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    martes, 3 de abril de 2012

    El erotismo en la obra de Anaïs Nin (Fotos,textos y notas)





    “¿Cómo me ve él?”, se preguntó. Se levantó y colocó un largo espejo junto a la ventana. Lo puso de pie, apoyándolo en una silla. Luego, mirándolo, se sentó frente a él, sobre la alfombra, y abrió lentamente las piernas. La vista resultaba encantadora. El cutis era perfecto, y la vulva rosada y plana. Mathilde pensó que era como la hoja del árbol de la goma, con la secreta leche que la presión del dedo podía hacer brotar y la fragante humedad que evocaba la de las conchas marinas. Así nació Venus del mar, con aquella pizca de miel salada en ella, que sólo las caricias pueden hacer manar de los escondidos recovecos de su cuerpo.

    Al ver Henry & June (El diario íntimo de Anaïs Nin), quedé prendada de la necesidad imperiosa de experimentar de la protagonista, la escritora Anaïs Nin. El film se centra en la relación que mantuvo la escritora con Henry Miller y la esposa de éste, June, durante el tiempo en que el matrimonio estuvo viviendo en París. El film se inspiró en los diarios que escribió la autora francesa, donde exponía las experiencias que vivió con sus numerosos amantes.

    El profesor de Literatura Inglesa Robin Purves recomienda en 1001 libros que hay que leer antes de morir su obra Delta de Venus (1977, publicada póstumamente). Se trata de una colección erótica sorprendentemente freudiana escrita para excitar a un anciano coleccionista rico y pagada a un dólar por página. Cada historia conforma uno o varios episodios eróticos independientes, pero el conjunto posee la unidad de una novela, puesto que algunos personajes, particularmente el de la prostituta Bijou, aparecen en varios fragmentos. La acción transcurre exclusivamente en un París estilizado y suburbano, tan característico y amorfo como el descrito por Spleen de París por Baudelaire. “La evocación de las tardes pasadas en los fríos estudios de artistas fracasados, el humo de las drogas, el sonido de la música barata y la lluvia sobre las alcantarillas convierte las historias de encuentros sexuales de Nin en su poema en prosa más destacable: una especie de Le cul de Paris”, explica Purves.

    A diferencia de las fórmulas de la pornografía tradicional, la obra de Nin aborda la homosexualidad, el hermafroditismo, las relaciones interraciales, el fetichismo, el incesto y la pedofilia, y su descripción de las relaciones sexuales heterosexuales resultan sorprendentes dentro del género. Los personajes son esclavos de sus caprichos, represiones y rencores que solo la breve liberación del orgasmo consigue aplacar. “Sin embargo, Bijou constituye la mayor creación de Nin, enigma voluptuoso, dueña de un cuerpo en permanente exposición que tienta constantemente a mujeres y hombres por igual. Su inmersión absoluta en la práctica sexual apenas le deja tiempo para una vida interior que merezca la pena, pero esta inaccesibilidad a una Bijou real en contraste con las descripciones de su accesibilidad sexual resulta mucho más interesante que la introspección y las motivaciones convencionales y despreocupadas del resto de los personajes”.
    26 agosto 2011 · 
    http://1001libros.megustaescribir.com/2011/08/26/el-erotismo-en-la-obra-de-anais-nin/


    "Delta de Venus", de Anais Nin
    Fragmento



    Pero él no la tomaba.

    Para entonces, la ansiedad de sus entrañas era como un fuego rabioso. Pensó que iba a volverse loca. Fracasaba en todos sus intentos de provocarse el orgasmo. Si le besaba demasiado tiempo, él la rechazaba. Conforme se movía, el gran cinturón pro­ducía un sonido metálico, igual que la cadena de un esclavo. Y, en efecto era la esclava de aquel enorme hombre moreno. Él mandaba, era el rey. El placer de la mujer estaba subordinado al suyo, y Louise comprendió que no podría hacer nada en contra de su fuerza y de su voluntad. Pedía sumi­sión. El deseo de Louise murió de puro agotamiento. Su cuerpo se liberó de toda tensión, y se volvió como de algodón. Cada vez más exultante, él gozaba de ello. Su esclava, su posesión, un cuerpo roto, jadean­te, maleable, cada vez más suave bajo sus dedos. Sus manos perseguían todas las líneas de su cuerpo, sin dejar ningún rincón intacto, amasando, amasan­do según su fantasía, doblándolo para satisfacer su boca, apretándolo contra sus grandes dientes blan­cos y relucientes, marcándola.

