Pequeña historia de “dos trapitos” que escandalizaron al mundo : La Bikini y Louis Reard
Su creador, Louis Réard  , por primera vez en un” atolón del Pacífico” de ahi su nombre “Bikini”  muestra este diminuto traje de baño , en el año 1946  quien desfilo con este “osado y desvergonzado” traje fue una bailarina de strip tease en una piscina de París , no quieran imaginar el escándalo y revuelo que armo …grupos moralistas aparecían de todos lados criticando y censurando esta “falta de moral” pero…
El éxito de esta prenda hizo que Réard registrara la marca y la patente para la pequeña  prenda en forma muy rápida .
Al mismo tiempo muchos países se unen en contra de esta prenda tan descarada y vergonzante ,  Italia , Potugal , España y la moderna y progresista Francia  lo mismo ocurre en Hollywood .
Todo marchaba bien y la censura ganaba adeptos , pero cuando parecía que el diminuto traje tenia los días contados , llegan los 60 …
Brigitte Bardot fue defensora de la diminuta prenda
Comienza una etapa “liberal” irresistible y difícil de controlar, las jóvenes de casi todo el mundo , derriban todos los mitos , las represiones y los gobiernos no pueden controlar este movimiento y la bikini no quedaría afuera de este evento mundial , actrices famosas saldrían en fotos y películas a impactar al hombre mostrando sus cuerpos , trabajados y bronceados , entre ellas podemos recordar a: Heidi Klum . Brigitte Bardot , Raquel Welch y Claudia Schiffer entre otras.
Luego este traje “diminuto” seria copiado y modificado tantas veces como uno pueda recordar .
Creo que la bikini trajo algo mas que “dos trapitos” vino como un emblema de “libertad”  derribo falsos pudores y mostró al mundo un cuerpo de mujer “libre y muy agradable a la vista”  y muy lejos estuvo siempre de ser ofensiva e inmoral , hoy podemos afirmar que la bikini es un símbolo con mas de 50 años de historia.
Desde su nacimiento en 1946, el biquini o bikini, fue tachado de prenda inmoral. El diseñador francés Louis Réard lo creó ese año con las líneas actuales. Hasta entonces los biquinis dejaban poco a la vista, sobre todo en la prenda inferior, siendo una faldita o culotte que tapa lo que moralmente no se debe mostrar.
El mismo Réard tuvo dificultades para encontrar una modelo que quisiera posar para las fotografías promocionales. Finalmente una exótica bailarina del Casino de París accedió a realizar el trabajo.
Foto Cortesía de: Victoria Secret
Foto Cortesía de: Victoria Secret
Gracias a las grandes divas del cine de finales de los 50 y principios de los 60, que no tuvieron reparo en aparecer con el dos piezas en algunas películas, el biquini empezó a ser aceptado. Dos momentos históricos popularizaron esta prenda imprescindible, sin la que hoy no se entiende un verano en la playa. En 1957. Brigitte Bardot lució uno muy sugerente. En 1962, Ursula Andress hacía lo propio en James Bond contra el Dr. No, con un modelo con cinturón, atrevido y muy sexy. Las mujeres sucumbieron al dos piezas, sobre todo en Estados Unidos.

Moda de los años 50

Moda de los años 50
Los primeros años de la posguerra devolvió a la mujer al hogar, a las tareas de la casa y a volver a pensar en sí misma. Luego de años de angustia, preocupaciones, mucho trabajo y penurias, la mujer pudo vivir en la tranquilidad de su hogar, darse pequeños gustos y ser coqueta. Corrían los años 50, el mundo dejaba una etapa atrás y la moda también lo reflejó.
Desde entonces, la mujer volvio a preocuparse por su belleza, por su estética y su vestir. Debía ser una excelente ama de casa, esposa, mamá y mujer. Todo ello debía quedar reflejado en su cuidado y prolijo aspecto. Es por esto que la moda de los años 50 se destaca por la vuelta del esplendor. Atrás queda el estilo austero y simple de los años de guerra.
Vestidos ceñidos a la cintura, sujetadores armados, faldas por debajo de la rodilla. La mujer quiere volver a ser sensual, quiere dejar en manifiesto sus curvas, pero sin ser muy provocativa. Ante todo está el recato y el buen gusto, así es la esposa ideal, angelical.
La mujer debía ir siempre correctamente maquillada, y comenzaron a valorizarse mucho el uso de accesorios: guantes, tocados, los bolsos eran el complemento indispensable de todo atuendo.
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En cuanto a la alta costura, los diseñadores que marcaron la moda de estos años fueron Pierre Cardin, Cristóbal Balenciaga, Coco Chanel y Givenchy. Cada uno con su estilo propio y personal, vistiendo a figuras famosas que marcaron a toda esa generación: Marilyn Monroe, James Dean y la hermosa modelo Brigitte Bardot.

 













