jueves, 19 de abril de 2012

Gore Vidal: el orgullo,entrevista y otros textos


Ha firmado algunas de sus obras con los seudónimos Edgar Box, Cameron Kay o Katherine Everard; es un polemista contumaz y un ensayista pródigo, crítico mordaz del sistema de vida norteamericano; es un tipo rarísimo, un hombre irónico, extremo, punzante, tenaz censor del imperialismo y de la política antiterrorista de Estados Unidos. Para algunos, sus novelas, guiones de cine y obras de teatro son muchas y flojas u horribles; para otros, es uno de los escritores norteamericanos más importantes del siglo XX. Sus ideas políticas de reformista radical le granjearon la antipatía de buena parte de la sociedad de su país, ese país del que es un incomparable observador de su reverenciado pasado, de su desvalorizado presente y de su poco prometedor futuro. Quien cosecha opiniones tan dispares como contundentes es autor de una respetable carrera literaria conformada por algo más de veinte novelas, una docena de guiones cinematográficos y televisivos, otras tantas obras teatrales y una treintena de ensayos. Se trata de Gore Vidal (1925), escritor nacido en West Point, Nueva York, en el seno de una familia aristocrática del sur de Estados Unidos. Pasó gran parte de su niñez en Washington, donde estudió en las exclusivas Sidwell Friends School y St. Albans School. Pasó luego por la Phillips Exeter Academy de New Hampshire y posteriormente se alistó en el cuerpo de reservistas del ejército durante la Segunda Guerra Mundial. Publicó su primera novela, "Williwaw" cuando tenía diecinueve años, pero sería tras la aparición de "The city and the pillar" (La ciudad y el pilar de sal) -calificada por los sectores más conservadores como "basura obscena y perversa" (dada la condición de homosexual de su protagonista) pero alabada por los críticos- que Vidal obtuvo su primer suceso editorial. La publicación en 1950 de la novela "Dark green, bright red" (Verde oscuro, rojo brillante), supuso el comienzo una larga serie de trabajos cuyo trasfondo es el poder de ciertos grupos y las maquinaciones de las instituciones políticas de su país. Esto se vio reflejado, por ejemplo, en los ensayos "Decline and fall of the american empire" (Decadencia y caída del imperio americano), "Perpetual war for perpetual peace" (Guerra perpetua para una paz perpetua) e "Imperial America. Reflections on the United States of Amnesia" (América imperial. Reflexiones sobre los Estados Unidos de la Amnesia). Aunque centró principalmente su actividad en la ensayística, escribió una serie de siete novelas históricas -una crónica sustancial sobre los Estados Unidos- compuesta por "Burr", "1876", "Lincoln", "Empire" (Imperio), "Hollywood", "Washington D.C." y "The Golden Age" (La Edad de Oro); y otras de carácter despiadadamente satírico como "Myra Breckinridge", "Kalki", "Duluth", "Myron" y "The Smithsonian Institution" (La Institución Smithsoniana). Gore Vidal ha sostenido que la precipitación y la superficialidad son las enfermedades psíquicas del siglo XX: "en este mundo todo aquello que proporciona placer es automáticamente tildado de pecado y merecedor de la condena". Tal vez pecando de inmodestia, escribió sobre el orgullo para la serie del "The New York Times Book Review" sobre los pecados capitales.

