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    domingo, 17 de febrero de 2013

    “EL CAPITALISMO (NEOLIBERAL) HA MUERTO”


    Informe especial Crisis internacional



    La economía de los países desarrollados transita una profunda crisis desde hace cinco años. Políticos y economistas del establishment están empezando a reconocer que el neoliberalismo fracasó y empiezan a proponer alguna forma de dirigismo estatal. Lo que ha sucedido es que las recetas de austeridad han puesto el capitalismo neoliberal a la defensiva. Evalúan que, como resultado, un nuevo modelo de capitalismo global administrado está en evolución, que reemplazará el fundamentalismo de mercado que dominó el mundo desde la era Reagan-Thatcher hasta el 2008.


    “Las economías reales en los países del llamado ‘capitalismo avanzado’ están graves.”


     Por Alberto Rabilotta *
    Las economías reales en los países del llamado “capitalismo avanzado” están graves, situación que ha comenzado a ser reconocida por parte de economistas y políticos. El neoliberalismo y las recetas de austeridad han puesto al capitalismo a la defensiva y los ingredientes para estallidos sociales ya existen en muchos países. En ese contexto se escuchan ahora voces de la clase dominante que afirman que ya se superó la crisis, y otras que plantean hacer cambios para mantener un sistema que comienza a tambalearse.
    Hace siete décadas, al analizar las causas y los efectos del desplome de las economías durante la Gran Depresión de los años ’30 del siglo XX, Karl Polanyi escribió que la sociedad comenzó a buscar cómo protegerse de los peligros inherentes a un sistema de mercado autorregulado. La respuesta común a la dictadura de los mercados que había puesto la sociedad al servicio de los intereses económicos, provocando con ello un desastre social y político de dimensiones mundiales, fue el abandono de los “mercados autorregulados” y la adopción del dirigismo estatal, que en el mundo capitalista asumió formas corporativistas que entretejían los intereses de determinados sectores y grupos sociales con los intereses de sectores económicos del capital, como los industriales, con el Estado arbitrando estas relaciones y planificando la economía para alcanzar objetivos tales como crear empleos, desarrollar industrias (con fines armamentistas en los países del “eje fascista” en primer lugar, y luego en Estados Unidos y Gran Bretaña) y superar la pauperización de la Gran Depresión.
    El corporativismo estuvo al servicio de regímenes totalitarios –la Alemania nazi, la Italia fascista, entre otros más–, y en Estados Unidos (EE.UU.), con el New Deal, la planificación económica permitió llevar a cabo transformaciones económicas, fiscales y sociales de carácter progresista destinadas a impedir que las masas populares abrazaran el socialismo o el fascismo. El New Deal se expandió a otros países antes y después de la Segunda Guerra Mundial. La experiencia socialista, en la Unión Soviética, fue la planificación quinquenal de la economía, adoptada en 1928 y aplicada a partir de 1929.
    Es evidente que la creación de millones de empleos mediante el desarrollo industrial y la mecanización del campo, que en EE.UU. logró el New Deal, no es reproducible en la actualidad en los países del capitalismo avanzado. Los “ejércitos” de robots que reemplazan a los asalariados existentes y a los jóvenes que debían sustituirlos, es una realidad prácticamente irreversible. Y tampoco son realistas las propuestas que circulan en ciertos países de “repatriar” las industrias que desde hace décadas las transnacionales vienen mudando a los países en desarrollo para explotar la mano de obra barata, apropiarse de mercados y repatriar las ganancias para Wall Street y sus ejecutivos. Lo que frecuentemente se olvida es que con esas mudanzas no sólo se trasladaron los empleos, sino que se perdió la acumulación y capacidad de transferir la experiencia y el conocimiento de los trabajadores y técnicos, entre otras.
    El reconocimiento de que el neoliberalismo fracasó y constituye una amenaza para el sistema capitalista lleva nuevamente a políticos y economistas a proponer alguna forma de dirigismo estatal, de capitalismo de Estado –nunca la planificación económica que tenga en cuenta los intereses de la sociedad, por el momento–, o sea un retorno al corporativismo envuelto en engañosos conceptos, como el de un “capitalismo global administrado”.
    Para economistas como Joseph Stiglitz, esta crisis estructural y las crisis que estamos pasando por alto –en particular el cambio climático– se exacerbaron después de la Gran Recesión del 2008 y no serán resueltas por el mercado. Son crisis de tipo mundial y para resolverlas se necesitan transiciones estructurales, o sea que “es necesario que los gobiernos desempeñen un papel más activo”. Su colega Paul Krugman piensa algo similar, aunque comienza a acercarse al problema de fondo de esta crisis estructural: “¿Qué es lo que está sucediendo? De la mejor forma que lo puedo decir, hay dos explicaciones plausibles, y hasta cierto punto ambas pueden ser verdad. Una es que la tecnología hizo un viraje que ha puesto el trabajo (asalariado) en desventaja; la otra es que estamos viendo los efectos de un neto aumento en el poder de los monopolios. Pensemos en esas dos narrativas como una que enfatiza a los robots, y en la otra a los ‘magnates ladrones’ (robber barons)”.
