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    miércoles, 29 de febrero de 2012

    Matisse:considerado junto con Pablo Picasso uno de los más grandes artistas del siglo pasado

    Henri Émile Benoît Matisse (31 de diciembre de 1869 - 3 de noviembre de 1954) fue un pintor francés conocido por su uso del color y por su uso original y fluido del dibujo. Como dibujantegrabadorescultor, pero principalmente como pintor, Matisse es reconocido ampliamente como uno de los grandes artistas del siglo XX, considerado junto con Pablo Picasso uno de los más grandes artistas del siglo pasado. Al inicio de su carrera se le identificó con el fauvismo y para los años 20 ya se había destacado por su maestría en el lenguaje expresivo del color y del dibujo, la cual desplegó en una inmensa producción que se extendió por más de medio siglo, y que consagró su reputación como una de las figuras centrales del arte moderno.



    LA DANZA. HENRY MATISSE

    Armonía en rojo. Henry Matisse 1908. Museo Ermitage, San Petersburgo.



    Henry Matisse interrogado por Guillaume Apollinaire


    He aquí un tímido ensayo sobre un artista en quien se combinan, creo, las más tiernas calidades de Francia: la fuerza de su simplicidad y la dulzura de sus claridades.

    No hay relación entre la pintura y la literatura, y he tratado en este aspecto de no provocar confusión alguna. Es que en Matisse la expresión plástica es la meta, así como para el poeta lo es la expresión lírica.

    Cuando yo vine hacia usted, Matisse, las gentes lo miraban y, como ellos reían, usted sonrió.

    Veían un monstruo, ahí donde se elevaba una maravilla.

    Yo lo interrogaba y sus respuestas traducían las causas del equilibrio de su arte razonable.

    “Yo trabajé”, me dijo usted, “para enriquecer mi cerebro satisfaciendo las diferentes curiosidades de mi espíritu. Me esforzaba en conocer los distintos pensamientos de maestros antiguos y modernos de la plástica. El trabajo fue también material porque trataba al mismo tiempo de comprender su técnica.”

    Después, luego de servirme ese vino rancio que usted trajo de Collioure, quiso volver al tema de las peripecias de ese peligroso viaje hacia el descubrimiento de la personalidad. Se va de la ciencia a la conciencia, es decir el olvido completo de todo lo que no estaba en usted mismo. ¡Qué dificultad! El tacto y el gusto son aquí los únicos gendarmes que pueden alejar para siempre lo que no hay que volver a encontrar en el camino. El instinto no guía. Se ha alejado, y se está en su búsqueda.

    “Después” usted decía “crecí al considerar mis primeras obras. Raramente engañan. Encontré en ellas una similitud que al principio tomé por una repetición, que sólo agregaba monotonía a mis cuadros. Era la manifestación de mi personalidad, que aparecía, cualesquiera fuesen los diversos estados de ánimo por los que pasaba.”

    El instinto resurgía. Usted sometía, finalmente, su conciencia humana a la inconciencia natural. Pero esta operación se producía en determinado momento.

    ¡Qué imagen para un artista: los dioses omnipotentes, todopoderosos, pero sometidos a un destino!

    Usted me dijo: “Yo me he esforzado en desarrollar esta personalidad contando sobre todo con mi instinto y volviendo a menudo a los principios, y me decía a mí mismo cuando las dificultades me arredraban: ‘Tengo colores y una tela, y debo expresarme con pureza’. Debería hacerlo sumariamente poniendo, por ejemplo, cuatro o cinco manchas de colores, trazando cuatro o cinco líneas, que dieran una expresión plástica”.

    Muchas veces se le reprochó esa expresión sumaria, mi querido Matisse, sin pensar que usted había realizado uno de los trabajos más difíciles: dar existencia plástica a los cuadros sin el concurso del objeto, salvo para provocar sensaciones.

    La elocuencia de sus obras proviene, ante todo, de la combinación de colores y líneas. Esa combinación es la que contribuye al arte del pintor y no, como lo creen aún ciertos espíritus artificiales, la simple reproducción del objeto.