ORGULLO

El orgullo, ¿es pecado? El Diccionario de Oxford lo define con su estirada formalidad inglesa: "Opinión superior y altanera que tiene una persona de sus propias cualidades, logros o posesiones". Ser tachado de orgulloso resulta, por lejos, la mayor humillación en esas brillantes y áridas islas donde la ignorancia debe ser exhibida con discreción. Al parecer, los romanos y los griegos tenían otras palabras para referirse al orgullo, de ninguna manera peyorativas. Odiseo, el griego arquetípico, se jactaba de ser el más inteligente de todos. Por supuesto, ni los griegos ni los romanos tenían una palabra para designar al pecado, concepto judeo-cristiano para el cual los alemanes sí tenían una palabra, "sunde", que el inglés antiguo incorporó como "syn". Es obvio que una persona altanera resulta pesada en cualquier tiempo y lugar, pero de seguro la risa es el mejor tónico para devolver a cualquiera a su nivel común. No es necesario rezar por él, ni castigarlo, por pecador. No obstante, el orgullo se incluye como el primero de los siete pecados capitales, y hace muy poco -por accidente, no por decisión- me di cuenta de por qué.
Siempre me... me enorgullecí de no leer extractos de mi propia obra en público, ni de aparecer con otros escritores en actos públicos, ni de afiliarme a organizaciones, excepto los sindicatos. En 1976, cuando me nombraron miembro del Instituto Nacional de Artes y Letras, de inmediato decliné tal honor aduciendo que ya era miembro de Diners Club. John Cheever se puso furioso conmigo: "Por lo menos, podrías haber dicho que eras miembro de Carte Blanche. Diners Club es vulgar". Hace un par de meses decliné a la elección como miembro de la Sociedad de Historiadores de los Estados Unidos; espero haberlo hecho de manera cortés.
El lema de James Joyce, "silencio, exilio y astuta destreza" es la culminación del orgullo artístico. Sin embargo, para quien tiene proclividad política, eso no sería posible. Aun siendo escritor, uno se sentiría muy solo si no fuera un ciudadano comprometido. Hace poco, Norman Mailer me preguntó si quería unirme a él y a otros dos escritores para la lectura de "Don Juan en los infiernos" de Ceorge Bernard Shaw. Lo recaudado iría al Actors Studio. Yo leería la parte del diablo, que es la que tiene las mejores líneas. De modo que, por caridad -¿o vanidad?- hice a un lado mi orgullosa regla y compartí el podio con tres escritores y el pálido fantasma de otro gran escritor. Pálido porque Shaw sólo atrae a quienes piensan que la sociedad humana puede ser mejorada a fuerza de voluntad e inteligencia humanas. Yo pertenezco al partido de Shaw, y también al del diablo, según descubrí cuando empecé a imbuirme de mi parte.
En un discurso muy largo, el diablo se justifica de manera harto atractiva; explica, también, que la mala prensa que ha recibido proviene de las hordas celestiales y sus admiradores terrenales. El diablo cree que la mala opinión de la que goza en Inglaterra es el resultado de un italiano y un inglés. El italiano, por supuesto, es Dante, y el inglés es John Milton. De manera algo gratuita, el diablo de Shaw observa que, como todo el mundo, nunca ha logrado terminar de leer "El paraíso perdido" ni "El paraíso recobrado". Si bien yo tuve mis problemas con el segundo, el primero es una obra maestra de nuestro idioma, y Lucifer, el Hijo de la Mañana, brilla de manera muy a trayente, mientras que Dios parece más arbitrario y más lleno de amor propio que nunca, ansioso, con orgullo solipsista, por oír sólo alabanzas de los coros angélicos y de esas dos tortas de barro, Adán y Eva, con las que a El le gustaba jugar.
La idea fantástica de Milton es que el orgulloso Lucifer, ángel aburrido, tienta a Adán y Eva con la única cosa que un gobernante totalitario debe ocultar a sus esclavos: el conocimiento. De manera más bien sorprendente, la primera pareja elige el conocimiento, o, mejor dicho, es ella quien lo elige. Perdamos el Paraíso; vayamos a procrear y a morir. Mientras tanto, Lucifer y su bando, expulsados del cielo, caen y caen y caen a través del Caos y la Noche Eterna hasta llegar al fondo, que es el infierno. Aquí podremos reinar seguros, y en mi decisión por reinar, aunque sea en el infierno, vale la ambición: mejor reinar en el infierno que servir en el cielo. Oí por primera vez estas palabras en 1941, pronunciadas por Edward G. Robinson en la película "El lobo del mar", basada en un relato de Jack London. Fue como una descarga eléctrica. La gran alternativa. No puedo hacer otra cosa. Optar por el brillante mundo. Reinar y no servir. Decir "no". Tal fue mi introducción a Milton y al orgullo de Lucifer.
Me crié en una familia sureña librepensadora en la que el orgullo por el clan podía conducir a toda suerte de locuras, al mismo tiempo que a sacrificios ejemplares. Mi bisabuelo estuvo sentado un día entero en la escalinata de los tribunales de Walthall, en el estado de Mississippi, debatiendo si luchar con el resto del clan en una guerra civil que sabía muy bien no podría ganarse, y por una causa que despreciaba. El orgullo requería que luchara con su clan; cayó en Shiloh. Cincuenta años después, en el Senado, su hijo desafió al líder de su partido, el presidente Woodrow Wilson, en la cuestión de si los Estados Unidos debían o no entrar en la Primera Guerra Mundial. La Cámara de Comercio de Oklahoma City le envió un telegrama en que le decía que si no apoyaba la guerra se convertiría en ex senador. El les envió otro telegrama: "¿Cuántos de sus miembros están en edad de ser reclutados?". Se quedó sin cargo, tal cual le habían prometido.
Hay un olorcillo a sulfuro aquí, quizá, pero también está la idea de que cada uno es el juez final y definitivo de lo que debe hacerse, a pesar de las seductoras tentaciones y severos edictos de los dioses. En ausencia de un dios celestial o un gobernante terrenal totalitario, siempre existe la molesta dictadura de la mayoría estadounidense, que Tocqueville vio como oscuro reverso de nuestra "democracia".
Muy de acuerdo con la tradición familiar, en 1948 me encontré en contra de la corriente de las locas supersticiones de la mayoría con respecto al sexo, lo que me costó una buena caída: el crítico permanente del "The New York Times" no sólo no hizo una reseña bibliográfico-crítica de mi transgresora novela "La ciudad y el pilar de sal", sino que además le informó a mi editor que nunca volvería a leer, y mucho menos a comentar, un libro mío; mis seis libros siguientes fueron ignorados por ese diario. Pero el orgullo requería que yo me mantuviera en mis trece, y si la masa supersticiosa -o el gran Zeus mismo- desaprobaba, yo tomaría una actitud más rebelde aún y seguiría cayendo. Comprensiblemente, para la amedrentada mayoría, el orgullo es el "pecado" más enervante, porque el orgullo los desprecia tanto como Lucifer despreciara a Dios.
Es significativo que una historia que aparece en cultura tras cultura sea la del hombre que roba el fuego del cielo para beneficiar a la raza humana. Después que Prometeo robó el fuego para nosotros, terminó encadenado a una roca, mientras que un águila le roía eternamente el hígado. La venganza de Zeus es terrible, pero el Prometeo de Esquilo no se doblega; de hecho, maldice a Zeus y predice: "Que ejecute su orden, que reine durante su corto tiempo, tal cual sea su voluntad, porque no reinará mucho tiempo sobre los dioses".
Por eso, exaltemos al orgullo cuando desafía aquellos dominios y poderes que nos esclavizan. En mi propio caso, durante un cuarto de siglo me he rehusado a leer el "The New York Times", y mucho menos escribir para él; pero, como también observa, en forma algo críptica, Prometeo: "El tiempo, que se vuelve siempre más viejo, enseña a todas las cosas". O, como comenta el Dr. Johnson al reflexionar sobre el Evangelio según San Mateo: "El orgullo debe tener su caída". Lo que prueba que era lo legítimo y no una mera imitación.
http://eljineteinsomne2.blogspot.com/2012_02_01_archive.html
Gore Vidal


“El estilo es saber quién eres, qué quieres decir  y que no te importe un pimiento hacerlo”.

