El factor Dios

Por José Saramago (1922-2010)

"Las religiones nunca han servido para aproximar y congraciar a los hombres; que, por el contrario, han sido y siguen siendo causa de sufrimientos inenarrables, de matanzas, de monstruosas violencias físicas y espirituales que constituyen uno de los más tenebrosos capítulos de la miserable historia humana."



En algún lugar de la India. Una fila de piezas de artillería en posición. Atado a la boca de cada una de ellas hay un hombre. En primer plano de la fotografía, un oficial británico levanta la espada y va a dar orden de disparar. No disponemos de imágenes del efecto de los disparos, pero hasta la más obtusa de las imaginaciones podrá 'ver' cabezas y troncos dispersos por el campo de tiro, restos sanguinolentos, vísceras, miembros amputados. Los hombres eran rebeldes. En algún lugar de Angola. Dos soldados portugueses levantan por los brazos a un negro que quizá no esté muerto, otro soldado empuña un machete y se prepara para separar la cabeza del cuerpo. Esta es la primera fotografía. En la segunda, esta vez hay una segunda fotografía, la cabeza ya ha sido cortada, está clavada en un palo, y los soldados se ríen. El negro era un guerrillero. En algún lugar de Israel. Mientras algunos soldados israelíes inmovilizan a un palestino, otro militar le parte a martillazos los huesos de la mano derecha. El palestino había tirado piedras. Estados Unidos de América del Norte, ciudad de Nueva York. Dos aviones comerciales norteamericanos, secuestrados por terroristas relacionados con el integrismo islámico, se lanzan contra las torres del World Trade Center y las derriban. Por el mismo procedimiento un tercer avión causa daños enormes en el edificio del Pentágono, sede del poder bélico de Estados Unidos. Los muertos, enterrados entre los escombros, reducidos a migajas, volatilizados, se cuentan por millares.

Las fotografías de India, de Angola y de Israel nos lanzan el horror a la cara, las víctimas se nos muestran en el mismo momento de la tortura, de la agónica expectativa, de la muerte abyecta. En Nueva York, todo pareció irreal al principio, un episodio repetido y sin novedad de una catástrofe cinematográfica más, realmente arrebatadora por el grado de ilusión conseguido por el técnico de efectos especiales, pero limpio de estertores, de chorros de sangre, de carnes aplastadas, de huesos triturados, de mierda. El horror, escondido como un animal inmundo, esperó a que saliésemos de la estupefacción para saltarnos a la garganta. El horror dijo por primera vez 'aquí estoy' cuando aquellas personas se lanzaron al vacío como si acabasen de escoger una muerte que fuese suya. Ahora, el horror aparecerá a cada instante al remover una piedra, un trozo de pared, una chapa de aluminio retorcida, y será una cabeza irreconocible, un brazo, una pierna, un abdomen deshecho, un tórax aplastado. Pero hasta esto mismo es repetitivo y monótono, en cierto modo ya conocido por las imágenes que nos llegaron de aquella Ruanda- de-un-millón-de-muertos, de aquel Vietnam cocido a napalm, de aquellas ejecuciones en estadios llenos de gente, de aquellos linchamientos y apaleamientos, de aquellos soldados iraquíes sepultados vivos bajo toneladas de arena, de aquellas bombas atómicas que arrasaron y calcinaron Hiroshima y Nagasaki, de aquellos crematorios nazis vomitando cenizas, de aquellos camiones para retirar cadáveres como si se tratase de basura. Siempre tendremos que morir de algo, pero ya se ha perdido la cuenta de los seres humanos muertos de las peores maneras que los humanos han sido capaces de inventar. Una de ellas, la más criminal, la más absurda, la que más ofende a la simple razón, es aquella que, desde el principio de los tiempos y de las civilizaciones, manda matar en nombre de Dios. Ya se ha dicho que las religiones, todas ellas, sin excepción, nunca han servido para aproximar y congraciar a los hombres; que, por el contrario, han sido y siguen siendo causa de sufrimientos inenarrables, de matanzas, de monstruosas violencias físicas y espirituales que constituyen uno de los más tenebrosos capítulos de la miserable historia humana. Al menos en señal de respeto por la vida, deberíamos tener el valor de proclamar en todas las circunstancias esta verdad evidente y demostrable, pero la mayoría de los creyentes de cualquier religión no sólo fingen ignorarlo, sino que se yerguen iracundos e intolerantes contra aquellos para quienes Dios no es más que un nombre, nada más que un nombre, el nombre que, por miedo a morir, le pusimos un día y que vendría a dificultar nuestro paso a una humanización real. A cambio nos prometía paraísos y nos amenazaba con infiernos, tan falsos los unos como los otros, insultos descarados a una inteligencia y a un sentido común que tanto trabajo nos costó conseguir. Dice Nietzsche que todo estaría permitido si Dios no existiese, y yo respondo que precisamente por causa y en nombre de Dios es por lo que se ha permitido y justificado todo, principalmente lo peor, principalmente lo más horrendo y cruel. Durante siglos, la Inquisición fue, también, como hoy los talibán, una organización terrorista dedicada a interpretar perversamente textos sagrados que deberían merecer el respeto de quien en ellos decía creer, un monstruoso connubio pactado entre la Religión y el Estado contra la libertad de conciencia y contra el más humano de los derechos: el derecho a decir no, el derecho a la herejía, el derecho a escoger otra cosa, que sólo eso es lo que la palabra herejía significa.