    Por vez primera, la ansiedad que había sido como una irritación en la superficie de su piel se replegó a una parte más profunda de su cuerpo. Se replegó, se acumuló y se transformó en un cen­tro ígneo que aguardaba a que lo hicieran explotar el tiempo y el ritmo de él. Sus caricias eran como una danza en la que ambos cuerpos giraban y se deformaban adquiriendo nuevas formas, nuevas dis­posiciones, nuevos rasgos. Estaban acoplados como gemelos, él con su miembro contra el trasero de ella, ella con los senos como olas bajo las manos de él, dolorosamente despiertos, conscientes y sen­sibles. Luego él montaba a horcajadas, como un gran león, sobre el cuerpo de la mujer, que colocaba sus puños bajo sus nalgas para izarse hacia el pene. La penetró por primera vez y la llenó como ningún otro lo había conseguido, alcanzando las últimas profundidades de sus entrañas.

    Ella vertía su miel. El miembro producía, al empujar, leves ruidos de succión. Ya no quedaba aire en el sexo de ella; el miembro lo llenaba por completo y se agitaba interminablemente, dentro y fuera de la miel, hasta llegar a su fondo; pero en cuanto el jadeo de Louise se aceleraba, él retiraba su pene brillante de humedad y se dedicaba a otra forma de caricia. Echado boca arriba en la cama, con las piernas separadas y el miembro erecto, hizo que ella se sentara sobre él y se lo introdujo hasta la raíz, hasta que sus vellos se confundieron. Sosteniéndola, le hizo describir círculos en torno al pene. Ella cayó sobre él, apretó los senos contra su pecho y buscó su boca; luego se enderezó de nuevo y reanudó sus movimientos. A veces se erguía un poco, hasta que dentro de su sexo sólo quedaba la cabeza del miem­bro, y entonces se movía ligeramente, muy ligera­mente, lo justo para mantenerlo dentro, rozando los labios de su vulva, que eran rojos y abultados y lo ceñían como una boca. Moviéndose de pronto hacia abajo, engullendo todo el pene y suspirando de gozo, cayó sobre el cuerpo de Antonio y buscó de nuevo su boca. Las manos del hombre perma­necieron sobre las nalgas de Louise controlando sus movimientos para que no los acelerara súbitamente y alcanzara el orgasmo.


    Correspondencia (1932-1953) Nin-Miller
    Louveciennes 11 de junio de 1932

    Henry:
    Cosas que olvidé contarte: la quena es un instrumento parecido a la flauta que usan los indios de Sudamérica. Está hecho con huesos humanos. Tiene su origen en la adoración de un indio por su amante. Cuando ella murió, el indio hizo una flauta con sus huesos. Tiene un sonido más agudo, más persistente que la flauta ordinaria.
    Que te quiero, y que cuando me despierto por las mañanas, utilizo mi inteligencia para descubrir nuevas formas de apreciarte.
    Que cuando June regrese te querrá más porque yo te he querido. Hay nuevos brotes en el extremo y punto culminante de tu ya opulenta cabeza.
    Que te quiero.
    Que te quiero.
    Que te quiero.
    Me he convertido en una idiota como Gertrude Stein. Eso es lo que el amor hace a las mujeres inteligentes. Ya nunca más pueden escribir cartas.
    Anaïs.


