sábado, 25 de junio de 2011

LA NECESIDAD DE DEFENDER LA HISTORIA (Entrevista con Paul Virilio)









Paul Virilio
   

    Una forma de pensar este mundo en la actualidad se relaciona como una visión de la sociedad en términos de  telépolis, o telepresencia, la sociedad de las comunicaciones instantáneas, de la velocidad del motor y del ciberespacio. Una serie de fenómenos estudiados por Paul Virilio, en el contexto de su dromología, "la lógica de las carreras", la lógica de lo que corre, de lo que es veloz. La hipervelocidad de la información en las comunicaciones genera efectos de desaparición del cuerpo, del espacio y del tiempo histórico. La tecnología, como dimensión pragmática del discurso científico, generaría una realidad no narrativa, donde el instante veloz impide el relato y la comunicación. 
Paul Virilio, es autor de obras como: Estética de la desaparición, Anagrama, Barcelona, 1988; La máquina de visión, Cátedra, Madrid, 1989; El arte del motor, Manantial, Buenos Aires, 1993; La velocidad de la liberación, Manantial, Buenos Aires, 1995; El arte del motor. Aceleración y realidad virtual, Manantial, Buenos Aires. 1996; Un paisaje de acontecimientos, Paidos, Buenos Aires, 1997; El cibermundo, la política de lo peor, Cátedra, Madrid, 1997; "La inercia polar", Trama, Madrid, 1999; La bomba informática, Cátedra, Madrid, 1999; La inseguridad del territorio, La Marca, Buenos Aires, 2000; El procedimiento silencio, Paidós, Buenos Aires, 2001.
 Virilio, nacido en París, en 1932, estudió arquitectura en París, y fue director de la Escuela de Arquitectura parisina durante tres décadas (1968-1998). En 1963 fundó, junto a  Claude Parent, la revista de la modernidad arquitectónica y urbanística Architecture Principe. Ha participado en numerosas exposiciones de arte contemporáneo en la Fundación Cartier. En 2000 en Japón se realizó el Museo de las Catástrofes.
   En la entrevista que se presenta a continuación Virilio aborda sus temas característicos: la dromología, los peligros de dominio totalitario del mundo virtual generado por internet; la pérdida de la experiencia directa del tiempo local, del espacio circundante y de la propia corporalidad por una percepción succionada por la inmediatez y la velocidad de la comunicación electrónica.  
E.I