 Peinado años 50 

Maquillaje estilo años 50







La existencia de penas severas ha convertido este delito en un negocio cada vez más rentable.
Cuando lo que se busca es que los consumidores no vayan a prisión, el debate es mayor en el plano moral que en el jurídico; sin embargo, aun cuando se admita la validez de argumentos como el de la pérdida de valores a que conduciría la no persecución penal de los consumidores de droga, lo cierto es que se trata de una censura que no debe ser trasladada directamente al Derecho Penal.
Quitarse la vida mediante un disparo puede ser objeto de reparos morales, sin que por ello resulte correcto proponer pena de prisión para quien intente matarse. Lesionarse también podría ser criticable como una conducta que demuestra falta de valores, pero sería absurdo sugerir que quien así proceda sea sancionado con cárcel. Frente a actuaciones como estas, lo razonable parece ser un tratamiento médico o psicológico orientado a evitar que esas personas sigan en su empeño de hacerse daño.
Quien decide consumir drogas elige una forma de atentar contra su salud, de la misma manera como lo hace el que se mutila o busca quitarse la vida; por eso la reacción del Estado frente a esa clase de comportamientos debe ser la misma, es decir brindar atención médica o psicológica a quienes así actúan. Si lo que se pretende es evitar que los menores adquieran esos hábitos, lo indicado sería poner en vigencia una legislación que aleje de la dependencia a los que no están aún en capacidad de decidir libremente sobre su conducta, pero no sancionar a quien de manera voluntaria asume los riesgos que lleva consigo el consumo de drogas. La utilización de la pena como forma de obligar a personas adultas a no poner en riesgo su propia salud, es una intolerable manifestación de paternalismo estatal.
La cuestión es más compleja cuando la despenalización pretende abarcar el tráfico de sustancias prohibidas, porque ni siquiera está claro qué es lo que se pretende proteger con las normas que consagran esta conducta como delito. Según nuestra legislación, se trata de hechos que atentan contra la salud pública, lo cual daría a entender que lo reprochable es comercializar sustancias peligrosas; pero si eso fuera cierto, la venta de venenos, armas y químicos en general debería ser delito por tratarse de elementos que pueden poner en riesgo la salud de la comunidad.
Como esa genérica prohibición no existe, debemos suponer que la criminalización del tráfico de drogas no tiene realmente el propósito de alejar a la ciudadanía de materias peligrosas, que sería otra manifestación de excesivo paternalismo estatal; el acceso del público a sustancias nocivas no debe ser penalizado, sino tan solo regulado en la ley -como ocurre con el alcohol, el cigarrillo, los químicos o los medicamentos-, para evitar que los menores entren en contacto con ellas, y para que los adultos conozcan los peligros de las mismas.
Por curiosa que resulte la afirmación, si la lucha contra el narcotráfico tuviera un éxito tan rotundo que consiguiera el desabastecimiento total de droga, los países con mayores índices de consumo sí tendrían un serio problema de salud pública, pues se verían repentinamente enfrentados a la necesidad de tratar de manera simultánea a millones de personas con síndrome de abstinencia.
El verdadero problema
El problema real del tráfico de drogas tiene que ver con sus connotaciones económicas, porque siendo un delito con capacidad para generar enormes ingresos, puede ser visto como una amenaza para el orden económico social, de la misma manera como lo es el lavado de activos o el contrabando. Al ser un ilícito que trasciende las fronteras nacionales, sus implicaciones en este campo no pueden ser circunscritas a uno o varios países, sino que deben analizarse desde una perspectiva internacional.
En casos como este, cuando el origen del delito está en su rentabilidad, la forma eficaz de combatirlo es convirtiéndolo en un mal negocio; podría pensarse que la criminalización de una conducta basta para que las personas se abstengan de delinquir, por lo que la amenaza de prisión sería suficiente para desestimular el tráfico de drogas.
La realidad es, sin embargo, bien distinta; la prohibición eleva los riesgos del traficante, quien solo está dispuesto a asumirlos si los potenciales beneficios son muy atractivos, lo que a su vez conduce a encarecer el costo de las drogas para compensar los riesgos de su penalización. En otras palabras, la existencia de penas severas ha convertido este delito en un negocio cada vez más rentable, que pese a la enorme cantidad de dinero y vidas que se emplean en su erradicación, sigue mostrando sostenidos niveles de crecimiento.
Pero como los enormes flujos de dinero que genera el narcotráfico impactan la economía mundial, es impensable que de manera aislada uno o varios países tomen la iniciativa de despenalizarlo. Parece claro que los mecanismos hasta ahora utilizados para combatir este delito no han dado los resultados esperados; pero si el planeta entero diera un paso directo hacia la legalización del comercio de estupefacientes, las consecuencias que ello traería para la economía del mundo podrían ser de dimensiones incalculables. Por eso las alternativas que se planteen para combatir este flagelo solo pueden ser puestas en marcha si existe un consenso a nivel mundial sobre el impacto que ellas tengan en el orden económico internacional.
Por Yesid Reyes Alvarado, abogado penalista.
http://www.cambio.com.co/paiscambio/821/4900040-pag-2_2.html
Drogas y... ¿objetivismo “revolucionario”?
Oriol Romaní · · · · ·
23/07/12




Prohibicionismo, anti- prohibicionismo y reducción de daños

Pertenezco a aquellos que “... proponen incluso despenalizar la comercialización de las drogas”, tal como planteábamos ya en 1989 cuando, juntamente con Jaume Funes, Sergio Gonzalez, Imma Mayol y Carlos Gonzalez escribimos uno de los textos seminales de Grup Igia titulado “Repensar las drogas” en el que abogábamos por la legalización de todas las drogas, desde la óptica de facilitar unas políticas de drogas más justas y eficaces, es decir, para hacer posible una intervención pública realista y responsable en  los problemas relacionados con las drogas, frente al descontrol salvaje que supone el prohibicionismo. Un punto de vista que nosotros mismos tildaríamos después de socialdemócrata, en contraste con el liberal que propugnarían autores como Fernandez Savater o Escohotado, que se podría resumir en aquella frase de “yo hago con mi cuerpo lo que quiero”, muy bonita pero poco práctica para la realidad de aquellas personas que sufren en sus propios cuerpos las situaciones de subalternidad y explotación que marcan sus vidas.

Existe ya un amplio consenso (desde sectores críticos y de izquierdas en los que están presentes, no sólo usuarios, sino cada vez más profesionales del sector y gestores políticos, hasta sectores de la derecha liberal, en el sentido no sólo económico del término) en criticar el modelo prohibicionista de las drogas, aquel que asocia “la droga” (es decir, aquellas variadas sustancias sometidas a convenios internacionales) a delito y estigmatización, porque parece bastante evidente su fracaso, en términos de sus propios supuestos explícitos, es decir, defender la salud y la sociedad; consenso que se basa precisamente en la constatación de sus progresivos altos costes, en la salud y la vida de las personas y en la cohesión de las sociedades, a lo largo de las últimas décadas del siglo anterior y hasta la actualidad. Ejemplos paradigmáticos de ello podrían ser los más de 50.000 muertos que la “guerra al narco” del presidente Calderón está costando a México, o la tremenda realidad que nos muestra una muy recomendable monografía antropológica de los jóvenes de los barrios del Gran Buenos Aires en la época del “corralito” (1), donde se puede ver como la forma actual de circulación de la cocaína (criminalizada) se articula con la intensa explotación que el neoliberalismo impone a poblaciones sometidas a procesos no sólo de exclusión social, sino de extinción (2).

