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    domingo, 24 de julio de 2011

    Lucian Freud, el pintor que le dio un nuevo sentido al desnudo

    “LA SUPERVISORA DE SUBSIDIOS DURMIENDO”. El cuadro que lo convirtió en el pintor vivo mejor cotizado del mundo.
    “LA SUPERVISORA DE SUBSIDIOS DURMIENDO”.

    En 2008 se convirtió en el artista vivo mejor cotizado, cuando se pagaron 33,3 millones de dólares por su obra “La supervisora de subsidios durmiendo”.
     Lucian Freud, el artista que reformuló el arte del retrato y ofreció un nuevo enfoque del arte figurativo, murió el miércoles en su casa de Londres. Tenía 88 años. Era nieto de Sigmund Freud y ya era una figura importante en el mundo del arte de Londres cuando, en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, comenzó una serie de retratos que lo consagraron como una voz nueva y potente.
    Desde fines de la década de 1950, los desnudos de Freud adquirieron una nueva carnalidady volumen. El artista llevaba al límite a sus modelos, muchas veces amigos íntimos. Eran sesiones agotadoras, día tras día. Sus rostros muestran fatiga, angustia, aletargamiento.
    Freud había nacido en Berlín en 1922. Su padre, el arquitecto Ernst, fue el hijo menor de Sigmund Freud. En 1933, luego de la llegada de Hitler al poder, los Freud se mudaron a Londres, donde Lucian mostró pocas dotes académicas, pero una escultura –un caballo en arenisca– le permitió ingresar a la Central School of Arts and Crafts de Londres. Era un bohemio, le gustaban los barrios sórdidos y los juegos de azar (“las deudas me estimulan”, dijo una vez). En 1948, se casó con Kitty Garman, a quien pintó en varios retratos, como “Niña con rosas”.
    Sus primeras obras, a menudo con una narración implícita, tenían una fuerte influencia de pintores de la Neue Sachlichkeit (Nueva Objetividad) alemana, como Otto Dix, aunque sus influencias se remontan a Alberto Durero y los maestros flamencos. Y a veces se aventuró en el surrealismo.
    Una influencia decisiva fue Francis Bacon, un artista que como él estuvo en la Bienal de Venecia de 1954 y que aparece en una de sus obras más famosas, una cabeza pintada en óleo sobre cobre. La libertad de Bacon inspiró a Freud para dejar los retratos lineales y pasó a un estilo de retrato más áspero. “Los colores profundos y saturados tienen una significación emocional que quiero evitar”, dijo una vez. A su biógrafo, Lawrence Gowing, le dijo: “Para mí, la pintura es la persona”.
    Freud tenía una fuerte inclinación autobiográfica. “Mi obra es enteramente sobre mí y mis alrededores”, dijo. Y sólo en raras ocasiones, Freud aceptó pintar un retrato oficial, como el que hizo del coleccionista Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza, totalmente vestido, en “Hombre en una silla”. Su grave retrato de la reina Isabel (2001), que la muestra coronada por la una diadema de diamantes, dividió las aguas. Algunos críticos elogiaron la pintura diciendo que era veraz, pero un editor de arte de The Times, de Londres, escribió: “El cuello no deshonraría a un pilar de rugby”. El fotógrafo real dijo que “deberían encerrar a Freud en la Torre de Londres”.
    "Era nieto de Sigmund Freud. Trabajó los desnudos con carnalidad y volumen. Murió en Londres, a los 88 años."

    POR WILLIAM GRIMES - THE NEW YORK TIMES


    Naked with reflection" Lucian Freud



    Pintó los cuerpos de un mundo sin dioses a quienes parecerse

    PorEDUARDO IGLESIAS BRICKLES
    Todavía, a los 88 años, pintaba parado. Sentado decía que le daba dolor de cabeza. No le gustaba trabajar con modelos profesionales. Sus obras, entonces, se basan en los cuerpos de sus amigos o conocidos con los cuales, previamente y después de intensas negociaciones, establecía reglas estrictas. 
    Retrató a personas de todas las clases sociales –desde la reina Isabel hasta quinieleros, artistas y delincuentes– y su elección casi siempre estuvo supeditada a su impulso personal.
    Robert Hughes lo describió hace veinte años como “el mayor pintor realista vivo”. La etiqueta de “realista” lo pone a Freud en una tradición que va desde Rembrandt y Velásquez hasta Courbet y Degás. Pero Freud fue más allá de los rótulos. 
    Hizo del desnudo el nudo central de su obra, y con eso ha contribuido a modificar el concepto acerca del género. 
    Plantándose justo en el límite de lo morboso, pintó a los modelos como si fueran reses en un frigorífico; unos cuerpos derrumbados sobre camas y sofás. 
    Si el arte del pasado utilizó el desnudo para descubrir una belleza primigenia que hacía a los seres humanos parientes de los dioses, Freud canceló aquella pretensión. 
    Porque sin dioses a los cuales parecernos, sus pinturas representan lo que queda de nosotros.