 LA NECESIDAD DE DEFENDER LA HISTORIA
Entrevista con Paul Virilio

Pregunta: Internet es el fruto de un matrimonio contra natura entre los militares y la comunidad científica. ¿Subsiste algo del pensamiento militar en la red, o es uno de esos casos ejemplares de recuperación y subversión de este pensamiento por parte de la universidad y de la sociedad civil?
Paul Virilo: Internet, o más bien ARPANet, como se decía entonces, es una consecuencia de la disuasión nuclear que ha gobernado el mundo durante cuarenta años y que ha militarizado la ciencia. Debía resistir, en caso de guerra nuclear, los efectos electromagnéticos capaces de destruir las comunicaciones. Y, en efecto, los universitarios contratados por el Pentágono lo han copado y progresivamente se ha difundido y banalizado. Lo que se ha heredado de este pensamiento de la guerra que envuelve al mundo es que se nos habla de inteligencia colectiva y de un cerebro mundial en el que no habría más que neuronas conectadas unas con otras, se ve cómo se perfila este riesgo totalitario Por el momento, aún es nuevo y libre, y no es caro. Tras las autopistas de la información se encuentra lo contrario de la anarquía. Quiero recordar que las autopistas nacieron durante el fascismo, las autostrade y las reichautoban... Internet prefigura las grandes autopistas de la información que se desarrollarán a lo largo del siglo XXI, y que representarán, para las potencias, el envite (militar, económico, político y cognitivo) más importante. La comunicación, ya lo decía Esopo, es la mejor y la peor de las cosas. El carácter totalitario o más bien "globalitario" de Internet.
- La idea de la mundialización, que tan de moda está hoy en día, es tan vertiginosa como un "mal infinito": en ella, lo extensivo se cruza con lo intensivo sin que se sepa que hay de tras. ¿Es para usted un concepto operativo?
P.V. : Para mí, se trata esencialmente de una mundialización del tiempo y de la velocidad. Hasta ahora se ha vivido el tiempo de la historia, mientras que desde ahora se conoce una mundialización instantánea, un tiempo inaudito, absoluto, astronómico, que sé sale "de sus casillas", como decía Hamlet. Un tiempo de inmediatez y de la ubicuidad, que se vive "en directo". Un tiempo que hace posible el accidente integral, la catástrofe que tiene un valor sistémico y que, como tal, tiene como consecuencia todas las variables. La primera alerta tuvo lugar en 1987, con la quiebra bursátil. Hoy, con la crisis asiática, Greenspan y otros grandes sacerdotes de las finanzas nos dicen que ya no hay garantía, y que los fusibles empleados estallaron ya hace 10 años.
- Si hay ambivalencia, ¿cuál será la aportación positiva de Internet?
P.V.: Es el cosmopolitismo bien entendido, la ciudadanía del mundo. Serían necesarias varias generaciones para llegar a esto, es decir, para instruir leyes. Yo les recordaría a todos aquellos que predican la desregulación, ya se trate de liberales o ciberpunks, que la ley beneficia a los débiles, mientras que su ausencia le conviene al fuerte.
- Entonces, el debate político sobre la regulación de Internet, y en concreto sobre la censura, ¿estaría usted más bien en el terreno de los europeos y contra los estadounidenses?
P.V.: Esto es más que una postura política, esto remite a un ser- en- él- mundo. El pensamiento anglosajón, que es el de una antigua potencia marítima, es un pensamiento ondulatorio, que remite al nomadismo, a la flexibilidad, a la fluctuación, a la fugacidad en la existencia: favorece la incertidumbre, se complace con el relativismo, el relacionismo absoluto. Nosotros los continentales somos territoriales, nuestro pensamiento está más marcado por el suelo y el arraigo. Las nuevas tecnologías que niegan el aquí y ahora ignoran el in situ, nos son menos familiares.
- La tensión de lo virtual va más lejos, porque llega hasta el fondo, pretende soltar por completo las amarras: quitarse el lastre del cuerpo, y evacuar lo real de esta vieja tierra extenuada y sin remedio. Algunos americanos, como J. Perry Barlow, proponen una Constitución virtual, por ejemplo, lo cual denota tanto un "espíritu ondulatorio" como un fondo gnóstico o puritano y una antropología dualista.
P.V.: Esto se pudo observar bien con la secta Heaven´s Gate, que tenía un site en Internet donde se preparaba a la gente para que abandonase la estratosfera. Lo virtual es inquietante cuando se vuelve exclusivo, en vez de conjugarse con lo real. Asociar estas dos modalidades es preparar una estéreo-realidad, procurar que dos fuentes den más lustre y riqueza, como ocurre con el sonido. En lo que respecta a esta reacción nihilista contra el cuerpo, hay que tener en cuenta que el cuerpo territorial, el cuerpo humano y el cuerpo social están indisociablemente unidos en el fundamento de lo político. Tal es la lección que nosotros los continentales hemos recibido de Atenas. Lo que hay que pensar más es la apuesta de una democracia no territorializada... lo que es casi una contradicción en los términos: un Estado - mundo fundado sobre leyes democráticas.
- ¿Se puede hablar de ciberciudadanos si no sólo no hay cuerpo sino que tampoco hay sujetos en Internet: apariciones evanescentes, intervenciones verbales concretas, volátiles y muy móviles, canalizadas con precisión?
P.V.: En este punto es donde no se puede ahorrar una reflexión sobre la ley y la relación de la ley con el sujeto. Pero no debe ser dirigida por grupos de presión ni por individuos como Bill Gates que estén a la cabeza de multinacionales que quieren dar una dimensión imperialista y mercantil a un objeto técnico. La nueva tiranía no es ideológica sino económica: la del pensamiento único y el mercado mundializado. La cibernética local no está en juego, a lo que se puede temer una vez más es a la máquina total, la correlación sistemática de las poblaciones. Norbert Wiener lo ha dicho antes que yo.
- Ha habido, y sigue habiendo, estrategias locales sobre internet que han dado pruebas de su funcionamiento: desde Sarajevo y las grandes causas hasta el levantamiento de censura contra la secta de la cienciológia, o los Estados, pasando por los foros de discusión sobre temas de actualidad. ¿Qué opina usted de estas acciones y de las propuestas utópicas de los grupos literarios o neosituacionistas de los años 80 que han intentado radicalizar, por Internet, un pensamiento del "disentimiento"?
P.V.: La tecnoguerrilla existía antes que Internet, y ha demostrado lo que podía dar de sí. Desde los años 30, con la aparición de las radios no profesionales, se iban a dar la mano. En los años 70, el fax facilitó algunas revueltas estudiantiles en Italia... y hubo el debate sobre las radios libres, el recurso del video. Con Internet se han visto movilizaciones democráticas, pero de igual modo se ha calibrado el efecto del rumor cuando tuvo lugar el "caso Clinton": un único site, como Reporto, que emite informaciones que no han sido verificadas, puede poner en peligro a la Casa Blanca: todos los medios de comunicación del mundo han ido a la zaga. La caja de resonancias de Internet es ya tan fuerte como la televisión. Y el riesgo no es la censura por privación de información sino rigurosamente lo contrario: la censura por saturación, indiferenciación, ruido e interferencias, babelización: todo el mundo habla, nadie se escucha. Crece la despolitización.
- ¿Qué reproche le hace a la cibercultura, que sea folklórica o que este manipulada?
P.V.: Le reprocho que se drogue con "la técnica dura" y que abandone el mundo. Que cree netyonquis y alucinados de lo virtual. Se ha entrado en la tercera dimensión; después de las masas que han hecho la historia y la energía, la información, que ya produce sus añagazas y sus víctimas, también debe generar nuevas luchas históricas.
- No se puede pensar la imagen sin pensar la óptica, dice usted, porque pasamos del régimen del objetivo al régimen teleobjetivo. ¿Cuáles son las grandes líneas y los efectos de esta mutación?
P.V.: Nuestra visión del mundo no es objetiva sino "teleobjetivo". El debate en torno a la imagen está minado por la vieja disputa entre los idólatras y los iconoclastas. Ahora bien, no se puede pensar la imagen sin pensar en su destino. Y el destino de las imágenes es la óptica. La primera óptica remite a la geometría, a Galileo, al espacio real, a un medio, ya se trate de la transparencia del aire o del agua. A mediados del siglo XX apareció una segunda óptica, donde no se trata de rayos que pasan a través de un medio difractado sino de una difusión electromagnética que transporta los fotones, los electrones, es decir, la señal digital (audio, vídeo...) que favorece ahora una óptica numérica. La imagen es preponderante a través de una nueva luz propia de la óptica electrónica: una luz distinta a la del sol o la de la electricidad, indirecta, y que viene a través de las pantallas, de los monitores, de los cascos de visión... asistimos, pues, a un desdoblamiento de la óptica. La primera se perpetúa y la segunda es generada por la velocidad de la transmisión de una señal. El debate sobre la imagen está tan minado que no se habla de esta tecnociencia. Que se ha convertido en el lugar del poder. La mediatización, él condicionamiento de las opiniones (cf. Berlusconi, Ros Perot...), procede de esta óptica que es fruto de la velocidad de la luz: la transparencia de las apariencias que induce se transmite instantáneamente a distancia mediante una señal (transmitida o recibida). Esto produce, entre otras cosas, la televigilancia.
- ¿Cómo piensa usted la relación entre lo real y lo virtual?
P.V.: La relación con lo real no se da sin la virtualidad de las imágenes mentales, de los sueños del espíritu, por usar un termino clásico. Hoy este dominio está parasitado por una imaginería virtual puramente instrumental. El culto a la performance y el elemento publicitario han introducido productos lisos, eficaces y perfectos que modifican la percepción. Cada cual puede representarse a Madame Bovary a su gusto, según sus fantasmas personales.
A Marilyn Monroe todavía se la rodea de representaciones mentales, las jóvenes se esfuerzan por imitarla... Cuando se tiene puesto un casco de visión sobre los ojos, es otra cosa, se está atrapado por imágenes instrumentales. Porque se trata de una captura que aniquila al resto. Nos dirigimos hacia un darwinismo de la imagen: las más sofisticadas y las más "performantes" amenazan a las otras, a las que pasan por "subdesarrolladas". Se impone una ecología de las imágenes si se las quiere proteger en su diversidad: esto, que vale para la lengua, vale para las imágenes. Todo ocurre como si la descalificación propia de las colonizaciones de antaño se aplicase en lo sucesivo a todas estas instancias de lo humano, para desembocar en último término en un darwinismo social. El proceso de digitalización ya ha comenzado y consiste en la purificación tecnológica. Ahí hace falta aún poder disponer de estas dos formas: la analógica y la numérica; por ejemplo, el parecido de una metáfora y la similitud de un código, por lo que se gana en exactitud se pierde en profundidad simbólica.
- Cuando se intenta periodizar las grandes mutaciones de la modernidad se habla de las revoluciones industrial, científica y técnica y, como última etapa, de la cibernética. ¿Cuál es su propia periodización de estos acontecimientos?
P.V.: Creo en primer lugar que no se ha comprendido la llegada del motor. No sé ha visto que se trataba de la invención de un movimiento perpetuo o casi: el motor a vapor, a explosión, eléctrico, electrónico, a inferencia lógica en el caso de la computadora y en espera del motor de búsqueda de Internet.
Considero, con Ernst Junger, que esto va más lejos que la revolución industrial. Un Huygens o un Descartes no ignoraban la primacía de esto, sin duda porque todavía podían referirse al Primer Motor de Aristóteles, al divino. La laicización y el mercantilismo explican su relativo desconocimiento: se ha visto la posibilidad de reproducción en serie de los objetos, más que el aspecto energético y dinámico. Para mí, las grandes periodizaciones están, pues, vinculadas a la revolución de los transportes en el sentido amplio del término, y esta revolución está unida al motor. Hoy, el motor de inferencia lógica ha sobrepasado el estadio de la máquina como instrumento: a la revolución de los transportes le sucede la de las transmisiones, a cuyo término se sitúa la revolución cibernética que hoy conocemos. Y lo que se anuncia es la revolución de los transplantes.
Con los clones tocamos la imbricación de la maquinaria industrial y lo vivo. Con los tecnotransplantes, que no son ya xeno-trans-plantes animales, las micromáquinas pueden suplantar a los órganos. Las prótesis adicionales existen ya y ahí se localizara esta otra mecanización- motorización de lo vivo que es el genio genético, es decir, la posibilidad informática de programar células y de producir organismos transgénicos, clonados en el reino vegetal y animal (como hoy se los conoce). Esta tercera revolución es inconmensurable con relación a las otras, puesto que de aquí en adelante el robot ya no es el doble del hombre que se encuentra junto a él, sino que penetra en el interior mismo de lo vivo: Es el ser cibernético que se acerca al dibbouk o al golem.
- Según usted, la ingeniería genética no se puede desinventar, como tampoco la bomba atómica. En lugar de instalarse en el rechazo y el miedo, habría de pensar en la superación: no desinventar sino inventar el desenlace, la aufhebung, el relevo.
P.V.: Me siento obligado a sostener una postura extremista. No creo en él retroceso de la historia sino en las regresiones éticas, humanas. Incluso cuando hay grandes catástrofes, las cosas se retoman o se interrumpen, pero no se retrocede. "Seréis salvados como a través del fuego", dice San Pablo: uno se salva cuan avanza, mirando a la Medusa cara a cara. Josué dijo a sus tropas: "Hay que ponerse de cara al sol" para combatir al enemigo. Y los soldados replicaron: "Estás loco". Él respondió: "Sacaremos brillo a nuestros escudos". No hay más solución que confrontarse con la Medusa de lo virtual y de la eugenesia.
- Desde Fukuyama se habla del fin de la historia. Usted habla de una forma perdida de la historia.
P.V.: Fukuyama tiene razón y a la vez está en un error. Efectivamente, asistimos al fin del tiempo histórico, de la larga duración, el del tiempo local de las sociedades inscritas en los territorios dados, de las alternancias diurnas y nocturnas, de los usos y horarios, de las generaciones. El tiempo mundial, el de la inmediatez, la instantaneidad, y la ubicuidad destruye los fundamentos de la historia al suplantar las temporalidades locales. La historia se vuelve estadística. Ya no está exocentrada sino egocentrada en el presente perpetuo. Y este nuevo régimen del tiempo astronómico o universal carece de referencias en cuanto al destino de los hombres.
- Su investigación inventa un lugar en el cruce de las disciplinas (urbanismo, estrategia, teoría de la técnica, ergonomía, sociología...) para tratar cuestiones como la velocidad, la guerra, las nuevas tecnologías... A este respecto, usted habla de "dromología" o ciencia de los fenómenos de la velocidad.
P.V.: La dromología (de dromos) es la "lógica de la carrera". Sin comprender la velocidad o la aceleración no se puede aprehender el territorio. El territorio se define, en efecto, como el medio- velocidad regido por el animal (con la domesticación del caballo), después como el de la potencia marítima, seguido del de la revolución de la industria y de los transportes. Hoy se asiste a la puesta en practica de la velocidad absoluta del dominio electromagnético. La velocidad es, pues, un medio. Y el territorio es entonces a la vez aquello que permanece y que se cultiva y lo que pasa. La dromología surge a comienzos del siglo con los futuristas y se nutre del pensamiento de la técnica a partir, sobre todo, de Heidegger. Yo me esfuerzo por abordar todo dominio en términos de velocidad, determinando qué tipo de aceleración está en juego. La dromología sería a la sociedad moderna lo que la musicoloía a la música moderna: una inteligencia rítmica, coreográfica, de los grandes flujos y movimientos del pensamiento, de las conquistas. Porque, si ésta es la época del dinero, la velocidad es el poder o la cara oculta de la riqueza. La revolución de los transportes ha llevado hasta su punto más alto una aceleración máxima que desemboca hoy en la velocidad de la luz de las ondas electromagnéticas, haciendo posibles las teletransmisiones, las redes electrónicas etc., en una palabra, la mundialización. El gran encierro del que hablaba Foucault no tuvo lugar en el siglo XX, y se perfila en el XXI.
- Usted va muy lejos a este respecto porque contrariamente a Deleuze, que piensa la velocidad como intensidad liberadora, usted no vacila en evocar el fascismo.
P. V.: Desde 1910 el futurismo ha introducido con la velocidad el odio del mundo. El fascismo lo definiría en primer lugar como asalto. Para Heidegger en Friburgo, el ser es el asalto; tras la guerra, es la espera... Indiscutiblemente, el fascismo y la velocidad se emparejaron para provocar una reducción del mundo, por lo demás aprobada por Hitler cuando afirma en 1943: "El mundo es en adelante demasiado pequeño para la guerra". En el nazismo, paralelamente a Auschwitz, se produce la exterminación mediante la Blitzkrieg, es decir, por el asalto absoluto.
-En la actualidad, hay fascinación por el ciberespacio. Usted se encuentra entre los que critican este nuevo avatar del mito de la comunicación. ¿Cómo define usted este territorio?
P.V.: El ciberespacio es la última forma de la cibernética social, es decir, de la interconexión de los individuos y de la puesta en la red de lo viviente. La cibernética, según Wiener, se define como una ciencia del gobierno. Si la velocidad es el poder, la velocidad absoluta que permite la cibernética instantánea es el poder absoluto. Se podría asistir a un condicionamiento mundial de las sociedad de y por el ciberespacio. Y, respecto al espacio, se trata sobre todo del tiempo, ya que aquí el territorio se confunde con la tierra, es decir, con un espacio limitado. Nosotros somos la única sociedad que ha alcanzado los límites planetarios. La mundialización es el fin del mundo, no en sentido apocalíptico, sino en el sentido de un acabamiento, de una clausura. El ciberespacio señala el advenimiento de este medio- velocidad absoluta, convertido enpole position de la carrera. El medio político por excelencia. La puesta en práctica de la velocidad de la luz hace que la Tierra en cuanto a extensión se reduzca, por así decirlo, a nada, y que el único lugar que subsista sea la velocidad misma. Cuando Einstein habla de la relatividad, se refiere a los espacios cósmicos, a la velocidad de las partículas. La velocidad de la luz es, como su nombre lo indica, un horizonte cosmológico. Hoy la relatividad ha sido repatriada en la Tierra, a escala de la vida cotidiana, y nosotros debemos regularla a través del ciberespacio, ¡hic et nunc! (*)
(*) Fuente: "Hay que defender la historia", entrevista con Paul Virilio, porRachid Sabbaghi y Nadia Tazi; editada con anterioridad en El Pasante. No. 27-28. Madrid, Españ; y Hemeroteca:Virtual ANUIES hemerodigital.unam.mx/ANUIES, Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior http://www.anuies.mx .

