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    miércoles, 8 de febrero de 2012

    Alejandra Pizarnik







    Alejandra Pizarnik nació en Buenos Aires, el 29 de Abril de 1936, en una familia de inmigrantes de europa oriental. Estudió filosofía y letras en la Universidad de Buenos Aires y, mas tarde, pintura con Juan Batlle Planas. Entre 1960 y 1964, Pizarnik vivió en París donde trabajó para la revista "Cuadernos" y algunas editoriales francesas, publicó poemas y críticas en varios diarios, tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Cesairé, e Yves Bonnefoy, y estudió historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona. Luego de su retorno a Buenos Aires, Pizarnik publicó tres de sus principales volúmenes, "Los trabajos y las noches", "Extracción de la piedra de locura" y "El infierno musical", así como su trabajo en prosa "La condesa sangrienta". En 1969 recibió una beca Guggenheim, y en 1971 una Fullbright. El 25 de septiembre de 1972, mientras pasaba un fin de semana fuera de la clínica siquiátrica donde estaba internada, Pizarnik murió de una sobredosis intencional de seconal. 

    Alejandra Pizarnik - Tres textos


    Foto: Anatole Saderman

    El despertar


    A León OstrovSeñor
    La jaula se ha vuelto pájaro
    y se ha volado
    y mi corazón está loco
    porque aúlla a la muerte
    y sonríe detrás del viento
    a mis delirios

    Qué haré con el miedo

    Qué haré con el miedo

    Ya no baila la luz en mi sonrisa
    ni las estaciones que queman palomas en mis ideas
    Mis manos se han desnudado
    y se han ido donde la muerte
    enseña a vivir a los muertos

    Señor
    El aire me castiga el ser
    Detrás del aire hay monstruos
    que beben de mi sangre

    Es el desastre
    Es la hora del vacío no vacío
    Es el instante de poner cerrojo a los labios
    oír a los condenados gritar
    contemplar a cada uno de mis nombres
    ahorcados en la nada.

    Señor
    Tengo veinte años
    También mis ojos tienen veinte años
    y sin embargo no dicen nada

    Señor
    He consumado mi vida en un instante
    La última inocencia estalló
    Ahora es o nunca jamás o simplemente fue

    ¿Cómo no me suicido frente a un espejo
    y desaparezco para reaparecer en el mar
    donde un gran barco me esperaría
    con las luces encendidas?

    ¿Cómo no me extraigo las venas
    y hago con ellas una escala
    para huir al otro lado de la noche?

    El principio ha dado a luz el final
    Todo continuará igual
    Las sonrisas gastadas
    El interés interesado
    Las gesticulaciones que remedan amor
    Todo continuará igual

    Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
    porque aún no les enseñaron
    que ya es demasiado tarde

    Señor
    Arroja los féretros de mi sangre

    Recuerdo mi niñez
    cuando yo era una anciana
    Las flores morían en mis manos
    porque la danza salvaje de la alegría les destruía el corazón
    Recuerdo las negras mañanas del sol
    cuando era niña
    es decir ayer
    es decir hace siglos

    Señor
    La jaula se ha vuelto pájaro
    y ha devorado mis esperanzas

    Señor
    La jaula se ha vuelto pájaro
    Qué haré con el miedo



    Cenizas


    Hemos dicho palabras
    palabras para despertar a los muertos,
    palabras para hacer un fuego,
    palabras donde poder sentarnos
    y sonreír.

    hemos creado el sermón
    del pájaro y del mar,
    el sermón del agua,
    el sermón del amor.
    Nos hemos arrodillado
    y adorado frases extensas
    como el suspiro de la estrella,
    frases como olas, frases como alas.

    Hemos inventado nuevos nombres
    para el vino y para la risa,
    para las miradas y sus terribles caminos.



    El ausente

    I


    La sangre quiere sentarse
    Le han robado su razón de amor.
    Ausencia desnuda.
    Me deliro, me desplumo.
    ¿Qué diría el mundo si Dios
    lo hubiera abandonado así?

    II

    Sin ti
    el sol cae como un muerto abandonado

    Sin ti
    me tomo en mis brazos
    me llevo a la vida
    a mendigar fervor.




    En Antología poéticaRecopilación: Mario Roberto Pelicó


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    Alejandra Pizarnik: La mesa verde*







    El sol como un gran animal demasiado amarillo. Es una suerte que nadie me ayude. Nada más peligroso, cuando se necesita ayuda, que recibir ayuda.

    *

    Me rememoro al sol de la infancia, infusa de muerte, de vida hermosa.

