza se irá con las estrellas,
    como otra estrella digna de herirlas y eclipsarlas.



    ALBA 
    Mi corazón oprimido
    siente junto a la alborada
    el dolor de sus amores
    y el sueño de las distancias.
    La luz de la aurora lleva
    semillero de nostalgias
    y la tristeza sin ojos
    de la médula del alma.
    La gran tumba de la noche
    su negro velo levanta
    para ocultar con el día
    la inmensa cumbre estrellada.

    ¡Qué haré yo sobre estos campos
    cogiendo nidos y ramas,
    rodeado de la aurora
    y llena de noche el alma!
    ¡Qué haré si tienes tus ojos
    muertos a las luces claras
    y no ha de sentir mi carne
    el calor de tus miradas!

    ¿Por qué te perdí por siempre
    en aquella tarde clara?
    Hoy mi pecho está reseco
    como una estrella apagada.


    INVOCACION AL LAUREL A Pepe Cienfuegos 
    Por el horizonte confuso y doliente
    venía la noche preñada de estrellas.
    Yo, como el barbudo mago de los cuentos,
    sabía el lenguaje de flores y piedras.

    Aprendí secretos de melancolía,
    dichos por cipreses, ortigas y yedras;
    supe del ensueño por boca del nardo,
    canté con los lirios canciones serenas.

    En el bosque antiguo, lleno de negrura,
    todos me mostraban sus almas cual eran:
    el pinar, borracho de aroma y sonido;
    los olivos viejos, cargados de ciencia;
    los álamos muertos, nidales de hormigas;
    el musgo, nevado de blancas violetas.

    Todo hablaba dulce a mi corazón
    temblando en los hilos de sonora seda
    con que el agua envuelve las cosas paradas
    como telaraña de armonía eterna.

    Las rosas estaban soñando en la lira,
    tejen las encinas oros de leyendas,
    y entre la tristeza viril de los robles
    dicen los enebros temores de aldea.

    Yo comprendo toda la pasión del bosque:
    ritmo de la hoja, ritmo de la estrella.
    Mas decidme, ¡oh cedros!, si mi corazón
    dormirá en los brazos de la luz perfecta.

    Conozco la lira que presientes, rosa:
    formé su cordaje con mi vida muerta.
    ¡Dime en qué remanso podré abandonarla
    como se abandonan las pasiones viejas!

    ¡Conozco el misterio que cantas, ciprés;
    soy hermano tuyo en noche y en pena;
    tenemos la entraña cuajada de nidos,
    tú de ruiseñores y yo de tristezas!

    ¡Conozco tu encanto sin fin, padre olivo,
    al darnos la sangre que extraes de la Tierra,
    como tú, yo extraigo con mi sentimiento
    el óleo bendito que tiene la idea!

    Todos me abrumáis con vuestras canciones;
    yo sólo os pregunto por la mía incierta;
    ninguno queréis sofocar las ansias
    de este fuego casto que el pecho me quema.

    ¡Oh laurel divino, de alma inaccesible,
    siempre silencioso, lleno de nobleza!
    ¡Vierte en mis oídos tu historia divina,
    tu sabiduría profunda y sincera!

    ¡Árbol que produces frutos de silencio,
    maestro de besos y mago de orquestas,
    formado del cuerpo rosado de Dafne
    con savia potente de Apolo en tus venas!

    ¡Oh gran sacerdote del saber antiguo!
    ¡Oh mudo solemne cerrado a las quejas!
    Todos tus hermanos del bosque me hablan;
    ¡sólo tú, severo, mi canción desprecias!

    Acaso, ¡oh maestro del ritmo!, medites
    lo inútil del triste llorar del poeta.
    Acaso tus hojas, manchadas de luna,
    pierdan la ilusión de la primavera.

    La dulzura tenue del anochecer,
    cual negro rocío, tapizó la senda,
    teniendo de inmenso dosel a la noche,
    que venía grave, preñada de estrellas.



    NOCTURNO DEL HUECO
    Para ver que todo se ha ido,
    para ver los huecos y los vestidos,
    ¡dame tu guante de luna,
    tu otro guante perdido en la hierba,
    amor mío!

    Puede el aire arrancar los caracoles
    muertos sobre el pulmón del elefante
    y soplar los gusanos ateridos
    de las yemas de luz o las manzanas.

