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    lunes, 7 de mayo de 2012

    Alan Sokal y la crítica a la posmodernidad y el relativismo




    El profesor de Física de la Universidad de Nueva York y de Matemáticas en el University College de Londres, Alan Sokal, perpetró en 1996 una de las bromas más ingeniosas y punzantes en la revista: “Social Text”. “Social Text” es una reputada publicación de humanidades. Una publicación en la que participan intelectuales de alta talla. Que es leída por intelectuales, docentes, estudiantes y gente que intelectualmente está muy motivada. Sin embargo, Sokal logró colarles un artículo largo, denso y, en apariencia, muy erudito que, en realidad, era una sarta de tonterías sin sentido, lleno de ignorancia científica y de argumentación ilógica. El artículo fue alabado por muchos intelectuales. Obviamente, todos ellos, y también los responsables de “Social Text”, usaron sus palabras más gruesas para criticar el proceder de Sokal. Pero Sokal sólo pretendía evidenciar que entre las disciplinas de humanidades hay mucho pomposo que habla raro para fingir que piensa inteligentemente y, además, tiene la deshonestidad de introducir conceptos científicos (la mecánica cuántica es el favorito) sin tener la menor idea de lo que está diciendo. Sokal también dedicó un libro entero a evidenciar muchos de estos signos en textos de autores consagrados como Lacan: “Imposturas intelectuales”. Sokal cuenta en su libro todas las trampas que empleó; y además se dedica a destronar a una nueva colección de intelectuales aparentemente eruditos. También dedica un buen puñado de páginas a aclararnos qué demonios es la Verdad, la verdad, la objetividad, el método científico y demás. Cuando la gente afirma cosas como que la ciencia no puede explicarlo todo, que la ciencia dirá eso pero yo opino lo otro, que la ciencia no es la única verdad, que la verdad no es objetiva, que todo se puede discutir o es subjetivo y demás lugares comunes (generalmente de bar o de facultad de humanidades), generalmente la gente pone de manifiesto un cacao mental epistemológico que difícilmente puede aclararse. Sokal también argumenta lo pernicioso que resulta (sobre todo a nivel político) que crezca la idea del relativismo cultural o posmoderno del “todo vale”. No sólo porque no es así, sino porque resulta de todo punto irresponsable dar pábulo al pensamiento desiderativo, la superstición y la demagogia por encima de la evidencia, la lógica y la argumentación.
    http://elmitodeproteo.blogspot.com/

    Imposturas intelectuales (1997)

    Artículo principal: Escándalo Sokal.
    Sokal y Jean Bricmont publicaron en 1997 Impostures Intellectuelles. Originalmente en francés (Éditions Odile Jacob, París), ha sido traducido al español como Imposturas Intelectuales (Ed. Paidós - ISBN 84-493-0531-4, con traducción de Joan Carles Guix), al inglés como Intellectual Impostures en el Reino Unido y como Fashionable Nonsense en los Estados Unidos, al alemán, al catalán, al coreano, al holandés, al húngaro, al italiano, al japonés, al polaco, al portugués y al turco.

    Sokal y Bricmont sostienen que determinados intelectuales "posmodernos", como Lacan, Kristeva, Baudrillard y Deleuze usan repetida y abusivamente conceptos provenientes de las ciencias físico-matemáticas totalmente fuera de contexto sin dar la menor justificación conceptual o empírica, o apabullando a sus lectores con palabras "sabias" sin preocuparse por su pertinencia o sentido, y negando la importancia de la verdad. Además, el ensayo incluye una dura crítica al relativismo epistémico, corriente académica posmoderna que considera que la verdad o falsedad de una afirmación depende de un individuo o de un grupo social y que considera a la ciencia "un relato más".