    30 de agosto de 1932

    Henry,
    de nuevo voy a decir lo que pienso. No quiero verte en unos cuantos días. Me has pedido cosas que son humanamente intolerables. Me has pedido que me conforme con un amor a medias, y también que te dé mi visión de June para que puedas añadirla a la tuya y escribir tu libro basándote en ambas. Me hubiera gustado darte lo imposible, lo gigantesco, lo inhumano. Creí que podría soportar la llegada de todas esas páginas en las que cada día haces más justicia a sus prodigios. Estás probando mi valor al máximo, como un torturador. ¿Cómo conseguiré salir de esta pesadilla? Sólo dispongo de un suministro de fuerza (humanamente no tengo fuerza), sólo tengo la escritura, y eso es lo que estoy haciendo ahora con una desesperación que nunca podrías concebir. Escribo contra mí misma, contra lo que tú llamas mis imperfecciones, contra la mujer, contra mi humanidad, contra los continentes que están retrocediendo. Pueden suceder dos cosas: dentro de unos cuantos días puedo recuperar el ánimo de nuevo, y tú puedes proseguir con tus interesantes y monstruosos experimentos; o tal vez te envíe una postal desde Estambul. No me vengas a mostrar la inmediatez de tu humanidad. Tras tu humanidad hay siempre un gran calculador.
    Es posible que no te mande esta carta. Todavía siento que lo más importante es tu libro, y que no debo perturbar tu trabajo en él. El resto no es más que vida humana.
    Anaïs





    Del diario de Anaïs Nin

    © Etienne George

    La actriz portuguesa María de Medeiros en el set de la película Henry and June dirigida por Philip Kaufman, basada en la novela de Anaïs Nin del mismo título.

    Fragmento del 19 de marzo de 1935

    Siempre que algo se aleja de mí, siempre que pierdo algo o alguien, siempre que debo separarme de algo o de alguien, mi reacción es creativa (...) Todo ha de ser reemplazado y recreado. Todo debe ser expulsado de mí y estar en mí, dentro de mí. Creo todo cuanto es perecedero, evanescente, engañoso. Creo mi autosuficiencia, mi independencia, mi autofecundación. Pero, como soy mujer, no quiero estar sin necesidades. Nada sustituye a la vida ni al amor. Necesitaba un padre; necesitaba a Henry; necesitaba la protección de Hugh, su lealtad, su confianza; necesitaba la comprensión de Rank; necesitaba la escritura de Henry; necesitaba el equilibrio de mi Padre; necesitaba el amor. Necesidades terribles, inmensas, devoradoras, demoledoras. La vida me obliga a prevenir y remediar las necesidades, a ser un cosmos por mi misma: hombre, mujer, padre, madre, amante, niña.

    (...)

    Cuando intentes encontrarme en mi novela, ya habré cambiado. La dificultad estriba en que me ocurren miles de cosas cada día. Y esas cosas me cambian. ¿No te importaría tener por amiga a un volcán, a una Coney Island, a las Cataratas del Niágara?
    anaïs Nin; 21 de Febrero, Efemérides Ayúdame Freud.


    Anaïs Nin; la femineidad, entre el erotismo y la sensualidad.

      
    Anaïs Nin, referente de la femineidad.

    Anaïs Nin es sin duda alguna unos de los grandes referentes de la femineidad; inteligente, sensual, siempre dispuesta a defender su posición, con bravura y temeridad, pero, carente de heroísmo pedante o de fanfarria.

    En Anaïs Nin uno puede captar la mezcla de nacionalidades que se ponen en juego a lo largo de su vida; Sus padres eran cubanos, ella nació en Francia, y se naturalizó estadounidense; en lo que aúna a los tres países la lucha por la libertad y sobre todo por la libertad de expresión.

    Anaïs Nin; ¿una escritora polémica?

    Si bien es cierto que se quiere clasificar desde siempre a Anaïs Nin como una autora polémica por sus novelas Avant-garde, en las que había una dosis “poco acostumbrada” de  sensualidad y erotismo sobre todo considerado desde un punto de vista pacato de la doble moral imperante.

