jueves, 4 de agosto de 2011

Rose C'est Paris Bettina Rheims y Serge Bramly

El símbolo apuntala, recrea, deforma y contamina. Pero instruye, categoriza, alinea, reubica. Serge Bramly se encarga de crear una atmósfera pesada, proto-arty, neobarroca, romántica, casi de relicario, coquetea con la bohemia y traza un pasadizo de festines alegóricamente mortíferos utilizando la erótica y el simbolismo del color y la perfección femenina como armas de doble filo; Bettina Rheims se transforma en una emperatriz de la imagen y capta, redondea, resume, documenta, amplía el espectro del movimiento al momento mismo y lo estanca como si de un libro de sensualidad trágica se tratase. Rose C’est Paris es el proyecto que Taschen les edita a RheimsBramly, un proyecto centrado en la imagen, en la historiografía y en la recreación del término dramático hacia zonas tan sexuales como artys, utilizando el delay, la expresión furtiva, la bacanal griega y el fetiche erótico como elementos claves para contar una historia de misterio surrealista y alabanzas a BuñuelDalíWarhol La Bohème de Puccini.

Rose C’est Paris es un trabajo poliartístico tan romántico como moderno. Utiliza dos artes visuales como el cine en formato largo y la fotografía recreativa. Por un lado, Bramly da forma a un formato audiovisual que recuerda el cine experimental de mediados de siglo, utilizando lenguajes del cine mudo y de la expresión performático-teatral, haciendo acopio de influencias tan diversas como Marcel DuchampSalvador Dalí y el movimiento pop no-futurista de la década de los ’60 para retrotraernos a un Paris de aspecto híbrido entre la bohemia de principios de siglo XX y lo que queda de todo aquello en los tiempos que corren editando en DVD esta mitad del trabajo publicado por Taschen en un formato casi de TV movie semi-abstracta. Por otro lado, Rheims recoge un legado fotográfico de toda esa ¿paródica? dramatización audiovisual que el cineasta experimental lleva a cabo. Los espacios, atmósferas, zonas y protagonistas tanto del film como de las fotografías son exclusivamente mujeres, con alguna que otra participación masculina (se utiliza el personaje clásico y criminal de Fantômas para conectar la imagen masculina con dicho villano) más como elementos de paisaje que engrandecen la figura femenina que como reales protagonistas. Aunque la protagonista de dicha historia (una especie de cine de misterio simbólico en la que dos jóvenes y bellísimas gemelas se ven, en un momento dado, separadas y una de ellas comienza a buscar entre desesperada y resignada a su otra mitad) es una Inge van Bruystegem que genera tantos hilos de baba como agua tengas en la zona bucal, se permiten cameos de personalidades famosas como Monica Bellucci,Naomi CampbellInés Sastre o Valérie Lemercier, todas ellas féminas infartantes entre las decenas de pibones que, al mejor estilo Hemult Newton, pueblan las páginas y los fotogramas de este ejercicio de simbolismo poético tan cerca de la superproducción escénica como de la incisión en la erótica fetichista y el exhibicionismo crónico más propio de un estado del sueño que de un ejercicio de realidad moderna.

Bettina Rheims, Serge Bramly, Rose, c'est Paris 9
En muchas páginas o fotogramas vemos dualidades que conectan con imágenes clásicas que nos trasladan a la Antigua Grecia (bacanales, escenas de sexo libertario lesbiano, acrobacias, utilización de los cuerpos como elementos, exaltación de los placeres del vino o del Dios Eros) o a una producción de Annie Leibovitz (utilizan la capital francesa como entorno, pero la creación y trabajo de producción milimétrico no captura movimientos al azar: todo es parte de un entorno magnánimo súper pensado y planeado al dedillo); por momentos las escenas parecen recrear una nueva construcción pictórico-dramática como si de “las nuevas Gracias” de Rubens se tratase y por otros se utilizan ciertos elementos y zonas del cabaret de Montmartre; por momentos se juega al diálogo imaginario y el lenguaje sensorial y por otros parecemos estar sometidos a un ejercicio de improvisación constante. En definitiva, Rose C’est Paris hace de la tematización del símbolo erótico una excusa tan liberal como barroca de las historias de polis en su versión de cómic mudo y en blanco y negro en manos de una tournée de pibones dignas de toda la colección de PlayboyHugh Hefner estará orgulloso.
21.07.11
http://www.notodo.com/libros/fotografia/2600_rose_cest_paris_bettina_rheims_y_serge_bramly.html

Le Paris de Bettina Rheims
Bettina Rheims, courtesy of Galerie Jérôme de Noirmont, Paris
Dans l'objectif de Bettina Rheims, Paris est ville de chair mieux que de pierre.
Bettina Rheims, Courtesy Galerie Jérôme de Noirmont, Paris