Un punto de encuentro de diversas posiciones, seguramente por el pragmatismo que las caracteriza, ha sido el del desarrollo de las políticas conocidas como de reducción de riesgos o de daños, que se iniciaron en zonas de Inglaterra y de Holanda en la época de la expansión del Sida y que fueron implementando, sobre todo, las administraciones locales y regionales, a pesar que pronto fueron reconocidas a nivel europeo, como muestra la declaración del Consejo de Ministros de la Salud de la Unión Europea del 16 de mayo de 1989: “Las políticas de acción para resolver los problemas que resultan del consumo de drogas deberían revisar su objetivo final -abandono del consumo- y considerar objetivos intermedios -disminución de la mortalidad, limitación del riesgo de infección por VIH u otros agentes infecciosos, reducción de la marginalidad, etc.- como aspectos esenciales que hay que atender”(3). Ello significa considerar a los usuarios como interlocutores reconocidos por las instituciones que intervienen en este campo, pues ellos son quienes mejor conocen sus necesidades (4), ofrecer alternativas de salud a los consumidores que no pueden/no quieren dejar de consumir, pensar en medidas técnicas (intercambio de jeringuillas, consejos para un uso más sano, etc.) independientemente de su posible repercusión penal... en fin, un conjunto de acciones que choca muchas veces con las leyes prohibicionistas, pero ante las que, finalmente, ha habido tolerancia por su gran eficacia en el abatimiento del VIH-Sida y otras infecciones, sobre todo en contraste con el gran fiasco propiciado por el prohibicionismo (adulteración, incitación al consumo por la implicación de los consumidores en el mercado negro, mitificación adolescente de “la droga prohibida”, falta de medidas higiénicas, no tratamiento por miedo y otras dificultades de acceder a las instituciones de salud, estigmatización, etc.) (5).

Ciertamente, este modelo también se puede entender de maneras distintas, y hay quien pretende reducirlo a un mero conjunto de medidas técnicas que cada cual sería responsable de aplicarse, una vez adquiridas en el mercado, en una visión muy coherente con las técnicas de la gubernamentalidad posmoderna (6). Pero una parte significativa de los que llevamos años trabajando en ello pensamos que hablar de medidas eficaces es hablar también de medidas justas, pues sabemos que la eficacia es para toda la población o no es tal (7), lo que supone tener en cuenta, además de todos los elementos técnicos, los condicionamientos estructurales y las relaciones de poder, las dimensiones políticas que atraviesan toda sociedad, tanto en el momento del diagnóstico de la situación como en el de programar intervenciones.

Este es el contexto en el que hay que situar el texto que tanto escandaliza a nuestro articulista y, según él, a la Red de Madres. Esto último es lógico, ya que ocurrió lo mismo en España cuando la crisis de la heroína golpeó muy duramente a los sectores populares: cuando, a finales de los ochenta, surgieron tanto la Coordinadora de Barrios como las Madres contra la Droga, ante las situaciones que vivían sus vecinos e hijos, lo primero que pidieron fue más policía y otras medidas de control duro, pues la angustia ante la situación de desprotección era grande y reaccionaban a partir de lo que habían oído toda la vida. Con el tiempo y el trato más directo y reflexivo con el problema, fueron aprendiendo que estas medidas de control duro, policía incluida, eran parte del problema, y tanto unos como otras acabaron reclamando medidas despenalizadoras desde posiciones muy críticas con el prohibicionismo hegemónico. Lo que no me parece tan lógico es que un universitario con pretensiones revolucionarias se deje llevar por los tópicos y simplismos de dicho modelo, confundiendo estas otras maneras de abordar las cosas con una especie de caballo de Troya de la reacción. Y aquí, en efecto, es donde creo que tenemos que entrar en cuestiones teórico- epistemológicas.

Construcción social de la realidad, realidad objetiva y dependencia

Creo que es un insulto a la herencia de la Ilustración confundir la cientificidad con el positivismo más rancio, como si de Darwin hacia acá no hubiera llovido nada. El estudio de las drogas es precisamente un campo que ha exigido desarrollar modelos un poco más complejos de análisis de la realidad, para superar aquellas explicaciones pretendidamente universales de tipo monocausal, como las centradas en los efectos farmacológicos de una sustancia, en la “personalidad adictiva” del consumidor, o semejantes. Y uno de estos modelos es el de la construcción social de la realidad, que es mucho más que un tema de percepciones, aunque la ignorancia ligada a ciertas modas postmodernas del “todo vale” hayan pretendido reducirla a eso, que es con lo que se ha quedado nuestro autor. El texto clásico de la sociología del conocimiento donde cuajó dicho modelo (8), que recoge aspectos centrales de la tradición marxista, por un lado, y de la fenomenológica, por el otro, plantea que para entender la realidad, o un campo específico de ella, debemos tener en cuenta la relación dialéctica existente entre las condiciones materiales de existencia de un grupo, y su herencia cultural, es decir, la pantalla a través de la cual interpreta esa realidad en la que vive. Lo cual no quiere decir que no haya elementos objetivos de la realidad, como el hecho de que todo el mundo detecte que allí hay una situación problemática (las diferencias estarán, en todo caso, en como se interpreta y en lo que hay que hacer delante de ella) o, más en general, como la base biológica de la que estamos hechos los seres humanos, sino que éstos elementos son percibidos, manipulados y elaborados de forma distinta en distintos grupos y sociedades, como muy bien nos ilustra la antropología. Cada cultura está compuesta a su vez de simbolizaciones y discursos distintos, que pueden ayudar a entender mejor la realidad material y simbólica en la que vivimos, para así poder transformarla... o no, pues una de las funciones de los discursos hegemónicos ha sido, en general, la de dar una visión conformista de la realidad, que permita la reproducción del tipo de sociedad que favorece a los grupos dominantes que acostumbran a difundir dichos discursos.

