85º CUMPLEAÑOS DE UN MAESTRO

Recorrido por la geografía de Gabo

Un recorrido por los ambientes más íntimos y personales de la Colombia natal del premio Nobel, que hoy celebra su 85 cumpleaños


García Márquez (en el centro) camina hoy junto a su nieto Mateo (izquierda) y su asistente Genovevo Quirós (derecha) en México / MARIO GUZMÁN

En Aracataca. Hay a la altura de la ruina en la que se adivina lo que fue la habitación de Gabito de niño en la casa donde nació, cerca del patio de los grandes árboles, al lado de la orilla donde están las piedras enormes que son vecinas de la fábrica en la que él muchacho vio por primera vez el hielo, la sombra de una mujer que pasa; ella se llama Soledad Noches. Va despeinada y parece ausente y prehistórica, como un personaje de Cien años de soledad, precisamente. Viene de ninguna parte, y va a cualquier sitio más allá de la arboleda que ahora no le da sombra a nadie. Cuando pasa a nuestro lado Soledad deja la electricidad de los espectros, y además abandona la impresión de que su paseo jamás existió. La cuna no existe, el cuarto no existe, pero es como si Gabito se estuviera vengando del tiempo haciendo que todo parezca intacto. El milagro lo ha hecho Soledad Noches, de cuyo nombre luego me cuentan.
Gabo vino anoche. En medio de la calle polvorienta por la que de crío corrió Gabito hacia la fábrica del hielo hay un hombre en camisilla que se balancea en una vieja silla de enea. Fuma un puro, es mediodía y por el aire viejo y limpio de Aracataca circulan los olores que fueron, más de ochenta años antes, los mismos olores que alimentaron a esta hora a los habitantes felices o perplejos de este pueblo de cañabrava que al hijo del telegrafista le sirvió de soporte para crear Macondo, aunque Macondo está un rato más allá, es una finca. Ese hombre que descansa ahí es el hermano de Soledad y se llama Nelson Noches. Fue alcalde de Aracataca y tiene el aire de los Buendía, la misma certidumbre recia en la mirada desconfiada, el mismo aire soñoliento con el que recibe mis preguntas. Está despeinado, es como si fuera un Onetti de este lugar que se parece a la vez a Santa María, a Macondo y a Yoknapataupha, y algo de Rulfo hay también en su silencio que parece un páramo. Le pregunto por Gabo, su amigo de la juventud; el escritor está en Cartagena de Indias, de allí no se ha movido en meses, y desde hace años tampoco va a Aracataca. Pero Nelson me dice, adelantando un palmo su cabeza como si me dijera un secreto que está esperando por mi desde que él despertó en el silencio de la madrugada:


Una imagen del escritor en su casa de México en 2003
--Gabo vino anoche a jugar a las cartas. Gabo viene todas las noches.
“Era el mejor de todos nosotros”.Es el atardecer en la casa que le construyó Salmona al borde del mar Caribe, y alguien abre la puerta sigilosa que da entrada a esta mansión que yo recuerdo roja y blanca, como un atardecer. Arriba está Mercedes Barcha, la mujer de Gabo, y anda perturbada por una noticia que temíamos todos y que ella nos da nada más entrar en la parte alta del domicilio de los García Márquez:
--Ha muerto Tomás Eloy.
Hay un aire de perplejidad en la casa. Gabo atiende algunas ocupaciones que Mercedes le encarga, él quiere hacer algo, distraer la tarde de esos nubarrones que acaban de aparecer. Ella busca en Internet más noticias del amigo muerto; nos sentamos en los sillones blancos, Gabo pide agua, en realidad hacemos tiempo para olvidarnos del tiempo. Tomás Eloy Martínez fue siempre un amigo leal, un lector fervoroso de los primeros textos, un impulsor del mejor periodismo, y por tanto un atento seguidor del Gabo más querido, el más silencioso, el que desde la frontera de los géneros tuvo esa deferencia con el oficio que practicó Tomás con tanta imaginación como eficacia.
De eso hablamos con Mercedes, pero Gabo estaba todo ese rato ocupado en otras cosas; él, que hizo del teléfono uno de sus demonios menos habitables, llamaba a veces desde un teléfono grande, para reclamar algo. Como si estuviera barruntando la gravedad del suceso para hallar, al fin, alguna expresión que le diera sentido al caos que siempre producen la memoria y la muerte. Hasta que al fin, en medio del silencio que sucede al temporal, me dijo al oído:
--Era el mejor de todos nosotros.
Thomas Mann dijo algo parecido de su hijo muerto. Lo recordé más tarde, cuando lo supe.
Que no pare esa música. En uno de aquellos días de Cartagena, a Mercedes le apeteció ir con todos a escuchar música por uno de los barrios de este pueblo de Indias. Y Gabo fue, cómo no. Tenía a su lado a multitud de admiradores que le preguntaban por los más infinitos sucesos que hubiera vivido; se quisieron hacer fotos, conversar con él, y él atendió a unos y a otros con la maravilla en la cara, como si ese estado de perplejidad ahuyentara la necesidad de hablar. Siempre fue un hombre silencioso, que hablaba cuando quería; más bien, preguntaba, lanzaba un tema, y ya se disponía a escuchar. Hay una antigua foto en la que él está, vestido con su mono azul, ante Onetti. Callados. Como Onetti y Rulfo. Como Beckett y Joyce. Callados. Así le gusta estar, callado; de modo que en ese bar ruidoso de melodías caribeñas no dijo ni una palabra a todos los que le preguntaban, por ejemplo, por el origen remoto de sus palabras, que seguramente está en aquel pasillo por el que caminaba, lunática, Soledad Noches. Y Gabo habló tan solo cuando la música se interrumpió un instante. Dijo:
--Que no se pare esa música.
Eso le oí, pero seguramente tampoco dijo nada. Tan solo su mirada decía eso, que no se pare esa música. También, la música que escuchaba por dentro.
http://cultura.elpais.com/cultura/2012/03/05/actualidad/1330952255_298141.html


Celebración

"Gabo" celebra sus 85 años al lado de los suyos en la capital mexicana

Por: EFE

El escritor permanecerá en su casa del exclusivo barrio del Pedregal de San Ángel.

Foto/ EFE

Gabriel García Márquez y su nieto Mateo

El premio Nobel de Literatura 1982, Gabriel García Márquez, camina junto a su nieto Mateo y su asistente Genovevo Quirós, en su casa del barrio de San Ángel en Ciudad de México, donde celebra su cumpleaños numero 85 en compañía de sus familia.
El Nobel de Literatura colombiano, Gabriel García Márquez, celebró este martes su 85 aniversario en compañía de su familia en su residencia de la capital mexicana, según constató Efe.
El escritor de "Cien años de soledad" y "El amor en los tiempos del cólera" permanecerá este día en su casa del exclusivo barrio del Pedregal de San Ángelal lado de los suyos, tanto familiares como trabajadores cercanos, sin grandes celebraciones.
"Gabo", vestido con traje de cuadros, camisa negra y corbata gris, aceptó que Efe le tomara varias fotografías dentro de la casona, ubicada en el sur deCiudad de México, donde entre 1965 y 1966 escribió su obra cumbre, "Cien años de Soledad".
El autor, que mostraba una gran sonrisa, aceptó que le tomaran las imágenes en el jardín de la residencia junto a su nieto Mateo García y su asistente Genovevo Quirós. La asistente del escritor Mónica Alonso dijo a Efe que el premio nobel no tiene planeado nada especial para este día.
La casa ya está inundada de arreglos florales enviados al novelista, que llegó a México en 1961 animado por el también escritor colombiano Álvaro Mutis.
Pensaba quedarse unas semanas, pero el país acabó convenciéndolo de alargar su estancia y fue inspiración para escribir "Cien años de soledad", obra cuya idea nació tras su lectura de "Pedro Páramo" (1955) del mexicano Juan Rulfo.
México celebra a "Gabo" con diversas actividades en todo el país, entre ellas dos exposiciones sobre la vida y obra del autor de novelas como "La hojarasca" (1955), "El coronel no tiene quien le escriba" (1961) y "La mala hora" (1962).
Se busca que su presencia "esté en toda la República mexicana y que la gente se acerque a su obra", dijo a Efe Stasia de la Garza, coordinadora nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).
A los 85 años del novelista, se suman a la conmemoración los 60 años de su primer cuento ("La tercera resignación"), los 45 años de la publicación de "Cien años de soledad", los 30 de haber obtenido el Nobel y los 10 desde que empezó a publicar sus memorias.





