sábado, 19 de marzo de 2011

Los cinco años de Twitter: cifras y datos

Hace cinco años comenzó a funcionar Twitter. Desde entonces el proyecto que nació siendo una idea secundaria se convirtió en un servicio utilizado por millones de personas en el mundo. Algunos datos y cifras sobre la página:

- El primer mensaje lo envió el cofundador de Twitter Jack Dorsey (@jack) el 21 de marzo de 2006: "inviting coworkers", invitando a sumarse a sus compañeros de trabajo.

- Al principio los tweets iban llegando poco a poco, hoy son como un río que no cesa: cada semana los usuarios escriben mil millones de entradas.

- Twitter no da a conocer cifras exactas sobre su cantidad de usuarios, pero según los medios el servicio tiene más de 200 millones registrados. El mes pasado se sumaron según Twitter cada día 460.000 nuevos.

- Una gran parte de los usuarios no escribe mensajes, sino que utiliza de forma pasiva el servicio, es decir que lee lo que otros producen.

- La pregunta estándar era al principio: "What are you doing?" (¿Qué estás haciendo?), pero en noviembre de 2009 la empresa la cambió por la más general "What's happening?" (¿Qué está pasando?).

- Para traducir su web a otros idiomas la compañía pide la colaboración de los usuarios. Quien lo desee puede hacer propuestas a un equipo de traducción.

- Los empleados crecieron de forma importante en los últimos años. En enero de 2009 Twitter tenía 29 trabajadores, 130 en enero de 2010 y hoy son 400.

WITOLD GOMBROWICZ



La estupidez es una bestia excepcional, que no puede morder cuando se le tira de la cola.

Con qué inexorabilidad el hombre tiene que precipitarse desde las cumbres, ensuciar su nombre, violar su verdad, destruir su dignidad, para que el espíritu individual experimente una vez más la esclavitud, se someta al rebaño, a la especie.

Una vida limitada. Una vida local. Se vive de lo que trae el día. Nadie mira alrededor, todos miran a sus pies. Sobrevivir de alguna manera. Existencia concreta.

No hay mayor mentira que un definición, y la única verdad es aquella que no se abarca.

Descargué contra él razones de mi propia cosecha, pero ¿qué puede mi razón solitaria contra su razón fabricada por trescientos mil cerebros en miles de años, contra esa montaña de cabezas subordinadas y funcionales?

La historia de la cultura demuestra que la estupidez es la hermana gemela de la razón.

Estas son las dos grandes mentiras contemporáneas: la mentira de la Iglesia según la cual todos tenemos la misma alma y la mentira de la democracia según la cual todos tenemos el mismo derecho al desarrollo.

La cuestión no és que sepas lo que quieres. Habría suficiente si sabes qué és lo que no quieres.

Afirmo que el exceso de seriedad está acondicionado por el exceso de frivolidad.

Deja por un momento de escribir poemas, de pintar cuadros, de hablar de surrealismo, y, antes de todo, detente a reflexionar si estas cosas no te aburren, comprueba si todo eso es realmente importante para tí, piensa si no serás más auténtico, libre y creativo menospreciando los dioses de tu devoción. Déjalo todo por un momento y reflexiona sobre tu lugar en el mundo y en la cultura, y sobre que medios y objetivos tienes que escojer.

Tinieblas. Muro. No entiendo nada. No hago más preguntas, porque sé que no me voy a enterar de nada. La debilidad se apodera de mí.

Necesito gente, algun lector... No para entendernos. Solamente para poder dar una señal de vida.

Witold Gombrowicz, Diario, 1953-1956-1957 y 1961.

OBRAS
§  Ferdydurke -novela de 1937
§  Los Hechizados -novela por entregas de 1939
§  Transatlántico -novela de 1953
§  Slub (La Boda) -obra de teatro de 1953
§  Bacacay -colección de historias cortas de 1957
§  Yvonne, Princesa de Borgoña -obra de teatro de 1958
§  Pornografía -novela de 1960
§  Cosmos -novela de 1967
§  Diarios -1953-1969
§  Diario Argentino - 2001 ISBN: 987-9396-61-8
§  Contra los Poetas - conferencia editada en 2009 ISBN: 9788495363480
§  Traducciones
Las obras de teatro y novelas de Gombrowicz han sido traducidas al inglésfrancésalemáncatalánespañoljaponés y rumano. Véase obras de Gombrowicz en el ISBN de España

