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    miércoles, 18 de abril de 2012

    Definicion de Kitsch(Cursi,mal gusto,banalidad) de Robert Riemen.

    Kitsch Robert Riemen.

      Pero la ciencia como visión del mundo es una posición un tanto elitista. Si realmente queremos saber en qué pone su fe una amplia mayoría de nuestra sociedad, qué es lo que considera realmente importante, debemos ir a una tienda de revistas como las que hay en cada aeropuerto. Son el espejo perfecto de nuestra sociedad. Lo que encontramos en todas esas tiendas es esto:

    •  Una sección de computadoras y tecnología que indica cuánta fe tenemos en la tecnología y su progreso.

    •  Invariablemente, una sección de deportes y carreras que expresa algo de nuestra fe en la velocidad.

    Todo debe ser siempre más rápido por la sencilla razón de que ya no tenemos tiempo.

    3. No hay mucho que decir sobre la enorme sección dedicada al dinero y las finanzas. ¡Es nuestro poder supremo!

    4. Y no olvidemos la sección sobre estilos de vida, belleza, sexo y celebridades. Aparentemente, no podemos vivir sin el brillo exterior, sin la emoción, sin el entretenimiento.

    ¿Por qué tenemos tanta fe en estos valores, y por qué, según Nietzsche, sólo se trata de una forma de mala fe? Una vez más Sócrates puede ayudarnos. Alguna vez el filósofo comentó sobre una cierta visión del mundo: "pone sus miras en lo agradable, sin atender a lo mejor", 7 lo cual constituye una perfecta definición del kitsch. Por lo general, pensamos en el kitsch como arte malo o mal gusto pero, como el filósofo Hermann Broch ha explicado, el kitsch es una visión del mundo, una mala fe con sus propios valores. ¿Cómo es la cultura kitsch?

    Imaginemos una sociedad donde nuestra única meta sea lo agradable e ignoremos los valores absolutos de lo espiritual. A falta de absolutos, el primer resultado es la subjetividad total. Sólo existe mi ser individual y el resto de mundo gira en torno mío: lo que yo siento, lo que yo pienso, lo que yo soy. Ya que no puede haber nada más importante que mi ego, la actitud que se deriva de lo anterior es la que dice: "¡Debes respetar mi gusto; esta es mi opinión; debes respetar mis sentimientos; así soy yo!" No hay lugar para la crítica. En el marco de pensamiento de la subjetividad total -privado de cualquier identidad espiritual- la identidad se convierte en algo material. Debemos tener ese coche porque constituye lo que somos; o debemos tener ese reloj porque es la expresión de lo que somos; y lo mismo pasa con la ropa, las vacaciones, las casas, etcétera. Podemos comprar nuestra identidad, pues la identidad se expresa esencialmente en lo que tenemos .

    Como la vida del intelecto ya no es relevante, la meta primaria es sentirse bien . Y en el preciso instante en que ya no nos sentimos bien, alguien debe analizarnos y componernos, hacernos sentir bien de nuevo. Queremos estar enamorados, no podemos vivir sin ese mágico sentimiento de romance y deseo. Pero cuando el romance se termina, el amor se va. La religión también está ahí para hacernos sentir bien, para estimular los sentimientos religiosos, para darnos una sensación de armonía, de paz. Ignoramos el hecho de que ninguno de los profetas que sí encontraron a Dios no tuvo jamás una experiencia agradable. En la cultura ego- kitsch, el significado de las palabras es el que queremos que tengan, así que cada vocablo puede significar lo que sea. Las palabras ya no son mensajeras de verdad y sentido; se convierten en parloteo hueco. Tenemos talk shows que existen para entretenernos con... parloteo. La poesía, en la que cada palabra es importante y está llena de sentido, es sustituida por el parloteo, por las palabras huecas de periódicos y talk shows.