Paul Klee (1879-1940).
por Paola L. Fraticola 
Textos recopilados de autores varios

A pesar de haber nacido en el cantón de Berna y de que en sus últimos años solicitó y obtuvo la nacionalidad suiza, Paul Klee era alemán. Esa era la nacionalidad de su padre, Hans Klee, músico y profesor de la escuela estatal de Berna, en Hofwil, adonde se trasladó al casarse con una estudiante de canto nacida en Basilea. La tradición musical de su familia pesó extraordinariamente en la formación del joven Paul, que comenzó a tocar el violín a los siete años y a los once era ya miembro extraordinario de la orquesta de la Sociedad Musical de Berna. Su opción por la pintura y el dibujo hay que entenderla como una liberación de la idea de continuidad cultural que representaba la música en su familia. Klee siguió siendo un excelente violinista hasta su muerte, aunque nunca se interesó por las corrientes musicales de vanguardia representadas por Schönberg, a quién conoció en Munich, ni por las conexiones de música y pintura tan importantes para artistas cercanos a él como Kandinsky.


"Los años de la Bauhaus
Después de la guerra participa de forma activa en el Consejo de Artistas de la efímera república comunista proclamada en Baviera. Esta breve experiencia le acerca a las posturas que reclamaban el protagonismo de los artistas modernos en la formación de artesanos y profesionales dedicados a la producción de objetos de uso. No es de extrañar que acepte la oferta que se le hace en 1920 para enseñar en la Bauhaus, a la que permaneció vinculado hasta 1930 en Weimar y Dessau.
Allí profundiza sus relaciones con Kandinsky y Jawlensky, que junto con él y Lyonel Feininger forman Los Cuatro Azules, denominación bajo la que expondrán sus pinturas en alguna ocasión. El periodo de la Bauhaus contribuye a sistematizar su lenguaje pictórico y le brinda la oportunidad de conocer a numerosos protagonistas de la vanguardia histórica europea. Klee puso siempre por delante la dedicación a su obra respecto a la docencia, lo que acabó creándole ciertas tensiones en el seno de la Bauhaus. En 1931 aceptó una plaza de profesor en Dusseldorf más cómoda y convencional, pero dos años más tarde las autoridades nacionalsocialistas lo destituyen, tras motejarlo de "artista judío".
Empieza entonces una verdadera persecución, que incluye un registro de su antigua vivienda en Dessau y la retirada de su obra de los museos alemanes. Su galerista de entonces, Alfred Flechtheim, sufre también persecución por judío y se ve obligado a rescindir el contrato con Klee, de cuya obra pasa a ocuparse entonces D. H. Kahnweiler, el marchante alemán instalado en París que había promovido el cubismo de Picasso y Braque años antes. Klee y su familia se refugian en Berna, pero tampoco encuentra allí grandes facilidades; la difamación nazi y cierta reputación de artista radical no le allanan el camino para obtener la nacionalidad suiza, cuyos penosos trámites aún no estaban ultimados a su muerte.