Si recuerdo esto que me parece elemental, es para situar el marco teórico- metodológico (9) alrededor del cual hoy en día hay un gran consenso en el abordaje del campo de las drogas, como es el de la intrínseca relación entre contextos, sujetos y sustancias, pues nos ha permitido explicar(nos) muchas más cosas que abordajes anteriores, basados en un positivismo formal, como la criminología, la psiquiatría o la farmacología. Sabemos muy bien que una cosa son los efectos farmacológicos de una substancia en un experimento de laboratorio controlado, y otra es la que se da en la calle, pues los efectos farmacológicos vienen mediatizados por muy distintos factores que incluyen el estado físico del sujeto, la situación psíquica, las experiencias de consumos previos, las técnicas de consumo, las condiciones higiénicas, el momento en que lo hace, con quien lo hace, que espera(n) al hacer esto (las expectativas culturales o efectos esperados), lo cual incluye seguir una norma o transgredirla, pues será muy distinto si la sustancia es considerada un sacramento, un remedio medicinal, o un producto estigmatizado, consideraciones que varían de sociedad en sociedad y según épocas históricas. Así pues, la interpenetración dinámica de los tres elementos (contexto-sujeto-sustancia) abocará a una serie de consecuencias distintas en el consumo de drogas, entre las cuales, sus propios efectos; y no sólo los efectos percibidos, sino los más objetivos, pues es evidente que no todo fumador habitual de tabaco o bebedor de alcohol desarrolla, respectivamente, cáncer de pulmón o cirrosis hepática, aunque tienen muchas más probabilidades de hacerlo que quien no lo es. Pero hay una serie de aspectos, que van desde la genética (10) hasta las condiciones de vida, materiales y simbólicas, que hacen que el consumo de una misma sustancia en condiciones distintas tenga efectos distintos(11).

Así, afirmar que “ciertas sustancias afectan las neuronas y generan dependencia” es una verdad a medias, pues si lo primero es incuestionable, lo segundo, para acercarse a la realidad empírica, debería reformularse afirmando que “tienen capacidad para generar dependencia”, que no es lo mismo. Y no es una cuestión de matiz, porque la primera afirmación llevaría a entender que cualquier consumo de drogas (12) crea dependencia, lo cual no se aviene a la realidad de la existencia de millones de consumidores de drogas (legales e ilegales) que hacen consumos no dependientes. Para hablar de dependencia, es decir, de aquella situación en la que una persona organiza toda su vida alrededor del consumo de una o más drogas, debemos tener en cuenta la íntima articulación de los efectos farmacológicos no sólo con los factores ahora mencionados, sino también con el proceso biográfico que lleva a buscar una identidad importante (“drogadicto”) cuando es muy difícil hacerse con cualquier otra socialmente relevante, a identificarse con ciertas personas, con ciertas situaciones vividas, con ciertos rituales específicos, con un uso determinado del espacio y del tiempo, es decir, con procesos de construcción del yo que van mucho más allá de la mera sustancia (13).

Sobre riesgo, miedo y prevención

Con lo dicho hasta aquí creo que se podrá entender que estoy de acuerdo con que “no existe verdad científica (sometida a pruebas, verificación, etc.) acerca de la peligrosidad de la droga”. Primero, porque no existe tal ente fantasmagórico, “la droga” sino un conjunto de sustancias muy diversas entre ellas; unas, fiscalizadas por convenios internacionales, pero de las que, hasta el momento, nunca se ha podido demostrar unas características comunes que justifiquen su inclusión en las mismas listas desde parámetros de salud, pero que son las que vulgarmente, a partir del sentido común (hegemónico) se llaman “droga”; y otras (alcohol, tabaco, psicofármacos diversos, etc.) que quedaron hasta hace poco fuera del concepto, lo cual facilitó enormemente su trivialización. Segundo, porque si científico son aquellos métodos sistemáticos que nos permiten conocer el máximo de aspectos de la realidad, y sobre los que hay un cierto acuerdo en la comunidad científica -más allá de los métodos ligados en la modernidad a lo que conocemos como “ciencias duras”-, es evidente que no existe en el caso de las drogas o, en todo caso, que no se corresponde en absoluto con el discurso prohibicionista hegemónico hasta ahora, pues los modelos más complejos a los que he hecho referencia y que tienen esta mayor capacidad explicativa acostumbran a ser muy críticos con él. Y tercero, porque es muy burdo como explicación y muy poco útil para las consecuencias que se puedan sacar, hablar de peligrosidad como un universal ligado a “la droga”.

En todo caso, resulta más cercano a lo que ocurre en la realidad, y puede ser más útil para la intervención social, hablar de riesgos, pero no asimilándolos a peligro, sino a lo que realmente significa el concepto: la probabilidad de que de una determinada acción o situación se deriven ciertos daños. Lo cual nos exige ser cuidadosos cuando hablamos de percepción del riesgo, pues a veces se confunde baja percepción de riesgo con que los jóvenes no reproduzcan el discurso prohibicionista del todo o nada, cuando resulta que, a partir de sus vivencias más inmediatas, pueden ser capaces de distinguir situaciones y maneras de acercarse a las drogas que les parezcan más o menos peligrosas, a veces con mucha mayor precisión que ciertos discursos institucionales (14). Lo que está fuera de duda, por el resultado obtenido hasta ahora, es que con un discurso tremendista que poco tiene que ver con su realidad (o que esconde las raíces sociales y políticas de situaciones muy tremendas atribuyéndolas a “la droga”, lo que es peor) no se ha sido capaz de influir en los jóvenes, es decir, no funciona el miedo como eje de la prevención entre otras cosas porque es una falta de respeto que se contradice con los valores que teóricamente se quieren vehicular con la prevención, y estas contradicciones son detectadas inmediatamente, sobre todo por los adolescentes. En cambio, desde situaciones de proximidad, con metodologías que no cuestionen de entrada lo que hacen los jóvenes (a veces, entre otras cosas, consumir algunas drogas) y demostrando un conocimiento de sus intereses y situaciones reales, habrá una mayor autoridad moral para transmitir ciertos mensajes preventivos y llegar a evitar las consecuencias más negativas de algunos consumos(15).

