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    domingo, 25 de diciembre de 2011

    El extraordinario Alberto Sordi

    Alberto Sordi


    (Roma, 15 junio 1920 – Roma, 25 febrero 2003)
    Alberto Sordi -años después apodado en Italia “Albertone”- se dio a conocer a los 17 años con un número cómico; ese mismo año ganó el concurso organizado por la MGM para encontrar el doble de Oliver Hardy. Simultáneamente fue contratado en revistas y se dio a conocer gracias a su voz y su fí­sico.
    En el cine, comenzó a interpretar pequeños papeles a partir de 1937. Siempre activo en numerosas revistas en las que obtuvo éxito, tuvo problemas para hacerse un hueco en el cine: aún más, conquistó su popularidad inicial gracias a una serie de emisiones radiofónicas en 1947-48.
    Su carrera cinematográfica fue lenta; se hizo gracias a una serie de pelí­culas en las que esbozaba un retrato mordaz del italiano, llegando a controlar perfectamente sus recursos y el público hizo de él uno de sus actores favoritos. Después se lanzó a la dirección, actividad a la que fue dedicándose cada vez más. Por otra parte el actor siguió con su descripción del italiano tí­pico dentro y fuera de las fronteras de su paí­s. Fue uno de los actores más caracterí­sticos de su generación, un hombre que a través de la singularidad de sus personajes expuso la evolución de la sociedad italiana desde la inmediata posguerra hasta nuestros dí­as.
    Su primer papel importante fue en I tre aquilotti (1942, Mario Mattoli).
    Bastante activo en la posguerra en el mundo de la revista y de la radio, dio vida a personajes -el señor Coso, Mario Pio y el conde Claro- que le permiten ganar una gran popularidad y, gracias a De Sica y Zavattini, trabajar en Mamma mia, che impressione! (1951, Roberto Savarese).
    En El jeque blanco (1952)
    Su carrera da un giro radical gracias a Federico Fellini; en El jeque blanco (1952) y Los inútiles(1953) se presenta en el papel de un joven perezoso, cobarde, indolente y listo; papel que después irá repitiendo, al menos, hasta La Gran Guerra (1959, Mario Monicelli).
    Sucesivamente, recrea una galerí­a de personajes, casi siempre de signo negativo, caracterizados por una maldad en la que se sospecha una cierta satisfacción; pero, en cualquier caso, siempre bajo unas dotes interpretativas auténticamente personales.
    Entre su larga filmografí­a cabrí­a citar: El seductor (1954, Franco Rossi); Un americano en Roma(1954, Steno); El marido (1958, Gianni Puccini); Todos a casa (1960, Luigi Comencini); Vida difí­cil(1961, Dino Risi); Mafioso (1962, Alberto Lattuada); El médico de la mutua (1968, Luigi Zampa);Detenido en espera de juicio (1971, Nanni Loy); Bello, honesto, emigrado a Australia quiere casarse con chica intocada (1971, Luigi Zampa); Sembrando ilusiones (1972, Luigi Comencini);Un burgués pequeño, muy pequeño (1977, Mario Monicelli).
    Guionista de muchos de sus filmes, debutó como director de sí­ mismo con Un italiano en Londres(1966); y, luego, intensificó cada vez más esta actividad y dirigió pelí­culas como El gran amante(1967), Un italiano en América (1967); Amor mí­o ayúdame (1969); Tres parejas -un segmento- (1970), Esa rubia es mí­a (1973); Mientras hay guerra hay esperanza (1974); Il comune senso del pudore (1976); Vicios de verano -un segmento- (1978); Io e Caterina (1980); Il tassinaro (1983);Tutti dentro (1984) y hasta un total de 18 tí­tulos.
    Como actor y director -y guionista-, su último trabajo fue Encuentros prohibidos (1998).
    Murió el 25 de febrero de 2003 a la edad de 82 años, tras una larga carrera y una filmografí­a que cuenta 150 pelí­culas, algunas de las cuales siguen siendo unos auténticos hitos en la historia del cine italiano.
    En Nestore l’ultima corsa (1994)
    Historia de un pobre hombre
    En Historia de un pobre hombre (1995)

    Alberto Sordi era el cuarto hijo de Pietro Sordi, un profesor de música, que tocaba la tuba en la orquesta del Teatro de la í“pera de Roma, y de Marí­a Righetti, una maestra. Nace en el barrio popular del Trastévere, en Roma, el mismo de Claudio Villa y de muchos otros artistas de la posguerra.