    En una visión del mundo que busca lo agradable no hay valores intrínsecos, todo es instrumental, todo debe ser útil. Así que no nos sorprenda ver que el arte aún importa, pero sólo en tanto propiedad, en tanto buena inversión o forma de entretenimiento. Y claro que tenemos amigos, siempre y cuando nos sean útiles. En la sociedad utilitaria de una cultura kitsch , la economía domina en la medida en que es mensurable, y el dinero es rey en la medida en que el valor instrumental por excelencia se ha convertido en la meta principal. Con dinero podemos comprar nuestra identidad, con dinero podemos comprar la felicidad, y entre más kitsch seamos, más dinero adquiriremos.

    Es sencillamente evidente que en el mundo kitsch falta una palabra: eternidad. Sin trascendencia ni absoluto, no hay eternidad. Todo lo que hay es finito y transitorio. Saber que la vida no es más que un momento tiene un impacto enorme. Si ya no tenemos tiempo, es porque el sentido de eternidad se ha ido y todo debe ser hecho, vivido y experimentado ahora. Así adquirimos también un profundo miedo a la muerte. De ahí el culto a la lozanía, la glorificación de ser joven, de la eterna juventud, y la total infantilización de nuestra sociedad.

    En el gran escape de la realidad, del aburrimiento y de la falta de sentido, otro aspecto acompaña al kitsch : el mundo de las drogas y el ruido. Hay un gigantesco aumento en los niveles de ruido, ruido en todas partes, de cualquier tipo; hay un miedo al silencio profundamente arraigado, adicción al parloteo, a los juegos, a la gratificación instantánea, al entretenimiento, todos ellos fenómenos que forman parte de la cultura kitsch.

    Y no existe política sin kitsch. La política debería ser la discusión sobre qué es una sociedad buena, pero en el mundo kitsch todo gira en torno a la imagen perfecta, a las mentiras útiles, y a si yo -he aquí el yo de nuevo- me puedo identificar con el candidato X o Y. La economía ya no está sólo en los negocios y la generación de bienestar, en el desarrollo sustentable, sino en el pensamiento meramente comercial, en el que la calidad es reemplazada por el criterio único de la cantidad. Lo mismo vale para la educación. Las universidades ya no existen para la búsqueda del conocimiento; están subordinadas al utilitarismo. Desde este punto de vista, las personas estudian para "estar bien informadas" y "mantenerse al día", para aprender la forma más fácil de obtener dinero. La educación ha hecho suya la tarea de formar personas "estándar", personas que, de ser posible, serán tan fáciles de utilizar y tan intercambiables como una moneda.

    En pocas palabras, el kitsch es el gran reductor de todo: la verdad se reduce a los hechos; el amor y la religión a la gratificación instantánea; el conocimiento a la información; el mundo a mi ego; la eternidad a un momento; el arte a una mercancía. Según mi definición, el kitsch es belleza sin verdad. Es tentador y parece atractivo debido a su belleza... pero es hueco. Pretende ser real, pero es kitsch. Y no entendemos lo suficientemente bien sus consecuencias. Cuando Joseph Brodsky, el gran poeta y ganador del Premio Nobel, pudo escapar del totalitarismo de la Unión Soviética y marchó hacia el exilio en Estados Unidos, se sintió profundamente conmocionado al ver lo que el mundo libre hacía con su libertad. Brodsky hizo la siguiente observación:

    Peor que la censura, incluso peor que la quema de libros, es la negligencia hacia la literatura, el no leer literatura. No se trata del destino de la cultura. Se trata del destino del ser humano. La poesía, el lenguaje de la literatura, es el único instrumento que tenemos para comprender y comunicar nuestras experiencias y emociones más profundas. Sin este lenguaje, las personas ya no podrán comunicar lo que yace en lo profundo de su ser. El único lenguaje que nos queda es el lenguaje corporal, que es por definición violento.