“Style is knowing who you are, what you want to say, and not giving a damn“.

Gore Vidal es un escritor postmodernista, ensayista y guionista estadounidense, además de activista político que ha criticado mordazmente el sistema de vida americano, the American way of life.

Biógrafo oficioso de los Estados Unidos
- Susana Yappert - syappert@ciudad.com.ar

Eugene Luther Vidal (su nombre verdadero) nació en 1927 en la Academia Militar de West Point y pasó su infancia en Washington DC. Su apellido es un apellido de poder. Primo del ex candidato presidencial Al Gore, nieto del famoso senador Thomas Gore y él mismo candidato dos veces a ese cargo por el Partido Demócrata, sacando en 1960, 70.000 votos más que el futuro presidente Kennedy, de quien fue asesor, amigo y cuñado puesto que era hermanastro de Jackie Bouvier.
Cuando tenía 10 años, sus padres se divorciaron, se fue a vivir con su abuelo y cultivó una pésima relación con su madre. Desde muy pequeño encontró motivos para la trasgresión, quemaba objetos, robaba relojes y se negó a ser educado en Harvard como su familia se lo había impuesto. De hecho es un autodidacta que no asistió ni a ésa ni a ninguna universidad, aunque fuera conferencista en varias.
Admite que su "debut sexual fue a los 11 años". Su primer amor fue Jimmy Trimble, se conocieron en el internado de Saint Albans en Washington cuando tenían 12 años. Jimmy murió en 1945, combatiendo contra los japoneses. En su libro autobiográfico, Palimpsest, confesó que después de esta tragedia sólo se dedicó a cultivar "un millar de breves y anónimas relaciones" hasta 1950, año en que conoció a su actual pareja, Howard Austen. Y aunque Gore confiesa que "el sexo no ha jugado ningún papel en esta relación", puesto que hay que separar el afecto del placer sexual, ambos reservaron una fosa juntos en un cementerio de la capital estadounidense, lindante a la tumba del antiguo amor de Vidal.
Aun así, hace décadas que vive con Howard, a quien dejará todo su dinero. Una relación soldada con una fórmula extraña si atendemos a los comentarios del Vidal público: "Uno no se casa con quien ama", "todos somos bisexuales" o "siempre estuve "más interesado en lo que pasa en el Congreso de mi país que en el sexo".
Arrogante, vanidoso y asiduo invitado en los media de EE. UU., no deja de ser un americano. En realidad jamás reniega de ello, aunque sí se ocupa de decir que él es un norteamericano diferente, de alta sociedad. Siente su orgullo de clase, y se le nota.
De un modo u otro, Gore Vidal estuvo muy cerca de las figuras que han definido los EE. UU. del siglo XX. Y se siente el hombre autorizado para hablar de su clase dirigente.
Vidal, un apellido de poder

"El sexo es política"

El habló abiertamente de su homosexualidad cuando pocos se atrevían a hacerlo, y apuntó a la excesiva e hipócrita moralina norteamericana. Pero su gusto por los hombres no fue revelado nada más que para desafiar a su aristocrático entorno.
Instaló el debate de la sexualidad de un modo muy peculiar. "El sexo es política" -avanzó- y con esta frase construyó uno de los ejes vertebrantes que le servirían para contar la historia de su país. Su Contrahistoria.
Así fue que se ocupó de la homosexualidad de George Washington, o de la de Abraham Lincoln, al tiempo que metió la sospecha sobre las preferencias sexuales de Richard Nixon o del senador McCarthy, entre otros. Convengamos que haber sostenido que los padres de la patria fueron gays no fue poca cosa. Las enemistades llegaron como abejas al polen y en términos prácticos comenzó a tener dificultades para publicar en su país. Pero no apagó su ponzoñosa pluma. Siguió y se ocupó uno por uno de los miembros del panteón patrio hasta llegar al calenturiento Bill Clinton, quien -en una actuación patética ante su familia y ante el pueblo norteamericano- tuvo que pedir disculpas públicamente por haber tenido "relaciones impropias" con una pasante de la Casa Blanca.
"El sexo es política", repitió entonces.
Sus detractores intentaron banalizar sus comentarios, acusándolo de estar "obsesionado por el sexo como todo gay", tal como acusó una revista norteamericana alguna vez. Pero sus revelaciones no fueron triviales y mucho menos comentarios maliciosos de marica. El sexo le sirve a Vidal para hacer centro en uno de sus núcleos temáticos, donde abrevan dos cuestiones centrales de su derrotero intelectual: la moral norteamericana y la sexualidad.
La sexualidad como problema y como camino que conduce al conocimiento del americano medio. Esa misma estrecha moral que -en parte- lo forzó a una suerte de exilio en Italia, donde vive desde hace más de 30 años.
Gore Vidal es un escritor prolífico y multifacético. Ensayista, teatrólogo, guionista de célebres filmes de Hollywood (como Ben Hur), novelista e historiador. Cuando tenía 21 años se editó su primer libro, "Williwaw", y cuando cumplió 23 publicó la que se considera la primera novela gay norteamericana: "La ciudad y el pilar de sal" (1948).
Años más tarde hizo la primera de sus ocho novelas históricas, "Juliano" (1964), y luego editó un texto que fue best-séller, "Myra Breckinridge", la historia de un transexual.
Su libro "Sexualmente hablando" (1999) es una de sus piezas más acabadas en lo que a sexualidad se refiere. Allí pasa revista a las ideas que han atravesado a esta problemática durante los últimos 40 años. Cuestiona la religión y las leyes de entrometerse en la vida privada de los individuos, como a todos los conservadores que se han empeñado en sostener ideas "policíacas" en torno del sexo. Afirma respecto del sexo que la única norma debiera ser la ausencia de toda norma y denuncia que el "80% de la actividad sexual en EE. UU. tiene que ver con la regulación de nuestra moral privada".
Considerado por muchos uno de los principales intelectuales defensores de la causa gay, es también un viejo defensor de cualquier orientación sexual y de la pornografía.

