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    sábado, 14 de enero de 2012

    Anaïs Nin, el erotismo como la exaltación de la libertad




    JAVIER MEMBA

    Entre las muchas sangres que corrieron por las venas de la norteamericana Anaïs Nin, la española ocupó un papel fundamental. Sin embargo, aquí en España la conocimos tarde, estando ya ella a punto de morir. Llegó al final de los años 70, dentro del "boom" de la literatura erótica al que asistimos durante la transición. Sí señor, la leímos con el mismo gozo que descubrimos que el sexo es un placer y no un pecado venial. Pero sería injusto apuntar que fue la sicalipsis que rezuman sus páginas lo que nos hizo dar cuenta de ellas con tantísima avidez que, en apenas cuatro años, los que se fueron entre 1978 y 1982, se agotaron tres ediciones de su "Delta de Venus". En Nin, como en todos los grandes que nos llegaron con el "boom" de la novela erótica, la exaltación de la carne fue la exaltación de la libertad. Mas habría de ser su experiencia cotidiana -y eso no hay que olvidarlo en ningún momento-, más o menos ajena a los misterios del sexo, la que inspiró su obra maestra: más de 15.000 páginas reunidas en sus singulares "Diarios". En opinión de Henry Miller, una obra llamada a ocupar "un lugar al lado de las revelaciones de San Agustín , Petronio, Abelardo Rousseau y Proust".


    Hija del pianista y compositor español Joaquín Nin, Anaïs nació en París en 21 de febrero de 1903. Aunque su padre era a su vez descendiente de franceses, daneses y cubanos, sería la nacionalidad de la madre -norteamericana- la que le sería impuesta la futura escritora. Fue un hecho dramático, la separación de sus padres cuando ella apenas contaba diez años, lo que
    llevó a la pequeña Anaïs a coger la pluma. Trasladada junto a su madre y sus hermanos a Nueva York, el desarraigo también sería determinante en su vocación.

    El sentimiento antiburgués 

    Casada en 1923 vuelve a su París natal. En su regreso a la capital francesa, los surrealistas acaban de darse a conocer bajo los auspicios de André Breton. Anaïs entra en contacto con ellos algunos años después, con motivo de la publicación de su ensayo "D. H. Lawrence: An Unprofesional Study" (1932). Serán los surrealistas quienes inculcarán en Anaïs el sentimiento antiburgués y antifilesteo que la caracterizará más tarde. De todo el grupo surrealista, será con uno de sus primeros disidentes, Antonin Artaud, con quien tenga un mayor trato nuestra escritora. Asimismo, sus biógrafos se refieren al psicoanalista Otto Rank como a otra de sus grandes referencias. Ahora bien, quien ejerció una mayor influencia sobre la obra de Anaïs Nin fue su compatriota Henry Miller. Además de literaria, llegaría a unirla con él una relación sentimental.

    No obstante, ciertos sectores de la crítica, no carentes de razón, tienden a asociar a Anaïs Nin con otra pluma totalmente ajena a esa efervescencia cultural del París de entreguerras: Colette.
    En efecto, las dos autoras son pioneras en la literatura femenina sin inhibiciones y en toda la literatura erótica que va desde el lesbianismo hasta el adulterio. Pero hay algo que nos lleva a pensar que, de haber sido elegida, Anaïs nunca hubiera acabado sus días siendo académica, tal fue el caso de Colette, perteneciente en su otoño a la Goncourt y a la Real de Bélgica.

    La obsesión por su padre 

    Ya desde el título de su primera novela, "La casa del incesto" (1936) es evidente la obsesión de la escritora por su padre. La misma pasión viene a ratificarse en las páginas de "Invierno de artificio" (1939). De nuevo en Estado Unidos, la autobiografía, más o menos marcada por la figura paterna es el principal argumento de novelas como "Bajo la campana de cristal" (1944), "Hijos del albatros" (1947), "Una espía en la casa del amor" (1954) -primer texto abiertamente erótico-, "Ciudades de interior" (1959) -relatos- y "Collage" (1964).