No se pueden hacer políticas de drogas contra algunas de las personas que las consumen. Está claro que hay gente, sobre todo joven, que tiene problemas en relación a sus consumos de drogas, y que como ciudadanos tienen derecho a encontrar ayuda en las instituciones públicas, y a técnicos o expertos con los que poder trabajar sus sufrimientos. Pero esto hay que hacerlo a partir de un conocimiento exhaustivo del campo que pisamos, de la manera más horizontal posible, sin paternalismos moralizantes, con la suficiente flexibilidad para ir modificando los caminos según la situaciones que el proceso vaya presentando, y teniendo claro que lo que le pasa a aquel muchacho o muchacha va mucho más allá de su relación estricta con una sustancia, pues está enraizado en un contexto sociocultural y político determinado, por más que ciertas posturas que pretenden ir de científicas quieran escondérnoslo, con lo que demuestran su poca cientificidad  al amputarnos una parte fundamental de la explicación de la realidad.

No creo que sea negativo intentar otras maneras de hacer prevención, respetuosas con los derechos humanos, orientadas a conseguir una salud pública digna de tal nombre y una cierta cohesión social que permita luchar mejor contra las desigualdades sociales, que están en el origen de muchos sufrimientos, colectivos y personales. Y creo que, como toda iniciativa, debe ser criticable; pero lo que es negativo es hacerlo desde el desconocimiento y los prejuicios más rancios, pues ayuda muy poco a avanzar hacia unas necesarias nuevas políticas de drogas.

NOTAS: [1] Epele, María (2010) Sujetar por la herida. Una etnografía sobre drogas, pobreza y salud. Buenos Aires, Paidós[2] Bialakowshy, Alberto et alt. (2004) “Procesos sociales de exclusión- extinción. Comprender y coproducir en las prácticas institucionales en núcleos urbanos segregados”, in Mota y Cattani (Coords.) Desigualdad, pobreza, exclusión y vulnerabilidad en América Latina. Toluca (Mex), ALAS – Ed.Cigome: 101-142. [3] Ver Nieva, P., Baulenas, G. y Borràs, T. (1995) Centros de Encuentro y Acogida. Madrid, PNSD. [4] De hecho, gran parte de las primeras intervenciones de reducción de daños, como el intercambio de jeringuillas, fueron iniciativa de asociaciones de usuarios de Amsterdam, en los años ochenta. [5] VV.AA. (2010) Harm reduction: evidence, impacts and challenges. EMCDDA, Lisboa. [6] Ver al respecto Sepúlveda, M. (2010) “Gubernamentalidad y riesgo en el campo de las drogas: cuando la chance deviene presagio”, El Cotidiano, 163: 55- 65. [7] Como demuestran investigaciones de antropología médica  o epidemiología crítica como Farmer, Paul (2001)  Infections and Inequalities: The Modern Plagues. University of California Press; Farmer, P. (2004) Pathologies of Power: Health, Human Rights, and the New War on the Poor .University of California Press (Amartya Sen, Foreword); Navarro V, Borrell C, Benach J, Muntaner C, Quiroga A, Rodríguez-Sanz M, Verges N, Guma J, Pasarín MI. The importance of the political and the social in explaining mortality differentials among the countries of the OECD, 1950-1998. International Journal Health Services. 2003;33(3):419-94.  [8]Berger, P.L. & Luckman, T. (1976) La construcción social de la realidad. Buenos Aires, Amorrortu. [9]Para no abusar del concepto de modelo o paradigma! [10] Que la neurociencia -y sobre todo, la epigenética- nos está demostrando ahora que no es un “destino”tan fijo como pretendían las explicaciones derivadas de los modelos biológicos positivistas clásicos! [11] Desarrollo todos estos temas de una manera más amplia en Romaní, O. (2004) Las drogas. Sueños y razones. Barcelona, Ed. Ariel (1ª ed, 1999). [12]Y no de “droga”, porque no hay concepto menos objetivo que éste, que engloba realidades muy diversas entre ellas bajo la misma etiqueta. [13] La polémica de la dependencia, un concepto con raíces histórico-políticas que no habría que olvidar para saber de que hablamos, tiene ya bastantes años, y he intentado sintetizarla en Romaní, O. (2011) “La epidemiología sociocultural en el campo de las drogas: contextos, sujetos y sustancias” in Haro, J.A. (Comp.) El planteamiento de una epidemiología sociocultural. Un diálogo en torno a su sentido, métodos y alcances. Buenos Aires, Editorial Lugar: 89- 113. [14] Ver al respecto Sepúlveda, M. (2010) “La ley del todo o nada: el aguante como ideología” in Romaní, O. (Coord.) Jóvenes y riesgos, ¿unas relaciones ineludibles? Barcelona, Bellaterra Eds. [15] Ver al respecto Romaní, O. (2008) “Políticas de drogas: prevención, participación y reducción del daño”. Salud Colectiva;4(3):301-318. (Argentina)

Oriol Romaní  es catedrático de Antropología Social de la Universitat Rovira i Virgili (Tarragona) y Presidente del Grup Igia (Barcelona)


Mougins (en occitano Mogins) es una comuna francesa, en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul,departamento de Alpes Marítimos, en el distrito de Grasse. Es el chef-lieu del cantón de MouginsPoblación 20.000 habitantes.
Se trata de un pueblo amurallado , muy cerca de Cannes , en la que podrás encontrar un montón de galerías , tiendas de arte y buenísimos restaurantes.
En este pueblo vivieron durante una temporada famosos com Yves St. Laurent y el mismísimo Picasso.

Historia

Durante el periodo del imperio romano, era una villa de reavituallamiento de la Vía Julia Augusta,camino entre Italia y España. Durante la guerra de sucesión austriaca, fue devastada en un incendio, durante el pillaje de las tropas austro-sardas. En 1973 fallecía en esta localidad el pintor malagueño, Pablo Ruiz Picasso.