"Paul Klee era, ante todo, un observador"

Paul y Lily Klee en Dessau, poco antes de su regreso a Suiza. (ZPK/Donación fam. Klee/Franz Aichinger)

Paul y Lily Klee en Dessau, poco antes de su regreso a Suiza. (ZPK/Donación fam. Klee/Franz Aichinger) ()



En su diario y su rica correspondencia, Paul Klee dejó testimonios de su obra, sus allegados y su época.

En compañía de Christine Hopfengart, conservadora y experta del Zentrum Paul Klee, swissinfo intentó penetrar en las zonas de sombra que subsisten. Entrevista.


swissinfo: Hijo de padres músicos, Paul Klee fue educado para seguir el mismo camino. A los 7 años comenzó a estudiar violín, y a los 11 años, tocaba ya en la orquesta de Berna. Sin embargo, prefirió la pintura...

Christine Hopfengart: Desde la escuela, Klee se desarrolló en las dos direcciones. Siendo muy joven comenzó a dibujar, pero sin olvidar el violín. Al escoger la música, seguía la vía trazada por sus padres.

Al optar por la pintura, es decir, por otra vía, se emancipaba de la tradición familiar. Por lo demás, parece que su padre, un hombre de principios, nunca estuvo plenamente convencido del trabajo de su hijo, sobre todo al fin de su vida.

Además, Klee nunca compuso música. Fue siempre un intérprete. Con la pintura, Klee había escogido la creación, algo que respondía mejor a sus aspiraciones a la libertad personal.

swissinfo: ¿No es curioso que Paul Klee, gran nombre de la vanguardia, se haya mostrado conservador en el campo de la música?

C.H.: Es verdad. Sus dioses se llamaban Bach y Mozart y siempre se mostró escéptico frente a la música moderna, por ejemplo, de su contemporáneo Arnold Schönberg. Consideraba el orden musical de los clásicos más acabado. Klee escribió que nada tenía que agregar a su realización personal y que si había escogido las artes visuales, era porque veía más posibilidades de innovación.

swissinfo: El arte muy espontáneo de Paul Klee atrae a los niños. El mundo de la infancia le interesó. Incluso llegó a escribir que seguía siendo un niño. ¿Qué hay de cierto en ello?

C.H.: Klee nada tenía de un niño porque era un gran intelectual. Diría más bien que el mundo de los niños le fascinaba por lo que tiene de creativo, de fantasioso, de no convencional.

La infancia era una especie de ideal, un mundo virgen, aún no modelado por la educación. Esto se correspondía con su ideal en el trabajo. En los dibujos de los niños volvía a encontrar su propio deseo de olvidarse de las tradiciones académicas y de las convenciones.

swissinfo: Klee manifestaba cierta distancia escéptica e irónica frente a la sociedad y frente a su época. Tenía un lado inaprensible, misterioso, sombrío...

C.H.: Muchas personas lo encontraban misterioso porque era muy reservado. Pero él mismo estaba en el origen de esta mistificación al posar como un artista imposible de delimitar completamente en este bajo mundo.

Diría, sin embargo, que Klee era, ante todo, un observador. Su diario muestra que analizaba su persona y su entorno con una precisión despiadada, sin implicarse emocionalmente. Siendo joven pudo haberse mostrado severo, pero con la edad, el humor fue predominante.

swissinfo: Perseguido y calificado de "artista degenerado" por los nazis, Paul Klee se refugió en Suiza, en 1933. ¿Sufrió por su exilio?

C.H.: Seguramente, aunque nunca se manifestó mucho sobre el asunto. Pero le recuerdo que al irrumpir el nacionalsocialismo, Klee estaba en el apogeo de una carrera internacional. Era célebre, sus obras se vendían bien, los periódicos hablaban de él, incluso cuando criticaban su vanguardismo. Y Klee tuvo que abandonar todo aquello bruscamente.