    Brodsky tiene razón, y debemos darnos cuenta de que hay una conexión inmediata entre la quiebra de las librerías independientes, la escasa lectura de poesía, la desaparición de la educación artística, el culto a la hombría en las películas de Clint Eastwood, Bruce Willis, Tom Cruise, etcétera, en las que un hombre de verdad mantiene la boca cerrada y se limita a asesinar, y las recientes masacres escolares. Quienquiera que sostenga la urgencia de mayor seguridad para evitar estas atrocidades es, o bien, hipócrita, o increíblemente estúpido. Hemos creado una situación en la que las personas ya no son capaces de expresarse con palabras, sólo con acciones.
    Todas las características de la cultura kitsch tienen un común denominador: la pérdida de la libertad espiritual, descrita magistralmente por Dostoievski en su novela Los hermanos Karamazov, en el célebre capítulo "La leyenda del Gran Inquisidor".

    Recordemos dónde se sitúa: Sevilla, España, siglo XVI; el apogeo del catolicismo. Es el día en que, "en honor a Dios", ¡un centenar de herejes serán enviados a la hoguera!, una ocasión a la que asisten el Rey, la corte, los caballeros, los cardenales y toda la población de Sevilla. Pero, de pronto, la gente reconoce a un extraño como Él -con E mayúscula. Él cura a un hombre ciego; un niño vuelve a la vida. El Gran Inquisidor, un cardenal de noventa años, también reconoce al extraño como el Cristo e inmediatamente ordena a sus guardias apresar a Jesús, cosa que hacen, entrenados como están para obedecer y seguir órdenes, y la gente lo acepta.

    Más tarde esa noche, el cardenal visita a Cristo en la prisión. Cristo no dice nada. Es el cardenal quien habla y culpa a Jesús por su regreso, mismo que, según este funcionario de alto rango de la Iglesia, terminará a la mañana siguiente, porque Jesús también será quemado como un hereje. ¿Por qué? Según Cristo, "no sólo de pan vive el hombre", y Cristo quiere que seamos libres. "¡Error!", le dice el Gran Inquisidor:

    "Eres un tonto, y nosotros, la Iglesia, hemos corregido tu enorme equivocación. Si las personas se ven forzadas a elegir entre la libertad espiritual y la satisfacción material, escogerán esta última. La gente -sostiene el cardenal- ¡odia la libertad! Quieren a alguien para que los gobierne y para venerarlo. La gente quiere deshacerse de su libertad tan rápido como sea posible. No desean libertad de conciencia, experimentan el conocimiento del bien y el mal sólo como una gran causa de sufrimiento. Lo más horrible que has hecho -le dice el cardenal a Cristo al tiempo que lo señala con el dedo- es exigir que la gente sea libre y tome sus propias decisiones en la vida. Esto pese a los tres poderes que te fueron ofrecidos en el desierto por mi verdadero héroe, el diablo: el milagro, el misterio y la autoridad. Con esos tres poderes podrías haber hecho feliz a la gente, pero, arrogante, ¡te negaste!" La amarga conclusión del cardenal es: "Hemos corregido tu obra, fundándola en el milagro (que es mucho más fácil de venerar), el misterio y la autoridad. A la gente le encanta obedecer porque esto los libera de la carga de la libertad y la responsabilidad. Ahora, con estos tres poderes, la Iglesia ofrece, ni más ni menos que la felicidad universal." 8

    La felicidad al precio de la libertad perdida: en eso consiste la mala fe.

    8. El texto entrecomillado no es el texto original de Fiodor Dostoievski en el Libro v, Capítulo v de Los hermanos Karamazov, sino una versión del diálogo narrada por el propio Riemen.
    ("Fé, ética y verdad en el siglo XXI" por Robert Riemen.)




    En Nobleza de espíritu (Dirección de Literatura, UNAM, DGE /Equilibrista), libro escrito a partir de conversaciones entre distintos personajes de la historia, Rob Riemen (Países Bajos, 1960) recupera el significado de palabras como verdad, nobleza de espíritu y conversación, en una sociedad narcisista donde la vida se reduce a los audífonos, a la computadora y los videojuegos que propician el aislamiento y el empobrecimiento del lenguaje. En el mundo de la actualidad, ¿cuál es el papel de los intelectuales?, se pregunta Rob Riemen, gran lector de los clásicos griegos, humanista en el sentido amplio del término. Rob Riemen es el fundador y director, junto con su esposa Kirsten Walgreen, del Nexus Instituut que fomenta el debate filosófico-cultural, y donde han participado como conferencistas Susan Sontag, J. M. Coetzee, Mario Vargas Llosa y George Steiner, entre otros intelectuales.