    El libro tuvo valoraciones muy diversas: algunos alabaron lo certero de la crítica, pero otros lo acusaron de ignorar las áreas que criticaba y sacar frases de contexto. Jacques Derrida, escribió una crítica en Le Monde, 20-11-1997,1 centrada en que los autores sólo elegían a franceses (y a ciertos franceses), que no estudiaban escrupulosamente esas llamadas "metáforas" científicas, ni su papel ni tampoco su estatuto y sus efectos en los discursos que reprobaban, y que todo el texto era una lectura superficial, propia de cierto mundo universitario. Se dio la circunstancia de que en el Times Literary Supplement ellos declararon que habían excluido de su crítica a pensadores célebres, como Althusser, Roland Barthes y Foucault, pero —al darlo a traducir a Libération (19-10-1997)—, modificaron la secuencia e incluyeron además entre los "honorables" a Derrida, porque les convenía para su imagen en Francia: según Derrida, Sokal y Bricmont no habían leído las obras impugnadas, ni conocían las ciencias humanas ni discernían un comentario retórico del razonamiento principal de un analista cultural.2 Otra serie de textos críticos de la obra de Sokal, bajo la coordinación de Baouduin Jurdant, fue publicada en 2003 bajo el título Imposturas científicas: Los malentendidos del caso Sokal.3

    Más allá de las Imposturas Intelectuales (2008)

    En 2007 Sokal publica en solitario el libro Beyond the Hoax: Science, Philosophy and Culture (publicado en español por Paidós bajo el título Más allá de las Imposturas Intelectuales. Ciencia, filosofía y cultura). El libro consta de tres partes: incluye de antemano el polémico artículo (artefacto) de la revista Social Text: "Transgredir los límites: Hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica", con nuevas referencias explicativas y varios artículos en relación a ese texto. En la segunda parte trata los presupuestos de ciencia y filosofía en sus aspectos ontológicos y epistémicos. Finalmente analiza diversas pseudociencias y que pretenden equipararse, con motivos y por motivos muy distintos, a la validez y "verdad" de la ciencia.
    http://es.wikipedia.org/wiki/Alan_Sokal


    Más allá de las imposturas intelectuales
    «Confieso que soy un viejo izquierdista impenitente que nunca ha entendido cómo se supone que la deconstrucción va a ayudar a la clase obrera. Y soy también un viejo científico pesado que cree, ingenuamente, que existe un mundo externo, que existen verdades objetivas sobre el mundo 
    y que mi misión es descubrir algunas de ellas.» 
    ALAN SOKAL 


    Por Joaquim Prats 

    Publicado en Escuela (Nov.2010) 

    Alan Sokal protagonizó, a mediados de los noventa, una sonada anécdota que el famoso físico y matemático definió como una broma a la comunidad científica. Sokal envió un artículo a la acreditada revista Social Text, con el enrevesado título: Transgredir las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica. El artículo se «coló» fácilmente en la prestigiosa publicación científica. 

    El escrito estaba plagado de absurdos e insensateces, postulaba un relativismo cognitivo extremo y trufaba todo el texto de formulas y propuestas matemáticas todas ellas sin sentido y expuestas, pretendidamente, sin claridad expositiva. Una gran parte de las frases del artículo procedían de conocidos intelectuales franceses y norteamericanos apóstoles del posmodernismo (Michel Serres, François Lyotard, Jacques Lacan, Jacques Derrida y otros) lo que lo convertía en una antología de «frases celebres» de estos autores. 

    La intención de Sokal era demostrar que, en determinadas publicaciones muy reputadas en el mundo académico, todo valía. Era el momento del posmodernismo rampante, especialmente en los campos científicos menos desarrollados y con más miseria teórica, como la pedagogía y en otros ámbitos del conocimiento social. 

    Desvelado el experimento —tan poco ortodoxo— el escándalo que se produjo fue mayúsculo. Los corifeos del posmodernismo, que no sus primeras espadas, corrieron a anatemizar a un «positivista» tan osado. Sokal aceptó las interpelaciones de las que era objeto y publicó un libro titulado Imposturas Intelectuales (1997) que tuvo una gran repercusión avivando la polémica de la ciencia contemporánea. En Imposturas Intelectuales se pretende analizar las propuestas de algunos de los más reputados intelectuales posmodernos, partidarios de las ideas relativistas, que rechazan la tradición racionalista de la Ilustración y que consideraban la ciencia como una «narración» o una construcción social entre muchas. 