Contra el Imperio

Otra de las obsesiones de Gore Vidal es el poder. Hay una serie de ensayos que lo incluyen que se inaugura con "Patria e Imperio" y se cierra con "Dreaming War" (2003) y una serie de novelas que tocan el corazón político americano que incluye "Crónica Americana", "Lincoln", "Empire" y "Washington DC".
Su Contrahistoria de los EE. UU. culmina -como no podía ser de otro modo- con los atentados a los EE. UU. Vidal desarrolla una hipótesis conspirativa que una vereda de críticos calificó de "hereje" y otra vereda decide si ignora o se somete a la ley de la demanda. El texto ya es best-séller. Y ya es una patada en donde más duele a la administración Bush. El escritor directamente acusa al gobierno no sólo de haber estado en conocimiento de la realización de los atentados, sino de su responsabilidad en el conflicto entonces desatado a nivel planetario.
Vidal siempre se siente muy cómodo ante una cámara encendida. Le encanta el show. Y cada vez que puede denuncia ante los medios masivos la ilegitimidad del gobierno de George Bush. Para él, el actual presidente de los EE. UU. arrebató el triunfo a quien había obtenido la mayoría de votos, y extiende su ácido al Tribunal Supremo, que manifestó en la puja su total adhesión a la "extrema derecha" encarnada hoy en el clan de Texas.
"No hay que esconderse ante las verdades incómodas -dijo- y no hay que subestimar nunca las posibles consecuencias. Nosotros seguimos sufriendo los efectos de viejas decisiones, que garantizaron un imperio concentrando el poder en manos de potentados e intocables: piense en la sentencia de la Corte Suprema dictada en noviembre del 2001, que ignoró el veredicto popular adjudicando la presidencia al derrotado. Una decisión puramente imperial... La política norteamericana -señala- es básicamente un asunto de familia, como en la mayor parte de las oligarquías. Cuando se le preguntó al padre de la Constitución, James Madison, cómo demonios podía el Congreso hacer algo de provecho si el país tenía ya 100 millones de habitantes y sus representantes elegidos pasaban de medio millar, Madison respondió: "No hay que preocuparse, la ley de hierro de la oligarquía siempre prevalece". Esos padres fundadores, que tanto nos gusta citar, sentían tal terror y aborrecimiento por la democracia que se inventaron el Colegio Electoral para sofocar la voz del pueblo de la misma forma que el Tribunal Supremo ha sofocado la de los votantes de Florida en la última elección presidencial...".
Luego de los atentados a las Torres Gemelas dice una y otra vez "no entiendo cómo todavía tenemos la desvergüenza de hablar y hablar de democracia". El episodio -según él- fue un bumerán y desenmascaró la personalidad total del presidente. Cuando Bush pidió plenos poderes no osó compararlo con Hitler y advirtió sobre el debilitamiento de los poderes de los ciudadanos bajo un "estado policial". "¡¡¡Qué horror -vociferó- darle plenos poderes a esa gente...!!!".
Estas respuestas dadas por el Estado norteamericano al terrorismo -señala- sólo precipitan a la república en "otra fase de destrucción progresiva, donde nuestra forma de democracia es el soborno, a la mayor de las escalas... No somos una democracia y no tenemos nada que ofrecer al mundo en lo que se refiere a ideas políticas o a medidas políticas...".
Obviamente siempre fue un crítico feroz al respaldo de EE. UU. a Israel y condenó las invasiones sucesivas de EE. UU. a Afganistán e Irak: "No se me ocurre que pueda salir nada bueno de un país que se siente tan en posesión de la verdad que está dispuesto a imponer, de grado o por la fuerza, su sistema de vida al resto del mundo".
Se ganó los calificativos de "antisemita", "proterrorista " y "antipatria", adjetivos que no le quitan para nada el sueño a quien gusta patear el avispero. Pero el ataque de Gore no es sólo saña con padre e hijo Bush. Su participación activa en la política y desde su tribuna de intelectual siempre dijo lo mismo: "No provoquemos. Ese es el mensaje que yo creo que debo transmitir acerca de la política de EE. UU. El problema está en la provocación permanente en la que incurre EE. UU., que en general no obedece más que a la más completa ignorancia... Yo soy un protestante auténtico, así que protesto por tanta ignorancia. Y ésa es mi opinión, nada popular, desgraciadamente...".

De cómo los estadounidenses llegamos a ser tan odiados 
- Entrevista a Gore Vidal - Por Marc Cooper
Weekly (5-11 de julio de 2002) -
Tomado de Resumen Latinoamericano 165, agosto 17 de 2002
Escritor prolífico, legendario crítico de la sociedad estadounidense y gran conocedor de la historia y del sistema político de su país, Gore Vidal piensa que ha llegado la hora de que "echemos para atrás el imperio": "No le está haciendo bien a nadie. Nos ha costado billones de dólares, lo cual me hace pensar que solito se va a reducir, no va a haber suficiente dinero para mantenerlo".


Amigo de presidentes, directores de cine y artistas, además de pariente de miembros de la elite estadounidense, Vidal no ha dejado de escandalizar a los poderosos de su país desde hace cinco décadas. El título de su último best-seller da una idea de la razón: La guerra perpetua para la paz perpetua: de cómo llegamos a ser tan odiados.