Y, con todo, Dios es inocente. Inocente como algo que no existe, que no ha existido ni existirá nunca, inocente de haber creado un universo entero para colocar en él seres capaces de cometer los mayores crímenes para luego justificarlos diciendo que son celebraciones de su poder y de su gloria, mientras los muertos se van acumulando, estos de las torres gemelas de Nueva York, y todos los demás que, en nombre de un Dios convertido en asesino por la voluntad y por la acción de los hombres, han cubierto e insisten en cubrir de terror y sangre las páginas de la Historia. Los dioses, pienso yo, sólo existen en el cerebro humano, prosperan o se deterioran dentro del mismo universo que los ha inventado, pero el `factor Dios´, ese, está presente en la vida como si efectivamente fuese dueño y señor de ella. No es un dios, sino el `factor Dios´ el que se exhibe en los billetes de dólar y se muestra en los carteles que piden para América (la de Estados Unidos, no la otra...) la bendición divina. Y fue en el `factor Dios´ en lo que se transformó el dios islámico que lanzó contra las torres del World Trade Center los aviones de la revuelta contra los desprecios y de la venganza contra las humillaciones. Se dirá que un dios se dedicó a sembrar vientos y que otro dios responde ahora con tempestades. Es posible, y quizá sea cierto. Pero no han sido ellos, pobres dioses sin culpa, ha sido el `factor Dios´, ese que es terriblemente igual en todos los seres humanos donde quiera que estén y sea cual sea la religión que profesen, ese que ha intoxicado el pensamiento y abierto las puertas a las intolerancias más sórdidas, ese que no respeta sino aquello en lo que manda creer, el que después de presumir de haber hecho de la bestia un hombre acabó por hacer del hombre una bestia. 

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Brujas, a sólo una hora en tren de Bruselas.

Esta ciudad es famosa en Europa, en función de poseer un aire medieval. Todas las casas son en estilo europeo, así como las “places”, comunes en toda Bélgica. Las "places" son especies de plazas, pero sin jardines o bancos, con edificios importantes alrededor.  Son bellísimos los edificios de la alcaldía, que fecha de 1420; y de St,Saviour’s Cathedral, del siglo XII. Brujas es circundada por un canal que servía de protección a la ciudad (en la época, también llamada de "burgo") durante la Edad Media. En el canal, en la entrada para la ciudad, todavía existen pórticos y molinos bien antiguos.
Brujas es una ciudad muy antigua, que fecha del siglo IX. Ella se transformó en uno de los centros comerciales de Europa a partir del siglo XI, gracias a su acceso directo al mar. Era famosa por su producción de tejidos, que eran exportados para toda Europa. También fue abrigo del primer edificio para intercambiar mercancías y dinero en el mundo, en la casa de la familia Van der Beurse, que constituía un clan en el área mercantil. El nombre Beurse dio origen a la palabra "beurs", que en holandés significa comercio internacional y que fue incorporada por diferentes idiomas del mundo.