    Sokal desveló en su libro las insuficiencias de conocimientos científicos de muchos de estos autores (Lacan, Braudrilland, Kristeva, etc.) y lo que denominaba su «pedante artificiosidad», y el deliberado abandono de la ciencia como «conocimiento» más objetivo. «En muchos ámbitos —nos dice Sokal— se da por supuesto que todos los hechos están construidos socialmente, las teorías científicas son meros mitos o narraciones, los debates científicos se resuelven mediante la retórica y la formación de coaliciones, y la verdad es sinónimo de acuerdo intersubjetivo». 

    No era el primero en denunciar el desmantelamiento de las ciencias sociales y los desatinos y logomaquias de muchos gurús del posmodernismo (lo habían hecho con más virulencia Mario Bunge, y con más matices Noam Chomsky, George Steiner o Umberto Eco, entre otros), pero sus objeciones se tomaron por algunos como un ataque a la izquierda hecha por un «físico prepotente». 

    Trece [once] años después, Sokal ha vuelto a la carga con una nueva obra titulada: Más allá de las imposturas intelectuales. Ciencia, filosofía y cultura (2008). En esta ocasión se trata de un libro en el que denuncia las consecuencias tan desastrosas que ha supuesto el posmodernismo para el pensamiento progresista y de izquierdas. Esta corriente es caracterizada, como también lo hace Eric Hobsbawm, como uno de los fenómenos intelectuales más reaccionarios del pensamiento contemporáneo. 

    En Más Allá… se tratan de las graves implicaciones sociales y políticas que ha tenido el abandono, por parte de cierta izquierda académica, de una visión científica del mundo. El núcleo duro de esta posición lo resume Noam Chomsky que considera hiriente que algunos intelectuales, que se autocalifican de izquierdas, priven de la posibilidad del conocimiento científico de lo social como un instrumento de emancipación propagando que «proyecto de los Enciclopedistas» está muerto, y «que hemos de abandonar las "ilusiones" de la ciencia y de la racionalidad. Será un mensaje, señala Chomsky, que hará felices a los poderosos, satisfechos de monopolizar estos instrumentos para su propio uso.» 

    Sokal se plantea qué importancia puede tener el que se difundan las teorías posmodernas. «Para la ciencia natural, dice Sokal, ninguna, nunca les harán caso. Para las ciencias sociales sí, sus efectos negativos son: una pérdida de tiempo en discutir acerca de necedades, pudiendo emplearse ese valioso tiempo en trabajos más útiles; una confusión que favorece el oscurantismo, al renunciar (debido al relativismo) a una herramienta» que puede ayudar a desmontar los mitos y manipulaciones. El posmodernismo causa un grave perjuicio para las causas de izquierda, por las dos razones: si se pierde el tiempo discutiendo estupideces, el intelectual se aísla en su "torre de marfil" y pierde el contacto con la realidad del mundo y sus problemas; por otra parte, si todo es relativo, si todas las ideas son igual de válidas en su contexto, etc., ¿cómo decir que el racismo o el sexismo están "equivocados"?». 

    La buena noticia es que se está produciendo una refundación de la «modernidad» después del sarampión relativista. Quizá debemos hacer caso a Mario Bunge cuando responde en una reciente entrevista por el secreto de su longevidad. La receta para llegar a los noventa años es clara: «No leer a los posmodernos, no fumar, no beber alcohol y no hacer demasiado deporte. Mantener ágil el cerebro. Si uno deja de aprender, el cerebro deja de funcionar». Tomo nota. 
    http://losdeabajoalaizquierda.blogspot.com/2011/08/mas-alla-de-las-imposturas.html


    Las críticas de Derrida y Dorra yerran su blanco

    por Jean Bricmont y Alan Sokal

    [Publicado bajo el título "Respuesta a Jacques Derrida y Max Dorra", en Le Monde del 12 de diciembre de 1997, pág. 23. También disponible en el francés original y en portugués.]