ENTREVISTA A PAOLO VIRNO "Crear una nueva esfera pública, sin Estado"

Entrevista por Héctor Pavón

Paolo Virno

     Paolo Virno sostiene que vivimos en una época de crisis que, como ocurrió en el siglo XVII, impone repensar todos los conceptos y categorías. Apuesta a una democracia de la "multitud" que ya no debe tomar el poder sino crear una nueva esfera pública que prescinda del Estado y valorice al individuo. Aquí, un fragmento de su último libro, "Cuando el verbo se hace carne", en el que reivindica con razones científicas y filosóficas la visión materialista de la vida.

                                                                                                                                          Héctor Pavón

ENTREVISTA A PAOLO VIRNO
"Crear una nueva esfera pública, sin Estado"
Entrevista por Héctor Pavón

       El futuro puede estar cargado de promesas pero también puede venir lleno de terrores". Así, con un realismo crudo, se refiere al presente Paolo Virno, filósofo italiano y protagonista de la escena del pensamiento contemporáneo europeo y de algunos circuitos de las ideas argentinas. "Intento elaborar una filosofía materialista que parte del hecho de que el ser humano es un animal lingüístico y político, como dice Aristóteles. La condición biológica de nuestra especie provoca el hecho de hablar y del hacer político. El materialismo que yo propongo busca unir naturaleza e historia", dice, como declaración de principios, Virno. Marx, Hobbes, Spinoza, Deleuze, Simondon, son sus referencias canónicas. Entre sus libros, ha sido Gramática de la multitud (Colihue) el que ha puesto de manifiesto su pensamiento filosófico político y lo convirtió en un autor clave para entender las lecturas sobre la "multitud" a la que también ha hecho referencia otro italiano más conocido: Toni Negri. Pero los postulados de Imperio y Multitud, los libros que escribieran Negri y Michel Hardt, fueron cuestionados por Virno que considera la idea de Imperio como un análisis "prematuro". El nombre de Virno comenzó a sentirse en la Argentina al compás de las cacerolas que sonaron en diciembre de 2001. Cuando vinculó esos hechos con las protestas de Seattle y Genova le llovieron tantas opiniones acordando con él como respuestas polémicas a su interpretación. Ahora se publica en la Argentina Cuando el verbo se hace carne (editado por Tinta limón con el grupo Cactus), un libro complejo y profundo de reflexiones filosóficas en torno al lenguaje, la naturaleza humana, el concepto de multitud y Ludwig Wittgenstein. Desde Roma, amable y generoso, habló sobre sus pasiones filosóficas.

- —Vivimos una nueva época que como tal necesita nuevos valores, conceptos. Pero, ¿quién los pensará, quién los construirá?
- —Ese es el problema de las nuevas formas políticas. Pienso que estamos en una situación bastante parecida a la que se vivió en Europa en el siglo XVII cuando se inventaron todas las categorías, los conceptos que ahora parecen obvios, triviales y comunes. Fue en ese momento cuando se creó la idea del Estado nacional, central, y se inventaron conceptos como la soberanía y la obligación de obedecer. Tengo la impresión de que estamos en una fase en la que todos esos conceptos están en crisis y se construyen otros. ¿Quién los construye? Es una pregunta muy acertada. Y no hay que pensar que haya filósofos o pensadores que inventan conceptos políticos porque ése es un modo de concebir la política desde el peor Platón o la peor Ilustración. Estos conceptos emergen poco a poco dentro de experiencias colectivas por prueba y error. Está emergiendo un nuevo modo de ser en la esfera pública que se caracteriza por el hecho de que el Estado es algo que se ha vuelto viejo, inadecuado, al igual que una máquina de escribir respecto de una computadora.

- —Este presente parece pleno de miedos, angustias, conocidos y desconocidos; es una era de incertidumbre. ¿Dónde está la salida, en la filosofía, el arte, el psicoanálisis, la política?
- —Creo que ese miedo como sentimiento difuso, característico de nuestra época, es un miedo en el cual se mezclan dos cosas antes separadas: por un lado el miedo por peligros concretos, por ejemplo, "pierdo el puesto de trabajo". Por el otro, un miedo mucho más general, una angustia, y que no tiene un objeto preciso que es el sentido de la propia precariedad. Es la relación con el mundo en su conjunto como fuente de peligro. Estas dos cosas normalmente estaban separadas. El miedo por un motivo determinado era algo socialmente gobernable mientras que la angustia por la propia precariedad, por la propia finitud, era algo que las religiones o la filosofía trataban de administrar. Ahora, en cambio, en la globalización, las dos cosas son una sola. Vale decir: cuando tengo miedo por un peligro concreto siento también toda mi precariedad respecto de mi vida, del mundo como tal, del significado de mi vida. Es como si experimentásemos en situaciones sociales —como la crisis argentina de hace dos años, o la vida de los inmigrantes que llegan a Europa— al mismo tiempo un problema económico social concreto y una relación con el mundo que nos aparece con todo su dramatismo. Yo creo que lo que puede constituir un remedio, una cura para ese miedo angustiante es la construcción de una nueva esfera pública. Entiendo por esfera pública nuevas formas de vida que no tengan más en su centro la obediencia al Estado y la obligación del trabajo asalariado en tanto trabajo despojado de significado que está por debajo de lo que hombres y mujeres pueden hacer con su colaboración inteligente. Una nueva esfera pública donde se pueda valorizar la propia singularidad y no converger hacia esa especie de unidad trascendente que es el soberano, el Estado.

- —Usted ha expresado que hoy el objetivo de la política es la felicidad. Una expresión que puede parecer poética pero, ¿cuál es su interpretación social?
- —Cuando se habla de felicidad muchos piensan quizás en aquel artículo de la Constitución de Estados Unidos que habla del derecho a ser felices. Yo pienso sobre todo en el uso que hizo Hannah Arendt de la expresión felicidad pública. Es difícil pensar en una felicidad como una especie de posesión secreta, de bien privado. La felicidad es algo relacionado con el hecho de que nuestra mente, la mía, la suya, es siempre como tal una mente pública, social y no puede realizarse si no es en relación con los propios semejantes. Pensar que somos mentes realizadas en sí mismas, completas, y que sólo en un segundo tiempo nos ponemos en relación con los otros me parece poco verosímil, falso. Y por ende pienso que ese estado de bienestar que llamamos felicidad es algo que tiene que ver con el tiempo. Pienso en el 68 en Europa, o en EE.UU., o en América latina, como una ocasión en la fuimos personalmente felices. Hay un punto en el cual lo que sucede a nuestro alrededor y lo que sucede en nuestros sentimientos más íntimos tiene una relación muy fuerte. El nexo entre política y felicidad ha sido negado durante mucho tiempo en nombre del ascetismo, de la separación entre lo público y lo privado, pero llegó quizás el momento de pensar de nuevo la vinculación entre ambas cosas.
- —La unión entre naturaleza e historia es la base de su filosofía materialista. ¿Cómo se entiende esta unión y qué implicancias políticas contiene?
- —Creo que por naturaleza humana es necesario entender el conjunto de condiciones invariantes que son verdaderas desde siempre y que constituyen la base para todo lo que cambia en nuestra vida. Existen condiciones fijas, constantes siempre iguales que en el ser humano permiten luego la gran mutabilidad, el gran cambio de modos de producción, costumbres, culturas. Cuando hablamos de una nueva época hablamos de cómo esas condiciones invariantes, que es nuestra naturaleza, como la facultad del lenguaje, emerge de una u otra manera, como lo "siempre presente", lo verdadero perpetuo, en una sociedad histórica que cambia. Por naturaleza humana debe entenderse un conjunto de condiciones que abren a la Historia, a la temporalidad, a la mutabilidad y que este conjunto de condiciones pueden reducirse al hecho de que somos animales lingüísticos y , que no nacemos ya sabiendo qué hacer, sino que debemos aprender. En la globalización, la precariedad, inestabilidad, ausencia de un ambiente determinado, que es un elemento de la naturaleza humana, se convierten también en características sociales, sociológicas. En los inmigrantes, por ejemplo, el hecho de que haya que modificar varias veces en la vida el propio saber laboral, o sea un elemento que siempre fue verdadero, adquiere una visibilidad particularmente fuerte.
- —¿Cuando usted se refiere al virtuosismo de los hombres y de sus acciones piensa en modelos en particular? ¿Dónde encuentra los virtuosos hoy? ¿En qué mundo o disciplinas?
- —En un tiempo, cuando se decía virtuoso, se pensaba en el gran bailarín, el gran pianista. Para mí, las características del virtuoso en una forma mucho menos artística, mucho menos sublime, hoy se encuentran en el trabajo intelectual de masa. En la economía postfordista, basada en la comunicación, la cultura, la información. Cuántas veces, en los trabajos —digamos, post-fordistas— es necesario improvisar, comprender qué hacer respecto de una situación imprevista: es como si las características del virtuoso no se terminan en un objeto, es algo que es un fin en sí mismo, es tener una relación con quien lo escucha, con un público. Esas características hoy están presentes en el trabajo industrial. Se han socializado.

