jueves, 17 de febrero de 2011

Amor sin incentivo

¿Qué es el amor sin motivo? ¿Puede haber amor sin ningún incentivo, sin que uno desee nada para sí mismo del amor? ¿Puede haber amor sin que uno se sienta lastimado cuando el amor no es retribuido? Si yo te ofrezco mi amistad y tú la rechazas, ¿no me siento lastimado? Ese sentirse lastimado, ¿es el resultado de la amistad, de la generosidad, de la simpatía? Ciertamente, en tanto me sienta lastimado, en tanto haya temor, en tanto te ayude esperando que tú puedas ayudarme -a lo cual llaman servicio-, no hay amor.
Si comprendes esto, la respuesta está ahí.
J. Krishnamurti El arte de vivir

El amor es peligroso

"¿Cómo puede el hombre vivir sin amor? Sólo podemos existir, y la existencia sin amor es control, confusión y dolor; y eso es lo que casi todos estamos generando. Nos organizamos para la existencia y aceptamos el conflicto como inevitable, porque nuestra existencia es un constante requerimiento de poder. Por cierto, cuando amamos, la organización tiene su propio lugar, su lugar exacto; pero sin amor, la organización se vuelve una pesadilla, algo meramente mecánico y eficiente, como el ejército; pero como la sociedad moderna se basa en la mera eficiencia, necesitamos ejércitos ‑y el propósito de un ejército es crear guerra-. Aun en tiempos de la así llamada paz, cuanto más eficientes somos en lo intelectual, tanto más crueles, más brutales e insensibles nos volvemos. Por eso hay confusión en el mundo, porque la burocracia es cada vez más poderosa, porque más y más gobiernos se están volviendo totalitarios. Nos sometemos a todo esto como a algo inevitable, porque vivimos con nuestros cerebros y no con nuestros corazones; en consecuencia, el amor no existe. El amor es el elemento más peligroso e incierto que hay en la vida; y debido a que no queremos la incertidumbre, porque no queremos sentirnos en peligro, vivimos en el reino de la mente. Un hombre que ama está en peligro, y nosotros no deseamos vivir peligrosamente; deseamos vivir eficientemente, vivir tan sólo dentro del sistema de la organización, porque pensamos que las organizaciones van a producir orden y paz en el mundo. Las organizaciones jamás han producido orden y paz. Sólo el amor, la buena voluntad, la piedad, pueden traer finalmente ‑y, por lo tanto, ahora- orden y paz."
Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. V

El amor no se cultiva J. Krishnamurti

"El amor no puede cultivarse. El amor no puede dividirse en divino y físico; sólo es amor ‑no se trata de que usted ame a una sola persona o a muchas-. Es absurdo preguntar: «¿Ama usted a todos?» Vea, a una flor que tiene perfume no le preocupa quién viene a aspirarlo o quién la desdeña. Así es el amor. El amor no es un recuerdo. No es cosa de la mente o del intelecto. Adviene naturalmente como la compasión, cuando todo este problema de la existencia ‑miedo, codicia, envidia, desesperación, esperanza- ha sido comprendido y resuelto. Un hombre ambicioso no puede amar. Un hombre apegado a su familia no ama. Tampoco los celos tienen algo que ver con el amor. Cuando usted dice: «Amo a mi esposa», en realidad no es eso lo que quiere decir, porque al instante siguiente está celoso de ella.
El amor implica gran libertad ‑que no es hacer lo que a uno le plazca-. Pero el amor llega tan sólo cuando la mente está muy quieta, no interesada ni centrada en sí misma. Éstos no son ideales. Si en usted no hay amor, haga lo que hiciere, ir tras todos los dioses de la Tierra, desarrollar todas las actividades sociales, tratar de reformar la pobreza, dedicarse a la política, escribir libros, poemas, etc., aunque haga todo eso, es un ser humano muerto. Sin amor, los problemas aumentarán, se multiplicarán interminablemente. Y con amor, haga usted lo que hiciere, no hay riesgo alguno, no hay conflicto. El amor es, entonces, la esencia de la virtud. Una mente que no se halla en estado de amor, no es en absoluto una mente religiosa. Y sólo la mente religiosa está libre de problemas y conoce la belleza del amor y la verdad.
 Obras Completas de J. Krishnamurti - Vol. XV