Al emigrar a Suiza, donde no existía una verdadera escena artística, fue separado de su patria cultural. Por lo demás, al comienzo, su trabajo daba testimonio de la gravedad de la crisis por la cual atravesaba. No conseguía renovarse, estaba como paralizado.

swissinfo: En 1935 fue víctima de una esclerodermia, enfermedad incurable de la cual murió en 1940, cuando tenía sólo 60 años. ¿Qué impacto tuvo la enfermedad?

C.H.: Un gran impacto. En 1936 Paul Klee no había realizado sino 25 trabajos. Había tocado el nivel más bajo de su carrera.
Sin embargo, desde 1937, la enfermedad le produjo una especie de reactivación de la vitalidad, un nuevo impulso creativo que se reflejó en una creación prodigiosa. En 1939 produjo unos mil trabajos, como si la nueva crisis lo ayudara a comenzar desde cero.

swissinfo: Paul Klee pasó las dos terceras partes de su vida en Suiza, pero murió siendo ciudadano alemán porque sólo fue naturalizado post mortem. ¿Qué relación tuvo con Suiza?

C.H.: Una relación más bien de carácter ambivalente. Nació en Suiza pero fue a desarrollarse a Múnich, en una de las más célebres academias de Europa.

Conviene recordar que siempre volvió a pasar vacaciones en Berna, a pesar de las tensiones familiares, porque siempre se identificó fuertemente con los paisajes suizos y porque era, además, un apasionado caminante.

No obstante, sentía también un poco la estrechez y consideraba que Berna era demasiado 'tranquila’, demasiado 'burguesa’.


Entrevista swissinfo: Isabelle Eichenberger
(Traducción: Jaime Ortega)

02 de junio de 2005 - 16:39

Paul Klee y su tiempo

Paul Klee, Tod auf d. Schlachtfeld (Muerte en el campo de batalla), 1914, 172. (Zentrum Paul Klee, Berna)
Paul Klee, Tod auf d. Schlachtfeld (Muerte en el campo de batalla), 1914, 172. (Zentrum Paul Klee, Berna) ()

Aunque nació y murió en Suiza, gran parte de la vida de Paul Klee transcurrió en Alemania, país en el que realizó su formación y desarrolló su carrera como pintor.

Su vida estuvo fuertemente marcada por los sobresaltos de la historia alemana del siglo XX.

Paul Klee atravesó los años difíciles de la Gran Guerra, el fin del II Reich, los inicios de la República de Weimar y después, el advenimiento del nazismo. Sin olvidar, por supuesto, la llegada del socialismo a Europa.

Sus escritos reflejan una suerte de distancia escéptica. Para Rosalina Battiston, socióloga e historiadora del arte, esto se debe a que "eligió ser un individuo autónomo y, sobre todo, poco convencional".

En ese sentido, Klee fue un hombre moderno, más aún, un artista moderno, un vanguardista capaz de conmover a la gente. Paradójicamente, sin embargo, fue una élite selecta la más sensible al trabajo del artista.

La Gran Guerra

"Yo llevé esta guerra a cuestas sobre mí durante mucho tiempo. Es por ello que ya no me concierne interiormente", escribió Paul Klee en su diario.

Cuando este conflicto estalló, en agosto de 1914, Klee produjo 12 obras que evocaban la guerra. No obstante, este trabajo, a la vez abstracto y expresivo, no hizo de él un pintor al que pudiera calificarse como político.

Tampoco era apolítico, precisa Rosalina Battiston: "Estuvo interesado en la política de su tiempo, pero no deseaba que su arte fuera utilizado".

Creyó, como muchos liberales, en una rápida victoria alemana. Sin embargo, tuvo que desengañarse pronto. Paul Klee fue movilizado y asignado en 1916 a un regimiento de reserva de la Escuela de Aviación de Gersthofen.