- —El historiador Jacques Revel dice que le tememos al futuro, nos refugiamos en el pasado y sobrestimamos el presente. ¿Estamos viviendo un presente que se resiste a ser pasado?
- —Creo que cierto miedo al futuro se debe al fin de la idea de progreso, a la idea de que el futuro sería mejor que el presente. Ahora tenemos frente a nosotros un futuro totalmente contingente: es decir que puede estar cargado de promesas pero también lleno de terrores. Es como si faltase una ética, un hábito de cómo enfrentar un futuro que ya no está garantizado por la idea de progreso. Por eso hay cierto miedo del futuro. Tengo la impresión de que hay una total concentración sobre el propio presente y que para ordenarlo, comprenderlo, se evocan figuras del pasado. Se trata, sin embargo, de una evocación en función de intentar hacer algo nuevo aquí y ahora.

- —¿No cree que los ciclos del capitalismo y del imperio, o imperialismo, son un déjà-vu, - esa figura que usted trabajó en "El recuerdo del presente"?
- —Pueden parecer un déjà-vu sólo porque el capitalismo contemporáneo evoca la naturaleza humana como tal, pero en una configuración histórica muy particular: hecha de explotación. Por otra parte, existe justamente en el capitalismo contemporáneo esa unión entre aquello que vale desde siempre y aquello que vale sólo ahora y también puede ser modificado. De ahí surge la impresión del déjà-vu. En el fondo, los capitalistas siempre han dicho: somos una economía ligada a la naturaleza humana. Eso es verdadero y falso a la vez, en el sentido de que el capitalismo, cuando se habla de fuerza de trabajo, se refiere a algunas dotes del ser humano que valen desde siempre. Pero es falso porque el capitalismo adopta esta naturaleza humana, esas dotes humanas que siempre estuvieron presentes de un modo absolutamente particular que no es de hecho el único posible.

- —El historiador británico Seton Watson ha dicho que los pueblos balcánicos producen más historia de la que pueden consumir. ¿Esta idea puede extenderse a toda la humanidad? ¿El mundo produce demasiado presente y memoria?

- —Es acertadísimo. Me parece una frase excelente. En El recuerdo del presente yo sostengo lo contrario de lo que dice Fukuyama sobre el fin de la Historia. Estamos viviendo una situación de exceso de Historia. ¿En qué consiste ese exceso? Es cierto que obviamente suceden muchos hechos históricos, pero el exceso se debe al hecho de que en estos acontecimientos históricos ha pasado a ser objeto de historia también la capacidad humana de hacer Historia. Es decir: nuestra historicidad, la capacidad de poder hacer Historia se ha convertido en un objeto de la praxis. Por ejemplo, nosotros hacemos y tenemos Historia porque tenemos lenguaje y porque somos seres potenciales. Estas dos cosas, nuestra potencialidad y nuestra lingüisticidad, condiciones de la Historia, hoy pasan a ser materia prima de la economía globalizada. El trabajador debe estar abierto a la potencialidad, debe ser comunicativo. En vez de hablar del fin de la Historia, yo hablaría, junto con Seton, de un exceso de Historia o de una hiperhistoria. Falta una ética y una política a la altura de ese exceso de Historia y por eso hay una situación de angustia, miedo. Hay incertidumbre respecto de las formas políticas, hay una crisis del Estado pero no hay una alternativa que ya se defina. ¿Por qué? Este exceso de Historia constituye una desproporción respecto de nuestros hábitos, nuestra ética, y nuestras categorías políticas.

- —Usted dijo que el concepto de multitud puede tener cierta familiaridad para los liberales porque allí se valora la individualidad. ¿Pero no cree que también los asusta porque ven en ella a una multitud comunista?
- —Absolutamente. La idea de individuo de los liberales y la de singularidad de la multitud son como dos gemelos pero opuestos uno al otro. Son muy parecidos pero con dos significados profundamente distintos. Porque el liberal piensa que el individuo es el elemento primero y después se trata de comprender cómo el individuo actúa en relación a los otros y al Estado. Desde el punto de vista de la multitud, el individuo, la singularidad es el resultado de un proceso. Por eso se puede hablar con un viejo concepto filosófico de principio de individuación en el cual la singularidad es como el fruto, el resultado de un proceso de individuación, de diferenciación. Todos nosotros, usted, yo, somos singularidades irrepetibles, pero es así porque provenimos de elementos, por el contrario, universales, comunes. Como el tener, ambos, usted y yo, características que pertenecen a toda la especie: la facultad de lenguaje, de pensamiento. Que luego se singularizan. Por lo tanto, el individuo es un resultado de elementos comunes y universales.

- —La multitud dice no a la democracia representativa y propone una democracia participativa. Pero de todos modos elige gobernantes. Vota en la Argentina, España, Estados Unidos... La gente todavía vota.
- —Sí, ciertamente, vota. Vota como se hacen tantas otras cosas que no obstante no cuentan mucho. El problema no es no votar sino construir formas de democracia que estén a la altura de estas fuerzas productivas. La producción contemporánea ha llegado a un punto tal que es mucho más compleja, mucho más madura que los aparatos administrativos y legislativos de los Estados. Entonces, la cuestión es qué tipo de democracia se plantea. No se trata de una democracia simplificada, de asamblea, de democracia directa, sino al contrario. La democracia no representativa debería lograr traducir en política, en nuevas instituciones, lo que ya se ve en el plano de la producción global. Cuando se dice democracia no representativa es fácil pensar en el mito de la democracia directa, que naturalmente es un bello mito. Pero da la idea de una política simplificada y elemental. Por eso la cuestión es que esté a la altura de la complejidad de la producción social en la que se valorizan todas las capacidades cognitivas y comunicativas del animal humano, lo que Marx llamaba con una bella expresión el "General Intellect", el cerebro social en cuanto pilar de la producción moderna.

- —Respecto de la toma del poder usted ha calificado de "enemigos" a aquellos que la reivindican. ¿Quiénes encarnan el papel de enemigo?
- —Pienso que el problema del enemigo político todavía existe. Lo demuestra, por otra parte, que no estamos en un mundo más suave, más dulce. La multitud no tiene el problema de tomar el poder, tiene el problema en todo caso de limitarlo y hacer decaer al Estado construyendo instituciones y una esfera pública fuera de él. Entonces, desde ese punto de vista el enemigo está, pero se parece más al faraón del libro Exodo de La Biblia que persigue un éxodo, una fuga. No se trata de una fuga en el espacio. Es una fuga en el sentido de salir de las categorías de las instituciones estatales. Enemigo hay, pero ya no es el enemigo que está enfrente y ha constituido el modelo de las guerras civiles o está detrás de la idea de la toma del poder. Es un enemigo que traba, sabotea la construcción de democracia no representativa, de nuevas experiencias comunitarias.

- —El multiculturalismo que atraviesa Occidente, ¿ayuda a la conformación de la multitud o es un obstáculo?
- —El multiculturalismo que cuenta es el que se da en el interior de experiencias de lucha social y de construcción de nueva esfera pública. Una especie de deber ser kantiano multiculturalista corre el riesgo de ser como los buenos propósitos electorales. Puede haber un multiculturalismo virtuoso pero impotente. A mí lo que me parece importante es, en cambio, un discurso sobre las singularidades. Y la singularidad, no la liberal, sino la de la multitud, es justamente el resultado de muchos factores, algunos de ellos multiculturales. Pero lo que cuenta es cada Uno con todo su carácter irrepetible que es el fruto de ser, en todo caso un chino emigrado a California o un italiano en la Argentina. Pero ese cada Uno es el aspecto que cuenta, la valoración de su singularidad. Releyendo a Marx, hoy después de la crisis y el fin del socialismo, de esos regímenes dictatoriales y odiosos que fueron el socialismo real, viene a la mente que él es por muchos aspectos un pensador de la singularidad y su valorización. Hay frases en las que Marx dice: hay que valorizar lo individual frente a todas las abstracciones que hoy se le vienen encima. Una frase así hoy podría ser tomada por una frase de un liberal. Cuando en realidad significa lo opuesto.

- —¿Y el futuro de la clase obrera? ¿Cuál es su papel dentro de la multitud?
- —La clase obrera existe. Sólo que tiene el modo de ser de la multitud y ya no el del pueblo. No hay que creer que porque se habla de multitud se ha dicho un largo adiós a la clase obrera. La clase obrera es un concepto científico. Quiere decir producir ganancia, plusvalía. El movimiento socialista y el comunista pensaron la clase obrera en términos de pueblo, algo compacto, unitario, que en el fondo quería constituir un nuevo Estado. En mi opinión, la clase obrera actualmente se piensa en términos de multitud, de singularidades ricas, pero siempre se trata de clase obrera.

- —Y después de la invasión de Irak, ¿comienza la verdadera Historia, el opúsculo 'después del Muro de Berlín'?
- —Sí, exactamente, así es. Pienso que los 90 fueron años de espera, un interregno mientras que el verdadero después del Muro comienza recién con Bush y la invasión a Irak. Lo que un terrible teórico de la política, Carl Schmitt, llamaba elnomos de la tierra, el orden mundial. La redefinición de ese orden comenzó con la guerra en Irak, no con Clinton en los 90 que fue una tierra intermedia, un período de espera, como un entreacto.

- —¿No cree que el nuevo gobierno de Bush muestra dónde está el corazón del imperio y quiénes son sus jefes?
- —Sí, pienso que muestra en suma lo que en el pensamiento de la política es decisivo: la relación de fuerza. Que se haya hablado durante tantos años de política sin pensar más en la relación de fuerza demuestra solamente que no se llegaba a pensar, a hablar realmente de política. Personalmente, en cuanto al concepto de imperio, tengo muchas dudas porque me parece un intento de fotografiar la situación post muro, la del fin del socialismo, tomando la administración Clinton como modelo. ¿Cuáles serán las nuevas palabras que deberán adoptarse para nombrar el nuevo orden mundial? Lo comprenderemos justamente a partir del desarrollo de las cosas post Irak, en los próximos años, en la relación con China. ¿Cómo decirlo? Estamos recién en el inicio de una redefinición de las formas de dominio mundial. Es muy prematuro ponerles una etiqueta como por ejemplo "Imperio".