Puede que sea el último republicano con "r" minúscula de Estados Unidos. Gore Vidal, ahora de 76 años, ha dedicado su vida a criticar los impulsos imperialistas de Estados Unidos y -a través de dos docenas de novelas y cientos de ensayos- ha argumentado tempestuosamente que Estados Unidos debería de retroceder a sus raíces más jeffersonianas, que debería de dejar de meterse en los asuntos de otras naciones y en los asuntos privados de sus propios ciudadanos.


Ese es el hilo que corre a través del último best-seller de Vidal –una extraña recopilación de ensayos, publicada tras el 11 de septiembre, titulada La guerra perpetua para la paz perpetua: de cómo llegamos a ser tan odiados. Para contestar a la pregunta respecto al subtítulo, Vidal propone que no tenemos ningún derecho a rascarnos la cabeza sobre lo que motivó a los perpetradores de los dos mayores ataques de terror en nuestra historia, el bombardeo de 1995 en la Ciudad de Oklahoma y el holocausto de las torres gemelas del pasado septiembre.


Vidal escribe: "Es una ley de la física (aún estaba en los libros la última vez que consulté) que en la naturaleza no hay acción sin reacción. Lo mismo parece ser verdad en la naturaleza humana -esto es, en la historia-". La "acción" a la que Vidal se refiere es al exceso de confianza de un imperio estadounidense en el extranjero (ejemplificado con un cuadro de 20 páginas con 200 aventuras militares en el exterior desde el fin de la Segunda Guerra Mundial) y un floreciente Estado policiaco en casa. La inevitable "reacción", dice Vidal, es nada menos que las sangrientas obras de Osama bin Laden y Timothy McVeigh. "Cada uno estaba enfurecido", dice, "por los imprudentes asaltos de nuestro gobierno hacia otras sociedades" y hacia la propia sociedad estadounidense, y, por lo tanto, los "provocaron" y respondieron con horrenda violencia. Algunos podrían tomar lo anterior como una sugerencia de que Estados Unidos podía haber esperado que sucediera el 11 de septiembre. Así que cuando me encontré con Vidal en la casa que mantiene en Hollywood Hills (aún reside la mayor parte del tiempo en Italia), la primer pregunta que le hice fue:  

Marc Cooper: ¿Estás argumentando que, de alguna manera, los 3 mil civiles que murieron el 11 de septiembre merecían su destino?

Gore Vidal: No creo que nosotros, el pueblo estadounidense, merecíamos lo que sucedió. Tampoco nos merecemos el tipo de gobierno que hemos tenido en los pasados 40 años. Nuestros gobiernos nos han acarreado esto por sus acciones en todo el mundo. Tengo una lista en mi nuevo libro que le da una idea al lector sobre lo ocupados que hemos estado. Desafortunadamente, sólo recibimos desinformación de The New York Times y otros lugares oficiales. Los estadounidenses no tienen idea de la magnitud de las travesuras de su gobierno. La cantidad de ataques militares que hemos llevado a cabo en contra de otros países sin haber sido provocados, desde 1947-48, asciende a más de 250. Se trata de ataques mayores en todos lados, desde Panamá hasta Irán. Y ni siquiera es una lista completa. No incluye los lugares como Chile, ya que esa fue una operación de la CIA. Sólo enumeré los ataques militares. A los estadounidenses, o no se les dicen estas cosas o se les dice que los atacamos porque ... bueno ... Noriega es el centro de todo el narcotráfico mundial y tenemos que deshacernos de él. Así que matamos algunos panameños en el camino. De hecho, matamos a bastantes. Y enviamos nuestra Fuerza Aérea. Panamá no tenía una fuerza aérea. Pero se veía bien tener a nuestra Fuerza Aérea ahí, ocupada, volando en pedazos a los edificios. Después secuestramos a su líder, Noriega, un ex hombre de la CIA que trabajó fielmente para Estados Unidos. Lo arrestamos. Lo llevamos a juicio en una corte estadounidense que no tiene jurisdicción sobre él y lo encarcelamos -nadie sabe por qué-. Y se suponía que eso iba a finalizar el comercio de las drogas porque lo habían satanizado en The New York Times y en el resto de la prensa imperial. [El gobierno] se aprovecha de la relativa inocencia de [los estadounidenses] o, para ser más precisos, de la ignorancia. Probablemente por eso, desde la Segunda Guerra Mundial no se ha enseñado geografía -para mantener a la gente en la oscuridad sobre dónde estamos haciendo estallar cosas-. Porque Enron las quiere hacer estallar. O Unocal, la gran compañía de gasoductos, quiere que tenga lugar una guerra en algún lugar.

