jueves, 7 de abril de 2011

"Un profeta" de Jacques Audiard


El veterano Jacques Audiard consiguió sorprender y entusiasmar con la maestría desplegada en su última obra, indudablemente favorita por cada certamen y festival que recorrió durante el pasado año. Un ejercicio de sobriedad narrativa que no busca necesariamente la radiografía sociológica al que es propicio un drama carcelario en la Francia actual, ni tampoco imitar o reflejarse en los tópicos del género que Hollywood ha vestido al mismo. No le hacía falta, el cine francés siempre se ha mostrado especialmente certero en el género policíaco (especialmente en las décadas de los 60 y los 70 del siglo pasado).

Como es el caso. ‘Un profeta’ que consigue plasmar con maestría, gracias en principio, a su soberbio guión, una historia de superación, de la brutalidad, violencia y la necesidad de mimetizarse en la crudeza del ambiente en prisión, para sobrevivir. Y para ello, asistimos con una narración descarnada, sobria, no exenta de mostrar la dureza sin miramientos, a la historia de aprendizaje de un joven protagonista sin pasado.
El guión, firmado por el propio Audiard y Thomas Bidegain, es una auténtica joya digna de estudio para futuros cineastas. Su construcción, compleja, encaja a la perfección con una estructura que se mueve en dos planos. Uno, podríamos definir el del aprendizaje, el más realista, directo, cara a cara, que muestra al protagonista y su progreso durante su transcurso en la cárcel. Y otro sería el que deja paso a cierto lirismo, plasmado en forma de pequeños retazos oníricosque sirven como pausa a la dura historia de Malik El Djebena en prisión y que sirven, además, para definir, dibujar y otorgar profundidad psicológica al protagonista (y que es un fiel reflejo de la mala conciencia). Algo que ayuda enormemente a enriquecer el conjunto, a la vez que aportar una nueva dimensión al drama, que acaba traspasando las fronteras del género.
Tahar Rahim, un actor en estado de gracia
Además del mencionado guión de ‘Un profeta’, no se puede negar que gran parte del sobresaliente resultado de la cinta se sustenta en el prodigioso trabajo actoral. Todos notables en sus intervenciones, aunque destaque el protagonista por su inspiradísimo y prodigioso trabajo. El desconocido Tahar Rahim compone a un joven sin pasado, que con apenas 19 años acaba en prisión y por delante seis duros años en los que tendrá que aprender a sobrevivir. Es su historia –la historia– la de la superación. La de la obligada caída en elenvilecimiento, como examen vital para encontrar un sentido a su existencia. Y lo consigue mostrar con una sorprendente interpretación, llena de pasión, de entrega, de verosimilitud, especialmente a la hora de mostrar la maduración y transformación del personaje.
El relato de Malik El Djebena atrapa desde el primer plano y coge de la mano al espectador para trasladarlo con enormerealismo al escenario sórdido y crudo de una cárcel francesa actual, donde la multiculturalidad es una realidad que impone sus normas y acrecienta la jerarquía. Así, el joven Malik, de origen árabe, pero inculto acaba bajo el yugo de los corsos, que dominan y controlan a su entero antojo todos los entresijos intramuros. Pero, a la vez su despierto carácter y la necesidad de disponer de armas de supervivencia se verá inclinado a establecer relaciones con los de su mismo origen.
‘Un profeta’: puro y escalofriante realismo
La realización de Audiard otorga ese realismo necesario a base de su narración austera, con una puesta en escena contundente, vibrante, de una sequedad tan afilada como una cuchilla (y sin duda excelentemente bien acompañada musicalmente por la partitura de Desplat). Cámara en mano no deja resquicios a las florituras en las escenas más violentas, en la acción. Pero tampoco en los momentos donde la tensión sólo se vive en los diálogos, especialmente entre los encuentros entre Malik y el líder de los corsos (un extraordinario Niels Arestrup), quien le enseña a base de duros golpes auténticas lecciones de manejo, control y manipulación de los débiles.
Y es que la dirección no contiene fisura alguna en todo el metraje. Sin concesión alguna, sin aproximarse ni un ápice a la épica (justo en la antítesis), Audiard nos invade con la crónica de su protagonista, un retrato certero de los entresijos en prisión, de la corrupción, del poder,... mostrada como una auténtica escuela. Y un espacio donde se forja (con sangre) la justicia y la venganza (demoledora la escena que cierra el film).
http://www.blogdecine.com/fichas/dramas/un-profeta