- —Usted pertenece a un grupo generacional italiano que luchó por la revolución. El Estado los reprimió, usted fue preso. ¿Está desilusionado con este mundo que debe vivir hoy? ¿Le habría gustado vivir en otra época?
- —No. Digo sin reservas sí a mi presente. Lo que no significa aprobar el mundo tal como es. Lo considero extremadamente rico e interesante, pese a que sea dramático, trágico. Pienso que recién ahora algo como lo que hace tanto tiempo fue llamado comunismo se ha vuelto actual, una cuestión de sentido común. Para nada extremista. ¿Qué hacer, qué forma política y social dar a la naturaleza humana? Retomo una frase de Walter Benjamin que decía algo así: "Criticar el propio presente, sentir horror por algunos de sus aspectos pero adherir sin reservas".

- —¿Para usted cuál es el sentido de la palabra revolución hoy?
- —Prescindiría quizá de la palabra revolución porque ése modelo fue el de tomar el poder y construir un nuevo Estado. Hablaría más bien de éxodo. Pienso que el modelo del éxodo es un modelo rico. Exodo significa, más que tomar el poder o someterse a él, salir. Salir significa construir un contexto distinto, nuevas experiencias de democracia no representativa, nuevos modos de producción. Se da una tercera posibilidad y no hablo, ¡por favor!, de "Tercera vía" sino de una política de la extinción del Estado construyendo en positivo, oponiendo la palabra república a la palabra Estado. Construyendo una república ya no estatal con un movimiento que está hecho más de éxodo, de experimentaciones en positivo que de revoluciones en el sentido clásico, que no obstante fueron una actividad inteligente de muchas generaciones pero que lleva la idea de construir un nuevo Estado. No tener que vérselas más con un monopolio de la decisión, quiere decir multitud: muchos, pluralidad.

- —¿Continuó observando a la Argentina después de la crisis de 2001, con este nuevo gobierno?
- —Sí, he tratado de mantenerme lo más informado posible. Y sobre este nuevo gobierno, me interesaba mucho entender cómo funcionaría. Porque contiene en sí una ambivalencia: ¿Es posible que pueda abrir, aun involuntariamente, espacios constitucionales a los movimientos de lucha que se dieron en Argentina durante la crisis? Y, naturalmente, en otros aspectos, es un gobierno que debe reconciliarse con el orden mundial, con la globalización. Es un gobierno bifronte, como Jano. Me interesa mucho comprender concretamente la conducta de este gobierno. Me quedo por el momento con esta palabra en la boca: ambivalencia. Pero trato de comprender más. 
(*)
(*) Fuente: Entrevista realizada por Héctor Pavor a Paolo Virno editada originalmente en Suplemento Cultural Ñ, del Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina. 

EL PROPÓSITO DE LA EDUCACIÓN

Por Krishnamurti





         Krishnamurti fue un gran pensador hindú. Siempre rechazó las jerarquías y la dependencia de maestros. En numerosas obras y conferencias que dictó alrededor del mundo difundió sus ideas críticas respecto a la cultura moderna, a sus falsas nociones de poder y saber. Y de educación. Este mundo reproduce el miedo y el apego a formas parciales de desarrollo del ser humano, sólo orientadas al nivel intelectual o práctico y profesional. Para Krishnamurti, el principal obstáculo contra una genuina educación es el miedo silencioso que gobierna nuestra vidas. En las líneas que a continuación siguen sobre el sentido de la educación el pensador indio postula que sin la liberación del temor permanente nunca existirá el clima de espontaneidad y libre indagación que permitan que afloren los verdaderos tesoros del ser humano.

E.I 
  EL PROPÓSITO DE LA EDUCACIÓN
Por Krishnamurti


    Desde los tiempos de la antigua Grecia y la antigua India, las escuelas han sido lugares donde uno aprende.
No se puede aprender si no se dispone de tiempo libre, o sea, tiempo para uno mismo, tiempo para escuchar a otros, tiempo para investigar. Un lugar así es una Escuela. Las Escuelas modernas en todo el mundo cultivan meramente una parte del cerebro, la cual se ocupa de adquirir conocimientos, tecnología, ciencias, biología, teología y cosas por el estilo. Esas escuelas sólo se interesan en el cultivo de una sección particular del cerebro, la que adquiere muchísimo conocimiento, conocimiento externo. Ese conocimiento puede ser empleado hábilmente para ganarse la vida o torpemente, depende de la persona. Escuelas así han existido por miles de años.
Al pensar una nueva Escuela, intentamos realizar algo distinto. El intento no consiste sólo en educar académicamente hasta los niveles establecidos, sino también cultivar una comprensión, una investigación dentro de la total estructura del ser humano. Los estudiantes llegan ya condicionados, de manera que ahí comienza la dificultad. Uno tiene que ayudarlos a librarse no sólo del condicionamiento general, sino también a que investiguen mucho más profundamente.
Nadie puede conducir a otra persona hacia la verdad, a la recta conducta, a la clase correcta, nadie, porque cada uno de nosotros es responsable de sí mismo y no depende de nadie en absoluto. La intención de este nuevo modelo de escuela es cultivar una mente, un cerebro que sea holístico, que adquiera conocimientos para actuar en el mundo pero sin descuidar la naturaleza psicológica del hombre, porque eso es mucho más importante que la carrera académica. Aparentemente, cierta clase de educación es necesaria para tener la capacidad de ganarse la vida en el mundo actual, en la actual civilización (sea lo que fuere esa civilización), y tanto las escuelas occidentales como las orientales están descuidando el otro lado, que es mucho más grande y profundo. Pero aquí estamos tratando de hacer ambas cosas.
El propósito de la educación
¿Por qué vamos a la escuela? ¿ Por qué aprendemos múltiples materias?, ¿ Por qué aprobamos exámenes y competimos los unos con los otros por lograr mejores calificaciones? ¿Qué sentido tiene toda esta llamada educación y qué es lo que implica? Es una pregunta importante, para estudiantes, padres y maestros. ¿Por qué pasamos por el esfuerzo de recibir educación? ¿Es meramente con el fin de aprobar algunos exámenes y obtener un empleo? ¿O la educación tiene como función la de prepararnos, mientras somos jóvenes, para comprender el proceso total de la vida? Es necesario tener un trabajo y ganarse la propia subsistencia. Pero... ¿eso es todo? ¿Se nos educa sólo para eso?.
Por cierto que la vida no es tan sólo un empleo, una ocupación; la vida es algo extraordinariamente amplio y profundo, es un gran misterio, un reino inmenso en el que funcionamos como seres humanos. Si nos preparamos tan sólo para ganarnos la subsistencia, perderemos todo el sentido de la vida; y comprender la vida es mucho más importante que prepararnos meramente para los exámenes y volvernos muy diestros en matemáticas, física o lo que fuere.
Por consiguiente, tanto si somos maestros como estudiantes, ¿no es fundamental que nos preguntemos por qué educamos o se nos educa? ¿ Y qué significado tiene la vida? ¿No es la vida algo extraordinario? La vida es el pobre y es el rico, es la constante batalla entre grupos, razas y naciones, la vida es meditación, la vida es lo que llamamos religión, y es también las sutiles, ocultas cosas de la mente: las pasiones, las ambiciones, las envidias, los temores, los logros y las ansiedades. Todo esto y mucho más es la vida.
Ciertamente, la educación no tiene sentido a menos que nos ayude a comprender la vasta extensión de la vida con todas sus sutilezas, con sus dolores y sus alegrías, con su extraordinaria belleza. Podremos lograr títulos académicos y obtener un puesto muy bueno, pero ¿ Después qué? ¿Cuál es el sentido de todo esto si en el proceso la mente se embota, se fatiga, se vuelve estúpida?. Por lo tanto, mientras somos jóvenes, ¿no tendríamos que aspirar a descubrir qué es la vida en su totalidad?
¿Y acaso no es el verdadero propósito de la educación cultivar en el hombre la inteligencia que tratará de hallar la respuesta a todos estos problemas? ¿Sabemos qué es la inteligencia? Es sin duda, la capacidad de pensar libremente, sin miedo, sin formula alguna, de modo que podamos comenzar a descubrir por sí mismos aquello que es real, verdadero; pero si estamos atemorizados jamás seremos inteligentes. Cualquier forma de ambición, espiritual o mundana, engendra ansiedad, temor; por lo tanto, la ambición no ayuda a producir una mente clara, sencilla, directa y, en consecuencia, inteligente.
Es realmente importante vivir en un ambiente donde no exista el temor. Casi todos nosotros, a medida que envejecemos, nos volvemos temerosos de vivir, de perder un empleo; temerosos de la tradición, de lo que pueda decir de nosotros el vecino, o nuestra esposa o marido, temerosos de la muerte. La mayoría de nosotros tiene miedo, en una forma u otra; y donde hay miedo no hay inteligencia. Y, ¿no es posible para nosotros, mientras somos jóvenes, estar en un ambiente donde no haya temor sino más bien una atmósfera de libertad no sólo para hacer lo que nos plazca, sino para comprender todo el proceso del vivir?.
La vida es realmente muy bella, y sólo podremos apreciar su riqueza, su profundidad, su extraordinaria belleza, cuando nos rebelemos contra todo - contra la religión organizada, contra la tradición, contra la presente sociedad corrupta,- de modo que, como seres humanos, podamos descubrir por nosotros mismos lo que es verdadero. No imitar, sino descubrir, eso es la educación, ¿no es así?.
Es muy fácil ajustarse a lo que les dicen, sus maestros o la sociedad. Es una manera segura y cómoda de vivir; pero eso no es vivir, porque en eso hay temor, deterioro, muerte. Vivir es descubrir por uno mismo aquello que es verdadero, y uno puede hacer eso únicamente cuando hay libertad, cuando existe una constante revolución interna.
Pero a ustedes no se les alimenta para que hagan esto; pocas personas los alentarán para que hagan esto; pocas personas les dirán que cuestionen, que descubran por ustedes mismos que es Dios, porque si se rebelarán se volverían un peligro para todo lo que es falso. Sus padres y la sociedad desean que vivan seguros, y también ustedes desean vivir sin riesgo alguno. Vivir así significa generalmente vivir en la imitación y, por tanto, en el temor. Y el sentido de la educación es, ciertamente, el de ayudarnos a cada uno de nosotros a que vivamos libremente y sin temor. Y para crear una atmósfera en la que no exista el temor  se requiere de muchísima reflexión, tanto de parte de ustedes como del maestro, del educador.
¿Saben lo que esto significa, lo extraordinario que sería crear una atmósfera carente de temor? Y tenemos que crearla, porque vemos que el mundo está atrapado en guerras interminables; lo conducen los políticos, que siempre están en busca del poder; es un mundo de abogados, policías y soldados, un mundo de personas ambiciosas, hombres y mujeres, todos anhelando posición y luchando unas contra otras para conseguirla. Después están los que se titulan santos, los gurues religiosos con sus seguidores; también ellos desean poder, posición, prestigio, aquí o en la próxima vida. Es un mundo insensato, completamente confundido, donde el comunista lucha contra el capitalista, el socialista resiste a ambos, y cada cual está en contra de alguien, luchando para llegar a un sitio seguro, a una posición de poder o bienestar material. El mundo está desgarrado por creencias en conflicto, por diferencias de casta o de clase, por nacionalidades separatistas, por todas las formas de estupidez y crueldad; y este es el mundo en que se los educa para que encajen en él. Se los estimula para que encajen en la estructura de esta sociedad desastrosa.
Ahora bien, el propósito de la educación, ¿es ayudarles meramente a que se ajusten al patrón de este corrupto orden social, o su función es darles libertad, completa libertad para crecer y crear una sociedad diferente, un mundo nuevo? Necesitamos tener esta libertad, no en el futuro sino ahora, o de lo contrario podemos ser todos destruidos.
Tenemos que crear una atmósfera de libertad para que podamos vivir y descubrir aquello que es verdadero, para que lleguemos a ser inteligentes y tengamos la capacidad de enfrentarse al mundo y comprenderlo, no simplemente ajustarnos a él; para que en lo interno, en lo psicológico, en lo profundo, se encuentren en constante estado de rebelión; porque son sólo los que se rebelan constantemente los que descubren lo verdadero, no el hombre que se amolda, que sigue alguna tradición. Sólo cuando uno está constantemente inquiriendo, observando, aprendiendo, encuentra a Dios, la verdad o el amor; y ustedes no pueden inquirir, observar, aprender, no pueden estar profundamente alertas si tienen miedo. No hay duda, entonces, de que el propósito de la educación es el de erradicar, tanto interna como externamente, este miedo que destruye el pensamiento humano, la relación humana y el amor. (*)
(*) Fuente: Krishnamurti, El propósito de la educación, ed. Sudamericana.