    Henri Matisse bosqueja sus concepciones, construye sus cuadros mediante colores y líneas hasta darles vida a sus combinaciones, hasta que sean lógicas y formen una composición cerrada, donde no se podría quitar ni un color ni una línea sin reducir el conjunto a la búsqueda azarosa de algunas líneas y algunos colores.

    Ordenar un caos, he ahí la creación. Y si la meta del artista es crear, hace falta un orden, en el que el instinto será la medida.

    A quien trabaje así, la influencia de otras personalidades no podrá anularlo. Sus certezas son íntimas. Provienen de su sinceridad y las dudas que lo angustiarán pasarán a ser la razón de su curiosidad.

    “Jamás he evitado la influencia de los otros”, me dijo Matisse. “Yo hubiera considerado esa actitud como una cobardía y una falta de sinceridad frente a mí mismo. Creo que la personalidad del artista se desenvuelve, se afirma, por las luchas que tiene que librar contra otras personalidades. Si el combate le es fatal, si su personalidad sucumbe, ése y no otro era su destino”.

    En consecuencia todas las escrituras plásticas: los egipcios hieráticos, los griegos refinados, los camboyanos voluptuosos, las producciones de los artistas peruanos, las estatuillas de los negros africanos, proporcionadas de acuerdo con las pasiones que los han inspirado, pueden interesar a un artista y ayudarlo a la vez a desarrollar su personalidad. Al confrontar sin cesar su arte con las otras concepciones artísticas, al no cerrar su espíritu a las manifestaciones vecinas a las artes plásticas, H. Matisse cuya personalidad tan rica hubiera podido crecer tal vez aisladamente, se enriqueció y adquirió esa grandiosidad, esa dignidad que lo distingue.

    Pero, curioso de conocer las capacidades artísticas de todas las razas humanas, H. Matisse permaneció antes que nada devoto de la belleza de Europa.

    Europeos, nuestro patrimonio va de los jardines bañados por el Mediterráneo a los mares sólidos del Norte. Encontramos allí los alimentos que amamos y las sustancias aromáticas de otras partes del mundo sólo son especias para nuestro espíritu. Así H. Matisse consideró a Giotto, a Piero della Francesca, a los primitivos sieneses, a Duccio, menos poderosos en volumen pero más ricos en espíritu. Y en seguida meditó sobre Rembrandt. Y colocándose en este punto de confrontación de la pintura, se observó a sí mismo para conocer el camino que habría de seguir confiadamente su espíritu triunfador.

    No estamos en presencia de una tentativa desmedida: lo propio del arte de Matisse es ser razonable. Que esta razón sea a veces apasionada, a veces tierna, no impide que ella se exprese con tanta pureza como para que se la entienda. La conciencia de Matisse es el resultado del conocimiento de otras conciencias artísticas. Matisse debe la novedad de su plástica a su instinto o a su propio conocimiento.

    Cuando hablamos de la naturaleza, no debemos olvidar que formamos parte de ella, y que debemos considerarnos con tanta curiosidad y sinceridad como cuando estudiamos un árbol, un cielo o una idea. Ya que hay una relación entre nosotros y el resto del universo, nosotros podemos descubrirla y posteriormente no intentar sobrepasarla.


    Extraído de Henri Matisse: Reflexiones sobre el Arte, Buenos Aires, 1977


    Read more: http://bibliotecaignoria.blogspot.com/2007/03/henry-matisse-interrogado-por-guillaume.html#ixzz1npSbkvJv


    Henri Matisse
    (Cateau Cambrésis, 1869 - Niza, 1954) Pintor francés, máximo representante del fauvismo. El 20 de marzo de 1906 se inauguraba en los grandes invernaderos de Cours-la-Reine, en París, una nueva edición del Salón de la Sociedad de Artistas Independientes. Aquella exposición supuso el primer gran éxito de Matisse y su consagración como pintor y como cabeza visible de un nuevo movimiento. Los lienzos del artista causaron sensación: de gesto espontáneo y color puro, su obra daba las pautas de un estilo nuevo, lleno de vigor expresivo y que se negaba a ser una mera imitación de la naturaleza. Destacaba entre sus pinturas la ensoñación simbolista Lujo, calma y voluptuosidad, cuadro adquirido por el también pintor francés Paul Signac, y cuyas gruesas y cortas pinceladas de intenso color recuerdan precisamente la técnica divisionista propia del mismo Signac; la tela estaba inspirada en los cuadros del que había sido uno de los maestros de Matisse, Gustave Moreau.