    Sus primeras experiencias: Extra, doblador, actor de revista y de radio

    Ya en la escuela primaria empieza a improvisar pequeñas obras con un teatro de marionetas para un público de su misma edad, además de cantar como soprano en el coro de voces blancas de laCapilla Sixtina dirigido per Lorenzo Perosi. En 1936 graba un disco de cuentos para niños, que encarga la casa discográfica Fonit y con lo que gana deja las clases en el Instituto de Comercio y se traslada por un breve tiempo a Milán, donde estudia dicción. De allí­ será expulsado, al parecer a causa de su acento dialectal romano (mucho más tarde, el 27 de abril de 1999, se le concedió un diploma ad honorem). Sin embargo obtuvo el tí­tulo más adelante, presentándose como alumno libre.
    De regreso a Roma, en 1937 encuentra trabajo como extra en Cinecittí  (en la superproducciónEscipión el Africano, en un papel de soldado romano) y gana un concurso de la Metro-Goldwyn-Mayer para doblar la voz de Oliver Hardy (primero se hizo llamar Albert Odisor, con Mauro Zambuto que doblaba en italiano a Stan Laurel). Trabaja en esto hasta 1951 doblando a Bruce BennettAnthony QuinnJohn IrelandRobert MitchumPedro Armendáriz y, entre los italianos, a Franco Fabrizi y hasta a Marcello Mastroianni en sus comienzos.
    Su voz es muy reconocible también en la obra maestra de Vittorio de Sica
    Ladrón de bicicletas (1948), en la pelí­cula de Alessandro Blasetti
    Prima comunione (1950) y en el curioso filme Los pingüinos nos miran (1956) dirigido por Guido Leoni, en el que los animales de la pelí­cula hablan con voces de actores famosos. Por una extraña curiosidad, como actor sólo fue doblado por otros actores dos veces: en Cuori nella tormenta dirigida por Carlo Campogalliani en 1940, doblado por Gualtiero De Angelis, y en Il Passatore de Duilio Coletti en 1946, donde interpretando el papel de un bandido, le prestó la vozCarlo Romano.
    En el teatro, tras el fracaso con la compañí­a de Aldo Fabrizi y Anna Fougez en 1937 en el espectáculo San Giovanni, se dedicó a la revista como bailarí­n de fila de la compañí­a de Guido Riccioli y Nanda Primavera en 1939 con el espectáculo Ma in campagna í¨ un’altra… rosa. Otras obras conocidas fueron Imputati… alziamoci! (1945) de Michele GaldieriSoffia so…(1946) de Pietro Garinei y Sandro Giovannini, y finalmente, en la temporada de 1953Gran baraonda que volvieron a dirigir Garinei y Giovannini, que será su última aparición de teatro, junto con Wanda Osiris, a la que dirigirá en 1973 en una secuencia de su pelí­cula Esa rubia es mí­a.
    Gracias a la radio, durante la temporada 1947-1948, empieza a hacerse famoso con algunos programas donde crea algunos personajes que alcanzan una gran popularidad. Uno de esos, Mario Pí­o lo interpretará en la primera pelí­cula de Mauro BologniniLos esperamos en la galerí­a de1953. También con origen radiofónico en 1947, rodará Il vento mi ha cantato una canzone deCamillo Mastrocinque, junto a Loris Gizzi, Galeazzo Benti y Laura Solari, donde interpreta el papel del amigo de un cantante en busca de fama nacional en un programa de la ficticia “Radio Sibilla”.
    (foto da internet)

    Su carrera cinematográfica


    Durante diez años tendrá pequeños papeles en veinte pelí­culas, salvo I tre aquilotti de Mario Mattí²li, en la que era uno de los protagonistas, en la pelí­cula de Camillo Mastrocinque ya mencionada, y en la que trabajaba con el actor genovés Gilberto Govi y con Walter Chiari en el papel de un empresario argentino en Che tempi!, versión cinematográfica de la comediaPignasecca e Pignaverde de Emerico Valentinetti. Destaca en 1951 con una pelí­cula deRoberto Savarese, con guión de Cesare Zavattini, producida por Vittorio De SicaMamma mia che impressione!. Entre estas pelí­culas desconocidas podemos citar una pelí­cula redescubierta hace poco: Via Padova 46, de Giorgio Bianchi (1953, en la que Sordi interpreta el papel de un cursi vecino de casa del pobre Peppino De Filippo, un modesto empleado que buscaba una aventura sentimental con una muchacha.