Diederick Kraaijeveld Plegaria americana





Podría decirse que Diederick Kraaijeveld tiene Síndrome de Diógenes. O también podría decirse que es uno de los artistas urbanos que mejor partido ha sabido sacar a la basura, al mobiliario urbano desechado y a la urgencia por el reciclaje artístico. De la misma manera, podría decirse que Converse se han convertido en la marca estandarte de la temporada en lo que, al menos, a revitalización del concepto de arte se refiere, a pesar del, a priori, carácter casi-kamikaze de selección de artistas urbanos emergentes con categoría de mitos a baja escala en el mundo del artisteo underground. Pero ellos bien saben lo que vale un peine, y sus casi cien años al frente del estilo de vida de deportistas, músicos y creadores del más diverso pelaje avalan su criterio. Los elementos que mejor conectan el carácter urbanita, desenfadado, joven y altruista de Converse con el mundo del arte se han materializado mejor que nunca en su proyecto The Canvas Experiment. Y los frutos que sigue dando aún saben a cosmopolitismo, multidisciplinariedad y revolución de la moda. Andar, andar…

De la misma manera que ya se han empapado del arte colectivista de Mentalgassi o esa especie de improvisación músico-tendenciosa que contó con Mitch the DrummerSpace Invaders y el guitarrista Bjorn, ahora Converse se acerca al arte urbano más reciclado, menos nocivo y más incisivo en lo que a poder de reformulación de los objetos públicos (los físicos y los metafísicos) se refiere. Diederick Kraiijeveld es, salvando las distancias, una suerte de Andy Warhol de la nueva era. Si el americano antaño retrataba figuras de la cultura popular como Marilyn Monroe o la lata de sopa Campbell’s, éste se encarga de recoger el erario público actual, tales como una lata de Coca-Cola, un retrato de Barack Obama, un vaso de Starbucks o, sí, unas Chuck Taylor All Star. Parte del imaginario colectivo y de la herencia de la tendencia del siglo XX y XXI. Y lo que queda.

El nuevo reto de la marca se materializa en madera reciclada. Así es como curra Diederick Kraiijeveld, y así es como dicho artista ha querido representar las míticas Chuck Taylor All Star de la bandera americana: creando un cuadro a base de madera reciclada tan cerca del collage y de la instalación artística como de la pieza histórica de un museo de la cultura popular de nuestros (y aquellos) tiempos. La pasión que el artista holandés mantiene por los elementos comunes que conectan con la parcela más alternativa de la sociedad, pero no por ello de carácter marginal, ha acercado a Converse a Diederick, y viceversa. El resultado es un emblema popular conocido por todos: la meca de la moda alternativa transformado en cuadro impresionista a base de madera de unas desatadas y molonas zapatillas Converse. Las que tienes puesta ahora mismo, sí
.
Sergio Sánchez
http://www.notodo.com/tendencias/estilos_de_vida/2477_diederick_kraaijeveld_plegaria_americana.html


Diederick Kraaijeveld, un artista autodidacta holandés, crea cuadros con piezas de madera reciclada que tiñe de colores.


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Desde comienzos del siglo 20, las Chuck Taylor All Star de Converse siempre han estado a los pies de numerosos artistas. Ahora, en pleno siglo 21 también están en sus cabezas. Una prueba de ello es el proyecto The Canvas Experiment, donde varios artistas contemporáneos se inspiran en las clásicas zapatillas americanas para crear una obra original. En esta ocasión os presento la pieza creada por Diederick Kraaijeveld, artista holandés especializado en recrear iconos de la cultura moderna en madera vintage reciclada. Diederick extrae toda la materia prima de viejas granjas holandesas y de las antiguas mansiones que bordean los canales de Amsterdam, cuyas laminas de madera son utilizadas en sus colores originales. Imaginaros la cantidad de madera que tiene almacenada este hombre. Aquí abajo encontraréis el modelo de Chuck Taylor All Star que sirvió de inspiración a Diederick, y algún modelo más de la colección primavera verano 2011. En el blog de Converse encontraréis la obra de otros artistas.

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Chuck Taylor All Star, línea American
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Modelo Chuck Taylor All Star de la línea DC Comics

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Las Chuck Taylor All Star fusionadas con la marca de ropa Dickies

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Modelo Chuck Taylor All Star de la línea DC Comics

ARNOLD TARABORRELLI: “MI VIDA ES MI CLASE”

ARNOLD TARABORRELLI: “MI VIDA ES MI CLASE”