     
    El arte olvidado de la conversación

    Adriana Koloffon
    entrevista con Rob Riemen



    Fotos: Robert Goddyn

    – ¿Cuál es su propósito de reivindicar, en Nobleza de espíritu, la conversación en el sentido etimológico de esta palabra: cum (con) versare (examinar, meditar)?

    – Lo peor que se le puede hacer a alguien es no hablarle: esto es lo más grave que puede sucederle a una relación, no volver a hablar. Los seres humanos somos animales sociales con una necesidad constante de expresar nuestras emociones y experiencias; para eso necesitamos a alguien que nos escuche. Si nadie la escucha, el resultado es un grito análogo al del cuadro de Edvard Munich que denota un terrible desconsuelo, sentimiento que no tendría si alguien la escuchara. El segundo paso es que alguien comprenda sus emociones y experiencia. Por último –como intento mostrar en mi libro–, una noción antigua que me interesa rescatar es la búsqueda. Todos nos levantamos por la mañana, nos miramos al espejo y pensamos qué vamos a hacer con nuestro tiempo. La vida es una búsqueda ¿de qué? Del descubrimiento de la verdad. Sabemos lo que significa la verdad, sólo basta con escuchar.

    – En el libro presenta dos posturas opuestas sobre la verdad, de dos intelectuales en La montaña mágica, de Thomas Mann: la de Naphta y Settembrini...

    – La postura de Naphta es la de los fundamentalistas, trátese de religiosos o comunistas. Es una posición seductora porque hace la vida más fácil. La otra opción es que nosotros debemos encontrar la verdad y como nunca estamos completamente seguros de haberlo hecho, decidimos conversar sobre nuestras respectivas experiencias. Un buen ejemplo de ello es el final de la Ilíada, cuando el padre de Héctor le pide a Aquiles el cuerpo de su hijo, quien fue asesinado. Aquiles controla sus emociones y dice: sentémonos juntos, comamos juntos, te regresaré el cuerpo de tu hijo. Esta última transformación donde Aquiles se vuelve más humano implica un acto de sentarse a comer juntos, en suma, una comunión. El hecho de sentarse a comer juntos y platicar es un acto de humanidad. En nuestra sociedad la gente no se reúne más para desayunar o comer. Todo se reduce a una frase: “ve la televisión, come algo y ten un buen día”. En los restaurantes el ruido es excesivo. La gente le teme al silencio. Le hemos restado calidad a nuestras vidas.

    – En Lenguaje y silencio, George Steiner se refiere a la proliferación de palabras semejante al ruido que impide que éstas se transformen en la Palabra, ¿el significado?