Francisco Machuca La edad de las ilusiones (un recuerdo)

"No, no es posible recoger todos los escombros. Hay demasiados. Y así quedan entre el horror de la luz y una vida cotidiana."
Jorge Guillén
Como metáfora de la vida, la búsqueda de una vida significativa, el recurso del viaje, es el más sencillo que existe. Nuestra vida es un viaje y siempre me había sentido atraído por las historias sobre viajes en las que las cosas evolucionan alrededor de los protagonistas. Es la eterna, la vieja ley de los caminos: las misteriosas y nunca escritas ordenanzas que orientan la brújula loca y espantada que anida en el corazón de los errabundos. El protagonista y el espacio se identifican, se caracterizan mútuamente. El espacio nos ayuda a mostrar lo que ese personaje siente. La pasión de la exaltación de la individualidad. Atrapar la esencia fugitiva de las cosas, las personas y los paisajes. Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el ser humano sabe para siempre quién es. ¿En dónde sinó, está el espacio de libertad donde poder decir lo que nos dé la gana? ¿Donde respirar sin cortapisas? Vivimos en un mundo de normas invisibles. Casi cien leguas se pierde cada día en el mundo. Las cosas te definen y te asfixian. La historia de los caminos que nunca tomamos es la más difícil de imaginar.
Recuerdo que cuando cayó en mis manos En el camino, de Jack Kerouac, era ya demasiado tarde. Yo tenía 15 años. Corría los ochenta y España vivía la euforia de un esplendor económico que no tardaría en caer por su propio peso. La expansión económica era una carnaza para el proletariado que confundió la sociedad del bienestar con la acumulación de horas extras, segundas residencias y unas deudas que nunca acabarían de pagar. Los jóvenes se volvieron conservadores. El proceso económico no hace a la gente progresista, sino conservadora. Las universidades se abarrotaron de estudiantes de cuyas carreras escogidas se orientaban a las necesidades de la producción. Las necesidades de subsistir por un sueldo los había obligado a interesarse en el juego sutil, complejo e infinitamente fatigoso de los ascensos.
Como decía, leí En el camino en un momento crucial de mi vida. Trabajaba sólo por dinero debido a la moral de mis padres. Tenía que trabajar mucho y ahorrar para prevenir el futuro. Sí, yo venía de una de esas familias abyectas y rapaces. Un padre dilapidador e irresponsable que me marcó prematuramente, con devastadores sufrimientos y reveses morales. Me sometía forzosamente a una vida, que por otro lado, nunca le funcionó a él. Con mis padres todo quedaba aplazado respecto a lo que era para mí valioso y delicado. Lo primordial para ellos era tener una existencia recoleta y un mundo en el cual todo debía estar organizado. No recuerdo quién dijo que quien desde un principio obedece, ya no puede dejar de obedecer. He despreciado a esa gente que se creen grandes porque trabajan sin descanso, pero esos trabajos eran una prueba de sus debilidades. Estaban condenados a aprender todas esas cosas inútiles al precio de sus sudores: eran esclavos antes de nacer y desgraciados antes de vivir.
Tras finalizar la lectura de la novela de Kerouac, en sólo un día, como un zarpazo brutal, la vida me echó encima todo el peso de una realidad que durante años me habían escamoteado mis padres. Tuve conciencia por primera vez de la eterna traición entre generaciones, el choque de valores entre padres e hijos, porque ven el mundo inevitablemente de otra manera, concepto que hoy ha perdido el verdadero sentido. "Los seres humanos no deben sucederse unos a otros." Goethe. No tenía una idea clara de lo que tenía que hacer en la vida y, sobre todo, de lo que me convenía, pero supe que el colmo de la miseria era la repetición, es decir, hacer siempre las mismas cosas sin esperanza de cambiarlas o de que nos cambien. La indolencia y la apatía. No podía vivir sin una libertad espontánea de movimiento. Intuí que toda negación significaba una búsqueda. Pero como acabo de decir, los tiempos no daban para mucho. Mitifiqué un país (Estados Unidos) como se mitifica todo lo que consideramos inalcanzable.