    Erotismo y sensualidad en Anaïs Nin  

    El erotismo y la sensualidad en Anaïs Nin primero y ante que nada no es una postura o una cuestión de semblante sino un código en el que la autora puede encontrar el punto de apoyo para lo que quiere contar, por eso, tanto el erotismo y la sensualidad que muestra Anaïs Nin no es un erotismo y sensualidad forzado y eso se refleja claramente en su estilo y en la ligereza de una pluma capaz de desnudar, propiamente, resortes de la vida humana.

     Los diarios de Anaïs Nin

    Otro rasgo por los cual se prejuzga a Anaïs Nin tiene que ver con el conjunto de relaciones con artistas y escritores, que se revelan en sus 35000 páginas reunidas en siete volúmenes que conforman sus “diarios”; diarios que Anaïs Nin escribió durante años desde su temprana infancia.

    Anaïs Nin y el psicoanálisis: desde Henry Miller a Otto Rank.

    Si bien la relación que tuvo Anaïs Nin con Henry Miller, es la relación más conocida y tenida como la más influyente de todas; la relación que tuvo con Otto Rank no le va a la saga. Otto Rank fue su analista y amigo, formador y guía pero la relación fue recíproca; Anaïs Nin también fue una referencia y una guía para el prestigioso psicoanalista. Tal vez podríamos marcar este rasgo como principal diferencia entre las influencias de una y otra relación; Anaïs Nin en Otto Rank encontró algo de esa reciprocidad que en vano había buscado en la histeria de Henry Miller.

    Anaïs Nin fue ante que nada una mujer, capaz de explorar el cuerpo de su historia y la historia de su cuerpo, y penetrar ahí, en el seno de sus conflictos, con valentía e inteligencia, por lo que bien le cabe el título de gran referente de la mujer.

    http://www.ayudamefreud.com/static/efemerides/anais-nin-femineidad-entre-erotismo-sensualidad/48/






    El erotismo y la literatura
    Ángela Castro





    “El erotismo es lo que en la coincidencia del hombre pone en cuestión del ser”

    George Bataille



    La literatura y el erotismo en ocasiones parecen estar relegados a algunos cuantos lectores. Sin embargo, se desconoce que es tan larga su historia y sus narradores que sería imposible y agotador mencionarlo en unas cuantas páginas. Un buen inicio para descubrir al erotismo y la literatura podría resultar hablando de Cristina Peri Rossi, Anne Marie Villefranche, Anaïs Nin y el discutido Georges Bataille,.

    Para el común de los lectores, les resultaría lógico que empezara a hablar de Sade, pero ¿Quién menciona a Marqués de Sade? El ocioso obsceno que se sienta a resistirse en la cama de noche, o el que se sale de lo previsto para salirse de lo cotidiano. En ‘Justine’, cantaba instantes de brutalidad. La fuerza una y otra vez. Gritos de agonía, agitarse, escurridizos reptiles del tiempo. Veneno, rigidez, frenéticos esfuerzos, lívido del furor. A él se le olvidan voces que nos conduce a la “…guitarra que destilaba su música, el cálido color cobrizo de su piel, la pupila de carboncillo de los ojos, la espesa fronda de sus cejas, la caja color miel los sabores del camino abierto en el que vivía su vida de zíngaro: tomillo, romero, orégano, mejorana y salvia. Derramando en la caja de resonancia el vaivén sensual de su hamaca colgada en la carreta gitana y los sueños nacidos en su colchón de crin negra”. Es aquí en donde se piensa en silencio y el erotismo es más que un canto sonoro, alejado del silencio. Es marca que sucumbe, que viene y va, que recuerda el estado menor de las cosas y es por eso, que está relegada, pisoteada y guardado en el pesado armario de cierta falsedad. La anterior cita se la debemos a Anaïs Nin.