    *

    Pero a mi noche no la mata ningún sol.

    *

    La errancia, la canción de nosotros dos, tiemblo como en una metáfora el alma comparada con una candela.

    *

    Y nada será tuyo salvo un ir hacia donde no hay dónde.

    *

    He aquí que se estremece el espacio como un gran loco.

    *

    Alguien demora en el jardín el paso del tiempo.

    *

    Me alimento de música y de agua negra. Soy tu niña calcinada por un sueño implacable.

    *

    Máscaras de la noche en qué lugar perdido que nadie más que yo conoce.


    *

    ¿Tendré tiempo para hacerme una máscara cuando emerja de la sombra?


    *

    Invitada a ir nada más que hasta el fondo.

    *

    Me pruebo en el lenguaje que compruebo el peso de mis muertos.

    *

    El mar esconde sus muertos. Porque lo de abajo tiene que quedar abajo.

    *

    Para mejor ser el que fue, ha querellado con su nueva sombra, ha luchado contra lo opaco.






    * Copia corregida y mecanografiada por AP, 17-IX-72

    En Poesía Completa (1955-1972)
    Edición a cargo de Ana Becciu
    Barcelona, Lumen, 2001
    Foto: Autor desconocido | Archivo Centro de Arte Moderno  Vía


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    Memoria iluminada, Alejandra Pizarnik


    En la serie Memoria Iluminada, los guionistas y realizadores Virna Molina y Ernesto Ardito encaran la tarea de contar la vida de los artistas de los ´60 considerados revolucionarios y reúnen figuras de la talla de Raymundo Gleyzer, Alejandra Pizarnik, Paco Urondo y Haroldo Conti. Este segundo segmento dentro del ciclo que se emite por Canal Encuentro, se divide en cuatro capítulos, que cuentan la historia de Alejandra Pizarnik desde su infancia hasta su suicidio en 1972.
    Título original: Memoria iluminada: Alejandra Pizarnik
    Dirección: Virna Molina, Ernesto Ardito
    Guión: Virna Molina, Ernesto Ardito
    Producción: Virna Molina, Ernesto Ardito, Canal Encuentro
    Animaciones: Virna Molina
    Fotografía: Virna Molina, Ernesto Ardito
    Montaje: Virna Molina, Ernesto Ardito
    Intervienen: Carmela Direse Rojo, Isadora Ardito, Nika Ardito, Vanesa Molina (voz de Alejandra)
    Distribución: Canal Encuentro
    Idioma: Castellano
    Año: 2011
    País de producción: Argentina
    Duración: Cuatro capítulos de 30 minutos
    Emitido por Canal Encuentro en septiembre 2011

    Capítulo 1 - Flora, ese ser imperfecto
      Capítulo 2 - Los años felices
     Capítulo 3 - El retorno
      Capítulo 4 - Encuentro




    Entrevista a Alejandra Pizarnik
    Por Marta Isabel Moia [*]

    Entrevista de Martha Isabel Moia, publicada en El deseo de la palabra, Ocnos, Barcelona, 1972.
    * Todos los asteriscos que aparecen hasta el final del texto hacen referencia a poemas de Alejandra Pizarnik.
    M.I.M. - Hay, en tus poemas, términos que considero emblemáticos y que contribuyen a conformar tus poemas como dominios solitarios e ilícitos como las pasiones de la infancia, como el poema, como el amor, como la muerte. ¿Coincidís conmigo en que términos como jardín, bosque, palabra, silencio, errancia, viento, desgarradura y noche, son, a la vez, signos y emblemas?
    A.P. - Creo que en mis poemas hay palabras que reitero sin cesar, sin tregua, sin piedad: las de la infancia, las de los miedos, las de la muerte, las de la noche de los cuerpos. 0, más exactamente, los términos que designas en tu pregunta serían signos y emblemas.

    M.I.M. - Empecemos por entrar, pues, en los espacios más gratos: el jardín y el bosque.
    A.P. - Una de las frases que más me obsesiona la dice la pequeña Alice en el país de las maravillas: - «Sólo vine a ver el jardín». Para Alice y para mí, el jardín sería el lugar de la cita o, dicho con las palabras de Mircea Eliade, el centro del mundo. Lo cual me sugiere esta frase: El jardín es verde en el cerebro. Frase mía que me conduce a otra siguiente de Georges Bachelard, que espero recordar fielmente: El jardín del recuerdo- sueño, perdido en un más allá del pasado verdadero.
    M.I.M. - En cuanto a tu bosque, se aparece como sinónimo de silencio. Mas yo siento otros significados. Por ejemplo, tu bosque podría ser una alusión a lo prohibido, a lo oculto.
    A.P. - ¿Por qué no? Pero también sugeriría la infancia, el cuerpo, la noche.