Basílica





Alcaldia

















Foto área de Brujas,Belgica





Iglesia de Nuestra Señora de Brujas. 


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La virgen con el niño de Miguel Ángel Buonarroti
Christ on the Cross, 1627 Lámina giclée
Interior de la catedral;Crucifixión de Cristo por Anthony van Dyck

El Lago de Como, situado en la región de Lombardía, con un area di 146 km², es uno de los lagos más profundos de Europa, siendo tercer lago de Italia por extensión después del Lago de Garda y el de Verbano. Pertenece a las provincias de Lecco y Como.
La ciudad de Como, antigua cuna de la seda italiana, es además la puerta de entrada al Lago di Como. Sus aguas corren entre las cumbres de los Alpes por 150 kilómetros, hacia Suiza. Un lago bordeado por más de veinte pequeños pueblos  que asoman entre montañas. No faltan ruinas medievales y espléndidas villas construidas en los siglos XVIII y XIX, rodeadas de jardines. Algunos nombres inolvidables: la Villa d'Este en Cernobbio y el Sacro Monte de Ossuccio frente a la isla Comacina, un santuario con varias capillas del siglo XVII.








Bellagio, Lago di Como

Bellagio -  perla del Lago de Como, Stendhal hablaba de ello como la más hermosa vista 
de que existe en el mundo después de la bahía de Nápoles. el "Los poetas y los artistas 
están fascinados. 
Villa Melzi - Bellagio

Villa Serbelloni - Bellagio- Lago di Como

Bellagio - Lago di Como - Frazione Pescallo










Villa Monastero, Varenna


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Otoño en lago di Como






The Promenade into Varenna
Pontile di Arrivo

Localidad de Laglio en el Lago de Como
Localidad de Laglio en el Lago de Como.
Lombardía, Italia: Abendstimmung am Comersee


Lombardía, Italia: Lagi di Como

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villa d´este en Lago di Como
Revista Forbes lo considera el mejor hotel del mundo; Villa D´Este 


Varenne Lago di Como

Varenne Lago di Como
Varenna 2009, Lago di Como
Varenne Lago di Como
Foto de Varenna
Varenne Lago di Como

Varenne Lago di Como

Varenne Lago di Como



Los jardines de Villa Melzi.













BELLAGIO,Lago di Como


En 1837 el músico Franz Liszt pasó una temporada en Bellagio -hay una placa que lo recuerda en las escalinatas de la calle Salita Serbelloni, repleta de boutiques y restaurantes- donde compuso su célebre sonata inspirada en la lectura de Dante. El músico se alojó en el Hotel Genazzini, el primero que se construyó en Bellagio -en 1825- y hoy se llama Metropole. Uno de los grandes románticos italianos, Alessandro Manzoni, describió en su novela "I promessi sposi" la vista desde la Punta Spartivento -el promontorio de Bellagio "donde se dividen los vientos"- con los tres brazos del lago a los pies del viajero.
Hubo más visitantes literarios, entre ellos Mark Twain, Shelley, Stendhal y Dostoievsky. Dicen que cuando Stendhal describió la Villa Melzi sufrió su famoso "síndrome Stendhal": taquicardia y alucinaciones, que pueden ocurrir cuando el viajero ve obras de arte y paisajes maravillosos.

Grand Hotel Villa Serbellon, Lago
Grand Hotel Villa Serbelloni, Lago de Como



Bellagio

Lago di Como





Lago di Como Italy

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