La juventud discreta de Carven

Por: Eugenia de la Torriente
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En esta semana de la moda de París se acumulan los estrenos. Y lo que veremos. En Ungaro han decidido probar suerte con un proyecto "en equipo", después de que Giles Deacon se convirtiera en el sexto (séptimo, si contamos a Lindsay Lohan) diseñador en abandonar la casa desde 2004. "No tengo ganas de lidiar con un gran ego", afirma el nuevo director general, Jeffry Aronsson. En este clima, las historias pequeñas y normalitas tienen algo reconfortante. Por ejemplo, la de Carven que ayer se estrenó con un desfile "mayor" (en la imagen) 

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Una discreta puesta de largo para la marca que Guillaume Henry, de 31 años (arriba), lleva cuatro temporadas convirtiendo en un éxito discreto. Henry dejó Givenchy porque "echaba de menos hacer ropa cotidiana". Y, precisamente por eso, disfrutó de su paso por Paule Ka.
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En 2009 le ficharon para rescatar una olvidada casa de alta costura que había nacido en 1945 con una premisa igualmente pragmática. La compañía se considera a sí misma "la primera que ofreció lujo accesible". Una afirmación que tal vez desentona un poco con el clima de modestia que marca esta historia. En todo caso, más de medio siglo después de su fundación la idea de retomar su propuesta sencilla, atractiva y de precio moderado funció casi de inmediato. Los vestidos cuestan a partir de 350 euros.
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A la manera de Acne, Carven se ha convertido en una marca que las tiendas adoran. Porque se vende. Tan simple y tan complicado como eso. En Love Dispensary (Barquillo, 35) de Madrid vieron muy pronto su potencial y apostaron por ella. Parece que no fueron los únicos: de la temporada primavera/verano 2010 a la de otoño/invierno de ese año pasaron de 70 a 180 puntos de venta.
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La temporada pasada mostraron su colección en un formato híbrido de desfile y presentación. La creciente popularidad de la casa le ha llevado a este cauto estreno en el Jeu de Paume. En su cuarta temporada al frente de Carven, Henry se ha mantenido fiel a su fórmula.
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No propone nada nuevo ni va a cambiar el rumbo de la moda, pero mantiene sus principios. Una mezcla de masculino y femenino con proporciones un tanto infantiles y un regusto a uniforme escolar puntuado por guiños alpinos.
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Estos días en los que el concepto de línea joven está tan denostado (no se te ocurra pronunciar esas palabras ante un empleado de Miu Miu) está bien asumirse como tal y no tener otra pretensión.
Fotografías: L'Estrop

Cosas de Chalayan

Por: Eugenia de la Torriente
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Después de un par de temporadas de pausa, Hussein Chalayan ha vuelto a desfilar en la semana de la moda de París. Ahora firma simplemente Chalayan, pero el retorno ha sido muy a su manera. A su manera completa. Mientras un coro belga se afinaba la voz, Chalayan -disfrazado de camarero- y dos ayudante encapuchados se colocaban detrás de una mesa cubierta de copas. Servían champán a las modelos según iban saliendo y estas se detenían, en grupos de tres, frente a un lienzo en blanco.

