Project Syndicate, 13 octubre de 2011
Traducción de Kena Nequiz.
Nouriel Roubini, director de Roubini Global Economics, es profesor de Economía de la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York. Llamado una vez "Dr. Doom" ("Dr. Pesimista") por The New York Times, Roubini fue el primero en predecir la crisis económica que iba a venir en 2006. Es coautor de Crisis Economics, un análisis de la crisis financiera mundial.

Este año se ha caracterizado por una ola global de descontento e inestabilidad política y social, que ha ocasionado que la gente salga en masa a las calles reales y virtuales: la primavera árabe; los disturbios en Londres; las protestas de las clases medias de Israel contra los elevados precios de las viviendas y la presión inflacionaria sobre los estándares de vida; las protestas de los estudiantes chilenos; la destrucción en Alemania de los coches de lujo de los "ricos"; el movimiento en India contra la corrupción; el creciente descontento por la corrupción y la desigualdad en China; y ahora, el movimiento de los "indignados" de Wall Street en Nueva York y en todos los Estados Unidos.

Si bien estas protestas no tienen un tema único, expresan de diferentes maneras las serias preocupaciones por su futuro de las clases medias y trabajadoras del mundo ante la creciente concentración de poder entre las élites económicas, financieras y políticas. Las causas de sus inquietudes son evidentes: un alto nivel de desempleo y subempleo en las economías avanzadas y emergentes; educación y capacitación inadecuadas para los jóvenes y trabajadores que compiten en un mundo globalizado; un resentimiento debido a la corrupción, incluidas las formas legalizadas como el cabildeo; y un aumento abrupto  en los ingresos y la desigualdad en la distribución de la riqueza en las economías avanzadas y emergentes de rápido crecimiento.

Por supuesto, el malestar de tantas personas no se puede reducir a un solo factor. Por ejemplo, el aumento de la desigualdad tiene muchas causas: la suma de 2.3 mil millones de chinos e indios a la fuerza laboral global, que está reduciendo los empleos y salarios de obreros no calificados y trabajadores deslocalizados que ocupan puestos administrativos de las economías avanzadas; un cambio tecnológico que privilegia las personas calificadas; efectos de concentración; un surgimiento rápido de disparidades en el ingreso y la riqueza en las economías con crecimiento acelerado, pero que antes fueron de bajos ingresos; y una imposición fiscal menos progresiva.

El aumento del apalancamiento de los sectores público y privado y las burbujas de crédito y de activos relacionadas son en parte el resultado de la desigualdad. El crecimiento mediocre del ingreso para todos excepto los ricos en las últimas décadas dio lugar a un desfase entre los ingresos y las aspiraciones de gasto. En los países anglosajones la respuesta fue democratizar el crédito -mediante la liberalización financiera- lo que provocó el crecimiento de la deuda privada debido a que las familias solicitaron créditos para cubrir la diferencia. En Europa, el desfase se cubrió con servicios públicos -educación y servicios de salud gratuitos, etc.- que no se financiaron del todo con los impuestos, estimulando así la deuda y el déficit público. En ambos casos, los niveles de deuda se volvieron insostenibles.

Las empresas en las economías avanzadas ahora están recortando empleos debido a una demanda final insuficiente, que ha conducido a un exceso de capacidad, y a la incertidumbre sobre el futuro de la demanda. Sin embargo, reducir empleos debilita aún más la demanda final porque disminuye los ingresos laborales e incrementa la desigualdad. Puesto que los costos laborales de una empresa son los ingresos y demanda laboral de alguien más, lo que para una compañía es racional es destructivo para el conjunto.

El resultado es que los mercados libres no generan la suficiente demanda final. Por ejemplo, en los Estados Unidos, los recortes espectaculares de los costos laborales ha reducido drásticamente la participación de los ingresos laborales en el PIB. Como el crédito se ha agotado, los efectos sobre la demanda agregada que han tenido décadas de redistribución del ingreso y la riqueza -del trabajo al capital, de los salarios a los rendimientos, de los pobres a los ricos, y de los hogares a las empresas corporativas- se han agravado debido a la menor tendencia marginal de las compañías, capitalistas y hogares ricos a gastar.