    – Me da mucho gusto que mencione este libro, un clásico, creo que todos deberían leer. Es un libro de los sesenta o setenta donde Steiner escribe sobre las consecuencias de la mentira, de la propaganda y del ruido. Paul Celan, cuyos padres fueron asesinados por los nazis, ya había hablado acerca de la dificultad de expresarse en una lengua utilizada por los nazis. Sucede algo parecido con el parloteo, la charla vacía en nuestra sociedad. ¿Cuáles son las consecuencias de no creer más en el significado de las palabras? Si me dice: soy su amiga, pero esta palabra ha perdido su significado, ¿cómo podemos ser amigos? Usted me dice: “confíe en mí”. Pero si la palabra confianza ya no significa nada, ¿cómo puedo confiar en usted? Steiner, Celan e inclusive Nietzsche han manifestado que el significado de las palabras es primero. Cuando los nazis invadieron Alemania, ¿qué hizo Thomas Mann? Empezó a escribir en su imaginación la historia de José y sus hermanos [a partir del Antiguo Testamento], y cómo descubrieron a Dios. Mann pensaba que su obligación como escritor era devolverle el significado a las palabras: ¿Cuál es el significado de la verdad? ¿Cuál es el significado de Dios? ¿Cuál es el significado de la fe? ¿Cuál es el significado del significado? Esto es en esencia lo que hacen los grandes poetas: Joseph Brodsky, Octavio Paz, Mandelstam, Borges: todos ellos comprendieron que hay algo sagrado en cada palabra. Debemos comprender al lenguaje para comprendernos a nosotros mismos y comunicarnos. Si no hay una presencia del significado en el lenguaje, perdemos nuestra humanidad y nos transformamos en animales. Quítele a la gente el lenguaje y sólo queda el lenguaje corporal evidente en las películas de James Bond o en Top gun, donde los hombres fuertes se callan y disparan. Es significativo que estas películas sean populares, puesto que reflejan nuestros ideales y nuestras creencias sobre lo que consideramos personajes ejemplares. Los asesinos en las escuelas son personas completamente aisladas que se sienten desconectados de su entorno, y la única forma en que son capaces de expresarse es disparando.

    – ¿A qué grado hemos degradado nuestra humanidad?

    – ¿Cuál es la finalidad del consumismo? Hacer de la gente un animal consumista: sólo come y compra, nada más. Este es un aspecto totalitario del capitalismo donde todo se reduce a una cosa: cómo se puede producir dinero. Y serás un buen amigo mío mientras seas útil para hacer dinero, y serás un buen empleado mientras me sirvas para hacer más dinero. Ya hemos visto las consecuencias de no ser capaces de sostener una buena conversación. Alguna vez un profesor me hizo la siguiente observación: en el Nuevo Testamento, nuestro amigo de Nazareth come todo el tiempo. Va de una cena a otra y si no hay vino, transforma al agua en vino. Toda su vida se la pasa comiendo. Aún en un ámbito religioso es de suma relevancia el hecho de sentarse a comer juntos.

    – ¿Cuál es el papel del intelectual en la sociedad de la actualidad?

    – En el ultimo capítulo de Nobleza de espíritu abordo el tema del papel de los intelectuales. Tener la oportunidad de levantarse por la mañana, leer libros y escribir es una posición privilegiada en nuestra sociedad. ¿Cuál es el propósito de ser un intelectual? ¿Para qué darle la oportunidad a la gente de ir a la universidad y estudiar literatura? El único objetivo puede ser, como lo dijeron mis héroes Sócrates y Thomas Mann, la importancia de que en cada sociedad, donde la gente se dedica a distintos trabajos y tiene diversas responsabilidades, haya un grupo de personas con la capacidad de ejercer la crítica y de distinguir entre el bien y el mal, entre lo falso y lo verdadero. También para vigilar cuáles son los valores más altos de la vida. Las obras maestras del arte necesitan una interpretación. ¿Por qué el totalitarismo aniquila primero a los intelectuales? Porque representan las posturas disidentes necesarias en una sociedad. Mi desacuerdo en relación con los puntos de vista de algunos intelectuales en torno a los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York fue que, en mi opinión, justificaban algo que jamás justificaré: el asesinato. Quienes utilizan la violencia se expulsan a sí mismos de la sociedad. Nunca habrá una justificación para matar a 3 mil personas inocentes. Después de escuchar a los intelectuales que no fueron capaces de establecer una distinción entre el bien y el mal, pensé: ¿Cómo puedo continuar siendo un escritor? ¿Cómo puedo decirle a la gente que lea libros, que escuche música? Así que decidí regresar a la historia, a Thomas Mann, quien vivió el mismo fenómeno. En La montaña mágica introduce a intelectuales muy renombrados que eran absolutamente fascistas. En mi libro presento el debate entre Camus y Sartre, y uno de los problemas es que la traición de los intelectuales siempre proviene de una politización de la mente. Cuando la realidad se reduce a una postura política sólo hay dos opciones: derecha o izquierda, progresistas o conservadores. El fin de la amistad entre Sartre y Camus aconteció cuando Camus dijo: suficiente, me rehúso a emitir una verdad y un juicio moral sobre política, y esto lo hizo no porque se hubiera vuelto conservador; no era religioso, sino agnóstico. El papel de los intelectuales es el del outsider, ser crítico con lo que sucede en el mundo del poder porque siempre hay un elemento destructor en éste.