    Tres mujeres eróticas

    Cristina Peri Rossi, Anne Marie Villefranche y Anaïs Nin son dueñas de un lenguaje propio. Sus historias suelen ser más habitadas y prolíficas debido a que se muestran las andanzas sensuales de la Ciudad Luz: pasión, fruición y, sobre todo misterio. Las tres han creado un universo erótico que las hace meritorias de cierto reconocimiento y estudio de alguna de sus obras. En “Solitario de amor” de Cristina Peri Rossi, no hallaremos a la mujer arquetípica, que es confundida con la madre, la diosa, sino que encontraremos a la mujer despojada de todo desvanecimiento y perfección. La obsesión de un amante, quien vive y retrata a su amada de manera erótica pero al mismo tiempo mortífero, hasta el punto de no ser, de volverse un ente si el cuerpo que se posa algunas veces ante sus ojos ya no está a la vista, se convertirá en un relato que no permite reparos al ser leída.

    Rossi muestra a su protagonista, silenciada, que es vista desde adentro y afuera por aquel que disfruta su cuerpo y se pierde en su sexo mientras deja de descubrirse así mismo. Su aliento es su fuente, lentamente se olvida de sí para describir una a una lo que bebe y palpa:

    “En el extremo del clítoris, como un higo, hay una gota fija, transparente, esfera de miel que intento atrapar con los labios; la bebo pero vuelve a manar. Ahora tu sexo es una fuente de aguas termales. Si paso el dedo, mi yema se calienta, como una fragua. Pero tú no permites que mi boca se separe de él. Allí bebo, allí vivo, allí nazco y muero, allí respiro, sufro, grito, aúllo, allí combato. Hasta que la tensión se vuelve insoportable”

    Anne Marie Villefranche, novelista francesa que escribió relatos eróticos para su distracción personal, narra en su obra “Misterio de amor” historias que se alejan de eufemismos para describir acontecimientos sexuales. Se centra en la Francia de 1920, en donde lo sombrío, lo oculto de la naturaleza humana, necesitaba ser expuesto sin enmiendas. Para ella Villefranche el amor podía adoptar diversas formas, algunas sumamente misteriosas y todas podían resultar placenteras.

    Con Anne nos acercamos a las pasiones desgarrantes que nacen de un ser insatisfecho con aquello que debería brindarle un verdadero placer; descubrimos a la dama que se cansa de ser un maniquí social y encuentra en otra mujer la satisfacción que antes se le tenía vetada; el joven quien redescubre en la vagina de una cuarentona, la posibilidad de ver y sentir aquello que no puede idear con su novia adolescente:

    “Se levantó y fue hacia el armario. Jean-Louis contemplaba con desesperada admiración su larga espalda y su bamboleante trasero y, cuando ella regresó al colchón, sus vibrantes pechos y más abajo la zona de rizos castaños de su entrepierna. Marcelle se arrodilló a su lado, derramó aceite perfumado sobre su pecho y hombros, y lo extendió por la piel con la palma de la mano. Cuando su mano se desplazó hacia el vientre del muchacho, éste suspiró de placer, pero pensó que era mejor obligarse a permanecer callado para no molestarla”

     Es en el prólogo de “Delta de Venus” escrito por la misma autora: Anaïs Nin, en donde aparece el sentido de sus relatos eróticos y, por qué no, el resultado de aquello que se convierte en Diario, que inician con la puesta en escena de vivencias ajenas y algunas invenciones personales. Una de sus primeras conclusiones fue la distinción de la sensualidad femenina de la masculina, como también es dejar saber que el lenguaje del sexo está aún por inventarse, mientras que el lenguaje de los sentidos tiene que explorarse. Anaïs dice que todo ese descubrimiento se convirtió en un camino hacia la santidad antes que hacia el libertinaje. Le quedó claro que la fuente del poder sexual es la curiosidad y la pasión:

    “Sin sentimientos, sin invenciones, sin el estado de ánimo apropiado, no hay sorpresas en la cama. El sexo debe mezclarse con lágrimas, risas, palabras, promesas, escenas, celos, envidia, todas las variedades del miedo, viajes al extranjero, caras nuevas, novelas, relatos, sueños, fantasías, música, danza, opio y vino (...) Sólo el pálpito al unísono del sexo y el corazón puede producir el éxtasis”