    Entre 1952 y 1955 Sordi alcanza el estrellato dentro del mundo del cine, con dos pelí­culas deFederico FelliniEl jeque blanco (1952) y Los inútiles (1953). Luego seguirán otras tres pelí­culas dirigidas por StenoUn dí­a en el juzgado (1953), Un americano en Roma (1954) y Piccola posta(1955), en la que interpretará su personaje del joven un poco cobarde, oportunista, aprovechado, indolente, vago, infantil y anti-idealista que lo acompañará durante los años 1950. Su popularidad se hace enorme, aunque en sus comienzos nadie creyera en él (los empresarios que alquilaban las pelí­culas, al principio, no querí­an que su nombre apareciera en los carteles porque opinaban que al público no le gustaba) y Alberto Sordi empieza a rodar entre 8 y 10 pelí­culas cada año.
    Con la llegada de la llamada comedia italiana dio vida a muchos personajes casi todos negativos de “tí­pico italiano”, poco edificantes pero que se correspondí­an a una realidad evidente, dibujados con una cierta malicia pero siempre valorables debido a su caracterí­stica dicción. Con frecuencia colaboró en los temas y guiones de las pelí­culas en las que participaba (casi 150) y en todas las que dirigió (18). Sordi, con una carrera de más de cincuenta años ha creado un completo muestrario de la historia de los valores y del las costumbres del italiano tí­pico, desde el periodo de la guerra hasta nuestros dí­as, con algunas bajezas, pero en fondo justificado por su buen corazón y por su capacidad de soñar con los ojos abiertos.
    Resulta prácticamente imposible enumerar todas sus interpretaciones, pero hay que citar al menos algunos personajes que han pasado a la historia de la comedia italiana: entre estos el maestro suplente Impallato, que descubre a un alumno con unas caracterí­sticas excepcionales para la canción lí­rica y lo explota para obtener fama y riqueza en Braví¬ssimo (1955) de Luigi Filippo d’Amico; el gondolero de Venecia, la luna y tú (1958) de Dino Risi; el marido vejado por su mujer y endeudado en Il vedovo (1959), también de Risi junto a Franca Valeri, o el despreciable componente de una comisión censora que juzga despiadadamente carteles y pelí­culas picantes y en privado contrata con fines inmorales bailarinas de night-club en Il moralista(1959) de Giorgio Bianchi.
    Tras la conmovedora obra maestra de Mario Monicelli
    La gran guerra (1959) en la que representa a un soldado vago y escaqueador, que se ve obligado a morir como un héroe sin desearlo, demuestra que tiene un talento extraordinario cuando se sumerge psicológicamente en personajes dramáticos y a veces francamente grotescos. A partir de los años 1960 podemos citar al subteniente Innocenzi de Todos a casa (1960) de Luigi Comencini, al fiscal inflexible con los débiles y siempre dispuesto a arrodillarse ante el poderoso de turno en El alcalde, el guardia y la jirafita (1960) de Luigi Zampa, al periodista de Una vida difí­cil (1961) de Dino Risi, al industrial en bancarrota dispuesto a vender un ojo para reajustar sus finanzas y contentar a una mujer demasiado exigente en Il Boom (1963) de Vittorio De Sica; el médico de la mutua dispuesto a cualquier compromiso para entrar a trabajar en una clí­nica de lujo en las dos pelí­culas Il medico della mutua (1968) de Luigi Zampa y El Prof. Dott. Guido Tersilli, primario de la clí­nica Villa Celeste, en acuerdos con los seguros (1969) de Luciano Salce; el editor que sale a la búsqueda del cuñado perdido en África en Riusciranno i nostri eroi a ritrovare l’amico misteriosamente scomparso in Africa? (1968) de Ettore Scola; el geómetra encarcelado sin motivo mientras estaba de vacaciones de Detenuto in attesa di giudizio (1971) de Nanni Loy(por este papel consiguió en 1972 el Oso de Oro en el Festival Internacional de Cine de Berlí­n). El damnificado que una vez al año junto con la mujer (Silvana Mangano) organiza interminables juegos de naipes en la villa lujosa de una rica y estrafalaria señora con secretario y ex amante que la siguen (Bette Davis y Joseph Cotten) en Lo scopone scientifico (1972) deLuigi Comencini, hasta el terrible, y por muchas razones insostenible, papel en Un borghese piccolo piccolo (1977) de Mario Monicelli, que representa su punto más dramático y malvado. Con Monicelli recitará nuevamente en el doble, burlón y amargo papel sostenido en Il marchese del Grillo (1981). Actuará, con resultados diversos, en algunos textos literarios y teatrales clásicos, como los de Molií¨re en El enfermo imaginario de 1979 y El avaro de 1990, ambos dirigidos por Tonino Cervi) y Romanzo di un giovane povero, del 1995, por Ettore Scola, que en2003, después de la muerte de Sordi, le dedicará el film Gente di Roma. Sordi fue premiado con cinco Nastro d’Argento y con siete David de Donatello, y en 1995 obtiene el prestigioso León de Oro por su carrera cinematográfica en el Festival de Venecia.