"Y la gente en los países que son receptores de nuestras bombas se enojan. Los afganos no tenían nada que ver con lo que le pasó a nuestro país el 11 de septiembre. Pero Arabia Saudita sí. Parece que Osama estaba involucrado, pero realmente no lo sabemos. Cuando entramos a Afganistán para tomar el lugar y bombardearlo, le preguntaron a nuestro general en mando cuánto tiempo se tardarían en encontrar a Osama bin Laden. Y el general en mando se mostró sorprendido y dijo, bueno, pues esa no es la razón por la que estamos aquí. ¿Ah no? Entonces de qué se trataba todo esto? El asunto era que los talibanes eran personas muy, muy malas y que trataban a las mujeres muy mal, ves. No están en la onda de los derechos de las mujeres; y nosotros deberíamos de estar con Bush, porque él va a quitarle a las mujeres las burkas de las cabezas. Bien, pues de eso no se trataba. "De lo que en realidad se trataba -y no conseguirás esto en ningún lugar ahorita - es de arrebatar los recursos energéticos. Hasta ahora, el Golfo Pérsico ha sido nuestra principal fuente de petróleo importado. Fuimos allá, a Afganistán, no para atrapar a Osama y vengarnos. Fuimos a Afganistán, en parte porque los talibanes -a quienes habíamos instalado en la época de la ocupación rusa- se estaban volviendo demasiado locos y porque Unocal, la compañía californiana, había hecho un negocio con los talibanes que consistía en un gasoducto para obtener el petróleo de la zona del Caspio, la reserva más rica en petróleo en la Tierra. Querían obtener ese petróleo a través de un gasoducto que cruzara Afganistán hacia Pakistán a Karachi y de ahí trasladarlo en barco a China, lo cual traería enormes ganancias. La compañía que pudiera hacer el negocio haría una fortuna. Y verás que todas estas compañías se remiten a Bush o a [Dick] Cheney [el vicepresidente] o a [Donald] Rumsfeld [el secretario de Defensa] o a alguien más en la Gas and Oil Junta [la Junta del Petróleo y el Gas, se refiere al grupo que controla al gobierno (N.R.)], la cual, junto con el Pentágono, manda en Estados Unidos. "Habíamos planeado ocupar Afganistán en octubre, y Osama, o quien sea que nos pegó en septiembre, lanzó un ataque. Ellos sabían que íbamos para allá. Y esta era una advertencia para agarrarnos desprevenidos, desequilibrarnos. En este contexto se puede explicar por qué lo primero que hizo Bush después de que nos pegaron fue ir con el senador Daschle y rogarle que no se llevara a cabo una investigación del tipo que en cualquier país normal hubiera tenido lugar1. Cuando atacaron Pearl Harbor, en 20 minutos el Senado y la Casa Blanca ya tenían lista una comisión conjunta. Roosevelt les ganó, porque sabía por qué nos habían atacado, así que constituyó su propia comisión. Pero nada de esto debía salir a la luz pública, y no lo ha hecho".

Marc Cooper: Aun así, cuando uno lee el cuadro de las intervenciones militares en su libro y concluye que, efectivamente, el gobierno estadounidense es una "fuente de maldad" -por decir una frase-, ¿no puede concebir que también hay otras fuerzas malignas? ¿No puede imaginarse, por ejemplo, fuerzas de oscurantismo religioso, que actúan independientemente de nosotros y que pueden hacernos cosas malas, nomás porque son muy malvadas?

Gore Vidal: ¡Oh sí! Pero escogiste el grupo incorrecto. Escogiste a una de las familias más ricas del mundo -los bin Laden-. Son muy cercanos a la familia real de Arabia Saudita, lo cual nos ha metido en la trampa de actuar como el guardaespaldas de la familia real en contra del pueblo saudita -pero la familia real es más fundamentalista que el pueblo-. Así que estamos lidiando con una entidad poderosa, si se trata de Osama. "Lo que no es cierto es que gente como él nomás aparece de la nada. El estadounidense promedio piensa que regalamos miles de millones [de dólares] en ayuda al extranjero, cuando, de entre los países desarrollados, somos los que menos aportamos. Y la mayor parte de lo que damos se destina a Israel y un poco a Egipto.

"Estuve  en Guatemala cuando la CIA estaba preparando su ataque al gobierno de Arbenz [en 1954], quien fue un presidente electo democráticamente, ligeramente socialista. Su Estado no tenía ingresos; su mayor creador de ingreso era la United Fruit Company. Así que Arbenz puso un pequeñísimo impuesto sobre los plátanos, y Henry Cabot Lodge se paró en el Senado y dijo que los comunistas habían tomado Guatemala y que debíamos actuar. Fue con Eisenhower, quien envió a la CIA, y derrocaron al gobierno. En su lugar, pusimos a un dictador militar, y no ha habido otra cosa que derramamiento de sangre desde entonces. "Si yo fuese un guatemalteco y tuviese los medios para aventarle algo a alguien en Washington, o en cualquier lugar donde estuviesen los estadounidenses, estaría tentado a hacerlo. Especialmente si hubiese perdido a toda mi familia y hubiese visto cómo mi país vuela en pedazos porque United Fruit no quería pagar impuestos. Esta es la manera en que operamos. Y es por eso que llegamos a ser tan odiados".

Marc Cooper: Se ha quejado durante décadas de la erosión de las libertades civiles y la conversión de Estados Unidos de una república a lo que llama un imperio. Lo que ocurrió tras el 11 de septiembre, la Ley Patriótica (USA Patriot Act), ¿simplemente nos han empujado más por ese mismo camino o se trata de un viraje en el rumbo?

Gore Vidal: La segunda ley de la termodinámica siempre manda: todo está en constante desgaste. Eso también le sucede a nuestra Declaración de Derechos (Bill of Rights2). La actual junta que está a cargo de nuestros asuntos, una que no fue electa legalmente, sino que fue puesta en mando por la Suprema Corte para cumplir con los intereses de los cabildeadores del petróleo, el gas y la defensa, ha usado primero a la Ciudad de Oklahoma y ahora al 11 de septiembre para desgastar aún más las cosas.

"Por lo que se refiere a la Ciudad de Oklahoma y a Tim McVeigh, él también tenía sus razones para llevar a cabo su sucia tarea. Millones de estadounidenses estuvieron de acuerdo con su argumento general, aunque nadie, creo, está de acuerdo con volar en pedazos a niños. Pero los estadounidenses instintivamente saben cuándo el gobierno se sale de los rieles, como lo hizo en Waco y Ruby Ridge. Nadie ha sido electo presidente en los últimos 50 años a menos de que estuviese en contra del gobierno federal. Así que el gobierno debería de meterse a la cabeza que no sólo es odiado por los extranjeros cuyos países ha destrozado, sino también por los estadounidenses cuyas vidas han sido destruidas.

