El Instituto Nacional del Cáncer ofrece por primera vez información sobre el cannabis y los cannabinoides en el apartado de su web “Medicina complementaria y alternativa”. En la sección “Información General” el texto dice: “Los beneficios potenciales del cannabis terapéutico para pacientes con cáncer incluyen efecto antiemético, estimulación del apetito, alivio del dolor y mejoría del sueño. El médico puede recomendar cannabis medicinal en la práctica de la oncología integral, no sólo para el manejo de los síntomas, sino también por su posible efecto antitumoral directo”.
En la sección “Nivel general de verificación científica del cannabis y los cannabinoides”, el texto dice: “En la actualidad no hay pruebas suficientes para recomendar la inhalación de cannabis como tratamiento para los síntomas relacionados con el cáncer o para los efectos secundarios relacionados con su tratamiento fuera del contexto del ensayo clínico bien diseñado”. En la sección de “Efectos adversos”, el texto dice: “Los cannabinoides tienen un perfil de seguridad favorable como medicamentos. A diferencia de los receptores opioides, los receptores cannabinoides no se encuentran en las áreas del tronco cerebral que controlan la respiración, por lo que no se producen sobredosis letales por depresión respiratoria. Dado que los receptores cannabinoides están presentes en tejidos de todo el cuerpo, no sólo en el sistema nervioso central, los efectos adversos incluyen taquicardia, hipotensión, inyección conjuntival, broncodilatación, relajación muscular y disminución de la motilidad gastrointestinal. A pesar de que los cannabinoides son considerados por algunos como drogas adictivas, el potencial de adicción es mucho menor que la de otros fármacos de prescripción o de otras sustancias de abuso”.
(Fuente: Página web del National Cancer Institute, última actualización: 17 de marzo de 2011)

Fuente IACM


El comercio de marihuana es un negocio millonario que pone en entredicho la efectividad de su prohibición. Sin embargo, hacer una regulación efectiva en pos de aprovechar sus propiedades terapéuticas no sólo tendría como objetivo beneficiar a quienes están enfermos. También implica una caza de rentas que los gobiernos podrían obtener.

Por Maria Eugenia Rodriguez, Economista venezolana de la Universidad Central de Venezuela. Actualmente curso el segundo año de la Maestría de Políticas Públicas de la Universidad de Chile.
El cannabis o marihuana ha sido utilizado milenariamente en rituales religiosos y con fines terapéuticos. En la Edad Media, quizás hubiese sido difícil imaginar que en el siglo XX su uso sería prohibido y criminalizado, pues para la época era referido en las famacopeas -libros recopilatorios de recetas- y ya para el siglo XIX era prescrito sin restricción en las boticas.
Fue prohibido por primera vez con La Ordenanza de El Paso (EE.UU.), en 1914. Pero fue Harry J. Anslinger, el Comisionado de Narcóticos, quien inició el control de la producción, distribución y consumo del cannabis a nivel federal, promoviendo una intensa campaña a favor. Su objetivo se materializó en 1937 con el Marijuana Tax Act.
Actualmente, es una planta controversial. A su alrededor existen muchos cuestionamientos y mitos: ¿Por qué se prohibió? ¿Induce comportamientos violentos o tranquilizantes? ¿Sus propiedades terapéuticas son mejores que las de otras drogas legales? Estas preguntas están entre otras tantas interrogantes que siguen abiertas y que no han evitado que sea la droga ilegal más consumida en el mundo. Negar sus propiedades terapéuticas es negar su historia y su naturaleza, pero es la ciencia quien debe tener la última palabra.
A casi un siglo de que fuese prohibida por primera vez, vale la pena reflexionar por los aprendizajes y los desafíos que impone la marihuana y sus matices al diseño de las políticas públicas.  A lo largo de estos años, se ha escrito una historia que difícilmente será reversible y que merece ser abordada con “calma y cordura”. Así se podrá minimizar el riesgo de respaldar argumentos con fundamentos ambiguos que inciten a la toma de decisiones que agudicen los problemas existentes, o que cierren oportunidades a nuevas opciones de mejora social. El paso de la descriminalización a la santificación del cannabis exige un rediseño congruente de la lucha contra las drogas, pues no se puede criminalizar y legalizar a la vez.
Si algo hemos aprendido es que el cannabis es un negocio millonario que ha puesto en entredicho la efectividad de la regulación que lo prohíbe. Y que si bien el uso con fines terapéuticos busca ofrecer mejoras en la calidad de vida de las personas con enfermedades crónicas, así como la expectativa del desarrollo de nuevas medicinas, el proceso de legalización, ya sea discriminando por sus usos, implica una caza de rentas en la medida que permite obtener nuevos ingresos fiscales vía recaudación. Asimismo, se espera que la legalización garantizara el ahorro (o reasignación) de los recursos destinados actualmente a criminalizar y penalizar su consumo.
Es importante tener claro que la legalización no ha resuelto el problema de la lucha de drogas ni sus consecuencias sociales. Sin embargo, puede favorecer a la reducción recursos que limiten la capacidad de los Estados de enfrentar esta problemática, incentivando también la creación de mercados paralelos, pues siempre que exista una diferencia entre los precios, existirá un incentivo para los cárteles de cubrir está demanda.
Sin embargo, las medidas regulatorias a favor del cannabis con usos terapéuticos llegaron para quedarse en algunos países. Por ejemplo actualmente 14 Estados de EEUU las han implementado. Pero dichas medidas exigen atención y evidencian la necesidad de crear espacios de diálogo que debatan y promuevan algunas ideas:
Que el cannabis con fines terapéuticos sea legal no implica que su consumo no tenga riesgos: El alcohol y el tabaco son legales y nocivos para la salud. Es importante acotar el término: ¿terapéutico para qué? y ¿para quién? ¿Qué características debería tener un diseño institucional que permita la coexistencia de un sector ilegal y otro legal que desarrolle el negocio del cannabis como medicina?
Las regulaciones son una de las respuestas que puede dar el Estado, como una forma de intervención cuando el mercado falla. Deben responder a una visión y a un profundo entendimiento de lo que se quiere regular y no a caprichos retóricos. En esta regulación se juega el hecho de favorecer condiciones que puedan representar un retroceso en los avances de la lucha contra el consumo y producción de sustancias ilícitas, versus negar la oportunidad a la medicina de desarrollar nuevas alternativas que ofrezcan mejores condiciones de vida a pacientes con patologías crónicas.