    Fallece Lucian Freud, el pintor de los desnudos carnales










    Lucian Freud. Tres cuadros
    MANUELA MENA
    El Pais 23/07/2011
    Vestía una camisa blanca con el cuello levantado, que enmarcaba su cabeza, y los pliegues naturales de un secado sin plancha; al desgaire, en lugar de corbata, un ligero foulard de rayas negras y grises formaba parte de su naturaleza más que de su indumentaria. Así le vi por primera vez, hace 25 años. Se sentó a contraluz con descuidada afectación, pero un pintor sabe cómo manejar la luz y ésta rodeó mágicamente su cabeza de rasgos finos haciendo su piel translúcida, y luminosa, y sus ojos verdes más brillantes. Cuando logré concentrarme en sus palabras, con su voz apagada, lentamente, estaba diciendo que él no había tenido nunca problemas para elegir el tema de sus cuadros. Y después de unos segundos sonrió, acentuándose entonces maliciosamente, casi con perversidad, la curva característica, histórica, de su nariz.

    Captó en un limitado espacio la soledad y el aislamiento de todos nosotros

    Por su nombre le pregunté hace pocos meses, la última vez que le vi. Conservaba intacta toda la fascinación intensa de su rostro: "Era el nombre de mi madre... Lucy, Luz, y ella le parecía que yo tenía luz". Hay solo otro gran pintor que lleva esa raíz luminosa unida al nombre: Goya. Goya y Lucientes, que no usó más que una vez, para subrayar en su autorretrato, al inicio de los Caprichos y con plena conciencia, que con esa serie de imágenes notables su voluntad era iluminar a sus contemporáneos para que se fijaran en la ignorancia, la superstición, la maldad o el engaño de sus semejantes. Lucian Freud siguió en su pintura ese camino de desentrañar la verdad sobre el ser humano, iluminando con potencia a sus semejantes, para que ni un solo pliegue de sus cuerpos ni un solo escondrijo de sus almas quedara oculto al espectador.

    Freud ha vivido lo suficiente para saber sin sombra alguna de duda el lugar exacto que su arte había alcanzado en el mundo actual, pero eso no es suficiente para un artista. Quieren saber también algo más difícil: ¿Qué les deparará el futuro, hasta dónde llegará su fama? ¿Dejarán huella? ¿Serán como Velázquez? Es difícil, usando los métodos de un historiador de arte, hacer con ellos esa labor profética, imposible. En el caso de Freud, como en el de todos los que fueron grandes en su tiempo, su arte seguirá apreciándose durante años, tal vez muchos años, porque su obra es singular por la técnica rica e imperecedera, en la mejor tradición del uso de la materia y del color de los grandes pintores del pasado, esa tan sencilla del óleo sobre el lienzo; después caerá en el olvido, en cien años tal vez, oscurecido por el tiempo y las obras de quienes ya vienen detrás de él. Sin embargo, analizando sus retratos, sus naturalezas muertas, sus paisajes urbanos, es evidente que Freud analizó su tiempo, el siglo XX europeo, con el desapasionamiento necesario para describirlo verazmente, más bien para definirlo con esa profundidad que siempre ha garantizado la pervivencia de una obra de arte o de un artista. Freud será, como su abuelo, una de las figuras clave para entender ese siglo XX ya pasado, tan lejano en la historia como desde ayer lo está él mismo, por haber captado en el limitado espacio de la superficie de una pintura la soledad y el aislamiento de todos nosotros, la frialdad de nuestra sociedad, la incomunicación, el existencialismo como el pensamiento dominador de nuestras vidas; y esa cierta sensación de vacío que lleva a la náusea, la sensación distintiva del siglo XX. Su mundo es un mundo quieto, un mundo en que la still-life (la vida quieta de nuestros bodegones) ha ganado la batalla a la acción. Fuerza a sus personajes a la desnudez, a todos ellos, a sus amantes, a sus hijas, a sus amigos, a los ricos y a los pobres, y les obliga a la quietud y al reposo del simbólico sofá: pero a él no le interesan los sueños de sus modelos / pacientes. En él el sueño se esconde detrás de la fachada de las cosas y de las personas, y es inaccesible o irrelevante.

    Como todos los artistas, Freud fue un devorador insaciable del arte ajeno. De sus contemporáneos y amigos y de los que vivieron antes que él. El arte de muchos de ellos se revela indefectiblemente en su pintura. Desde sus primeras obras cercanas a la pureza del renacimiento alemán, de esos retratos a lo Durero de su juventud, hasta la materia metafísica de Chardin de sus últimos cuadros. A Freud era fácil encontrarle en los restaurantes de moda y esa capacidad suya de apreciar la materia de la vida superficial a veces despista al observador, que no acaba de comprender que el trabajo del artista es obsesivo e incesante, que se debe por encima de todo a esas horas interminables en el estudio. En el de Freud queda ahora un cuadro inacabado en el caballete. En marzo del año pasado, tras la inauguración en París de su última gran exposición, Lucian Freud visitó El Prado por última vez. Fue un paseo lento, solitario, del artista recreándose en la pintura, interrumpido por el alto inevitable que le exigían algunas obras de Tiziano o de Velázquez.