    – ¿Es imprescindible la nobleza del espíritu, noción en boga durante el siglo XVI?

    – En Nobleza de espíritu escribo sobre este concepto. Elisabeth Mann –la hija de Thomas Mann–, quien era mi amiga, me alentó a escribir el libro y me recordó lo que su padre dijo: la nobleza del espíritu es la única corrección para la historia de la humanidad. Si ésta es una historia de guerras, de violencia y de asesinatos, Mann pensaba que sólo la nobleza de espíritu puede corregir al alma humana. Es un ideal aristocrático y democrático a la vez, porque no se necesita dinero ni talento especial para vivir la vida con nobleza de espíritu. Todo mundo puede hacerlo. Todo mundo debe hacerlo. La búsqueda –y regreso al inicio de nuestra conversación– tiene por finalidad saber: ¿qué puedo hacer con mi vida?, de modo que al final de mi vida sea capaz de decir: está bien, hice lo que tenía que hacer, le di calidad a la vida, a la mía y a la de otros. Es lo que Sócrates afirmaba: cuidar de la propia alma. Y Spinoza: debemos volvernos libres. Vivir en una sociedad libre implica sobrepasar nuestros miedos, nuestros prejuicios, nuestra estupidez, nuestros deseos. Estas nociones de Sócrates y de Thomas Mann fueron escritas para nosotros, no para los políticos, ni para los académicos, ni para los ricos ni las celebridades.

    – ¿Cree que la crisis actual del capitalismo producirá un cambio espiritual?

    – Esta es una llamada de alerta. Durante su juicio, Sócrates le dice a la gente que lo quiere mandar asesinar: no voy a cambiar mi vida, seguiré practicando la filosofía y yo les digo, amigos, que si ustedes gastan su tiempo haciendo dinero y no tienen tiempo para ocuparse de su alma, están cometiendo el error más grande de sus vidas. Lo dijo hace 2 mil 500 años. Sócrates podría decir lo mismo ahora en Wall Street, en Nueva York. La diferencia es que debemos preguntarnos: ¿cómo es posible que los gangsters de Wall Street fueran nuestros héroes? Se publicaban sobre ellos largos artículos en las revistas y lo que hicieron fue sólo espuma que no era trabajo real. La especulación no es ningún tipo de trabajo. El dinero es un instrumento, no un fin. Así que creo que todos somos culpables de crear esta situación. Nos engañamos a nosotros mismos. Todavía no podemos ver las consecuencias que serán severas en todo el mundo. La primera lección es: hacer dinero nunca debe ser el principal objetivo de nuestras vidas. Si comprendemos esto, será un gran paso, mucho más grande que preocuparse sobre las posibilidades de Obama de ser electo presidente, porque esto nos concierne a todos. Si ahora no comprendemos las causas de estas consecuencias, sucederán cosas mucho peores: pobreza, resentimiento, violencia.

    – ¿Nos queda alguna esperanza?

    – Claro que hay esperanza. Mucha. No estamos perdidos en la historia. Todos somos responsables de ello, podemos cambiar nuestras vidas. Haremos las cosas de un modo distinto. Puede ser un pequeño paso, aunque muy significativo, el hecho de que cada quien empiece por cambiar su propia vida. Si todos aceptamos nuestra responsabilidad, ya sea que nos dediquemos a administrar un hotel o a hacer negocios o al periodismo, no importa qué hagamos, podríamos empezar el cambio desde ahora. No necesitamos una revolución.

    http://www.jornada.unam.mx/2008/11/16/sem-adriana.html

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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