 EL HOMBRE QUE VENDRA, DEL BOLOÑES GIORGIO DIRITTI

El pasado como ejemplo de futuro

Por Luciano Monteagudo

EL HOMBRE QUE VENDRA

(L’uomo che verrá, Italia/2009)
Dirección: Giorgio Diritti.
Guión: Diritti, Giovanni Galavotti y Tania Pedroni.
Intérpretes: Alba Rohrwacher, Maya Sansa, Claudio Casadio.
En lo que la historia recuerda como “la masacre de Marzabotto”, entre el 29 de septiembre y el 5 de octubre de 1944, en represalia por el apoyo de los campesinos a la resistencia italiana, soldados del ejército alemán, a cuyo mando se encontraba el SS-Sturmbannführer Walter Reder, asesinaron sistemáticamente a 770 civiles desarmados. Entre las víctimas hubo 45 niños menores de dos años, 110 niños menores de 10 años, 95 jóvenes menores de 16 años, 142 personas mayores de 60 años, 316 mujeres y cinco sacerdotes católicos. Sobre este episodio que sigue sacudiendo la memoria de los italianos (en el 2007 se llevó a cabo un juicio in absentia contra 17 presuntos ex miembros de las SS), el director boloñés Giorgio Diritti realizó El hombre que vendrá, una sobria reconstrucción del hecho filmada en los escenarios reales: Marzabotto y en las localidades cercanas de Grizzana Morandi y Monzuno, todas de la provincia de Bolonia.
El dato tiene su relevancia porque el film de Diritti, sin pretender en ningún caso acercarse al documental, se esmera por conseguir una autenticidad de registro, no sólo en sus locaciones, sino también en el dialecto boloñés que hablan sus actores. El punto de vista elegido es el de Martina, una niña de ocho años, única hija de un matrimonio pobre de campesinos de la zona. Martina no es técnicamente muda, pero dejó de hablar cuando su pequeño hermano murió después de apenas unos pocos días de vida. No será ese el único trauma de su vida.
Desde su silencioso lugar de espectadora de todo lo que sucede en su finca y en las de sus vecinos, Martina presencia la rutina cotidiana de su familia, los trabajos y los días, pero también el despertar del amor en sus primas y la partida de los muchachos jóvenes hacia el bosque, donde van a reunirse con al ejército de las sombras de los partisanos. La muerte vuelve a rondar alrededor de Martina, pero no ya una muerte natural, como la de su hermano, víctima de la pobreza y la falta de asistencia médica, sino la muerte por las armas, que cada vez comienza a cobrar más víctimas en la región, hasta llegar a la brutal represalia nazi.
Hay nobleza en el film de Diritti, que parece tener como ejemplo el cine de los hermanos Taviani, particularmente La noche de San Lorenzo (1982), donde se recreaban episodios similares de la misma época. Sin embargo, Diritti no alcanza el lirismo de los Taviani y su película no siempre consigue escapar de ciertos tópicos y convencionalismos que parecen consustanciales a su tema. Una sensación de déja vù planea fuerte a lo largo de El hombre que vendrá, pero no alcanza a impedir el reconocimiento a una película cuyo mayor mérito quizá resida, paradójicamente, en su anacronismo. En un momento en el que la sociedad italiana parece asistir insensible a la corrosión de todos sus valores, devaluados desde el vértice de la pirámide por la figura de Berlusconi, ya desde su título L’uomo che verrá apuesta al futuro, recuerda que es posible sobrevivir a las circunstancias más difíciles y volver a reconstruir el orden del mundo.
BAFICI NUREMBERG - ITS LESSON FOR TODAY, UN FILM DESTINADO A PERDURAR