    El analista económico William Greider reporta que en una de las principales cunas del pensamiento neoliberal, el Institute Peterson (IP) en Washington, hubo el 7 de enero pasado una reunión sobre “ética y globalización” en la cual economistas y cientistas sociales presentaron sus opiniones y trabajos. Algunos de ellos describieron el sistema global como en medio de graves problemas y advirtieron que “si las cosas no cambian” habrá rebeliones populares, incluso en EE.UU. En esta reunión del IP el economista David Branchflower, de la Universidad Dartmouth, denunció el terror que viven los trabajadores, jóvenes y viejos, porque “jamás se recuperarán de esta falta de empleos”, y advirtió que la clase trabajadora en Europa está “ardiendo” y que se está frente a una “potencial rebelión”, lo que también puede ocurrir en EE.UU. Y el nuevo presidente del IP, el ex economista de la Reserva Federal Adam Posen, admitió que hay problemas en el basamento político de la globalización porque “uno de los alarmantes efectos de la crisis financiera global es que hubo una amplia erosión de la confianza del capitalismo en sí mismo”.
    El economista Dani Rodrick, de Harvard, contrapone el “liberalismo económico” reinante en los países del capitalismo avanzado al mercantilismo aplicado por los países emergentes de Asia, concluyendo que se ha llegado “al final de esta feliz coexistencia. El modelo liberal ha perdido su brillo, debido al aumento de la desigualdad y la difícil situación de la clase media en Occidente, junto con la crisis financiera producida por la desregulación. Como resultado, el nuevo entorno económico producirá más tensión que acomodamientos entre países que busquen vías liberales y mercantilistas. Pueden también despertarse debates latentes desde hace mucho tiempo sobre el tipo de capitalismo que genera una mayor prosperidad”.
    Para el economista Anatole Kaletsky, de la actual crisis saldrá “un nuevo modelo de capitalismo global, no basado en la ciega fe en las fuerzas del mercado que siguió a la Gran Inflación de los años ’70, ni tampoco en la excesiva intervención gubernamental inspirada por la Gran Depresión”, y afirma que “la tragedia del 2008 estuvo en que la fe ciega en los mercados disuadió a los gobiernos de manejar adecuadamente esos ciclos de expansión-implosión”, y que habiendo desaparecido el comunismo y siendo la crisis cosa del pasado, los decidores políticos y los votantes han reconocido ya que no se puede dejar que los mercados se guíen por sus propios instrumentos: “Las economías deben ser administradas. Como resultado, un nuevo modelo de capitalismo global administrado está en evolución y gradualmente reemplazará el fundamentalismo de mercado que dominó el mundo desde la era Reagan-Thatcher hasta el 2008”. Con el título “¿Está ganando el capitalismo de Estado?”, el economista Daron Acemoglu y el analista James A. Robinson (Proyect Syndicate, 31 diciembre 2012) recuerdan que algunos países asiáticos, “apoyándose en varias versiones del dirigismo”, han crecido rápidamente y de manera constante en décadas, mientras los países centrales del capitalismo liberal “continuaron su anémico desempeño” en el 2012, y seguidamente se preguntan si no ha llegado la hora de actualizar los libros de economía y estudiar las formas de “capitalismo de Estado”.
    A mediados de enero Jean-Claude Juncker –saliente presidente del Consejo de Ministros de Economía y Finanzas de la Zona Euro (Eurogrupo)– criticó las políticas neoliberales aplicadas en la Zona Euro y advirtió que si no hay cambios “perderemos el apoyo de las clases trabajadoras”. Después le llegó el turno al profesor de economía neoliberal y también saliente primer ministro italiano Mario Monti, quien dijo a los embajadores latinoamericanos en Italia que América latina se ha ganado hoy un rol central y activo que genera admiración, por no decir envidia, porque “ha sabido construir un modelo de desarrollo basado en el crecimiento, la justicia social, la modernización y el respeto ambiental”.
    Difícil creer que el enviado por la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI) para aplicar la austeridad neoliberal en Italia pueda elogiar las políticas de países latinoamericanos que tienen decentes tasas de crecimiento económico y de creación de empleos precisamente porque han rechazado los postulados básicos del neoliberalismo, porque los Estados intervienen activamente en sectores de la economía real, nacionalizan empresas cuando hay que nacionalizar, responden a las presiones sociales y, más grave aún, controlan la política monetaria y regulan la actividad bancaria y financiera para ejecutar una política de desarrollo socioeconómico.