ESCENATEATRO — POR BABAB. JUNIO 13, 2011, 23:35 
por Paz Mediavilla
“Honestidad, generosidad y trabajo”… me responde Arnold sin pensárselo ni un minuto cuando le pregunto qué actitudes deben caracterizar a un actor. “Honestidad sobre todo y generosidad para poder dar y recibir también porque tienes que recibir para poder dar. Y trabajar. Es mucho trabajo. Todo el día, porque también tiene que ser una manera de vivir”. Yo creo que estos calificativos también son una buena definición de su personalidad a lo que incluyo el ser coherente y fiel a lo que cree.
Su generosidad y la naturaleza de su trabajo hacen que su nombre aparezca en un discreto segundo plano respecto a la figura del director, y él está absolutamente convencido de que debe ser así, “Yo, en el trabajo que hago, tengo que casi desaparecer en la imagen del director, tengo que poner en movimientos y poner al director de una manera que parezca que las ideas son suyas. A mí no me gusta que me digan -¡Huy, qué bonito está el movimiento de esta obra!- Si se ve así, entonces es que algo estoy haciendo mal. Esto, si se consigue, es en beneficio de la obra”. Algunos de los directores con los que se “ha fundido” son Francisco Nieva, Francisco Vidal, Miguel Narros, José Carlos Plaza y Juan Pastor, estos dos últimos anteriormente alumnos suyos.
No es fácil encontrar información sobre él en un buscador. Ninguna página que le publicite. No la necesita. De hecho, no la ha necesitado nunca desde que llegó a España hace ahora casi cincuenta años porque su trabajo es suficiente tarjeta de presentación. Donde se encuentra su nombre es en la mayoría de los currículos de los actores y actrices de este país desde hace décadas. Incluso, tengo la impresión, de que algunos que no han tenido la oportunidad de asistir a sus clases, lo incluyen porque es sinónimo de buena formación. Pero no sería difícil que realmente hubieran pasado por sus clases todos ellos, porque incluso ahora a sus casi ochenta años, y teniendo que compaginarlo con dieciocho horas de diálisis semanales, continúa infatigable con su fuerte ritmo de trabajo habitual.

Llegada a España
Recuerda el año 1961 cuando vino por primera vez a España “estaba yo entonces trabajando en Londres y como tenía unos amigos españoles, vine y tengo muchos recuerdos. Fuimos al Hotel Capital en la Gran Vía y toda la Gran Vía olía a Varón Dandy[1] y me dije “¡pero esto qué es! y también todos los hombres andando por las calles con capas, eran hombres sin brazos… Todo esto eran cosas muy misteriosas para mí”.
Varon Dandy
Estos amigos a los que se refiere son Teresa y Albano Zúñiga, bailarines de flamenco clásico que conoció mediados los años cincuenta en Puerto Rico, un viaje que hizo Arnold Taraborrelli como miembro de un ballet semi-clásico neoyorkino. Ellos fueron su primer contacto con la cultura española. El siguiente fue también en Puerto Rico. Conoció nada menos que a Lola Flores haciendo Pena, penita, pena en el Teatro Tapia de San Juan y le impactó tanto que pensó “yo tengo que conocer a esta persona”[2]. Años después tuvo la ocasión de trabajar con ella haciendo lo que se llamaba entonces la “ambientación” en una película de Antonio Martín.
Lola Flores
Era una época muy distinta al Madrid que estamos viviendo, “Era el Madrid de los serenos, las porteras, los gitanos que venían a recoger la basura por la mañana con sus carritos de caballos y todo eso. Ahora Madrid es muy fuerte. Hay que luchar contra los coches, toda la gente que siempre va muy deprisa y quieren llegar los primeros, no sé por qué, todos quieren llegar primero, antes que los otros pero cuando llegan yo me pregunto –¿qué hacen?, ¿se aburren?-”.

Philadelphia, Pennsylvania, Estados Unidos
Arnold nació en Philadelphia, en una familia que le proporcionó la experiencia de vivir dos culturas a la vez, la italiana y la estadounidense. Sus padres, emigrantes italianos, también le dieron las bases de lo que sería su futuro profesional; su padre un artesano le infundió el amor por la pintura y su madre, vinculada al mundo de la interpretación, el amor por el teatro y la música.
Le pregunto, egoístamente cómo se consigue tener un carácter como el suyo y su positividad que son verdaderamente envidiables, “a lo mejor viene de toda la vida que he tenido hasta ahora porque yo he conocido gente maravillosa en mi vida. En la Universidad y antes también. Gente con la que me he entendido muy bien y que me ayudaba muchísimo. También viví durante mi época en la escuela y la Universidad con negros y de estar con ellos entendí cómo es la vida y cómo hay que luchar porque ellos tenían muchos problemas. Como, por ejemplo, ir a un restaurante y que no te dejen entrar porque vas con un negro… Y, luego, cómo ellos cantan y bailan para sobrevivir. Yo gané mucho de ese espíritu de cantar y seguir viviendo”.

Madrid y revolución teatral
En el año 63  y tras terminar su contrato en Londres, le surgen trabajos en varias ciudades europeas y decide que tiene que tener algún sitio para vivir y poder moverse por Europa y se instala en Madrid. En esos años conoce a Miguel Narros, “yo estoy aquí en España también por Miguel porque estando trabajando con él en una película, me dijo –he invitado esta noche a un paisano tuyo a mi casa a dar una charla sobre el teatro, por qué no vienes-. Entonces fui a su casa en la calle Barquillo y allí estaba el señor Layton[3] hablando de teatro y de las cosas que a lo mejor podíamos hacer en España. Y así empezó todo. Después empezó el tema de dar clases y Miguel me sugirió –por qué no das tú las clases de movimiento- y yo me quedé un poco extrañado al principio porque yo estaba haciendo en ese momento coreografías para televisión y cosas así, pero le dije que sí, encantado y empecé a dar clases de movimiento para actores en la misma casa de Miguel Narros. Los vecinos subían y preguntaban –¡qué pasa!- Porque las lámparas se movían y esas cosas”.
Fue a partir de ese momento en que con el entusiasmo y el trabajo de este grupo de personas comenzaron a nacer nuevos grupos independientes de teatro en Madrid: Pequeño Teatro, TEM (Teatro Estudio de Madrid), TEI (Teatro Estudio Independiente), TEC (Teatro Estable Castellano). Lo recuerda como una época muy bonita de renovación y evolución del teatro “Era una época maravillosa. El teatro que se hacía era más interesante que ahora. Entonces trabajábamos todo el día, ensayábamos por la tarde y hacíamos las funciones por la noche. Fue maravilloso y todo eso con la censura encima”.