Un documento para la historia

Rodada durante el juicio de Nuremberg, la película dirigida por el sargento Stuart Schulberg estuvo –paradojas de la Guerra Fría– congelada durante décadas. Una minuciosa reconstrucción por parte de su hija Sandra permite ahora acceder a este testimonio.

 Por Ezequiel Boetti
Si la historia es la antesala del mito, el Juicio de Nuremberg tenía, desde su misma génesis, todos los elementos para la perduración más allá de la coyuntura. Primero, porque no existían antecedentes exitosos de autoridades de un país o de una coalición victoriosa, en este caso los aliados, juzgando a los de la nación derrotada, Alemania. Segundo, porque el mundo necesitaba un ápice de cordura y raciocinio después de seis años de guerra y sesenta millones de muertos. Tercero, y quizá más importante, por el enorme valor simbólico de que veinticuatro jerarcas nazis se sentaran al banquillo e intentaran explicar lo inexplicable: la locura etnocentrista, el genocidio, los campos de concentración, sus incontables víctimas. Algunos de esos testimonios, junto con el cuantioso material de archivo recolectado por un equipo del ejército estadounidense comandado por John Ford (sí, el director de Más corazón que odio), conforman Nuremberg - Its Lesson for Today. La flamante restauración del film que Stuart Schulberg armó en 1948 para el Departamento de Guerra norteamericano.(...)
“El juicio y la película estaban destinados a tener un legado duradero en todo el mundo como un mecanismo para disuadir las guerras y los futuros crímenes”, explica la restauradora del film, Sandra Schulberg, entrevistada por este diario vía mail días antes de su arribo al Bafici para presentar el film. Más allá del vínculo filial, el interés por la obra de Stuart surgió recién en 2002, casi 25 años después de su muerte. “Se me acercó un profesor para preguntarme sobre el rol de mi padre como jefe de la Sección Cine del Plan Marshall. Ahí empecé la investigación y proyecté sus películas”, recuerda. Sin embargo, no era su primer encuentro con el cine. Una mirada a su filmografía muestra más de 20 años como productora y directora de finanzas en la industria cinematográfica (produjo Letras prohibidas, la leyenda del Marqués de Sade, entre otras). Esa sería una razón fundamental para embarcarse en un proyecto de trascendencia tanto cinematográfica como política y social. “Nunca se me hubiera ocurrido restaurar la película y tratar de lanzarla en Estados Unidos si no tuviera este trabajo –confesó el año pasado–. Pero pensé quién lo haría si no era yo, entonces me decidí. Ese parecía ser mi destino.
Así comenzó el proceso de restauración de las obras de su padre, primero varios cortos del Plan Marshall y luego sí, la inédita Nuremberg - Its Lesson for Today. “No hay que olvidarse que la película era propiedad del gobierno porque se había hecho por encargo del Departamento de Guerra. La consecuencia más clara surgió cuando la prioridad política del gobierno pasó a ser la Unión Soviética. Durante el bloqueo a Berlín, a fines de 1948, la película era ‘políticamente incorrecta’ porque demostraba que los soviéticos eran aliados durante la guerra y el juicio. Además estábamos comprometidos para la reconstrucción de Alemania y el Departamento de Estado no quería recordarle a los estadounidenses lo terrible que fueron los alemanes”, argumenta Schulberg. Tuvieron que pasar más de sesenta años para la primera proyección pública en América del Norte, en el Festival de Cine Judío de Toronto, en abril de 2010.