El problema no es nuevo. Karl Marx promovió excesivamente el socialismo pero tenía razón al decir que la globalización, el capitalismo financiero descontrolado, y la redistribución del ingreso y de la riqueza, del trabajo al capital, podrían llevar el capitalismo a la autodestrucción. Como él señalaba, el capitalismo desregulado puede originar brotes regulares de exceso de capacidad, un consumo insuficiente, y la recurrencia de crisis financieras destructivas que estaban alimentados por burbujas de crédito y subidas y bajadas de los precios de los activos.

Incluso antes de la Gran Depresión, las clases burguesas iluminadas de Europa reconocían que para evitar la revolución había que proteger los derechos de los trabajadores, proteger sus derechos, mejorar las condiciones laborales y salariales y crear un Estado de bienestar para redistribuir la riqueza y financiar los bienes públicos -educación, servicio de salud y una red de seguridad social. El impulso para alcanzar un Estado de bienestar moderno cobró fuerza después de la Gran Depresión cuando el Estado asumió la responsabilidad de la estabilización macroeconómica -un papel que requirió mantener una clase media amplia con el aumento de la oferta de bienes públicos mediante una imposición progresiva del ingreso y la riqueza y la promoción de las oportunidades económicas para todos.

Así pues, el surgimiento del Estado de bienestar social fue una respuesta (a menudo de las democracias liberales orientadas al mercado) a la amenaza de las revoluciones populares, el socialismo y el comunismo a medida que aumentó la frecuencia y severidad de las crisis económicas y financieras. Siguieron tres décadas de estabilidad económica y social, desde los años cuarenta hasta los setenta, periodo en el que la desigualdad disminuyó abruptamente y los ingresos medios aumentaron rápidamente.

Algunas de las lecciones sobre la necesidad de una reglamentación prudencial del sistema financiero se perdieron durante la era de Reagan y Thatcher, cuando se creó la tendencia a la desregulación masiva debido en parte a las fallas del modelo de bienestar social europeo. Esos defectos se reflejaron en un aumento de los déficits fiscales, una reglamentación exagerada y una falta de dinamismo económico que condujo al crecimiento esclerótico de entonces y a la crisis actual de la deuda soberana de la eurozona.

Sin embargo, el modelo anglosajón de laissez-faire también ahora ha fracasado estrepitosamente. Se requiere recuperar el equilibrio adecuado entre los mercados y la oferta de bienes públicos para estabilizar las economías orientadas al mercado. Eso significa alejarse del modelo anglosajón de mercados desregulados y del modelo continental europeo de Estados de bienestar basados en el déficit. Ni siquiera el modelo de crecimiento "asiático" alternativo -si es que existe- ha podido evitar que aumente la desigualdad en China, India y otros lugares.

Cualquier modelo económico que no aborde adecuadamente la desigualdad se enfrentará en última instancia a una crisis de legitimidad. A menos que se recupere el equilibrio entre las funciones económicas relativas del Estado y los mercados, las protestas de 2011 se agravarán y la inestabilidad política y social perjudicará el crecimiento económico y el bienestar social a largo plazo.

Nouriel Roubini 
Nouriel Roubini ha desempeñado diversas funciones en el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, fue docente en laUniversidad de Yale y actualmente es profesor de economía en la Escuela de Negocios Stern, de la Universidad de Nueva York. También es presidente de RGE Monitor, una firma de consultoría dedicada al análisis financiero.
Nouriel Roubini es reconocido por sus predicciones respecto a la crisis financiera desatada a partir de la Crisis de las hipotecas subprime.2 Especialmente por su presentación ante el Fondo Monetario Internacional en 2006, donde fue recibido con escepticismo. Para fines del año 2008, era claro que gran parte de sus predicciones se había convertido en realidad. De ser un académico poco conocido, pasó a recibir invitaciones para brindar conferencias ante instituciones tan influyentes como el Congreso de los Estados Unidos y el Foro Económico Mundial en Davos.

 "La imagen de Hitler como un monstruo es correcta; la de Hitler 
como único responsable, no."