    En los cuentos que hacen parte de “Delta de Venus” apreciamos el éxtasis y algunas sensaciones hacen parte del erotismo, nos describa sonrisas, la exótica flor, el hombre que busca ornamentos retóricos que lo hagan merecedor de vientres, pechos, carne, móvil y materia elástica para saciarse. Anaïs nos regala una última conclusión en donde dice que las mujeres nunca han separado el sexo del sentimiento, del amor al hombre como un todo.



    George Bataille y el Erotismo

    En el famoso libro “El erotismo” de George Bataille, se inicia con el descubrimiento de aquello que suponemos por erotismo. Uno de sus primeros argumentos es que el hombre sí puede superar lo que le espanta, mirándolo de frente. El erotismo es para él, una experiencia vinculada a la vida; no como objeto de una ciencia, sino como objeto de la pasión. Para ser exactos, de una contemplación poética.

    Bataille, nos adecua en una aceptación en donde es posible una prolongación de la vida hasta la muerte y en el intermedio ubica al cristianismo. De allí, que surja el dolor, sufrimiento y placer, como elementos necesarios en el erotismo. Esta mezcla de sensaciones, se entrelazan en la actividad sexual y el juego. Como en todo juego, aquí también existen las reglas, que en palabras de Bataille, estaría representado por el poder. El erotismo no está exento de querer buscar una posesión del objeto de su pasión. Ambos buscan prolongación… la muerte: “No hay medio para familiarizarse con la muerte que aliarla a una idea libertina” Es por esto, que la muerte no es cese, sino una búsqueda en el camino de la libertad de los cuerpos, en la misiva constante del lenguaje. En un repentino desgarre de poseído. Si el erotismo abre a la muerte, entonces debemos aceptarla como la continuidad de nuestro ser, o mejor, como una eternización de nuestros sentidos.

    Somos seres de elección. El mismo deseo es una búsqueda tangible hacia la preferencia subjetiva. Nos distinguimos de la sexualidad animal, precisamente porque el erotismo del hombre moviliza la vida interior, y la vuelve menos rudimentaria. En pocas palabras dejamos de ser animales para convertirnos en seres de origen y creación. Ahora bien, la región cobra vida, cuando hablamos de descubrimientos y vida interior. Este juega un papel importante para Battaille, ya que asegura que tanto la religión como el erotismo modifican el contacto con el mundo. Lo mejor, para él, es olvidar las experiencias y ver todos nuestros actos desde afuera.

    Cuando se pierde la razón, entramos al plano de la sexualidad. Aquí aparece la pregunta final: ¿Debe el erotismo concluir en la sexualidad física? Bataille afirma que la sexualidad es al erotismo lo que el cerebro es al pensamiento La dualidad aparece cuando se compara con la vulgaridad y la pesadez, elementos que vencen el frenesí. El erotismo termina en el sexo, porque la belleza siempre desea ser profanada por el objeto del deseo. El ser humano siempre está dispuesto a saborear y a trasgredir: “Toda actuación  del erotismo tiene como fin alcanzar al ser en lo más íntimo, en el punto en el que el ánimo falta”

     ¿Por qué nos olvidamos del erotismo? Es como si tomáramos una hoja de papel y aparecieran espacios, sabores, amores inconclusos, final feliz. Pero olvidamos el encuentro consigo mismo, se nos olvida que el tacto te libera. ¿Será que en Latinoamérica pocos son los lectores de este tipo de literatura?, ¿Preferimos lo social antes que el sentido de mis dedos, preferimos vernos reflejados en la historia de nuestro tiempo antes que el roce de la oreja con el labio que se emblandece?

     http://www.litrasfalsas.com/ensayos/56-ediciones-ensayo/80-el-erotismo-y-la-literatura.html



    Anaïs Nin y el erotismo


    Cristina, de los grupos de salud mental de Yahoo en Argentina me envía el siguiente texto, que someto a vuestra consideración.