 



El famoso fotógrafo David Douglas  Duncan 
conoció en 1956 a Pablo Picasso en Mougins, Francia. 



Roberto Sebastián Antonio Matta Echaurren, más conocido como Matta (Santiago de Chile11 de noviembre de 1911 – CivitavecchiaItalia23 de noviembre de 2002) fue un arquitectopintorfilósofo y poetachileno. Considerado el último de los representantes del surrealismo.
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Matta en plena producción artística.
                                                  . 

Nació en Santiago de Chile el día 11 de noviembre de 1911 (11.11.11), cifra que utilizaría con frecuencia en su carrera artística. Fue uno de los cuatro hijos de Roberto Matta Tagle y Mercedes Echaurren Herboso, personas de gran raigambre social y recursos económicos en el Chile de su época.Estudió en el Colegio de los Sagrados Corazones de Santiago; en ese entonces era vecino de Nemesio Antúnez. En esos años comenzó también a destacar con sus notas en dibujo y caligrafía.Al igual que sus hermanos, Mario y Sergio, quienes eran mueblista y diseñador de modas, recibió una profunda influencia estética de su abuelo materno, Víctor Echaurren, quien -en forma aficionada- era diseñador de tramoyas de obras de teatro y óperas. Su familia era de origen vasco-francés.




Biografía
A inicios de la década de 1930 participó en algunas manifestaciones contra el entonces Presidente, Carlos Ibáñez del Campo; igualmente realizó el servicio militar en el Regimiento Coraceros de Viña del Mar, reprimiendo las manifestaciones en las que antes había tomado parte, lo que le provocó un gran sentimiento anti-militar.





Cursó sus estudios universitarios en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Chile, siendo su tesis de título un proyecto llamado La liga de las religiones. Este consistía en bocetos de edificios con forma de mujer en diversas posiciones. En paralelo asistió a unos talleres libres en la Escuela de Bellas Artes, siendo alumno del pintor Hernán Gazmuri, quien venía llegando de Francia. Trabajó además como ilustrador en la revista satíricaTopaze.

Luego de titularse de arquitecto viajó a Europa en un barco mercante. Mientras estaba en Portugal conoció a Gabriela Mistral, quien era cónsul en aquel país. La poetisa ayudó a Matta, quien vivió en su casa durante tres meses. Según el pintor, durante aquel tiempo se enamoró de Mistral, pidiéndole incluso su mano, pero la poetisa no aceptó.6 Durante su estadía en París trabajó en el taller del arquitecto Le Corbusier, a quien conoció gracias a Roberto Dávila. Según el historiador Hernán Marchant, la relación entre Matta y Le Corbusier estuvo caracterizada por "mucha admiración, pero con cierta rivalidad".7 En el viejo continente conoció además a los artistas Salvador DalíRené Magritte y André Breton.
Precisamente fue Breton quien estimuló al artista chileno, valorando su trabajo e introduciéndolo en el círculo de los principales miembros del movimientosurrealista de París. Matta produjo ilustraciones y artículos para el periódico surrealista Minotaure. Durante este período trabó amistad con prominentes artistas contemporáneos europeos como Picasso y Marcel Duchamp.
Un momento decisivo para la carrera artística de Matta se produce en 1938 cuando pasa del dibujo a la pintura en óleo, por la cual es muy famoso. Este período coincide con su viaje y residencia, hasta 1948, en los Estados Unidos. Sus primeras pinturas, entre las que destaca Invasión nocturna, dieron una indicación de la ruta artística tomada por el pintor.
El uso de patrones difusos de luz y gruesas líneas encima de un fondo particular se transformaría en uno de sus sellos característicos. Durante las décadas siguientes de los 40 y 50 su pintura reflejaría el perturbador estado de la política internacional, utilizando imágenes de máquinas eléctricas y personas atormentadas. Al agregar arcilla a sus obras, desde los años 1960 en adelante, le agregó dimensión a su distorsión.
El trabajo de Matta agregó nuevas dimensiones a la pintura contemporánea, pese a su ruptura (por causas desconocidas) con el movimiento surrealista en1947. Pese a que fue readmitido en 1959, su fama ganada es exclusivamente personal. Experimentó distintas formas de expresión artísticas, incluyendo producciones de videos como Système 88, la fotografía y otros medios de expresión.
En 1990 recibió el Premio Nacional de Arte, en 1992 se le otorgó el Premio Príncipe de Asturias de las Artes y en 1995 obtuvo el Praemium Imperiale en la categoría de Pintura. Vivió regularmente desde la década de 1960 en el pueblo italiano de Civitavecchia, realizando viajes esporádicos a su país.
Falleció el 23 de noviembre de 2002 en el puerto italiano de Civitavecchia, ubicado al norte de Roma. Tras su fallecimiento, el presidente de Chile Ricardo Lagos Escobar decretó tres días de duelo nacional.8El pintor fue sepultado en Tarquinia, en una cripta ubicada bajo su casa.

Roberto Matta - Chile

La vida Allende la muerte (1973)