    Los rostros bogan impasibles
    bajo el diminuto griterío de las yerbas
    y en el rincón está el pechito de la rana
    turbio de corazón y mandolina.

    En la gran plaza desierta
    mugía la bovina cabeza recién cortada
    y eran duro cristal definitivo
    las formas que buscaban el giro de la sierpe.

    Para ver que todo se ha ido
    dame tu mudo hueco, ¡amor mío!
    Nostalgia de academia y cielo triste.
    ¡Para ver que todo se ha ido!

    Dentro de ti, amor mío, por tu carne,
    ¡qué silencio de trenes bocarriba!
    ¡cuánto brazo de momia florecido!
    ¡qué cielo sin salida, amor, qué cielo!

    Es la piedra en el agua y es la voz en la brisa
    bordes de amor que escapan de su tronco sangrante.
    Basta tocar el pulso de nuestro amor presente
    para que broten flores sobre los otros niños.

    Para ver que todo se ha ido.
    Para ver los huecos de nubes y ríos.
    Dame tus manos de laurel, amor.
    ¡Para ver que todo se ha ido!

    Ruedan los huecos puros, por mí, por ti, en el alba
    conservando las huellas de las ramas de sangre
    y algún perfil de yeso tranquilo que dibuja
    instantáneo dolor de luna apuntillada.

    Mira formas concretas que buscan su vacío.
    Perros equivocados y manzanas mordidas.
    Mira el ansia, la angustia de un triste mundo fósil
    que no encuentra el acento de su primer sollozo.

    Cuando busco en la cama los rumores del hilo
    has venido, amor mío, a cubrir mi tejado.
    El hueco de una hormiga puede llenar el aire,
    pero tú vas gimiendo sin norte por mis ojos.

    No, por mis ojos no, que ahora me enseñas
    cuatro ríos ceñidos en tu brazo,
    en la dura barraca donde la luna prisionera
    devora a un marinero delante de los niños.

    Para ver que todo se ha ido
    ¡amor inexpugnable, amor huido!
    No, no me des tu hueco,
    ¡que ya va por el aire el mío!
    ¡Ay de ti, ay de mí, de la brisa!
    Para ver que todo se ha ido.


    II
    Yo.
    Con el hueco blanquísimo de un caballo,
    crines de ceniza. Plaza pura y doblada.

    Yo.
    Mi hueco traspasado con las axilas rotas.
    Piel seca de uva neutra y amianto de madrugada.

    Toda la luz del mundo cabe dentro de un ojo.
    Canta el gallo y su canto dura más que sus alas.

    Yo.
    Con el hueco blanquísimo de un caballo. Rodeado
    de espectadores que tienen hormigas en las palabras.

    En el circo del frío sin perfil mutilado.
    Por los capiteles rotos de las mejillas desangradas.

    Yo.
    Mi hueco sin ti, ciudad, sin tus muertos que comen.
    Ecuestre por mi vida definitivamente anclada.

    Yo.
    No hay siglo nuevo ni luz reciente.
    Sólo un caballo azul y una madrugada.





    CUERPO PRESENTE
    La piedra es una frente donde los sueños gimen
    sin tener agua curva ni cipreses helados.
    La piedra es una espalda para llevar al tiempo
    con árboles de lágrimas y cintas y planetas.

    Yo he visto lluvias grises correr hacia las olas,
    levantando sus tiernos brazos acribillados,
    para no ser cazadas por la piedra tendida
    que desata sus miembros sin empapar la sangre.

    Porque la piedra coge simientes y nublados,
    esqueletos de alondras y lobos de penumbra;
    pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego,
    sino plazas y plazas y otras plazas sin muros.

    Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido.
    Ya se acabó; ¿qué pasa? Contemplad su figura:
    la muerte le ha cubierto de pálidos azufres
    y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro.

    Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca.
    El aire como loco deja su pecho hundido,
    y el Amor, empapado con lágrimas de nieve,
    se calienta en la cumbre de las ganaderías.

    ¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa.
    Estamos con un cuerpo presente que se esfuma,
    con una forma clara que tuvo ruiseñores
    y la vemos llénarse de agujeros sin fondo.

    ¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice!
    Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón,
    ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente:
    aquí no quiero más que los ojos redondos
    para ver ese cuerpo sin posible descanso.

    Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura.
    Los que doman caballos y dominan los ríos:
    los hombres que les suena el esqueleto y cantan
    con una boca llena de sol y pedernales.

    Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra.
    Delante de este cuerpo con las riendas quebradas.
    Yo quiero que me enseñen dónde está la salida
    para este capitán atado por la muerte.

    Yo quiero que me enseñen un llanto como un río
    que tenga dulces nieblas y profundas orillas,
    para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda
    sin escuchar el doble resuello de los toros.

    Que se pierda en la plaza redonda de la luna
    que finge cuando niña doliente res inmóvil;
    que se pierda en la noche sin canto de los peces
    y en la maleza blanca del humo congelado.

    No quiero que le tapen la cara con pañuelos
    para que se acostumbre con la muerte que lleva.
    Vete, Ignacio: No sientas el caliente bramido.
    Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!

    ALMA AUSENTE
    No te conoce el toro ni la higuera,
    ni caballos ni hormigas de tu casa.
    No te conoce el niño ni la tarde
    porque te has muerto para siempre.

    No te conoce el lomo de la piedra,
    ni el rasgo negro donde te destrozas.
    No te conoce tu recuerdo mudo
    porque te has muerto para siempre.

    El otoño vendrá con caracolas,
    uva de niebla y montes agrupados,
    pero nadie querrá mirar tus ojos
    porque to has muerto para siempre.

    Porque, to has muerto para siempre
    como todos los muertos de la Tierra,
    como todos los muertos que se olvidan
    en un montón de perros apagados.

    No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
    Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
    La madurez insigne de tu conocimiento.
    Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca.
    La tristeza que tuvo tu valiente alegría.

    Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
    un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
    Yo canto su elegancia con palabras que gimen
    y recuerdo una brisa triste por los ollvos.



    BALADILLA E LOS TRES RIOS A Salvador Quintero 
    El río Guadalquivir
    va entre naranjos y olivos
    Los dos ríos de Granada
    bajan de la nieve al trigo.

    ¡Ay, amor,
    que se fue y no vino!

    El río Guadalquivir
    tiene las barbas granates.
    Los dos ríos de Granada
    uno llanto y otro sangre.

    ¡Ay, amor,
    que se fue por el aire!

    Para los barcos de vela,
    Sevilla tiene un camino;
    por el agua de Granada
    sólo reman los suspiros.

    ¡Ay, amor,
    que se fue y no vino!

    Guadalquivir, alta torre
    y viento en los naranjales.
    Dauro y Genil, torrecillas
    muertas sobre los estanques.

    ¡Ay, amor,
    que se fue por el aire!

    ¡Quién dirá que el agua lleva
    un fuego fatuo de gritos!

    ¡Ay, amor,
    que se fue y no vino!

    Lleva azahar, lleva olivas,
    Andalucía, a tus mares.

    ¡Ay, amor,
    que se fue por el aire! 


    A causa de su tendencia republicana y su patente homosexualidad fue fusilado el 18 de agosto de 1836.  Todos los intelectuales de su época lloraron su muerte. Antonio Machado recogió sus pensamientos en este poema:
    El crimen fue en Granada: A Federico García Lorca
    Se le vio, caminando entre fusiles,
    por una calle larga,
    salir al campo frío,
    aún con estrellas, de la madrugada.
    Mataron a Federico
    cuando la luz asomaba.
    El pelotón de verdugos
    no osó mirarle la cara.
    Todos cerraron los ojos;
    rezaron: ¡ni Dios te salva!
    Muerto cayó Federico.
    -sangre en la frente y plomo en las entrañas-.
    …Que fue en Granada el crimen
    sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada…
    Se le vio caminar solo con Ella,
    sin miedo a su guadaña.
    Ya el sol en torre y torre; los martillos
    en yunque – yunque y yunque de las fraguas.
    Hablaba Federico,
    requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
    “Porque ayer en mi verso, compañera,
    sonaba el golpe de tus secas palmas,
    y diste el hielo a mi cantar, y el filo
    a mi tragedia de tu hoz de plata,
    te cantaré la carne que no tienes,
    los ojos que te faltan,
    tus cabellos que el viento sacudía,
    los rojos labios donde te besaban…
    Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
    qué bien contigo a solas,
    por estos aires de Granada, ¡mi Granada!”
    Se le vio caminar…
    Labrad, amigos,
    de piedra y sueño, en el Alhambra,
    un túmulo al poeta,
    sobre una fuente donde llore el agua,
    y eternamente diga:
    el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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