Director, Actor y Movimiento escénico
El movimiento escénico implica, por un lado, esa comunicación e intento de fusión con el director, de los que hablaba antes y que le hacen “desaparecer” y por otro lado, su trabajo con los actores: “A mí me gusta estar en los ensayos, estar siempre, pero comienzo mi trabajo con los actores cuando ya está algo montado. Trabajo con los personajes, no con los actores directamente. Yo entro también como personaje desde fuera. Al final, es un poco triste, el día del estreno cuando ellos están pasándoselo bomba en el escenario y tú estás en la calle. Pero es así”.
El resultado de ese trabajo es el desarrollo armónico desde la obra misma. Se avanza textualmente en la obra porque cualquier movimiento o ausencia de él, cualquier baile en una obra es texto y tiene que funcionar como tal para que discurran las ideas de la obra. “Lo que hace el actor ha de estar en consonancia con lo que esporque si no es así el texto pierde sentido”.
“Cuando hice Traición de Harold Pinter[4], algunas personas me preguntaban -qué haces en esa función, si no tiene movimiento- y eso me servía para explicarles que en la obra de Pinter hay un movimiento precioso. Porque movimiento no es sólo lo que hace el cuerpo, es cómo desplazar el espacio y el cuerpo. En Pinter, precisamente, los espacios entre las personas son igual de importantes que los espacios entre las frases del texto. E hicimos un estudio de estilo gestual, de gestos que pueden hacer los actores que va en colaboración con el texto”[5].
Insiste en que cada miembro de una producción tiene algo importante que dar a la obra. Utiliza el símil de la construcción de un muro “si quitas un ladrillo se cae la obra abajo. El trabajo ha de ser de colaboración, de obreros que trabajan juntos buscando un resultado concreto y único”.