E. M. Cioran - El último delicado


París, 10 de diciembre de 1976

Querido amigo:

El mes pasado, durante su visita a París, me pidió usted que colaborara en un libro de homenaje a Borges. Mi primera reacción fue negativa; la segunda también. ¿Para qué celebrarlo cuando hasta las universidades lo hacen? La desgracia de ser conocido se ha abatido sobre él. Merecía algo mejor, merecía haber permanecido en la sombra, en lo imperceptible, haber continuado siendo tan inasequible e impopular como lo es el matiz. Ese era su terreno. La consagración es el peor de los castigos -para el escritor en general y muy especialmente para un escritor de su género. A partir del momento en que todo el mundo lo cita, ya no podemos citarle o, si lo hacemos, tenemos la impresión de aumentar la masa de sus "admiradores", de sus enemigos. Quienes desean hacerle justicia a toda costa no hacen en realidad más que precipitar su caída. Pero no sigo, porque si continuase en este tono acabaría apiadándome de su destino. Y tenemos sobrados motivos para pensar que él mismo se ocupa ya de ello.

Creo haberle dicho un día que si Borges me interesa tanto es porque representa un espécimen de humanidad en vías de desaparición y porque encarna la paradoja de un sedentario sin patria intelectual, de un aventurero inmóvil que se encuentra a gusto en varias civilizaciones y en varias literaturas, un monstruo magnífico y condenado. En Europa, como ejemplar similar, se puede pensar en un amigo de Rilke, Rudolf Kassner, que publicó a principios de siglo un excelente libro sobre la poesía inglesa (fue después de leerlo, durante la última guerra, cuando me decidí a aprender el inglés) y que ha hablado con admirable agudeza de Sterne, Gogol, Kierkegaard y también del Magreb o de la India. Profundidad y erudición no se dan juntas; él había logrado sin embargo reconciliarlas. Fue un espíritu universal al que sólo le faltó la gracia, la seducción. Es ahí donde aparece la superioridad de Borges, seductor inigualable que llega a dar a cualquier cosa, incluso al razonamiento más arduo, un algo impalpable, aéreo, transparente. Pues todo en él es transfigurado por el juego, por una danza de hallazgos fulgurantes y de sofismas deliciosos.

Nunca me han atraído los espíritus confinados en una sola forma de cultura. Mi divisa ha sido siempre, y continúa siéndolo, no arraigarse, no pertenecer a ninguna comunidad. Vuelto hacia otros horizontes, he intentado siempre saber qué sucedía en todas partes. A los veinte años, los Balcanes no podían ofrecerme ya nada más. Ese es el drama, pero también la ventaja de haber nacido en un medio "cultural" de segundo orden. Lo extranjero se había convertido en un dios para mí. De ahí esa sed de peregrinar a través de las literaturas y de las filosofías, de devorarlas con un ardor mórbido. Lo que sucede en el Este de Europa debe necesariamente suceder en los países de América Latina, y he observado que sus representantes están infinitamente más informados y son mucho más cultivados que los occidentales, irremediablemente provincianos. Ni en Francia ni en Inglaterra veía a nadie con una curiosidad comparable a la de Borges, una curiosidad llevada hasta la manía, hasta el vicio, y digo vicio porque, en materia de arte y de reflexión, todo lo que no degenere en fervor un poco perverso es superficial, es decir, irreal.

Siendo estudiante, tuve que interesarme por los discípulos de Schopenhauer. Entre ellos, un tal Philip Mainlander me había llamado particularmente la atención. Autor de una Filosofía de la Liberación, poseía además para mí el aura que confiere el suicidio. Totalmente olvidado, yo me jactaba de ser el único que me interesaba por él, lo cual no tenía ningún mérito, dado que mis indagaciones debían conducirme inevitablemente a él. Cuál no sería mi sorpresa cuando, muchos años más tarde, leí un texto de Borges que lo sacaba precisamente del olvido. Si le cito este ejemplo es porque a partir de ese momento me puse a reflexionar seriamente sobre la condición de Borges, destinado, forzado a la universalidad, obligado a ejercitar su espíritu en todas las direcciones, aunque no fuese más que para escapar a la asfixia argentina. Es la nada sudamericana lo que hace a los escritores de aquel continente más abiertos, más vivos y más diversos que los europeos del Oeste, paralizados por sus tradiciones e incapaces de salir de su prestigiosa esclerosis.