LA CEGUERA Y LA METAMORFOSIS EN EL MUNDO GLOBALIZADO Por Edgar Morin



   Edgar Morin es un destacado pensador, autor de El paradigma perdido y vinculado a la corriente de los nuevos paradigmas. En el artículo que sigue a continuación nos estimula a pensar el complejo mundo contemporáneo de la globalización y el creciente intento de orden imperial por parte de la política exterior republicana de los Estados Unidos. Dos surcos esenciales vislumbra el pensador galo para su análisis: por un lado, la ceguera de los procesos relacionados con lo que él denomina "la irracionalidad concreta y la racionalidad abstracta" que explican que  "los rasgos bárbaros del siglo XX siguen todavía presentes en el XXI". Por otra parte, Morin especula también sobre una improbable, pero posible, metamorfosis que suscite " la aparición de fuerzas de transformación y regeneración". Dos vías de la reflexión para atravesar Este Mundo con una mirada crítica.

E.I


LA CEGUERA Y LA METAMORFOSIS EN EL MUNDO GLOBALIZADO     
               Por Edgar Morin
 El progreso científico permitió la producción y la proliferación de armas de destrucción masiva, nucleares, químicas y biológicas. El progreso científico e industrial generó un proceso de deterioro de la biosfera, y se amplía el círculo vicioso entre crecimiento y degradación ecológica.
La globalización del mercado económico, sin regulación externa ni verdadera autorregulación, creó nuevos islotes de riqueza pero también zonas crecientes de pobreza; suscitó y suscitará crisis en cadena y su expansión continúa bajo la amenaza de un caos al cual contribuye considerablemente.
Los avances de la ciencia, la técnica, la industria, la economía que actualmente propulsan la nave espacial Tierra no son regulados ni por la política, ni por la ética. Por consiguiente, lo que en principio debía garantizar el progreso cierto aporta, sin duda, posibilidades de progreso futuro, pero también genera y aumenta peligros.
Los avances antes mencionados se acompañan de numerosas regresiones bárbaras. Las guerras se multiplican en el planeta y se caracterizan cada vez más por sus componentes étnicos y religiosos.
En todas partes, la conciencia cívica retrocede y las violencias gangrenan las sociedades. La criminalidad mafiosa pasó a ser planetaria. La ley de la venganza reemplaza la ley de la justicia pretendiendo ser la justicia verdadera.
Las concepciones maniqueas se apoderan de las mentes haciendo profesión de racionalidad. Los locos de Dios y los locos por el oro se desatan. Ambas locuras tienen una conexión: la globalización económica favorece el financiamiento del terrorismo que apunta a infligir una herida mortal a dicha globalización.
En este terreno, al igual que en otros, la barbarie rencorosa surgida de lo profundo de las eras históricas se combina conla barbarie anónima y fría propia de nuestra civilización.