Sus clases: su vida.
“Mi vida es mi clase. Yo puedo estar en la cocina haciendo algo y es parte de mi clase. Por otro lado, estoy escuchando música todo el tiempo o si leo algo… cada cosa que hago tiene relación con mi clase. Cuando llego al estudio es una extensión de mi vida. No es –ahora tengo que parar de vivir, ahora recuerda cómo se hace esto- No. Es mi manera de vivir. El estudio es una extensión de mi casa”.
Cada clase, y puedo dar fe de ello, es una experiencia nueva porque su planteamiento no es –voy a enseñar a mis alumnos lo que sé- sino que el  planteamiento es –voy a compartir con mis alumnos mis experiencias y así aprendemos los dos juntos-, porque Arnold cree que cada persona tiene algo que dar y su función es ayudarle a sacarlo.
En sus clases utiliza imágines que tienen que ver con la poesía, con la escultura, la cerámica, la pintura o la música. “Busco la forma que tiene la música en el espacio y el espacio y las formas que hacen la música. Yo intento ayudar a la gente a escuchar cuadros y a mirar la música. Eso para un actor es muy importante, tener ese tipo de sensibilidades, recibir información para luego utilizarla en la construcción de futuros personajes”. Arnold Taraborrelli utiliza el principio vanguardista que revolucionó las artes a principios del siglo XX, cambiar el orden “normal” de las cosas. Mezclar de manera diferente a la habitual causas y efectos de manera que el resultado de esta alquimia sea nuevo cada vez y aporte experiencias nuevas al mundo de la creación artística[6].
Arnold con pinturas de John
Por su estudio también han pasado estudiantes de canto de la Escuela superior de Música “porque es importante cambiar la idea de que la caja de la voz no va con el cuerpo y es importante que aprendan a moverse también. En clase, me encuentro muchas veces trabajando con la voz y el sonido porque me interesa mucho la idea de qué forma tiene el sonido y si el color tiene sonido y el sonido color. Se puede jugar con estas ideas y con tu propio instrumento, tu voz. Me interesan también mucho las palabras, las palabras que forman frases y tratar de ayudar al actor a ser más receptivo de las palabras en las frases. Yo encuentro que muchos actores dicen la frase y no se dan cuenta de los sonidos, de las palabras que forman la frase. Van patinando por encima de las palabras. Y me parece injusto para el autor que ha seleccionado esas palabras por una razón muy concreta”.
Cada día intenta algo nuevo ayudando al actor a tener muchas experiencias teatrales para que a la hora de trabajar tenga material para resolver los problemas que le surjan en la construcción de personajes. “Por ejemplo, si estamos intentando crear el ambiente de los musicales de los años 20, hablamos de la historia de los musicales de los años 20 y 30. Aprendemos bailes de la época utilizando trabajos de esos años, trajes, gestos, maneras de hablar o cantar. O, quizá, un mes hablamos del ambiente de los trabajos de García Lorca. Entonces investigamos en los bailes y la música española, en las texturas de la vida de pueblo, desde la tierra, la madera y, avanzando desde estas cosas encontramos ideas para trabajar”.[7]
Arnold en clase
Da una idea muy clara de todo esto unas palabras que le dedica la actriz y alumna suya Carmen Arévalo[8], “Cuando conocí a Arnold descubrí un mundo que había añorado sin saberlo. Aquella chica de la Alcarria llena de fantasías no se podía imaginar que un día se cumplirían sus sueños. Después de conocerle, en mi vida hubo siempre un antes y un después. De la mano de él me sentí en Broadway. Fui reina en sus famosas avenidas llevando un manto de flores y una corona imaginarias, luciendo un sol en el pecho, del cual he procurado no desprenderme nunca y que por todos los medios he tratado de no oscurecerlo con las nubes de la inseguridad. Y lo más importante, aprendí a confiar en mí y en mis escasos talentos que fueron creciendo gracias a él. ¡Cuánto has hecho por los actores, Arnold! Eres el alma de esta profesión, los pocos actores que no te conocen se mueren por hacerlo. “One, two, three, four, five, six, seven, eight… ¡Toca culo, toca pecho, toca el aiiireeee….!”.
Cuando trabaja es estricto y no necesariamente melifluo. Busca resultados y cree que en el trabajo está la clave del éxito. Miguel Narros[9], ha querido aportar para este artículo una pincelada de su personalidad: “Arnold es un gran profesional a quién admiro y quiero mucho. Tiene un gran sentido del humor que unido a su sabiduría hace que el alumno entre en un juego entre lo profesional y la magia de la danza. Hace años, estando ensayando El sueño de una noche de Verano propuso hacer un ejercicio para que las actrices que hacían las hadas rompieran con los moldes habituales y “volaran”. Este ejercicio lo realizaban de una en una y cuando terminó le preguntó a una de ellas (Sonia Grande):- a ver tú, Miss Cartagena, ¿eso es todo lo que tienes que proponer?-”. Creo que la anécdota es lo suficientemente gráfica y bien elegida para  darse cuenta de su pasión por el trabajo y su nivel de exigencia también.
Arnold en clase
Orgulloso de ser español y gracias a mis alumnos, a todos
Hace catorce años, en nuestra primera entrevista, me hablaba así de sus alumnos: “Ahora hay una educación muy distinta a la que había cuando yo llegué. Tengo mucha fe en ellos. Son chicos y chicas que trabajan por su cuenta, están fuera de casa,  viajan, trabajan como camareros en Londres o París, hablan dos o tres idiomas, visitan museos, todo esto se nota. Están intentando hacer cosas, teatro alternativo. Están pasando muchas cosas en ese sentido y es muy bonito ver que el teatro está otra vez descentralizándose. Madrid no es el único sitio. Los teatros nacionales no son la única respuesta. No. Hay muchas más cosas y a lo mejor son mejores”[10].
Hoy, sus predicciones se han visto realizadas en sus alumnos y en estas nuevas generaciones que son grandes profesionales y continúan formándose y mejorando en todos los sentidos. “Estoy muy orgulloso de España, bueno de ser español ahora, porque soy español. El orgullo que tengo ahora es lo que está pasando en deportes, en música, en danza, en medicina, arquitectura. Hay españoles por todo el mundo haciendo cosas. A mí me parece maravilloso”. Hace unos cuantos años, Arnold decidió adoptar la nacionalidad española por practicidad y coherencia personal[11], “los españoles me dan una vida… yo estoy viviendo de los españoles, ellos están enamorados conmigo y eso es maravilloso. Mis alumnos… no puedes imaginarte… Cuando yo estaba enfermo, el año pasado… me llevaron al hospital, me cuidaron, cuidaron de mi casa, me cogían en brazos, me subían, me bajaban. Impresionante. Ellos también me han puesto en facebook y tengo una colección de fans en facebook impresionante”.