    M.I.M. - ¿Entraste alguna vez en el jardín?
    A.P. - Proust, al analizar los deseos, dice que los deseos no quieren analizarse sino satisfacerse, esto es: no quiero hablar del jardín, quiero verlo. Claro es que lo que digo no deja de ser pueril, pues en esta vida nunca hacemos lo que queremos. Lo cual es un motivo más para querer ver el jardín, aun si es imposible, sobre todo si es imposible.

    M.I.M. - Mientras contestabas a mi pregunta, tu voz en mi memoria me dijo desde un poema tuyo: mi oficio es conjurar y exorcizar.*
    A.P. - Entre otras cosas, escribo para que no suceda lo que temo; para que lo que me hiere no sea; para alejar al Malo (cf. Kafka). Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En este sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos.
    M.I.M. - Entre las variadas metáforas con las que configuras esta herida fundamental recuerdo, por la impresión que me causó, la que en un poema temprano te hace preguntar por la bestia caída de pasmo que se arrastra por mi sangre.* Y creo, casi con certeza, que el viento es uno de los principales autores de la herida, ya que a veces se aparece en tus escritos como el gran lastimador.*
    A.P. - Tengo amor por el viento aun si, precisamente, mi imaginación suele darle formas y colores feroces. Embestida por el viento, voy por el bosque, me alejo en busca del jardín.
    M.I.M. - ¿En la noche?
    A.P. - Poco sé de la noche pero a ella me uno. Lo dije en un poema: Toda la noche hago la noche. Toda la noche escribo. Palabra por palabra yo escribo la noche.*

    M.I.M. - En un poema de adolescencia también te unís al silencio.
    A.P. - El silencio: única tentación y la más alta promesa. Pero siento que el inagotable murmullo nunca cesa de manar (Que bien sé yo do mana la fuente del lenguaje errante). Por eso me atrevo a decir que no sé si el silencio existe.
    M.I.M. - En una suerte de contrapunto con tu yo que se une a la noche y aquel que se une al silencio, veo a «la extranjera»; «la silenciosa en el desierto»; «la pequeña viajera»; «mi emigrante de sí»; la que «quería entrar en el teclado para entrar adentro de la música para tener una patria». Son estas, tus otras voces, las que hablan de tu vocación de errancia, la para mí tu verdadera vocación, dicho a tu manera.
    A.P. - Pienso en una frase de Trakl: Es el hombre un extraño en la tierra. Creo que, de todos, el poeta es el más extranjero. Creo que la única morada posible para el poeta es la palabra.
    M.I.M. - Hay un miedo tuyo que pone en peligro esa morada: el no saber nombrar lo que no existe.* Es entonces cuando te ocultás del lenguaje.
    A.P. - Con una ambigüedad que quiero aclarar: me oculto del lenguaje dentro del lenguaje. Cuando algo - incluso la nada tiene un nombre, parece menos hostil. Sin embargo, existe en mí una sospecha de que lo esencial es indecible.
    M.I.M. - ¿Es por esto que buscas figuras que se aparecen vivientes por obra de un lenguaje activo que las aluden?*
    A.P. - Siento que los signos, las palabras, insinúan, hacen alusión. Este modo complejo de sentir el lenguaje me induce a creer que el lenguaje no puede expresar la realidad; que solamente podemos hablar de lo obvio. De allí mis deseos de hacer poemas terriblemente exactos a pesar de mi surrealismo innato y de trabajar con elementos de las sombras interiores. Es esto lo que ha caracterizado a mis poemas.

    M.I.M. - Sin embargo, ahora ya no buscas esa exactitud.
    A.P. - Es cierto; busco que el poema se escriba como quiera escribirse. Pero prefiero no hablar del ahora porque aún está poco escrito.
    M.I.M. - ¡A pesar de lo mucho que escribís!
    A.P. - ...
    M.I.M. - El no saber nombrar* se relaciona con la preocupación por encontrar alguna frase enteramente tuya.* Tu libro Los trabajos y las noches es una respuesta significativa, ya que en él son tus voces las que hablan.
    A.P. - Trabajé arduamente en esos poemas y debo decir que al configurarlos me configuré yo, y cambié. Tenía dentro de mí un ideal de poema y logré realizarlo. Sé que no me parezco a nadie (esto es una fatalidad). Ese libro me dio la felicidad de encontrar la libertad en la escritura. Fui libre, fui dueña de hacerme una forma como yo quería.