Puesto que le interesa saber qué es lo que más aprecio en Borges, le responderé sin vacilar que su facilidad para abordar las materias más diversas, la facultad que posee de hablar con igual sutileza del Eterno Retorno y del Tango. Para él cualquier tema es bueno desde el momento en que él mismo es el centro de todo. La curiosidad universal es signo de vitalidad únicamente si lleva la huella absoluta de un yo, de un yo del que todo emana y en el que todo acaba: comienzo y fin que puede, soberanía de lo arbitrario, interpretarse según los criterios que se quiera. ¿Dónde se halla la realidad en todo esto? El Yo, farsa suprema. El juego en Borges recuerda la ironía romántica, la exploración metafísica de la ilusión, el malabarismo con lo ilimitado. Friedrich Schlegel, hoy, se halla adosado a la Patagonia.

Una vez más, no podemos sino deplorar que una sonrisa enciclopédica y una visión tan refinada como la suya susciten una aprobación general, con todo lo que ello implica. Pero, después de todo, Borges podría convertirse en el símbolo de una humanidad sin dogmas ni sistemas, y si existe una utopía a la cual yo me adheriría con gusto, sería aquella en la que todo el mundo le imitaría a él, a uno de los espíritus menos graves que han existido, al último delicado.

E.M. Cioran
La Jornada Semanal, 15 de febrero de 1998.
Imagen: Emile Cioran - Sophie Bassouls Sygma-Corbis 1986
Cursivas nuestras

Vida.



"Toda cosa viviente tiene su propia sensibilidad, su propio modo de vida, su propia conciencia, pero el hombre presume que la suya es muy superior y, debido a la presunción, pierde su amor, su dignidad, y se vuelve insensible, duro y destructivo."
J. Krishnamurti.

"El amor a todos los seres vivos, es el atributo más noble del hombre"
Charles Darwin.

Jean Genet: la conquista del más extremo antihéroe

Jean Genet
El escritor Jean Genet, fotografiado el 19 de diciembre de 1983, en el Hotel Imperial de Viena. (ARCHIVO)