    Corporativismo

    Devaluación competitiva, medidas para proteger las exportaciones que se sumarán a las existentes, amenazas de cerrar las fronteras a ciertos productos industriales y a la mano de obra extranjera, y una vez que esto se ponga en marcha a escala regional o mundial, las consecuencias se harán sentir en el comercio, las finanzas y toda la cadena de producción mundial, y es en ese momento de pánico que serán aceptables las medidas para imponer ese “capitalismo global administrado” que proponen Howard Rosen y Anatole Kaletsky.
    El corporativismo de ese “capitalismo global administrado” sólo podrá ser uno que respete el marco legal estadounidense para proteger la propiedad privada en todas sus formas.
    ¿Cómo será el proceso para presentar y hacer pasar el siniestro capitalismo global administrado de Kaletsky, o algo diferente que será lo mismo? Pues bien, en una entrevista periodística que tuve en mayo del 2004 con el Nobel de Economía (1992) Gary Becker, en el marco de la Conferencia de Montreal, él me confió –con ese aplomo señorial y seguridad de los Nobel de la Universidad de Chicago, que en aquel entonces todavía se comportaban como enviados divinos– el método para que en la sociedad capitalista controlada por los monopolios de prensa se aceptaran ideas y propuestas radicales y contrarias a los intereses de las mayorías: se lanza el tema en un artículo o un panel, y probablemente será juzgado utópico, irrealizable, pero volverá a ser puesto sobre la mesa si la idea es apoyada por gente influyente. El tema será nuevamente atacado por intelectuales de izquierda pero entonces saldrán voces de académicos, expertos y empresarios para defenderlo, en los think-tanks, las páginas de diarios respetables y en la televisión. Este ciclo se repetirá e irá ampliándose hasta que lo que usted dice es un tema controvertido terminará siendo convencional, por lo tanto aceptable, finalmente será reconocido y llevado a la práctica.
    Eso funcionó demasiadas veces en las últimas décadas, así que estamos avisados.
    LAS RAZONES DEL LIBRE COMERCIO ENTRE ESTADOS UNIDOS Y EUROPA