"Nuestra época ha hecho posible el fenómeno extrañamente perverso de que una reunión masiva de pobres diablos celebre mentalmente, henchidos de un patológico entusiasmo, la liquidación de los derechos humanos que alguien anuncia por altavoz desde la tribuna "
Thomas Mann. 1935
Resultado de imagen para obispo alemanes apoyaron a hitler
Los obispos católico romanos alemanes apoyaron abiertamente el movimiento nazi. El arzobispo Konrad Grober escribió en 1941 una carta pastoral acusando a los judíos de ser los asesinos de Cristo y sugería que el actual "destino fatal" que estos sufrían no solo "estaba justificado" sino que era además la consecuencia de la maldición que "ellos mismos se habían impuesto"

Miles de alemanes vieron estas escenas.

 



LOS EXPERIMENTOS MÉDICOS CON PRISIONEROS         


En el bloque 10 de Auschwitz se llevaban a cabo los terribles experimentos con seres humanos; destinados a la procreación de la raza aria y de la pureza de la misma, los médicos Carl Clauberg (ginecólogo) y Horst Schumann se dedicaron el cuerpo y alma a las prácticas de esterilización de aquellas razas consideradas como inferiores. Pero no debemos olvidar al peor y más brutal de todos los médicos de Auschwitz, Joseph Mengele, cuya pasión consistía en escoger mujeres embarazadas de los trenes recién llegados al campo, niños y menores gemelos, discapacitados y enanos a fin de investigar la genética estructural de los prisioneros mediante prácticas dantescas como inyectar mercurio en los fetos, abrir en canal a sus víctimas estando en vida y otras aberraciones, todo ello para buscar la fórmula mágica (e inexistente) de la expansión aria por el mundo.
Las mujeres recién llegadas a Auschwitz y seleccionadas por los médicos eran utilizadas por el médico Horst Schumann para pruebas de esterilización con Rayos-X y el otro médico, Carl Clauberg, experimentaba con la esterilización tanto masculina como femenina mediante productos químicos a la par que también se dedicó a la reproducción por inseminación artificial.
La investigación experimental médica llegaba también a la venta de prisioneros (principalmente mujeres) a laboratorios químicos o farmacéuticos como cobayas. No hay que olvidar que la medicina nazi se especializó en la búsqueda de fármacos para sanar a la mayor brevedad posible a los soldados heridos en combate y nada mejor que tener a mano a prisioneros a los que se les producirían terribles heridas, amputarían huesos enteros o masa muscular o provocarían enfermedades graves a fin de probar nuevos productos; si los prisioneros morían por la ineficacia de los medicamentos eran rápidamente relevados por otros vivos para continuar.
Hasta el hambre servía para aprender. El doctor Johannes Paul Kremer escogía a prisioneros castigados a morir de hambre para su famosa "investigación de la inanición" por la que intentó detallar la atrofia marrón del hígado. Una vez que tenía sus prisioneros preparados y tras preguntarles datos sobre su estado les inyectaba fenol y procedía a practicarles la autopsia.
Y para terminar esta sección de experimentos no debemos dejar de lado los monstruosos asesinatos de prisioneros mediante inyecciones letales suministradas a 115 de ellos escogidos por el médico August Hirt en calidad de catedrático de anatomía de Estrasburgo a fin de cocer los cuerpos, descarnarlos y quedarse con los esqueletos limpios para ser distribuidos por los institutos de medicina de Alemania.


Composición de los transportes de judíos según los países de los que fueron transportados a Auschwitz:



Genial y formidable alegato antibélico de Chaplin
El gran dictador (en inglés The Great Dictator) es una película estadounidense de1940 escrita, dirigida y protagonizada por el británico Charles Chaplin. Se estrenó en Nueva York el 15 de octubre de 1940 y en Londres el 16 de diciembre de 1940. El largometraje recibió cinco nominaciones en la 13.ª edición de los Premios Óscar, sin embargo no ganó ninguno.

                    El Gran Dictador 

                             (discurso final subtitulado en español)
                                                                Charles Chaplin 1940