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    domingo, 25 de diciembre de 2011

    Vittorio Gassman:un intérprete extraordinariamente profesional, versátil y magnético


    (Génova, 1 septiembre 1922 – Roma, 29 junio 2000)
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    Gassman y el teatro
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    Vittorio Gassman conocido popularmente como “Il Mattatore”, actor y director italiano de teatro ycine. Gassman está considerado entre los mejores actores italianos y reconocido como un intérprete extraordinariamente profesional, versátil y magnético. Su larga carrera incluyó desde importantes producciones hasta obras menores, casi divertimentos, que le proporcionaron una enorme popularidad.
    Su padre era originario de una rica familia alemana y su madre de Pisa. Se trasladó a Roma siendo joven, donde empezó sus estudios en la Accademia Nazionale d’Arte Drammaticadonde han estudiado algunas de las más importantes figuras del cine y teatro italiano.
    Su debut se produjo en Milán, en 1942, con Alda Borelli en la obra teatral “Nemica” de Niccodemi. En Roma formó después equipo artí­stico, que serí­a famoso, en el “Teatro Eliseo” conTino Carraro y Ernesto Calindri. Con ellos actuó en una serie de obras que iban desde la comedia burguesa hasta el teatro más sofisticado intelectualmente, sin ninguna diferente dificultad para transitar entre papeles tan diferentes.
    Fue con la compañí­a de Luchino Visconti con quien Gassman alcanzó su mayor éxito, junto con Paolo Stoppa, Rina Morelli y Paola Borboni. Interpretó un vigoroso Kowalski en la obra deTennessee Williams “Un tranví­a llamado deseo”, y resultó brillante en la “Rosalinda” deShakespeare y en el “Oreste” de Vittorio Alfieri. A continuación se unió al “Teatro Nazionale” con Tommaso SalviniMassimo GirottiArnoldo Foí , para un exitoso “Peer Gynt” de Henrik Ibsen.
    Con Luigi Squarzina en 1952 co-fundó y co-dirigió el “Teatro de Arte Italiano” produciendo la primersa versión completa de Hamlet y después obras como “Seneca’s Tieste” o “Eschilo, losPersas“.
    El año 1956 fue en su carrera, Gassman actuó en “Otelo” con el memorable Salvo Randone, intercambiando con él los papeles de Moro y Yago. Un poco después, hizo una serie de televisión “El Matador“, y fue apodado así­ hasta su muerte. Ese mismo año dirigió y actuó en una pelí­cula dedicada al teatro: Era una versión de “Kean“.
    Auténtico perfeccionista, siempre odió la dicción imperfecta o imperfecciones dialectales, pero él fue también capaz de dar, perfectamente y cuando era necesario, la mayor parte de casi todos los dialectos (italianos, e inflexiones). Aceptó el desafí­o de dirigir “Aldechi“, una de las menos conocidas y una de las más difí­ciles obras de Alessando Mazoni. Hizo un tour de esta obra, y fue vista por medio millón de personas, expandiéndose afuera de Italia con su teattro “Popolare Itinerante” (una nueva edición del famoso teatro “Carro di Tespi“.
    Su producciones incluyen autores famosos del siglo XX, con muchos clásicos de Shakespeare,Dostoievski y los Griegos. Él también fundó una escuela de teatro en Florencia, que formó a muchos de los actores más talentosos de esta generación.
    En el cine, trabajaba mucho en Italia y en el extranjero. Con su carisma y su fluidez en el inglés se ganó roles en Hollywood, fue ahí­ donde conoció a Shelley Winters y se casó con ella, para luego divorciarse en su regreso a Italia.