    En la década de los 40, Anaïs Nin y Henry Miller sobrevivieron un tiempo escribiendo cuentos eróticos para un hombre que les pagaba por página. Este cliente que se hacía llamar El Coleccionista, permaneció siempre anónimo, llenando de indignada curiosidad a los dos grandes autores que prestaron su talento y su pluma para satisfacer sus caprichos. Este coleccionista de pornografía no apreciaba el estilo y en repetidas ocasiones les exigió que se “saltaran la poesía” y se concentraran en el sexo, porque lo demás no le interesaba. Anais Nin le escribió una carta en la que define magistralmente la esencia del erotismo.

    .........

    “Querido Coleccionista: Le odiamos. El sexo pierde todo su poder y su magia cuando es explícito, rutinario, exagerado, cuando es una obsesión mecánica. Se convierte en un fastidio. Ud. nos ha enseñado más que nadie sobre el error de no mezclar sexo con emociones, apetitos, deseos, lujuria, fantasías, caprichos, vínculos personales, relaciones profundas que cambian su color, sabor, ritmo, intensidad.

    No sabe lo que se pierde por su observación microscópica de la actividad sexual, excluyendo los aspectos que son el combustible que la enciende: intelectuales, imaginativos, románticos, emocionales. Esto es lo que le da al sexo su sorprendente textura, sus transformaciones sutiles, sus elementos afrodisíacos. Usted reduce su mundo de sensaciones, lo marchita, lo mata de hambre, lo desangra.

    Si nutriera su vida sexual con toda la excitación y aventura que el amor inyecta a la sexualidad, sería el hombre más potente del mundo. La fuente del poder sexual es la curiosidad, la pasión. Usted está viendo extinguirse su llamita asfixiada. La monotonía es fatal para el sexo. Sin sentimientos, inventiva, disposición, no hay sorpresas en la cama: El sexo debe mezclarse con lágrimas, risas, palabras, promesas, escenas, velos, envidias, todos los componentes del miedo, viajes al extranjero, nuevos rostros, novelas, historia, sueños, fantasías, música, danza, opio, vino.

    ¿Sabe cuánto pierde por tener ese periscopio en la punta de su sexo, cuando podría gozar un harén de maravillas distintas y novedosas? No hay dos cabellos iguales, pero usted no nos permite perder palabras en la descripción del cabello; tampoco dos olores, pero si nos expandimos en esto, usted chilla : ¡Sáltense la poesía! No hay dos pieles con la misma textura y jamás la luz, temperatura o sombras son las mismas, nunca los mismos gestos, pues un amante, cuando está excitado por el amor verdadero, puede recorrer la gama de siglos de ciencia amorosa. ¡Qué variedad, qué cambios de edad, qué variaciones en la madurez y la inocencia, perversión y arte...!

    Nos hemos sentado durante horas preguntándonos cómo es usted.

    Si ha negado a sus sentidos seda, luz, color, olor, carácter, temperamento, debe estar ahora completamente marchito. Hay tantos sentidos menores fluyendo como afluentes al río del sexo, nutriéndola. Sólo la pulsación unánime del sexo y el corazón juntos pueden crear éxtasis.”

    La primera publicación no censurada de sus anotaciones íntimas se llamó "Henry Miller, su mujer y yo", (que se adjunta... las ediciones posteriores llevan por título sólo Henry and June) y abarca el período comprendido entre 1932 y 1934. Es el texto que fue llevado al cine por Phillip Kaufmann con el nombre de "Henry and June", con María de Medeiros en el rol de Anaïs y Uma Thurman en el rol de June. La trama incluye detalles de las relaciones íntimas en que se vieron envueltos Anaïs, Henry y su mujer, June. Pero un valioso documento literario del clima generado por esta relación triangular hay que buscarlo en los relatos eróticos de la escritora, que se publicarían muchos años más tarde, bajo el nombre de "Delta de Venus" y "Pájaros de fuego".