El documental comienza con una contextualización de las condiciones geopolíticas a mediados de los ’30, cuando el nazismo se expandía a ritmo pandémico, antes de que un breve racconto por los seis años de guerra desemboque en la creación de uno de los procesos legales más importantes de la historia moderna. Juicio y película surgen casi en simultáneo. A mediados de 1945, después de meses de discusiones entre los popes aliados sobre qué hacer con los funcionarios alemanes apresados, se decidió no darles de su propia medicina y sentarlos en el banquillo del Palacio de Justicia de Nuremberg, uno de los pocos en buen estado que conservaba Alemania.
Ya el subtítulo (“una lección para hoy”) deja en claro las pretensiones de permanencia indeleble, de legado “perdurable para la humanidad”, según pedía el ministro de la Corte Suprema de Justicia devenido líder de la querella, Robert Jackson, uno de los máximos artífices del proyecto. Fue él quien le encargó a John Ford la recolección de material audiovisual en Alemania para incrementar la evidencia aliada. El realizador envió a uno de sus subordinados, el sargento Stuart Schulberg, a recorrer durante cuatro meses los ruinosos archivos del Tercer Reich.
Acompañado por su hermano Budd, no fue muy difícil saciar a los querellantes. Los nazis no sólo habían montado una maquinaria de exterminio humana aterradoramente sincronizada, sino que se vanagloriaban retratándola. La compilación de todo ese material se plasmó en los films El plan nazi y Campos de concentración, a la postre tendales de la estrategia aliada por el tremendo impacto de sus imágenes: era el horror nazi en primera persona. “Esa fue decisión de Jackson. Cuando se encontraron los registros pensó que la mejor oportunidad para condenar a los nazis era usando sus propios documentos en su contra. Sabía que la defensa haría todo lo posible para impugnar el testimonio de los testigos oculares, por lo que tenía mucho más peso utilizar documentos escritos y filmados. La orden era que cada fragmento sirva para ilustrar o apoyar alguno de los cargos contra los procesados”, explica la restauradora.
Las consecuencias negativas fueron menos visibles. El tiempo insumido para la edición le impidió al sargento Schulberg alzarse la cámara durante el juicio, complicando la segunda parte del pedido de Jackson y las ínfulas imperecederas de todo el proceso. La tarea pasó entonces al Cuerpo de Señales y Comunicaciones. Inexpertos en el manejo de cámaras, filmaron poco más de veinticinco horas, haciendo de la orden del discípulo de Ford una misión ciclópea. ¿Cómo narrar diez meses de juicio con un puñado de rollos como material? Fácil, ilustrando el horror de la guerra con imágenes del material recogido en el trabajo de campo.
Esa búsqueda de impacto le imprime a cada uno de los fotogramas cuidadosamente encadenados –atención con las imágenes clericales y religiosas– el sello de esa rara simbiosis artístico-política del cine de posguerra. Por eso un análisis pide a gritos la reubicación temporal en 1948, cuando el dispositivo cinematográfico era menos una manifestación artística que un portador y magnificador de un mensaje siempre unívoco, y donde la vociferación narrativa, las imágenes ampulosas y el tono acusatorio eran moneda corriente. Una visión desde el siglo XXI, sesenta años e infinidad de fílmico y resmas después, arroja una sensación de déjà vu. “Creo que Alemania aprendió mejor las lecciones de Nuremberg que cualquier otro país, incluso Estados Unidos. No quiero que la gente vea esta película como otro clavo en el ataúd nazi. Hoy Alemania está a la vanguardia de apoyo a la Corte Penal Internacional, mientras que Estados Unidos ni siquiera es miembro”, opina quien ve en el subtítulo elegido por su padre una profunda carga profética: “Nuremberg sentó las bases para todos los juicios posteriores por crímenes de guerra, de lesa humanidad y genocidio. Depende de todos nosotros sacar las lecciones para hoy”.