    Aunque tuvo mucho éxito en el cineGassman nunca dejó el teatro. En un momento de su carrera, incorporó la poesí­a a su repertorio; así­ traerí­a obras extranjeras a Italia.
    Gassman se casó con las actrices: Nora Ricci (con quien tuvo a Paola, una actriz y esposa de Ugo Paliai); Shelley Winters (madre de su hija Vittoria); Juliette Maynel (con quien tuvo a Alessandro, que también es actor), y por último con Diletta D’Andrea con quien tuvo a su hijo menor Jacoppo.
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    Gassman era un hombre de emociones intensas y un honesto intelecto; su notable sentido del humor y su propia ironí­a, hizo que en los 90 actuara en la popular serie de televisión “Túnel”, en la cual recitaba seriamente la cuenta de gas, la cuenta de luz o instrucciones. Lo hizo de la misma manera que cuando recito La divina comedia de Dante, la cual lo habí­a hecho famoso.
    Aclamado como actor, su vida era también bastante discutida por sus divorcios (un escándalo en los años 50 y en los años 60, luego su ateí­smo (luego tuvo un poco de fe). En sus apariciones públicas siempre hací­a un comentario original o inconveniente con la intención de molestar a ciertas clases sociales; también se ganó enemigos en el mundo de las artes por los mismas razones.
    En 1997 Vittorio Gassmann es galardonado con el Premio Prí­ncipe de Asturias de las Artes.
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    En sus últimos años fue víctima de la depresión. Murió de un ataque al corazón en su casa en Roma.
    Gassman y el cine
    Su debut en el cine fue en Preludio d’amore (1942, Giovanni Paolucci); al año siguiente, apareció ya en cinco pelí­culas. En 1948 su famoso interpretación en Arroz amargo (1949, Giuseppe De Santis) demostró su pasión por el cine y su capacidad para resultar eficiente tanto en el teatro como en el cine.
    Cuando Gassman debuta en el cine, en 1946, con Preludio d’amore, ya tení­a 40 obras teatralessobre sus espaldas y un cierto reconocimiento. Sin embargo, el cine, debido a su galanura, le elige como héroe de pelí­culas de acción y aventuras de capa y espada que no dan, precisamente, gran brillo a sus comienzos, marcados también por su facilidad para incorporar papeles de malvado.
    Dos tí­tulos históricos sientan las bases de lo mejor de su aportación a la pantalla: Arroz amargo(1949, Giuseppe de Santis), y Ana (1951, Alberto Lattuada), ambos con la muy erótica estampa de una gran actriz, Silvana Mangano.
    Pero es muy probable que, en aquellos años, el joven Gassman se sintiera más satisfecho de haber hecho “Tobacco Road” en teatro, bajo la dirección de Luchino Visconti, que de sus incursiones en el cine.
    Es el teatro, y no el cine, quien le pone imprevistamente bajo los focos de los ojeadores de Hollywood. Así­, en 1953, es fichado por la MGM para hacer pelí­culas en América, un contrato por siete años que termina abrupta e insatisfactoriamente, ya que cuatro pelí­culas en Hollywood y una breve catástrofe matrimonial con la trepidante actriz norteamericana Shelley Winters le dejan un amargo sabor de boca y una fama, en Estados Unidos, de actor temperamental e imprevisible.
    Estuvo con Gloria Grahame en The Glass Wall (1953, Maxwell Shane); con Yvonne de Carlo, enSombrero (1953, Norman Foster), y con Elizabeth Taylor en Rapsodia (1954, Charles Vidor), pero todo eso no sirvió de mucho, salvo para ser requerido espaciadamente, pero vez tras vez, en superproducciones americanas que se rodaban en Europa: Guerra y Paz (1956, King Vidor), por ejemplo y en pelí­culas en las que se seguí­a pugnando por introducirle en EE.UU. junto a lubricantes estrellas como Ann-Margret, Mickey Rooney, Joan Collins o Shirley McLaine.
    A EE.UU., contradictorio polo de atracción, volvió de la mano de Robert Altman en Un dí­a de boda(1977) y Quinteto (1979, Paul Mazursky), en Tempestad (1982, Paul Mazursky) y, a punto del fundido final, en Sleepers (1996, Barry Levinson).
    El “gran giro” en la carrera cinematográfica de Vittorio Gassman llegó con Rufufú (1957, Mario Monicelli). Nació entonces el actor cómico, aunque siempre algo patético. Monicelli, con tí­tulos decisivos como La gran guerra (1959) y La armada Brancaleone (1966) es uno de los directores de su vida.
    El otro es el estupendo, aunque irregular, director de comedias Dino Risi. El palmarés conjunto es deslumbrante: El estafador -Il mattatore- (1960), La marcha hacia Roma (1962), La escapada(1962), Monstruos de hoy (1963), Un tigre en la red (1967), En nombre del pueblo italiano (1971) y, entre otras, la ya mí­tica Perfume de mujer (1976), que le vale a Gassman el Premio de Interpretación Masculina del Festival de Cannes.


