Paul Virilio
   

    Una forma de pensar este mundo en la actualidad se relaciona como una visión de la sociedad en términos de  telépolis, o telepresencia, la sociedad de las comunicaciones instantáneas, de la velocidad del motor y del ciberespacio. Una serie de fenómenos estudiados por Paul Virilio, en el contexto de su dromología, "la lógica de las carreras", la lógica de lo que corre, de lo que es veloz. La hipervelocidad de la información en las comunicaciones genera efectos de desaparición del cuerpo, del espacio y del tiempo histórico. La tecnología, como dimensión pragmática del discurso científico, generaría una realidad no narrativa, donde el instante veloz impide el relato y la comunicación. 
Paul Virilio, es autor de obras como: Estética de la desaparición, Anagrama, Barcelona, 1988; La máquina de visión, Cátedra, Madrid, 1989; El arte del motor, Manantial, Buenos Aires, 1993; La velocidad de la liberación, Manantial, Buenos Aires, 1995; El arte del motor. Aceleración y realidad virtual, Manantial, Buenos Aires. 1996; Un paisaje de acontecimientos, Paidos, Buenos Aires, 1997; El cibermundo, la política de lo peor, Cátedra, Madrid, 1997; "La inercia polar", Trama, Madrid, 1999; La bomba informática, Cátedra, Madrid, 1999; La inseguridad del territorio, La Marca, Buenos Aires, 2000; El procedimiento silencio, Paidós, Buenos Aires, 2001.
 Virilio, nacido en París, en 1932, estudió arquitectura en París, y fue director de la Escuela de Arquitectura parisina durante tres décadas (1968-1998). En 1963 fundó, junto a  Claude Parent, la revista de la modernidad arquitectónica y urbanística Architecture Principe. Ha participado en numerosas exposiciones de arte contemporáneo en la Fundación Cartier. En 2000 en Japón se realizó el Museo de las Catástrofes.
   En la entrevista que se presenta a continuación Virilio aborda sus temas característicos: la dromología, los peligros de dominio totalitario del mundo virtual generado por internet; la pérdida de la experiencia directa del tiempo local, del espacio circundante y de la propia corporalidad por una percepción succionada por la inmediatez y la velocidad de la comunicación electrónica.  
E.I

 LA NECESIDAD DE DEFENDER LA HISTORIA
Entrevista con Paul Virilio

Pregunta: Internet es el fruto de un matrimonio contra natura entre los militares y la comunidad científica. ¿Subsiste algo del pensamiento militar en la red, o es uno de esos casos ejemplares de recuperación y subversión de este pensamiento por parte de la universidad y de la sociedad civil?
Paul Virilo: Internet, o más bien ARPANet, como se decía entonces, es una consecuencia de la disuasión nuclear que ha gobernado el mundo durante cuarenta años y que ha militarizado la ciencia. Debía resistir, en caso de guerra nuclear, los efectos electromagnéticos capaces de destruir las comunicaciones. Y, en efecto, los universitarios contratados por el Pentágono lo han copado y progresivamente se ha difundido y banalizado. Lo que se ha heredado de este pensamiento de la guerra que envuelve al mundo es que se nos habla de inteligencia colectiva y de un cerebro mundial en el que no habría más que neuronas conectadas unas con otras, se ve cómo se perfila este riesgo totalitario Por el momento, aún es nuevo y libre, y no es caro. Tras las autopistas de la información se encuentra lo contrario de la anarquía. Quiero recordar que las autopistas nacieron durante el fascismo, las autostrade y las reichautoban... Internet prefigura las grandes autopistas de la información que se desarrollarán a lo largo del siglo XXI, y que representarán, para las potencias, el envite (militar, económico, político y cognitivo) más importante. La comunicación, ya lo decía Esopo, es la mejor y la peor de las cosas. El carácter totalitario o más bien "globalitario" de Internet.
- La idea de la mundialización, que tan de moda está hoy en día, es tan vertiginosa como un "mal infinito": en ella, lo extensivo se cruza con lo intensivo sin que se sepa que hay de tras. ¿Es para usted un concepto operativo?
P.V. : Para mí, se trata esencialmente de una mundialización del tiempo y de la velocidad. Hasta ahora se ha vivido el tiempo de la historia, mientras que desde ahora se conoce una mundialización instantánea, un tiempo inaudito, absoluto, astronómico, que sé sale "de sus casillas", como decía Hamlet. Un tiempo de inmediatez y de la ubicuidad, que se vive "en directo". Un tiempo que hace posible el accidente integral, la catástrofe que tiene un valor sistémico y que, como tal, tiene como consecuencia todas las variables. La primera alerta tuvo lugar en 1987, con la quiebra bursátil. Hoy, con la crisis asiática, Greenspan y otros grandes sacerdotes de las finanzas nos dicen que ya no hay garantía, y que los fusibles empleados estallaron ya hace 10 años.
- Si hay ambivalencia, ¿cuál será la aportación positiva de Internet?
P.V.: Es el cosmopolitismo bien entendido, la ciudadanía del mundo. Serían necesarias varias generaciones para llegar a esto, es decir, para instruir leyes. Yo les recordaría a todos aquellos que predican la desregulación, ya se trate de liberales o ciberpunks, que la ley beneficia a los débiles, mientras que su ausencia le conviene al fuerte.
- Entonces, el debate político sobre la regulación de Internet, y en concreto sobre la censura, ¿estaría usted más bien en el terreno de los europeos y contra los estadounidenses?
P.V.: Esto es más que una postura política, esto remite a un ser- en- él- mundo. El pensamiento anglosajón, que es el de una antigua potencia marítima, es un pensamiento ondulatorio, que remite al nomadismo, a la flexibilidad, a la fluctuación, a la fugacidad en la existencia: favorece la incertidumbre, se complace con el relativismo, el relacionismo absoluto. Nosotros los continentales somos territoriales, nuestro pensamiento está más marcado por el suelo y el arraigo. Las nuevas tecnologías que niegan el aquí y ahora ignoran el in situ, nos son menos familiares.
- La tensión de lo virtual va más lejos, porque llega hasta el fondo, pretende soltar por completo las amarras: quitarse el lastre del cuerpo, y evacuar lo real de esta vieja tierra extenuada y sin remedio. Algunos americanos, como J. Perry Barlow, proponen una Constitución virtual, por ejemplo, lo cual denota tanto un "espíritu ondulatorio" como un fondo gnóstico o puritano y una antropología dualista.
P.V.: Esto se pudo observar bien con la secta Heaven´s Gate, que tenía un site en Internet donde se preparaba a la gente para que abandonase la estratosfera. Lo virtual es inquietante cuando se vuelve exclusivo, en vez de conjugarse con lo real. Asociar estas dos modalidades es preparar una estéreo-realidad, procurar que dos fuentes den más lustre y riqueza, como ocurre con el sonido. En lo que respecta a esta reacción nihilista contra el cuerpo, hay que tener en cuenta que el cuerpo territorial, el cuerpo humano y el cuerpo social están indisociablemente unidos en el fundamento de lo político. Tal es la lección que nosotros los continentales hemos recibido de Atenas. Lo que hay que pensar más es la apuesta de una democracia no territorializada... lo que es casi una contradicción en los términos: un Estado - mundo fundado sobre leyes democráticas.
- ¿Se puede hablar de ciberciudadanos si no sólo no hay cuerpo sino que tampoco hay sujetos en Internet: apariciones evanescentes, intervenciones verbales concretas, volátiles y muy móviles, canalizadas con precisión?
P.V.: En este punto es donde no se puede ahorrar una reflexión sobre la ley y la relación de la ley con el sujeto. Pero no debe ser dirigida por grupos de presión ni por individuos como Bill Gates que estén a la cabeza de multinacionales que quieren dar una dimensión imperialista y mercantil a un objeto técnico. La nueva tiranía no es ideológica sino económica: la del pensamiento único y el mercado mundializado. La cibernética local no está en juego, a lo que se puede temer una vez más es a la máquina total, la correlación sistemática de las poblaciones. Norbert Wiener lo ha dicho antes que yo.
- Ha habido, y sigue habiendo, estrategias locales sobre internet que han dado pruebas de su funcionamiento: desde Sarajevo y las grandes causas hasta el levantamiento de censura contra la secta de la cienciológia, o los Estados, pasando por los foros de discusión sobre temas de actualidad. ¿Qué opina usted de estas acciones y de las propuestas utópicas de los grupos literarios o neosituacionistas de los años 80 que han intentado radicalizar, por Internet, un pensamiento del "disentimiento"?
P.V.: La tecnoguerrilla existía antes que Internet, y ha demostrado lo que podía dar de sí. Desde los años 30, con la aparición de las radios no profesionales, se iban a dar la mano. En los años 70, el fax facilitó algunas revueltas estudiantiles en Italia... y hubo el debate sobre las radios libres, el recurso del video. Con Internet se han visto movilizaciones democráticas, pero de igual modo se ha calibrado el efecto del rumor cuando tuvo lugar el "caso Clinton": un único site, como Reporto, que emite informaciones que no han sido verificadas, puede poner en peligro a la Casa Blanca: todos los medios de comunicación del mundo han ido a la zaga. La caja de resonancias de Internet es ya tan fuerte como la televisión. Y el riesgo no es la censura por privación de información sino rigurosamente lo contrario: la censura por saturación, indiferenciación, ruido e interferencias, babelización: todo el mundo habla, nadie se escucha. Crece la despolitización.
- ¿Qué reproche le hace a la cibercultura, que sea folklórica o que este manipulada?
P.V.: Le reprocho que se drogue con "la técnica dura" y que abandone el mundo. Que cree netyonquis y alucinados de lo virtual. Se ha entrado en la tercera dimensión; después de las masas que han hecho la historia y la energía, la información, que ya produce sus añagazas y sus víctimas, también debe generar nuevas luchas históricas.
- No se puede pensar la imagen sin pensar la óptica, dice usted, porque pasamos del régimen del objetivo al régimen teleobjetivo. ¿Cuáles son las grandes líneas y los efectos de esta mutación?
P.V.: Nuestra visión del mundo no es objetiva sino "teleobjetivo". El debate en torno a la imagen está minado por la vieja disputa entre los idólatras y los iconoclastas. Ahora bien, no se puede pensar la imagen sin pensar en su destino. Y el destino de las imágenes es la óptica. La primera óptica remite a la geometría, a Galileo, al espacio real, a un medio, ya se trate de la transparencia del aire o del agua. A mediados del siglo XX apareció una segunda óptica, donde no se trata de rayos que pasan a través de un medio difractado sino de una difusión electromagnética que transporta los fotones, los electrones, es decir, la señal digital (audio, vídeo...) que favorece ahora una óptica numérica. La imagen es preponderante a través de una nueva luz propia de la óptica electrónica: una luz distinta a la del sol o la de la electricidad, indirecta, y que viene a través de las pantallas, de los monitores, de los cascos de visión... asistimos, pues, a un desdoblamiento de la óptica. La primera se perpetúa y la segunda es generada por la velocidad de la transmisión de una señal. El debate sobre la imagen está tan minado que no se habla de esta tecnociencia. Que se ha convertido en el lugar del poder. La mediatización, él condicionamiento de las opiniones (cf. Berlusconi, Ros Perot...), procede de esta óptica que es fruto de la velocidad de la luz: la transparencia de las apariencias que induce se transmite instantáneamente a distancia mediante una señal (transmitida o recibida). Esto produce, entre otras cosas, la televigilancia.
- ¿Cómo piensa usted la relación entre lo real y lo virtual?
P.V.: La relación con lo real no se da sin la virtualidad de las imágenes mentales, de los sueños del espíritu, por usar un termino clásico. Hoy este dominio está parasitado por una imaginería virtual puramente instrumental. El culto a la performance y el elemento publicitario han introducido productos lisos, eficaces y perfectos que modifican la percepción. Cada cual puede representarse a Madame Bovary a su gusto, según sus fantasmas personales.
A Marilyn Monroe todavía se la rodea de representaciones mentales, las jóvenes se esfuerzan por imitarla... Cuando se tiene puesto un casco de visión sobre los ojos, es otra cosa, se está atrapado por imágenes instrumentales. Porque se trata de una captura que aniquila al resto. Nos dirigimos hacia un darwinismo de la imagen: las más sofisticadas y las más "performantes" amenazan a las otras, a las que pasan por "subdesarrolladas". Se impone una ecología de las imágenes si se las quiere proteger en su diversidad: esto, que vale para la lengua, vale para las imágenes. Todo ocurre como si la descalificación propia de las colonizaciones de antaño se aplicase en lo sucesivo a todas estas instancias de lo humano, para desembocar en último término en un darwinismo social. El proceso de digitalización ya ha comenzado y consiste en la purificación tecnológica. Ahí hace falta aún poder disponer de estas dos formas: la analógica y la numérica; por ejemplo, el parecido de una metáfora y la similitud de un código, por lo que se gana en exactitud se pierde en profundidad simbólica.
- Cuando se intenta periodizar las grandes mutaciones de la modernidad se habla de las revoluciones industrial, científica y técnica y, como última etapa, de la cibernética. ¿Cuál es su propia periodización de estos acontecimientos?
P.V.: Creo en primer lugar que no se ha comprendido la llegada del motor. No sé ha visto que se trataba de la invención de un movimiento perpetuo o casi: el motor a vapor, a explosión, eléctrico, electrónico, a inferencia lógica en el caso de la computadora y en espera del motor de búsqueda de Internet.
Considero, con Ernst Junger, que esto va más lejos que la revolución industrial. Un Huygens o un Descartes no ignoraban la primacía de esto, sin duda porque todavía podían referirse al Primer Motor de Aristóteles, al divino. La laicización y el mercantilismo explican su relativo desconocimiento: se ha visto la posibilidad de reproducción en serie de los objetos, más que el aspecto energético y dinámico. Para mí, las grandes periodizaciones están, pues, vinculadas a la revolución de los transportes en el sentido amplio del término, y esta revolución está unida al motor. Hoy, el motor de inferencia lógica ha sobrepasado el estadio de la máquina como instrumento: a la revolución de los transportes le sucede la de las transmisiones, a cuyo término se sitúa la revolución cibernética que hoy conocemos. Y lo que se anuncia es la revolución de los transplantes.
Con los clones tocamos la imbricación de la maquinaria industrial y lo vivo. Con los tecnotransplantes, que no son ya xeno-trans-plantes animales, las micromáquinas pueden suplantar a los órganos. Las prótesis adicionales existen ya y ahí se localizara esta otra mecanización- motorización de lo vivo que es el genio genético, es decir, la posibilidad informática de programar células y de producir organismos transgénicos, clonados en el reino vegetal y animal (como hoy se los conoce). Esta tercera revolución es inconmensurable con relación a las otras, puesto que de aquí en adelante el robot ya no es el doble del hombre que se encuentra junto a él, sino que penetra en el interior mismo de lo vivo: Es el ser cibernético que se acerca al dibbouk o al golem.
- Según usted, la ingeniería genética no se puede desinventar, como tampoco la bomba atómica. En lugar de instalarse en el rechazo y el miedo, habría de pensar en la superación: no desinventar sino inventar el desenlace, la aufhebung, el relevo.
P.V.: Me siento obligado a sostener una postura extremista. No creo en él retroceso de la historia sino en las regresiones éticas, humanas. Incluso cuando hay grandes catástrofes, las cosas se retoman o se interrumpen, pero no se retrocede. "Seréis salvados como a través del fuego", dice San Pablo: uno se salva cuan avanza, mirando a la Medusa cara a cara. Josué dijo a sus tropas: "Hay que ponerse de cara al sol" para combatir al enemigo. Y los soldados replicaron: "Estás loco". Él respondió: "Sacaremos brillo a nuestros escudos". No hay más solución que confrontarse con la Medusa de lo virtual y de la eugenesia.
- Desde Fukuyama se habla del fin de la historia. Usted habla de una forma perdida de la historia.
P.V.: Fukuyama tiene razón y a la vez está en un error. Efectivamente, asistimos al fin del tiempo histórico, de la larga duración, el del tiempo local de las sociedades inscritas en los territorios dados, de las alternancias diurnas y nocturnas, de los usos y horarios, de las generaciones. El tiempo mundial, el de la inmediatez, la instantaneidad, y la ubicuidad destruye los fundamentos de la historia al suplantar las temporalidades locales. La historia se vuelve estadística. Ya no está exocentrada sino egocentrada en el presente perpetuo. Y este nuevo régimen del tiempo astronómico o universal carece de referencias en cuanto al destino de los hombres.
- Su investigación inventa un lugar en el cruce de las disciplinas (urbanismo, estrategia, teoría de la técnica, ergonomía, sociología...) para tratar cuestiones como la velocidad, la guerra, las nuevas tecnologías... A este respecto, usted habla de "dromología" o ciencia de los fenómenos de la velocidad.
P.V.: La dromología (de dromos) es la "lógica de la carrera". Sin comprender la velocidad o la aceleración no se puede aprehender el territorio. El territorio se define, en efecto, como el medio- velocidad regido por el animal (con la domesticación del caballo), después como el de la potencia marítima, seguido del de la revolución de la industria y de los transportes. Hoy se asiste a la puesta en practica de la velocidad absoluta del dominio electromagnético. La velocidad es, pues, un medio. Y el territorio es entonces a la vez aquello que permanece y que se cultiva y lo que pasa. La dromología surge a comienzos del siglo con los futuristas y se nutre del pensamiento de la técnica a partir, sobre todo, de Heidegger. Yo me esfuerzo por abordar todo dominio en términos de velocidad, determinando qué tipo de aceleración está en juego. La dromología sería a la sociedad moderna lo que la musicoloía a la música moderna: una inteligencia rítmica, coreográfica, de los grandes flujos y movimientos del pensamiento, de las conquistas. Porque, si ésta es la época del dinero, la velocidad es el poder o la cara oculta de la riqueza. La revolución de los transportes ha llevado hasta su punto más alto una aceleración máxima que desemboca hoy en la velocidad de la luz de las ondas electromagnéticas, haciendo posibles las teletransmisiones, las redes electrónicas etc., en una palabra, la mundialización. El gran encierro del que hablaba Foucault no tuvo lugar en el siglo XX, y se perfila en el XXI.
- Usted va muy lejos a este respecto porque contrariamente a Deleuze, que piensa la velocidad como intensidad liberadora, usted no vacila en evocar el fascismo.
P. V.: Desde 1910 el futurismo ha introducido con la velocidad el odio del mundo. El fascismo lo definiría en primer lugar como asalto. Para Heidegger en Friburgo, el ser es el asalto; tras la guerra, es la espera... Indiscutiblemente, el fascismo y la velocidad se emparejaron para provocar una reducción del mundo, por lo demás aprobada por Hitler cuando afirma en 1943: "El mundo es en adelante demasiado pequeño para la guerra". En el nazismo, paralelamente a Auschwitz, se produce la exterminación mediante la Blitzkrieg, es decir, por el asalto absoluto.
-En la actualidad, hay fascinación por el ciberespacio. Usted se encuentra entre los que critican este nuevo avatar del mito de la comunicación. ¿Cómo define usted este territorio?
P.V.: El ciberespacio es la última forma de la cibernética social, es decir, de la interconexión de los individuos y de la puesta en la red de lo viviente. La cibernética, según Wiener, se define como una ciencia del gobierno. Si la velocidad es el poder, la velocidad absoluta que permite la cibernética instantánea es el poder absoluto. Se podría asistir a un condicionamiento mundial de las sociedad de y por el ciberespacio. Y, respecto al espacio, se trata sobre todo del tiempo, ya que aquí el territorio se confunde con la tierra, es decir, con un espacio limitado. Nosotros somos la única sociedad que ha alcanzado los límites planetarios. La mundialización es el fin del mundo, no en sentido apocalíptico, sino en el sentido de un acabamiento, de una clausura. El ciberespacio señala el advenimiento de este medio- velocidad absoluta, convertido enpole position de la carrera. El medio político por excelencia. La puesta en práctica de la velocidad de la luz hace que la Tierra en cuanto a extensión se reduzca, por así decirlo, a nada, y que el único lugar que subsista sea la velocidad misma. Cuando Einstein habla de la relatividad, se refiere a los espacios cósmicos, a la velocidad de las partículas. La velocidad de la luz es, como su nombre lo indica, un horizonte cosmológico. Hoy la relatividad ha sido repatriada en la Tierra, a escala de la vida cotidiana, y nosotros debemos regularla a través del ciberespacio, ¡hic et nunc! (*)
(*) Fuente: "Hay que defender la historia", entrevista con Paul Virilio, porRachid Sabbaghi y Nadia Tazi; editada con anterioridad en El Pasante. No. 27-28. Madrid, Españ; y Hemeroteca:Virtual ANUIES hemerodigital.unam.mx/ANUIES, Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior http://www.anuies.mx .