    Henri Matisse
    Junto a los demás expositores, Matisse formaba parte de un movimiento pictórico bautizado comofauves (fieras). El nombre del movimiento se debe a Louis Vauxcelles, que en una de sus críticas al Salón de Otoño de 1905 había definido una escultura de Albert Marquet como "Donatello entre las fieras". La reacción de los fauvistas fue la más violenta que se produce contra el arte académico desde los impresionistas. Influidos por Gauguin y Van Gogh, concibieron los cuadros de un modo muy distinto del tradicional, tal como hicieron ya los impresionistas. Mediante el empleo agresivo de los colores puros querían poner de manifiesto que la superficie de tela impregnada de pintura es una realidad autónoma e independiente.
    Henri Matisse cursó estudios de jurisprudencia entre 1887 y 1888 en la Universidad de París, que se vieron interrumpidos por una larga y grave enfermedad que lo retuvo en cama hacia 1890. Durante su convalecencia empezó a pintar, y en 1891, ya recuperado, venció la oposición de sus padres y abandonó la carrera de leyes para entrar en la Escuela Julian, donde se formó bajo la dirección de Bouguereau. En 1892 ingresó en el estudio deGustave Moreau, en la Escuela de Bellas Artes, en el que permanecería cinco años y donde conoció a Rouault y a Manguin. Asistió también a los cursos nocturnos de la Escuela de Artes Decorativas, en la que entabló amistad con Marquet.
    En 1898 viajó a Londres, animado por Pissarro, y descubrió la obra de Joseph Turner. Las obras producidas durante esos años, en los que interesó vivamente por la pintura impresionista, son las conocidas como protofauvistas, por la riqueza de su colorido y el grueso empaste; son fundamentalmente paisajes. De vuelta a París, asiste durante algunos meses a las clases de Carrière, en cuyo taller conoce a Derain y a Puy. Son años de apertura a nuevos horizontes: descubre en estos momentos a Cézanne(le compra a Vollard las Tres Bañistas), expone en el Salón de los Independientes de 1901 y conoce aMaurice de Vlaminck. Matisse reconoció la obra de Vlaminck y Derain como cercana a la suya y en 1903 participó en el Salón de Otoño junto a Camoin, Derain y Manguin. En Lujo, calma y voluptuosidad, cuadro que sería adquirido por Paul Signac, mostró su interés por las teorías y técnicas del divisionismo, que muy pronto abandonaría en favor de la exaltación del color y del sentimiento propios del fauvismo.

    Lujo, calma y voluptuosidad (1904)
    Su obra Madame Matisse (tambien llamada Retrato de la raya verde) causó, a pesar de sus reducidas dimensiones, un gran impacto en el Salón de 1905 por la sabia saturación de los colores chillones. Matisse utilizó aquí el color en todas sus posibilidades expresivas. En 1906 expuso de nuevo con el grupo de los Fauves (Manguin, Marquet, Puy, Derain, Van Dongen, Rouault) en el Salón de Otoño y realizó su primer viaje a África, donde le impresionaron los trabajos de arte popular, sobre todo los tejidos y las cerámicas. De ese año es suNaturaleza muerta con tapete rojo. En 1907, por medio de Gertrud Stein, conoció al español Pablo Picasso y realizó su primer viaje a Italia.
    En 1908, ilusionado por transmitir sus ideas a los artistas más jóvenes, abrió una academia que sólo mantendría hasta 1911 y realizó su primera exposición individual en Nueva York, en la galería de Alfred Stieglitz. También en 1908 pintó su famosa obra Armonía en rojo. También conocido como Mesa de postres, Mesa servida o La habitación roja, el lienzo presenta un comedor burgués con una mesa en la que una camarera ultima los detalles previos de un ágape. El pintor ya había realizado una obra sobre el mismo tema una década antes, pero con resultados muy diferentes.
    Alejada de composiciones convencionales, Armonía en rojo, que debe su título al color imperante en la escena, ofrece un aspecto más cercano al decorativismo de los tapices. El interés por la perspectiva y la sensación de realidad han dado paso a una imagen plana, colmada de arabescos orientalizantes; el interior está decorado con un arabesco que se refleja en las formas del paisaje visto a través de la ventana. Sin embargo, la mesa (que se confunde al fusionarse cromáticamente con la pared) conserva los mismos fruteros e idénticas botellas de obras anteriores. Esta escena doméstica, alegremente intimista, es uno de los iconos más difundidos del fauvismo.