    El cine europeo le reclamó en las últimas dos décadas. Así­ hizo Benvenuta (1983, André Delvaux); La vida es una novela (1983, Alain Resnais); y La familia (1987, Ettore Scola), otro director muy próximo a su trayectoria con Una mujer y tres hombres (1974) y La terraza (1980).
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    NOS HA DEJADO VITTORIO GASSMAN

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    Ser disecado. Ser disecado como ciertas aves u otras presas venatorias, relleno de paja, ser instalado en el comedor o en el saloncito de su casa, provisto de un discreto mecanismo de articulación de movimientos y de una cinta magnetofónica que pudiera reproducir, mediante un ingenio activador, sus frases más queridas, era, con el fin de agradar y aleccionar a las visitas, el deseo que Vittorio Gassman tení­a para después de muerto.
    “Al grano, muchachos, no estamos aquí­ para divertirnos”. Esa serí­a una de sus máximas elegidas para reconvenir a sus amigos y a sus deudos, para intervenir significativamente en sus conversaciones.
    Así­ manifiesta Vittorio Gassman sus postreras voluntades en un libro magní­fico, sus memorias, titulado “Un gran porvenir a la espalda”, publicado originalmente en 1981 y editado en castellano en 1983.
    El libro es una muestra deslumbrante del humor, de la ironí­a, de la inteligencia y de la mala idea de este actor singular, dramáticamente enamorado de su oficio, que murió el 29 de junio en Roma a la edad de 77 años.
    Ese afán, entre bromas y verdades, de ser inmortal, de estar presente entre los suyos una vez muerto, de conservar la voz y la palabra, es altamente significativo de su idiosincrasia, de su aprecio de sí­ mismo, de la intensa valoración que él tení­a de su propio protagonismo.
    Vittorio Gassman nació en Génova el 1 de septiembre de 1922. Su padre, muerto en la infancia del actor, era austriaco y su madre, florentina. Dotado de un fí­sico deportivo, atractivo y llamativo por su estatura, el adolescente Vittorio practicó con éxito el baloncesto, llegando a formar parte del equipo nacional italiano a la edad de 17 años.
    Abandonó sus incipientes estudios de Derecho para, con el apoyo de su madre, ingresar en la Academia Nacional de Arte Dramático de Roma. El teatro fue la plataforma de su formación, el núcleo de su vida.
    Debutó en escena en Milán, en 1943, en la compañí­a de Alda Borelli. Luego siguió su carrera bajo el paraguas protector de egregias figuras de la tarima como Elsa Merlini, Evi Maltagilati y Laura Adani.
    En el teatro alcanzó su éxito inicial, se hizo actor y célebre y famoso. Siempre amó el teatro, siempre hizo teatro, siempre consideró el teatro como un arte superior que daba sentido a su vida frente a las azarosas veleidades del cine.
    Siempre fue leal al teatro, aun siendo ya una estrella del cine italiano, europeo y universal. Su primer “Hamlet” data del año 1952. Su primera compañí­a propia, el Teatro Popolare Italiano, en asociación con Luigi Squarzina, se remonta a 1954: Sófocles, Shakespeare y Tennessee Williams son autores que ya representó en aquella primera época.
    El éxito de su vida sobre las tablas es “Kean”, la versión de Jean-Paul Sartre sobre la obra de Alejandro Dumas, padre, basada en la vida del genial actor teatral. Gassman transmitió con ella su visión acerada del intérprete de teatro y la eligió, en 1956, para su debut como director de cine junto a Francesco Rosi.
    El teatro ha sido la vida de Vittorio Gassman que, en diferentes momentos, renegó de su trayectoria en el cine, que no siempre estuvo marcada por la excelencia, como en el caso de otros actores sublimes de su paí­s, manejados por las cambiantes circunstancias del cine italiano.
    Padre de cinco hijos, unido establemente a varias mujeres (Nora Ricci, Annette Stroyberg, Juliette Mayniel Selley Winters y, la última, Diletta D’Andrea) e inestablemente a una infinidad, fumador compulsivo hasta nacer su último hijo, bebedor de gran cuajo, vitalista y depresivo, poeta con poemario publicado “Vocalizzi” (1988), director de cuatro pelí­culas raras y arriesgadas, que apenas traspasaron las fronteras italianas.