    No es necesario responder a las críticas de Jacques Derrida a propósito de nuestro libro, Imposturas intelectuales, pues él no formula ninguna (Le Monde del 20 de noviembre). Se satisface con lanzarnos a la cara algunas expresiones peyorativas -- "ocasión para una reflexión seria estropeada", "no serio", "jinetes poco diestros", "censores" -- sin señalar un solo error en nuestro libro o criticar uno solo de nuestros análisis. Por otra parte, desde la publicación del libro, asistimos a la repetición de la misma situación: nuestros detractores no hacen ninguna crítica concreta; ellos admiten implícitamente que lo que decimos es cierto, pero argumentan que, por una serie de razones, no está bien que se diga.

    Visto que Derrida dedica la mayor parte de su artículo a defenderse contra un ataque que, de nuestra parte, es inexistente, vale la pena quizás aclarar la relación (tenue) que existe entre Derrida y nuestro libro. Un viejo comentario de Derrida a propósito de la relatividad de Einstein aparece, en efecto, citado en la parodia de Sokal. Ahora bien, el propósito de esta parodia era, entre otros, mofarse de un tipo de discurso, muy frecuente en el postmodernismo norteamericano, que consiste en citar las obras de los "maestros" como si ello pudiera sustituir un argumento racional. Y como los textos de Derrida y Lacan, así como los enunciados más subjetivistas de Bohr y Heisenberg sobre la interpretación de la mecánica cuántica, forman parte de las referencias favoritas de esta microcultura, ellos eran un caballo de Troya ideal para penetrar en su ciudadela.

    Pero nuestro libro, contrariamente a la parodia, tiene un blanco estrictamente limitado -- el abuso sistemático de conceptos y términos provenientes de las ciencias físico-matemáticas -- y Derrida no entra en esta categoría. Hemos escrito en la introducción: "Aunque la cita de Derrida recogida en la parodia de Sokal es bastante divertida, ésta parece aislada en su obra; por lo tanto no hemos incluido ningún capítulo sobre Derrida en este libro." Además hemos prevenido al lector contra la "amalgama entre los procedimientos, muy diferentes, de los autores" que discutimos; esto vale a fortiori para los autores que no discutimos, como es el caso de Derrida. Él tiene entonces razón en quejarse cuando los medios, al hacer la reseña de nuestro libro, añaden a veces su foto; mas el reproche debe estar dirigido a los periodistas y no a nosotros, quienes hemos sido lo más claros posible.

    Estamos, entonces, de acuerdo en deplorar tanto las amalgamas de las que ha sido víctima Derrida, como las que se han hecho entre nuestra crítica, que se atiene a la claridad y el rigor -- cualidades que no tienen ningún tinte político -- y ciertas corrientes políticamente reaccionarias, a las que somos totalmente extraños y, de hecho, firmemente opuestos. Criticar la invocación abusiva del axioma de elección no es lo mismo que atacar la seguridad social .

    Derrida nos hace un solo reproche concreto: él señala algunas diferencias, de las cuales una le concierne, entre los artículos que hemos publicado en Libération (18-19 de octubre) y en el Times Literary Supplement (17 de octubre), de lo que concluye que se trata de un "oportunismo" deshonesto: decir una cosa a los franceses y otra a los ingleses. Desgraciadamente la verdad es mucho más banal. En Libération hemos escrito: "De ningún modo criticamos toda la filosofía francesa contemporánea; solamente abordamos el abuso de conceptos de la física y la matemática. Algunos pensadores famosos como Althusser, Barthes, Derrida y Foucault están esencialmente ausentes de nuestro libro." Pero el editor del TLS nos pidió que formuláramos esta última frase de manera afirmativa; así que la reemplazamos por: "Algunos pensadores famosos, como es el caso de Althusser, Barthes y Foucault, aparecen en nuestro libro únicamente en un papel menor, como admiradores de los textos que criticamos." Si hemos omitido a Derrida de esta última lista, se debe a que él no aparece en nuestro libro, siquiera en ese papel menor! Notemos de pasada que la lista de los "excluidos" podría ser mucho más larga: Sartre, Ricoeur, Levinas, Canguilhem, Cavaillès, Granger y muchos otros están totalmente ausentes de nuestro libro. Nosotros atacamos una forma de argumentación (o de intimidación) que abusa de los conceptos científicos, y no principalmente una forma de pensamiento.