    Armonía en rojo (1908)
    En 1909 recibe del coleccionista ruso Schukin el encargo de pintar dos grandes paneles: La danza y La música. La primera versión de La danza (1909) preanuncia el que sería su gran trabajo ya en plena madurez (los grandes murales del mismo título realizados hacia 1932-33) y puede ser interpretada como una demostración anticubista de cómo las figuras pueden unirse a través del arabesco y de los intensos contrastes de color contra el fondo abstracto. Las fuentes de este mural son variadas, desde las figuras de los vasos griegos a las imágenes greco-romanas de las Tres Gracias. Los colores puros y llamativos de tonos oscuros cubren las zonas nítidamente dibujadas, aspecto este último que Matisse toma de la pintura de Cézanne.
    La composición posee un ritmo vivo, al servicio del cual se han deformado artificiosamente las figuras, se ha sacrificado la descripción espacial y se han reducido a tres los colores presentes. A pesar de su inequívoco figurativismo, la imagen parece querer desprenderse de todo aquello que juzga superfluo para la representación del movimiento. Los cinco personajes representados forman, según Matisse, "un corro que parece volar sobre la colina", mientras bailan una danza provenzal. La versión definitiva deLa danza (realizada al año siguiente, en 1910) presenta una viveza cromática muy superior a la de la primera versión.
    La danza (segunda versión, 1910)
    En 1910 realizó una amplia muestra individual en París, en la galería Bernheim-Jeune, y viajó con Marquet a Munich para visitar la exposición de arte islámico. En 1911 se trasladó a Moscú para instalar los paneles en casa de Schukin y conoció los iconos y las artes decorativas bizantinas, que pasarían a ser un elemento esencial en su repertorio estilístico. Es claro ejemplo de ello El estudio rojo, en el que destaca la simplicidad del colorido. La superficie del cuadro es mate y plana y representa el estudio del artista, esta vez sin el artista y sin modelo, solamente con cuadros y algunos otros objetos.
    Poco después viajó a Marruecos con Camoin y Marquet; pasó en el Norte de África los veranos de 1911-12 y 1912-13. Del primer verano data Jardín marroquí, una composición casi abstracta de verdes y rosas. El estallido de la Primera Guerra Mundial provocó el traslado del pintor y su familia (se había casado en 1898 con Amélie Parayre, con quien tenía dos hijos) a Collioure, donde conoció a Juan Gris. En 1916 pasó el invierno en Niza por primera vez. La placidez y el lujo de la Costa Azul resultaron ser muy de su agrado y decidió pasar allí la mayor parte del tiempo. Comenzó así en su obra una etapa de intimismo, con interiores, desnudos, odaliscas y naturalezas muertas como temas predominantes.