INFORMACIÓN DEL FILM

Título OriginalNuremberg: Its Lesson for Today [The Schulberg/Waletzky Restoration]
Título en InglésNuremberg: Its Lesson for Today [The Schulberg/Waletzky Restoration]
DirectorStuart Schulberg
PaísesAlemania Estados Unidos 
Año1948
FormatoHD
ColorB&N
Duración78 min

Produccion:

  • Guión: Stuart Schulberg
  • Montaje: Joseph Zigman
  • Música: Han-Otto Borgmann
  • Producción: Pare Lorentz, Stuart Schulberg
Facebook: Buenos Aires, en el top ten mundial de usuarios
En Capital y GBA hay 6,56 millones de cuentas. El número equivale a la mitad de la población del área metropolitana. Y la ubica sexta en un ránking internacional, por encima de Nueva York y San Pablo. Córdoba y Rosario, entre las 100 primeras.
Hace siete años, cuando Facebook era todavía la fantasía de un joven universitario, nadie imaginó que en un futuro casi el 10% de la población mundial iba a tener una cuenta en esa red social. Cifra que equivale a la suma de la población de Estados Unidos, Brasil, Argentina y Francia. Una investigación reciente mostró que Buenos Aires (Capital y GBA) figura entre las ciudades con más usuarios: lo tienen 5 de cada 10 personas.
Dentro del ranking global elaborado por la Web Social Bakers, que se especializa en acopiar datos estadísticos sobre Facebook, Buenos Aires se ubica en la sexta colocación.
En este índice, sólo la superan Yakarta, Estambul, México D.F., Londres y Bangkok.
Esta lista señala que hay 6,56 millones de cuentas activas. De acuerdo a los últimos datos del Censo 2010, el área metropolitana de Buenos Aires tiene 12.801.364 de habitantes, lo que implica que más del 50% de la población tiene una cuenta en la red social.
Lo curioso de esta medición es que Buenos Aires se sitúa arriba de grandes metrópolis como es el caso de Roma (4,30 millones), Nueva York (4,29), San Pablo (4), París (4), Manchester (2,6) y Barcelona (2,18).
Una prueba más que contundente del fanatismo que los argentinos profesan por la red de Mark Zuckerberg, es que dentro de las cien urbes con más cuentas en funcionamiento, además de Buenos Aires se posicionan dos ciudades más. En la línea 83 está Córdoba con 396.000 usuarios y apenas más abajo, en el puesto 86, Rosario con 333.220.
Un dato saliente es que la lista de ciudades con más usuarios de Facebook no se condice en absoluto con el número de usuarios totales por país.
La nómina global de naciones con más usuarios registrados la encabeza EE.UU. con 152 millones de perfiles, le sigue Indonesia con 35 millones e Inglaterra con 28. La Argentina se ubica en el puesto 13, casualmente, con 13 millones, superado por unos pocos dígitos por Brasil.
Otro dato que refleja Social Bakers es que la mayoría de los usuarios de Buenos Aires son adultos jóvenes. La franja de 18 a 34 años representa el 62% de los perfiles de la red, seguidos por los adolescentes de entre 13 y 17 años (16%). En cuanto al sexo, la balanza está bastante nivelada: el 52% son mujeres y el 48% varones.
Un informe elaborado por comScore, asegura que en la Argentina existen 12,8 millones de personas que se conecta a Internet desde su casa. Si esto lo cruzamos con las cuentas contabilizadas por Social Bakers, se revela que, como sucede con los grandes servicios de la red (webmail, mensajeros) la cantidad de perfiles de Facebook supera la cuota de hogares con conexión. Así, hay más gente con Facebook que con Internet.
De este indicador también se puede inferir que muchos tienen más de un perfil registrado. A no ser que, como reveló el diario The Guardian, el Pentágono norteamericano concibió un software para fundar cuentas apócrifas en redes sociales. Su función es moldear perfiles falsos para “luchar contra ideología extremista y propaganda antiestadounidense”.
En cuanto al tiempo que los cibernautas le dedican al esparcimiento online el usuario latinoamericano, durante enero de 2011, pasó, en promedio, unas 24 horas conectado al mes. El argentino, es uno de los más intensos y supera esta marca con unas 25,5 horas.
Esto no hace más que revalidar el fervor que despiertan las redes sociales en el país. Una investigación de la consultora TNS, publicada en Clarín , entre adeptos a la red, ubicó a los argentinos en el quinto puesto entre los que más utilizan dichos servicios web. Además, el 62% de los argentinos que tiene acceso a Internet admitió usar alguna red social.
26/03/11