Cegueras
 En todo el planeta crecen las comunicaciones, pero aumenta la incomprensión. Las sociedades son cada vez más dependientes entre sí, pero están cada vez más dispuestas a desgarrarse unas a otras. La occidentalización engloba al mundo, pero provoca como reacción encierros identitarios étnicos, religiosos y nacionales.
Las mentes abstractas ven la ceguera de los fanáticos, pero no la suya. Las dos cegueras, la de la irracionalidad concreta y la racionalidad abstracta, se conjugan para ensombrecer el siglo naciente.
Hace tiempo señalé que Oriente Medio se hallaba en el centro de una zona sísmica planetaria donde se enfrentaban las religiones entre sí, las religiones y la laicidad, Este y Oeste, Norte y Sur, países pobres y países ricos.
El conflicto palestino-israelí, en el centro de esa zona sísmica, constituía de por sí como un cáncer cuyas metástasis podían llegar a expandirse por el mundo.
Las intervenciones masivas de Tsahal en territorio palestino y los atentados kamikazes en territorio israelí intensificaron un círculo vicioso infernal que ya no está localizado.
Efectivamente, la represión mortífera de Israel desencadenó una ola antijudía inaudita en el mundo musulmán, que retomó los antiguos temas del antijudaísmo cristiano y el antijudaísmo nacionalista occidental, de manera que el odio contra Israel se generaliza en odio hacia lo judío.
La violencia ciega de los kamikazes palestinos, amén de los atentados de Al-Qaeda, ampliaron la ola de antiislamismo, no sólo en Israel sino también en Occidente, no sólo entre los judíos de diásporas, sino de manera más general en medios diversos, como lo prueba el libro de Oriana Fallaci contra el islam, religión identificada a su rama fanática y regresiva.
El agravamiento de la situación podría crear nuevos focos de conflicto en el interior de los países.
Francia, con su numerosa población de origen musulmán y su importante población de origen judío, pudo evitar hasta ahora que la violencia de jóvenes magrebíes y la exasperación proisraelí llevaran al enfrentamiento.
Un nuevo desborde en Oriente Medio llevaría a un aumento del odio y la violencia, y la Francia laica pasaría a ser teatro de una guerra étnico-religiosa entre dos categorías de sus ciudadanos. Además, aunque su creación no haya estado vinculada con el conflicto palestino-israelí, Al-Qaeda, luego de los atentados de Kenya, hizo suya la causa palestina para justificar sus masacres.
El círculo vicioso palestino-israelí se globaliza, el círculo vicioso Occidente-islam se agrava. La guerra de Irak eliminará a un horrible tirano, pero intensificará los conflictos, los odios, las revueltas, las represiones, los terrores y corre el riesgo de convertir una victoria de la democracia en una victoria de Occidente sobre el islam.
Las olas de antijudaísmo y antiislamismo se fortalecerán y se instalará el maniqueísmo en un choque de barbaries denominado "choque de las civilizaciones".
El responsable de la mayor potencia occidental se ha vuelto aprendiz de brujo; en su lucha miope contra los efectos del terrorismo, favorece sus causas; en su oposición a las regulaciones económicas y ecológicas, favorece las degradaciones de la biosfera.
La barbarie del siglo XX desató en muchas áreas de humanidad los flagelos de dos guerras mundiales y de dos supertotalitarismos. Los rasgos bárbaros del siglo XX siguen todavía presentes en el XXI, pero la barbarie del siglo XXI, preludiada en Hiroshima, trae consigo además la autodestrucción potencial de la humanidad.
La barbarie del siglo XX había suscitado terrores policiales, políticos, concentracionistas. La barbarie del siglo XXI contiene, después del 11 de setiembre de 2001, una potencialidad ilimitada de terror planetario.
Lo único que pueden hacer los países para resistir a la barbarie planetaria es encerrarse en sí mismos de manera regresiva, lo cual refuerza la barbarie. Europa es incapaz de afirmarse políticamente, incapaz de abrirse reorganizándose, incapaz de recordar que Turquía fue una gran potencia europea desde el siglo XVI y que el Imperio otomano contribuyó a su civilización. (Olvida que fue el cristianismo, en el pasado, el que se mostró intolerante hacia todas las demás religiones en tanto que el islam andaluz y otomano aceptaba al cristianismo y al judaísmo).
A nivel mundial, las tomas de conciencia son dispersas. La internacional ciudadana en formación es embrionaria. Todavía no ha surgido una sociedad civil planetaria. La conciencia de una comunidad de destino terrestre sigue estando diseminada. Falta formular una verdadera alternativa.
La idea de desarrollo, considerado "perdurable" incluso, toma como modelo nuestra civilización en crisis, la civilización que justamente debería reformarse. Impide que el mundo encuentre formas de evolución distintas de las calcadas de Occidente.
Impide generar una simbiosis de las civilizaciones, que integre lo mejor de Occidente (los derechos del hombre y la mujer, las ideas de democracia) pero que excluya lo peor. El desarrollo mismo está animado por las fuerzas descontroladas que llevan a la catástrofe.
Lo probable y lo inevitable
 En su libro "Pour un catastrophisme éclairé", Jean-Pierre Dupuy propone reconocer lo inevitable de la catástrofe para poder evitarla. Pero, más allá de que el sentimiento de lo inevitable puede llevar a la pasividad, Dupuy identifica de manera abusiva lo probable con lo inevitable.
Lo probable es aquello que, para un observador en un tiempo y un lugar dados, disponiendo de las informaciones más confiables, se presenta como el proceso futuro. Y efectivamente todos los procesos actuales llevan a la catástrofe.
Pero sigue siendo posible lo improbable, y la historia pasada nos demostró que lo improbable podía reemplazar a lo probable, como sucedió a fines de 1941, comienzos de 1942, cuando la probable larga dominación del imperio hitleriano sobre Europa se volvió improbable para abrir paso a una probable victoria aliada.
De hecho, todas las grandes innovaciones de la historia quebraron las probabilidades: fue lo que pasó con el mensaje de Jesús y Pablo, con el de Mahoma, con el desarrollo del capitalismo y luego el socialismo.
Por lo tanto, la puerta a lo improbable está abierta aunque el aumento mundial de la barbarie lo vuelva inconcebible en el momento actual.
Paradójicamente, el caos en el que la humanidad corre el riesgo de caer trae consigo su última chance. ¿Por qué? En primer lugar, porque la proximidad del peligro favorece las tomas de conciencia, que entonces pueden multiplicarse, ampliarse y hacer surgir una gran política de salvación terrestre.
Y sobre todo por la siguiente razón: cuando un sistema es incapaz de tratar sus problemas vitales, o bien se desintegra o bien es capaz, en su desintegración misma, de transformarse en un metasistema más rico, capaz de tratar esos problemas.
La humanidad es actualmente incapaz de tratar sus problemas más vitales, empezando por el de su supervivencia. Es técnicamente capaz pero políticamente incapaz de eliminar el hambre del mundo.
Esta incapacidad alcanza hoy su punto culminante en la paradoja argentina, cuya producción alimentaria es cinco veces superior a las necesidades de la población, pero un gran número de niños (25% para la provincia de Tucumán) sufre de desnutrición grave. Obviamente, en el mundo actual, es imposible realizar lo posible. Aquí puede resultarnos útil la idea defeedback o "retroacción".
Esta noción, formulada por Norbert Wiener, designa la amplificación y la aceleración descontrolada de una tendencia dentro de un sistema. En el mundo físico, un feedback positivo lleva infaliblemente a ese sistema a la desintegración.
Pero en el mundo humano, como lo señaló Magoroh Maruyama, el feedback positivo, al desintegrar antiguas estructuras anquilosadas, puede suscitar la aparición de fuerzas de transformación y regeneración. La metamorfosis de la oruga en mariposa nos ofrece una metáfora interesante: cuando la oruga entra en el capullo, lleva a cabo la autodestrucción de su organismo de oruga y este proceso es al mismo tiempo el de formación del organismo de mariposa, que será a la vez igual y distinto de la oruga. Eso es la metamorfosis.
La metamorfosis de la mariposa está organizada previamente. La metamorfosis de las sociedades humanas en una sociedad -mundo es aleatoria, incierta y está sujeta a los peligros mortales que no obstante le son necesarios. Por eso la humanidad puede llegar a naufragar en el momento de dar a luz su futuro.
Sin embargo, así como nuestro organismo contiene cepas celulares no diferenciadas capaces, como las células embrionarias, de crear todos los distintos órganos de nuestro ser, del mismo modo la humanidad posee las virtudes genéricas que permiten las nuevas creaciones; si bien es cierto que estás virtudes están adormecidas, inhibidas bajo las especializaciones y las rigideces de nuestras sociedades, las crisis generalizadas que las sacuden y sacuden al planeta podrían suscitar la metamorfosis que se ha vuelto vital. Por eso es necesario pasar por la desesperanza para recuperar la esperanza. (*)
(*) Fuente: Artículo de Edgar Morin, publicado bajo el titulo "Globalización: civilización y barbarie", en Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, el día miércoles 15 de enero de 2002, pp.16-17; traducción de Cristina Sardoy.
http://www.temakel.com/ememorin.htm

La guerra de los medios Por Sergio Fernández Novoa (En todo el mundo es igual)





Karl Von Clausewitz fue un estratega militar prusiano que vivió y guerreó en la convulsionada Europa de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX. Considerado el creador de la doctrina militar moderna, leímos o escuchamos, una y otra vez, su célebre sentencia "la guerra es la continuación de la política por otros medios". Incluso, acudimos a ella cuando intentamos comprender, dotar de una racionalidad imposible, los horrores del siglo XX. Repasando los títulos de los diarios de estos días podríamos decir, con el permiso de Clausewitz, que la política es la continuación de la guerra por otros medios. La guerra a la que nos referimos es aquella que los sectores del privilegio declararon al pueblo argentino con episodios ignominiosos como los bombardeos del 16 de junio de 1955 o la etapa iniciada en marzo de 1976 para desterrar de la memoria colectiva, de una vez y para siempre, la dignidad y justicia social inaugurada por el peronismo treinta años antes. Su continuidad en la política es la que despliegan hoy los medios dominantes, que convertidos en partidos sin polìticos, buscan desgastar el proceso de transformaciones que comenzó en mayo de 2003. Y en la guerra, todo vale. Ayer, la desaparición y la tortura, el saqueo y la apropiación, el engaño y la mentira. Hoy la infamia y el chantaje, la impunidad y la búsqueda de rentabilidad a cualquier precio. Los medios hegemónicos, y los poderes fácticos que allí se encarnan, no sólo fueron cómplices de la dictadura, sino fervientes militantes de su causa (aunque la palabra "militantes" les provoque escozor). Su continuidad política, sin más. Las tropelías de Sergio Schoklender, en claro perjuicio de las Madres, de sus luchas y de sus hijos, de la búsqueda colectiva de construir una sociedad más justa, son utilizadas para golpear al corazón de esos mismos valores. Velar por el bien común, por la suerte de los recursos públicos y la necesidad de acceder a una vivienda digna de millones de argentinos, es el rol del periodismo que las corporaciones mediáticas dicen ejercer, pero que niegan tanto en sus títulos como en sus actos. El periodismo "serio e independiente" (ya no podemos poner objetivo ni siquiera entre comillas) que pregonan sólo busca crucificar a Hebe y con ella, a la lucha por la memoria, la verdad y la justicia, y a las políticas de derechos humanos e inclusión social desarrolladas por el Estado Nacional desde hace ocho años. Porque si Schoklender es Hebe y Hebe es Cristina, como pregonan los ríos de tinta regados en la última semana por Clarín y La Nación, hacia dónde va dirigido el golpe: hacia un delincuente que merece ser castigado con todo el peso de la ley o hacia las políticas sociales y redistributivas que unen la lucha de las décadas del 60 y 70 con las políticas desarrolladas por Néstor y Cristina Kirchner. Porque si Schoklender es Hebe y Hebe es Cristina, los juicios y el castigo a los genocidas están en cuestión, al igual que la inversión social y el rol de la organización popular para llevarla a cabo. Se deslegitima elegir este camino para construir 250 mil viviendas a través de casi 70 organizaciones no gubernamentales. Y sobre esta deslegitimación operan los medios hegemónicos y sostienen a sus candidatos de cara a las elecciones presidenciales de octubre próximo: Duhalde y Carrió impulsando una amnistía; Alfonsín (quien cada día avergüenza más la memoria de su propio padre), González Fraga y De Narvaez abogando por la "austeridad" como eufemismo de ajuste. Sin olvidar a Norma Morandini, candidata a vicepresidenta en la fórmula que encabeza Hermes Binner, quien fue empleada del Grupo Clarín y, como legisladora, se opuso a la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y a la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos. Deslegitimación que completa su relato presentando a la Argentina asilada del mundo, a pesar de que Ban ki-moon, titular de las Naciones Unidas, visitó nuestro país y ponderó a la presidenta "por su fuerte liderazgo, compromiso y creencia en los derechos humanos" y "por el mantenimiento de la paz mundial". Y que Ollanta Humala, presidente electo de Perú, destacó el crecimiento de la balanza comercial entre ambos países y la labor del Mercosur. Por su parte, a raíz de las declaraciones del primer ministro del Reino Unido, David Cameron, Cristina Fernández dejó en claro que Argentina seguirá "incansablemente reclamando" la soberanía de las Islas Malvinas. "Vamos a hacerlo en cada uno de los foros", enfatizó la mandataria y calificó a Gran Bretaña como una "potencia colonial en decadencia", además de definir al colonialismo como "algo antiguo e injusto". Antes que un militar, Clausewitz fue un estratega. Y la estrategia es, sin duda, el centro de la acción política. En estos días tumultuosos, los medios hegemónicos y el poder concentrado desplegaron su estrategia de cara a octubre. Será cuestión de prepararse, porque habrá más. Pero también de cultivar la mirada crítica, ejercitar la lectura entre líneas y reforzar el compromiso para que no puedan ganar la guerra.
http://www.diarioregistrado.com/nota-50571-La-guerra-de-los-medios.html

Ataque alemán a la Unión Soviética (22 de junio de 1941)

Un espejo lejano
Por Enrique Lacolla

Ha pasado mucho tiempo y las tornas han cambiado un par de veces desde la segunda guerra mundial, pero la humanidad no debería echar en saco roto la experiencia de aquella época connotada por el ejercicio desmedido de la voluntad de poder.