    Figura decorativa sobre un fondo ornamental (1926)
    En 1925 realiza un nuevo viaje a Italia; su estilo se hace mas robusto, como muestra Figura decorativa sobre un fondo ornamental (1926), que es considerada la obra culminante de la preocupación de Matisse por el desnudo en un decorado oriental: la figura se presenta esquemática y monumental. Por esos años su prestigio y su éxito eran ya universales: en 1927 obtuvo el premio del Carnegie International de Pittsburg, vendió prácticamente todos los cuadros de su exposición en la Dudensing Gallery en Nueva York, y entre 1929 y 1933 se organizaron exposiciones retrospectivas de su obra en Berlín, Basilea, Nueva York y París. Data de estos años Odalisca con pantalones grises, donde retoma la temática orientalista fuera del lugar de origen, en el estudio de París.
    En 1940, tras la derrota francesa, Matisse pensó en emigrar a Brasil, pero finalmente retornó a Niza; en 1941 sufrió una grave enfermedad intestinal; tras su recuperación, retomó el trabajo con renovadas fuerzas. En 1944 su mujer fue arrestada y su hija deportada; Matisse se volcó en su arte. Al finalizar la guerra, expuso con Picasso en el Victoria and Albert Museum de Londres; después presentó una gran retrospectiva en el Salón de Otoño de París. Entre 1948 y 1950 trabajó en la decoración de la Capilla del Rosario de Vence (donde residía desde 1944). Se publicó luego Jazz, una colección de reproducciones de los famosos papiers découpés (papeles recortados), acompañados de un texto poético del propio Matisse. La obra más ambiciosa hecha con papeles recortados es La piscina (1952), donde las figuras están distorsionadas para crear el efecto de hallarse bajo el agua.


       
    Henry Matisse


    Henry Matisse fue el lider indiscutible de la corriente pictórica denominada “Fauvismo”. El término francés Fauves, fieras, lanzado de forma despectiva por el crítico Luis Vauxcelles a los pintores que expusieron en el Salón de Otoño de 1903, se convirtió en el apelativo de este grupo de pintores que destacaron por la fuerza y violencia cromática de sus obras. Precedidos e influidos por Van Gogh y Guauguin, estos “fieras” fueron más lejos en su atrevimiento, ya que se proponían emancipar al color de cualquier servidumbre objetiva o realista para, alcanzada la liberación, expresar de forma más pura las emociones del artista, verdadero "tema" de la obra.
    Los pintores ya no quieren captar la realidad desde un punto de vista objetivo o realista . Como dijo Matisse: “El color debe ser pensado, soñado, imaginado.” Para captar la realidad tal y como se presenta ante nuestros ojos, ya se habían inventado las cámaras de fotos y, muy pronto, el cinematógrafo hará que las imágenes cobren vida y movimiento en una pantalla. El realismo, tal y como se había desarrollado durante siglos de representación, dejó de tener sentido. Los artistas se proponen plasmar una realidad subjetiva: la que el propio autor percibe o presiente. El arte deja de representar objetivamente la Naturaleza para pasar a "presentar" las emociones o los estados de ánimo del propio pintor. Los fauvistas, al contrario que los pintores impresionistas y postimpresionistas, no jbuscan captar efectos lumínicos de ningún tipo; de hecho, las sombras desaparecen; predomina el efecto bidimensional en sus obras, por lo que nos parecerán planas, más próximas a la representación típica de la pintura románica que a la de la generación precedente. Matisse añade, además, elementos decorativos. Sus obras presentan una gran fuerza vital y de sus colores, intensos y vivos, se desprende una visión optimista de la vida. “Sueño con un arte de equilibrio, de tranquilidad, sin tema que inquiete o preocupe, algo así como un lenitivo, un calmante cerebral parecido a un buen sillón» declaraba Matisse.
    Armonía en rojo fue encargada por un marchante ruso. En principio iba a ser realizada en azul, pero Matisse se decantó por el rojo, uno de sus colores favoritos por su gran carga expresiva. Del cuadro ha desaparecido la sensación de profundidad; primer y último plano comparten color y elementos decorativos. El claroscuro y el modelado han desaparecido. Predominan los colores primarios, rojo, amarillo, azul, aplicados de forma pura, sin matices tonales. Los colores secundarios: violeta, naranja y verde, aparecen en ciertos detalles. En la obra se combinan arabescos vegetales curvilíneos, que subrayan la sensualidad del rojo, con líneas rectas que sugieren tranquilidad. El dibujo, relegado ante la vitalidad del color, se realza a veces con trazos negros. La pintura se expande, los objetos no aparecen enteros en el cuadro, sino que parece que aspiran a liberarse de la rigidez del marco, convirtiendo la pintura en una explosión cromática de optimismo y vitalidad. El verde del paisaje que se cuela por la ventana contrasta por la serenidad que sugiere, con la agresividad del rojo que llena la tela. La mujer que dispone la mesa aparece, a su vez, en un estado de sosiego interior, de calma, abstraida en sus pensamientos.
    El fauvismo inaugura la serie de "ismos" con los que el arte contemporáneo rompe con los sistemas tradicionales de representación, abriendo nuevas vias para la expresión artística. El arte, tal y como lo hemos venido siguiendo, ha muerto. ¡Viva el arte!
    http://tom-historiadelarte.blogspot.com/2010/05/armonia-en-rojo-de-henri-matisse.html