Trabajo y más trabajo
Hacer un listado de los profesionales que han pasado por sus clases sería demasiado extenso pero no me voy a privar de citar a alguno de ellos: José Pedro Carrión, Miguel Ríos, Nacho Duato, Fernando Sansegundo, Miguel Bosé, Enriqueta Carballeira, Ana Belén, Marina San José, Carlos Hipólito, Alberto Jiménez, Carmen Machi, Natalí Seseña, José Carlos Plaza, Juan Pastor, Soledad Mallol, Helio Pedregal, Alicia Sánchez, José Malla, Lola Peno[12], que también ha querido aportarme unas notas de su personalidad: “Elvira Sanz era en ese momento mi profesora de danza en la RESAD. No dejaba de mencionar a Arnold, de sus trabajos juntos y de su genialidad. Posteriormente, ya en los 80, conocí a aquel maestro que pandereta en mano te hacia recorrer los vericuetos emocionales a través de movimiento, danza y experiencias sensoriales únicas. Él y sus clases eran el universo del ESPECTÁCULO. Las vivencias que te van formando como intérprete a la vez de recibir ese amor incondicional por la profesión. Un maestro de maestros no sólo en materia teatral. Tengo su foto en mi estudio de Pilates. Inolvidable Arnold Maestro y amigo”. Otro de sus alumnos, Gotzon Sánchez[13]dice, “Con Arnold Taraborrelli sobran las palabras, rebosan los sentimientos, aflora el amor a este arte y la vida, y si me pidierais que describiese a este gran maestro de la expresión corporal con dos palabras sólo diría: “DOS PALMAS!!”.  Gracias siempre Arnold!!.
Su nombre está vinculado, además de a todos sus alumnos, como maestro, a grandes producciones. Cito algunas en el ámbito del teatroTío Vania de Chéjov con William Layton para el Teatro Marquina, La Vida es sueño de Calderón con el Teatro Zampanó, Coronada y el toro de Nieva y La Orestiada de Esquilo para el Teatro María Guerrero, El Manuscrito encontrado en Zaragoza de Potocki y La Señora Tártara con Francisco Nieva, Carmen, Carmen de Antonio Gala, Traición (Betrayal) de Harold Pinter con Francisco Vidal, Marat-Sadede Peter Weiss y El Sueño de una noche de verano de William Shakespeare junto a Miguel Narros, Don Juande Moliere con Juan Pastor. Y, entre las producciones musicales, la ópera Ermione de Rossini que recuerda como una bonita experiencia al haber podido trabajar con Montserrat Caballé, Las Golondrinas de José María Usandizaga, Divinas palabras con libreto de Francisco Nieva y música de Antón García Abril para el Teatro Real de Madrid. Para el Teatro de la Zarzuela ha realizado dos producciones de Chorizos y polacos de Barbieri,Selene de Tomás Marco y la ópera Wozzeck de Alan Berg junto a José Carlos Plaza.
Ermione
Ha recibido la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, en 1994 y el Premio Especial en la IV Edición de los Premios de la Unión de Actores, en el mismo año[14].
Le animo a terminar la entrevista por si quiere puntualizar algo o añadir alguna cosa, a lo que me responde: “No sé qué más, si quieres una receta para albóndigas…”. La cocina es otra de sus pasiones y así es él.




[1] Varón Dandy era (no sé si todavía existe) una colonia para hombres, como su propio nombre indica, con un olor fuerte y muy característico que inundó España durante las décadas de los 60-70.
[2] Mencionaré a lo largo de este artículo algunas cosas de las que hablamos, hace catorce años ya, en una entrevista publicada en la revista Guidepost (Revista del Club Americano en Madrid):
Paz Mediavilla. A Profile of Arnold taraborrelli. Revista Guidepost. Madrid, Vol. XXXVI No. 25, July 1, 1994.

[3] William Layton. Paz Mediavilla. In memoriam, William Layton. Revista Babab (www.babab.com), No. 0-  Enero 2000
[4] Teatro Príncipe. 8 de Abril, 1994. Dir. Francisco Vidal
[5] Op.cit. p. 21
[6] Op.cit, p. 19
[7] Op. cit. p. 19
[8] Carmen Arévalo. Marchando una de repartoRevista Unión de Actores. Abril, 2010.
[9] Miguel Narros, director. El sueño de una noche de verano. William Shakespeare, Teatro Español, 1986.
[10] Op. Cit. p. 19-20
[11] En un momento en que la Embajada americana advertía a sus ciudadanos de los peligros de adoptar la nacionalidad española.
[12] Lola Peno, actriz. Además de haberse formado con él, trabajaron juntos en la ópera Wozzek, dirigida por José Carlos Plaza para el Teatro de la Zarzuela, 1994 y en Coronada y el toro, Teatro María Guerrero, Francisco Nieva, 1982
[13] Gotzon Sánchez, actor.
[14] Lo que no ha recibido nunca es una subvención o apoyo económico por parte de ninguna institución (nota de la autora). En mi primera entrevista hablamos de subvenciones. Me decía entonces “Yo he visto dinero malgastado. A mí me parece que el dinero se tiene que gastar en educación y preparación del actor y no en demostración. Hay demasiado dinero gastado en demostración, en producción y todo eso antes de formar raíces y tronco. Así, el resultado es mucha planta, mucha flor que se cae enseguida porque no tiene raíces en la tierra que tiene que estar enriquecida con agua, el agua de la verdad, del teatro, del arte” (p. 20). En mi opinión en estos catorce años no se ha mejorado nada en este aspecto y sus palabras de entonces, lamentablemente, están de plena actualidad. Se sigue haciendo lo mismo con el dinero público y se descuida la formación de gente con potenciales que no puede desarrollar porque el dinero se dedica al lucimiento personal de algunos.