    Pero serán sus "Diarios", los que la proporcionen el reconocimiento internacional. El primero de ellos, concerniente al período comprendido entre 1931 y 1934, aparece en 1936. Concebidos a la manera de la búsqueda de Proust, la propia autora define su obra maestra con las siguientes palabras: "Este diario es mi kif, mi haschish, mi opio (...). En lugar de escribir una novela, me tiendo con una pluma, este cuaderno y sueño (...). El sueño es mi verdadera vida. Veo en él los ecos que me devuelven las únicas transfiguraciones que conservan lo maravilloso en toda su pureza. Fuera, toda la magia se pierde. Fuera, la vida revela sus imperfecciones".

    Muerta Anaïs en Los Ángeles, el 15 de enero de 1977, las últimas entregas de sus "Diarios" verán la luz con posterioridad. Póstuma también será la publicación de su colecciones de relatos eróticos escritos en los años 40 "Delta de Venus" -encargo de un excéntrico multimillonario que le pagaba a dólar la página- y "Pájaros de fuego" (1978). Aquí en España leímos todos estos títulos en las impagables ediciones que Bruguera incluía en su colección Libro Amigo durante la Transición. 

    "El erotismo es una de las bases del conocimiento de uno mismo, tan indispensable como la poesía."
    Anais Nin 
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    "Siempre hubo en mí, al menos, dos mujeres
    una mujer desesperada y perpleja
    que siente que se está ahogando y otra que
    salta a la acción, como si fuera un escenario,
    disimulando sus verdaderas emociones porque ellas
    son la debilidad, la impotencia, la desesperación
    y presenta al mundo sólo una sonrisa,
    impetu, curiosidad, entusiasmo, interés.
    Diarios Anais Nin 



    Un diario escrito a lo largo de toda una vida, más de treinta y cinco mil páginas, que por primera vez nos descubre sin tabíes a la mujer moderna, a la Anaïs Nin que se asoma sin vértigo al siglo XX. Testimonio de una mujer apasionada, auténtica, explosiva, un impresionante friso en el que se exhibe desnuda, feliz, sin complejos, amando a la vez a Henry y a June. "June es mi aventura y mi pasión, pero Henry es mi pasión". Esa Anaïs Nin que recurre a la emociones para embellecer la visa, que sabe rodearse de talento y se entrega al amor sin displicencia. Es este primer volumen de su Diario, revive el Parías que comparte con Hernry Miller y su mujer, June Masnfield, hasta 1934, cuando se dirigea Nueva York. 
    Pura literatura para contar, más allá de sus experiencias sexuales, el gran París del mundo del arte y el gran París de una mujer ante el frenesí intelectual, emocional y físico que le sacudirá como nada antes la haía conmovido. 
    Uno de los testimonios más extraordinarios de la literatura universal.



    Carta de despedida de Henry Miller a Anaïs Nin




    "Te deseo con la desesperación y el anhelo de lo imposible"

    Qué son las despedidas si no saludos disfrazados de tristeza? Lo mismo que el deseo y el placer de verte mientras te desnudas y te envuelves en la sábanas. Nunca has sido mía. Nunca pude poseerte y amarte. Nunca me amaste o me amaste demasiado o me admiraste como la niña que toma una lente y se pone a ver cómo marchan las hormigas y cómo, en un esfuerzo inacabable y lleno de fatiga, cargan enormes migajas de pan. Qué son aquellas noches lluviosas en medio de la cama de un hotel. Qué el recuerdo de nuestros pasos por la calle, en el teatro o en la sala de conciertos. Qué son los recuerdos de los celos y de tus amantes y de June y de mis amantes.
    Anaïs, no creo que nadie haya sido tan feliz como lo fuimos nosotros. No creo que exista en la historia del hombre y de la mujer un hombre y una mujer como tú y como yo, con nuestra historia, nuestras circunstancias; con aquello que se desbordaba en las paredes, el ruido de la calle y la explosión de tu mirada inquieta de ojos delineados en negro; con la sinceridad de tu cuerpo frágil y tu secreto agresivo e insaciable. El recuerdo puede ser cruel cuando estás volando febrilmente a tu próximo destino, a otros brazos que te reciban expectantes y hambrientos. El recuerdo de tu diario rojo que tirabas en la humedad de la cama entre tus labios entreabiertos y mis ganas de desearte. Te deseo. Te deseo con la desesperación y el anhelo de lo imposible y ya te has ido y tal vez, en un sueño imaginativo y romántico, leerás estas palabras una y otra vez, en medio de mi ciudad con la gente pasando en medio de las calles y la sorpresa en tus ojos y la gran dama con el fuego en la mano derecha.
    Mi querida Anaïs, ma petite, ma jolie, infanta inquieta de sal nocturna. Te extraño cuando huyes de madrugada y te extraño cuando camino y me tomo un café en la calle; te extraño cuando June se acerca cariñosa y cuando paso por los grandes aparadores. Te extraño casi a todas horas: cuando escribo, cuando te pienso, cuando escucho las campanas que me anuncian que ya son las tres, cuando me acuerdo de las horas interminables entre humo y whisky, cuando tengo una comida que dura toda la tarde, también cuando me despido de ti cada día a la misma hora, cuando como en aquel lugar donde nos dio el aire y cuando escucho la radio. Adiós, Anaïs, adiós. Ya nos encontraremos en otras vidas y en otras vidas podré poseerte y quedarme contigo para siempre. Ya te veré en medio de la nieve y entre libros y vino. Adiós, tuyo siempre