El movimiento Patriótico en Estados Unidos estaba basado en personas que huyeron de sus granjas familiares. O tuvieron padres o abuelos que huyeron. Tenemos millones de ciudadanos estadounidenses inconformes que no les gusta cómo están manejando el lugar y no ven sitio alguno donde puedan prosperar. Pueden ser esclavos. O recoger algodón. O la actividad que sea la más reciente cosa incómoda qué hacer. Pero 'no van a participar en la acción', como dijo Richard Nixon".

Marc Cooper: Y, sin embargo, los estadounidenses parecen bastante susceptibles a un tipo de 'club del enemigo-del-mes' patriotero que emane de Washington. Dice que millones de estadounidenses odian al gobierno federal, pero alrededor del 75% de los estadounidenses dicen que apoyan a George W. Bush, especialmente respecto al asunto de la guerra.

Gore Vidal: Espero que no creas esas cifras. ¿No sabes cómo estas encuestas son amañadas? Es sencillo. Tras el 11 de septiembre, el país estaba realmente en shock y aterrorizado. [Bush] hace una pequeña danza de guerra y habla acerca de ejes del mal y acerca de todos los países que va a perseguir. Y cuánto tiempo va a tomar, dice con una sonrisa feliz, porque representa miles de millones, billones para el Pentágono y para sus amigos petroleros. Y significa recortar nuestras libertades, así que todo esto es muy emocionante para él. El está reaccionando, bombardeando Afganistán. Pues podría haber estado bombardeando Dinamarca. Dinamarca no tuvo nada que ver con el 11 de septiembre. Y tampoco Afganistán, al menos los afganos no tuvieron nada que ver.

"Así que aún preguntan, ¿apoyas al presidente? ¿Lo apoyas mientras él nos defiende?

"Eventualmente se darán cuenta".

Marc Cooper: ¿Quiénes son ellos? ¿El pueblo estadounidense?

Gore Vidal: Sí, el pueblo estadounidense. Le hacen estas rápidas preguntas. ¿Lo apruebas? Oh, sí, sí, sí. Oh, sí, él voló en pedazos todas esas ciudades con nombres raros que estaban por allá. "Eso no quiere decir que les guste. Escucha mis palabras. El dejará su oficina siendo el presidente menos popular en la historia. La junta ha hecho demasiados destrozos.

"En cuanto les pegaron, estaban sospechosamente preparados con el Patriot Act. Listos para levantar el habeas corpus, el privilegio de abogado-cliente. Estaban listos. Lo cual significa que ya tienen su Estado policiaco. Nomás toma un avión a donde sea hoy y estás en las manos de un arbitrario Estado policíaco".

Marc Cooper: ¿No quiere tener ese tipo de protección cuando vuela?

Gore Vidal: Una cosa es ser cuidadoso, y sí queremos que las aerolíneas tengan cuidado contra los ataques terroristas. Pero esto es una alegría para ellos, para el gobierno federal. Ahora tienen a todos, porque todos vuelan.

Marc Cooper: Entremos en una de sus materias favoritas, los medios estadounidenses. Algunos dicen que han hecho una labor mejor que la normal desde el 11 de septiembre. Pero sospecho que no se la cree.

Gore Vidal: No me compro el cuento. Una parte del año vivo en Italia. Y me entero más sobre lo que está pasando en Medio Oriente al leer la prensa británica, la francesa, hasta la italiana. Todo por acá está sesgado. Ver a Bush hacer su pequeña danza de guerra en el Congreso ... sobre los 'malhechores', y este 'eje del mal' -Irán, Irak y Corea del Norte-. Pensé, ni siquiera sabe lo que significa la palabra 'eje'. Alguien se la acaba de dar. Y la prensa ni siquiera lo cuestionó al respecto. Esta es una declaración tan descuidada. Luego se le ocurren como una docena más de países que podrían tener 'gente malévola', que podría  cometer 'actos terroristas'. ¿Qué es un acto terrorista? Lo que sea que él piense que sea un acto terrorista. Y nosotros vamos a ir tras ellos. Porque nosotros somos buenos y ellos son malvados. Y nosotros 'los vamos a atrapar'.

"Cualquiera que pudiera pararse y dirigir ese discurso al pueblo estadounidense no es un idiota, pero está convencido de que nosotros somos unos idiotas. Y no somos unos idiotas. Estamos intimidados. Intimidados por la desinformación de los medios, la sesgada visión del mundo, y por los atroces impuestos que subsidian esta permanente máquina de guerra. Y no tenemos ninguna representación. Sólo las compañías están representadas en el Congreso. Por eso sólo el 24% de los estadounidenses votaron por George W. Bush".

Marc Cooper: Sé que odiaría llevar esto al nivel ad hominem, pero permítamelo un momento. ¿Qué con George W. Bush, el hombre?

Gore Vidal: Te refieres a George W. Bush el porrista. Esa es la única cosa de alguna relevancia que hizo en su vida. Estaba involucrado en un equipo de béisbol.

Marc Cooper: Le pertenecía.