En la novela corrían los años cincuenta cuando un grupo de artistas rechazaban las convenciones de su tiempo. Situación en la época posterior a la Segunda Guerra Mundial, el relato de Sal Paradise de sus viajes a través de Estados Unidos se convirtió en emblemático de la lucha por retener la libertad del Sueño Americano en un momento histórico más sobrio. El rechazo a la conformidad doméstica y económica en favor de la búsqueda de comunidades libres y abiertas y de experiencias individuales intensificadas fueron constituyentes claves de la emergente cultura beatnik. Luego supe que Kerouac murió de una forma ambigua impropia de él, irónica. Habría sido mucho mejor que hubiera terminado como James Dean o como su amigo Neal Cassaday, que había muerto de frío en una vía de tren. Kerouac murió prácticamente en la casa de su madre. Estaba viendo la televisión. Se levantó del sofá para ir a la cocina en busca de una cerveza. De repente vomitó sangre, y, aquí se acaba la historia. Comprendí que somos unos pobres diablos uncidos de por vida a un destino mediocre. No ignoro lo que significa que el entorno se convierta en extraño y deje de gustarnos, quiero decir que hemos envejecido de golpe, sin apenas percibirlo y entonces nos sumergimos en la melancolía. Jack tenía 47 años cuando murió.

Con el tiempo dejó de interesarme el movimiento de los sesenta, tras la generación beatnik de los cincuenta. Lo consideraba fuegos de artificio, decepcionante, como si un desenlace prometedor hubiera quedado truncado. Los Beatles, por ejemplo, no fueron unos héroes de la contracultura, sino capitalistas que explotaron a los jóvenes con fines comerciales. Hicieron tanto por representar los intereses de los jóvenes de la nación como las Spice Girls de los años noventa. Mayo de 68 empezaron una revolución y acabaron metiéndose en publicidad. Mayo de 68, que debía haber alumbrado una nueva civilización y que no supo, en cambio fue el final de la edad de las ilusiones. Creo que no hubiera sido mi fiesta. Sobraba agresividad y exhibicionismo. Aquello no fue un movimiento de clase social, sino algo más simbólico y plural, En fin, uno es poco adicto a los ideales colectivos. El futuro es solamente un inmenso vacío, la de que el futuro no es más que el tiempo de que el eterno presente se alimenta. El presente intenta dominar un futuro que ya no puede ser vivido. El mañana a expensas del hoy, el hoy que nunca llega a tiempo, que pierde siempre sus apuestas. Hemos aprendido, o no, que en realidad, pocas cosas condicionan más nuestra libertad en el futuro que el uso que hayamos hecho de esa misma libertad en el pasado. Sueños enconados y aviesos. Horrible sueño, desencadenados pensamientos en la vigilia. Llegamos muy cansados y heridos a los lugares más comunes. Se nos rebela lo cercano creyéndolo de siempre lejano. Ese oscuro camino que separa el deseo de la realidad; o mejor, la irreversible pérdida de indentidad del hombre contemporáneo, anclado en un mundo que ni controla ni entiende, en el que las voces y los ecos se confunden en medio de una niebla miserable e inquietante. Un mundo peligroso porque está sin control, porque el orden es un nuevo apunte terminológico y porque se ha arruinado la espontaneidad de los individuos. A veces parece que haces cosas en la vida que no van a ninguna parte, pero todo suma. Hemos perdido el norte. Nos sentimos desorientados. Nos engañamos y no somos capaces de encajar nuestros problemas. Cada cual pierde lo que busca, pero además se pierde en lo que busca, un destino común. Llevamos la tristeza en los ojos, espejo del mundo.


Hoy pienso que cada uno opta por las opciones que la vida te permite escoger. Ya no estamos enojados con nuestros padres sino con nosotros mismos. La vida está hecha, desde muchos años atrás, de malentendidos. El tiempo se detiene cuando vemos claramente que toda acción es inútil o dañosa. Nada es de ningún sitio concreto y que el estado más lúcido del ser humano es no tener nada y sentirse extranjero siempre. No hay destino que no supere el desprecio. Frente a la mirada transfiguradora existe la mirada claudicante. El desánimo, la tristeza, el aburrimiento, la desesperanza, sólo permite ver un paisaje desolado e intransitable. La moral, la historia y la experiencia de cada día nos enseña que para alcanzar el equilibrio no hay una infinidad de secretos, no hay más que uno: someterse. Significa, pues, el paisaje de cada uno la esfera, de sus capacidades, todo lo que puede aspirar a ser y, al propio tiempo, el coto cerrado del cual no puede salir jamás. El paisaje es nuestra limitación, nuestro destino.
Ya no estoy en condiciones de rehacer mi vida sino para terminar mis días en condiciones aceptables, y eso ya encierra una gran proeza.
 Ya no van quedando opciones en el mundo. A mí ahora el afecto me ancla ya la memoria.