Tuvo la oportunidad de pintar durante toda la guerra, y tiempo después supo que su padre consiguió evitar que lo enviaran al frente de batalla. "Fue un privilegiado", destaca Rosalina Battiston.

" Si el socialismo le facilita a cada uno los medios que más le convienen, entonces me considero socialista "
Paul Klee

El socialismo

"Paul Klee creía en principios universales de justicia, pero jamás se identificó con algún sistema en particular", explica la socióloga e historiadora del arte a swissinfo.

"Si el socialismo le facilita a cada uno los medios que más le convienen, entonces me considero socialista. Pero (...) sigo siendo incrédulo", escribió Klee a su futura esposa, Lily Stumpf, cuando ella estaba inmersa en un proceso de distanciamiento con respecto a su medio burgués, al tiempo que frecuentaba anarquistas rusos refugiados en Múnich.

Un mes antes del fin de la República comunista de Múnich (noviembre 1918-mayo 1919), Klee se integró a un comité artístico de acción revolucionaria:

"¡Mi trabajo, mi fuerza y mis conocimientos artísticos están a su disposición!", dijo entonces.

Su adhesión a la izquierda lo llevó a trabajar en 1920 en la Bauhaus de Weimar, lugar donde Alemania se transformó en República tras la derrota y abdicación de Guillermo II.

Desafortunadamente, Klee no logró conciliar los objetivos del movimiento con su vida personal y su trabajo. Por ello, en 1931 dejó la Bauhaus por la Academia de Düsseldorf.

La llegada del nazismo

El 20 de enero de 1933, el nacionalsocialismo llegó al poder, poniendo fin a la República de Weimar. "No creo que haya nada por hacer. La gente es absolutamente incompetente en materia de realidad, muy tonta en ese ámbito", escribió a su mujer.

Artista de renombre internacional y en el apogeo de su carrera, Klee no alcanzó a prevenir a tiempo el desastre que estaba por venir. Aun cuando disponía de un certificado de filiación aria, fue expulsado de la Academia de Düsseldorf, y el 3 de diciembre se exilió en Berna decidido a renunciar a su nacionalidad alemana y a obtener la helvética, que le fue concedida algunos días después de su muerte. Pero la historia no terminó ahí.

En 1937, el régimen organizó en Múnich una exposición de "Arte Degenerado", en la que incluyó más de 700 obras modernas, de las cuales 17 eran de Klee. Paralelamente, las obras de esos artistas fueron retiradas de los museos.

Los últimos años de Paul Klee estuvieron marcados por la catástrofe colectiva del nazismo y el drama personal de la enfermedad (a partir de 1935), lo que no le impidió marcar distancia con respecto al infortunio.

"Fue un hombre triplemente discriminado en Suiza: como artista bolchevique, como alemán y como el intelectual de izquierda que jamás fue", subraya Rosalina Battiston.

Algunos historiadores han acusado a Klee de haber sido "aburguesado". Pero Christine Hopfengart, conservadora del Zentrum Paul Klee, estima que la actitud que tomó en aquella época era imputable, sobre todo, a su naturaleza analítica: "Paul Klee no fue un actor, sino un observador".

swissinfo, Isabelle Eichenberger
(Traducción: Andrea Ornelas)
http://www.swissinfo.ch/spa/especiales/paul_klee/index.html?cid=899562