Entrevista por Héctor Pavón

Paolo Virno

     Paolo Virno sostiene que vivimos en una época de crisis que, como ocurrió en el siglo XVII, impone repensar todos los conceptos y categorías. Apuesta a una democracia de la "multitud" que ya no debe tomar el poder sino crear una nueva esfera pública que prescinda del Estado y valorice al individuo. Aquí, un fragmento de su último libro, "Cuando el verbo se hace carne", en el que reivindica con razones científicas y filosóficas la visión materialista de la vida.

                                                                                                                                          Héctor Pavón

ENTREVISTA A PAOLO VIRNO
"Crear una nueva esfera pública, sin Estado"
Entrevista por Héctor Pavón

       El futuro puede estar cargado de promesas pero también puede venir lleno de terrores". Así, con un realismo crudo, se refiere al presente Paolo Virno, filósofo italiano y protagonista de la escena del pensamiento contemporáneo europeo y de algunos circuitos de las ideas argentinas. "Intento elaborar una filosofía materialista que parte del hecho de que el ser humano es un animal lingüístico y político, como dice Aristóteles. La condición biológica de nuestra especie provoca el hecho de hablar y del hacer político. El materialismo que yo propongo busca unir naturaleza e historia", dice, como declaración de principios, Virno. Marx, Hobbes, Spinoza, Deleuze, Simondon, son sus referencias canónicas. Entre sus libros, ha sido Gramática de la multitud (Colihue) el que ha puesto de manifiesto su pensamiento filosófico político y lo convirtió en un autor clave para entender las lecturas sobre la "multitud" a la que también ha hecho referencia otro italiano más conocido: Toni Negri. Pero los postulados de Imperio y Multitud, los libros que escribieran Negri y Michel Hardt, fueron cuestionados por Virno que considera la idea de Imperio como un análisis "prematuro". El nombre de Virno comenzó a sentirse en la Argentina al compás de las cacerolas que sonaron en diciembre de 2001. Cuando vinculó esos hechos con las protestas de Seattle y Genova le llovieron tantas opiniones acordando con él como respuestas polémicas a su interpretación. Ahora se publica en la Argentina Cuando el verbo se hace carne (editado por Tinta limón con el grupo Cactus), un libro complejo y profundo de reflexiones filosóficas en torno al lenguaje, la naturaleza humana, el concepto de multitud y Ludwig Wittgenstein. Desde Roma, amable y generoso, habló sobre sus pasiones filosóficas.

- —Vivimos una nueva época que como tal necesita nuevos valores, conceptos. Pero, ¿quién los pensará, quién los construirá?
- —Ese es el problema de las nuevas formas políticas. Pienso que estamos en una situación bastante parecida a la que se vivió en Europa en el siglo XVII cuando se inventaron todas las categorías, los conceptos que ahora parecen obvios, triviales y comunes. Fue en ese momento cuando se creó la idea del Estado nacional, central, y se inventaron conceptos como la soberanía y la obligación de obedecer. Tengo la impresión de que estamos en una fase en la que todos esos conceptos están en crisis y se construyen otros. ¿Quién los construye? Es una pregunta muy acertada. Y no hay que pensar que haya filósofos o pensadores que inventan conceptos políticos porque ése es un modo de concebir la política desde el peor Platón o la peor Ilustración. Estos conceptos emergen poco a poco dentro de experiencias colectivas por prueba y error. Está emergiendo un nuevo modo de ser en la esfera pública que se caracteriza por el hecho de que el Estado es algo que se ha vuelto viejo, inadecuado, al igual que una máquina de escribir respecto de una computadora.

- —Este presente parece pleno de miedos, angustias, conocidos y desconocidos; es una era de incertidumbre. ¿Dónde está la salida, en la filosofía, el arte, el psicoanálisis, la política?
- —Creo que ese miedo como sentimiento difuso, característico de nuestra época, es un miedo en el cual se mezclan dos cosas antes separadas: por un lado el miedo por peligros concretos, por ejemplo, "pierdo el puesto de trabajo". Por el otro, un miedo mucho más general, una angustia, y que no tiene un objeto preciso que es el sentido de la propia precariedad. Es la relación con el mundo en su conjunto como fuente de peligro. Estas dos cosas normalmente estaban separadas. El miedo por un motivo determinado era algo socialmente gobernable mientras que la angustia por la propia precariedad, por la propia finitud, era algo que las religiones o la filosofía trataban de administrar. Ahora, en cambio, en la globalización, las dos cosas son una sola. Vale decir: cuando tengo miedo por un peligro concreto siento también toda mi precariedad respecto de mi vida, del mundo como tal, del significado de mi vida. Es como si experimentásemos en situaciones sociales —como la crisis argentina de hace dos años, o la vida de los inmigrantes que llegan a Europa— al mismo tiempo un problema económico social concreto y una relación con el mundo que nos aparece con todo su dramatismo. Yo creo que lo que puede constituir un remedio, una cura para ese miedo angustiante es la construcción de una nueva esfera pública. Entiendo por esfera pública nuevas formas de vida que no tengan más en su centro la obediencia al Estado y la obligación del trabajo asalariado en tanto trabajo despojado de significado que está por debajo de lo que hombres y mujeres pueden hacer con su colaboración inteligente. Una nueva esfera pública donde se pueda valorizar la propia singularidad y no converger hacia esa especie de unidad trascendente que es el soberano, el Estado.