    Amante del psicoanálisis

    Una de sus grandes pasiones fue el psicoanálisis. Por ese camino llegó a ser alumna y amante de Otto Rank, el discípulo de Freud. Los datos biográficos contribuyen a agrandar el mito de libertad que rodeaba cada vez más a la escritora. En 1935, a su regreso a París, funda su propia editorial, Ediciones Siana. En parte, porque ninguna otra quería arriesgarse a publicar sus obras, de alto contenido erótico para la época. En esas páginas aparece por primera vez la dilemática relación de Anaïs con su padre, con quien consumó una relación incestuosa que se encargaría de describir minuciosamente en uno de sus escritos más urticantes, titulado explícitamente "Incesto".

    Se dice que Nin se relacionó apasionadamente con el psicoanálisis a raíz de su deseo de conciliar todos los matices de su intrincada personalidad. Su primer psicoanalista se llamaba René Allendy, pero Allendy pretendía hacerla entrar en el molde de la normalidad, y le pedía que viviera el amor "como algo agradable y ligero". Imposible para la apasionada Anaïs. Posteriormente, tras conocerlo a través de su obra, acudió a Otto Rank, quien se especializó en el hecho artístico. "La neurosis —escribió una vez— es la manifestación de una imaginación y unas energías desencaminadas; la neurosis es una obra de arte fallida, y el neurótico un artista fallido" .

    Otto Rank le devolvió la certeza de que sus contradicciones eran legítimas. Fue quien, en 1934, la invitó a Nueva York para trabajar con él. De esta manera Anaïs Nin inició su práctica del psicoanálisis, y, aunque más tarde abandonaría esta actividad, lo hizo profundamente enriquecida. Sobre el particular escribiría: "Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré al mundo. Me adapto a mí misma" .

    La aventura surrealista

    Un capítulo aparte merece su relación con el poeta Antonin Artaud, uno de los personajes más interesantes del mundo del arte, de quien Nin hizo un retrato donde se le llega a percibir en cuerpo y alma. En él describe magistralmente una escena en la cual Artaud sube al estrado y empieza a declamar sobre "El teatro y la Peste": "No hay palabras capaces de describir lo que representaba Artaud en el estrado de la Sorbona. En pocos minutos, el poeta se olvidó de su conferencia, del teatro, de sus ideas, de su médico sentado junto a él, del público, de los estudiantes, de su esposa, los profesores y los directores. Su rostro estaba contorsionado de angustia, sus cabellos empapados de sudor. Los ojos se le dilataban, se le tensaban los músculos, y sus dedos pugnaban por conservar su flexibilidad. Nos hacía sentir que tenía la garganta reseca y ardiente, el sufrimiento, la fiebre, la quemazón de sus entrañas. Estaba torturado. Gritaba. Deliraba. Representaba su propia muerte, su propia crucifixión" , anota Anaïs. Al principio la gente contuvo la respiración. Después rieron. Silbaron. Luego, empezaron a irse ruidosamente, protestando. "Pero Artaud —relata Nin— continuó, hasta el último aliento. Y quedó tendido en el suelo. Después, cuando la sala estuvo vacía y sólo quedaba allí un pequeño grupo de amigos, se levantó, vino directamente hacia mí y me besó la mano. Me pidió que le acompañara a un café" .

    Curiosamente, Anaïs no sería "descubierta" por el mundo literario hasta 1960. A partir de esa fecha se dieron a conocer esta serie de diarios extremadamente personales y redactados desde la niñez. Los "Diarios" de Anaïs Nin se editaron en diez volúmenes entre 1966 y 1983. Desde entonces se publicaron algunos diarios adicionales y dos o tres libros de relatos eróticos. Anaïs murió en Los Angeles en 1977. En su tumba está escrito: "Cualquier forma de amor que encuentres, vívela".


    http://blogs.periodistadigital.com/eldivan.php/2007/09/02/p113800

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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