Texto y fotografías originales © 2011 Paz Mediavilla

Kodak vs Picasso; una respuesta [a la aparición de la fotografía] los pintores inventaron nuevos géneros

Kodak vs Picasso

ARTEFOTOGRAFÍAIMAGENPINTURA — POR BABAB. JULIO 14, 2011, 16:35 

Por Jaime Eduardo G. Meléndez

Hace alrededor de mil años habitó, en lo que actualmente sería el territorio de Iraq, un hombre llamado Alhazen, y por extraño y difícil que resulte creerlo, el mecanismo que era la base para el funcionamiento de las primeras cámaras fotográficas fue construido por este brillante persa. En ese entonces Alhazen lo llamó “habitación oscura” y su intención era explicar que la luz viajaba en el espacio – lo cual logró demostrar – gracias a la observación de un eclipse. El artefacto en ese entonces consistía en una habitación cerrada, con un orificio en una de sus paredes por donde entraban los rayos de luz reflejando los objetos del exterior en otro de los muros. Pasaron otros tantos siglos hasta que llegó el año 1604, cuando el astrónomo alemán Johannes Kepler acuñó el nombre con el que se conoce a este artefacto: “Camera Obscurae”, que posteriormente inspiró el trabajo del científico francés Nicéphore Niépce para que en el año de 1816 obtuviera la primera fotografía de toda la historia. Sin embargo la fotografía más antigua que se conserva data del año 1826, fue tomada desde el tercer piso de su casa de campo en Le Gras, Saint-Loup-de-Varennes, Francia, a la cual tituló como: “Vista desde la ventana en Le Gras”.

Niepce
Vista desde la ventana en Le Gras (Point de vue du Gras).
La fotografía más antigua que se conserva, tomada por Nicéphore Niépce en 1826

Esta fotografía no sólo retrata la vista de aquel lugar pues también es un fiel testigo del proceso para captar la imagen, que requería de más de ocho horas de exposición con iluminación natural. Por eso es que podemos observar que la luz del sol ilumina ambas paredes de los edificios.
En el comienzo, el proceso de fotografiado no distaba mucho del que se realizaba en la pintura, pues si uno quería hacerse un retrato había que igual permanecer en la misma posición durante largas sesiones. De hecho eran procesos que los primeros fotógrafos apreciaban en forma muy similar a la pintura, tan es así que el nombre Vista desde la ventana en Le Gras hace pensar más bien al nombre de una pintura.
Por estos mismos años, en Francia aconteció lo que podríamos llamar como una “Sucesión de Revoluciones artísticas” contrapuestas al neoclasicismo, empezando por romanticismo de Turner, pasando por el Impresionismo de Monet, el futurismo de Boccioni, el cubismo de Picasso, hasta culminar en el Surrealismo de Dalí. En toda esta sucesión de vanguardias podemos apreciar un cambio de perspectiva en el arte y un paulatino alejamiento de lo real, es decir, una progresiva introspección hacia un mundo pictórico cada vez más abstracto.
Expresado en el manifiesto cubista, escrito por Guillaume Apollinaire:
Estos pintores, si observan la naturaleza, ya no la imitan y se dedican cuidadosamente a la representación de las escenas naturales observadas y reconstruidas mediante el estudio. […] La verosimilitud no tiene ya ningún valor, porque el artista lo sacrifica todo a la verdad, a la necesidad de una naturaleza superior que él imagina sin descuidarla.
Y más adelante, continúa Apollinaire, refiriéndose al sentido de la actividad del artista:
Hoy los sabios ya no se atienden a las tres dimensiones de la geometría euclidiana. Los pintores se han visto llevados naturalmente, y, por así decirlo, intuitivamente, a preocuparse por nuevas medidas posibles del espacio…
La palabra “Surrealismo” proviene de la unión de otras dos, del francés sur o “sobre”, y réalisme o “realismo”, denotando un significado y una intensión de llegar más allá de la realidad, tomando como herramienta a la imaginación y como estandarte, la libertad. En palabras de André Bretón uno de los líderes del movimiento surrealista:
Únicamente la palabra libertad tiene el poder de exaltarme. Me parece justo y bueno mantener indefinidamente este viejo fanatismo humano. Sin duda alguna, se basa en mi única aspiración legítima. […] Reducir la imaginación a la esclavitud, cuando a pesar de todo quedará esclavizada en virtud de aquello que con grosero criterio se llama felicidad, […] Tan sólo la imaginación me permite llegar a saber lo que puede llegar a ser, y esto basta para mitigar su terrible condena; y esto basta también para que me abandone a ella.
Palabras que plasman una imagen, un concepto, que comparte tiempo con la masificación de la fotografía. En 1888, más de sesenta años después de la primera fotografía, empieza a circular en el mercado el slogan: you press the button, we do the rest (tú presionas el botón, nosotros hacemos el resto), era la compañía Kodak.
George Eastman había fundado la Eastman Kodak Company y llegaba a los aparadores de venta con una cámara con carretes de 100 fotos, ofreciendo una calidad de imagen muy fiel a la realidad y bajo coste en el revelado. El nombre del futuro gigante comercial, no puede tener más distancia con respecto al del surrealismo, pues George Eastman lo ideó como una palabra “pegajosa”, que se quedara en la mente del cliente – y vaya que lo logró. La masificación de la cámara fotográfica como producto era en toda regla el objetivo de Kodak, en palabras de George Eastman: “Estamos empezando a hacer de la fotografía algo cotidiano, haremos las cámaras tan convenientes como un lápiz”.