    Chinos en la mira








     Por Claudio Scaletta
    Históricamente los tratados de libre comercio se hicieron primero entre economías desarrolladas y sus proveedores de materias primas. Funcionaron como una suerte de marco institucional para la división internacional del trabajo, cuya máxima expresión teórica fue aportada por David Ricardo con su Teoría de las Ventajas Comparativas y continuada luego por la escuela neoclásica con el modelo de Heckscher-Ohlin. Un ejemplo común de la relación entre desarrollo y apertura comercial, que puede verse nuevamente por estos días en los cines, es la disputa que en Estados Unidos dio lugar a la Guerra de Secesión, entre el Norte en vías de rápida industrialización, que necesitaba de la “libre movilidad de los factores”, especialmente la mano de obra, y cierta protección comercial y el Sur algodonero, que propiciaba el libre comercio tanto como la mano de obra esclava. Pero no hace falta ir tan lejos para encontrar ejemplos. La libertad de comercio fue uno de los lemas de la Revolución de Mayo, la expresión local del cambio de hegemonía en el centro; del ocaso del imperio español y la consolidación de Inglaterra y su revolución industrial, súper demandante de materias primas y mercados de todo el mundo.
    Puede decirse, a grandes rasgos, que el libre comercio genera que los países se especialicen en la producción de aquellos bienes para cuya elaboración cuentan con alguna ventaja al momento de establecerse el tratado, es decir, ventajas comparativas “estáticas”, con lo que las economías que se asocian como proveedoras de commodities se autocondenan a esta especialización inicial. La cosa suele funcionar entre economías complementarias a las que no les interesa el congelamiento de la especialización. Un ejemplo es Chile, que al margen del inmenso peso que tiene el cobre en su economía, de su tamaño relativo y de su bajo número de habitantes, planificó su economía como exportador de commodities e importador de todo lo demás, decisión que se expresa en abundantes tratados bilaterales de libre comercio con muchas economías desarrolladas.
    Sin embargo, asegurarse la provisión de materias primas al tiempo que se combate la competencia industrial futura no fue la única razón de los llamados países centrales para la promoción del libre comercio. Otra razón poderosa fue la construcción de zonas comerciales exclusivas. Desde el Nafta a la UE, pasando por el nonato ALCA, hasta el mismo Mercosur. El anuncio de esta semana de que Estados Unidos y la Unión Europea avanzarán en la construcción de una gigantesca área de libre comercio, la más grande del mundo, podría leerse en esta línea. Pero la cosa no se agota aquí. Tampoco en la creencia ideológica sobre las bondades intrínsecas de la ausencia de todo arancel. Muy probablemente la causa principal se encuentre en otra noticia conocida también los últimos días y que, al menos en la prensa local, no fue relacionada con la pretendida nueva alianza transcontinental: China acaba de desplazar a Estados Unidos de su lugar de primera potencia comercial del mundo.
    Según datos de la agencia Bloomberg, en 2012 las exportaciones e importaciones de Estados Unidos sumaron 3,82 billones de dólares, mientras que en China dicha suma fue de 3,87 billones. La diferencia no son sólo decimales, sino unos 50 mil millones de dólares. Estos números se completan con dos datos adicionales: el primero es que mientras China tiene un superávit comercial de 231.100 millones de dólares y es el primer exportador mundial, Estados Unidos tiene un déficit de 727.900 millones y es el primer importador del planeta. Mientras el primer país acumula reservas, el segundo chupa recursos materiales. El segundo dato es que el tamaño de la economía china, aunque en rápido crecimiento, todavía es menos de la mitad de la estadounidense, unos 15 billones de dólares contra 7,3 (según números de 2011). La relación entre estos dos últimos datos reside en las tasas de apertura de ambas economías y sus velocidades de crecimiento. Si se proyecta una economía que crece a dos dígitos y cuyo comercio exterior representa alrededor de la mitad de su PIB frente a otras semiestancadas y con baja apertura relativa lo que se tiene es una verdadera amenaza comercial para las segundas.
    Con estos números no resulta conspirativo afirmar que, en realidad, la conformación de una alianza de libre comercio entre Estados Unidos y Europa es, especialmente, una estrategia defensiva a futuro para restringir el comercio hacia afuera; un capítulo más en una disputa por la hegemonía económica global que ocupará, como mínimo, el tope de la agenda del siglo XXI, el siglo de China.
    Aunque el proceso se encuentra apenas en sus albores, si se siguen ejemplos como el del Mercosur, no es descabellado pensar en futuros aranceles externos comunes, lo que afectaría no sólo a China, sino también a muchas economías latinoamericanas. Luego, un paso atrás, se encuentra la complementariedad entre Estados Unidos y Europa y el tipo de especialización en ambas regiones que el libre comercio puede inducir, pero no es en esto en lo que están pensando los líderes del capitalismo de Occidente, lo que no quita que se hagan proyecciones voluntaristas sobre el crecimiento del producto de ambas regiones a partir de la potencial alianza comercial. Por último, no debe olvidarse que la UE está cada vez más lejos de ser un bloque homogéneo.
    China es uno de los principales socios comerciales de Alemania, país al que destina alrededor de un cuarto de su inversión en el exterior. Alemania, a su vez, tiene en la potencia asiática uno de los más importantes destinos de su industria automotriz y de bienes de capital, intercambio no exento de tensiones por el crecimiento tecnológico chino. Además, las exportaciones de Alemania representan alrededor de la mitad de las exportaciones europeas a China. Reducir la presencia de la potencia asiática en Europa no será una tarea sencilla.
    PANORAMA SOCIAL DE AMERICA LATINA