Se cumplen hoy 70 años del ataque alemán a la Unión Soviética. El 22 de junio de 1941 los efectivos de la Wehrmacht y sus aliados rumanos y finlandeses irrumpían a través de un frente de 1.600 kilómetros en tres direcciones diferentes: por el norte, contra Leningrado; por el centro, en una dirección general hacia Moscú, y por el sur, hacia los vastos trigales de Ucrania. Era el primer paso de una empresa concebida por Hitler y el Estado Mayor alemán con el objetivo de obtener el tan declamado “espacio vital” (Lebensraum) y asegurarse la fuente de materias primas que consentiría a Alemania convertirse en esa nación-continente que el Führer entendía era la carta maestra para poner a su país a la altura de la era de superpotencias que se estaba inaugurando.

Era un empeño vesánico y acabó como debía terminar una locura de ese género: en una catástrofe mayor que provocó víctimas sin cuento y que puso a Alemania y a Europa a un dedo de su aniquilación. Es curioso que el septuagésimo aniversario de esa aventura no haya provocado mayores repercusiones en la prensa del mundo. Aunque sea a modo de espejo distante, el mundo de hoy podría reconocerse en el autoritarismo con que se puso en práctica esa desatinada empresa. Hoy, en efecto, asistimos a un intento de implantar una globalización pensada a la medida de las potencias imperialistas que, más allá del velo hipócrita con la que suele adornársela, es una tentativa disparatada de someter a las tres cuartas partes de la humanidad al diktat de la cuarta parte restante.

La Operación Barbarroja (nombre código dado a la invasión a la URSS) fue el punto de inflexión de la segunda guerra mundial. No se lo sabía por entonces, aunque se lo entreveía vagamente. Abrió la primera página de una lucha titánica que costaría la vida de decenas de millones de personas –en combate, de hambre o como resultado de la exterminación sistemática- y que no acabaría hasta que su principal ideólogo se pegase un tiro en el búnker de la Cancillería del Reich, cuatro años más tarde.

Porque Adolfo Hitler fue el deus ex machina de ese gigantesco desastre. La guerra europea llevaba ya casi dos años y, pese a las fulgurantes victorias alemanas en Polonia, en Noruega, en los Países Bajos y en Francia, no se había definido todavía. Gran Bretaña resistía, Estados Unidos evolucionaba con rapidez hacia su ingreso en la guerra contra las potencias del Eje y la Unión Soviética era una incógnita. Estaba vinculada a Alemania por el pacto Ribbentropp-Molotov firmado en agosto de 1939, que había permitido a Hitler invadir Polonia y después volverse contra el oeste, pero la sociedad con Stalin era precaria y la desconfianza minaba las relaciones. Cosa natural tratándose de dos regímenes de perfiles ideológicos encontrados y con ambiciones territoriales contrastantes.

Más allá de la rivalidad ideológica, sin embargo, las razones de la geopolítica podían dictaminar tanto en un sentido como en otro, en el caso de la vinculación germano-rusa. La disparidad de criterios entre la Armada y el Ejército, o entre Hitler y su ministro de Relaciones Exteriores, Von Ribbentrop, acerca de cuales eran los objetivos centrales de la guerra, así lo ilustra. Para el almirante Raeder y para Ribbentrop la guerra debía desarrollarse contra Gran Bretaña y Estados Unidos principalmente, mientras que la URSS era vista como una potencia favorable o incluso aliada, en el encuadre de un bloque euroasiático que implicase una alineación duradera de todos los estados comprendidos en él, desde España y Francia, hasta Japón, pasando por Alemania, Italia y la URSS. El espíritu de esta construcción teórica iba en contra, sin embargo, de los objetivos programáticos del Estado Mayor del ejército y sobre todo del mismo Hitler, que entendía que Rusia era una potencia inconciliable y que no se le podían prometer las compensaciones que podía obtener con una proyección geoestratégica hacia la India. En el centro de esta preocupación hitleriana, sin embargo, estaba también presente una doble ilusión, cuyos componentes se derivaban de su concepción racista de la historia: uno, que Gran Bretaña era una potencia blanca a la que quería asociarse y a la que no quería molestar en su posición preeminente en la India; y, dos, que semejante planteo vedaba definitivamente su pretensión de hacerse con un dominio similar al británico en Asia, transformando a los eslavos del Este en su propia mano de obra esclava y a sus tierras y materias primas en el reservorio agroganadero y energético que Alemania necesitaba para cumplir su “destino”.

Había también razones pragmáticas que hacían del proyecto occidental alemán un desafío casi impracticable y estimulaban las razones para llevar adelante la aventura rusa. Las exigencias soviéticas respecto de las salidas marítimas hacia el Báltico, el Atlántico y el Mediterráneo demostraban que Stalin no se conformaba con un rol supletorio en un programa controlado por Alemania, sino que aspiraba a ejercer su propia proyección europea y no descartaba una vinculación con las “potencias marítimas”, Gran Bretaña y Estados Unidos. Los proyectos de Raeder y Ribbentrop llevarían mucho tiempo en definirse y en una primera etapa sólo prometían éxitos parciales en el Mediterráneo y eventualmente en el Lejano Oriente, si Japón cumplía su parte. Mientras tanto el poderío anglonorteamericano se reforzaría de forma vertiginosa y Alemania podría verse atrapada entre la presión que venía de occidente y el “rodillo compresor” en que la Unión Soviética podía transformarse en cualquier momento. La opción, por lo tanto, era cortar el nudo gordiano con la espada, acabar con el poderío soviético y consolidar la posición germana en el continente haciéndola invulnerable a una contraofensiva aliada proveniente del Atlántico.

Esto implicaba la guerra con la URSS. El empeño era formidable y, a decir verdad, mensurando las proporciones de las posiciones que la URSS y Alemania ocupaban en el mapa, decididamente peligroso y prácticamente imposible. La realidad, sin embargo, no siempre es tan evidente como aparece a posteriori. El ejército rojo había sido “purgado” por Stalin, había perdido a la casi totalidad de sus mandos altos y medios en el carnaval sangriento de los juicios “por brujería”: los montajes de la NKVD que definían a oficiales como el mariscal Tujachevsky como agentes de Alemania o Japón, de la misma manera en que un par de años antes se había dibujado al trotskismo y a la disidencia interna del partido como espías a sueldo del imperialismo para pasar a sus miembros por las armas o asesinarlos en los campos de concentración. Los mejores jefes de las fuerzas armadas soviéticas habían desaparecido y su lugar había sido ocupado por arribistas o por oficiales de segundo rango asustados de su propia sombra, debido a la posibilidad de ir a parar frente a un piquete de ejecución al menor fallo o síntoma de independencia táctica. Sólo la guerra reinventaría, a un costo atroz, a la generación posterior de mandos competentes.

La opinión desdeñosa de Hitler y sus jefes respecto del ejército rojo estaba abonada también por el pobrísimo desempeño que este había tenido durante la “guerra de invierno” librada contra Finlandia. Una muestra de que ese desdén no era solo de los alemanes sino que era compartido incluso por sus enemigos británicos lo dio el jefe del Estado Mayor inglés, el general Alan Brooke, quien, al enterarse del ataque alemán le comentó a Winston Churchill, refiriéndose a los rusos: “Supongo que serán rodeados en hordas”.

Fue así, en efecto, durante un lapso, pero al mismo tiempo los alemanes tropezaron con una resistencia feroz y un despliegue material y humano de proporciones cada vez más imponentes. Al cerrar el año 1941 la primera campaña rusa estaba perdida, el nudo gordiano no había sido cortado y las bajas habían subido exponencialmente. Contra los alrededor de 100 mil muertos que los alemanes habían contabilizado para los dos primeros años de guerra, en seis meses en el frente oriental habían perecido alrededor de 300 mil soldados alemanes y una gran cantidad de los aliados rumanos, finlandeses, búlgaros, húngaros, croatas, italianos e incluso españoles, belgas, noruegos y franceses.

Y en ese momento Pearl Harbor señaló el ingreso de Estados Unidos a la guerra. Los dados ya estaban echados. Las posibilidades de éxito que los alemanes habían tenido durante las primeras semanas y meses de la campaña rusa habían fincado no sólo en la victoria militar sino en la efectiva posibilidad que existió, por un breve instante, de allegarse a la población de la Ucrania occidental, enloquecida de desesperación como consecuencia de las hambrunas que se derivaron de la implantación de la colectivización forzosa a principio de los años 30 de parte de Moscú, y cuyo fervor nacionalista se había multiplicado ante la opresión ejercida por el régimen, cuyas políticas se confundían con facilidad con el abuso histórico ejercido por los grandes rusos en detrimento de las nacionalidades menores. Pero la política nazi de supremacía racial y de sujeción a la esclavitud de los “subhombres” eslavos, con su cortejo de brutalidades, alienaron a esas poblaciones de cualquier simpatía por Alemania. A esto se sumó el exterminio de la población judía para terminar de conferir a la operación Barbarroja un tinte espeluznante que vedaba cualquier contemporización con el enemigo y convertía la lucha para los soviéticos en la “gran guerra patria”.

Hoy, 70 años después de esos episodios, el mundo deriva por un andarivel que a muchos parecerá que nada tiene que ver con lo que se ventiló en el turbulento año de 1941. Pero esta es una presuposición engañosa. La guerra fría acabó y las grandes potencias se enfrentan en términos mucho menos vehementes que en el pasado, pero un proyecto de poder global está en marcha y acarrea guerras y tensiones en todo el planeta, a la vez que los gastos militares hacen parecer, a los de la época de la guerra, un juego de niños. Más de un billón de dólares anuales son invertidos en armamentos modernos y tecnológicamente ultra sofisticados, junto a los cuales las panoplias de 70 años atrás parecen fuegos de artificio.

Que no pase inadvertido, entonces, este especial aniversario.

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Un espejo lejano