La cinta blanca de Michael Haneke


Mientras que la sección oficial del certamen aún espera que llegue una película que brille con suficiente satisfacción generalizada, la sección Eurimages, alternativa y con títulos interesantes, ofrece grandes momentos. Con ‘La cinta blanca’ (‘Das Weiße Band’) se cumple esa satisfacción y la ganadora de Cannes llena la sala y asombra con su brillantez.

Las películas de Michael Haneke suelen incomodar al espectador en su asiento. Es un realizador al que gusta remover conciencias y, quizás por ello, tiene muchos detractores. Pero su cine, o su forma de concebirlo, precisamente intenta que reflexionemos, hacer que el espectador no asista impasivo a una historia y se olvide de ella justo al terminar. Y, con ‘La cinta blanca’, Haneke precisamente consigue este propósito. Fiel a su estilo, pero con un madurado y más inspirado resultado, hace un ejercicio inteligente de narración poderosa, para sumergirnos en el gérmen de la violencia. Tema recurrente, por otra parte, en sus películas.
‘La cinta blanca’ (‘The White Ribbon’) es un viaje a las entrañas del infierno humano, al menos, al gérmen de los peores aspectos de nuestro comportamiento. Haneke, para ello, nos sitúa en el ambiente opresivo y férreo de una pequeña población germana en los albores de la Primera Guerra Mundial. Una localidad protestante, con severas normas sociales y de comportamiento (educación, religión, familia…), que sirve de escenario para unos extraños sucesos, donde los niños tienen el protagonismo, y asisten a estos hechos y sus consecuencias.
Haneke pone la voz narrativa en un hombre mayor que recuerda los sucesos cuando era joven y era el maestro de la comunidad del pueblo. Allí y entonces, las imposiciones de unas reglas severas toman más énfasis con los convulsos episodios que van sucediendo y que rompen el frío discurrir de la cotidianeidad. Una sociedad regida por la religión, por el respeto por los nobles y donde, la educación de los niños, resulta prioritaria.
El realizador de ‘Funny Games’ hace gala de su habitualmirada distante, gélida, pero a la par contundente, sin cede ni un ápice a concesiones ni a pistas acerca de los episodios, cuya intriga va en aumento, pero genera en todo momento desconcierto absoluto. Apoyado en una austera pero brillantísima fotografía en blanco y negro, con ausencia total de partituras en la banda sonora, logra reflejar con rotundidad la asfixiante atmósfera del relato. No resulta un antojo estilístico, sino una forma de articular el lenguaje completamente apropiado a la historia, lo que evoca y que aumenta, si cabe, el aire misterioso que sobrevuela en todo momento.
Una historia la de ‘La cinta blanca’ que conforme avanza va clavando sus dardos envenenados con la verdadera intención. La de hacer al espectador reflexionar sobre elnacimiento del nazismo, que no es sino un ejemplo para comprender de dónde viene la violencia del comportamiento de los adultos. Una exploración a una infancia represiva que germina en todo lo opuesto a lo que se ha intentado, erróneamente, inculcar.
Muy acertado resulta el uso de la mirada de los niños, como paradigma de la inocencia y la pureza (como la cinta blanca a la que alude el título), para transmitir un mensaje, magistralmente articulado y apoyado en unas imágenes subyugantes, austeras, frías pero no exentas de una fuerza brutal, que justifica el ejercicio de estilo.
‘La cinta blanca’ no se digiere pronto. De hecho, su mensaje permanece en la memoria cuando termina le película y cada uno se lleva su conclusión, reflexión al salir de la sala. Porque la historia concluye, pero su esencia perdura. El mejor Haneke, sin duda.