Vida personal

Familia
El pintor tuvo cinco esposas y seis hijos. Su primera esposa fue la estadounidense Ann Clark, con quien tuvo dos mellizos, ambos nacidos durante su residencia en Nueva York Gordon y John Sebastián.10 Sus posterior pareja fue Patricia O'Connor, con quien no tuvo descendencia. Con su tercera esposa, la actriz italiana Ángela Faranda, tuvo a Pablo, en 1950.11 En 1955 contrajo matrimonio con Malitte Pope.12 De aquella relación nacieron dos hijos, Federica y Ramuntcho, en 1955 y 1960 respectivamente.13 En 1968 se casó con Germana Ferrari, matrimonio que duró hasta la muerte del pintor. De esta última relación nació Alissé en 1970.11
Pensamiento político
Roberto Matta demostró en diversas ocasiones su afinidad a un pensamiento político de izquierda, específicamente alsocialismo. En 1967 viajó a su país natal, donde asistió a un homenaje que la Universidad de Chile hizo a Cuba.En aquella visita intentó convencer aEduardo Frei Montalva de reanudar las relaciones con Cuba, pero sin éxito. Además de la revolución cubana, el artista apoyó el mayo francés. En 1970 regresó a Chile, luego del triunfo de Salvador Allende en las elecciones presidenciales. Según palabras del pintor: "Allende es ir más allá, e ir más allá significa la gloria".
Con el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, Matta se distanció definitivamente de Chile. En 1974 su pasaporte chileno fue anulado.1 La administración del Museo Nacional de Bellas Artes, afín al régimen militar, cambió el nombre de la "sala Matta", debido al pensamiento político del pintor.La obra de Matta también sufrió daños por parte del gobierno militar. El mural El primer gol del pueblo chileno, que pintó en 1971 con la colaboración de la Brigada Ramona Parra, fue cubierto por varias capas de pintura por orden del gobierno.
Matta, historia de una relación

Hacia 1939 Roberto Matta vive en París. Desde 1937 ha trabado amistad con André Breton y los surrealistas (Salvador Dalí Leonora Carrington, ente otros) convirtiéndose en el miembro más joven del grupo, y ha participado con ellos en la Exposition Internationale du Surrealism, en los primeros meses de 1938. Conoce a una gran cantidad de artistas europeos.
No obstante, el ascenso del fascismo enrarece el aire de Europa y hace deseable un cambio de horizontes. Marcel Duchamp, quien se encuentra en Nueva York, le escribe a Matta y lo anima a ir a esa ciudad. La movilización para la guerra tras la invasión de Polonia acaba por convencerlo. Por lo demás, Estados Unidos son un destino lógico, pues desde hace tres años está casado con Anne Clark, una joven estadunidense a la que llama Pajarito. En octubre de 1939 parten desde Burdeos en el Washington (en el que también viaja Yves Tanguy) rumbo a Nueva York, a donde llegan el 4 de noviembre.

En junio de 1940, con la llegada del surrealista inglés Gordon Onslow Ford (cuyo estímulo fue decisivo para que el chileno abandonara la arquitectura y se convirtiera en pintor), Matta retoma el desarrollo de la filosofía plástica que él y Onslow Ford habían comenzado a desarrollar en París en 1937: la morfología psicológica, nombre que ambos dan a la manera de hacer visible lo que está más allá de la percepción del ojo.
En poco tiempo, gracias a su solvencia con el idioma, su extroversión y juventud, se convierte en el puente natural entre los surrealistas europeos que, como él, se exilian en Nueva York (Tanguy, Joan Miró, Max Ernst, André Masson, el propio Breton, entre otros) y los jóvenes pintores estadunidenses, a varios de los cuales el propio Matta habrá de vincular (fue gracias a Matta, por ejemplo, que el borrascoso Jackson Pollock, hijo de una modesta familia campesina, conoció al refinado Robert Motherwell, educado en Stanford y Harvard).

Para 1941, Matta es ya un protagonista de las artes plásticas neoyorquinas. Su taller en MacDougal Street, en Manhattan, es un centro de experimentación del automatismo pictórico.
En la primavera de ese año, otro surrealista residente ahí, el pintor suizo Kurt Seligmann, planea un viaje a México con dos de sus estudiantes, Motherwell y Barbara Reiss, hija de Bernard y Becky Reiss, patronos de los surrealistas y coleccionistas de sus obras. Cuando a los Seligmann se les vuelve materialmente imposible hacer el viaje, Matta y su mujer toman su lugar y el grupo parte el 6 de junio. Recuerda Matta:
Motherwell, Ann, Barbara y yo salimos de Nueva York en barco rumbo a Veracruz, con una escala en La Habana. Pasamos todo el verano en Taxco (que entonces era) una auténtica colonia de escritores norteamericanos. Nos reuníamos todos los días en un bar enfrente de la Catedral. Yo trabajaba mucho. Por azar (…) empecé a emplear formas de volcanes. A ello me llevó la manera en que dibujaba las llamas. Veía todo envuelto en llamas, pero desde un punto de vista metafísico yo hablaba más allá del volcán. La luz no era una superficie que reflejara una fuente luminosa sino un fuego interior. (…)

Pinté aquello que ardía en mí y la mejor imagen de mi cuerpo era el volcán. Curiosamente, unos cuantos meses más tarde asistí al nacimiento de un volcán. Yo me encontraba en Erongarícuaro, a la orilla del lago que vio el desarrollo de la cultura tarasca (…).

Como a la una de la tarde, a unos treinta kilómetros de allí, un campesino que cultivaba su parcela vio que se elevaba un poco de humo. A las tres de la tarde el suelo se había levantado metro y medio, y al día siguiente más de treinta. Llegaron periodistas. Hoy es un volcán que se llama Paricutín.
“Escuchar vivir” se desarrolló de la misma manera que “La tierra es un hombre”. Quizá sea una forma inconsciente de ecología. Yo me daba cuenta de que sólo el equilibrio permite la vida libre y en paz.
“Un paisaje está en paz mientras no haya una catástrofe visible y sin embargo, ecológicamente, es muy violento y devorador.

“Es necesario asir lo que hay detrás de las apariencias. La vida no es sólo antropomórfica, también está hecha de explosiones, ecuaciones, estallidos de energía, emoción y deseo.”