·         Fue vagabundo, ladrón, presidiario, excluido y, sobre todo, un autor brutal.
·         Jean Genet dio en el centro de la diana cuando decidió hacer de su intensa y compleja existencia la mejor obra literaria que podía legar.
·          
Cuando uno tiene una vida como la que tuvo Jean Genet corre el riesgo de convertirse en escritor aunque no estuviera en sus planes. Tanta es la materia novelesca que hay en la existencia de este autor, considerado y reconocido como un clásico, pero también como un incansable delincuente, provocador impenitente y vagabundo. No es de extrañar que su existencia fuera la fuente principal de su literatura.
Y es que desde el principio todo se le complicó al autor de El niño criminal: fue abandonado siendo un bebé de siete meses y de padre desconocido, pasó por el reformatorio (antes de tener edad para ir a prisión, que también iría), vivió amores desgraciados y jamás tuvo casa. Porque Genet siempre residió en hoteles, como si lo de estar de prestado fuera una forma de vida asumida, propia, tal vez incluso querida.
De él, como de todos los grandes mitos, hay enigmas que siguen sin respuesta y que alimentan el interés. Aunque con lo que conocemos basta para despertar la curiosidad de cualquiera, haya leído o no la radical obra de este escritor que se adelantó a su tiempo haciendo de su vida su propia literatura.
Cadena perpetua
Hace poco más de cien años (19 de diciembre de 1910) que este escritor polémico y descarnado, y sobre todo extremo, llegaba a un mundo que no sería ningún paraíso para él, pero que le dio tanto de sí como para que cuatro de las cinco novelas que escribió en esta primera época (en solo cinco años se concentró su actividad novelística: de 1942 a 1947) se inspiraran en su propia vida.
Dos de ellas las creó estando en la cárcel. Algo que explica, al menos en parte, que los excluidos se convirtieran en sus letras en un aparte que rozaba la virtud. El submundo de Genet nutrió su escritura y logró con ello una obra alejada de toda convención y muy próxima a la máxima rebeldía.
Fue condenado a cadena perpetua Sartre, Picasso pidieron su A los diez años le cayó la primera condena, fue por robo, y en 1943, el asunto se recrudeció: lo condenaron a cadena perpetua. Estando en prisión sentenciado para el resto de sus días, llenó sus escritos de su vida como preso y como homosexual. Sartre (que escribió la biografía San Genet, comediante y mártir), Jean Cocteau y Picasso pidieron su indulto, y este llegó en 1948, pero no significó el fin de sus estancias en prisión: aún le quedaban meses allí, por atentado contra el pudor y por pornografía.
Leyendo cuatro de las cinco novelas que escribió este autor, del que muchos han resaltado su poderosa inteligencia, concretamente Santa María de las Flores, Milagro de la rosa, Diario del ladrón y Pompas fúnebres, accedemos directamente a su vida: la complicada niñez y el reformatorio, su vida de vagabundo, sus terribles experiencias, sus contradicciones... Solo la novela Querelle de Brest se sale de este patrón.
También de prisión procede el poemario El condenado a muerte y también aquí volvemos a su biografía y a esos personajes en defensa del que era su mundo entonces, el de los socialmente apartados. Muchas de sus obras fueron motivo de polémica y escándalo: las provocaciones de Genet lograban el pretendido objetivo.
Tras sus cinco novelas, le llegó el teatro. Todo su afán creativo, su genio revulsivo, sus ganas de crear polémica se volcaron en obras como Las criadas, Los negros o El balcón. Después Genet apenas escribiría, fueron tiempos distintos para él, que se solidarizó con distintos movimientos, como la causa palestina o los Panteras Negras.
El último Genet
Hubo una novela más, la que cerró toda su obra: Un cautivo enamorado, cuyo germen lo encontró, sin buscarlo (hacía muchos años que no escribía novela), durante su entrada en el campamento de Chatila, en el Líbano, tras la matanza de septiembre de 1982.
Murió presa de un cáncer en una habitación de un hotel de sLo que allí vio: los cuerpos sin vida de niños, mujeres y ancianos desembocaron primero en el reportaje Cuatro horas en Chatila, recogido primero en El enemigo declarado, y en la citada novela después. Fueron las últimas palabras escritas del genio sorprendente y capaz de elevar a excelencia lo peor de los antihéroes.
Y como uno de ellos murió, presa de un cáncer de garganta, en la habitación de un poco noble hotel de París, la misma ciudad que lo había visto nacer. Era el 15 de abril del 1986, tenía 76 años, y nos dejaba como legado una obra que hoy sigue llenando teatros.
Celebrando el centenario
Coincidiendo con el centenario del nacimiento de Genet, en España se ha traducido por primera vez la recopilación de artículos y entrevistas que se hizo tras su muerte: El enemigo declarado (Errata Naturae). También se han reeditado dos de sus obras más conocidas, Diario del ladrón y Milagro de la rosa (ambas en Errata). Y fuera de España, encontramos la publicación de Ben Jelloun en Francia, Jean Genet, menteur sublime(Gallimard).
Tres citas obligadas para poner los sentidos a tono
Una peli:
Querelle. Fue el último largometraje de Fassbinder, que decidió para su despedida basarse en la novela que Jean Genet escribió en 1947, Querelle de Brest. El poder de seducción de uno de los habituales antihéroes del escritor francés es el pilar fundamental de la historia, que en el cine fue protagonizada por Brad Davis. 14,95 euros.
Un disco:
Best of Bowie. No solo la literatura se ha beneficiado de la intensa vida de Genet, también la música ha encontrado inspiración. Es el caso del tema de Bowie Jean Genie, recogido en este disco recopilatorio de 39 canciones en el que se da un repaso a su carrera desde sus inicios en los sesenta como cantautor, pasando por el pop, el rock, el soul o la electrónica. Emi, 26,50 euros.
Un un libro
Genet en el Raval. Obra nacida de la amistad de Juan Goytisolo con Genet, y en la queaccedemos a la vida del escritor francés en su etapa en el Barrio Chino de Barcelona(en los años treinta), y en la que el francés vivió mendigando, robando, prostituyéndose. La obra se cierra con algunas cartas que Genet envió a Goytisolo. Galaxia Gutenberg, 19,50 euros.