PAUL KLEE, ENTRE MÚSICA Y PINTURA

Varias veces he hablado en Mi Siglo de la interrelación existente en el mundo de las artes. Música y literatura. Música y pintura. Chopin y Delacroix.  En el caso de Klee, al incidir en él también y de modo poderoso la pintura y la música, el artista bautiza a sus óleos con títulos extraños  – como recuerda Paul Westheim - : “Sueño de dos mitades”, “Encima y hacia arriba”, “Máquina de trinar”, “El árbol de las casas”, “Flor de luna”, “Moho y plata” y se los pone cuando ya están pintados. No indican el tema o el contenido del cuadro, tampoco son una descripción explicativa.” Son algo así como la clave – diceWestheim – al principio del pentagrama, que sirve para determinar la designación de las notas“. Desde muy pequeño Klee escucha el concierto de Brahms y queda “destrozado“; posee igualmente cariño por César Frank, “una melancolía me invade como cuando oigo a Schubert“, dice.
Todo en torno a Klee está invadido de música. En sus muy interesantes“Diarios: 1898/1918” (Era) va enlazando los nombres y las obras: se acoge aBach, a Mozart, a los grandes románticos; junto a Beethoven le acompaña también Brahms en primer lugar. “La música es para mí como una amante embrujada“, dirá en 1898. Nos llevaría todo esto a recordar cuandoChauteaubriand habla de una mujer música. “Parecía – la había definidoChauteaubriand – cual si fuere ella misma melodía visible, y que diera vida a sus propias leyes“. En Roma, en noviembre de 1901, Paul Klee confiesa: “me conmovió el último movimiento de la Séptima de Beethoven. Varias voces principales quedaron ahogadas, pero en conjunto hubo energía y éxtasis a la vez. Se festejaron orgías de sonido sinfónico. Los golpes breves eran más convincentes de lo que estoy acostumbrado.  Además hace apenas poco tiempo que he madurado para esta obra. Nostalgia por Mozart“.
La música me ha consolado a menudo – dirá en otra ocasión – y me consolará si es necesario“. En Berna, cuando ve aparecer a un joven Casals, escribirá: “En el quinto concierto sinfónico tocó Casals: ¡uno de los más maravillosos músicos que haya habido jamás! Su tono de cello es de la más conmovedora melancolía. Son ilimitados sus medios de expresión, tan pronto hacia el exterior, pero partiendo de la profundidad, tan pronto hacia el interior en la misma profundidad. Toca con los ojos cerrados, pero su boca se contrae ligeramente en el seno de semejante paz“.
Cuando nos acercamos a los colores de Klee parece que nos hablara Êtienne Souriau en “La correspondencia de las artes” (Fondo de Cultura):” podemos imaginarnos una rosa estilizada, en que tallo, hojas, flor, van apareciendo sucesivamente en el acorde verde claro, verde oscuro, rosa, sobre fondo azul turquesa, y después con estos colores arbitrarios: la rosa azul, las hojas color tabaco, el tallo negro, y el fondo amarillo. Y después, la rosa dorada, las hojas rojas, el tallo ocre, y el fondo verde ácido. Tendremos de esta guisa una variación bastante análoga a la de un mismo tema musical presentado sucesivamente en mi bemolmayor, en do menor, en sol mayor, en re mayor”. Música y pintura. Pintura y música.
Alejándose y acercándose de sus cuadros, Klee se confiesa en 1912: “Hay unos principios primitivos del arte y se les encuentra en las colecciones etnográficas o en sus propias casas, que son las habitaciones de los niños. Los niños tienen ese poder, y es una lección de sabiduría que ellos pueden dar. Cuanto más ignorantes son, mejor pueden proporcionarnos ejemplos ricos en lecciones, y debe preservárseles cuanto sea posible de toda corrupción”.
Nos acercamos así como niños hasta el rostro de Klee:
Nos acercamos también hasta su habitación:
(Imágenes:- 1.-Paul Klee.- ad marginen.-1930.-Museo de arte de Basilea/ 2.-Paul Klee.- metrópolis.- pinturayartistas/ 3.- Paul Klee.-el caballero negro.-1927/4.-Paul Klee.-conquistado.- 1930.-museo Paul Klee.-Viena.-wikipedia/5.-Paul Klee.-composición cósmica.-1919.- Kunstasammlunng Nordrhein Wesfalen/6.-Paul Klee.-Dessau.-1933.- foto Josef Albers.-Paul Klee Foundation/ 7.-Paul Klee.-mi habitación.-1896.-Foundation Paul Klee)