    Para terminar, repitamos por enésima vez que no nos oponemos en lo más mínimo al simple uso de metáforas, como parece creer Max Dorra (Le Monde, 20 de noviembre). No reprochamos a nadie el uso de términos corrientes como "río" o "caverna", ni siquiera de términos que tienen múltiples sentidos como "energía" o "caos"; criticamos la utilización de términos muy técnicos, como "conjunto compacto" o "hipótesis del continuo", fuera de su contexto y sin explicación de su pertinencia. Luego de haberlo subrayado tantas veces -- en el libro y en los numeroso debates que le han seguido --, es triste ver a nuestros detractores repetir las mismas generalidades sobre "el derecho a la metáfora", sin tomarse el trabajo de defender uno solo de los textos que criticamos.

    Jean Bricmont es profesor de física teórica en la Universidad de Louvain (Bélgica). 
    Alan Sokal es profesor de física en la Universidad de Nueva York (EUA).

    Traducción para La Intrusa (La Habana, Cuba): Osvaldo Clejer


    Acerca del Postmodernismo: sobre el libro de Alan Sokal

    CRÓNICAS DE LUZ Y SOMBRAS
    Alan Sokal y las imposturas intelectuales

    Luciano Álvarez

    Esta historia es vieja o actual, según se mire. Hubo un tiempo en el que acepté vivir en el universo intelectual que comenzaba a llamarse postmodernidad. Fue en los comienzos de los años 80 en la francófona universidad de Lovaina, en Bélgica. Si bien tales conocimientos eran imprescindibles para aprobar exámenes, no me atrevería a cometer la hipocresía de afirmar que lo hice a regañadientes. Debo reconocer una cierta fascinación, sobre todo por la vanidosa posibilidad de apropiarme de su lenguaje. El indecible aburrimiento que me producían sus clases y lecturas, contribuyeron a mi liberación.

    Por si usted tiene la felicidad de no conocerlo, el lenguaje de un intelectual postmoderno implica -como lo ha dicho mi estimado colega Pablo da Silveira-"el cultivo deliberado de la oscuridad", mediante el abuso de términos poco frecuentados, "largas cadenas de frases subordinadas" y sobre todo los juegos de palabras -en francés esto funciona muy bien- y las palabras reinventadas mediante la sumatoria de guiones y comillas.

    Estas últimas suelen ser muy abundantes en cursos y conferencias, representadas mediante el gesto de acercar los dedos índice y mayor y hacerlos titiritear, mientras se enarcan discretamente las cejas. Las frases en suspenso, los "como hubiera dicho…" o la mera conclusión retórica, tampoco pueden faltar.

    A propósito, en una ocasión me gané un problema. Un colega, en torno a la mesa de un bar, realizó un intrincado análisis de una película y concluyó: "En medio de tanta frivolidad contemporánea, ¿A quién le importa todo esto?". Entonces emergió el muchacho de barrio, el de las matinés y el fútbol en la calle y le dije que, efectivamente, tenía razón, que a nadie le importaba. Como no estábamos en el barrio, apenas se hizo un silencio antes de pasar a otro asunto importante.

    De todos modos me llevó cierto tiempo superar, si es que lo he logrado, la adicción a los guiones, las comillas, los neologismos y las frases subordinadas. Como todo renegado, me cuesta guardar la compostura cuando los alumnos de la universidad parafrasean citas de citas de citas de Baudrillard y Lipovetsky.