    M.I.M. - Con estos miedos coexiste el de las palabras que regresan.* ¿Cuáles son?
    A.P. - Es la memoria. Me sucede asistir al cortejo de las palabras que se precipitan, y me siento espectadora inerte e inerme.
    M.I.M. - Vislumbro que el espejo, la otra orilla, la zona prohibida y su olvido, disponen en tu obra el miedo de ser dos,* que escapa a los límites del döppelganger para incluir a todas las que fuiste.
    A.P. - Decís bien, es el miedo a todas las que en mí contienden. Hay un poema de Michaux que dice: Je suis; je parle á qui je fus et qui- je- fus me parlent. ( ... ) On n'est pas seul dans sa peau.
    M.I.M. - ¿Se manifiesta en algún momento especial?
    A.P. - Cuando «la hija de mi voz» me traiciona.

    M.I.M. - Según un poema tuyo, tu amor más hermoso fue el amor por los espejos. ¿A quién ves en ellos?
    A.P. - A la otra que soy. (En verdad, tengo cierto miedo de los espejos.) En algunas ocasiones nos reunimos. Casi siempre sucede cuando escribo.

    M.I.M. - Una noche en el circo recobraste un lenguaje perdido en el momento que los jinetes con antorchas en la mano galopaban en ronda feroz sobre corceles negros.* ¿Qué es ese algo semejante a los sonidos calientes para mi corazón de los cascos contra las arenas?*
    A.P. - Es el lenguaje no encontrado y que me gustaría encontrar.

    M.I.M. - ¿Acaso lo encontraste en la pintura?
    A.P. - Me gusta pintar porque en la pintura encuentro la oportunidad de aludir en silencio a las imágenes de las sombras interiores. Además, me atrae la falta de mitomanía del lenguaje de la pintura. Trabajar con las palabras o, más específicamente, buscar mis palabras, implica una tensión que no existe al pintar.

    M.I.M. - ¿Cuál es la razón de tu preferencia por «la gitana dormida» de Rousseau?
    A.P. - Es el equivalente del lenguaje de los caballos en el circo. Yo quisiera llegar a escribir algo semejante a «la gitana» del Aduanero porque hay silencio y, a la vez, alusión a cosas graves y luminosas. También me conmueve singularmente la obra de Bosch, Klee, Ernst.

    M.I.M. - Por último, te pregunto si alguna vez te formulaste la pregunta que se plantea Octavio Paz en el prólogo de El arco y la lira: ¿no sería mejor transformar la vida en poesía que hacer poesía con la vida?
    A.P. - Respondo desde uno de mis últimos poemas: Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con mis días y con mis semanas, infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir*.

    * Texto extraído de "Prosa Completa", Alejandra Pizarnik, págs. 311/315, ed. Lumen, Buenos Aires, Argentina, 2003.
    Selección: S.R.

    http://www.elortiba.org/pizarnik1.html



    Carta de Cortázar a Pizarnik


    Alejandra Pizarnik (abril de 1936 – setiembre de 1972)

    Esta carta se la envió Julio Cortázar a su amiga Alejandra Pizarnik el 9 de setiembre de 1971.
    Una año después, la poetisa se quitaría la vida con una sobredosis de seconal sódico. Tenía treinta y seis años.


    París, 9 de setiembre de 1971.
    Mi querida, tu carta de julio me llega en setiembre, espero que entre tanto estés ya de regreso en tu casa. Hemos compartido hospitales, aunque por motivos diferentes; el mío es harto banal, un accidente de auto que estuvo a punto de… Pero vos, vos, ¿ te das realmente cuenta de todo lo que me escribís?
    Sí, desde luego te das cuenta, y sin embargo no te acepto así, no te quiero así, yo te quiero viva, burra, y date cuenta que te estoy hablando del lenguaje mismo del cariño y la confianza – y todo eso, carajo, está del lado de la vida y no de la muerte. Quiero otra carta tuya, pronto, una carta tuya.
    Eso otro es también vos, lo sé, pero no es todo y además no es lo mejor de vos. Salir por esa puerta es falso en tu caso, lo siento como si se tratara de mí mismo. El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, ya no queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima. Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria. Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra.
    Escribime, coño, y perdoná el tono, pero con qué ganas te bajaría el slip ( ¿rosa o verde?) para darte una paliza de esas que dicen te quiero a cada chicotazo.

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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