    Henry
    ****
    Esta carta ha sido obtenida en el blog -excelente- de La esfera de ababol


    Dos cartas tumultuosas de Henry Miller a Anaïs Nin

    «... Ayer pensé en ti, en cómo ciñes las piernas en torno a mí, de pie, en cómo se tambalea la habitación, en cómo caigo sobre ti en la oscuridad sin saber nada...»

    Terriblemente, terriblemente vivo, afligido, absolutamente consciente de que te necesito. He de verte, te veo brillante y maravillosa y al mismo tiempo le he escrito a June y me siento desgarrado, pero tú lo entenderás, debes entenderlo. Anais, no te apartes de mí. me envuelves como una llama brillante. Anais, por Dios, si supieras lo que siento en este momento. Quiero conocerte mejor. Te quiero. Te quise cuando viniste a sentarte en mi cama -esa segunda tarde fue toda como una cálida neblina- y de nuevo oigo cómo pronuncias mi nombre, con ese extraño acento tuyo. Despiertas en mí tal mezcla de sentimientos que no sé cómo acercarme a ti. Ven a mí, aproxímate a mí, será de lo más hermoso, te lo prometo. No sabes cuánto me gusta tu franqueza, es casi humildad. Sería incapaz de oponerme a ella. Esta noche he pensado que debería estar casado con una mujer como tú. O es que el amor, al principio inspira siempre esos pensamientos?. No temo que quieras herirme. Veo que tú también posees fuerza, de distinto orden, más escurridiza. No, no te romperás. Dije muchas tonterias sobre tu fragilidad. Siempre he sentido un poco de vergüenza, pero la última vez menos. Acabará desapareciendo toda.
    Tienes un sentido del humor delicioso; lo adoro. Quiero verte reir siempre. Te lo mereces. He pensad
    o en sitios a donde deberíamos ir juntos, sitios oscuros, aquí y allí, en París, por el simple hecho de decir "aquí vine con Anaïs", "aquí comimos, bailamos o nos emborrachamos juntos".
    Ay!, verte borracha alguna vez, qué privilegio!, casi me da miedo de proponértelo
    ; pero Anais, cuando pienso cómo aprietas contra mí, cuán ansiosamente abres las piernas y qué humeda estás, Dios, me vuelvo loco de pensar en cómo serías cuando todo se disuelve. Ayer pensé en ti, en cómo ciñes las piernas en torno a mí, de pie, en cómo se tambalea la habitación, en cómo caigo sobre ti en la oscuridad sin saber nada. Y me estremecí y gemí de placer.
    Pienso que si he de pasar todo el fin de semana sin verte, resultará intolerable. Si es preciso, iré a Versailles el domingo - lo que sea, pero he de verte. No temas tratarme con frialdad. Me bastará con estar cerca de ti, con mirarte admirado. Te quiero, eso es todo.



    (Esta carta fue remitida a Anaïs por Henry Miller cuando éste no era todavía un fuego editorial)***


    «... Es hermoso amar y ser libre al mismo tiempo....»