- —Usted ha expresado que hoy el objetivo de la política es la felicidad. Una expresión que puede parecer poética pero, ¿cuál es su interpretación social?
- —Cuando se habla de felicidad muchos piensan quizás en aquel artículo de la Constitución de Estados Unidos que habla del derecho a ser felices. Yo pienso sobre todo en el uso que hizo Hannah Arendt de la expresión felicidad pública. Es difícil pensar en una felicidad como una especie de posesión secreta, de bien privado. La felicidad es algo relacionado con el hecho de que nuestra mente, la mía, la suya, es siempre como tal una mente pública, social y no puede realizarse si no es en relación con los propios semejantes. Pensar que somos mentes realizadas en sí mismas, completas, y que sólo en un segundo tiempo nos ponemos en relación con los otros me parece poco verosímil, falso. Y por ende pienso que ese estado de bienestar que llamamos felicidad es algo que tiene que ver con el tiempo. Pienso en el 68 en Europa, o en EE.UU., o en América latina, como una ocasión en la fuimos personalmente felices. Hay un punto en el cual lo que sucede a nuestro alrededor y lo que sucede en nuestros sentimientos más íntimos tiene una relación muy fuerte. El nexo entre política y felicidad ha sido negado durante mucho tiempo en nombre del ascetismo, de la separación entre lo público y lo privado, pero llegó quizás el momento de pensar de nuevo la vinculación entre ambas cosas.
- —La unión entre naturaleza e historia es la base de su filosofía materialista. ¿Cómo se entiende esta unión y qué implicancias políticas contiene?
- —Creo que por naturaleza humana es necesario entender el conjunto de condiciones invariantes que son verdaderas desde siempre y que constituyen la base para todo lo que cambia en nuestra vida. Existen condiciones fijas, constantes siempre iguales que en el ser humano permiten luego la gran mutabilidad, el gran cambio de modos de producción, costumbres, culturas. Cuando hablamos de una nueva época hablamos de cómo esas condiciones invariantes, que es nuestra naturaleza, como la facultad del lenguaje, emerge de una u otra manera, como lo "siempre presente", lo verdadero perpetuo, en una sociedad histórica que cambia. Por naturaleza humana debe entenderse un conjunto de condiciones que abren a la Historia, a la temporalidad, a la mutabilidad y que este conjunto de condiciones pueden reducirse al hecho de que somos animales lingüísticos y , que no nacemos ya sabiendo qué hacer, sino que debemos aprender. En la globalización, la precariedad, inestabilidad, ausencia de un ambiente determinado, que es un elemento de la naturaleza humana, se convierten también en características sociales, sociológicas. En los inmigrantes, por ejemplo, el hecho de que haya que modificar varias veces en la vida el propio saber laboral, o sea un elemento que siempre fue verdadero, adquiere una visibilidad particularmente fuerte.
- —¿Cuando usted se refiere al virtuosismo de los hombres y de sus acciones piensa en modelos en particular? ¿Dónde encuentra los virtuosos hoy? ¿En qué mundo o disciplinas?
- —En un tiempo, cuando se decía virtuoso, se pensaba en el gran bailarín, el gran pianista. Para mí, las características del virtuoso en una forma mucho menos artística, mucho menos sublime, hoy se encuentran en el trabajo intelectual de masa. En la economía postfordista, basada en la comunicación, la cultura, la información. Cuántas veces, en los trabajos —digamos, post-fordistas— es necesario improvisar, comprender qué hacer respecto de una situación imprevista: es como si las características del virtuoso no se terminan en un objeto, es algo que es un fin en sí mismo, es tener una relación con quien lo escucha, con un público. Esas características hoy están presentes en el trabajo industrial. Se han socializado.

- —El historiador Jacques Revel dice que le tememos al futuro, nos refugiamos en el pasado y sobrestimamos el presente. ¿Estamos viviendo un presente que se resiste a ser pasado?
- —Creo que cierto miedo al futuro se debe al fin de la idea de progreso, a la idea de que el futuro sería mejor que el presente. Ahora tenemos frente a nosotros un futuro totalmente contingente: es decir que puede estar cargado de promesas pero también lleno de terrores. Es como si faltase una ética, un hábito de cómo enfrentar un futuro que ya no está garantizado por la idea de progreso. Por eso hay cierto miedo del futuro. Tengo la impresión de que hay una total concentración sobre el propio presente y que para ordenarlo, comprenderlo, se evocan figuras del pasado. Se trata, sin embargo, de una evocación en función de intentar hacer algo nuevo aquí y ahora.

- —¿No cree que los ciclos del capitalismo y del imperio, o imperialismo, son un déjà-vu, - esa figura que usted trabajó en "El recuerdo del presente"?
- —Pueden parecer un déjà-vu sólo porque el capitalismo contemporáneo evoca la naturaleza humana como tal, pero en una configuración histórica muy particular: hecha de explotación. Por otra parte, existe justamente en el capitalismo contemporáneo esa unión entre aquello que vale desde siempre y aquello que vale sólo ahora y también puede ser modificado. De ahí surge la impresión del déjà-vu. En el fondo, los capitalistas siempre han dicho: somos una economía ligada a la naturaleza humana. Eso es verdadero y falso a la vez, en el sentido de que el capitalismo, cuando se habla de fuerza de trabajo, se refiere a algunas dotes del ser humano que valen desde siempre. Pero es falso porque el capitalismo adopta esta naturaleza humana, esas dotes humanas que siempre estuvieron presentes de un modo absolutamente particular que no es de hecho el único posible.

- —El historiador británico Seton Watson ha dicho que los pueblos balcánicos producen más historia de la que pueden consumir. ¿Esta idea puede extenderse a toda la humanidad? ¿El mundo produce demasiado presente y memoria?

- —Es acertadísimo. Me parece una frase excelente. En El recuerdo del presente yo sostengo lo contrario de lo que dice Fukuyama sobre el fin de la Historia. Estamos viviendo una situación de exceso de Historia. ¿En qué consiste ese exceso? Es cierto que obviamente suceden muchos hechos históricos, pero el exceso se debe al hecho de que en estos acontecimientos históricos ha pasado a ser objeto de historia también la capacidad humana de hacer Historia. Es decir: nuestra historicidad, la capacidad de poder hacer Historia se ha convertido en un objeto de la praxis. Por ejemplo, nosotros hacemos y tenemos Historia porque tenemos lenguaje y porque somos seres potenciales. Estas dos cosas, nuestra potencialidad y nuestra lingüisticidad, condiciones de la Historia, hoy pasan a ser materia prima de la economía globalizada. El trabajador debe estar abierto a la potencialidad, debe ser comunicativo. En vez de hablar del fin de la Historia, yo hablaría, junto con Seton, de un exceso de Historia o de una hiperhistoria. Falta una ética y una política a la altura de ese exceso de Historia y por eso hay una situación de angustia, miedo. Hay incertidumbre respecto de las formas políticas, hay una crisis del Estado pero no hay una alternativa que ya se defina. ¿Por qué? Este exceso de Historia constituye una desproporción respecto de nuestros hábitos, nuestra ética, y nuestras categorías políticas.

- —Usted dijo que el concepto de multitud puede tener cierta familiaridad para los liberales porque allí se valora la individualidad. ¿Pero no cree que también los asusta porque ven en ella a una multitud comunista?
- —Absolutamente. La idea de individuo de los liberales y la de singularidad de la multitud son como dos gemelos pero opuestos uno al otro. Son muy parecidos pero con dos significados profundamente distintos. Porque el liberal piensa que el individuo es el elemento primero y después se trata de comprender cómo el individuo actúa en relación a los otros y al Estado. Desde el punto de vista de la multitud, el individuo, la singularidad es el resultado de un proceso. Por eso se puede hablar con un viejo concepto filosófico de principio de individuación en el cual la singularidad es como el fruto, el resultado de un proceso de individuación, de diferenciación. Todos nosotros, usted, yo, somos singularidades irrepetibles, pero es así porque provenimos de elementos, por el contrario, universales, comunes. Como el tener, ambos, usted y yo, características que pertenecen a toda la especie: la facultad de lenguaje, de pensamiento. Que luego se singularizan. Por lo tanto, el individuo es un resultado de elementos comunes y universales.

- —La multitud dice no a la democracia representativa y propone una democracia participativa. Pero de todos modos elige gobernantes. Vota en la Argentina, España, Estados Unidos... La gente todavía vota.
- —Sí, ciertamente, vota. Vota como se hacen tantas otras cosas que no obstante no cuentan mucho. El problema no es no votar sino construir formas de democracia que estén a la altura de estas fuerzas productivas. La producción contemporánea ha llegado a un punto tal que es mucho más compleja, mucho más madura que los aparatos administrativos y legislativos de los Estados. Entonces, la cuestión es qué tipo de democracia se plantea. No se trata de una democracia simplificada, de asamblea, de democracia directa, sino al contrario. La democracia no representativa debería lograr traducir en política, en nuevas instituciones, lo que ya se ve en el plano de la producción global. Cuando se dice democracia no representativa es fácil pensar en el mito de la democracia directa, que naturalmente es un bello mito. Pero da la idea de una política simplificada y elemental. Por eso la cuestión es que esté a la altura de la complejidad de la producción social en la que se valorizan todas las capacidades cognitivas y comunicativas del animal humano, lo que Marx llamaba con una bella expresión el "General Intellect", el cerebro social en cuanto pilar de la producción moderna.

- —Respecto de la toma del poder usted ha calificado de "enemigos" a aquellos que la reivindican. ¿Quiénes encarnan el papel de enemigo?
- —Pienso que el problema del enemigo político todavía existe. Lo demuestra, por otra parte, que no estamos en un mundo más suave, más dulce. La multitud no tiene el problema de tomar el poder, tiene el problema en todo caso de limitarlo y hacer decaer al Estado construyendo instituciones y una esfera pública fuera de él. Entonces, desde ese punto de vista el enemigo está, pero se parece más al faraón del libro Exodo de La Biblia que persigue un éxodo, una fuga. No se trata de una fuga en el espacio. Es una fuga en el sentido de salir de las categorías de las instituciones estatales. Enemigo hay, pero ya no es el enemigo que está enfrente y ha constituido el modelo de las guerras civiles o está detrás de la idea de la toma del poder. Es un enemigo que traba, sabotea la construcción de democracia no representativa, de nuevas experiencias comunitarias.

- —El multiculturalismo que atraviesa Occidente, ¿ayuda a la conformación de la multitud o es un obstáculo?
- —El multiculturalismo que cuenta es el que se da en el interior de experiencias de lucha social y de construcción de nueva esfera pública. Una especie de deber ser kantiano multiculturalista corre el riesgo de ser como los buenos propósitos electorales. Puede haber un multiculturalismo virtuoso pero impotente. A mí lo que me parece importante es, en cambio, un discurso sobre las singularidades. Y la singularidad, no la liberal, sino la de la multitud, es justamente el resultado de muchos factores, algunos de ellos multiculturales. Pero lo que cuenta es cada Uno con todo su carácter irrepetible que es el fruto de ser, en todo caso un chino emigrado a California o un italiano en la Argentina. Pero ese cada Uno es el aspecto que cuenta, la valoración de su singularidad. Releyendo a Marx, hoy después de la crisis y el fin del socialismo, de esos regímenes dictatoriales y odiosos que fueron el socialismo real, viene a la mente que él es por muchos aspectos un pensador de la singularidad y su valorización. Hay frases en las que Marx dice: hay que valorizar lo individual frente a todas las abstracciones que hoy se le vienen encima. Una frase así hoy podría ser tomada por una frase de un liberal. Cuando en realidad significa lo opuesto.

- —¿Y el futuro de la clase obrera? ¿Cuál es su papel dentro de la multitud?
- —La clase obrera existe. Sólo que tiene el modo de ser de la multitud y ya no el del pueblo. No hay que creer que porque se habla de multitud se ha dicho un largo adiós a la clase obrera. La clase obrera es un concepto científico. Quiere decir producir ganancia, plusvalía. El movimiento socialista y el comunista pensaron la clase obrera en términos de pueblo, algo compacto, unitario, que en el fondo quería constituir un nuevo Estado. En mi opinión, la clase obrera actualmente se piensa en términos de multitud, de singularidades ricas, pero siempre se trata de clase obrera.

- —Y después de la invasión de Irak, ¿comienza la verdadera Historia, el opúsculo 'después del Muro de Berlín'?
- —Sí, exactamente, así es. Pienso que los 90 fueron años de espera, un interregno mientras que el verdadero después del Muro comienza recién con Bush y la invasión a Irak. Lo que un terrible teórico de la política, Carl Schmitt, llamaba elnomos de la tierra, el orden mundial. La redefinición de ese orden comenzó con la guerra en Irak, no con Clinton en los 90 que fue una tierra intermedia, un período de espera, como un entreacto.