    Manuela Mena es jefa de conservación de pintura del siglo XVIII y Goya en el Museo del Prado. Actualmente trabaja en un proyecto conjunto


    Fallece Lucian Freud, el pintor de los desnudos carnales El nieto de Sigmund Freud fue, junto a Francis Bacon, uno de los más brillantes representantes de la Escuela de Londres
    FRANCISCO CALVO SERRALLER

    21/07/2011
    El pintor Lucian Freud en su estudio 1954

    Foto reciente de Lucian Freud
    Nacido en Berlín el año 1922, Lucian Freud, que era nieto de Sigmund Freud, se instaló en Londres en 1932, llevado allí con solo 10 años por su familia, huyendo de la inmediata barbarie nacional socialista, y su presumible plan implacable de exterminio judío. Dada la corta edad con la que desembarcó en Reino Unido, se comprende que su formación artística y posteriormente su brillante desarrollo como pintor se llevase a cabo como si se hubiese tratado de un genuino artista británico. De hecho, adquirió la nueva nacionalidad en la temprana fecha de 1939. Por todo ello, aunque su origen germánico es indudable, se le ha considerado siempre como uno de los más brillantes representantes de la llamada Escuela de Londres, un grupo informal que aglutinó a un conjunto de artistas de primer rango, surgidos todos ellos tras la II Guerra Mundial, entre los que se contaron figuras tan prominentes como Francis Bacon o Frank Auerbach, los cuales se caracterizaron por estar de alguna manera vinculados a una figuración de estirpe expresionista.

    No se puede, sin embargo, tampoco negar la impronta artística alemana que configuró la personalidad de Lucian Freud. Hay que tener en cuenta que su padre, que era arquitecto, había sido asimismo un prometedor pintor, en la época de la Secesión de Viena, y que no solo Lucian Freud, sino el resto de los representantes de la Escuela de Londres, coquetearon en su juventud con el surrealismo y con los pintores alemanes de la llamada Nueva Objetividad, como Otto Dix o Georg Grosz. Al margen de estos precedentes artístico-culturales, Lucian Freud estudió en la Central School of Art y en el Goldsmiths' College, antes de iniciar su carrera artística, hacia comienzos de 1940. Su primera exposición colectiva se produjo en 1944, pero la maduración de su estilo y el comienzo de su proyección pública no se produjo hasta una década después, a partir de 1951. Desde entonces, habiéndose librado de esas primeras influencias artísticas continentales, Freud se centró en una peculiar interpretación de la pintura realista, conectada en parte con el precedente británico de Stanley Spencer, pero también dejándose contagiar por el morboso sentido físico, carnal y existencial del primer Francis Bacon, con el que mantuvo siempre una relación dialéctica y artística muy vivaces. La pintura de Lucian Freud debe su original peculiaridad al modo con el que supo abordar la figura humana, fundamentalmente desnuda y haciendo siempre valer su turbadora densidad carnal. En su interpretación del desnudo, Freud unió la peculiar visión forzada con que Edgar Degas espiaba los desnudos femeninos, para obtener un punto de vista insólito, y un sentido matérico que les daba una fuerza táctil, muchas veces de efecto turbador. En realidad, como él mismo declaró, pretendía que la propia pintura tuviese una densidad elástica, como la de la carne: "Quiero que mi pintura funcione como carne. Para mí, la pintura es la persona. Que ejerce sobre mi mismo un idéntico efecto que la carne".

    Esta versión del desnudo tan directa y, valga la paradoja, descarnada, así como su independencia de juicio y de costumbres le valieron, en el siempre puritano mundo británico, una fama de alocado libertino, atravesándose con ello muchas veces la frontera del sensacionalismo barato. No hace muchos años, cuando Freud era ya un octogenario, causó malestar la exhibición pública de un autorretrato en el que él se mostraba de pie, pintando sobre un lienzo, mientras una joven desnuda se abrazaba a una de sus piernas. Tomar esta autorepresentación como un delirio exhibicionista, no solo es un error, sino que significa desconocer la historia de la pintura occidental, a la que este genial artista rindió un sagaz culto, plagando con citas inteligentes de grandes maestros del pasado muchos de sus mejores cuadros. En cualquier caso, no cabe la menor duda de que Lucian Freud ha sido no solo uno de los mejores pintores británicos del siglo XX, sino que, todavía más importante, uno de los artistas figurativos más originales y poderosos de la época contemporánea.

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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