Gore Vidal: Sí, era suyo, comprado con dinero de otras personas. Dinero de gente petrolera. Así que en realidad nunca ha trabajado, y muestra muy poca capacidad para aprender. Que lo hayan puesto como presidente y que la Suprema Corte estuviese segura de que había ganado era tan insultante como cuando su padre, George Bush, nombró a Clarence Thomas en la Suprema Corte -se hizo simplemente para burlarse de los liberales-. Y luego, cuando escogió a Dan Quayle como su vicepresidente, mostró un enorme desprecio por el pueblo estadounidense. Se trataba de alguien tan claramente no calificado, como Bush Padre lo era para ser presidente. Porque Bush Padre, como le dijo Richard Nixon a un amigo mío cuando fue electo [imita a Nixon], "Es un pelele, un absoluto pelele, no hay nada ahí. Es el tipo de persona que asignas para hacer cosas". Así que el desprecio hacia el pueblo estadounidense se ha hecho más evidente con los dos Bushes que con todos los presidentes anteriores. A pesar de que muchos de ellos sentían el mismo desprecio, eran más listos escondiéndolo.

Marc Cooper: ¿Debería Estados Unidos simplemente empacar a sus militares de todos lados y regresarlos a casa?

Gore Vidal: Sí. Sin excepción. No somos el policía del mundo. Y no podemos ni siquiera ser policía de Estados Unidos, excepto para robar dinero del pueblo y generalmente para crear un caos. Muchas veces y en muchas partes del país, se percibe a los policías, y de manera correcta, como el enemigo. Creo que es hora de que echemos para atrás el imperio -no le está haciendo bien a nadie-. Nos ha costado billones de dólares, lo cual me hace sentir que solito se va a reducir porque no va a haber suficiente dinero para mantenerlo.

Marc Cooper: Usted se llama a si mismo uno de los últimos defensores de la república estadounidense contra el imperio estadounidense. ¿Aún tiene aliados? Es decir, no tenemos una oposición muy creíble en este país, ¿verdad?

Gore Vidal: A veces me siento como si fuera el último defensor de la república. Hay bastantes mentes legales que defienden la Declaración de Derechos, pero no parecen ser muy vigorosos. Tras el 11 de septiembre, hubo un silencio cuando una tras otra de estas leyes draconianas, realmente totalitarias, se establecían.

Marc Cooper: Entonces, ¿cuál es la salida? En los ochenta llamaba a la creación de un nuevo tipo de convención constitucional populista. ¿Aún cree que esa es la solución?

Gore Vidal: Pues es la menos sangrienta. Porque habrá problemas, grandes problemas. Los locos se juntaron para lograr la enmienda para un presupuesto equilibrado (balanced budget amendment) y consiguieron que la mayoría de los estados estuvieran de acuerdo con una convención constitucional. El senador Sam Ervin, quien ya falleció, investigó qué pasaría en tal convención, y aparentemente todo sería posible. Una vez que nosotros el pueblo estemos reunidos, así como lo requiere la Constitución, podemos hacer lo que sea, podemos echar a todo el Ejecutivo, el Judicial, el Congreso. Podemos poner a un lama tibetano. O transformar al país en un gran centro de Cientología. "Y los liberales, claro, son los más lentos y los más estúpidos, porque no entienden sus intereses. Los de la derecha son los malos, pero saben lo que quieren -el dinero de todos los demás-. Y saben que no les gustan los negros y que no les gustan las minorías. Y les gusta joderse a todos los que estén en el camino.

Pero ya que sabes lo que quieres, estás en una posición más fuerte que aquellos que sólo pueden decir: 'Oh no, no debes hacer eso'. Debemos tener libertad de expresión. ¿Libertad de expresión para qué? ¿Para estar de acuerdo con The New York Times?

"Los liberales siempre dicen: 'Si hay una convención constitucional, quitarán la Declaración de Derechos'. ¡Pero ya lo hicieron! Se fue. Prácticamente no queda nada de ella. Así que si ellos, los famosos "ellos", resultaran ser la mayoría del pueblo estadounidense y no quisieran la Declaración de Derechos, entonces, yo diría, hagámoslo. Simplemente aventémosla por la ventana. Si no la quieres, no la tendrás".

Traducción: Tania Molina Ramírez

NOTAS


1. En varias ocasiones, el presidente George W. Bush y el vicepresidente Dick Cheney le pidieron al líder de la mayoría demócrata en el Senado, Thomas Daschle, que no se investigara sobre el 11 de septiembre. El argumento de Cheney era que la comunidad de inteligencia estaba tan involucrada en los acontecimientos posteriores al 11 de septiembre que no deberían de desviar su atención. (N.T.)


2. El Bill of Rights estadounidense se compone de las primeras 10 enmiendas a la Constitución, ratificadas en diciembre de 1791. Durante los debates del Congreso Constituyente, muchos argumentaban que así como estaba redactada la Constitución, se abría el camino hacia una tiranía del gobierno central. Thomas Jefferson escribió que una declaración de derechos es "a lo que todo pueblo tiene derecho contra todo gobierno en la Tierra". El Bill of Rights dice, entre otras cosas, que no se podrá obligar a ninguna persona a responder de un delito castigado con la pena capital u otro infame delito si un Gran Jurado no lo denuncia o acusa, a excepción de los casos que se presenten en las fuerzas de mar o tierra o en la milicia nacional cuando se encuentre en servicio efectivo en tiempo de guerra o peligro público; ni se le privará de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso legal. El Bill of Rights también señala que en toda causa criminal, el acusado gozará del derecho a ser juzgado rápidamente y en público por un jurado imparcial del distrito y estado en que el delito se haya cometido; así como de que se le haga saber la naturaleza y causa de la acusación, de que se le caree con los testigos que depongan en su contra, de
que se obligue a comparecer a los testigos que le favorezcan y de contar con la ayuda de un abogado que lo defienda. (N.T.)
http://www.avizora.com/publicaciones/biografias/textos/textos_g/016_gore_vidal_eugene_luther.htm

1933 Time magazine cover featuring Gore Vidal's father, Eugene Vidal, Director of Air Commerce in the Roosevelt administration.