- —¿No cree que el nuevo gobierno de Bush muestra dónde está el corazón del imperio y quiénes son sus jefes?
- —Sí, pienso que muestra en suma lo que en el pensamiento de la política es decisivo: la relación de fuerza. Que se haya hablado durante tantos años de política sin pensar más en la relación de fuerza demuestra solamente que no se llegaba a pensar, a hablar realmente de política. Personalmente, en cuanto al concepto de imperio, tengo muchas dudas porque me parece un intento de fotografiar la situación post muro, la del fin del socialismo, tomando la administración Clinton como modelo. ¿Cuáles serán las nuevas palabras que deberán adoptarse para nombrar el nuevo orden mundial? Lo comprenderemos justamente a partir del desarrollo de las cosas post Irak, en los próximos años, en la relación con China. ¿Cómo decirlo? Estamos recién en el inicio de una redefinición de las formas de dominio mundial. Es muy prematuro ponerles una etiqueta como por ejemplo "Imperio".

- —Usted pertenece a un grupo generacional italiano que luchó por la revolución. El Estado los reprimió, usted fue preso. ¿Está desilusionado con este mundo que debe vivir hoy? ¿Le habría gustado vivir en otra época?
- —No. Digo sin reservas sí a mi presente. Lo que no significa aprobar el mundo tal como es. Lo considero extremadamente rico e interesante, pese a que sea dramático, trágico. Pienso que recién ahora algo como lo que hace tanto tiempo fue llamado comunismo se ha vuelto actual, una cuestión de sentido común. Para nada extremista. ¿Qué hacer, qué forma política y social dar a la naturaleza humana? Retomo una frase de Walter Benjamin que decía algo así: "Criticar el propio presente, sentir horror por algunos de sus aspectos pero adherir sin reservas".

- —¿Para usted cuál es el sentido de la palabra revolución hoy?
- —Prescindiría quizá de la palabra revolución porque ése modelo fue el de tomar el poder y construir un nuevo Estado. Hablaría más bien de éxodo. Pienso que el modelo del éxodo es un modelo rico. Exodo significa, más que tomar el poder o someterse a él, salir. Salir significa construir un contexto distinto, nuevas experiencias de democracia no representativa, nuevos modos de producción. Se da una tercera posibilidad y no hablo, ¡por favor!, de "Tercera vía" sino de una política de la extinción del Estado construyendo en positivo, oponiendo la palabra república a la palabra Estado. Construyendo una república ya no estatal con un movimiento que está hecho más de éxodo, de experimentaciones en positivo que de revoluciones en el sentido clásico, que no obstante fueron una actividad inteligente de muchas generaciones pero que lleva la idea de construir un nuevo Estado. No tener que vérselas más con un monopolio de la decisión, quiere decir multitud: muchos, pluralidad.

- —¿Continuó observando a la Argentina después de la crisis de 2001, con este nuevo gobierno?
- —Sí, he tratado de mantenerme lo más informado posible. Y sobre este nuevo gobierno, me interesaba mucho entender cómo funcionaría. Porque contiene en sí una ambivalencia: ¿Es posible que pueda abrir, aun involuntariamente, espacios constitucionales a los movimientos de lucha que se dieron en Argentina durante la crisis? Y, naturalmente, en otros aspectos, es un gobierno que debe reconciliarse con el orden mundial, con la globalización. Es un gobierno bifronte, como Jano. Me interesa mucho comprender concretamente la conducta de este gobierno. Me quedo por el momento con esta palabra en la boca: ambivalencia. Pero trato de comprender más. 
(*)
(*) Fuente: Entrevista realizada por Héctor Pavor a Paolo Virno editada originalmente en Suplemento Cultural Ñ, del Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina. 



   Edgar Morin es un destacado pensador, autor de El paradigma perdido y vinculado a la corriente de los nuevos paradigmas. En el artículo que sigue a continuación nos estimula a pensar el complejo mundo contemporáneo de la globalización y el creciente intento de orden imperial por parte de la política exterior republicana de los Estados Unidos. Dos surcos esenciales vislumbra el pensador galo para su análisis: por un lado, la ceguera de los procesos relacionados con lo que él denomina "la irracionalidad concreta y la racionalidad abstracta" que explican que  "los rasgos bárbaros del siglo XX siguen todavía presentes en el XXI". Por otra parte, Morin especula también sobre una improbable, pero posible, metamorfosis que suscite " la aparición de fuerzas de transformación y regeneración". Dos vías de la reflexión para atravesar Este Mundo con una mirada crítica.

E.I


LA CEGUERA Y LA METAMORFOSIS EN EL MUNDO GLOBALIZADO     
               Por Edgar Morin
 El progreso científico permitió la producción y la proliferación de armas de destrucción masiva, nucleares, químicas y biológicas. El progreso científico e industrial generó un proceso de deterioro de la biosfera, y se amplía el círculo vicioso entre crecimiento y degradación ecológica.
La globalización del mercado económico, sin regulación externa ni verdadera autorregulación, creó nuevos islotes de riqueza pero también zonas crecientes de pobreza; suscitó y suscitará crisis en cadena y su expansión continúa bajo la amenaza de un caos al cual contribuye considerablemente.
Los avances de la ciencia, la técnica, la industria, la economía que actualmente propulsan la nave espacial Tierra no son regulados ni por la política, ni por la ética. Por consiguiente, lo que en principio debía garantizar el progreso cierto aporta, sin duda, posibilidades de progreso futuro, pero también genera y aumenta peligros.
Los avances antes mencionados se acompañan de numerosas regresiones bárbaras. Las guerras se multiplican en el planeta y se caracterizan cada vez más por sus componentes étnicos y religiosos.
En todas partes, la conciencia cívica retrocede y las violencias gangrenan las sociedades. La criminalidad mafiosa pasó a ser planetaria. La ley de la venganza reemplaza la ley de la justicia pretendiendo ser la justicia verdadera.
Las concepciones maniqueas se apoderan de las mentes haciendo profesión de racionalidad. Los locos de Dios y los locos por el oro se desatan. Ambas locuras tienen una conexión: la globalización económica favorece el financiamiento del terrorismo que apunta a infligir una herida mortal a dicha globalización.
En este terreno, al igual que en otros, la barbarie rencorosa surgida de lo profundo de las eras históricas se combina conla barbarie anónima y fría propia de nuestra civilización.

Cegueras
 En todo el planeta crecen las comunicaciones, pero aumenta la incomprensión. Las sociedades son cada vez más dependientes entre sí, pero están cada vez más dispuestas a desgarrarse unas a otras. La occidentalización engloba al mundo, pero provoca como reacción encierros identitarios étnicos, religiosos y nacionales.
Las mentes abstractas ven la ceguera de los fanáticos, pero no la suya. Las dos cegueras, la de la irracionalidad concreta y la racionalidad abstracta, se conjugan para ensombrecer el siglo naciente.
Hace tiempo señalé que Oriente Medio se hallaba en el centro de una zona sísmica planetaria donde se enfrentaban las religiones entre sí, las religiones y la laicidad, Este y Oeste, Norte y Sur, países pobres y países ricos.
El conflicto palestino-israelí, en el centro de esa zona sísmica, constituía de por sí como un cáncer cuyas metástasis podían llegar a expandirse por el mundo.
Las intervenciones masivas de Tsahal en territorio palestino y los atentados kamikazes en territorio israelí intensificaron un círculo vicioso infernal que ya no está localizado.
Efectivamente, la represión mortífera de Israel desencadenó una ola antijudía inaudita en el mundo musulmán, que retomó los antiguos temas del antijudaísmo cristiano y el antijudaísmo nacionalista occidental, de manera que el odio contra Israel se generaliza en odio hacia lo judío.
La violencia ciega de los kamikazes palestinos, amén de los atentados de Al-Qaeda, ampliaron la ola de antiislamismo, no sólo en Israel sino también en Occidente, no sólo entre los judíos de diásporas, sino de manera más general en medios diversos, como lo prueba el libro de Oriana Fallaci contra el islam, religión identificada a su rama fanática y regresiva.
El agravamiento de la situación podría crear nuevos focos de conflicto en el interior de los países.
Francia, con su numerosa población de origen musulmán y su importante población de origen judío, pudo evitar hasta ahora que la violencia de jóvenes magrebíes y la exasperación proisraelí llevaran al enfrentamiento.
Un nuevo desborde en Oriente Medio llevaría a un aumento del odio y la violencia, y la Francia laica pasaría a ser teatro de una guerra étnico-religiosa entre dos categorías de sus ciudadanos. Además, aunque su creación no haya estado vinculada con el conflicto palestino-israelí, Al-Qaeda, luego de los atentados de Kenya, hizo suya la causa palestina para justificar sus masacres.
El círculo vicioso palestino-israelí se globaliza, el círculo vicioso Occidente-islam se agrava. La guerra de Irak eliminará a un horrible tirano, pero intensificará los conflictos, los odios, las revueltas, las represiones, los terrores y corre el riesgo de convertir una victoria de la democracia en una victoria de Occidente sobre el islam.
Las olas de antijudaísmo y antiislamismo se fortalecerán y se instalará el maniqueísmo en un choque de barbaries denominado "choque de las civilizaciones".
El responsable de la mayor potencia occidental se ha vuelto aprendiz de brujo; en su lucha miope contra los efectos del terrorismo, favorece sus causas; en su oposición a las regulaciones económicas y ecológicas, favorece las degradaciones de la biosfera.
La barbarie del siglo XX desató en muchas áreas de humanidad los flagelos de dos guerras mundiales y de dos supertotalitarismos. Los rasgos bárbaros del siglo XX siguen todavía presentes en el XXI, pero la barbarie del siglo XXI, preludiada en Hiroshima, trae consigo además la autodestrucción potencial de la humanidad.
La barbarie del siglo XX había suscitado terrores policiales, políticos, concentracionistas. La barbarie del siglo XXI contiene, después del 11 de setiembre de 2001, una potencialidad ilimitada de terror planetario.
Lo único que pueden hacer los países para resistir a la barbarie planetaria es encerrarse en sí mismos de manera regresiva, lo cual refuerza la barbarie. Europa es incapaz de afirmarse políticamente, incapaz de abrirse reorganizándose, incapaz de recordar que Turquía fue una gran potencia europea desde el siglo XVI y que el Imperio otomano contribuyó a su civilización. (Olvida que fue el cristianismo, en el pasado, el que se mostró intolerante hacia todas las demás religiones en tanto que el islam andaluz y otomano aceptaba al cristianismo y al judaísmo).
A nivel mundial, las tomas de conciencia son dispersas. La internacional ciudadana en formación es embrionaria. Todavía no ha surgido una sociedad civil planetaria. La conciencia de una comunidad de destino terrestre sigue estando diseminada. Falta formular una verdadera alternativa.
La idea de desarrollo, considerado "perdurable" incluso, toma como modelo nuestra civilización en crisis, la civilización que justamente debería reformarse. Impide que el mundo encuentre formas de evolución distintas de las calcadas de Occidente.
Impide generar una simbiosis de las civilizaciones, que integre lo mejor de Occidente (los derechos del hombre y la mujer, las ideas de democracia) pero que excluya lo peor. El desarrollo mismo está animado por las fuerzas descontroladas que llevan a la catástrofe.
Lo probable y lo inevitable
 En su libro "Pour un catastrophisme éclairé", Jean-Pierre Dupuy propone reconocer lo inevitable de la catástrofe para poder evitarla. Pero, más allá de que el sentimiento de lo inevitable puede llevar a la pasividad, Dupuy identifica de manera abusiva lo probable con lo inevitable.
Lo probable es aquello que, para un observador en un tiempo y un lugar dados, disponiendo de las informaciones más confiables, se presenta como el proceso futuro. Y efectivamente todos los procesos actuales llevan a la catástrofe.
Pero sigue siendo posible lo improbable, y la historia pasada nos demostró que lo improbable podía reemplazar a lo probable, como sucedió a fines de 1941, comienzos de 1942, cuando la probable larga dominación del imperio hitleriano sobre Europa se volvió improbable para abrir paso a una probable victoria aliada.
De hecho, todas las grandes innovaciones de la historia quebraron las probabilidades: fue lo que pasó con el mensaje de Jesús y Pablo, con el de Mahoma, con el desarrollo del capitalismo y luego el socialismo.
Por lo tanto, la puerta a lo improbable está abierta aunque el aumento mundial de la barbarie lo vuelva inconcebible en el momento actual.
Paradójicamente, el caos en el que la humanidad corre el riesgo de caer trae consigo su última chance. ¿Por qué? En primer lugar, porque la proximidad del peligro favorece las tomas de conciencia, que entonces pueden multiplicarse, ampliarse y hacer surgir una gran política de salvación terrestre.
Y sobre todo por la siguiente razón: cuando un sistema es incapaz de tratar sus problemas vitales, o bien se desintegra o bien es capaz, en su desintegración misma, de transformarse en un metasistema más rico, capaz de tratar esos problemas.
La humanidad es actualmente incapaz de tratar sus problemas más vitales, empezando por el de su supervivencia. Es técnicamente capaz pero políticamente incapaz de eliminar el hambre del mundo.
Esta incapacidad alcanza hoy su punto culminante en la paradoja argentina, cuya producción alimentaria es cinco veces superior a las necesidades de la población, pero un gran número de niños (25% para la provincia de Tucumán) sufre de desnutrición grave. Obviamente, en el mundo actual, es imposible realizar lo posible. Aquí puede resultarnos útil la idea defeedback o "retroacción".
Esta noción, formulada por Norbert Wiener, designa la amplificación y la aceleración descontrolada de una tendencia dentro de un sistema. En el mundo físico, un feedback positivo lleva infaliblemente a ese sistema a la desintegración.
Pero en el mundo humano, como lo señaló Magoroh Maruyama, el feedback positivo, al desintegrar antiguas estructuras anquilosadas, puede suscitar la aparición de fuerzas de transformación y regeneración. La metamorfosis de la oruga en mariposa nos ofrece una metáfora interesante: cuando la oruga entra en el capullo, lleva a cabo la autodestrucción de su organismo de oruga y este proceso es al mismo tiempo el de formación del organismo de mariposa, que será a la vez igual y distinto de la oruga. Eso es la metamorfosis.
La metamorfosis de la mariposa está organizada previamente. La metamorfosis de las sociedades humanas en una sociedad -mundo es aleatoria, incierta y está sujeta a los peligros mortales que no obstante le son necesarios. Por eso la humanidad puede llegar a naufragar en el momento de dar a luz su futuro.
Sin embargo, así como nuestro organismo contiene cepas celulares no diferenciadas capaces, como las células embrionarias, de crear todos los distintos órganos de nuestro ser, del mismo modo la humanidad posee las virtudes genéricas que permiten las nuevas creaciones; si bien es cierto que estás virtudes están adormecidas, inhibidas bajo las especializaciones y las rigideces de nuestras sociedades, las crisis generalizadas que las sacuden y sacuden al planeta podrían suscitar la metamorfosis que se ha vuelto vital. Por eso es necesario pasar por la desesperanza para recuperar la esperanza. (*)
(*) Fuente: Artículo de Edgar Morin, publicado bajo el titulo "Globalización: civilización y barbarie", en Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, el día miércoles 15 de enero de 2002, pp.16-17; traducción de Cristina Sardoy.
http://www.temakel.com/ememorin.htm