El viaje será crucial tanto para Matta como para Motherwell. Este encuentro inicial del latinoamericano con México significa varias cosas importantes, que sólo mencionan de paso, porque sin duda son materia para un estudio amplio. La primera, advertida por muchos críticos, es que descubre la suntuosa naturaleza del país. Como señala William Rubin, Matta “estudió los paisajes volcánicos y absorbió la ardiente luz solar y los brillantes colores del sur” Pero también –seguramente de la mano de Wolfgang Paalen y Gordon Onslow Ford– tuvo un acercamiento con el arte y la imaginería precolombinos que después se reflejaría de manera muy notoria en su pintura. Toda diferencia guardada, a Matta le sucede algo muy parecido a lo que le ocurrió a Pablo Neruda cuando fue cónsul de Chile en México: a través del arte y colorido de México cobra conciencia de la riqueza y diversidad de América Latina en su conjunto.
México también es importante para Matta en lo que se refiere a su posición dentro del surrealismo porque le concede cierta libertad heterodoxa. Paalen estaba en vísperas de romper con André Breton y el grupo surrealista y editar por su propia cuenta la revista Dyn, cuyo primer número apareció en 1942, y eso llevó a varios surrealistas a tomar partido por Breton o por Paalen. Matta no se hizo problema en colaborar con ambos, de manera que diseñó portadas tanto para Dyn (la correspondiente a los números 4-5), como para VVV (número 4) dirigida por André Breton en Nueva York.

Hay, sin embargo, un punto esencial de la relación de Matta con México que no es claro. Matta asienta en numerosas ocasiones que el viaje de 1941 le lleva a estar presente en el nacimiento del Paricutín, y recuerda encontrarse en Erongarícuaro cuando el volcán comienza a surgir. (Es muy probable, por cierto, que haya acudido a Erongarícuaro, un pequeño pueblo a orillas del Lago de Pátzcuaro, en Michoacán, a instancias de André Breton, que en 1938 había visitado ese lugar en compañía de Leon Trotsky y Diego Rivera.) Pero es evidente que la evocación de Matta confunde dos momentos muy apartados entre sí, pues el Paricutín aparecerá más de un año después del retorno de Matta a Nueva York. Para ser más precisos, el Paricutín nace el 20 de febrero de 1943, en la parcela de un campesino llamado Dionicio Pulido, y todo el proceso de su crecimiento, hasta el momento en que hace erupción, está abundantemente documentado —entre otros, por el Dr. Atl, nuestro célebre pintor y vulcanólogo.

Es necesario indagar en la correspondencia de Matta en pos de algún documento que ayude a precisar las cosas, pues el peso de ese hecho en lo que podríamos llamar “la dimensión mitológica” de su obra es considerable, dado que comúnmente se admite que el nacimiento del Paricutín está incorporado en el proceso de creación de La tierra es un hombre –cuadro al que Matta alude en la remembranza citada arriba–, una de sus obras fundamentales, presentada en 1942 en su primera exposición individual en Nueva York, en la Galería de Julien Lévy. En ella exhibió también Escuchar vivir, adquirido entonces por el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

La figura del volcán se ajustó perfectamente a las pinturas abstractas de Matta, repletas de fuerza y color, que capturan “paisajes interiores” (inscapes), como él les llama. No es raro, por lo tanto, que continuara pintando volcanes, como lo prueba el cuadro titulado precisamente Paricutín (un óleo sobre madera fechado y firmado en 1945) y, mucho más recientemente, Est-Ruption, hecho en 1994 con técnica mixta (óleo y acrílico sobre papel).

Matta volvería a México, si no muchas, por lo menos varias veces más. En 1975, gracias a los esfuerzos de la galerista chilena Carmen Waugh, avecindada entonces en la Ciudad de México, y de Fernando Gamboa, director del Museo de Arte Moderno, los mexicanos pudieron disfrutar de una de sus grandes exposiciones, su Homenaje a Jorge Zalamea, el escritor colombiano cuyo poema “El gran Burundú-Burundá ha muerto” –relato satírico de la historia de un dictador, su ascenso al poder y el espectáculo de su funeral, previsto por él mismo–, dio lugar a varios cuadros espectaculares por su tamaño (telas de más de cuatro metros de ancho por dos o más de altura) y por su contenido.
Otra vertiente de la relación de Matta con México es su amistad con Octavio Paz, pero es tan amplia que, por el momento, baste su mera enunciación.




Cuatro caras de "El cubo abierto" 1966

La obra total que rodea al espectsador y lo convierte en protagonista.
Cinco grandes lienzos del ciclo:
"El proscrito deslumbrante"

Museo Thyssen-Bornemisa
Madrid

Un cubo desplegado que invita al espectador a romperlo mentalmente eliminando esquemas de la pintura tradicional.

"Donde mora la locura A"
Óleo s/ lienzo
200x195cm


"Dode mora la locura B"
Óleo s/ lienzo
204x204,5cm.


"El dónde en marea alta"
Óleo s/ lienzo
205x195cm.

"El proscrito deslumbrante"
Óleo s/ lienzo
200x195cm.

"Grandes espectativas"
óleo s/ lienzo
203x202cm.
"Necesitamos paredes como sábanas mojadas que se deforman y envuelven nuestros temores psicológicos"
Roberto Matta
No sólo brilló como pintor, sino tambíén como escultor, arquitecto y poeta.
Miembro activo del grupo surrealista de  1938 a 1947 , en sus lienzos quiso representar todos los ámbitos. La tierra, el cielo, el pasasdo, el futuro  y las fuerzas  que nos atraen y que nos defienden.
 Precursor del Arte Contemporaneo, obsesionado con la importancia del espacio, reflexiona entorno a la cuarta dimensión incluyendo al espectador y convirtiendolo en protagonista.
Sus óleos se caracterizan por la visual  imaginación que destilan junto con el colorido con el que fueron creados.

"Abrir el cubo y encontrar la vida"
Óleo s/ tela
Museo Nacional de Bellas Artes


El Museo Thyssen ha decidido celebrar el centenario del nacimiento del artista chileno Motta con una nueva instalación de sus cinco obras de gran formato que componen el ciclo L'Honni aveuglant (El proscrito deslumbrante). 









Obras

Escultura Chaosmos (1970), ubicada en ViersenAlemania.
Entre sus principales obras cabe destacar:
El 15 de septiembre de 2008 la pintura al óleo “Allende de la muerte a la vida”("Pasage de la mort á la vie", 210 x 390cm 1973-1974), fue donada por su viuda y albacea de su obra, Germana Matta al Museo Salvador Allende de Santiago de Chile. Esta obra corresponde a una época histórica en Chile, tras el golpe militar el 11 de septiembre de 1973.