The Kodak Camera
Anuncio de una de las primeras campañas de Kodak

Antes de la fotografía gran parte de las obras consistían en retratos o escenas de eventos importantes, por supuesto, idealizados en su gran mayoría, pero eran tal cual las “Fotografías del Pasado”. Antes del surgimiento y asimilación de la fotografía, el buen pintor era aquel que fuera capaz de plasmar con mayor precisión y estética una imagen. La fotografía hizo imposible para los pintores el competir en este sentido contra este nuevo “pintor mecánico”, motivando esa ruptura con la realidad que culminará en el surrealismo. Así, paulatinamente el rol de la pintura fue asumido por la fotografía.
La tendencia era imposible de detener. Para 1930 Kodak ya había vendido al gobierno de los Estados Unidos cámaras montables en aviones, y previamente, la compañía ya había entrenado en el uso de la cámara a soldados durante la primera guerra mundial.
En el comienzo, tanto la pintura como la fotografía compartían un “mercado” que era el de la nobleza y la burguesía, pues eran actividades que por el talento del pintor o la pericia del fotógrafo, resultaban bastante caras. Pero después de 1888 la fotografía se separó de la pintura definitivamente, pues si bien el pintor seguía requiriendo de talento, estudios y esfuerzo, el fotógrafo podía ser ya cualquiera. La Producción en Serie de un objeto que antes era considerado como exclusivo, cambia su percepción y valorización entre los individuos de una sociedad. La Fotografía es en sí una producción en serie de imágenes, donde cada uno de nosotros es su propia fábrica, su propia línea de ensamblaje y su propio pintor.
Ahora el mercado de la pintura sigue siendo básicamente el mismo, pero lo que se establece como el talento de un pintor ha cambiado por completo, pues ya no es exclusivo de los artistas el representar imágenes en forma precisa. En palabras del filósofo Walter Benjamin:
Antes de la fotografía, la representación precisa requería gran talento y habilidad para dibujar o pintar, esos eran considerados indicadores de genio pictórico […] En respuesta [a la aparición de la fotografía] los pintores inventaron nuevos géneros basados en una nueva estética no-representativa: Impresionismo, cubismo, expresionismo, surrealismo.
¿Podríamos afirmar que nuestra apreciación y percepción de lo estético es una especie de consciencia que nos hace diferenciar lo que es difícil de lo que es fácil de hacer? ¿O apreciar la diferencia entre lo común y lo extraordinario? ¿O quizá hasta entre lo barato y lo costoso?
Ya en el presente es posible realizar modificaciones a fotografías mediante software como el popular photoshop hasta el punto de que bien un diseñador gráfico podría modificar una imagen para hacerla ver con un estilo “cubista” o “surrealista”, pero eso le emplearía horas de trabajo y además una formación previa. En ese sentido, los diseñadores gráficos de la actualidad no son tan distintos de los primeros fotógrafos en los tiempos inmediatamente posteriores a Nicéphore Niépce, cuando se requería conocimiento para emplear las cámaras fotográficas, previa capacitación para su uso y horas en el proceso del revelado.
Vayamos un poco más allá, ¿Se imaginan qué pasará cuando llegue el día en que al momento de captar una fotografía, con sólo presionar un botón en nuestra cámara podamos traducir la imagen a alguna corriente artística? Digamos, por ejemplo, si las fotografías son representaciones realistas de objetos y las pinturas cubistas son representaciones en las que los pintores, al momento de crearlas, recrean la tridimensionalidad y la estructura de las superficies ¿No podrá eso modelarse y traducirse a un software para que con un simpleyou press the button, we do the rest, uno pueda ser, desde su propia cámara personal y a un sólo click de distancia, su propio Picasso? De la misma forma que en el año 1888, cuando Kodak llevó el realismo pictórico al alcance de todos, la propia Kodak o cualquier compañía fotográfica podría ahora en el siglo XXI llevar la abstracción pictórica al alcance de todos y cada uno de los individuos en la sociedad, lo que, dicho de otra forma, ocasionaría una segunda masificación del arte y dejaría al descubierto una serie de preguntas por demás interesantes: ¿Cómo afectará esto a los pintores? ¿A dónde llegarán ahora? ¿Llegarán a algún lugar? ¿Serán desplazados? En suma, todas estas cuestiones hacen de este breve relato que ahora compartimos, un vaticinio similar al que el propio Pablo Picasso nos ha legado como ejemplo de estas ideas, en una pintura que debería ser calificada como la primer obra de Arte Ficción:

Las Meninas de Picasso
Picasso, Las Meninas, 1957, óleo sobre lienzo, Museo Picasso en Barcelona