    Henri Matisse

    Uno de esos artistas que nunca antes habia escuchado y me re sorprendió por la simpleza y a la vez complejidad de sus pinturas. Esas pinceladas grandes, desprolijas y sin embargo... sorprendentes. Sin mencionar los tonos fuertes y las imágenes cargadas. Es un estilo muy particular, como caótico y a la vez con la dosis justa de todos los ingredientes.














    http://clarisayofe.blogspot.com/2011/05/henri-matisse.html


    Henri Matisse

    El Fauvismo es un movimiento pictórico de principios del s. XX. Puede definirse como un expresionismo centrado en el color. Su principal influencia fue Gustave Moreau, de quien puedes ver aquí una hermosa Salomé, y su principal representanteHenri Matisse. Cuando quiero imaginar la transmutación de los valores de la que habla Nietzsche suelo pensar en esta obra de Matisse, La danza. Ahí están presentes los elementos que Nietzsche reclamaba para una nueva moral: sensualidad, baile, arrebato, levedad…
    Matisse. la danza. 1910
    Henri Matisse. La danza I (1909) Nueva York, MOMA.
    La danza II (1910). San Petersburgo, Ermitage.
    Henri Matisse: La danza II (1910). San Petersburgo, Ermitage.
    Matisse. La felicidad de vivir. 1906
    Henri Matisse. La felicidad de vivir (1906) Fundación Barnes, Merion, Pennsylvania (Obsérvese al fondo el motivo de la danza)


    MADAME MATISSE O RETRATO CON LÍNEA VERDE, 1905. STATEN MUSEUM FOR KUNST DE COPENHAGUE. HENRI MATISSE
    El artista y su época.
    Henri Matisse, uno de los mejores coloristas del S.XX, es un gran artista de nuestra época. Uno de los pintores que supera el proceso del impresionismo y postimpresionismo para dar paso a las Vanguardias del S.XX.

    Dentro del fauvismo, Matisse representa la tendencia hedonista, la que refleja la alegría de vivir. También vemos esto en palabras del artista: "Con lo que sueño es con un arte de equilibrio, pureza y serenidad libre de temas turbadores o deprimentes, con un arte que pueda ser para todo trabajador mental, ya sea negociante o escritor, como una influencia sedante como un calmante mental, algo como una buena poltrona en la que descansar de la fatiga física”.

    Este escrito nos da otra clave de la obra de Matisse: el orden, entendido como claridad en la forma. Sus cuadros tienen composiciones simples y claras. Este sentido del orden lo aprendió de las obras de Cézanne. Para realizar un cuadro, Matisse, tenía primero una clara visión en la mente, luego venía la elección de los colores basada en la observación, en el sentir y en la misma naturaleza de cada experiencia. El proceso de aprendizaje de pintor, se inició en 1891 en el estudio de Bouguerau, continuando en el de Moreau y ampliado con los estudios en la Ecole des Arts Décoratifs. Todo ello influyó de forma decisiva en él, así como el cuadro "Tres bañistas" de Cézanne le hizo descubrir la plenitud de la forma y en las obras de Gauguin encontró la utilización de tonos puros de color generadores de luz y espacio.