Karl Von Clausewitz fue un estratega militar prusiano que vivió y guerreó en la convulsionada Europa de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX. Considerado el creador de la doctrina militar moderna, leímos o escuchamos, una y otra vez, su célebre sentencia "la guerra es la continuación de la política por otros medios". Incluso, acudimos a ella cuando intentamos comprender, dotar de una racionalidad imposible, los horrores del siglo XX. Repasando los títulos de los diarios de estos días podríamos decir, con el permiso de Clausewitz, que la política es la continuación de la guerra por otros medios. La guerra a la que nos referimos es aquella que los sectores del privilegio declararon al pueblo argentino con episodios ignominiosos como los bombardeos del 16 de junio de 1955 o la etapa iniciada en marzo de 1976 para desterrar de la memoria colectiva, de una vez y para siempre, la dignidad y justicia social inaugurada por el peronismo treinta años antes. Su continuidad en la política es la que despliegan hoy los medios dominantes, que convertidos en partidos sin polìticos, buscan desgastar el proceso de transformaciones que comenzó en mayo de 2003. Y en la guerra, todo vale. Ayer, la desaparición y la tortura, el saqueo y la apropiación, el engaño y la mentira. Hoy la infamia y el chantaje, la impunidad y la búsqueda de rentabilidad a cualquier precio. Los medios hegemónicos, y los poderes fácticos que allí se encarnan, no sólo fueron cómplices de la dictadura, sino fervientes militantes de su causa (aunque la palabra "militantes" les provoque escozor). Su continuidad política, sin más. Las tropelías de Sergio Schoklender, en claro perjuicio de las Madres, de sus luchas y de sus hijos, de la búsqueda colectiva de construir una sociedad más justa, son utilizadas para golpear al corazón de esos mismos valores. Velar por el bien común, por la suerte de los recursos públicos y la necesidad de acceder a una vivienda digna de millones de argentinos, es el rol del periodismo que las corporaciones mediáticas dicen ejercer, pero que niegan tanto en sus títulos como en sus actos. El periodismo "serio e independiente" (ya no podemos poner objetivo ni siquiera entre comillas) que pregonan sólo busca crucificar a Hebe y con ella, a la lucha por la memoria, la verdad y la justicia, y a las políticas de derechos humanos e inclusión social desarrolladas por el Estado Nacional desde hace ocho años. Porque si Schoklender es Hebe y Hebe es Cristina, como pregonan los ríos de tinta regados en la última semana por Clarín y La Nación, hacia dónde va dirigido el golpe: hacia un delincuente que merece ser castigado con todo el peso de la ley o hacia las políticas sociales y redistributivas que unen la lucha de las décadas del 60 y 70 con las políticas desarrolladas por Néstor y Cristina Kirchner. Porque si Schoklender es Hebe y Hebe es Cristina, los juicios y el castigo a los genocidas están en cuestión, al igual que la inversión social y el rol de la organización popular para llevarla a cabo. Se deslegitima elegir este camino para construir 250 mil viviendas a través de casi 70 organizaciones no gubernamentales. Y sobre esta deslegitimación operan los medios hegemónicos y sostienen a sus candidatos de cara a las elecciones presidenciales de octubre próximo: Duhalde y Carrió impulsando una amnistía; Alfonsín (quien cada día avergüenza más la memoria de su propio padre), González Fraga y De Narvaez abogando por la "austeridad" como eufemismo de ajuste. Sin olvidar a Norma Morandini, candidata a vicepresidenta en la fórmula que encabeza Hermes Binner, quien fue empleada del Grupo Clarín y, como legisladora, se opuso a la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y a la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos. Deslegitimación que completa su relato presentando a la Argentina asilada del mundo, a pesar de que Ban ki-moon, titular de las Naciones Unidas, visitó nuestro país y ponderó a la presidenta "por su fuerte liderazgo, compromiso y creencia en los derechos humanos" y "por el mantenimiento de la paz mundial". Y que Ollanta Humala, presidente electo de Perú, destacó el crecimiento de la balanza comercial entre ambos países y la labor del Mercosur. Por su parte, a raíz de las declaraciones del primer ministro del Reino Unido, David Cameron, Cristina Fernández dejó en claro que Argentina seguirá "incansablemente reclamando" la soberanía de las Islas Malvinas. "Vamos a hacerlo en cada uno de los foros", enfatizó la mandataria y calificó a Gran Bretaña como una "potencia colonial en decadencia", además de definir al colonialismo como "algo antiguo e injusto". Antes que un militar, Clausewitz fue un estratega. Y la estrategia es, sin duda, el centro de la acción política. En estos días tumultuosos, los medios hegemónicos y el poder concentrado desplegaron su estrategia de cara a octubre. Será cuestión de prepararse, porque habrá más. Pero también de cultivar la mirada crítica, ejercitar la lectura entre líneas y reforzar el compromiso para que no puedan ganar la guerra.
http://www.diarioregistrado.com/nota-50571-La-guerra-de-los-medios.html
Un espejo lejano
Por Enrique Lacolla

Ha pasado mucho tiempo y las tornas han cambiado un par de veces desde la segunda guerra mundial, pero la humanidad no debería echar en saco roto la experiencia de aquella época connotada por el ejercicio desmedido de la voluntad de poder.

Se cumplen hoy 70 años del ataque alemán a la Unión Soviética. El 22 de junio de 1941 los efectivos de la Wehrmacht y sus aliados rumanos y finlandeses irrumpían a través de un frente de 1.600 kilómetros en tres direcciones diferentes: por el norte, contra Leningrado; por el centro, en una dirección general hacia Moscú, y por el sur, hacia los vastos trigales de Ucrania. Era el primer paso de una empresa concebida por Hitler y el Estado Mayor alemán con el objetivo de obtener el tan declamado “espacio vital” (Lebensraum) y asegurarse la fuente de materias primas que consentiría a Alemania convertirse en esa nación-continente que el Führer entendía era la carta maestra para poner a su país a la altura de la era de superpotencias que se estaba inaugurando.

Era un empeño vesánico y acabó como debía terminar una locura de ese género: en una catástrofe mayor que provocó víctimas sin cuento y que puso a Alemania y a Europa a un dedo de su aniquilación. Es curioso que el septuagésimo aniversario de esa aventura no haya provocado mayores repercusiones en la prensa del mundo. Aunque sea a modo de espejo distante, el mundo de hoy podría reconocerse en el autoritarismo con que se puso en práctica esa desatinada empresa. Hoy, en efecto, asistimos a un intento de implantar una globalización pensada a la medida de las potencias imperialistas que, más allá del velo hipócrita con la que suele adornársela, es una tentativa disparatada de someter a las tres cuartas partes de la humanidad al diktat de la cuarta parte restante.

La Operación Barbarroja (nombre código dado a la invasión a la URSS) fue el punto de inflexión de la segunda guerra mundial. No se lo sabía por entonces, aunque se lo entreveía vagamente. Abrió la primera página de una lucha titánica que costaría la vida de decenas de millones de personas –en combate, de hambre o como resultado de la exterminación sistemática- y que no acabaría hasta que su principal ideólogo se pegase un tiro en el búnker de la Cancillería del Reich, cuatro años más tarde.

Porque Adolfo Hitler fue el deus ex machina de ese gigantesco desastre. La guerra europea llevaba ya casi dos años y, pese a las fulgurantes victorias alemanas en Polonia, en Noruega, en los Países Bajos y en Francia, no se había definido todavía. Gran Bretaña resistía, Estados Unidos evolucionaba con rapidez hacia su ingreso en la guerra contra las potencias del Eje y la Unión Soviética era una incógnita. Estaba vinculada a Alemania por el pacto Ribbentropp-Molotov firmado en agosto de 1939, que había permitido a Hitler invadir Polonia y después volverse contra el oeste, pero la sociedad con Stalin era precaria y la desconfianza minaba las relaciones. Cosa natural tratándose de dos regímenes de perfiles ideológicos encontrados y con ambiciones territoriales contrastantes.

Más allá de la rivalidad ideológica, sin embargo, las razones de la geopolítica podían dictaminar tanto en un sentido como en otro, en el caso de la vinculación germano-rusa. La disparidad de criterios entre la Armada y el Ejército, o entre Hitler y su ministro de Relaciones Exteriores, Von Ribbentrop, acerca de cuales eran los objetivos centrales de la guerra, así lo ilustra. Para el almirante Raeder y para Ribbentrop la guerra debía desarrollarse contra Gran Bretaña y Estados Unidos principalmente, mientras que la URSS era vista como una potencia favorable o incluso aliada, en el encuadre de un bloque euroasiático que implicase una alineación duradera de todos los estados comprendidos en él, desde España y Francia, hasta Japón, pasando por Alemania, Italia y la URSS. El espíritu de esta construcción teórica iba en contra, sin embargo, de los objetivos programáticos del Estado Mayor del ejército y sobre todo del mismo Hitler, que entendía que Rusia era una potencia inconciliable y que no se le podían prometer las compensaciones que podía obtener con una proyección geoestratégica hacia la India. En el centro de esta preocupación hitleriana, sin embargo, estaba también presente una doble ilusión, cuyos componentes se derivaban de su concepción racista de la historia: uno, que Gran Bretaña era una potencia blanca a la que quería asociarse y a la que no quería molestar en su posición preeminente en la India; y, dos, que semejante planteo vedaba definitivamente su pretensión de hacerse con un dominio similar al británico en Asia, transformando a los eslavos del Este en su propia mano de obra esclava y a sus tierras y materias primas en el reservorio agroganadero y energético que Alemania necesitaba para cumplir su “destino”.

Había también razones pragmáticas que hacían del proyecto occidental alemán un desafío casi impracticable y estimulaban las razones para llevar adelante la aventura rusa. Las exigencias soviéticas respecto de las salidas marítimas hacia el Báltico, el Atlántico y el Mediterráneo demostraban que Stalin no se conformaba con un rol supletorio en un programa controlado por Alemania, sino que aspiraba a ejercer su propia proyección europea y no descartaba una vinculación con las “potencias marítimas”, Gran Bretaña y Estados Unidos. Los proyectos de Raeder y Ribbentrop llevarían mucho tiempo en definirse y en una primera etapa sólo prometían éxitos parciales en el Mediterráneo y eventualmente en el Lejano Oriente, si Japón cumplía su parte. Mientras tanto el poderío anglonorteamericano se reforzaría de forma vertiginosa y Alemania podría verse atrapada entre la presión que venía de occidente y el “rodillo compresor” en que la Unión Soviética podía transformarse en cualquier momento. La opción, por lo tanto, era cortar el nudo gordiano con la espada, acabar con el poderío soviético y consolidar la posición germana en el continente haciéndola invulnerable a una contraofensiva aliada proveniente del Atlántico.