    Quiero decir que no puedo ser absolutamente leal, no está dentro de lo que soy capaz. Me gustan las mujeres, o la vida, demasiado… No sé cual de las dos cosas. Pero ríe, Anaïs. Me encantaría oírte reír. Eres la única mujer que tiene un sentido de la alegría, una sabia tolerancia; no, es más, parece que me instas a que te traicione. Por eso te amo. Y ¿qué es lo que te lleva a hacer eso, el amor? Es hermoso amar y ser libre almismo tiempo.
    No sé lo que espero de ti, pero es algo parecido a un milagro. Te voy a exigir todo, hasta lo imposible, porque me animas a ello. Eres realmente fuerte. Me gusta incluso tu engaño, tu traición. Me parece aristocrático (¿suena inapropiada la palabra aristocrático en mi boca?).
    Sí, Anaïs, pensaba en como traicionarte, pero no puedo. Te deseo. Quiero desnudarte, vulgarizarte un poco… no sé, ay, lo que me digo. Estoy un poco bebido porque tú no te encuentras aquí. Me gustaría dar una palmada y Voilà, ¡Anaïs! Quiero que seas mía, usarte, follarte, enseñarte cosas. No, no siento aprecio por ti, ¡no lo permita Dios! Tal vez quiera hasta humillarte un poco, ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué no me arrodillo ante ti y te adoro? No puedo, te amo alegremente ¿Te gusta eso? Y querida Anaïs, soy tantas cosas. Ves solamente las cosas buenas ahora, o al menos eso es lo que me haces creer. Quiero tenerte al menos un día entero conmigo. Quiero ir a sitios contigo, poseerte. No sabes lo insaciable que soy, ni lo misera
    ble, además de egoísta.
    Me he portado bien contigo. Pero te advierto, no soy ningún ángel. Pienso principalmente que estoy un poco borracho. Me voy a la cama; resulta demasiado doloroso permanecer despierto. Soy insaciable. Te pediré que hagas lo imposible. No sé lo que es. Probablemente tú me lo dirás. Eres más rápida que yo. Me encanta tu coño, Anaïs, me vuelve loco. Y tu manera de pronunciar mi nombre. ¡Dios mío, parece irreal! Escucha, estoy muy ebrio. No soporto estar aquí solo. Te necesito. ¿Puedo pedírtelo todo? Puedo ¿Verdad? Ven enseguida y fóllame. Descarga conmigo.
     Rodéame con las piernas. Caliéntame.

    Henry y June. Anaïs Nin (Diario íntimo)

    http://cartasenlanoche.blogspot.com/

    Carta de Anaïs Nin a un coleccionista


    Sólo la unión de los latidos del sexo y del corazón puede crear el éxtasis”.

    Querido coleccionista:

    Le odiamos. La sexualidad pierde su fuerza y su magia cuando se hace explícita, automática, exagerada; cuando se convierte en una obsesión mecánica, llega a ser aburrida. Usted nos ha enseñado mejor que nadie lo erróneo que es no combinarla con la emoción, la sed, el deseo, la lujuria, los antojos, los caprichos, los lazos personales, las relaciones más profundas que cambian su color, su sabor, sus ritmos y sus intensidades.
    No sabe usted lo que se pierde con su análisis microscópico de la actividad sexual y la exclusión de todo lo demás, sin el combustible que la enciende: lo intelectual, lo imaginativo, lo romántico, lo emotivo. 
    Es todo esto lo que da a la sexualidad sus sorprendentes texturas, sus sutiles transformaciones, sus elementos afrodisiacos. Usted reduce el mundo de sus sensaciones. Lo está marchitando, lo hace pasar sed, lo deja sin sangre [...] No hay dos pieles que tengan la misma textura, nunca hay la misma luz, ni la misma temperatura ni las mismas sombras, ni tampoco el mismo gesto; porque el amante, cuando está encendido por un verdadero amor, puede recorrer la interminable historia de tantos siglos de cuentos de amor. Una enorme gama, enormes cambios de época, variaciones de madurez e inocencia, perversidad y arte, animales graciosos y naturales.
    Nos hemos sentado para charlar durante horas preguntándonos qué aspecto debe tener usted. Si usted ha cerrado sus sentidos a la seda, la luz, el color, el olor, el carácter, el temperamento; usted debe estar ahora completamente apergaminado. Hay muchísimos sentidos secundarios que fluyen como afluentes de la corriente principal del sexo, alimentándola. Sólo la unión de los latidos del sexo y del corazón puede crear el éxtasis”.

    Anaïs
    http://cartasenlanoche.blogspot.com/


    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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