    Análisis de la obra.
    La obra es un pequeño retrato de Madame Matisse (óleo sobre lienzo de 40 x 32 cm.), Se trata de un tema de gran sencillez, el rostro de una mujer vista de frente, realizado con gran economía de medios y basado en el uso y la combinación de tonos puros: amarillo, rojo y azul; elegidos arbitrariamente según una coherencia en función de la armonía de la composición.

    La línea verde que da nombre al cuadro, divide el rostro en dos bajo el cabello y da luminosidad y relieve por la combinación de los colores: la masa de los cabellos negros con reflejos azules‑morados encuadra el rostro, cuyos tonos amarillentos en la parte derecha y rosados en la parte izquierda se realzan a través de los trazos negros azulados de las cejas, de los contornos de una parte del perfil y del rojo del vestido. Un rojo-anaranjado que pasa a un rojo‑lila por un lado y a un azul, más oscuro en contacto con el hombro, por el otro. Es una pintura figurativa, pero muy antinatural debido al empleo arbitrario del color, sin ninguna función descriptiva.

    El cuadro representa un rostro femenino, en este caso, el retrato de la esposa del autor. Es uno de los temas más habituales desarrollados por él a lo largo de toda su obra, junto con los interiores, las ventanas y los desnudos. Sin embargo, no tuvo ningún interés por el paisaje o la naturaleza muerta.

    En cuanto a la estructura, hay separación entre figura y fondo, pero más por los planos de color que por la línea que perfila la figura, pues sólo existe en algunas partes de ella. En obras posteriores la línea que separa figuras y fondos quedará completamente marcada. No hay modelado ni profundidad, son aspectos que no interesan al pintor. La composición, en este caso muy simple, está en función de los planos de color.

    Lo más destacable de este lienzo es, pues, el color y su forma de combinarlo consiguiendo dar calor y cuerpo al rostro de la mujer al colocar la línea verde que resalta los tonos amarillos y rosados de las mejillas; y esos magníficos rojo, lila y verde del fondo que dan una gran fuerza al cuadro.

    Es una de las primeras obras fauvistas de Matisse. Su conversión al fauvismo se produjo en el verano de 1905, después de que viera las telas tahitianas de Gauguin. Luego, estamos ante uno de los primeros cuadros del movimiento. Este retrato se expuso en el Salon d'Automme en 1905, donde Matisse expuso junto a los otros miembros del grupo Derain, Dufy y Vlamink. El nombre de fauves se lo puso el crítico de arte Louis Vauxeelles, al ver las obras en una sala que tenía en el centro una escultura neorrenacentista; su exclamación: "comme Donatello parmi les fauves", dio nombre al grupo, cuya denominación de fieras se debe a la agresividad de los colores empleados.

    El fauvismo basa su planteamiento estético en la liberación del color, utilizado no para describir situaciones, sino para expresar emociones y sentimientos. Es decir, convierten el color en expresión. Pero no el color aislado, sino en relación con lo demás colores que componen la superficie pictórica. Llega a decir Matisse: "Lo que más importa en el color son sus relaciones. No es una cuestión de cantidad sino de elección. El color alcanza su plena potencilidad expresiva sólo cuando está organizado”

    No obstante está organización no está basada en teorías científicas sobre los colores fundamentales y sus complementarios, sino en la sensibilidad del artista. Para Matisse, el color se mide por el tono cuyo valor está en función del contexto general en que está colocado. Así la modificación de un color implica la modificación total del cuadro. Este tratamiento del color implica dotarlo de constructividad, es decir, el cuadro se estructura a partir del marco de relaciones existentes entre los colores, y lo lleva acentuar su autosuficiencia como realidad en sí mismo, a pesar de que nunca abandonó el soporte figurativo.

    A.L.L.
    http://artebajocinca.blogspot.com/2010/05/comentarios-de-obras-seleccionadas_29.html

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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