Esto implicaba la guerra con la URSS. El empeño era formidable y, a decir verdad, mensurando las proporciones de las posiciones que la URSS y Alemania ocupaban en el mapa, decididamente peligroso y prácticamente imposible. La realidad, sin embargo, no siempre es tan evidente como aparece a posteriori. El ejército rojo había sido “purgado” por Stalin, había perdido a la casi totalidad de sus mandos altos y medios en el carnaval sangriento de los juicios “por brujería”: los montajes de la NKVD que definían a oficiales como el mariscal Tujachevsky como agentes de Alemania o Japón, de la misma manera en que un par de años antes se había dibujado al trotskismo y a la disidencia interna del partido como espías a sueldo del imperialismo para pasar a sus miembros por las armas o asesinarlos en los campos de concentración. Los mejores jefes de las fuerzas armadas soviéticas habían desaparecido y su lugar había sido ocupado por arribistas o por oficiales de segundo rango asustados de su propia sombra, debido a la posibilidad de ir a parar frente a un piquete de ejecución al menor fallo o síntoma de independencia táctica. Sólo la guerra reinventaría, a un costo atroz, a la generación posterior de mandos competentes.

La opinión desdeñosa de Hitler y sus jefes respecto del ejército rojo estaba abonada también por el pobrísimo desempeño que este había tenido durante la “guerra de invierno” librada contra Finlandia. Una muestra de que ese desdén no era solo de los alemanes sino que era compartido incluso por sus enemigos británicos lo dio el jefe del Estado Mayor inglés, el general Alan Brooke, quien, al enterarse del ataque alemán le comentó a Winston Churchill, refiriéndose a los rusos: “Supongo que serán rodeados en hordas”.

Fue así, en efecto, durante un lapso, pero al mismo tiempo los alemanes tropezaron con una resistencia feroz y un despliegue material y humano de proporciones cada vez más imponentes. Al cerrar el año 1941 la primera campaña rusa estaba perdida, el nudo gordiano no había sido cortado y las bajas habían subido exponencialmente. Contra los alrededor de 100 mil muertos que los alemanes habían contabilizado para los dos primeros años de guerra, en seis meses en el frente oriental habían perecido alrededor de 300 mil soldados alemanes y una gran cantidad de los aliados rumanos, finlandeses, búlgaros, húngaros, croatas, italianos e incluso españoles, belgas, noruegos y franceses.

Y en ese momento Pearl Harbor señaló el ingreso de Estados Unidos a la guerra. Los dados ya estaban echados. Las posibilidades de éxito que los alemanes habían tenido durante las primeras semanas y meses de la campaña rusa habían fincado no sólo en la victoria militar sino en la efectiva posibilidad que existió, por un breve instante, de allegarse a la población de la Ucrania occidental, enloquecida de desesperación como consecuencia de las hambrunas que se derivaron de la implantación de la colectivización forzosa a principio de los años 30 de parte de Moscú, y cuyo fervor nacionalista se había multiplicado ante la opresión ejercida por el régimen, cuyas políticas se confundían con facilidad con el abuso histórico ejercido por los grandes rusos en detrimento de las nacionalidades menores. Pero la política nazi de supremacía racial y de sujeción a la esclavitud de los “subhombres” eslavos, con su cortejo de brutalidades, alienaron a esas poblaciones de cualquier simpatía por Alemania. A esto se sumó el exterminio de la población judía para terminar de conferir a la operación Barbarroja un tinte espeluznante que vedaba cualquier contemporización con el enemigo y convertía la lucha para los soviéticos en la “gran guerra patria”.

Hoy, 70 años después de esos episodios, el mundo deriva por un andarivel que a muchos parecerá que nada tiene que ver con lo que se ventiló en el turbulento año de 1941. Pero esta es una presuposición engañosa. La guerra fría acabó y las grandes potencias se enfrentan en términos mucho menos vehementes que en el pasado, pero un proyecto de poder global está en marcha y acarrea guerras y tensiones en todo el planeta, a la vez que los gastos militares hacen parecer, a los de la época de la guerra, un juego de niños. Más de un billón de dólares anuales son invertidos en armamentos modernos y tecnológicamente ultra sofisticados, junto a los cuales las panoplias de 70 años atrás parecen fuegos de artificio.

Que no pase inadvertido, entonces, este especial aniversario.

http://www.enriquelacolla.com/sitio/notas.php?id=234
Un espejo lejano
(Profesor de Etica Política en la Universidad de Binghamton, Nueva York)


   
 El texto que presentamos a continuación, procedente del reconocido intelectual James Petras, es un significativo aporte para reflexionar sobre el fenómeno de los gobiernos neoliberales y sus perjudiciales efectos sociales.
     
    Hay varias mistificaciones en cuanto al neoliberalismo, que propagan sus defensores y que desafortunadamente toman como verdaderas muchos escritores de izquierda. Para comprender como el neoliberalismo impacta sobre la sociedad en general, y sobre los obreros rurales en particular, hay que tener una comprensión clara de lo que es y de lo que no es el neoliberalismo.
    Los defensores del neoliberalismo, arguyen que es una forma nueva y avanzada del capitalismo, que es la culminación de la historia. Arguyen que es el inevitable resultado de una revolución tecnológica, un producto de la racionalidad del mercado. Arguyen que es la forma más eficaz de organización económica. Hay varias fallas fundamentales en el argumento neoliberal.
   Mitos y realidades del neoliberalismo
   
En primer lugar, el neoliberalismo no es nuevo. América Latina ha experimentado estrategias económicas liberales durante la mayor parte de los últimos 500 años. Desde la mitad del siglo XIX hasta los años 30, la mayoría de América Latina siguió la estrategia liberal: economía abierta, especialización exportadora, propiedad privada (mayormente extranjera) de recursos básicos y dependencia de préstamos e inversiones extranjeras. El análisis crítico de este sistema, tuvo lugar en los años '30, durante las crisis mundiales capitalistas. Las crisis del liberalismo condujeron a rebeliones populares en México y por toda América Latina. Estas rebeliones fueron provocadas por la extrema concentración de riqueza y poder y por el aumento masivo de la pobreza y el desempleo. Después, definieron una fase de desarrollo nacionalista-populista, tanto en las empresas públicas como en la protección del mercado doméstico, la industrialización nacional estimulada por el Estado y los programas socio-populistas. El "neoliberalismo" contemporáneo, ha creado desigualdades socio- económicas parecidas a las del liberalismo del siglo XIX. Aunque la estructura de clase, los patrones demográficos y los sistemas económicos son distintos hoy en día, los resultados generales son similares. Es importante esta crítica perspectiva histórica para señalar el hecho de que el neoliberalismo no es el fin de la historia, sino una regresión, una vuelta atrás, hacia una doctrina que falló en el pasado. En segundo lugar, el neoliberalismo no es el producto del "progreso evolutivo", sino que es parte de un proceso cíclico. El neoliberalismo llegó al poder en el siglo XIX, se extendió, se deterioró y se reemplazó por un sistema distinto: en algunos casos por el populismo nacional, en otros por el socialismo. El reclamo neoliberal de que éste representa un producto de la revolución tecnológica, es falso, al menos en dos aspectos. Primero, el neoliberalismo tiene una historia de ascensos y descensos, con 500 años de historia, anteriores a cualquier revolución tecnológica. Muchos de los fundamentales cambios tecnológicos, como el ordenador y la automatización, precedieron al actual resurgimiento del neoliberalismo, y por lo tanto no se pueden atribuir al "mercado". En tercer lugar, el argumento de que el neoliberalismo es producto de una elección racional y de la eficacia del mercado, contrasta con el hecho de que los orígenes del neoliberalismo en América Latina, se ubican en el período de las dictaduras militares de los '60 y '70, las cuales reprimieron "elecciones libres" y prohibieron el debate racional. Además, es difícil describir el neoliberalismo como un sistema "eficaz", en tanto aumenta el número de trabajadores subempleados y desempleados a un 60 por ciento de la fuerza laboral y la tierra no cultivada se concentra en pocas manos, al tiempo que se desplaza a los obreros rurales. Resulta claro que el ascenso del neoliberalismo no es el producto de la eficacia de la racionalidad. El neoliberalismo es el resultado del poder político y de la lucha de clases. Las victoria militares y políticas de los capitalistas exportadores y financieros aliados con el imperialismo y el ejército, impusieron el neoliberalismo a la fuerza y sostienen el modelo a través del control del Estado. A modo de resumen, el neoliberalismo es esencialmente un proyecto político basado en una configuración de poder de capitalistas exportadores y financieros, que controlan el Estado. Desde esta base de poder en el Estado, la burguesía neoliberal dicta la política económica, contrata ideólogos y compra elecciones. Para cambiar la política neoliberal hace falta un cambio fundamental en la correlación de poder de clase dentro del Estado.
     La lucha de clases y la ascendencia del neoliberalismo
   
 La ascendencia del neoliberalismo no es el resultado de un debate doctrinal, sino el producto de las derrotas militares y políticas de la izquierda entre 1964 y 1967. En este período, la clase capitalista tomó el Estado y comenzó una guerra prolongada contra el avance social de las dos décadas previas: se eliminó la legislación laboral progresista, se privatizaron y desnacionalizaron las empresas públicas, se bajaron los sueldos, y se revirtieron los avances en materia de reforma agraria. Las derrotas político-militares de la Izquierda en Brasil (1964), Chile y Uruguay (1973), Argentina (1976), Bolivia (1971), etc., fueron seguidas por la implementación de las primeras etapas de programas neoliberales de "choque". Los aliados estratégicos de esta ofensiva política neoliberal fueron las multinacionales estadounidenses y el Estado imperial, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. La lección es clara: cualquier intento de reversión del neoliberalismo debe seguir la misma lógica que tomaron los capitalistas para establecer su sistema: la lucha de clases que conduce al poder del Estado, la renacionalización de la industria y la redistribución de tierra e ingresos. En resumen, los orígenes del neoliberalismo no son ni "tecnológicos" ni "económicos" sino, en el análisis final, políticos y sociales: las políticas neoliberales y las expresiones ideológicas siguieron a la toma del poder del Estado. Desde esta ventajosa perspectiva, podemos ahora examinar las consecuencias políticas del reinado del neoliberalismo.
   Consecuencias políticas del neoliberalismo
  