    Década ganada








     Por Diego Rubinzal
    La oposición social al recetario auspiciado por el Consenso Washington fue creciendo desde principios de siglo en la mayoría de los países latinoamericanos. Los tradicionales sondeos del Latinobarómetro fueron dando cuenta de las modificaciones operadas en la opinión pública. El respaldo popular a las privatizaciones se fue reduciendo del 46 al 22 por ciento desde 1998 hasta 2003. Esa tendencia general se acentuó en la Argentina, donde el apoyo descendió del 32 al 18 por ciento. La crisis del proyecto neoliberal y la debacle económico-social sentó las bases para el arribo al gobierno de líderes de cuño centroizquierdista. Ese fue el caso de Hugo Chávez (año 1998), Lula da Silva (2002), Néstor Kirchner (2003), Tabaré Vázquez (2005), Evo Morales (2005), Rafael Correa (2006) y Fernando Lugo (2008), más allá de las lógicas diferencias que puedan señalarse entre los procesos políticos encabezados por esos dirigentes. Emir Sader señaló que “estos gobiernos, en grados diferentes, fueron electos como reacción a los gobiernos ortodoxos neoliberales, y con la fuerza de sus promesas de reinstalar derechos sociales, reducir el poder de mercado y restaurar el rol del Estado”.
    La implementación de políticas públicas alejadas del paradigma neoliberal posibilitó una progresiva recuperación del tejido social. Así, el balance económico-social de América latina fue satisfactorio durante la primera década del siglo XXI. La región tuvo un ritmo de crecimiento superior a la media mundial y al promedio de los países desarrollados. El crecimiento económico regional posibilitó la expansión del empleo y la reducción de la pobreza. En un reciente informe sobre el “Panorama Social de América latina”, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) destacó la persistente reducción de la pobreza latinoamericana.
    La tasa de pobreza disminuyó un 1,6 por ciento en 2011 con relación al año anterior. En la actualidad, 168 millones de latinoamericanos (el 29,4 por ciento de la población total) se encuentran por debajo de la línea de pobreza. La principal causa de esa mejora fue el aumento de los ingresos laborales en los hogares pobres. Las políticas de transferencias de ingreso (planes asistenciales) también contribuyeron, aunque en menor medida, a ese descenso.
    La secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, sostuvo que “las actuales tasas de pobreza e indigencia son las más bajas observadas en las últimas tres décadas, lo que es una buena noticia para la región, pero aún estamos frente a niveles inaceptables en muchos países. El desafío es generar empleos de calidad en el marco de un modelo de desarrollo orientado a la igualdad y la sostenibilidad ambiental”.
    Por su parte, la tasa de desempleo promedio se redujo del 7,3 al 6,7 por ciento con respecto al año anterior. De esa manera, el desempleo se ubicó en los niveles más bajos desde mediados de la década de 1990. A su vez, la recuperación económica provocó un intenso crecimiento de los sectores medios. El Banco Mundial sostuvo que, durante la primera década del siglo, la clase media regional se expandió de 103 a 152 millones de personas.
    Esa ampliación de los sectores medios fue liderada por la Argentina (donde involucró al 25 por ciento de la población total), seguida por Brasil (22 por ciento), Uruguay (20 por ciento) y Colombia (16 por ciento).
    En algunos países, el crecimiento económico también se tradujo en una reducción de la desigualdad.
    Sin perjuicio de eso, la desigualdad en la distribución del ingreso continúa siendo un obstáculo para la conformación de una sociedad más integrada. Las últimas estadísticas disponibles indican que el 10 por ciento más rico de la población latinoamericana recibe el 32 por ciento de los ingresos totales, mientras que el 40 por ciento más pobre percibe apenas el 15 por ciento. Los mayores niveles de desigualdad se observaban en Brasil, Chile, Colombia, Guatemala, Honduras, Paraguay y la República Dominicana.

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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