Francisco Machuca Trilogía del cine japonés (2)


Akira Kurosawa ha sido siempre el más problemático de los grandes directores japoneses. Tras haber logrado el primer gran éxito de su país en Occidente con Rashomon (1950), siguió obteniendo triunfos negados a Kenji Mizoguchi y Yasujiro Ozu. Existen numerosas razones que lo explican: la accesibilidad de la obra de Kurosawa, sus fuentes de inspiración, con frecuencia familiares para el público occidental y la sensibilidad claramente cosmopolita e internacional de sus películas.
Todo esto se vio confirmado en Los siete samurais (1954) que se convirtió en un gran éxito en todo el mundo. La sospecha de que realizaba deliberadamente un cine poco japonés para complacer a los espectadores occidentales pareció verse corroborada cuando Hollywood realizó un remake de esta película sin cambiar prácticamente nada; Los siete magníficos (1960), dirigida por el siempre competente John Sturges.

Afirmando con cierta razón que las epopeyas históricas de Mizoguchi eran excelentes salvo en lo que se refería a sus escenas de batalla, Kurosawa se planteó el equilibrio con sus secuencias de lucha y confusión de Los siete samurais. Para dar a los espectadores la sensación de que estaban presentes en el lugar de los hechos contemplando algo que estaba ocurriendo de verdad, Kurosawa introdujo el empleo de varias cámaras a la vez (rodando una misma escena desde distintos ángulos para luego poder elegir la toma más vívida y espectacular de cualquier momento dado), así como del teleobjetivo (con el que se consigue la ilusión de que la acción se encuentra mucho más próxima a la cámara de lo que en realidad está).

También utilizó sistemáticamente los saltos en el montaje para acelerar la acción (a un personaje se le formula una pregunta en un sitio y contesta en otro completamente distinto, elimimándose así escenas intermedias). Y lo hizo seis años antes de que Jean-Luc Godard revolucionase el lenguaje del cine mediante el empleo del mismo procedimiento en Al final de la escapada (1960). El resultado es una película en perpetuo movimiento, que va de un lado a otro con rigor e intensidad, de manera que la amenaza de violencia está presente en todo momento hasta estallar de manera espectacular en la secuencia final.
Por supuesto, todas estas técnicas son ya lugares comunes, habiendo llegado incluso a la televisión. Pero, en aquellos momentos, parecieron enormemente innovadores al público occidental, sobre todo cuando las comparaban con el estatismo y la estilización de otras películas niponas, que parecían adoptar un formalismo derivado de la pintura japonesa tradicional. Al intentar captar la acción sobre la marcha, sin saber de antemano cuál de las varias cámaras utilizadas lo haría mejor, Kurosawa no podía lógicamente componer con tanto cuidado y precisión como Ozu o Mizoguchi. Pero deducir de ello que Los siete samurais es una película "poco japonesa" es completamente falso. El formalismo de buena parte del arte japonés se basa en los movimientos suspendidos y si se congela cualquier fotograma de esta película se obtendrá un grabado como los deHokusai.

De forma similar, aunque Los siete samurais parece una historia tan clara e incluso maniquea como la de muchos westerns, contiene numerosas sutilezas y ambigüedades. Por ejemplo, cuando los emisarios de la aldea ven por primera vez a Kembei contemplan asombrados cómo se hace afeitar la cabeza para fingirse sacerdote y poder atrapar así a un ladrón asesino. Según las tradiciones japonesas, el hecho de que un samurai se afeite la cabeza indica o bien que ha caído en desgracia o bien que está a punto de abandonar el mundo y hacerse sacerdote.

Una de las mayores ironías de la película (y que el remake de Sturges omite totalmente) consiste en que sea el medio idiota Kikuchigo, el inocente, el que le revele esta verdad a Kambei. Cuando los siete samurais llegan por primera vez a la aldea, sus habitantes desaparecen aterrorizados y sólo vuelven cuando les amenaza un ataque de los bandidos. Mientras el ultrajado Kikuchigo avergüenza a los aldeanos por su falta de lógica, los samurais se sienten ofendidos al descubrir un depósito escondido de armas, lo que indica que los aldeanos se han dedicado a asesinar y robar a otros samurais vagabundos.

Francisco Machuca Trilogía del cine japonés (1)



Para Vicente y Teresa que se quejan de que nunca escribo sobre el cine japonés. Pues, ahí va, mis tres directores favoritos y mis tres películas favoritas.