El neoliberalismo en el poder, ha transformado la naturaleza de las políticas y las propias relaciones políticas e interestatales. El hecho político fundamental es la aparición de un sistema político neoautoritario, bajo el disfraz del proceso electoral. Los regímenes recurren a un estilo autoritario de gobierno -característico de regímenes militares-, para poder implementar las políticas neoliberales antipopulares de privatización de empresas públicas, promover los intereses agro-industriales en desmedro de los campesinos y obreros rurales, e incrementar el número de desempleados para bajar los sueldos urbanos. 1o Gobiernan por decreto: la privatización de las empresas públicas se decreta por el Ejecutivo sin consultar a la ciudadanía ni al Congreso. 2o Las decisiones las toman organizaciones no electas por la ciudadanía, como las instituciones financieras extranjeras y domésticas. 3o El aparato del Estado (judicatura, altos mandos militares, policía y agentes de inteligencia) permanece incambiado con respecto a la dictadura. 4o El régimen promueve una cultura de miedo: se usan amenazas de fuerza e intimidación para inhibir la movilización de masas y la oposición pública. 5o Las elecciones se controlan a través de la manipulación y el control de los medios de comunicación, vía fraude (como en México) o por la compra de diputados del Congreso (como en Brasil). El neoliberalismo es compatible con las elecciones, pero depende de medidas autoritarias e instituciones para implementar su programa. El proceso electoral en sí, se devalúa porque los políticos neoliberales nunca hacen campaña para su programa real e incluso prometen corregir los abusos del neoliberalismo. Una vez electos, proceden a profundizar y extender el proceso de privatización. Entonces hay un abismo profundo entre lo que ocurre durante la campaña electoral y lo que los neoliberales practican cuando llegan al poder. La carencia absoluta de correspondencia entre las campañas electorales y el gobierno elegido, alienta la apatía de los votantes, el cinismo hacia la política electoral y el giro hacia la política extra-parlamentaria. Por ejemplo, cuando los políticos prometen reformas agrarias durante su campaña electoral y entonces, una vez elegidos, promueven los intereses de los exportadores de plantaciones a gran escala, los obreros rurales y los campesinos toman la acción por fuera del sistema electoral y al ocupar tierras legislan su propia reforma agraria. La política neoliberal favorece a los capitalistas vinculados al mercado exportador, a los inversionistas extranjeros y a los que operan en el sector bancario, y frecuentemente excluyen al Congreso y a la oposición política de cualquier decisión importante. Los ejecutivos neoliberales buscan evitar cualquier debate público y la revelación pública de los ilícitos vinculados a la privatización de las empresas públicas lucrativas y -para evitar investigaciones- de las superganancias que obtienen. Lo mismo pasa con las violaciones de los derechos humanos por parte del Estado (como por ejemplo, con las masacres de campesinos). Cuando los presidentes neoliberales no pueden convencer a los legisladores, frecuentemente recurren a chantajes y a la implementación de fondos especiales para proyectos locales, que les aseguren votos decisivos para legitimar su políticas. En resumen, el neoliberalismo corrompe el proceso legislativo, haciendo de los miembros del Congreso elegidos por los votantes, meros funcionarios del Ejecutivo. El nuevo autoritarismo de los neoliberales se manifiesta en su política hacia los trabajadores. Mientras los regímenes militares sencillamente reprimieron los derechos laborales, los neoautoritarios aprueban leyes laborales restrictivas, que facilitan el despido de los trabajadores, debilitan o derogan las regulaciones con respecto a la salud y al bienestar, y alientan a los patrones a intensificar la explotación a través de prácticas de "flexibilidad laboral" El crecimiento del desempleo y las nuevas leyes laborales, tienen el doble efecto de "fragmentar" los sindicatos tradicionales, debilitando su poder colectivo de negociación. En respuesta al declive de los sindicatos tradicionales, han surgido nuevos movimientos socio-políticos comprometidos en la acción directa. Por ejemplo, mientras las confederaciones laborales urbanas más importantes han perdido huelgas y han estado a la defensiva, los obreros rurales y los movimientos de campesinos de Brasil, Paraguay y México, Bolivia, Ecuador, etc., han tomado la ofensiva, ocupando la tierra y atacando las políticas liberales del régimen. Los regímenes neoliberales recurren a "tácticas de choque", combinando los aumentos dramáticos de los precios al consumidor, con cortes drásticos en los gastos sociales, en los sueldos y en el trabajo estable. Como resultado, los salarios han caído casi un 70 por ciento en México, 30 por ciento en Argentina, 60 por ciento en Bolivia, etc. Las llamadas "estrategias de supervivencia", despolitizan a los pobres y los confinan en proyectos locales a pequeña escala, dirigidos por organizaciones no gubernamentales y financiados por donantes extranjeros. En muchos casos, los neoliberales combinan los programas macro- sociales que favorecen a los ricos, con programas "de pobreza" micro-sociales, diseñados para evitar que los pobres reaccionen políticamente en contra el régimen neoliberal.
     En resumen, uno de los resultados claves del neoliberalismo, es el crecimiento de los gobiernos neoautoritarios, junto con la corrupción del proceso electoral y la de los diputados electos. Esto ha estimulado - como contra-respuesta-, el crecimiento de la acción directa extra-parlamentaria, especialmente la de los movimientos rurales. Los nuevos regímenes autoritarios, cuentan con el Estado represivo para implementar sus "políticas de choque" y con sus seudo programas anti-pobreza para evitar rebeliones populares. El efecto combinado está diseñado para fragmentar los movimientos de masas. El resultado, sin embargo, es el debilitamiento del proceso tradicional de negociación colectiva de los sindicatos urbanos y el fortalecimiento de los movimientos de acción directa en las zonas rurales.
     El retorno de la izquierda
   
Sería un grave error sobreestimar la capacidad de los regímenes neoliberales para imponer sus políticas y consolidar su gobierno a perpetuidad. El neoliberalismo sigue un ciclo de ascenso, consolidación y declive político. Las misma condiciones que marcan el "éxito" de un régimen neoliberal (privatización de los bienes públicos, crecimiento de las exportaciones e importaciones, incremento de la inversión externa, concentración del ingreso) extienden y profundizan la oposición. Hoy, por toda América Latina, está surgiendo una izquierda nueva, a partir de nuevos actores socio-políticos. El centro nagusia (pero no exclusivo) de resistencia, está en el campo, en las provincias y entre los funcionarios (profesores, trabajadores de la salud, etc.). Los líderes campesinos son muy distintos de los del pasado, incluso si han aprendido de las luchas tradicionales. Son jóvenes (entre 20 y 30 años), cosmopolitas (saben de agricultura y de política nacional e internacional), viven de acuerdo a como viven aquéllos a quienes representan (no tienen privilegios económicos) y funcionan dentro de organizaciones democráticas en las que priman las decisiones colectivas. Combinan la política de acción directa en las zonas rurales, con la construcción de coaliciones con movimientos urbanos. Estos nuevos movimientos campesinos son organizaciones autónomas que combinan el marxismo y la política de clases, con las luchas de género y de etnia. Trabajan con partidos fraternales, pero rechazan la idea de ser "correas de transmisión" partidarias. Uno de los componentes básicos de estos nuevos movimientos, es que entienden que, para tener éxito, la cuestión de la reforma agraria tiene que formar parte de una transformación social general que involucre a las instituciones financieras, tanto como a las comerciales y culturales. Lo que hace que estos nuevos movimientos rurales revolucionarios sean diferentes a los de los sindicatos reformistas, es que conciben la lucha contra el neoliberalismo, no sólo como una cuestión económica, sino en términos de lucha política. Los nuevos movimientos rurales ponen énfasis en la lucha contra el imperialismo cultural y la manipulación de la cultura popular. Proporcionan recursos impresionantes para la educación popular, y en la lucha por crear una nueva subjetividad. Están de acuerdo con el Che Guevara en que "no se puede construir el socialismo con los símbolos del dólar en los ojos de la gente". Los movimientos agrarios están comprometidos en una lucha cultural directa contra los neoliberales para ganar los corazones y las mentes de las clases populares rurales u urbanas. Mientras el neoliberalismo promueve el interés individual, los movimientos enfatizan la solidaridad social de clases; mientras el neoliberalismo idealiza la promoción individual, los movimientos promueven el avance colectivo; mientras el neoliberalismo glorifica la ganancia, la avaricia y el consumismo, estos movimientos jerarquizan la riqueza social, la salud pública, la educación y la vivienda. En esta confrontación cultural sobre la zona crucial de la subjetividad, está mucho en juego: la subjetividad da forma a la organización y a su capacidad de luchar y transformar las condiciones impuestas por el neoliberalismo. No sólo el empobrecimiento económico conduce directamente a la acción social colectiva. Para transmitir los valores e ideas "neoliberales", las clases dominantes cuentan con los medios de comunicación, para moldear individualidades apolíticas y atomizadas, que viven virtualmente la vida de los ricos y famosos que exhibe la televisión. Para contrastar con los medios de comunicación, los movimientos rurales cuentan con miles de líderes de opinión a nivel local, con activistas, militantes, radios locales y publicaciones, con las que dan forma a una cultura alternativa basada en la solidaridad. Una vez más, es un error sobreestimar el poder de los medios de comunicación y la capacidad del neoliberalismo para establecer su hegemonía sobre las masas. En primer lugar, en donde hay comunidades hegemónicas que comparten una experiencia de clases común y que tienen su propios líderes de clase, el mensaje neoliberal no penetra la conciencia de la gente. La ideología neoliberal penetra en la conciencia de las masas, cuando la gente está atomizada, desorganizada, "victimizada", o cuando sus organizaciones son dirigidas por burócratas enriquecidos que no prestan atención a la educación política y que dependen de su "carisma personal" o de sus conexiones con la élite. El neoliberalismo no es meramente un fenómeno económico, también es cultural e ideológico: proyecta una visión mundial. Como tal no se le puede enfrentar sólo en el nivel económico o político, sino también a través de una visión alternativa, como parte de una totalidad democrática, coherente y colectivista.
      Las herramientas del neoliberalismo
   
  La ideología neoliberal se puede dividir en dos tipos de discursos. Uno de ellos se dirige a las clases gobernantes y se diseña para formular políticas que reparten los recursos estatales y las empresas para enriquecer aun más a lo ricos. Por ejemplo, el neoliberalismo promueve la privatización de empresas públicas (en realidad, su venta a monopolios privados), y la eliminación del salario mínimo para bajar los gastos laborales de los capitalistas. Estas políticas macro socio-económicas que definen el carácter general de la economía, la estructura de clase y el Estado, polarizan la sociedad, aumentan las desigualdades y concentran la riqueza y el poder. Pero si se sigue al neoliberalismo en su "lógica pura", sólo llegaría a una minoría privilegiada, aislada y vulnerable a la revolución. Por miedo a una rebelión social, un grupo de ideólogos ha formulado una doctrina que se llama "neoestructuralismo". Este discurso apoya los propósitos básicos del neoliberalismo, pero añade una serie de proyectos "microsociales" para contener el malestar social. La política microsocial comprende el reingreso del Estado para "corregir" algunos de los excesos (pobreza de masas, desempleo, etc.) generados por las macro políticas. Estas micro-políticas incluyen las siguientes propuestas diseñadas para complementar el modelo neoliberal: 1o "Auto-ayuda" y "micro-empresas" 2o Política de "identidad" 3o "Desarrollo alternativo" Las políticas de autoayuda son financiadas por fundaciones neoliberales, gobiernos extranjeros y regímenes locales. Su propósito es desviar el malestar popular, para que no exija fondos del Estado, inversiones y repartos de tierra destinados a la autoexplotación, promoviendo la labor familiar sin pago, el trabajo en turnos dobles y la auto-financiación. La autoayuda está vinculada con "microempresas", que proveen de mano de obra barata para la distribución de los productos de las grandes corporaciones o para la fabricación de mercancías a través de subcontratistas. En todos los casos, los "microempresarios" no tienen vacaciones pagas, no pensiones, ni programas de salud, etc. La tasa de bancarrota es muy alta, porque la competencia es intensa. Sin embargo, quiénes promueven las micro-empresas editan publicaciones financiadas sobre "historias exitosas" de "micro-empresarios" que han logrado beneficios. El problema es que no se resuelve ninguno de los problemas básicos de los sin tierra y de la pobreza de las masas. Pero sí se cultiva la ilusión y la esperanza de que es posible "tener éxito a través de la iniciativa individual". La segunda arma ideológica del neoliberalismo, al nivel micro social, se centra en los temas de género, ecología e identidad étnica, divorciados de los de clase, tierra y cuestiones económicas. Se dirige mucho dinero a organizaciones promovidas por ecologistas que critican los problemas ecológicos sin examinar y desafiar sus raíces económico-políticas en la estructura del poder capitalista. Se dan fondos para organizaciones feministas que centran su enfoque en los problemas de nivel personal o familiar, pero que no se comprometen en la la lucha de clases por la reforma agraria, por el empleo estable o por centros de cuidado para los niños de las madres que trabajan. De la misma manera, la estrategia neoliberal aporta fondos para actividades culturales reivindicadoras del idioma y del folclore de los indios y negros, pero rechazan sus luchas por el retorno a la tierra fértil y por la creación de empleos estables y bien pagados. Los neoliberales han incluso cooptado el discurso de algunos grupos progresistas, al dar fondos para economías de comunidad o para "alternativas populares". Estas "alternativas" combinan muchas de las características de la autoayuda y la microcooperación, pero están desconectadas de la lucha para transformar el macro sistema de poder. Los proyectos basados en las comunidades son sujetos a las mismas presiones del libre comercio, del declive en las inversiones del Estado, y la escasez de la tierra, del crédito y la asistencia técnica. La "descentralización" significa que el gobierno local asume la responsabilidad por la educación y la salud, pero sin los recursos económicos que se concentran en el Estado y que financian a las élites exportadoras. El propósito de estas políticas microsociales es dividir, localizar y despolitizar a los obreros rurales y los campesinos. Promueven la autoexplotación, además de la explotación capitalista. La respuesta del movimiento popular a este reto neoestructural, es radicalizar estas propuestas al vincular la cooperación étnica, de género y local, a luchas nacionales e internacionales para transformar los sistemas macro sociales. La lucha campesina por la igualdad entre los hombres y las mujeres, se basa sobre la solidaridad de clase para la reforma agraria, por la socialización de los bancos, por la protección del Estado al mercado doméstico y por préstamos de bajo interés a los productores. Frente a la propuesta neoliberal, que subordina las campesinas a mujeres burguesas, en una organización común que opera dentro de los parámetros del neoliberalismo, los movimientos revolucionarios de campesinos y sus líderes femeninas, proponen una alianza de clases de mujeres, dentro de la lucha de clases por reforma agraria. La igualdad de género en el movimiento es un prerequisito para la transformación social.
    El impacto organizativo del neoliberalismo
   