    Detrás de la cámara cinematográfica

    Dirigió 19 pelí­culas, a partir del 1966. La primera fue Fumo di Londra, basado en los convencionalismos de comportamiento y sociales de un italiano expatriado temporalmente (tema ya afrontado por Gian Luigi Polidoro) y Scusi, lei í¨ favorevole o contrario? retrato de un adinerado comerciante de telas, separado de su mujer, con tantas amantes para mantener como son los dí­as de la semana en una Italia de los años 1960 sacudida por las polémicas sobre elreferéndum sobre el divorcio. Obtiene buenos resultados en tres pelí­culas junto a Monica Vitti,Amore mio aiutami (1969), Polvere di stelle (1973) y Yo sé que Tu sabes que Yo sé (1981). Sus mejores trabajos detrás de la cámara son: su obra maestra Un italiano in America (1967), junto aVittorio De Sica, y el episodio Le vacanze intelligenti de la obra colectiva Dove vai in vacanza?(1978). Memorables son el personaje del taxista en las dos pelí­culas Il tassinaro (1983, donde realiza duetos cómicos con el mismo presidente de Italia Giulio Andreotti y con el viejo amigoFederico Fellini), y Un tassinaro a New York (1987). Muy interesante la colaboración con Carlo Verdone, considerado por muchos su heredero natural (con estilos y temáticas diferentes) en los filmes In viaggio con papí  (1982) y Troppo forte (1986). Pero su pelí­cula preferida, entre las dirigidas, es la melancólica Nestore, l’ultima corsa (1993), donde interpreta un cochero reacio a llevar su caballo al matadero. Las imágenes del matadero son de una dureza desconcertante y de verdad inéditas para una pelí­cula de Sordi. La última pelí­cula que dirige es la mediocre y desafortunada Incontri proibiti (1998) junto a Valeria Marini y Franca Faldini, presentado en2002 en cine y televisión con montaje diferente y otro tí­tulo, Sposami papí .

    Las canciones y la televisión


    Hay que destacar la fructí­fera colaboración artí­stica con el guionista Rodolfo Sonego, que trabajó en muchas pelí­culas suyas desde 1954 (Il seduttore de Franco Rossi es su debut) y con elcompositor
    Piero Piccioni, que ha firmado muchas de las bandas sonoras de sus pelí­culas más famosas, como algunas de sus famosas canciones irreverentes y un poco maliciosas. Colabora además junto al periodista Giancarlo Governi, a partir de 1979, a realizar la apreciada transmisión Storia di un italiano, y no deja de participar en muchos programas de televisión (como Studio Uno, junto a la cantante Mina, en 1966) donde demostraba gran sarcasmo y buen humor. El dí­a de su octuagésimo cumpleaños, el 15 de junio del 2000 el alcalde de RomaFrancesco Rutelli, le cede por un dí­a el “cetro” de la ciudad de la que fue nombrado hijo predilecto, y de la que se habí­a burlado mostrando vicios y falsas virtudes.

    Su fin

                                              Ultimo saludo de Alberto Sordi 18 -12-2001 

    Después de una larga enfermedad, Sordi muere el  25 de febrero de 2003, a la edad de 82 años. Los restos son trasladados a la sala de armas del Campidoglio, donde por dos dí­as recibió el homenaje ininterrumpido de una multitud inmensa; el 27 de febrero del 2003 se celebran funerales solemnes en la Plaza San Giovanni, delante de casi 300.000 personas. Después será enterrado en la tumba de familia. La vida privada de Sordi fue siempre llevada con extrema discreción y reserva: ningún enlace sentimental oficial, ningún matrimonio contraí­do, vivió siempre en su casa junto con sus hermanas Savinia (muere en el 1972) y Aurelia, con su hermano Giuseppe, su administrador y con la secretaria Annunziata que actualmente está encargada de sus archivos personales.



    http://www.claqueta.es/actores/vittorio-gassman.html

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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