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Inicialmente, el número parecía una parodia de una exposición de arte. Pero algo raro sucedía. En la pantalla, tres puntos redondos parpadeaban. Era difícil entender qué mostraban. Yo, admito, no lo habría descubierto sin ayuda. Finalmente, comprendías que las difusas imágenes que se proyectaban en las pantallas procedían de cámaras instaladas en las copas. Mostraban los ojos, labios o cavidades nasales de las modelos.
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De ahí el título de la colección: Sip (sorbo, en inglés). Chalayan había vuelto tan juguetón como siempre. Cualquiera que haya pasado por la exposición (altamente recomendable) que estos días le dedica el museo Les Arts Decoratifs de París puede comprobar hasta donde llega la imaginación y la capacidad de abstracción de este anglo-chipiota de 41 años.
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Vestidos de la colección 'Airbone' de otoño/invierno 2007 tal como están expuestos en Les Arts Decoratifs.
A partir de los vestidos quemados con los que se licenció en Saint Martins en 1993, Chalayan se convirtió en una fuente de ocurrencias insólitas, intrigantes y desasosegantes para la moda. Una de sus colecciones más célebres se tituló Afterwords (otoño/invierno de 2000) y estudiaba los sentimientos que provoca el éxodo a través de ropa que se convertía en los objetos necesarios para crear una casa, lanzando la idea de un hogar portátil que puedes llevar puesto. Su imagen más memorable es una modelo que metía los pies en el centro de una mesa baja y la convertía en una falda.
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Los trajes de 'Inertia' (primavera/verano 2009) reflexionan sobre la velocidad a la que vivimos a través de un golpe detenido en pleno impacto. Así se expone la colección en Les Arts Decoratifs.
La ciencia, la filosofía, la religión, la historia o la literatura se dan la mano en trajes que hablan del cambio climático, de los choques culturales, de las modificaciones genéticas... Pocas materias escapan a la curiosidad de este explorador intelectual y estético, fascinado por el moviento (del cuerpo, de grupos humanos, político...) y cuyas aventuras le han llevado en ocasiones a terrenos demasiado alejados de las necesidades cotidianas de sus clientes.
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Los vestidos mecanizados tal como se vierno en la pasarela en 2006.
 Aunque los vestidos mecanizados que desaparecen en un sombrero o los estampados con motivos de sangrientos enfrentamientos étnicos no son moneda corriente en ningún armario, en sus colecciones siempre ha habido piezas menos complejas.
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La exposición de París está dividida por conceptos. En la planta baja se agrupan las colecciones que establecen sus fundamentos ideológicos o que hablan de las barreras políticas, religiosas o culturales. En la de arriba, las que se refieren a movimientos, sean del cuerpo, migratorios...
En todo caso, es una lección que parece haber aprendido. Tal vez por su experiencia en Puma, firma para la que trabaja desde 2008. Quién sabe. Más allá de su puesta en escena, la colección de primavera/verano 2012  es un compendio de prendas perfectamente llevables y nunca excesivamente complejas. A partir de limpia sastrería en blanco y negro, introduce algunos de sus habituales volúmenes, tonos vivos, metalizados arrugados y sutiles estampados.
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Termina con bordados tradicionales que recuerdan de forma muy sutil y pragmática su gusto por el encuentro entre la colorista tradición y la oscura modernidad. Las fotos no terminan de hacerle justicia a la ropa, que pone un curioso énfasis en las espaldas. De ahí que las modelos se dieran la vuelta para su performance. Cuando terminó de servirlas y estas se fueron, el diseñador disfrazado de camarero se ha retiró con una sonrisa.
http://blogs.elpais.com/delitos-y-faldas/2011/10/cosas-de-chalayan.html

Rutas alternativas en París: Gabrielle Greiss

Por: Eugenia de la Torriente
Con un calendario oficial rebosante y un programa paralelo cada vez más concurrido no hay mucho espacio para la improvisación y el descubrimiento en la semana de la moda de París. Una pena, porque cuando consigues hacer una pequeña escapada de la autopista encuentras paisajes interesantes en las rutas alternativas. Por ejemplo, Gabrielle Greiss, que presenta su primera colección propia para primavera/verano 2012.
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Vestido largo en crepe color tostado de la primera colección de Gabrielle Greiss (Serge Leblon)

Greiss trabajó durante ocho años con Martine Sitbon y otros cuatro con Sonia Rykiel. Dos de ellos como directora creativa de la firma (que, por cierto, emitió un comunicado hace un par de días anunciando que ese cargo será ocupado a partir del desfile de ayer por April Crichot).
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Los vestidos juegan con las apariencias y simulan partes separadas, pero son capas unidas (Serge Leblon)
Cuentan algunos estudiantes de Saint Martins que Greiss era una de las grandes esperanzas de su promoción. La primera de la clase, sin embargo, ha tardado tres lustros en establecer su firma. "La verdad es que nunca tuve esa inquietud", explica con voz suave. "Pero con toda la locura que estamos viviendo ahora en la moda, me surgió la necesidad de hacer algo más íntimo, más reposado y tranquilo".
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Esta colección se apunta a dar protagonismo a las espaldas, al igual que la de Chalayan o la de Haider Ackermann (Serge Leblon)
Los vestidos forman el grueso de su colección. Son discretos, pero no austeros: juegan con las transparencias y las superposiciones de una forma inteligente. "Me gusta la idea de una mujer que lleva ropa muy sofisticada, pero que no parece frágil", dice Greiss. Cita las fotografías de Cecil Beaton o a Pina Bausch como ejemplos de esas mujeres fuertes a las que se refiere.
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La colección se compone de tonos tierra, blanco y negro únicamente (Serge Leblon) 
En la medida de lo posible, Greiss querría producir localmente y mantener un contacto lo más directo posible con sus clientes. "Me harté de esa cultura del exceso, de toda esa ropa que se fabrica solo para ser tirada de inmediato. Me apetece vender a tiendas que no estén llenas de cosas y que no sean idénticas en todo el mundo, idealmente, me gustaría producir ropa especial para cada una de ellas. Me gusta diseñar, pero sobre todo me gusta vestir a las mujeres y me encanta cuando veo mi ropa puesta". Es evidente que hay mucho idealismo en la propuesta de Gabrielle, pero sus vestidos no resultan utópicos.
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