El neoliberalismo ha provocado un impacto mayor sobre la organización socio-económica de la producción y sobre las organizaciones socio-políticas de la sociedad. Es útil enfocarse en el impacto del neoliberalismo en el campo. Podemos especificar siete cambios organizacionales mayores en la producción en las zonas rurales.
Las trasnacionales subcontratan a granjeros locales la mayoría de la producción, mientras ellos ganan de la venta de insumos y la comercialización. Así, el "granjero independiente" es de hecho, un empleado del complejo agro- industrial.
   La organización de las cooperativas rurales, está vinculada con las trasnacionales y eso determina que los cooperativistas dependan de la producción, la distribución y los precios de las trasnacionales, las que también deciden la elección de mercancía y mercados.
   Los complejos agroindustriales han transformado la fuerza laboral, al introducir la tecnología y la producción especializada, aumentando así el volúmen del excedente de mano de obra. La misma está fragmentada en una masa de trabajadores temporales y una pequeña minoría de empleados permanentes.
   La política del Estado se dirige a subvencionar a los grandes exportadores y convertir a los campesinos en trabajadores sin tierra, a través de dos mecanismos: la importación de alimentos baratos y la intervención militar para destruir la producción de la coca. Los intereses de los exportadores estadounidenses y la DEA convergen con los de los grandes productores locales.
   El Estado promueve la colonización de los campesinos sin tierra en tierras marginadas, lejos de los centros políticos y económicos. El resultado es la dispersión política y económica de campesinos con potencia radical.
   El Estado neoliberal, a través de sus políticas de precios bajos, altos tipos de intereses, libre comercio y políticas de subvención selectiva que favorecen a los grandes exportadores, socava a los productores locales a pequeña escala, llevándolos a la bancarrota. El desplazamiento masivo de poblaciones rurales a las ciudades, ha sido una manera de promover la agricultura extensiva de los agroexportadores. El desplazamiento de productores pequeños, también crea excedente de mano de obra, lo cual baja los sueldos en el campo y en la ciudad.
   El Estado neoliberal depende de la confianza de los grandes inversionistas para financiar sus deudas, cubrir sus déficit de comercio y sus inversiones. La "confianza" de los grandes inversionistas depende de que se les aseguren altas tasas de ganancias y mano de obra dócil y de la carencia de controles por parte del Estado. Debido a las desigualdades socio-económicas y al malestar socio-político creciente, el Estado depende cada vez más de la represión para mantener la confianza de los inversionistas y evitar la huida del capital. La represión toma la forma de intervención directa del Estado, apelando a grupos paramilitares no oficiales, muchos de los cuales son en realidad organizaciones militares oficiales. Estas nuevas formas dadas a la organización de la producción bajo el neoliberalismo, generan la resistencia popular y el crecimiento de las organizaciones de clase. Para desarticular los movimientos de clase, los neoliberales establecen organizaciones de competencia, que intentan socavar la resistencia popular.
    El neoliberalismo y las ONG
   
El neoliberalismo alienta el crecimiento de las organizaciones no gubernamentales, que buscan atraer a los campesinos y a los pobres urbanos al ámbito de influencia de donantes extranjeros, oficiales gubernamentales locales y profesionales contratados. Estas organizaciones sociales se presentan como grupos progresistas que defienden el "poder popular", el "desarrollo sustentable" y la "democracia participativa". En la práctica, son correas transmisoras para la política neoliberal, que ayudan a desmantelar los servicios públicos y a promover la privatización de los servicios sociales. Las ONG no se oponen a la privatización masiva de los recursos naturales, o a los grandes flujos de capital extranjero que se dirigen hacia el crecimiento exportador no sustentable. Finalmente, las ONG son dirigidas por un grupo de élite de profesionales, que tiene que responder ante sus donantes extranjeros, es decir, son organizaciones verticales, no democráticas. La segunda organización socio-política promovida por el neoliberalismo son los "programas de pobreza", controlados por el Estado. El Estado neoliberal patrocina grupos de "autoayuda" y otros similares, en contra de la pobreza, que ni atacan las raíces de la misma ni responden a las necesidades básicas de la gente, sin cuestionar el tema de los medios de producción necesarios para resolver sus necesidades básicas. Estos programas de autoayuda y contra la pobreza, dirigidos por el Estado, son nuevas organizaciones que sirven a los poderes establecidos. Representan una manera de generar el clientelismo para conseguir votos en beneficios de los políticos neoliberales. En tercer lugar, las agencias internacionales de préstamos, dan financiación para "economías basadas en la comunidad". Estos grupos son subordinados a los intereses de los grandes capitalistas. en muchos casos, los "líderes de la comunidad", son empleados del Estado o colaboradores que dependen de los recursos financieros de los banqueros neoliberales. En cuarto lugar, los neoliberales han sido activos en financiar sectores "apolíticos", espiritualistas, evangélicos y pentecostales, que se oponen a la teología de la liberación. Enseñan la obediencia al Estado y la sumisión al sufrimiento resultante de las políticas neoliberales. En quinto lugar, los neoliberales promueven organizaciones feministas, étnicas y ecológicas, que se comprometen en la colaboración de clase con el imperialismo. Se preocupan por echarle la culpa a los pobres por la desforestación, el machismo y el racismo. Las ideologías de la política de identidad, arguyen que estas "identidades" trascienden las divisiones de clases y se las puede tratar a través de actividades culturales y proyectos en pequeña escala. En resumen, el neoliberalismo está cambiando la organización de la economía y la sociedad, en modalidades que fragmentan la mano de obra y debilitan las organizaciones de clase. Estos cambios organizacionales, sin embargo, han sido enfrentados por nuevas formas de organización social y por el retorno de la política de lucha de clase.
     El neoliberalismo y la lucha de clases en los '90
 
   El neoliberalismo ha provocado una oposición creciente por todo el continente, que es distinta en muchos aspectos a la política revolucionaria del pasado. Para colocar la nueva ola de organizaciones sociales revolucionarias y el retorno de la lucha de clase en su contexto histórico, es importante repasar los ciclos revolucionarios pasados. Esencialmente, podemos distinguir cuatro ciclos revolucionarios diferenciados: 1o (1957-67) Comienza con la revolución cubana y los movimientos guerrilleros en Perú y Venezuela, y termina con la muerte de Guevara, la consolidación de la revolución cubana y la derrota de algunos de estos movimientos. 2o (1968- 76) Se compuso de luchas urbanas de masas, movimientos guerrilleros y avances electorales en Chile, Argentina, Uruguay, Brasil y México. El período termina con una serie de golpes de Estado, que conducen a las dictaduras militares. 3o (1979-89) Comienza con la revolución sandinista y la ofensiva popular en El Salvador y Guatemala, y terminó con la derrota electoral de los sandinistas y los acuerdos de paz con el neoliberalismo. 4o (1990) Este ciclo continúa en ascenso y se basa fundamentalmente en las luchas campesinas en Brasil, México, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Colombia y en otros paises. Muchos de los antiguos revolucionarios se han transformado en neoliberales y colaboradores del imperialismo. Algunos aún usan la retórica e incluso critican al neoliberalismo, pero forman alianzas electorales con los llamados "sectores modernizantes" de la burguesía. La cuarta ola de oposición revolucionaria es distinta de las del pasado, en el sentido de que la mayoría de los movimientos importantes se basa en organizaciones autónomas de campesinos. Los líderes son líderes rurales, no intelectuales urbanos. Las organizaciones rechazan el papel de correas transmisoras para los partidos electorales o los comandantes guerrilleros. Son democráticas y no verticales. Su liderazgo es colectivo y no personalista. Algunos de los movimientos tienen relaciones fraternales con partidos electorales de la izquierda, pero su actividad nagusia se basa en la acción directa antes, durante y después de las elecciones. Algunos de los movimientos se vinculan con movimientos guerrilleros como las FARC-EP en Colombia o los zapatistas en México; otros dependen de la movilización política de masas, la solidaridad y la autodefensa. Mientras la mayoría de los movimientos dinámicos tienen una base rural fundamental entre los obreros sin tierras y los campesinos, buscan forjar coaliciones sociales y políticas con los movimientos urbanos y los sindicatos. Mientras la reforma agraria es una exigencia central, ellos tienen la visión de la transformación de las relaciones agrarias como parte de un cambio mayor en el sistema capitalista. Surge la pregunta: ¿por qué lo rural ha llegado a ser el centro de la movilización política? ¿por qué la lucha agraria ha surgido con centro de la oposición al neoliberalismo, pese al declive relativo de la población rural?. Básicamente, no hay una sola explicación. La estrategia de exportaciones ha diezmado a los pequeños productores; la promoción de la agroindustria ha aumentado la importancia del excedente de mano de obra en el campo; la crisis urbana ha cerrado las ciudades como válvula de escape. Mientras la economía campesina ha sido golpeada duramente, el campo sigue manteniendo fuertes lazos sociales: la familia, la comunidad, los lazos étnicos y religiosos, contribuyen a la solidaridad social. Así que la combinación de la extracción intensificada de riquezas y la solidaridad social, ha conducido a una mayor capacidad para la movilización social. En segundo lugar, ha surgido un liderazgo nuevo en el campo, que no ha sido corrompido por las estructuras burocráticas existentes y por la financiación del Estado. Ser un líder en el campo no es fuente de privilegios, es un oficio peligroso. Así que los individuos que buscan posiciones de liderazgo, lo hacen por intereses éticos y morales, además de los de clase. Estos líderes han jugado un papel importante en la construcción de movimientos desde abajo, basados en la participación de las masas. En tercer lugar, los movimientos rurales han sido creativos en combinar el marxismo, la religión y las creencias comunitarias y étnicas, en una ideología dinámica y ecléctica que es inclusiva y no exclusiva. Finalmente, los movimientos del campo han sido eficaces en movilizar las asociaciones religiosas, los sindicatos y el apoyo universitario sin perder su autonomía. En algunos casos, los nuevos revolucionarios rurales han establecido la hegemonía sobre los movimientos urbanos de masas: la reforma agraria es la exigencia central de una amplia alianza de movimientos rurales y urbanos.
    Las alternativas sociales, culturales y políticas
  
 Las alternativas surgen de las experiencias reales y del análisis de una realidad concreta. Las utopías son el opio de los intelectuales. Lo que es fundamental a cualquier alternativa es la cuestión del Estado. A pesar de lo que los neoliberales arguyen, el Estado es central a la promoción y defensa de las políticas neoliberales y a la perpetuación de las desigualdades. La cuestión básica es la relación entre los movimientos revolucionarios y el Estado. La tarea estratégica fundamental es establecer un Estado democrático y socialista, que responda a los movimientos populares democráticos. Esta meta estratégica, sin embargo, es el producto de una lucha prolongada y acompañada por luchas que dan soluciones de corto a mediano plazo a los problemas básicos que existen. Los revolucionarios tienen que centrar su esfuerzo, en ganar el control de los medios de producción, de comunicación y de distribución, a nivel local, regional y nacional. Los movimientos deben describir sus papeles en relación al sistema económico, como clases y no en términos de la distinción legal de ciudadanos en el sistema electoral. Son ciudadanos-campesinos, ciudadanos-obreros. En segundo lugar, los movimientos deben identificar las divisiones de clases y la explotación que definen la "sociedad civil" y rechazar la ideología que homogeiniza todas las clases como miembros de la llamada sociedad civil. En breve, deberemos profundizar nuestra comprensión de clase, del Estado y de la sociedad. En tercer lugar, debemos comprender que las clases no son homogéneas, que son diferenciadas internamente, que debemos luchar por la igualdad de género, de raza y de etnia dentro de la clase y por las exigencias culturales de grupos étnicos específicos dentro de la clase. Ese reconocimiento, no obstante, debe tomar lugar dentro de la unidad de la clase, dentro del marco de la perspectiva de lucha de la clase. La integración entre las unidades económicas populares, atravesando las fronteras nacionales, es un imperativo creciente para enfrentar la "integración desde arriba". Las cooperativas rurales y los complejos industriales urbanos que vinculan la producción y el consumo, se deben desarrollar para apoyar la lucha política y para crear los mercados alternativos. Se deben crear nuevos modelos de empresas públicas que se controlen democráticamente, que sean innovadoras y abiertas a nuevas ideas y tecnologías. No podemos tumbar al neoliberalismo repitiendo los errores del pasado. A partir de los movimientos democráticos y autónomos, las nuevas alternativas deben vincular abiertamente sus luchas sectoriales a una visión nueva de la sociedad socialista democrática, en la cual la propiedad colectiva, sea un medio para procurar una mayor libertad individual, mayor ocio y atención a las demandas afectivas. La liberación cultural significa la creación de medios de comunicación alternativos, la promoción de escritores, poetas y músicos locales; significa luchar contra la saturación de mercancías culturales imperialistas, al crear actividades culturales significantes y divertidas. No hay fórmulas culturales prefabricadas, y cualquier intento de imponer la conformidad a un estilo, está destinado a fracasar. Las alternativas a nivel político, se basan en los micromodelos, en los movimientos, asambleas, en la consulta y en los líderes representativos. Las alternativas están presentes en las prácticas, y las prácticas tienen que ser teorizadas y proyectadas a nivel nacional. En el análisis final, el neoliberalismo condena a la gente a una vida vacía. La alternativa revolucionaria da sentido a la vida. Luchamos, luego, existimos. El neoliberalismo es un sistema moribundo, pero no caerá solo. La sociedad revolucionaria está luchando para nacer. Solamente la intervención popular directa, puede hacer que eso suceda.