"A través de la evolución tanto de padres como hijos descubrí cómo el sistema familiar japonés ha empezado a desintegrarse."
Este lacónico comentario de Yasujiro Ozu acerca de su gran películaHistorias de Tokio (1953), sirve también para describir casi todas las películas por él realizadas a lo largo de los años 50, de las que ésta es, quizá, el ejemplo más conseguido y elegante. A mi juicio es una de las mejores películas japonesas de todos los tiempos.
Sin embargo, los espectadores occidentales, que habían descubierto el cine japonés a través de grandes como Kurosawa y Mizoguchi, tuvieron que esperar mucho tiempo antes de poder comtemplar Historias de Tokio. En Londres se estrenó en 1965, en Nueva York en 1972, casi veinte años después de su realización, y, en España no se ha exhibido nunca comercialmente, al igual que el resto del cine de Ozu. ¿Cómo es posible que se haya ignorado durante tanto tiempo una obra tan importante de un realizador tan genial?

La responsabilidad corresponde en parte a los propios japoneses. Considerando que Ozu es el más japonés de todos los directores, pensaron que sus películas no eran exportables, que no serían comprendidas por los espectadores de otros países. No sólo son demasiado sutiles y desprovistas del dramatismo y la acción exigidos por el público occidental, sino que los problemas familiares que planteaban les parecían específicamente nipones e incomprensibles en Occidente. Por si fuera poco, numerosos críticos jóvenes de su propio país consideraban la obra de Ozu excesivamente conservadora y en muchos sentidos anticuada.
Esa valoración de los gustos occidentales podía ser corrrecta en los años cincuenta; pero cuando la película se estrenó por fin en Gran Bretaña y Estados Unidos, obtuvo críticas y comentarios unánimamente entusiastas para gran sorpresa de los japoneses. De hecho, la buena acogida crítica deHistorias de Tokio en Occidente sirvió para revitalizar la carrera y la reputación de Ozu en su propio país.

El atractivo inmediato de la película se apoya en dos factores: primero, su tema es universal, y segundo, está tratado con verdadero arte y maestría.Historias de Tokio explora con sensibilidad la desilusión que los padres suelen experimentar con respecto a sus hijos. A nivel material, los hijos de la familia Hirayama luchan contra las grandes presiones y la competencia de la vida en Tokio; y a nivel personal, la dureza de la vida urbana tiende a convertirlos en egoístas e insensibles hacia los demás. Esta idea de desilusión y desengaño va unida al enfrentameinto con la soledad y la muerte. Para algunos como el anciano Shukishi, esa confrontación significa aceptación. Para otros, como para Noriko, que decide volver a casarse, significa cambio y ronovación. La nota optimista la pone la aceptación por parte de los padres del amor filiar que le ofrece a su nuera cuando le es negado por sus propios hijos.
La definición y credibilidad de los personajes son los elementos claves para que estos temas resulten convincentes, y lo más sorprendente de los creados por Ozu es que todos ellos son típicos sin verse por ello reducidos a simples estereotipos. Los personajes son complejos y con frecuencia contradictorios. Shukishi, al que se muestra por lo general como un hombre digno de respeto y simpatía, se va una vez de jarana y vuelve borracho (debilidad por lo que propio Ozu era bastante conocido). Tomi es descrita por su marido como una mujer sin sentimientos y presentada como un ser vulgar y poco agraciado. El carácter más fuerte de la película es el de Noriko, quien sin embargo confiesa que, ahora que vive sola, echa de menos los tiempos en los que su marido llegaba a casa tarde y completamente ebrio. Estas pequeñas contradicciones resultan creíbles y emocionantes debido a su autenticidad, reforzando el atractivo universal de los personajes que las padecen.

El otro aspecto sorprendente de Historias de Tokio es el de la impecable construcción dramática de la película, reflejada de manera refinada y sutil. La naturaleza cíclica del tema del cambio y la muerte se refleja en la simetría de la película, que no sólo empieza y termina con un plano similar y aparentemente intemporal, sino que está formada por escenas construidas de manera simétrica.
Dado que Historias de Tokio trata en esencia sobre la sociedad contemporánea, a Ozu no le interesa fabricar héroes. "Así son las cosas",parece decir esta gran película.


FUENTE:http://fmaesteban.blogspot.com/2011/03/trilogia-del-cine-japones.html