    En 1996, el "caso Sokal" o "La broma o el engaño Sokal" (Sokal`s hoax), me resultó un inesperado regalo.

    Alan Sokal, profesor de física de la Universidad de Nueva York, publicó un artículo en la revista de la Duke University, Social Text, bastión de la izquierda postmoderna. Su título: "Transgrediendo fronteras: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica". Sokal apoyaba la tesis según las cuales "la realidad física, lo mismo que la realidad social, es fundamentalmente una construcción lingüística y social", por lo tanto todo intento de estudiar la realidad y buscar una cierta verdad es apenas un artificio de la propia ciencia -"todo es según el cristal con que se mire", dirían en el barrio-, y proponía una física "liberadora" que no se dejara intimidar por un respeto hacia los supuestos hechos objetivos.

    Unas doscientas citas y referencias apoyaban el trabajo. La Duke University contaba con dos premios Nobel de física que obviamente no fueron consultados. Sokal tuvo la precaución de publicar otro artículo en la misma fecha, pero en otra prestigiosa revista cultural (Lingua Franca, mayo/junio de 1996): "Un físico experimenta con los estudios culturales".

    "Lingua Franca", como "Social Text", se ocupaba de literatura, política, historia y filosofía, pero procuraba sacar las controversias intelectuales de la torre de marfil y ponerlas a disposición de un público educado, pero no necesariamente académico.

    En este segundo artículo Sokal explicaba que el primero era una broma, "un pastiche de jerga postmoderna, reseñas aduladoras, citas grandilocuentes y rotundo sin sentido", que se "apoyaba en las citas más estúpidas que había podido encontrar sobre matemáticas y físicas" hechas por algunos académicos tan célebres como Jacques Lacan, Jacques Derrida y Luce Irigaray.

    Por fin, Sokal escribió un tercer artículo donde explicaba las intenciones de lo publicado en Social Text. Se presentó a sí mismo como un izquierdista a la vieja usanza, aburrido y cansado "que cree ingenuamente que existen verdades objetivas acerca de ese mundo, y que mi trabajo consiste en descubrir algunas de ellas." Si la ciencia y la verdad se reducen a convenciones sociales donde todo vale, "¿Qué sentido tiene dedicar una vida a la ciencia?". Lo tituló "Transgrediendo fronteras: palabras posteriores", lo envió a la propia Social Text, pero lo rechazaron indignados. Los intelectuales suelen ser poco afectos a las bromas y son capaces de arruinarlas todas, como había constatado Chesterton, mucho tiempo atrás.

    En 1997 Alan Sokal editó con Jean Bricmont, un físico teórico belga de la Universidad de Louvain, el libro "Imposturas intelectuales". Allí se formulan una serie de advertencias muy útiles para prevenir a lectores de Jean Baudrillard, Paul Virilio, Jacques Derrida, Gilles Lipovetsky y sus seguidores.

    Estos autores se caracterizan por la indiferencia y desdén por los hechos y la lógica, una erudición superficial saturada de términos técnicos propios de las ciencias duras, pero afectados por un contexto incongruente e intoxicación verbal. Sokal y Bricmont les acusan de "utilizar el prestigio de las ciencias exactas para dar un barniz de rigor a su discurso."

    El golpe fue certero pero ineficaz. En los cuatro años siguientes la prensa más prestigiosa y no pocas revistas científicas, publicaron cientos de artículos debatiendo sobre el "Sokal`s hoax", pero los autores criticados siguen tan campantes en las bibliotecas y bibliografías universitarias. La revista "Lingua Franca", desapareció en el 2001, nadie la subsidiaba. En cambio, "Social Text" sigue publicándose al amparo de la Duke University.

    También es bueno decir que -aunque se amparen en rigurosas metodologías- los profesionales de las ciencias duras no están exentos de disparates, boberías, trivialidades e imposturas. Pero estas son otras historias.

    El País Digital
    http://www.elpais.com.uy/110115/predit-541119/editorial/alan-sokal-y-las-imposturas-intelectuales/

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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