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    Un vanidoso incorregible
    “No me considero irremplazable dijo alguna vez Vittorio Gassman, ¿pero qué hará el mundo sin mí­?”.
    Vanidoso, polémico, mujeriego pertinaz, se casó varias veces, pero sus aventuras amorosas superaron ampliamente lo que le hubiesen permitido los papeles.
    Tuvo cuatro hijos cada uno de ellos fruto de una relación distinta, una nieta y dos bisnietos. Con su tercer hijo, Alessandro, también actor, compartió en los últimos años múltiples escenarios. El cuarto, Jacoppo, nacido de su matrimonio con Diletta D’Andrea, llegó cuando Gassman se acercaba a los 60 años.
    Era imponente, contradictorio, impetuoso y hasta egocéntrico. Amaba la irracionalidad y la volcaba en sus obras.
    “Los jóvenes actores decí­a saben más cosas que nosotros y son más elegantes, pero no tienen la rabia, el sentido de la desmesura que tení­amos antes. Esta es una profesión que no se basa totalmente en la racionalidad: la parte loca es más interesante que la parte lógica”.
    Acerca de su éxito, él consideraba:
    “No soy un italiano típico, tal vez esto me haya ayudado’”.
    Se referí­a a la inclinación natural de sus compatriotas a la exageración. Y esto era, según el artista, más un obstáculo que una ventaja en la profesión.
    El periódico “International Herald Tribune” lo calificó como “la figura más diversificada del teatro italiano’”. Gassman se compenetraba en sus papeles, se sumergí­a en las profundidades del alma humana, manifestaban los entendidos.
    “Sus interpretaciones son históricas. No se pueden describir con palabras”, señalaron los crí­ticos tras su lectura de La divina comedia de Dante.
    Monologuista y practicante del género “one man show” sobre las tablas, histriónico, excesivo, egocéntrico, chocarrero, villano, galán, caradura y malintencionado, embustero por debilidad y oficio, en una confusión indiscernible entre la pantalla y la vida, Vittorio Gassman, que en 1991 rodó en España El largo invierno (1992, Jaime Camino), ha sido -con Ugo Tognazzi, Alberto Sordi, Marcello Mastroianni y Nino Manfredi, más joven-, el “representante de un modo de ser mediterráneo y latino” cuyo comportamiento moví­a a la compasión, a la ternura y a la carcajada y cuya inexorable desaparición nos arrastra a la pérdida de la imagen de nosotros mismos. A inconsolable tristeza de haber perdido algo nuestro muy valioso
    Vittorio Gassman y Shelley Winters (1952)

    Arroz amargo (1949) con Silvana Mangano
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    La escapada (1962) con Jean-Louis Trintignant
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    Quinteto (1979) con Paul Newman

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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